Danby | MJ50 | Evangelio Según SAN MATEO

Evangelio Según
SAN MATEO
INTRODUCCIÓN
1.Título.
Los manuscritos griegos más antiguos del NT existentes hoy dan a este libro el
título de "Según Mateo". El título que aparece en la RVR -"El Evangelio de San
Mateo"- se encuentra en la mayoría de los manuscritos posteriores, menos la
palabra "San". El título que lleva en el Textus receptus (ver p. 143), "El
Santo Evangelio según Mateo", sólo se encuentra en los manuscritos más
recientes. En las Escrituras, el término "evangelio" (gr. euaggélion)
significa "buenas nuevas". Es decir, las buenas nuevas de salvación expuestas
en la vida y las enseñanzas de Jesús. No se aplica al registro escrito en sí;
sin embargo, después del período neotestamentario, se usó esta palabra también
para referirse a los libros que narran la vida de Jesús.
2. Autor.
Los antiguos escritores afirman unánime y consecuentemente que el autor del
primero de los cuatro Evangelios fue Mateo, el discípulo. La evidencia interna
indica que el libro fue escrito por un judío convertido al cristianismo. Tal
fue el caso de Mateo (Mat. 9:9; cf. Mar. 2:14). Por haber sido publicano antes
de ser llamado al discipulado, Mateo debe de haber estado acostumbrado a
conservar registros, cualidad de gran valor para el que escribe una narración
histórica. La modesta referencia que hace de sí mismo en la fiesta (Mat. 9:10;
cf. Luc. 5:29) puede compararse con la forma en que Juan (Juan 21:24) y
posiblemente Marcos (Mar. 14:51-52) se refieren a sí mismos, y por lo tanto
puede ser un testimonio indirecto de que Mateo lo escribió.
En torno del año 140 d. C., Papías de Hierápolis, tal como lo cita Eusebio
(Historia eclesiástica iii. 39), afirmó que "Mateo escribió ciertamente los
oráculos divinos en lengua hebrea, cada cual los interpretó como pudo". Medio
siglo más tarde, Ireneo escribió, según lo cita Eusebio (Historia eclesiástica
v. 8): " 'Mateo... dio a luz entre los hebreos un Evangelio escrito en la
lengua de éstos, mientras Pedro y Pablo predicaban a Cristo en Roma y echaban
los cimientos de la Iglesia'". Basándose en estas declaraciones y afirmaciones
similares de escritores posteriores, algunos han llegado a la conclusión de que
el Evangelio de Mateo fue escrito originalmente en arameo (el "hebreo" de
Papías e Ireneo) y fue posteriormente traducido al griego; sin embargo, esta
teoría no ha merecido aceptación general. La evidencia existente hoy está
lejos de ser decisiva. En vista de que se sabe que numerosas "obras"
circularon entre los judíos sólo en forma oral, se cree que la referencia de
Papías con respecto a 266 que Mateo escribió los "oráculos" de Jesús, se
refiere más bien a una composición oral y no escrita, y que el "evangelio" de
Ireneo quizá fue también un relato oral. No hay evidencia de que Papías e
Ireneo se refirieran a lo que hoy conocemos como el Evangelio según Mateo. Las
razones por las cuales inferimos que el Evangelio de Mateo, como lo tenemos
hoy, fue escrito originalmente en griego, son las siguientes:
1. El texto griego de Mateo no revela las características de una obra
traducida. Los supuestos arameísmos aparecen también en los otros Evangelios,
y pueden indicar solamente que el autor pensaba en arameo mientras escribía en
griego. El libro de Apocalipsis está repleto de expresiones idiomáticas
arameas.
2. La uniformidad de lenguaje y estilo dan claramente la impresión de que el
libro fue escrito originalmente en griego.
3. Los notables parecidos lingüísticos con el griego de Marcos, en especial, y
en menor grado con Lucas, hacen más difícil la posibilidad de que se trate de
una traducción.
Con respecto al origen de los cuatro Evangelios, ver las pp. 170-175.
3. Marco histórico.Durante la vida de Cristo, Palestina estaba bajo la jurisdicción de Roma, cuyas
legiones, comandadas por Pompeyo, subyugaron la región y la anexaron a la
provincia romana de Siria en 64-63 a. C. Después de haber disfrutado de
independencia política durante unos 80 años antes de la llegada de los romanos,
los judíos sufrieron mucho por la presencia y la autoridad de los gobernantes
extranjeros, tanto civiles como militares. Cuando el senado romano nombró a
Herodes el Grande (37-4 a. C.) como rey sobre buena parte de Palestina, la
suerte de los judíos fue aún más angustiosa. Ver pp. 42-44.
Es fácil entender que el deseo de lograr la independencia se convirtiera en una
obsesión general y afectara casi todos los aspectos de la vida nacional. Sobre
todo, este deseo impregnaba el pensamiento religioso de la época y la
interpretación de los pasajes mesiánicos del AT. La dominación de los romanos
era resultado directo de la desobediencia a los mandatos divinos (ver t. IV,
pp. 34-35). Mediante Moisés y los profetas, Dios le había advertido a su
pueblo en cuanto a los sufrimientos que seguirían a la desobediencia.
Era natural que los judíos procuraran liberarse del doble yugo que les imponían
César y Herodes. En repetidas ocasiones surgieron caudillos que con celo
mesiánico lucharon por los derechos del pueblo y para reparar las injusticias
por medio de la espada. Los judíos creían de todo corazón que las profecías
mesiánicas del AT les prometían un mesías político que libraría a Israel de la
opresión extranjera y subyugaría a todas las naciones. Las aspiraciones
políticas distorsionaban así la esperanza mesiánica, y puesto que Jesús de
Nazaret no cumplió estas falsas expectativas, el orgullo nacional impidió que
el pueblo reconociera en él a Aquel de quien los profetas habían dado
testimonio.
Se trata más ampliamente el marco histórico de los Evangelios en las pp. 42-69.
4.Tema.
El tema de cada uno de los cuatro Evangelios es la encarnación, la vida
ejemplar, el ministerio público, la muerte vicaria, la resurrección y la
ascensión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. No fue por un accidente que
los cuatro Evangelios llegaron a formar parte del sagrado canon del NT, pues
cada uno de ellos hace una contribución propia a la narración evangélica. La
misión del Hijo de Dios en esta tierra era de tal magnitud que hubiera sido
difícil, si no imposible, aun para los que estaban más íntimamente relacionados
con Jesús, captar el significado de cada detalle de esa maravillosa vida. A
fin de que se preservara para las generaciones futuras un cuadro completo de la
vida y del ministerio de Jesús, la Inspiración dirigió y capacitó a cuatro
hombres para que se conservara el registro del relato 267 evangélico, escrito
quizá desde el punto de vista que a cada uno le interesaba personalmente. Al
escribir, cada uno de los cuatro evangelistas tenía un propósito claro. Cada
uno omitió ciertos hechos mencionados por los otros y añadió detalles propios.
Ver pp. 181-182.
Es como si cuatro pintores hubieran pintado un retrato de Jesús, cada uno desde
un ángulo diferente. En todos los casos, el tema es el mismo, pero el aspecto
es diferente. En su conjunto, los cuatro retratos proporcionan un concepto más
completo y perfecto de Jesús de lo que podría hacer un cuadro solo. El retrato
así formado por los cuatro evangelistas nos permite contemplar la vida de
Cristo en su verdadera perspectiva. Todo lo que necesitamos conocer acerca del
Salvador ha sido revelado (ver CW 158).
Guiado por la Inspiración, cada evangelista escogió los hechos que mejor se
avenían a su propósito, y los ordenó de acuerdo con el punto de vista que
eligió. De este modo, algunas veces omitió cosas narradas por los otros, por
lo que resulta a veces difícil correlacionar las diversas partes del relato
evangélico y asignar a cada una su lugar adecuado en la secuencia de los
sucesos. "No existe siempre orden perfecto ni aparente unidad en las
Escrituras. Los milagros de Cristo no se presentan en su orden exacto" (EGW MS
24, 1886). Ver en las pp. 186-191 una cronología sugerente de los diversos
acontecimientos de la vida de Cristo.
Cada uno de los cuatro evangelistas presenta a Jesús ante sus lectores de una
manera característica, según los propósitos de su propio relato evangélico.
Tanto Mateo como Lucas lo presentan haciendo resaltar su papel como Hijo del
hombre; Marcos y Juan recalcan su verdadera divinidad y lo destacan como el
Hijo de Dios. Mateo presenta a Jesús como hijo de Abrahán, como judío, Aquel
que había venido en cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Lucas lo
señala como hijo de Adán (Luc. 3:38), y por ende como Salvador de toda la
humanidad. Dando por sentada su divinidad, Marcos sencillamente declara que es
Hijo de Dios (Mar. 1:1). Juan afirma que la verdadera humanidad de Jesús (Juan
1:14) de ningún modo disminuye el hecho de que es divino en el sentido absoluto
de la palabra (Juan 1:1-3).
Una característica distintiva del Evangelio de Mateo es su registro íntegro de
los sermones y de los otros discursos del Salvador. Presenta a Cristo como el
gran Maestro. Su Evangelio contiene seis grandes discursos, registrados
ampliamente. En los otros Evangelios aparecen en forma breve o no están
registrados. Son los siguientes: (1) el Sermón del Monte, cap. 5-7; (2) el
discurso sobre el discipulado, cap. 10; (3) el sermón junto al mar, enteramente
compuesto de parábolas, cap. 13; (4) el discurso sobre la humildad y las
relaciones humanas, cap. 18; (5) el discurso sobre la hipocresía, cap. 23; (6)
el discurso sobre el regreso de Cristo, cap. 24-25.
Una segunda característica importante atañe a aquellos aspectos del Evangelio
que revelan claramente el tipo de público al cual se dirigía Mateo. Ese
público parece haber estado compuesto mayormente de judíos cristianos y de
judíos incrédulos. Su propósito evidente era convertir a estos últimos a la fe
en Jesús como el Mesías de la profecía, y confirmar la fe de los primeros. Más
que todos los otros escritores evangélicos juntos, Mateo presenta a Jesús como
Aquel a quien anticipaban los símbolos del AT y en quien hallaron su
cumplimiento. Presenta a Jesús como el que vino no para abolir "la ley", sino
para cumplirla (cap. 5:17); como hijo de Abrahán e hijo de David, el padre de
la nación y su más ilustre rey, respectivamente.
El falso concepto que los judíos tenían de la persona del Mesías y de la
naturaleza de su reino, los llevó a rechazar a Jesús. El Mesías de sus sueños
era un gran rey que conduciría la nación a la independencia y a la supremacía
mundial. Pero no concebían a su Mesías como Rey de justicia, como Aquel que
los llevaría a vencer el pecado 268 en sus propias vidas y a lograr la
verdadera libertad espiritual. Los judíos no podían reconciliar los pasajes
del AT que describían a un Mesías sufriente con los otros que predecían su
glorioso reinado. Como resultado, no tomaban en cuenta los primeros y hacían
una aplicación errónea de los últimos (DTG 21-22, 182-183, 222, 722-723). Para
los judíos, estos pasajes contradictorios constituían una paradoja insoluble.
Buscaban exclusivamente el reino glorioso del Mesías, y no encontraban lugar en
sus planes para el reino de la gracia del Mesías, el requisito previo necesario
para alcanzar el reino de gloria (ver com. cap. 4:17; 5:2-3). Mateo parece
haber tenido el propósito de resolver este dilema y mostrar que el Mesías
vencedor también era un Mesías sufriente. Resuelve este problema mostrando que
Jesús era en verdad rey de Israel y la "Simiente" prometida a David, pero que a
la vez era un Mesías sufriente. Ver com. Mat. 2:1.
Otro hecho importante que debe recordarse al estudiar el libro de Mateo es que
este Evangelio esencialmente presenta la vida de Cristo en un orden lógico,
ordenado por temas, y no cronológicamente. Es verdad que hay cierta secuencia
cronológica dentro de la ubicación de las fases principales de la vida y del
ministerio de Jesús. Pero la secuencia de los acontecimientos dentro de un
período dado no necesariamente sigue el verdadero orden cronológico. En
realidad, Mateo se aparta de la estricta secuencia cronológica más que ningún
otro escritor evangélico, puesto que su meta principal es la de desarrollar un
concepto específico en cuanto a la vida y la misión de Jesús que contribuya a
lograr el propósito primordial que lo movió a escribir. No es el cronista que
registra todos los acontecimientos a medida que ocurren, sino el historiador
que reflexiona sobre el significado de estos acontecimientos teniendo como
telón de fondo la historia de la nación escogida. Ver pp. 181-182.
5. Bosquejo.
El breve bosquejo que se presenta a continuación refleja el propósito que tenía
Mateo al componer el relato evangélico. Ver en las pp. 186-191 un bosquejo
cronológico más detallado.
I. Nacimiento, infancia y niñez, 1:1 a 2:23.
A. Antes del nacimiento de Jesús, 1:1-25.
B. La niñez de Jesús, 2:1-23.
II. Preparación para el ministerio, otoño (septiembre-noviembre) de 27 d. C.,
3:1 a 4:11.
A. Ministerio de Juan el Bautista, 3: 1-12.
B. El bautismo, 3:13-17.
C. La tentación, 4:1-11.
III. Ministerio en Galilea, de pascua a pascua, 29-30 d. C., 4:12 a 15:20.
A. Comienzos del ministerio en Galilea, 4: 12-25.
B. El Sermón del Monte, 5:1 a 8:1.
C. El poder de Jesús sobre la enfermedad, la naturaleza y los demonios,
8: 2 a 9:34.
D. Instrucción sobre métodos de evangelización, 9:35 a 11:1.
E. La delegación enviada por Juan el Bautista, 11:2-30.
F. Conflicto con los fariseos, 12:1-50.
G. El sermón junto al mar: parábolas del reino, 13:1-52.
H. Fin del ministerio público en Galilea, 13:53 a 15:20.
IV. Terminación del ministerio público, primavera a otoño (marzo-noviembre), 30
d. C., 15:21 a 18:35.
A. Ministerio en las regiones vecinas a Galilea, 15:21-39.
B. Nuevos conflictos con los fariseos, 16:1-12. 269
C. Preparación para la cruz, 16:13 a 17:27.
D. La importancia de la humildad en las relaciones humanas, 18:1-35.
V. Ministerio en Perea, otoño a primavera (septiembre-mayo), 30-31 d. C., 19:1
a 20:34.
A. Enseñanzas en Perea, 19:1 a 20:16.
B. El último viaje a Jerusalén, 20:17-34.
VI. Ministerio final en Jerusalén, pascua, 31 d. C., 21:1 a 27:66.
A. Conflicto con los escribas y fariseos, 21:1 a 23:39.
B. Instrucciones en cuanto a la segunda venida de Cristo, 24:1 a 25:46.
C. El arresto y el juicio, 26:1 a 27:31.
D. La crucifixión y la sepultura, 27:32-66.
VII. La resurrección; apariciones posteriores, 28:1-15.
A. La gran comisión, 28:16-20.
CAPÍTULO 1
1 La genealogía de Cristo desde Abrahán hasta José. 18 Fue engendrado por el
Espíritu Santo y nació de la Virgen María, quien estaba desposada con José. 19
Un ángel explica todo a José, borra sus dudas, y le interpreta los nombres de
Cristo.
1LIBRO de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos.
3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram.
4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón.
5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí.
6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue
mujer de Urías.
7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa.
8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías.
9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías.
10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías.
11 Josías engendró a Jeconías ya sus hermanos, en el tiempo de la deportación a
Babilonia.
12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y
Salatiel a Zorobabel.
13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor.
14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud.
15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob;
16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el
Cristo.
17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce;
desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a
Babilonia hasta Cristo, catorce.
18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con
José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.
16 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla
secretamente.
20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le
dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en
ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su
pueblo de sus pecados.
22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio
del profeta, cuando dijo:
23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre
Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
24 Y despertando José del sueño, hizo 270 como el ángel del Señor le había
mandado, y recibió a su mujer.
25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por
nombre JESÚS.
1.
Libro de la genealogía.
[Los antepasados humanos de Jesús, Mat. 1:1-17 = Luc. 3: 23b-38. Comentario
principal: Mateo y Lucas.] Así titula Mateo el registro genealógico de Jesús,
que aparece en los vers. 1-17. Las primeras palabras del cap. 2:1 sugieren que
posiblemente Mateo quería que este título sirviera también para la narración de
los acontecimientos que antecedieron al nacimiento de Jesús (cap. 1:18-25).
Al redactar el relato de la vida de Jesús, dirigido en primera instancia a
lectores de origen judío (ver p. 267), Mateo comienza en forma típicamente
judía, dando el linaje familiar de Jesús. Debido a que la venida del Mesías
había sido tema de muchas profecías, Mateo muestra que Jesús de Nazaret fue en
verdad Aquel de quien Moisés y los profetas dieron testimonio. Puesto que el
Mesías había de nacer de la descendencia de Abrahán (Gén. 22:18; Gál. 3:16), el
padre de la nación judía, y de David, fundador del linaje real (Isa. 9:6-7;
11:1; Hech. 2:29-30), Mateo presenta la evidencia de que Jesús cumple con las
condiciones de ser descendiente de estos dos ilustres personajes. Si no
existiera esta evidencia, sus afirmaciones de ser el Mesías de nada valdrían, y
podrían desecharse todas las pruebas adicionales sin siquiera examinar la
veracidad de lo que Jesús decía (cf. Esd. 2:62; Neh. 7:64).
Cuando Mateo escribió, es probable que fuera posible verificar la genealogía de
Jesús comparándola con los registros públicos entonces existentes. Buena parte
de esta genealogía (vers. 2-12) podía compararse con las enumeraciones del AT
(1 Crón. 1:34; 2:1-15; 3:5, 10-19). El hecho de que, hasta donde se sepa,
ningún contemporáneo de Mateo, ni siquiera los enemigos declarados de la fe
cristiana, alguna vez pusieron en tela de juicio la validez de esta genealogía,
es un excelente testimonio en favor de la autenticidad de la lista genealógica.
Jesucristo.
Nombre que consta de dos partes, que se considerarán en forma separada.
Jesús. Gr. I'sóus, equivalente al nombre Heb. Yehoshua, "Josué". (En el texto
griego de Hech. 7:45 y Heb. 4:8, Lucas y Pablo se refieren a "Josué" como
I'sóus). Por lo general se ha entendido que este nombre significa "Jehová es
salvación" (Mat. 1:21). Algunos estudiosos sugieren que debe traducirse
"Jehová es generosidad". El nombre original de Josué (ver t. 11, p. 173),
Hoshea' [Oseas] fue cambiado por Yehoshua' [Josué] (ver com. Núm. 13:16).
Después del cautiverio babilónico, cuando el arameo reemplazó al hebreo como
idioma común de los judíos, este nombre se transformó en Yeshua', que pasó al
griego como I'sóus. En tiempos del NT, Yeshua' era un nombre común entre los
judíos (Hech. 13:6; Col. 4:11), y estaba en armonía con la costumbre hebrea de
escoger nombres que tuvieran significado religioso (ver com. Mat. 1:21).
Hoy día, los nombres sirven mayormente como una identificación. Pero en
tiempos bíblicos, se escogía el nombre con sumo cuidado porque daba testimonio
de la fe y de la esperanza de los padres (PR 352), de las circunstancias del
nacimiento del niño, de sus propias características, o se relacionaba con la
misión de su vida, sobre todo cuando el nombre había sido ordenado por Dios.
El nombre de Jesús está lleno de recuerdos históricos y vislumbres proféticas.
Así como Josué había guiado a Israel a la victoria en la tierra prometida, así
también Jesús, el Capitán de nuestra salvación, vino para abrirnos las puertas
de la Canaán celestial. Pero Jesús no sólo es el Autor de nuestra salvación
(Heb. 2:10), sino que también es el "apóstol y sumo sacerdote de nuestra
profesión" (Heb. 3:1). El sumo sacerdote que volvió del cautiverio babilónico
(Esd. 2:2) se llamaba Josué (Zac. 3:8; 6:11-15). Así como Oseas amó a una
mujer indigna y procuró, en vano, por algún tiempo ganar su afecto, y
finalmente la compró de nuevo en el mercado de esclavos (Ose. 1:2; 3:1-2), así
también Jesús vino para libertar a la raza humana de la esclavitud del pecado
(Luc. 4:18; Juan 8:36).
El vocablo Cristo viene del Gr. Jristós, traducción del Heb. mashíaj (ver com.
Sal. 2:2). La palabra "Mesías" significa "ungido". Antes de la resurrección,
en los cuatro Evangelios se llama a Jesús "el Cristo" (o Mesías), usando el
nombre más bien como título que como nombre personal. Después de la
resurrección, el artículo suele desaparecer y "Cristo" 271 se transforma tanto
en nombre como en título.
En tiempos del AT el sumo sacerdote (Exo. 30:30), el rey (2 Sam. 5:3; cf. 1
Sam. 24:6), y en algunos casos los profetas (1 Rey. 19:16) eran ungidos al ser
consagrados al sagrado servicio. Esas personas se denominaban entonces mashíaj,
"ungido" (Lev. 4:3; 1 Sam. 24:6; 1 Crón. 16:21-22). En las profecías
mesiánicas, el término pasó a aplicarse específicamente al Mesías, quien como
Profeta (Deut. 18:15), Sacerdote (Zac. 6:11-14), y Rey (Isa. 9:6-7), había sido
constituido para que fuera nuestro Redentor (Isa. 61:1; Dan. 9:25-26). Como
Profeta, vino a representar al Padre ante los hombres; como Sacerdote, ascendió
para representar a los hombres ante el Padre; y como Rey, libera a los que
creen en él, no sólo del poder del pecado en esta vida, sino también del reino
del pecado, y habrá de reinar sobre ellos en el reino de gloria.
La palabra Jristós viene del verbo jrío que significa "rozar", "untar".
"ungir". En el NT, se dice que Cristo fue "ungido" (Luc. 4:18; Hech. 4:27;
10:38; Heb. 1:9).
Cuando se emplean juntos los dos nombres, Jesús y Cristo, se hace una confesión
de fe en cuanto a la unión de la naturaleza divina con la humana en una
Persona; se afirma la creencia de que Jesús de Nazaret, Hijo de María, Hijo del
hombre, es en verdad el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios (Hech. 2:38; etc.).
Ver la Nota Adicional de Juan 1; com. Mat. 1:23; Juan 1:1-3, 14; Fil. 2:68;
Col. 2:9.
Hijo de David.
Esta era la designación popular empleada por gobernantes (Mat. 22:42; Mar.
12:35; Luc. 20:41) y la gente común (Mat. 9:27; 12:23; 15:22; 20:30-31; 21:9;
Mar. 10:47-48; Luc. 18:38 - 39; cf. Juan 7:42) para referirse al Mesías
esperado. El empleo de esta frase como título mesiánico indica la comprensión
de las profecías que predecían que el Mesías descendería de la familia de
David. Para un pueblo cansado del yugo romano, también implicaba el retorno
del reino judío a la independencia y la prosperidad del magnífico reinado de
David. David mismo había entendido que la promesa de un hijo que se sentaría
en su trono (2 Sam. 7:12-13; Sal. 132:11) se cumpliría en aquel que habría de
redimir a Israel (Hech. 2:29-30; ver com. Deut. 18:15). Vez tras vez los
profetas de antaño hablaron de este Mesías (Isa. 9:6-7; 11:1; Jer. 23:5-6;
etc.). Los escritores del NT repetidas veces aplican el título "del linaje de
David" a Cristo (Rom. 1:3; 2 Tim. 2:8; etc.). Como el Hijo de David, Jesús era
tanto heredero del trono de David como de las promesas mesiánicas dadas a
David.
Hijo de Abraham.
Entre los héroes de la fe, Abrahán se destacó como "amigo" de Dios (Sant. 2:23;
cf. 2 Crón. 20:7; Isa. 41:8). Debido a su fidelidad (Gál. 3:7, 9), se eligió a
Abrahán para ser el padre del pueblo escogido de Dios. La promesa de que en su
descendencia todas las naciones de la tierra serían bendecidas era, según
Pablo, una clara predicción mesiánica (Gén. 22:18; cf. Gál. 3:16). En
consonancia con su propósito de convencer a los judíos de que Jesús era el
Mesías, Mateo, a propósito y en forma muy apropiada, hace remontar la
genealogía de Jesús hasta Abrahán, mientras que Lucas, que escribió para los
cristianos gentiles, consideró que era esencial llevar la genealogía de Cristo
hasta el padre de la raza humana. El propósito de Mateo era el de mostrar que
Jesús era descendiente de Abrahán, y que por lo tanto podía ser considerado
como posible heredero de las promesas que le habían sido hechas al patriarca.
Ver com. Juan 8:35, 39.
En com. Luc. 3:23 se tratan las diferencias entre la enumeración de Mateo y la
de Lucas.
2.
Abraham engendró a Isaac.
Con excepción de variantes debidas a la transliteración al griego de los
nombres hebreos, y ciertas omisiones intencionales (ver com. vers. 8, 11, 17),
la genealogía de Mateo, desde Abrahán hasta Zorobabel, concuerda con listas
similares en el AT (1 Crón. 1:28, 34; 2:1, 4-5, 9-12, 15; 3:15-19; cf. Rut
4:18-22). No hay registros con los cuales comparar los nombres del período
intertestamentario desde Zorobabel hasta Cristo.
Judá.
Ver com. Gén. 29:35. El autor de Hebreos afirma que "manifiesto es que nuestro
Señor vino de la tribu de Judá" (Heb. 7:14).
Sus hermanos.
Mateo hace referencia a los otros hijos de Jacob, quizá con el propósito de
recordar a los judíos de las otras tribus que Jesús -de la tribu de Judá- era
Salvador de ellos también.
3.
Tamar.
Es la excepción y no la regla encontrar a una mujer en una lista genealógica
hebrea. Con todo, Mateo hace referencia a las mujeres sólo en forma pasajera y
no específica, como eslabones genealógicos. El que se omitan los nombres de
mujeres tan honorables 272 como Sara y Raquel, podría sugerir que se incluyeron
los nombres de las cuatro mujeres mencionadas por causa de circunstancias poco
comunes. Es probable que las cuatro -Tamar, Rahab, Rut y Betsabé- fueran de
origen gentil. En esto se insinúa un reproche contra el exclusivismo judío y
también un reconocimiento tácito de que Jesús pertenece tanto a los gentiles
como a los judíos.
Con excepción de Rut, todas las otras mujeres estuvieron relacionadas con algún
escándalo. Un historiador meramente humano podría haber preferido pasar por
alto estos nombres por temor de que el nombre del Mesías fuera menoscabado por
mencionarlas. Pero Mateo cita específicamente al Maestro que dice a los
fariseos que no ha venido a "llamar a justos, sino a pecadores, al
arrepentimiento" (cap. 9: 13). Es posible que Mateo, siendo publicano y por lo
tanto colocado en la misma categoría que las mujeres pecadoras (cap. 21:
31-32), halló en su corazón cabida para otros generalmente considerados como
parias de la sociedad.
A Fares y a Zara.Estos eran los hijos de Tamar y Judá (ver com. Gén. 38: 6-30). Tamar, que quizá
era cananea (Gén. 38: 2, 6), fue la nuera de Judá.
5.
Salmón.Ver Rut 4: 20; cf. 1 Crón. 2: 11. Salmón era pariente cercano de Caleb y
Efrata (1 Crón. 2: 9-11, 19, 24) y de Belén, cuyo padre fue Salma (ver 1 Crón.
2: 50-51, 54), y por lo tanto miembro de una familia que se estableció en Belén
de Efrata (1 Crón. 2: 24, 51; Miq. 5: 2; ver com. Gén. 35: 19). Algunos
comentadores sugieren que Salmón pudo haber sido uno de los espías enviados por
Josué a la ciudad de Jericó antes de que Israel cruzara el Jordán (Jos. 2: 1).
Algunas veces se objeta que la Rahab de Jericó no puede ser la Rahab esposa de
Salmón porque las generaciones que Mateo ubica entre Salmón y David son muy
pocas como para abarcar el intervalo entre la Rahab de Jericó y el tiempo de
David. Pero esta objeción no es necesariamente válida, porque: (1) Mateo en
otros versículos intencionalmente omite a algunos de los antepasados de Jesús
(ver com. vers. 8, 11, 17), e imitando al autor de Rut, bien pudo haber hecho
aquí lo mismo; (2) Rahab era quizá joven cuando se casó (Jos. 6: 23), pero Booz
ya no era joven cuando se casó con Rut (cap. 3: 10), e Isaí era entrado en años
cuando nació David (1 Sam. 17: 12-14).
Rahab.Ver t. 11, p. 424; com. Rut 1: 1; 2: 1. Hay poca razón para dudar que ésta sea
Rahab la cananea, la ramera de Jericó que protegió a los hebreos enviados como
espías a esa ciudad antes de que fuera tomada (Jos. 2; ver com. cap. 6: 23).
Ella es la única persona que lleva ese nombre, que aparece en la Biblia. El
nombre que se le da en Gr. Rajáb, es una perfecta transliteración del Heb.
rajab. Sin embargo, en Heb. 11: 31 y Sant. 2: 25, la grafía es Raab. (En Sal.
87: 4; 89: 10; Isa. 51: 9 aparece el nombre "Rahab", pero proviene del Heb.
rahab y es nombre simbólico de Egipto.) Por otra parte, el que Rahab se
mencione por nombre, contrariamente a la costumbre habitual de no mencionar a
las mujeres en las listas genealógicas, sugiere que Mateo tenía alguna razón
especial para incluirla. Sea cual fuere el caso, la Rahab de Jos. 2 tiene un
lugar importante entre los héroes de la fe (Heb. 11: 31) y Santiago se refiere
a ella como ejemplo de fe en acción (Sant. 2: 25).
Rut.La moabita que acompañó a Noemí cuando regresó de Moab a Belén (Rut 4: 18-22; 1
Crón. 2: 3- 15). La hermosura de su dedicación a Noemí (Rut 1: 16) y su
atractiva simpatía no tienen parangón en los anales de época alguna.
6.
Rey David.Aun durante la monarquía hebrea, el gobierno de Israel, al menos en principio,
era una teocracia (DTG 686-687; t. IV p. 29). Como Gobernante supremo, Dios
procuraba dirigir la política nacional por medio de sus embajadores, los
profetas. David respondió a la dirección divina y procuró mantener un espíritu
de verdadera humildad ante el Señor. Cuando fue reprendido por algún proceder
impío, manifestó un genuino arrepentimiento. Reconoció su culpa, buscó el
perdón y se propuso de nuevo obedecer la voz del Señor (2 Sam. 12: 1-13; 24:
10, 17; Sal. 51: 4, 10-11; etc.). Debido a la contrición de David, Dios pudo
ensalzarle y prosperarlo (1 Rey. 3: 6; 8: 25; Isa. 57: 15; Miq. 6: 8).
Salomón.Segundo hijo de Betsabé, nacido después de que David se arrepintió sinceramente
y fue perdonado (2 Sam. 12: 13-24; 1 Rey. 1: 11-40).
8.
Josafat.Ver 1 Rey 22: 41-43.
Joram a Uzías.Aquí Mateo omite los nombres de tres reyes sucesivos de Judá, que reinaron
entre Joram y Uzías: a saber, Ocozías, Joás y Amasías. Esta omisión
difícilmente podría haber sido accidental, porque la genealogía 273 real, que
aparece repetidas veces en el AT, era bien conocida. Tampoco pudo haber sido
error de copia (ver com. Mat. 1: 17). Se ha sugerido que posiblemente Mateo se
proponía reducir a 14 los 19 nombres desde Salomón hasta Joaquín, para que
correspondieran con el número de generaciones desde Abrahán hasta David (vers.
17).
También se ha sugerido que Mateo consideró que estos tres eran los menos dignos
de aparecer en la genealogía de Jesús. Ocozías, Joás y Amasías fueron los
sucesores inmediatos de Atalía, hija de Acab y Jezabel, esposa de Joram (2
Crón. 22: 25). Fue Atalía quien introdujo el culto a Baal en el reino del sur
(ver com. 2 Rey. 11: 18), como lo había hecho su madre en el reino del norte
(ver 1 Rey. 16: 31-32). Ocozías, Joás y Amasías, todos hicieron lo malo a la
vista del Señor (2 Crón. 22: 3-4; 24: 17-18; 25: 14), al menos en la última
parte de sus reinados.
9.
Acaz.-
Cf. 2 Rey. 16.
Ezequías.Uno de los buenos reyes de Judá (2 Rey. 18-20); pero su hijo Manasés, aunque
vivió hasta arrepentirse de sus malos caminos, se empeñó durante su largo e
impío reinado en anular las reformas hechas por su padre.
10.
Amón a Josías.Después de los impíos reinados de Manasés (2 Rey. 21: 1-18) y de Amón (2 Rey.
21: 19-26), ascendió al trono Josías (2 Rey. 22: 1 a 23: 28), bisnieto de
Ezequías, y el último de los reyes buenos de Judá. De los 20 reyes que
reinaron en el reino del sur durante un período de 345 años, la minoría sirvió
al Señor. Resalta el contraste de que en el reino del norte reinaron 20 reyes,
que representaron a 10 dinastías durante un período de 209 años, pero no hubo
entre ellos ni siquiera uno que permaneciera fiel al Señor.
11.
Jeconías.Aquí aparece la segunda omisión indudable de la lista de Mateo (ver com. vers.
8). Jeconías (Joaquín, 2 Rey. 24: 6; Jeconías, 1 Crón. 3: 16, o Conías, Jer.
22: 24) fue en verdad hijo de Joacim, y por lo tanto nieto, no hijo, de Josías
(1 Crón. 3: 15-16). Algunos han sugerido que si se añadiera a Joacim a la
lista, se obtendría una división más simétrica de las generaciones que se
mencionan en Mat. 1: 17 (ver allí el comentario), y que posiblemente Mateo
incluyó el nombre de Joacim, pero que ese nombre se perdió más tarde, debido a
su parecido con Joaquín. Algunos manuscritos antiguos incluyen el nombre de
Joacim entre el de Josías y el de Jeconías.
Sus hermanos.Si se incluyera el nombre de Joacim (ver com. "Jeconías"), los "hermanos"
serían sus hermanos carnales, Joacaz y Sedequías (ver com. 1 Crón. 3: 15). De
otro modo, la expresión "sus hermanos" sería menos específica. Tres de los
hijos de Josías -Joacaz, Joacim y Sedequías- ocuparon el trono de Judá, pero
uno de ellos fue padre de Jeconías, mientras que los otros dos fueron tíos.
Deportación a Babilonia.Así concluye la segunda división de la genealogía de Jesús en el libro de Mateo
(ver com. vers. 17). El período en cuestión abarca la monarquía, desde su edad
de oro en los días de David y Salomón, hasta su disolución y la edad oscura de
la historia judía: el cautiverio babilónico.
Entre David y Salatiel, Lucas menciona seis eslabones genealógicos más que
Mateo (Luc. 3: 27-31). Si se toman en cuenta las cuatro omisiones hechas por
Mateo (ver com. vers. 8 y el com. de "Jeconías") queda una diferencia de sólo
dos. Esto podría indicar sencillamente que el linaje ancestral seguido por
Lucas contenía dos generaciones más que el linaje real seguido por Mateo. Esta
diferencia sería muy posible en un período de cinco siglos. Entre David y
Jesús -un lapso de unos 1.000 años- Lucas enumera 15 generaciones más que
Mateo, lo que implicaría que Mateo omitió un número aún mayor de generaciones.
12.
Jeconías engendró a Salatiel.Según la profecía de Jeremías (cap. 22: 30), Jeconías había de morir sin
descendencia, pero en seguida se explica que esto significaba que "ninguno de
su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David". Varios hijos de
Jeconías, entre ellos Salatiel, aparecen en 1 Crón. 3: 17-18. Es posible que
uno o más de ellos lo hubieran acompañado a Babilonia (ver com. Jer. 22: 28).
Jeconías era un joven de 18 años cuando fue llevado cautivo (2 Rey. 24: 8).
Cuando murió Nabucodonosor 37 años más tarde, fue liberado de la cárcel y
"comió siempre delante" del rey (2 Rey. 25: 29), recibió una pensión regular de
la tesorería real, y gozó del favor del rey evidentemente durante el resto de
su vida (ver com. 2 Rey. 25: 27-29).
Salatiel a Zorobabel.Ver com. Luc. 3: 27. En cumplimiento del decreto de Ciro, con el cual
concluyeron los 70 años de cautiverio, 274 Zorobabel llevó de vuelta a
Jerusalén a unos 50.000 judíos. Ver com. Esd. 2: 2.
15.
Matán a Jacob.Nada más se sabe acerca de las ocho personas enumeradas entre Abiud y Matán
(vers. 13-15), sino sus nombres, y ninguno de ellos aparece en otra parte.
Estas ocho generaciones abarcan cinco siglos. Quizá Mateo omitió ciertos
nombres a fin de que la tercera sección de su genealogía pudiera corresponder
con las primeras dos secciones (ver com. Mat. 1: 17; Esd. 7: 5). Esto podría
ser posible por las siguientes razones: (1) El número de generaciones dadas
difícilmente parecería corresponder con la duración del período, (2) Lucas
enumera para este período nueve generaciones más que Mateo, y (3) Mateo omite
cuatro nombres de la segunda sección de su genealogía (ver com. vers. 8, 11).
Se ha sugerido que el nombre de Matán en Mateo, y de Matat, en Lucas (cap. 3:
24) son diferentes formas de escribir el nombre "Mateo" (no el evangelista) y
que por lo tanto los dos nombres "Matán" y "Matat" en realidad indican una y la
misma persona. Si así fuera, Jacob y Elí (Luc. 3: 23) serían hermanos. Con
esto se supone que Elí no tenía un heredero varón y que adoptó a José, su
sobrino, como hijo y heredero (cf. com. Luc. 3: 27). Lo que se pretende con
esto es comprobar que José era verdaderamente "hijo de Elí" como aparece en
Luc. 3: 23, y también hijo de Jacob como aparece en Mateo. Según otra teoría,
Jacob se casó con la viuda sin hijos de su hermano Elí, en armonía con la ley
del levirato (Deut. 25: 5-10). José, el primogénito de ese matrimonio, sería
hijo de Jacob, pero legalmente hijo y heredero de Elí. Ambas sugerencias,
originalmente hechas por ciertos padres de la iglesia primitiva, se basan en
suposiciones, y por lo tanto no son dignas de confianza. El problema se trata
con más detalles en com. Luc. 3: 23.
16.
José, marido.Con todo cuidado Mateo evita decir que José "engendró" a Jesús. La relación
que existía entre José y Jesús no era la de padre e hijo, sino de un padrastro
con el hijo de su esposa. "Engendrar", el eslabón que ha unido a todas las
generaciones hasta aquí, desaparece, con lo cual Mateo destaca el nacimiento
virginal.
María.Gr. María. El mismo nombre en Heb. es miryam, y en la LXX es Mariam. Al igual
que José, María era de la casa de David (DTG 30; cf. Hech. 2: 30; 13: 23; Rom.
1: 3; 2 Tim. 2: 8), porque sólo por intermedio de ella Jesús podía ser
literalmente "del linaje de David según la carne" (Rom. 1: 3; cf. Sal. 132:
11). El hecho de que la "parienta" de María (Luc. 1: 36) fuera de las "hijas
de Aarón" (Luc. 1: 5) de ningún modo requiere que María fuera de la tribu de
Leví y no de la tribu de Judá. Ver com. Luc. 1: 36 con referencia a la palabra
traducida como "parienta".
Al parecer María pasó su juventud en Nazaret (Luc. 1: 26). Tenía una parienta,
Elisabet, esposa de Zacarías (Luc. 1: 36). Además tenía parientes que vivían
en Caná, aldea situada a unos 13 km al norte de Nazaret (Juan 2: 1, 5; DTG 118,
120). La idea de que su madre se llamaba Ana se basa exclusivamente en la
tradición. María fue sumamente favorecida por el Señor y bendita entre las
mujeres (Luc. 1: 28, 42). Desde que se dio la primera promesa de un
libertador, que había de ser de la "simiente" de la mujer (Gén. 3: 15; Apoc.
12: 5), las piadosas madres en Israel habían esperado que su primogénito fuera
el Mesías prometido (DTG 23). Este honor le fue concedido a María.
Sin duda, Dios escogió a María en primer lugar, porque en el momento designado
(Dan. 9: 24-27; Mar. 1: 15; Gál. 4: 4) su carácter reflejaba con mayor
perfección los ideales divinos de la maternidad que los de cualquier otra hija
de David. Ella pertenecía a esa selecta minoría que aguardaba "la consolación
de Israel" (Luc. 2: 25, 38; Mar. 15: 43; cf. Heb. 9: 28). Esta fue la esperanza
que purificó su vida (cf. 1 Juan 3: 3) y la preparó para su sagrada tarea (PP
316; PR 185; DTG 49-50). Toda madre en Israel hoy puede cooperar con el cielo
como lo hizo María (DTG 473), y en cierto sentido, puede transformar a sus
hijos en hijos e hijas de Dios. Ver com. Luc. 2: 52.
De la cual.Tanto en griego como en castellano, el género gramatical excluye la posibilidad
de que se entienda que José fuera el padre natural de Jesús. Debido a su
matrimonio con María, José fue el padre legal de Jesús, aunque no su verdadero
padre (cap. 13: 55).
17.
Todas las generaciones.Es evidente que Mateo omite por lo menos cuatro nombres que tendría que haber
incluido si hubiera sido su intención proporcionar una genealogía completa (ver
com. vers. 8, 11). Es posible que haya otras omisiones en la parte de la lista
que abarca el período intertestamentario, porque desde Abrahán hasta Cristo,
inclusive, 275 Lucas da 56 nombres, mientras que Mateo sólo da 41 (ver com.
Mat. 1: 15). Por lo tanto, al hablar de "todas las generaciones", Mateo
claramente se refiere a las que ha enumerado, y no a todos los antepasados de
Cristo que habían vivido y que pudieran haberse incluido en una lista completa.
Es posible que el número de nombres en la segunda y tercera sección de la
genealogía se hubieran ajustado para hacerlo corresponder con el número de la
primera sección.
Quizá Mateo empleó una lista abreviada, numéricamente simétrica, para ayudar a
aprenderla de memoria. En el AT hay listas abreviadas, como la de Esdras (ver
com. Esd. 7: 1, 5). Pero es evidente que esa genealogía abreviada era
considerada como una prueba suficiente de que Esdras era descendiente de Aarón
cuando otros no podían ser sacerdotes por no poder demostrar debidamente su
linaje (Esd. 2: 62; Neh. 7: 64). El filósofo Filón y el historiador Josefo,
ambos casi contemporáneos de Jesús, dan genealogías abreviadas, que
evidentemente eran consideradas adecuadas como para probar su ascendencia. Hoy
en día, cuando un árabe quiere demostrar su prosapia, menciona unos pocos
nombres eminentes. Al hacerlo, su propósito no es el de proporcionar una
enumeración completa sino tan sólo establecer su ascendencia.
La distribución en tres partes que hace Mateo es históricamente correcta,
porque cada sección constituye un período separado en la historia judía. En el
primero, desde Abrahán hasta David, la nación hebrea fue esencialmente
patriarcal. Durante el segundo fue monárquica; y durante el tercero los judíos
estuvieron bajo el dominio de diversos poderes extranjeros.
Catorce.Tres divisiones, cada una compuesta de 14 generaciones, darían un total de 42
generaciones, en vez de las 41 que aparecen en Mateo. Esta aparente
discrepancia se ha explicado de diversas maneras. Algunos sugieren que el
nombre de Jeconías debería contarse dos veces: como último nombre del segundo
grupo, y como primer nombre del tercero. Otros opinan que originalmente Mateo
había colocado el nombre de Joacim entre el de Josías y el de Jeconías (ver
com. vers. 11).
Hasta Cristo.Literalmente "hasta el Cristo" (ver com. vers. 1). Mateo hace referencia a
Cristo dentro de la perspectiva histórica como el Mesías de la profecía.
18.
El nacimiento.-
[El anuncio a José; su matrimonio, Mat. 1: 18-25. Ver el mapa p. 204.] Mateo
sólo menciona algunas de las circunstancias que rodearon el nacimiento de
Jesús, las que eran necesarias para demostrar que su venida era el cumplimiento
de las profecías del AT (vers. 22). En armonía con el propósito de su
Evangelio, Mateo, a diferencia de Marcos y Lucas, omite muchos detalles de
interés humano de la vida de Jesús a fin de concentrarse en las enseñanzas del
Maestro (ver p. 181).
María su madre.Jesús fue hecho "en semejanza de carne de pecado" (Rom. 8: 3). María tenía
tanta necesidad de ser salvada de sus pecados como cualquier otro descendiente
de Adán (Rom. 3: 10, 23). Hay "un solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre" (1 Tim. 2: 5).
Desposada... con José.Es decir, "comprometida para casarse". María y José vivían en Nazaret (Luc. 1:
26-27; 2: 4), "su ciudad" (Luc. 2: 39), aunque como descendientes de David,
consideraban que Belén era la ciudad de su familia (ver DTG 47). El hecho de
que les resultó difícil encontrar alojamiento en Belén sugiere que en ese
momento ninguno de ellos tenía allí parientes cercanos. Tanto José como María
eran de la casa y del linaje de David (Mat. 1: 20, Luc. 1: 26-27; 2: 4; ver
com. Mat. 1: 16). Es probable que fueran miembros del pequeño círculo que
estudiaba con afán las profecías y esperaba la venida del Mesías (DTG 29-31,
72-73). De ser así, sabiendo que el tiempo se acercaba, sin duda oraban para
que Dios apresurara la venida del Prometido (cf. Luc. 2: 25-26, 38). Al
parecer, José era viudo cuando se casó con María. Tenía al menos otros seis
hijos (Mat. 12: 46; 13: 55-56; Mar. 6: 3; DTG 69-70, 288; se mencionan cuatro
hermanos y un número no definido de hermanas), y es probable que todos fueran
mayores que Jesús (DTG 65-66; ver com. Mat. 1: 25).
Antes que se juntasen.Mateo ya ha indicado que José no era el padre de Jesús (vers. 16). Aquí
confirma ese hecho. Durante el período de los esponsales, o del compromiso,
los novios eran legalmente considerados como marido y mujer, aunque no vivían
juntos (Deut. 22: 23-24). El compromiso matrimonial constituía una relación
legal, un solemne convenio que sólo podía invalidarse por medios legales, es
decir, mediante el divorcio (ver Mishnah, Gittin 8. 9; Kiddushin 3. 7. 8). 276
Que había concebido.Ver com. Luc. 1: 26-38. El ángel había aparecido a María después de su
compromiso (Luc. 1: 26-27), pero antes del momento de la concepción (Luc. 1:
31, 35). Al parecer, José no se enteró hasta más tarde de la visita del ángel
a María. El ángel no se le apareció a José hasta después de que éste supo que
María "había concebido" (Mat. 1: 18, 20).
Espíritu Santo.-
El Espíritu Santo es el Instrumento por medio del cual se ejerce el poder
creador y vivificador de Dios (cf. Gén. 1: 2; Job 33: 4; Juan 3: 3-8; Rom. 8:
11; etc.). Lucas declara (Luc. 1: 35) con mayor claridad que Mateo cuál fue el
papel del Espíritu Santo en el nacimiento de Jesús. Por obra del Espíritu
Santo el "Verbo fue hecho carne" (Juan 1: 14), y el Hijo de María pudo llamarse
"Hijo de Dios" (ver com. Luc. 1: 35).
A fin de no aceptar a Jesús como el Mesías, los judíos inventaron el cuento de
que era hijo ilegítimo (Juan 8: 41; 9: 29). Pero es digno de notarse que los
más grandes eruditos judíos hoy reconocen que eso es puro invento. Por
ejemplo, José Klausner dice que "no tiene base histórica la tradición de que
Jesús fue hijo ilegítimo" (Jesus of Nazareth, p. 36).
La encarnación de Jesús es un milagro sublime e insondable. El era "en forma
de Dios" (Fil. 2: 6; Juan 1: 2), era adorado por las huestes celestiales, y
ocupaba el trono del universo. Pero como Rey de gloria "prefirió devolver el
cetro a las manos del Padre" (DTG 14) a fin de que fuera "por un poco inferior
a los ángeles" (Heb. 2: 7-8, BJ), "semejante a los hombres" (Fil. 2: 7). Más
tarde, recibiría de nuevo "toda potestad" (Mat. 28: 18), sería "entronizado en
medio de la adoración de los ángeles" (HAp 31) y sería coronado de "gloria y de
honra" (Heb. 2: 7; cf. Isa. 52: 13-15). Sin embargo, el misterio de la
encarnación no es tan grande como el misterio del tierno amor que la originó
(Juan 3: 16; Rom. 5: 8; Gál. 2: 20; 1 Juan 4: 9). El "misterio de la piedad"
es el gran misterio de todos los tiempos (1 Tim. 3: 16; ver com. Fil. 2: 7-8;
Nota Adicional de Juan 1).
19.
Justo.Gr. díkaios, palabra que sirve para describir a una persona correcta, que
cumple con las reglas y las costumbres, o justa, es decir, que hace lo recto.
En el NT la palabra díkaios se emplea a menudo en el sentido amplio de
corresponder con la norma divina. De este modo Zacarías y Elisabet (Luc. 1:
5-6), Simeón (Luc. 2: 25) y José de Arimatea (Luc. 23: 50) aparecen como
personas justas (díkaios). La esposa de Pilato designó a Jesús como "justo"
(díkaios, Mat. 27: 19). Desde el punto de vista judío, un "justo" era aquel
que observaba en forma estricta las leyes de Moisés y las tradiciones
rabínicas. Por eso, José pudo haberse preguntado si era moralmente correcto
casarse con una persona que, al parecer, era adúltera.
No quería.José mitigó su sentido de justicia con misericordia para con la supuesta
culpable. No deseaba que aumentaran la vergüenza y el bochorno de María. La
supuesta ofensa era contra él. Legalmente, podía divorciarse de ella diciendo
sencillamente que no le agradaba (Mat. 19: 3, 8; Mar. 10: 4), sin decir por qué
razón lo hacía.
Infamarla.El hecho de que José procurara evitarle a María la vergüenza de un juicio
público, muestra su propia integridad como también su consideración por ella.
Quiso dejarla.Es decir, divorciarse de ella. Desde el momento del compromiso o de los
esponsales, ambas partes estaban legalmente unidas, y sólo podían separarse por
un divorcio (ver com. cap. 1: 18; 5: 27).
20.
Un ángel.Es probable que este ángel fuera Gabriel, quien ya se le había aparecido a
Zacarías (Luc. 1: 11,19) y a María (ver com. Luc. 1: 19).
En sueños.Lucas (cap. 1: 26-38) insinúa que el ángel se había aparecido a María en forma
visible, no en sueño ni en visión, sino que se le presentó "en donde ella
estaba" (Luc. 1: 28). Pero a José, que meditaba angustiosamente en su
problema, se le apareció en un sueño mientras dormía. Los sueños inspirados
son una de las formas escogidas por Dios para revelar su voluntad a los hombres
(Núm. 12: 6; Joel 2: 28; cf. Gén. 20: 3; 31: 11, 24; 41: 1; etc.).
Hijo de David.Por supuesto, José sabía que era del linaje real. Bien podría haber sido hasta
heredero al trono de David, como tal vez podría indicarlo la genealogía de
Mateo.
No temas.No debía vacilar ni poner en duda la virtud de María. Como varón "justo"
(vers. 19), José no debía temer que al tomar a María estuviera apartándose de
lo correcto. En verdad, Dios exigía este acto de fe.
Mujer.Gr. gun', palabra que significa (1) mujer en general (cap. 9: 20; 13: 33;
etc.), (2) esposa (cap. 14: 3; 18: 25), (3) una mujer desposada (Gén. 29: 21,
LXX; Deut. 22: 23-24, 277 LXX; cf. Apoc. 21: 9). Aquí se aplica evidentemente
la tercera acepción.
21.
Dará a luz.El ángel no le dijo a José que su "mujer" le daría a luz un hijo a él, como le
había dicho a Zacarías acerca de Juan (Luc. 1: 13). Jesús había de nacer como
"Hijo de Dios", no como hijo de José (Luc. 1: 35), pero desde el momento del
nacimiento de Jesús, José debía ser para él como padre. A semejanza de otros
niños, Jesús se beneficiaría del compañerismo, de la conducción y de la
protección de un padre.
Llamarás su nombre.José había de tener el privilegio de ponerle nombre a su "Hijo", acto que solía
considerarse como prerrogativa del padre (Luc. 1: 59-63). María también había
de participar en ese acto de ponerle nombre a Jesús (Luc. 1: 31). A los niños
judíos se les ponía oficialmente el nombre ocho días después de su nacimiento,
cuando se celebraba el rito de la circuncisión (Luc. 2: 21).
Jesús.Ver com. vers. 1.
Salvará.El nombre de Jesús significa "Jehová es salvación" (ver com. vers. 1). La
construcción griega es enfática, como si se deseara recalcar que él mismo es
quien ha de salvar.
Desde la antigüedad se había escuchado la promesa: "He aquí, vengo" (Sal. 40:
7; Zac. 2: 10; Heb. 10: 7). Por siglos el pueblo judío -el pueblo de Dioshabía esperado ansiosamente la venida de su Libertador. Ahora, "cuando vino el
cumplimiento del tiempo" (Gál. 4: 4) el destino señaló a Aquel en quien habían
de cumplirse esas esperanzas. Ver com. Juan 1: 14.
De sus pecados.El pecado había encerrado a los hombres (Rom. 6: 16; 2 Ped. 2: 19) en su cárcel
(Isa. 42: 7). Cristo vino para quebrar las cadenas, abrir las puertas de la
cárcel y libertar a los cautivos de su condena de muerte (Isa. 61: 1; Rom. 7:
24-25; Heb. 2: 15). Vino a salvarnos de nuestros pecados, no en nuestros
pecados. Vino, no sólo para salvarnos de los pecados que ya hemos cometido,
sino de nuestras tendencias inherentes que nos llevan al pecado (Rom. 7: 23-25;
1 Juan 1: 7, 9). Vino a redimirnos de "toda iniquidad" (Tito 2: 14), en la
cual está incluida toda tendencia al mal heredada y cultivada (DTG 625).
Cristo no vino a salvar a su pueblo del poder de Roma, como lo anhelaban los
judíos, sino del poder de un enemigo mucho más formidable. No vino a restaurar
"el reino a Israel" (Hech. 1: 6), sino a restaurar el dominio de Dios en el
corazón de los hombres (Luc. 17: 20-21). Cristo no vino principalmente a salvar
a los hombres de la pobreza y de la injusticia social (Luc. 12: 13-15), como lo
afirman hoy muchos apóstoles del evangelio social, sino del pecado, que es la
causa fundamental de la pobreza y de la injusticia.
22.
Todo esto aconteció.Todos los aspectos importantes de la vida y de la misión de Jesús -su
naturaleza, su nacimiento, los diversos acontecimientos de su vida, y sobre
todo sus sufrimientos y su muerte- fueron predichos por los profetas de antaño
(DTG 209, 759). No sólo eso, sino que cada acto de su vida fue ejecutado en
cumplimiento de un plan que existía desde la eternidad. Antes de que Cristo
viniera a la tierra, ese plata, con todos sus detalles, estaba delante de él, y
cada acontecimiento tenía su hora señalada (DTG 120-121, 414-415; ver com.
Deut. 18: 15; Luc. 2: 49).
Para que se cumpliese.Esta expresión es característica de Mateo (cap. 2: 15, 17, 23; 4: 14; 8: 17;
12: 17; 13: 35; 21: 4; 26: 54, 56; 27: 9, 35). La construcción griega que se
emplea aquí podría indicar propósito o simplemente resultado. Por lo tanto,
podría traducirse "a fin de que se cumpliese" o "por esto se cumplió". Mateo
emplea esta construcción en ambas maneras; y en cada caso el contexto debe
determinar la traducción. Las predicciones acerca de Cristo habían sido hechas
en forma sobrenatural; su cumplimiento ocurrió mayormente en forma natural,
hasta donde pudieran ver los hombres, pero siempre por medio de acontecimientos
ordenados por el que "gobierna el reino de los hombres" (Dan. 4: 17; DTG
120-121; ver com. Luc. 2: 49). Ciertas cosas ocurrieron, no a fin de cumplir
la profecía, sino en cumplimiento de la profecía. Por esto, la declaración de
Mateo "para que se cumpliese" se debería traducir mejor "en cumplimiento de"
(ver com. Deut. 18: 15).
23.
Una virgen.Literalmente, "la virgen". En forma directa e indirecta Mateo y Lucas
proporcionan la evidencia que confirma la verdad del nacimiento virginal. (1)
Ambos afirman que Jesús nació del Espíritu Santo (Mat. 1: 18, 20; Luc. 1: 35).
(2) Declaran que María había de dar a luz un hijo que no sería el hijo de José
(ver com. Mat. 1: 21), sino el Hijo de Dios (Luc. 1: 35). (3) María permaneció
virgen "hasta que dio a luz" a Jesús (Mat. 278 1:25). (4) María le afirmó al
ángel que era virgen (Luc. 1: 34). Por todo esto se da testimonio pleno del
nacimiento virginal de Jesús. Aun sin que se tome en cuenta la palabra
"virgen", podría probarse la virginidad de María aunque Mateo nunca hubiera
empleado esa palabra en este contexto.
Mateo y Lucas, escribiendo bajo la dirección divina, no hubieran narrado el
relato del nacimiento virginal si no hubiera sido verídico. Bien sabían cómo
los dirigentes judíos se habían burlado de Jesús por causa de las misteriosas
circunstancias que rodeaban su nacimiento, y comprendían que al repetir el
relato estaban proporcionando a sus críticos más oportunidad de ridiculizar la
narración (ver DTG 662).
No hay duda de que aquí Mateo emplea la palabra "virgen" en el sentido estricto
del término, para referirse a María como una joven casta y soltera. Ver com.
Isa. 7: 14 donde se trata la objeción de que la profecía de Isaías sólo tenía
aplicación local en tiempos del profeta. Bajo la conducción del Espíritu
Santo, Mateo aplica la predicción de Isaías a Cristo, y al hacerlo emplea la
palabra parthenós, que significa estrictamente "virgen" y ninguna otra cosa.
El problema de Isa. 7: 14 se estudia detalladamente en Problems in Bible
Translation, pp. 151-169.
Puesto que rechazan todos los milagros, los modernos críticos de la Biblia
suelen desechar la idea de que pudo haber sido un nacimiento virginal, por
considerarla indigna de una mente esclarecida. Dirigen la atención al hecho de
que, de todos los autores del NT, sólo Mateo y Lucas mencionan la forma de la
concepción. Hacen notar que ni Marcos, quizá el primero de los evangelistas,
ni Juan, quien escribió para confirmar la divinidad de Jesús, ni Pablo, el gran
teólogo del NT, hacen alusión al asunto. Los críticos llegan a la conclusión
de que Marcos nada sabía de la virginidad de María y que Juan y Pablo
consideraron que era una idea tan fantástica que no valía la pena mencionarla.
Todos estos argumentos basados en el silencio, nada prueban. Mateo y Lucas se
refieren a la virginidad de María como a un detalle del relato del nacimiento,
y puesto que ni Marcos ni Juan registran esa narración, no tienen por qué
referirse a este detalle específico. Lo mismo ocurre con Pablo, quien hace
resaltar la encarnación, la unión de lo divino con lo humano, como el gran
hecho céntrico implícito en el nacimiento de Jesús. En cierto sentido, el
nacimiento virginal es sólo incidental frente a la verdad mayor, pues fue el
medio por el cual se realizó la encarnación. El concepto paulino de la deidad
de Jesucristo armoniza perfectamente con el nacimiento virginal (Fil. 2: 6-8;
Col. 1: 16; Heb. 1: 1-9; etc.). Fuera de la encarnación, la crucifixión y la
resurrección, Pablo no dice casi nada acerca de detalles de la vida de nuestro
Señor. Trata esos tres acontecimientos sencillamente como hechos históricos.
Los críticos destacan que los paganos atribuían la grandeza de hombres como
Alejandro, Pitágoras, Platón y Augusto César al supuesto hecho de que
descendían de los dioses y a un supuesto nacimiento virginal. Pero este
argumento no tiene mayor valor que si se dijera que la existencia de monedas
falsas y las falsificaciones de las grandes obras maestras del arte pictórico,
prueban que no hay monedas ni cuadros genuinos.
Si las afirmaciones de Mateo y de Lucas en cuanto al nacimiento virginal han de
desecharse como inverosímiles, porque la verdad allí expresada trasciende el
conocimiento y la experiencia del hombre, muchos otros pasajes de los
Evangelios deben descartarse sobre la misma base. Si se coloca la mente humana
como norma para determinar la veracidad de las Escrituras, la Biblia deja de
ser la Palabra de Dios para el hombre y se transforma en un documento meramente
humano.
No debería olvidarse que todo el plan de salvación es un milagro, un "misterio"
(Rom. 16: 25; Efe. 1: 9; 3: 9; Col. 1: 27; 2: 2; Apoc. 10: 7). En primer
lugar, es un misterio que Dios pueda amar a los pecadores (Juan 3: 16; Rom. 5:
8). Así también es un misterio que la sabiduría infinita pudiera formular un
plan por el cual la misericordia pudiera combinarse con la justicia (Sal. 85:
10) a fin de poder responder a las justas exigencias de la santa ley de Dios y
al mismo tiempo salvar al pecador del castigo que merece por haber quebrantado
esa ley (Juan 3: 16; Rom. 6: 23). Es un milagro que el hombre, que por
naturaleza está enemistado con Dios (Rom. 8: 7), pueda llegar a vivir en paz
con el Señor (Rom. 5: 1). Es un milagro que Cristo pueda librar del reinado
del pecado y de la muerte a una persona inclinada a hacer lo malo (Rom. 7: 24;
8: 1-2), y la capacite para vivir una vida perfecta en armonía con el carácter
divino (Rom. 8: 3-4). Es un milagro que una persona 279 pueda nacer de nuevo
(Juan 3: 3-9), que un hombre imperfecto (Rom. 3: 23) pueda ser transformado
(Rom. 12: 2) por la gracia de Cristo en tan hombre perfecto (Mat. 5: 48) y se
convierta en hijo de Dios (1 Juan 3: 1-3). El nacimiento virginal, la vida
perfecta, la muerte vicaria y la gloriosa resurrección de Jesús son misterios
para la mente humana. La religión cristiana no pide disculpas por los grandes
misterios del plan de la salvación, porque el amor redentor de Dios es en sí
mismo el mayor de todos los misterios.
La encarnación del Hijo de Dios es el hecho culminante de todos los tiempos, la
piedra angular de la fe cristiana. Pero sin el nacimiento virginal no podría
haber verdadera encarnación, y sin la encarnación y el nacimiento virginal la
Biblia se convertiría en mera fábula y leyenda, el cristianismo no sería más
que un engaño piadoso, y la salvación sería un espejismo decepcionante. Ver
Nota Adicional com. Juan 1.
Concebirá.Por acción del Espíritu Santo, como también lo dice Lucas (cap. 1: 35). "Pero
cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo" (Gál. 4: 4),
después de haberle preparado un cuerpo (Heb. 10: 5).
Emanuel.La transliteración griega del Heb. 'immanu'el quiere decir "con nosotros Dios".
El Hijo de Dios no sólo vino a vivir entre nosotros, sino a identificarse con
la familia humana (Juan 1: 1-3, 14; Rom. 8: 1-4; Fil. 2: 6-8; Heb. 2: 16-17;
DTG 14-15; ver Nota Adicional com. Juan 1; com. Juan 1: 1-3, 14). "Emanuel" no
era tanto un nombre personal sino un título empleado para describir la misión
de Cristo (cf. Isa. 9: 6-7; 1 Cor. 10: 4).
24.
Recibió a su mujer.Cf. vers. 18, 20. Cuando Dios habló, José actuó sin duda ni demora. Se ve en
este aspecto del carácter de José, más que en cualquier otro, la razón por la
cual estaba preparado para ser el protector terrenal de María y de su hijo
Jesús. Al llevar a María a su casa, José actuó por fe. Un acontecimiento como
el que le había anunciado el ángel no era conocido en los anales de la
experiencia humana, pero José creyó que "para Dios todo es posible" (Mat. 19:
26; cf. Gén. 18: 14; Job 42: 2; Jer. 32: 17; Zac. 4: 6; Luc. 1: 37; Rom. 4:
21).
El papel de José fue humilde, pero indispensable, y su pronto cumplimiento de
las órdenes del ángel fue de gran importancia, tanto para María como para la
opinión pública.
25.
No la conoció.La forma verbal en el griego no concuerda con la tradición católica de que
María fue siempre virgen, porque implica que la virginidad de María sólo duró
hasta el nacimiento de Jesús. Por otra parte, la palabra que se traduce como
"hasta que" (Gr. héÇs) no es definitiva, ni en favor, ni en contra de la
virginidad perpetua. El significado más natural del vers. 25 es que, aunque
María no vivió con José como esposa de él hasta el nacimiento de Jesús, lo hizo
posteriormente. Comparar esto con el uso de la palabra héos en la LXX de Gén.
8: 7. 1 Sam. 15: 35; 2 Sam. 6: 23 y Mat. 5: 26; 12: 20; 18: 30; 22: 44. Jesús
tenía hermanos y hermanas, pero, al parecer, al menos los hermanos eran mayores
que Jesús, y por lo tanto eran hijos de José de un matrimonio anterior (ver
com. Mat. 12: 46). El hecho de que Jesús encomendara a su madre al cuidado de
Juan (Juan 19: 29) podría indicar que María no tenía otros hijos. Por otra
parte, bien podría haber tenido hijos que no estaban en condiciones de
atenderla o que no hubieran simpatizado ni con ella ni con Jesús (ver com.
Mat. 1: 18).
Su hijo primogénito.La evidencia textual tiende a confirmar (p. 147) la omisión de la palabra
"primogénito". Sin embargo, esta omisión no afecta en nada la seguridad de que
Jesús fue el primogénito de María, porque los mismos manuscritos que aquí
omiten la palabra "primogénito" la emplean en Luc. 2: 7.
Entre los judíos con frecuencia se empleaba la palabra "primogénito" con un
sentido técnico y legal. Como resultado de la liberación de los primogénitos
de Israel de la plaga egipcia, Dios declaró que todos los varones primogénitos
de Israel eran suyos (Exo. 13: 2; Núm. 3: 13). En el Sinaí la tribu de Leví
fue aceptada para servir en el santuario en lugar de los primogénitos de todas
las tribus, pero el Señor exigió que todo hijo primogénito fuera redimido (Núm.
3: 45-46). Literalmente, el primogénito podía también ser un hijo único.
Le puso por nombre Jesús.Se les ponía nombre en forma oficial a los niños a los ocho días de haber
nacido (Luc. 2: 21). Sin duda, en ese momento Jesús fue anotado como hijo de
María y de José (ver com. Mat. 1: 1).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
21 1JT 500
23 DTG 11, 15-16, 18; Ed 79; MeM 299 280
CAPÍTULO 2
1 Los magos (sabios) del oriente son guiados a Cristo por una estrella. 11 Lo
adoran y le ofrecen sus regalos. 14 José huye a Egipto con Jesús y María. 16
Herodes mata a los niños. 20 y muere. 23 José regresa con María y Jesús, y
habita en Nazaret, Galilea.
1 CUANDO Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del
oriente a Jerusalén unos magos,
2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su
estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.
4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les
preguntó dónde había de nacer el Cristo.
5 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes
de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos
diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del
niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le
adore.
9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían
visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre
donde estaba el niño.
10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo
adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y
mirra.
12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes,
regresaron a su tierra por otro camino.
13 Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a
José y dijo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y
permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al
niño para matarlo.
14 Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto,
15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo
el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.
16 Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y
mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos
sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.
17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo:
18 Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a
sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.
19 Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en
sueños a José en Egipto,
20 diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel,
porque han muerto los que procuraban la muerte del niño.
21 Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de
Israel.
22 Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo
temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de
Galilea,
23 y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo
que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.
1.
Cuando Jesús nació.[Visita de los magos, Mat. 2: 1-12. Ver mapa p. 205 y diagramas p. 217.] Mateo
menciona en forma muy abreviada el hecho del nacimiento de Jesús (cap. 1: 25),
y omite los diversos detalles relacionados con ese acontecimiento que se
registran en Luc. 1: 26 a 2: 40. Puesto que Mateo destaca a Jesús como el
Mesías de las profecías del AT, demuestra que Jesús en realidad cumplió 281
todas esas profecías (ver com. cap. 1: 22). Al parecer, menciona a modo de
introducción los detalles relacionados con la infancia de Jesús que habían sido
temas de profecía y que señalaban el reinado del Mesías (cap. 1: 1, 6, 17, 23;
2: 2, 6, 15, 17-18, 23). Por otra parte, Lucas, escribiendo más bien para los
gentiles (ver com. cap. 1: 3), hace resaltar que Jesús, el Hijo de Dios (vers.
32, 35, 76), creció y vivió como hombre entre los hombres para que llegara a
ser el Salvador de toda la humanidad (cap. 2: 10, 14, 31-32).
Este Comentario ubica el nacimiento de Jesús aproximadamente en la última parte
del año 5 a. C. (ver p. 231; diagramas p. 217).
Belén.Heb. "casa de pan". Su nombre anterior, Efrata (Gén. 48: 7; Miq. 5: 2),
significa "fertilidad" (ver com. Gén. 35: 19). La región de Belén, con sus
cerros y valles cubiertos de vides, higueras, olivares y campos de cereales,
era probablemente la parte más productiva de Judea. Esta zona estaba llena de
recuerdos históricos para el pueblo judío de tiempos de Cristo, así como lo
está hoy para los cristianos. En esta región Rut había espigado en los campos
de Booz (Rut 2-4), y allí David había apacentado los rebaños de su padre (1
Sam. 16: 1, 11; 17: 15). Allí también Samuel ungió a David como rey (1 Sam.
16: 13). Si se desea más información acerca de Belén, ver com. Gén. 35: 19; Rut
3: 3; 4: 1. Ver el mapa frente a la p. 353.
De Judea.Se denomina así para distinguirla de Belén de Galilea, aldea situada a unos 11
km al noroeste de Nazaret (Jos. 19: 15).
Herodes.Es decir, Herodes el Grande (ver pp. 42-44).
Magos.Gr. mágoi, plural del Gr. mágos, palabra empleada para designar a las diversas
clases cultas. Si bien la palabra "mago" viene de esa raíz, los mágoi (plural)
no eran magos como hoy se entiende la palabra. Eran de alta alcurnia, educados,
ricos e influyentes. Eran los filósofos, los consejeros del reino, instruidos
en toda la sabiduría del antiguo Cercano Oriente. Los "magos" que vinieron a
buscar al niño Jesús no eran idólatras, y se caracterizaban por ser personas
rectas e íntegras (DTG 41-43).
Al estudiar las Escrituras hebreas, encontraron allí una exposición más clara
de la verdad. En especial, las profecías mesiánicas del AT les llamaron la
atención. Entre ellas habían encontrado las palabras Balaam: "Saldrá ESTRELLA
de Jacob" (Núm. 24: 17). Quizá también conocían y comprendían la profecía de
Daniel con su tiempo preciso (Dan. 9: 25-26), y llegaron a la conclusión de que
la venida del Mesías se acercaba (ver pp. 62-63).
La noche del nacimiento de Cristo apareció en el cielo una luz misteriosa, que
se convirtió en una estrella brillante que persistió en el cielo occidental
(DTG 41-42). Impresionados por su brillo, los sabios, una vez más, recurrieron
a los rollos sagrados. Mientras procuraban comprender el significado de los
sagrados escritos, "en sueños recibieron la indicación de ir en busca del
Príncipe recién nacido" (DTG 42). Como Abrahán, no sabían al principio adónde
debían ir, sino que siguieron a medida que la estrella los guiaba por su
camino.
La tradición de que fueron tres los magos surgió por el hecho de que los
obsequios mencionados son tres (Mat. 2: 11); pero carece de base bíblica. Una
leyenda interesante pero sin valor, les asigna los nombres de Gaspar, Baltasar
y Melchor. La idea sin fundamento de que eran reyes viene de Isa. 60: 3 (cf.
Apoc. 21: 24).
En las pp. 61-65 se comenta la extensión de la influencia judía en el mundo
romano de tiempos de Jesús.
Del oriente.Los judíos consideraban que las regiones del norte de Arabia, de Siria y de
Mesopotamia constituían parte del "oriente". Por eso Harán se encontraba en
"tierra de los orientales" (Gén. 29: 1, 4). El rey de Moab hizo venir a Balaam
"de Aram [es decir, Siria]... de los montes del oriente" (Núm. 23: 7; ver com.
cap. 22: 5). Isaías, al hablar de Ciro, lo denomina el "justo" del "oriente"
(cap. 41: 2) y también "ave" del "oriente" (cap. 46: 11).
Algunos han pensado que los magos eran oriundos de la patria de Balaam -quien
fue vidente y quizá también mágos (cf. DTG 41-42) situada entre el valle de
Sajur entre Alepo y Carquemis, a poca distancia del Eufrates (ver com. Núm. 22:
5; PP 467-469). Si así fuera, el viaje a Belén habría sido de unos 650 km, y
hubiera llevado por lo menos unas dos o tres semanas de marcha ininterrumpida,
si usaban cabalgaduras; y quizá un mes, si iban a pie. El hecho de que sin
duda viajaban de noche a fin de no perder de vista la estrella (DTG 41-42),
pudo haber sido motivo de que hayan tardado aún más tiempo. Por otra parte,
pudieron haber partido desde algún punto más lejano en el este, por lo cual el
282 tiempo empleado en el trayecto pudo haber sido todavía mayor.
Jerusalén.Finalmente, su largo viaje los llevó hasta la ciudad de Jerusalén. Posiblemente
esperaban encontrar allí, en el centro religioso de la nación judía, al que
había nacido como rey. El hecho de que los magos fueran encaminados a Jerusalén
y no a Belén, indica el propósito divino de que su visita fuera el medio de
llamar la atención de los dirigentes judíos al nacimiento del Mesías (DTG 43;
cf. vers. 3-6). Al conocer la misión de los magos, se despertaron la atención y
el interés del pueblo y se sintieron inclinados a estudiar las profecías.
Los caudillos de la nación se ofendieron porque los magos eran gentiles, y se
negaban a creer que Dios pasaría por alto a los hebreos para comunicarse con
paganos (ver DTG 43). Por su parte, Herodes se enfureció debido a la aparente
indiferencia de los sacerdotes y los escribas (vers. 3-4), y se figuró que la
visita de los magos se relacionaba de algún modo con un complot para quitarle
la vida (DTG 42-45).
2.
Rey de los judíos, que ha nacido.La pregunta indica que los magos no eran judíos, pues de haberlo sido, habrían
dicho "nuestro rey". Al parecer, por lo general se reconocía que el rey
salvador que esperaban las naciones vecinas habría de surgir en Judea (ver com.
vers. 1). Al entrar en Jerusalén, los magos se dirigieron primero al templo,
sobre el cual la estrella había desaparecido, pero en sus recintos sagrados,
sólo hallaron ignorancia, sorpresa, temor y desdén (DTG 41-43).
Su estrella.No fue esta estrella una conjunción de planetas como lo han sugerido algunos,
ni tampoco una nova, como otros han pensado. La "estrella" que apareció en la
noche del nacimiento de Cristo era un "distante grupo de resplandecientes
ángeles" (DTG 42; vers. 7). Los magos fueron inducidos a interpretar ese
extraño fenómeno como el cumplimiento de la profecía de Balaam referente a la
"ESTRELLA de Jacob" (Núm. 24: 17; cf. DTG 41-42).
El oriente.Gr. anatol', que literalmente significa "surgimiento". La palabra que en el
vers. 1 se traduce como "oriente" aparece en el griego en plural, sin artículo.
En este versículo está en singular y tiene el artículo definido, por lo cual
algunos han opinado que en el vers. 2 Mateo no se refiere al este como la
dirección en la cual se vio la estrella en el cielo, ni designa el lugar de
donde vinieron los magos, sino que emplea la palabra anatol' con su sentido
literal, "salida". De este modo se traduciría, "su estrella hemos visto en
[su] salida o nacimiento", es decir, habían visto surgir la estrella. Esta es
la parte del relato que más interesó a Herodes (vers. 7). La otra
interpretación, "su estrella hemos visto en el país de oriente" también es
posible.
3.
Se turbó.La larga lista de atrocidades cometidas por Herodes, en especial los asesinatos
de diversos miembros de su familia de quienes sospechaba que estaban tramando
su muerte para usurparle el trono, da un testimonio elocuente de lo que pudo
haber sentido en su alma cuando oyó que Aquel que había de ser rey de los
judíos había nacido (ver pp. 62-65). La aparente reticencia de los sacerdotes,
que no parecían querer divulgar la información concerniente a las profecías
mesiánicas, las cuales sin duda habían sido mencionadas por los magos, indujo a
Herodes a que sospechara que los sacerdotes, en convivencia con los magos,
estaban tramando un complot para destronarlo, quizá provocando un tumulto
popular (DTG 43). Además, es probable que Herodes mismo supiera de la
expectativa popular de que un príncipe había de nacer en Judea y habría de
gobernar el mundo. No sólo eso; al parecer se consideraba a sí mismo como
Mesías y tenía anhelos secretos de gobernar el mundo (ver José Klausner, The
Messianic Idea in Israel, p. 374).
Toda Jerusalén.No es de extrañarse que toda la ciudad se turbara también, porque sus
residentes conocían demasiado bien las atrocidades de las cuales era capaz
Herodes. Temeroso de una revuelta popular, bien podría haber decretado la
muerte de centenares o de miles de personas.
4.
Los principales sacerdotes.Quizá el sumo sacerdote oficiante y todos los sacerdotes que ocuparon ese
puesto, los cuales habían sido nombrados por Herodes, pero luego depuestos por
él mismo. Durante su reinado de unos 33 años, Herodes nombró nueve sumos
sacerdotes para el sagrado oficio, que originalmente debía ser hereditario y
vitalicio (Exo. 28: 1; 40: 12-15; Lev. 21: 16-23; Núm. 16: 40; 17; 18: 1-8;
Deut. 10: 6). Simón hijo de Boeto posiblemente era el sumo sacerdote en este
tiempo (Josefo, Antigüedades xv. 9. 3), o Matías o Joazar, yerno e hijo de 283
Boeto, respectivamente, quienes siguieron a Simón en rápida sucesión (Ibíd.,
xvii. 4.2; 6.4; 13.1). Otros han sugerido que los "principales sacerdotes" eran
los jefes de los 24 turnos (ver com. Luc. 1: 5). Parece que el grupo que
Herodes convocó era el de los sabios de la nación, de quienes era más probable
que obtuviera la información que deseaba.
Escribas.-
Muchas veces son designados como "intérpretes de la ley" (Mat. 22: 35) o
"doctores de la ley" (Luc. 5: 17), o sea "maestros de la ley". Eran los sabios
cuyo deber era estudiar, conservar, copiar, interpretar y explicar la ley y los
escritos sagrados (ver p. 57; com. Mar. 1: 22).
Preguntó."Trataba de averiguar" (BJ). El griego emplea el pretérito imperfecto, lo cual
indica que "indagaba", es decir, insistía repetidas veces en su pregunta. Al
parecer, los sacerdotes eludían el dar una respuesta directa, y Herodes tuvo
que sacarles la información casi a la fuerza. Quizá los sabios se refirieron a
su estudio de las Escrituras hebreas. De ser así, Herodes bien podría haber
supuesto que los doctores de la ley sabían más de lo que aparentaban saber. De
ningún modo eran tan ignorantes como pretendían ser, ni de las profecías
mismas, ni de los acontecimientos recientes que indicaban su cumplimiento. Sin
duda, estaban enterados de la visión de Zacarías (Luc. 1: 22), del informe de
los pastores (ver com. Luc. 2: 17), y de la profecía de Simeón (Luc. 2: 27-28,
34-35). Pero el orgullo y la envidia habían cerrado su entendimiento a la luz,
porque era evidente que Dios los había pasado por alto al comunicarse con los
incultos pastores y los incircuncisos paganos, como ellos lo creían. Tildaron
esos informes de fanatismo indigno de atención (DTG 43-45).
Dónde había de nacer el Cristo.Aquí Herodes procura saber el lugar del nacimiento de Cristo, como
posteriormente quiso saber de parte de los magos el tiempo de su nacimiento
(vers. 7).
5.
Está escrito.La cita (vers. 6) dada por los principales sacerdotes y escribas no concuerda
enteramente con el texto hebreo de Miq. 5: 2 ni con la LXX. Parecería ser una
paráfrasis, posiblemente de un tárgum o quizá un pasaje, tal como lo recordaban
en el momento. Por Juan 7: 42 se ve claramente que el significado de Miq. 5: 2
era generalmente conocido, aun entre el pueblo.
6.
Príncipes.El texto hebreo de Miq. 5: 2 dice "miles", palabra que también puede traducirse
como "familias", es decir, se hace referencia aquí a las principales
subdivisiones familiares de una tribu (ver com. Exo. 12: 37; Miq. 5: 2).
Apacentará.Gr. poimáinÇ, "pastorear". Isaías había predicho que el Mesías habría de
apacentar "como pastor" su rebaño (Isa. 40: 11). Jesús dijo de sí mismo que era
el "buen pastor" (Juan 10: 11, 14). Pablo lo llamó "gran pastor de las ovejas"
(Heb. 13: 20); Pedro lo denominó "Príncipe de los pastores" (1 Ped. 5: 4), y
Juan lo describe como "el Cordero" que "los pastoreará" (Apoc. 7: 17).
7.
Diligentemente.Mejor, "precisamente". Herodes exigía una respuesta específica. No se habla
aquí de la diligencia de Herodes para obtener la información, sino de la
precisión de la información que buscaba.
El tiempo.Herodes ya había sabido mediante los principales sacerdotes y escribas dónde
había de nacer el Cristo (vers. 4-6); ahora trata de saber de los magos cuándo
había ocurrido el nacimiento.
8.
Enviándolos.Herodes ocultó cuidadosamente sus pensamientos detrás de una apariencia de
interés y aparente simpatía. Esperaba que los magos correspondieran a su
aparente bondad. La visita de ellos a Belén no suscitaría ninguna sospecha, y
le permitiría llevar a cabo su perverso plan sin que el pueblo supiera lo que
hacía. Los principales sacerdotes y escribas pueden haber sospechado cuáles
eran las intenciones de Herodes porque conocían su actitud para con los que
habían pretendido arrebatarle el trono.
Con diligencia.Es decir, "con precisión" (ver com. vers. 7). Los magos habían de buscar hasta
encontrar al Mesías y verificar su hallazgo.
9.
Iba delante de ellos.Partiendo de Jerusalén al atardecer, tal como habían viajado de noche (ver com.
vers. 1), la fe de los magos se renovó cuando vieron reaparecer la estrella.
11.
La casa.Para este tiempo Jesús tenía por lo menos 40 días, quizá más (ver com. Luc. 2:
22).
Postrándose.Una manera común en el Cercano Oriente de expresar el máximo respeto y
reverencia a los hombres, a los ídolos o a Dios (Est. 8: 3; Job 1: 20; Isa. 46:
6; Dan. 3: 7; etc.).
Lo adoraron.A pesar de sus chascos anteriores, los magos se dieron cuenta de que este niño
era Aquel por el cual habían viajado desde tan lejos. 284
Tesoros.La palabra griega th'saurós puede significar el lugar donde se guarda el
tesoro, ya sea el almacén o un cofre, o el tesoro que allí se guarda (ver Mat.
6: 20; 13: 52; Col. 2: 3).
Presentes.En los países del Cercano Oriente, nunca se visitaba a un príncipe ni a ningún
alto funcionario sin obsequiarle algo como un acto de homenaje. Comparar esto
con los regalos dados a José en Egipto (Gén. 43: 11), a Samuel (1 Sam. 9: 7-8),
a Salomón (1 Rey. 10: 2), y las ofrendas dadas a Dios (Sal. 96: 8).
Incienso.Una resina de color blanco o amarillo pálido que se obtiene haciendo incisiones
en la corteza de ciertos árboles del género Boswellia. Tiene un gusto amargo,
pero es fragante cuando se la quema. Era uno de los ingredientes del sagrado
incienso del santuario (Exo. 30: 8, 34). Solía importarse de Arabia (Isa. 60:
6; Jer. 6: 20).
Mirra.Otra resina aromática muy cotizada en tiempos antiguos; tenía un gusto amargo
y, ligeramente acre. Quizá se obtenía de un pequeño árbol, el Balsamodendron
myrrha o Commiflora myrrha, oriundo de Arabia y del Africa oriental. Era uno
de los ingredientes que se empleaba en la fabricación del aceite sagrado (Exo.
30: 23-25) y para hacer perfume (Est. 2: 12; Sal. 45: 8; Prov. 7: 17). También
se lo empleaba como calmante mezclado con vino (Mar. 15: 23) y para embalsamar
(Juan 19: 39).
13.
Sueños.[Huida a Egipto, Mat. 2: 13-18. Ver mapa p. 205; diagrama p. 217.] Así también
se había aparecido el ángel a José por primera vez (cap. 1: 20).
Huye a Egipto.Egipto era entonces una provincia romana, y por lo tanto estaba más allá de la
jurisdicción de Herodes. La frontera tradicional de Egipto, el así llamado río
de Egipto, el Wadi el-Arish, a unos 150 km al suroeste de Belén. Muchos judíos
vivían en Egipto en esta época, y José no se encontraría totalmente entre
extraños. Había sinagogas en las ciudades, y en un tiempo aun existió un
templo judío. La tradición dice que José y María huyeron en busca de refugio a
Heliópolis (On, cf. Gén. 41: 45, 50; 46: 20).
14.
De noche.Sin duda José obedeció sin demora, quizá partiendo esa misma noche o tan pronto
como pudieron hacerse los preparativos para el viaje. Los presentes de los
magos proporcionaron los medios necesarios para hacer el viaje (DTG 46-47).
15.
La muerte de Herodes.Herodes murió poco después de haber hecho matar a los inocentes de Belén (DTG
47), en el año 4 a. C. (ver pp. 43-46), de una enfermedad terrible y dolorosa.
Para que se cumpliese.La cita que se da aquí es del texto hebreo de Ose. 11: 1. La LXX reza: "De
Egipto llamé a sus hijos". En el contexto original de Oseas, las palabras de
esta profecía se refieren a la liberación de los hijos de Israel de Egipto.
Cuando instaba a Faraón a dejarlos ir, Moisés dijo: "Jehová ha dicho así:
Israel es mi hijo, mi primogénito" (Exo. 4: 22). Con referencia a la aplicación
que hace Mateo de las palabras de Ose. 11: 1 a Cristo, ver com. Deut. 18: 15.
16.
Se vio burlado.Los magos lo habían engañado. Herodes comprendió que habían sido más listos
que él y que se le habían burlado. Lo tomó como un insulto y, sin duda, como
otra prueba de que se trataba de un siniestro plan en contra de él.
Mandó matar a todos los niños.Quizá sólo mandó matar a los varones. Quienes ponen en tela de juicio la
precisión del relato bíblico notan que Josefo, en su larga lista de atrocidades
cometidas por Herodes, no menciona la matanza de las criaturas de Belén. Por
otra parte, se ha estimado que en una aldea cuya población probablemente no
pasaba de 2.000 habitantes, incluyendo sus aledaños, no habría habido más de
unos 50 a 60 niños de la edad indicada, y que sólo la mitad de ellos serían
varones. Algunos calculan que el número fue algo mayor. Josefo podría haber
considerado que este suceso era relativamente insignificante en comparación con
la larga lista de crímenes más terribles de Herodes que él menciona. Un hecho
de este tipo concuerda bien con lo que se sabe del carácter empedernido de
Herodes. Esta matanza fue uno de los últimos actos de su vida (DTG 47).
Además, si Josefo mencionara esta impía acción, tendría que dar cuenta de los
motivos que la causaron, como lo hace con lujo de detalles en el caso de otros
acontecimientos que registra. Esto podría aplicar un análisis de las
pretensiones mesiánicas de Jesús de Nazaret, tema que, como judío, quizá
deseaba evitar. Como estaba escribiendo una apología del judaísmo para los
romanos, y en especial para el emperador Vespasiano, querría evitar la mención
de cualquier cosa contraria a Roma (ver pp. 76-77, 95).
Menores de dos años.Según el antiguo cómputo del Medio Oriente, que aún persiste en algunas
regiones, se dice que un niño 285 tiene un año durante su primer año de
calendario, es decir, desde que nace, hasta que llega el siguiente día de año
nuevo. Entonces tiene dos años a partir de ese día de año nuevo, aunque
ninguno de esos años sea completo. Si acaso los judíos del tiempo de Jesús
computaban así la edad, según los años del calendario, no hay por qué suponer
que Jesús había nacido dos años antes de que Herodes muriera, ni que Herodes
fijara el período de dos años más allá del límite del tiempo indicado por los
magos a fin de asegurarse la muerte del niño (Mat. 2: 7). Un niño que hubiera
nacido en cualquier momento del año 5/4 a. C. tendría dos años en el año 4/3 a.
C., año cuando murió Herodes. Con referencia al momento probable del
nacimiento de Jesús, ver pp. 231-233.
17.
Entonces se cumplió.Ver Jer. 31: 15. Con referencia a la aplicación original de esta profecía, ver
com. Jer, 31: 15; con referencia a la aplicación mesiánica, ver com. Deut. 18:
15.
18.
Ramá.Hay notables divergencias en cuanto a la ubicación de Ramá. En el AT se
mencionan varias aldeas llamadas Ramá. Es probable que aquí corresponda con
Ramallah, en la parte sur del territorio de Efraín, situada a unos 13 km al
norte de Jerusalén (ver Nota Adicional de 1 Sam. 1). Esta aldea estaba cerca
de la frontera entre las tribus de Efraín y Benjamín, nieto e hijo,
respectivamente, de Raquel.
Raquel que llora.Las palabras de Jeremías que aquí se citan se referían originalmente a las
amargas vicisitudes de los cautivos hebreos llevados a Babilonia en el año 586
a. C. (ver com. Jer. 31: 15). La muerte de Raquel, ocurrida después del
nacimiento de Benjamín, en algún lugar cercano (Gén. 35: 18-20), hace que esta
figura sea muy apropiada. Ella llamó a su hijo Benoní, "hijo de mi tristeza"
(Gén. 35: 18). Movido por la inspiración, Mateo aplica las palabras de Jeremías
a la matanza de los niños de Belén (ver com. Deut. 18: 15).
19.
Después de muerto Herodes.-
[Regreso a Nazaret, Mat. 2: 19-23 = Luc. 2: 39-40. Comentario principal: Mateo
y Lucas; ver mapa p. 205; diagramas pp. 218, 224.] Ver pp. 43-44.
20.
Tierra de Israel.Término general que se emplea para designar a toda Palestina.
Han muerto.Algunos piensan que el plural se refiere a Herodes y a su hijo y heredero,
Antípater (muerto poco antes del fallecimiento de Herodes); otros consideran
que en él se incluyen los soldados que participaron en la matanza de los niños
de Belén.
22.
Arquelao.En su testamento, Herodes dividió su reino en cuatro partes, de las cuales dos
eran para Arquelao, una para Antipas y la restante para Felipe (ver pp. 65-67).
Arquelao fue el peor de los hijos de Herodes. Su tiranía e incompetencia
provocaron que los judíos y los samaritanos pidiesen a Roma que lo depusieran,
lo que fue concedido en el año 6 d. C., el noveno año de su reinado. Augusto
lo deportó a las Galias (Francia), donde murió.
En sueños.Este es el tercer sueño que se registra que Dios dio a José (ver cap. 1: 20, 2:
13, 19).
Se fue."Se retiró" (BJ). Posiblemente José y María, habiendo comprendido las profecías
acerca del Mesías como el Hijo de David habían pensado residir en Belén.
Galilea.Esta palabra es una transliteración del Heb, galil o gelilah que significa
"circuito" o "distrito". Su población era una mezcla de judíos y gentiles, y
eran menos evidentes al los prejuicios religiosos de una población
predominantemente judía, como la de Judea. No había ciudades grandes. La gente
vivía mayormente en zonas rurales y en aldeas y se ocupaba en las tareas
comunes de la vida. Sus habitantes eran despreciados por los de la provincia
más culta de Judea (Juan 7: 52 cf. Mat. 26: 69; Juan 1: 46).
Por lo que se dice en Lucas (cap. 2: 39), podría parecer que José y María
volvieron a Galilea inmediatamente después de haber presentado a Jesús en el
templo. Sin embargo Mateo deja bien en claro que la permanencia en Egipto
ocurrió entre esos dos acontecimientos (ver com. Luc. 2: 39). No hay razón
válida para creer que los dos relatos se contradicen. Ver mapa frente a la p.
353.
23.
Nazaret.Aldehuela a unos 140 km norte de Jerusalén, aproximadamente a mitad de camino
(unos 24 km) entre el extremo sur del mar de Galilea y el Mediterráneo, de las
cercanías de donde hoy se encuentra ciudad de Nazaret. Es probable que la
antigua aldea estuviera en la ladera occidental que se levanta de una depresión
rodeada de cerros. La depresión tiene forma de pera mide más o menos un
kilómetro y medio de ancho. La punta de la pera señala hacia el sur y allí
comienza un sinuoso y angosto valle que termina en la llanura de Esdraelón. La
aldea estaba situada a unos 474 m sobre la llanura. 286 Se encontraba en el
territorio que antiguamente fue asignado a la tribu de Zabulón. Ver ilustración
frente a la p. 480.
Algunos han llegado a la conclusión de que el nombre Nazaret proviene de una
raíz que significa "proteger" o "guardar", y le dan el sentido de "torre de
vigía", lo que encuadraría muy bien con su ubicación en lo alto de los cerros
de Galilea. Otros consideran que el hombre tiene por raíz una palabra que
significa "rama" o "brote", lo cual correspondería con el denso follaje que se
encuentra en los cerros de esa región. Tanto la forma exacta del nombre
original como su significado, son aciertos.
Esta es la primera mención bíblica de Nazaret, lo que implicaría que no existía
o que carecía de importancia en tiempos anteriores. Josefo no incluye a Nazaret
en una lista de unas doscientas aldeas y pueblos de Galilea. Era una aldea
proverbial por su impiedad, aun entre la gente de Galilea (ver com. Luc. 1:
26).
Desde la cima del cerro que está detrás del pueblo, el panorama es magnífico en
todas direcciones. A unos 27 km al oeste están las azules aguas del
Mediterráneo. Hacia el sur está la amplia y fértil llanura de Esdraelón, más
allá de la cual se levantan las montañas de Samaria. A unos 8 km hacia el este
se eleva el monte Tabor, y a la distancia, más allá de la depresión del Jordán,
se encuentra la meseta de Galaad. Hacia el norte se ven el Líbano y el
Antilíbano, y el majestuoso nevado del monte Hermón.
Los profetas.El que no se encuentre en el AT ninguna profecía específica que se asemeje a la
que aquí se menciona, ha llevado a los críticos de la Biblia a señalar que esta
afirmación es errónea, y por lo tanto prueba que Mateo no fue inspirado. Sin
embargo, debe notarse que en ocasiones anteriores, cuando Mateo cita una
profecía específica, habla de "el profeta" (cap. 1: 22; 2: 5, 15, 17). El que
emplee aquí la forma plural, "profetas", claramente indica que se refiere, no a
una declaración profética específica en particular, sino a varias, que si se
toman en conjunto llevan a la conclusión que aquí se expresa (ver com. Esd. 9:
11; Neh. 1: 8). También es posible que Mateo esté citando escritos inspirados
que no llegaron a ser parte del canon bíblico.
Nazareno.Algunos han sugerido que esta palabra es derivada del término Heb. nazir,
nazareo", es decir "separado", y que originalmente la declaración de Mateo
rezaba: "Será llamado nazareo" (ver com. Núm. 6: 2). Pero esta etimología es
muy poco probable. Además, es evidente que Jesús no fue nazareo (Mat. 11: 19;
Luc. 7: 33-34; cf. Núm. 6: 24). Es más probable que la raíz sea natsar, de
donde nétser, "brote", "renuevo".
En Isa. 11: 1 la palabra nétser se traduce como "vara" en el contexto de una
profecía claramente mesiánica. La palabra hebrea más comúnmente empleada para
"rama" en el contexto de una profecía mesiánica es tsemaj (Jer. 23: 5; 33: 15;
Zac. 3: 8; 6: 12). Por lo tanto, es posible que sea correcta la etimología de
la palabra Nazaret de nétser, "renuevo", "brote", y que las profecías de Jesús
como "renuevo" o "vara" bien pudieran aplicarse al hecho de que se crió en la
ciudad de Nazaret (ver com. Deut. 18: 15).
Otros han considerado que la declaración de Mateo acerca de Cristo como
nazareno tiene que ver con el reproche que sufrieron, en primer lugar, la aldea
de Nazaret, y después, Cristo y sus seguidores. En Juan 1: 46 (cf. cap. 7: 52)
se ve claramente el sentimiento popular para con Nazaret. El Mesías sería
"despreciado y desechado entre los hombres" (Isa. 53: 3; cf. Sal. 22: 6-8).
Jesús habría de aparecer no como un rey homenajeado, sino como un varón humilde
entre los hombres. Ni siquiera había de conocérselo como betlemita, para que
gozara del honor de ser ciudadano de la ciudad de David. Tanto esta solución
como la anterior parecerían armonizar con las Escrituras.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-23 DTG 41-48
1 HAd 434
1-2 DTG 24, 41, 198
1-10 CS 361
2 DTG 44
3-4 DTG 43
5-8 DTG 43
6 PR 514
9-11 DTG 45
11 CM 49; HAd 438; 3JT 144
12-14 DTG 45
16-18 DTG 46
18 DTG 24
19-23 DTG 47 287
CAPÍTULO 3
1 Juan el Bautista: su ministerio, su vida y su bautismo. 7 Reprende a los
fariseos, 13 y bautiza a Cristo en el río Jordán.
1EN AQUELLOS días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
3 Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que
clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.
4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor
de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.
5 Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del
Jordán,
6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.
7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo,
les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?
8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,
9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre;
porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.
10 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo
árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
11Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene
tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os
bautizará en Espíritu Santo y fuego.
12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el
granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.
14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú
vienes a mí?
15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda
justicia. Entonces le dejó.
16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los
cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma,
y venía sobre él.
17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien
tengo complacencia.
1.
En aquellos días.[Ministerio de Juan el Bautista, Mat. 3:1-12 = Mar. 1:1-8 = Luc. 3:1-18.
Principal comentario: Mateo y Lucas; ver diagrama p. 220.] Es decir, cuando
Jesús "habitó en una ciudad que se llama Nazaret" (Mat. 2: 23). Jesús comenzó
su ministerio público cuando "era como de treinta años" (ver com. Luc. 3: 23),
hacia fines del año 27 d. C. (DTG 200; ver pp. 233-238; com. Luc. 3: 1). Juan
era unos seis meses mayor que Jesús (ver com. Luc. 1: 39, 57). Hay quienes
piensan que el ministerio de Juan comenzó unos seis meses antes del de Cristo.
De haber sido así, Juan pudo haber iniciado su predicación en los primeros
meses de ese mismo año, quizá en torno de la pascua, cuando grandes multitudes
viajaban hacia Jerusalén o salían de la ciudad pasando por el lugar donde Juan
predicaba (ver p. 288, "Desierto de Judea"; com. Luc. 3: 1).
Las adecuadas ilustraciones empleadas por Juan en su predicación insinúan que
el tiempo de la cosecha no estaba distante (ver com. Mat. 3: 7, 12).
Los judíos que vivían "en aquellos días" en Palestina, y especialmente en
Judea, estaban al borde de una revolución. Cuando Arquelao fue depuesto por
Augusto en el año 6 d. C., se nombró a un procurador romano para que gobernara
a Judea. La presencia de oficiales y soldados romanos, que habían procurado
imponer la autoridad y los símbolos imperiales, dio como resultado un
levantamiento tras otro. Miles de los más valientes hombres de Israel habían
pagado su patriotismo con sangre y las condiciones eran tales que la gente
anhelaba que hubiera un caudillo decidido que los librara de la cruel opresión
de Roma. Ver p. 56. 288
Juan el Bautista.Con referencia al significado del nombre Juan, ver com. Luc. 1: 13, y en
cuanto a su juventud y educación, ver com. Luc. 1: 80. Jesús dijo: "Entre los
nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista" (Luc. 7:28).
Era "más que profeta" (ver com. Mat. 11:9). La influencia de Juan sobre el
pueblo finalmente llegó a ser tan grande, que en un primer momento Herodes
Antipas vaciló antes de tocarlo (Mat. 14: 1, 5; Mar. 11:32), y los dirigentes
judíos no se atrevieron a hablar en forma abierta en contra de él (Mat. 21: 26;
Luc. 20: 6). Josefo presenta un relato muy gráfico de la actuación de Juan el
Bautista que se asemeja mucho a la descripción presentada en los Evangelios
(Antigüedades xviii. 5. 2).
Desierto de Judea.Esta expresión generalmente se refiere a los escabrosos y áridos cerros que se
encuentran entre el mar Muerto y las montañas del centro de Palestina; una
región de escasas lluvias y pocos habitantes (ver mapa p. 206). Juan había
pasado buena parte de su juventud en el desierto (Luc. 1: 80). Quizá sus
padres vivían en Hebrón, o cerca de allí, no lejos del límite occidental de ese
"desierto".
En tiempos del NT, la palabra "desierto" se empleaba para designar tanto los
escabrosos cerros al oeste del mar Muerto como la parte sur del valle del
Jordán. Según Luc. 3:3, Juan iba de lugar en lugar, a lo largo del valle del
Jordán.
Cuando fue prendido por Herodes Antipas, Juan debe haber estado en territorio
de Herodes - quizá en Perea - y, según Josefo, fue encarcelado en Machaeros, al
este del mar Muerto (Antigüedades xviii. 5. 2). En vista de que el bautismo
era parte tan importante de su programa evangelístico, pareciera que Juan debe
haber estado siempre cerca de un lugar donde hubiera "muchas aguas" (Juan
3:23). Esto quizá explicaría, al menos en parte, por qué realizó la mayor
parte de su obra en la región "alrededor del Jordán" (Mat. 3: 5; cf. DTG
191-192). Cuando Jesús fue bautizado, Juan estaba predicando y bautizando en
Betábara, o "Betania, al otro lado del Jordán" (BJ), no lejos del lugar donde
Israel había cruzado ese río (DTG 106; ver com. Juan 1: 28; Jos. 2: l; 3:1,
16). Más tarde continuó su obra en "Enón, junto a Salim" (Juan 3:23). Ver
mapa frente a la p. 353.
2.
Arrepentíos.Gr. metanoeÇ, "pensar en forma diferente después", es decir, "cambiar de forma
de pensar", "cambiar de propósito". Comprende mucho más que la confesión del
pecado, aunque esto también estaba incluido en la predicación de Juan (vers.
6). Desde el punto de vista teológico, la palabra no sólo incluye un cambio de
ideas, sino también una nueva dirección de la voluntad, una modificación de
propósitos y actitudes. Ver com. cap. 4: 17.
Reino de los cielos.Ver com. Mat. 4: 17; Mar. 1: 15. Cristo dejó en claro que el reino que
estableció en ocasión de su primera venida no era el reino de gloria (DTG 186).
Ese reino sólo existirá "cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos
los santos ángeles con él" (Mat. 25: 31). Sin embargo, Jesús admitió ante
Pilato que en verdad era "rey" (Juan 18:33-37); en verdad, ése era el propósito
de su venida al mundo (Juan 18: 37). Pero explicó que este "reino" no era "de
este mundo" (Juan 18:36). El reino que había venido a establecer no vendría
"con advertencia", sino que sería una realidad en el corazón de quienes
creyeran en él y llegaran a ser hijos de Dios (Luc. 17: 20-21; cf. Juan l: 12;
ver com. Mar. 3: 14).
3.
Este es.-
Juan mismo afirmó que era la ,"voz" de Isa. 40: 3 (Juan 1: 23), y Jesús lo
identificó como el "mensajero" de Mal. 3: 1 (Mat. 11: 7-14).
Isaías.La profecía a la cual se hace referencia es la de Isa. 40: 3. La cita que
aparece aquí fue tomada casi textualmente de la LXX. Lucas cita los vers. 3 y
4 en su relato del ministerio de Juan el Bautista (Luc. 3: 4-5; ver com. Mar.
1: 2).
Voz.Era tan sólo una voz, ¡pero qué voz! Su eco se oye todavía resonando a través
de los siglos. Como profeta, Juan fue la "voz" de Dios para la gente de su
generación, porque es profeta aquel que es portavoz de Dios (cf. Exo. 4:
15-16; 7: 1; Eze. 3: 27). Juan fue la "voz" de Dios que anunció la venida del
Verbo de Dios, vivo y hecho carne (Juan 1: 13-14).
En el desierto.Ver com. vers. 1.
Preparad el camino.Juan no sólo proclamó el establecimiento del "reino de los cielos" (vers. 2),
sino también anunció la inminente llegada de su rey. La figura que se emplea
en este versículo es la de la preparación que debía hacerse por anticipado para
la venida del rey. Cuando un monarca del antiguo Cercano Oriente decidía
visitar ciertas partes de su reino, despachaba mensajeros a
EL MUNDO ROMANO EN LA ÉPOCA DEL NACIMIENTO DE JESÚS
289 cada distrito que iba a visitar para que anunciaran con anticipación su
visita y ordenaran a sus habitantes que se prepararan para su llegada. Los
habitantes de cada distrito debían "preparar" la ruta por donde había de
viajar, porque esos caminos estaban bastante abandonados. En algunos lugares
todavía se acostumbra reparar los caminos por los cuales el rey o algún otro
personaje eminente está por viajar.
Enderezad sus sendas.Puesto que "el reino de Dios está dentro de vosotros" (Luc. 17: 21, traducción
literal del griego), es evidente que la obra de preparación debía realizarse en
el corazón. La preparación de la cual habla aquí Juan es pues el
enderezamiento de los lugares torcidos del corazón humano. Por eso Juan
predicaba un "bautismo de arrepentimiento" (Mar. 1: 4), literalmente, un
"bautismo de cambio de parecer" (ver com. Mat. 3: 2). Debían echarse abajo el
orgullo y la altivez de los hombres (Luc. 3: 5; DTG 186).
4.
Vestido.-
Juan no sólo recordaba a sus oyentes el mensaje de los profetas, sino que
también usaba la ropa de los profetas (2 Rey. 1: 8; cf. Zac. 13: 4; DTG
76-77). Su indumentaria era un testimonio tácito de que la misión profético
-en silencio por largo tiempo- había sido restablecida en Israel. Tanto su
indumentaria como sus modales recordaban a los videntes de la antigüedad.
La sencilla vestimenta de Juan era también un reproche para los excesos de su
época, las "vestiduras delicadas" que se usaban en las "casas de los reyes"
(Mat. 11: 8), y armonizaba con su mensaje de reproche contra los males del
mundo. El "reino" que Juan proclamaba no era "de este mundo" (Juan 8: 23); sus
vestimentas reflejaban desprecio por las cosas de este mundo. Juan vivió, así
como predicó, para el "reino" invisible. Su apariencia física reflejaba el
mensaje que proclamaba.
Juan fue nazareo desde su nacimiento (DTG 76-77), y su vida sencilla y frugal
estaba en consonancia con las exigencias de ese voto sagrado (ver Luc. 1: 15;
cf. Núm. 6: 3; Juec. 13: 4). Pero no es necesario llegar a la conclusión de
que era esenio (ver pp. 55-56), a pesar de que su modo de vida era similar al
de esa gente. Los esenios se apartaron de la sociedad y se convirtieron en
ascetas. Juan pasó mucho tiempo solo en el desierto, pero no era asceta,
porque salía de tanto en tanto para mezclarse con la gente, aun antes de que
comenzara el período oficial de su ministerio (DTG 76-77). Es verdad que en su
tiempo había comunidades esenias en el "desierto de Judea" (vers. 1), sobre
todo en la orilla occidental del mar Muerto (p. 55), pero no hay ninguna prueba
histórica de que Juan se hubiera asociado con esa austera secta. Sin embargo,
cabe señalar que había entre Juan y los esenios un gran parecido.
Pelo de camello.No un cuero de camello, como algunos han pensado, sino un áspero vestido de
pelo tejido en telar (ver com. anterior).
Cinto de cuero.Quizá de cuero de oveja o de cabra, que llevaba a la cintura para ceñir la
vestimenta exterior que era suelta y larga.
Comida.Un régimen frugal es esencial para tener vigor mental y discernimiento
espiritual, y para poder comprender correctamente y practicar en forma debida
las sagradas verdades de la Palabra de Dios (DTG 75-76). Estas cualidades eran
indispensables para Juan, quien vino "con el espíritu y el poder de Elías"
(Luc. 1: 17), y son también esenciales para los que llevan hoy al mundo el
mensaje de Elías.
Langostas.Gr. akrís. Ver Nota Adicional al final del capítulo.
Miel silvestre.-
Quizá no se trate de la savia de ciertos árboles, como lo han pensado algunos,
sino la miel juntada por enjambres de abejas silvestres y depositada en árboles
huecos o tal vez en peñas. Algunos beduinos todavía recogen miel silvestre
para vender.
5.
Salía.La forma del verbo griego indica una acción continuada, así como lo hace
nuestro pretérito imperfecto. La gente seguía saliendo o salía repetidas
veces. Las multitudes continuaban viniendo para ver y escuchar a Juan y para
recibir el bautismo de él. El hecho de que el pueblo seguía viniendo testifica
de los magníficos informes que propagaban en las ciudades quienes lo habían
escuchado. El hecho de que estuvieran dispuestos a dejar su trabajo e
internarse en el desierto, da testimonio del poderoso magnetismo que tenía el
mensaje de Juan.
Toda Judea.El ministerio de Juan, al igual que el de Cristo, comenzó en la zona de Judea,
quizá a fin de dar a los dirigentes judíos la primera oportunidad de oír y
aceptar el mensaje (Mar. 1: 5; cf. DTG 198-199).
Toda la provincia de alrededor.Poco a poco, a medida que se diseminaba el informe de los que habían regresado
de escuchar a 290 Juan, la gente venía de lugares aun más distantes (cf. Luc.
3: 3). Es evidente también que Juan mismo iba de lugar en lugar a fin de
alcanzar mejor a la gente de todas partes (ver com. vers. 1).
6.
Eran bautizados.El verbo Gr. baptízÇ quiere decir "bañar", "sumergir". Se empleaba para
referirse a la inmersión de una tela en una tintura, o al acto de sumergir un
tiesto en el agua a fin de llenarlo. También se empleaba en sentido metafórico
para referirse a las heridas recibidas en una batalla. Se dice de Esquilo, que
aparece tiñendo (literalmente "bautizando") a un hombre en la tintura roja de
Sardis. También se empleaba el verbo babtízÇ para referirse a una persona que
se estaba ahogando en deudas.
El sentido intrínseco de la palabra, junto con los detalles específicos del
relato evangélico, deja en claro que el bautismo de Juan era administrado por
inmersión. Juan el evangelista destaca que Juan el Bautista "bautizaba también
en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas" (Juan 3: 23). Además,
los cuatro evangelistas hacen notar que la mayor parte, si no todo el
ministerio de Juan, acaeció en las proximidades del río Jordán (Mat. 3: 6; Mar.
1: 5, 9; Luc. 3: 3; Juan 1: 28). Si Juan no hubiera bautizado por inmersión,
habría encontrado suficiente agua en casi cualquier punto de Palestina.
Es evidente que lo mismo ocurría con el bautismo cristiano, porque en la
descripción del bautismo del eunuco etíope, se nota que tanto el que bautizó
como el que fue bautizado "descendieron... al agua... y subieron del agua"
(Hech. 8: 38-39). Si hubiera sido adecuado el bautismo por aspersión, el
eunuco, en vez de esperar a que llegaran a "cierta agua" para solicitar el
bautismo (vers. 36), bien podría haberle ofrecido a Felipe agua de la que
llevaba para beber.
Por otra parte, solamente la inmersión refleja con precisión el simbolismo del
rito bautismal. En Rom. 6: 3-11 Pablo enseña que el bautismo cristiano
representa la muerte. El ser bautizado, dice Pablo, es ser bautizado en la
muerte de Cristo (vers. 3), ser sepultado "juntamente con él para muerte por el
bautismo" (vers. 4), ser plantado "juntamente con él en la semejanza de su
muerte" (vers. 5),ser "crucificado juntamente con él" (vers. 6).Pablo concluye:
"Así también vosotros
consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios" (vers. 11). Es evidente
que derramar agua o asperjarla sobre una persona no puede simbolizar la muerte
ni la sepultura. Pablo aclara más el sentido de lo que dice señalando el
importante hecho de que el salir del bautismo simboliza la resurrección "de los
muertos" (vers. 4). Es evidente que los escritores del NT sólo conocían el
bautismo por inmersión.
El uso del agua para la purificación ritual no era novedad en tiempos de Juan
el Bautista. Las leyes levíticas mandaban al leproso sanado (Lev. 14: 9), a
los que habían tenido impurezas físicas (cap. 15), al que había comido animal
mortecino (cap. 17: 15), al sumo sacerdote (cap. 16) y al que se preparaba para
comer cosa santa (22: 6), a que se lavaran para ser limpios. Por lo tanto, el
símbolo del lavamiento para quitar la inmundicia era bien conocido.
La comunidad de Qumrán practicaba ritos de lavamiento. Las ruinas de su
establecimiento monástico muestran claramente cisternas y estanques con accesos
escalonados para facilitar la entrada y la salida del agua. El Manual de
disciplina describe las ceremonias diarias de purificación y para limpiarse
del pecado. La persona misma cumplía el rito sin que otro lo administrara.
Qumrán queda a poco más de 20 km del lugar donde se cree que Juan bautizaba.
Muchos han querido ver una estrecha relación entre los dos, pero el estudio
cuidadoso de los restos arqueológicos y de los escritos esenios muestra que
aunque había parecidos, no hay por qué pensar que Juan fuera esenio ni que
estuviera siguiendo las costumbres esenias.
Por otra parte, en la literatura rabínica de épocas posteriores, se mencionan
también ritos de purificación mediante inmersión en agua. Muy posiblemente
esto refleje costumbres más antiguas que los libros mismos, pero esto no se
puede asegurar. El que las escuelas de Hillel y de Shammai aparezcan
discutiendo cuestiones de inmersión ritual indicaría que esto viene del primer
siglo (ver Mishnah Pesahim 8. 8). Al parecer, los prosélitos debían pasar por
este rito, como también las mujeres después de la menstruación (ver Talmud
'Erubin 4b, p. 20; Yebamoth 47a, 47b). Si bien había algún precedente para la
idea de purificación por agua, el bautismo como tal es diferente a los ritos
judíos y esenios.
Es evidente que los judíos que acudían a Juan en el desierto comprendían el
significado de ese rito y lo consideraban como un 291 procedimiento apropiado.
Aun los representantes del sanedrín que fueron enviados para interrogar a Juan
no pusieron en tela de juicio el rito del bautismo en sí, sino sólo la
autoridad de Juan para realizarlo (Juan 1: 19-28).
En todo el NT se ve que el bautismo cristiano es sencillamente un símbolo y que
no infunde gracia divina. A menos que una persona crea en Jesucristo (Hech. 8:
37; cf. Rom. 10: 9) y se arrepienta del pecado (Hech. 2: 38; cf. cap. 19: 18),
el bautismo de nada le puede servir. En otras palabras, no hay poder salvador
en el rito mismo, aparte de la fe en el corazón del que recibe el rito. Por
éstas y otras consideraciones, queda en claro que el bautismo de los párvulos
no tiene sentido en lo que concierne a la salvación del niño. El bautismo sólo
puede ser significativo cuando el niño tiene edad suficiente como para entender
la salvación, la fe y el arrepentimiento.
Los judíos reconocían la validez del bautismo para los prosélitos, o sea, los
gentiles que se habían convertido al judaísmo. El que Juan lo exigiera de los,
judíos mismos -y aun de sus dirigentes religiosos- era lo más notable de su
bautismo. Además, consideraba que su bautismo sólo preparaba para el bautismo
que había de ser administrado por Cristo (Mat. 3: 11). A menos que los judíos
aceptaran el bautismo de Juan y el bautismo subsiguiente del Espíritu Santo por
medio de Jesucristo, no eran mejores que los paganos. El que fueran
descendientes de Abrahán de nada les serviría (Mat. 3: 9; cf. Juan 8: 33, 39,
53; Rom. 11: 21; Gál. 3: 7, 29; Sant. 2: 21; etc.).
Confesando.Cuando confesamos, Dios perdona (1 Juan 1: 9). Juan el Bautista odiaba
intensamente toda clase de pecado e impiedad. Dios nunca envía mensajes que
halaguen al pecador; eso sería fatal para la vida eterna. Una de las evidencias
de la reforma genuina es el sincero arrepentimiento del pecado y el apartarse
de él. Del mismo modo, una de las evidencias de que un mensaje en realidad
procede de Dios es que en su presentación señale el pecado y llame al
arrepentimiento y a la confesión. Así ocurrió con los profetas de antaño (ver
Isa. 1: 1-20; 58: 1; etc.), así sucedió en tiempos del NT (Mat. 3: 7; 23:
13-33; Apoc. 2: 5; 3: 15-18), y así también ocurre hoy (1JT 329). El bautismo
de Juan era un "bautismo de arrepentimiento" (Mar. 1: 4). Esa era su
característica más notable. Eran los pecados de Israel que estaban a la raíz
de todos sus males, tanto individuales, como nacionales (Isa. 59: 1-2; Jer. 5:
25; etc.). Procuraban en vano librarse de esas calamidades. Anhelaban la
liberación y rogaban a Dios que los librara del yugo romano, pero la mayor
parte de ellos no comprendían que el pecado debía ser quitado del campamento
antes de que Dios pudiera trabajar en favor de ellos (ver t. IV, pp 32-35).
7.
Fariseos.En las pp. 53-54 se presenta una descripción de los saduceos y fariseos.
Generación de víboras.O "raza de víboras" (BJ). Cristo mismo empleó posteriormente un lenguaje casi
idéntico al dirigirse a los fariseos y saduceos (cap. 12: 34; 23: 33). Se
jactaban de ser hijos de Abrahán (ver com. cap. 3: 9), pero no hacían las
"obras de Abrahán" (Juan 8: 39) y por lo tanto eran hijos de su "padre el
diablo" (vers. 44).
Os enseñó a huir.
No buscaban sinceramente el arrepentimiento al cual Juan había llamado a
hombres y mujeres como única preparación válida para el reino del Mesías. En
vista de esto, ¿por qué habían venido?
Ira.Es posible que, por inspiración, Juan estuviera anticipándose a las
indescriptibles escenas de angustia que acompañarían la caída de Jerusalén ante
los ejércitos romanos en el año 70 d. C., días por los cuales Jesús dijo a las
mujeres que lloraran (Luc. 23: 27-29) y por cuya causa aconsejó a sus
discípulos que huyeran de la ciudad (Mat. 24: 15-21; Luc. 21: 20-24). Por
supuesto, más allá de ese día está el gran día de la ira divina, el último gran
día de juicio (Rom. 1: 18; 2 :5, 8; 3: 5; 5: 9; Apoc. 6: 17; etc.).
8.
Haced, pues, frutos.Ver com. vers. 10. El fruto que se da revela el carácter (cap.7: 10; cf. cap.
12: 33). La prueba de la conversión es una transformación de la vida. La
prueba de la sinceridad de los fariseos y saduceos que vinieron al bautismo de
Juan sería el cambio radical de parecer y de conducta que implica la palabra
"arrepentimiento" (ver com. cap. 3: 2). La mera profesión de fe nada vale.
El divino Hortelano espera pacientemente que madure el fruto del carácter en la
vida de quienes profesan servirle (Luc. 13: 6-9). Pero los "frutos dignos de
arrepentimiento", es decir, los que corresponden con la profesión de
arrepentimiento, son los del Espíritu (Gál. 5: 22-23; 1 Ped.1: 5-7), y sin la
presencia 292
del Espíritu en la vida, no pueden producirse. Alejados de "la vid", nadie
puede llevar fruto (Juan 15: 4-5).
Arrepentimiento.
Ver com. vers. 2.
9.
No penséis."No se os ocurra", "ni comencéis a pensar". Era el fruto de la fe en la vida,
no la prosapia de Abrahán, lo que importaba (Juan 8: 39; Gál. 3: 7, 29). El
fruto del cual hablaba Juan tendría que producirse en la vida de cada persona,
y no se heredaba de una generación a la siguiente (Eze. 14: 14, 16; 18: 5-13).
Lo esencial no era ser del linaje literal de Abrahán, sino ser de su linaje
espiritual, es decir, hacer las obras de Abrahán.
Abraham.Muchos judíos pensaban que por ser descendientes de Abrahán eran superiores a
otros hombres. Consideraban que ese linaje podía sustituir al arrepentimiento y
a las buenas obras demandadas por Juan y por Jesús. Querían recibir la
recompensa del bien hacer sin pagar el debido precio. Pretendían sustituir con
sus obras la fe de Abrahán.
Los judíos se jactaban permanentemente de ser descendientes de Abrahán (Juan 8:
33, 39). Abrahán era "la piedra" de la cual habían sido "cortados" (Isa. 51:
1-2). Pero "Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se
agrada del que le teme y hace justicia" (Hech. 10: 34-35). Sólo los que imitan
a Abrahán pueden tener el privilegio de tenerlo por padre (Gál. 3: 9).
Hijos.En arameo, idioma que hablaba Juan el Bautista, es similar el sonido de la
palabra que se traduce "hijos" con la que se traduce como "piedras". La
primera es benim, y la segunda es 'abenin. Más tarde Jesús empleó una
expresión de significado similar (Luc. 19: 40). Quizá Juan quiso decir que
sería más fácil que Dios suscitase hijos a Abrahán de esas piedras que
transformar los empedernidos corazones de los fariseos y saduceos en hijos
espirituales de su tan mencionado padre. También pudo haber querido decir que
esos dirigentes no eran indispensables, y que Dios podía reemplazarlos
convirtiendo piedras en seres humanos.
Estas piedras.A orillas del Jordán hay abundancia de piedras.
10.
El hacha.Símbolo de juicio o castigo.
Está puesta.El hacha está puesta a la raíz, lista para la acción. Se insinúa que pronto
habrá de emplearse.
Los árboles.En el AT se emplea con frecuencia árboles para representar gente (Eze.17:
22-24; cf. Sal. 1: 3), y los oyentes de Juan comprendían perfectamente lo que
él decía. Al igual que Juan, Cristo empleó la figura de un árbol para
representar al pueblo de Israel (Luc. 13: 6-9; Mat. 21: 19-20).
No da.Ver com. Luc. 13: 6-9. Isaías había empleado la figura de una viña que no
producía sino "uvas silvestres", para describir el tierno cuidado de Dios para
con su pueblo y cómo éste había sido completamente rechazado por no haber
producido "uvas" (Isa. 5: 1-7; cf. Mat. 21: 33-41).
Buen fruto.Sólo una persona buena puede producir una cosecha de buenos hábitos, de los
cuales se cosecha un buen carácter (Gál. 5: 22-23).
Cortado.Comparar esto con la parábola de las uvas silvestres de Isaías (Isa. 5: 1-7) y
la parábola de Cristo acerca de la higuera estéril (Luc. 13: 6-9). La parábola
de Jesús indica que Dios es longánime, pero que si no se aprecian sus
ofrecimientos de misericordia, finalmente acaba por retirarlos. La nación
judía casi había llegado al fin de su tiempo de gracia y estaba a punto de ser
rechazada (ver t. IV, pp. 32-38).
Echado en el fuego.En los escritos judíos, el "fuego" era un elemento importante del juicio final.
11.
En agua.Juan muestra claramente que comprendía que su bautismo sólo anticipaba la obra
de Cristo.
El que viene.Juan ya había dicho que su tarea era la de ser heraldo que anunciaba la venida
del Señor (vers. 3). "El que viene" era un nombre que comúnmente aplicaban los
judíos al Mesías esperado.
Tras mí.Es decir, "después de mí", con referencia a tiempo. Juan era el mensajero
enviado "delante" de la "faz" del Señor (Mar. 1: 2).
Calzado.Gr. hupod'mata, literalmente, "lo que se ata debajo". Este "calzado" era una
suela que se ataba al pie con correas, una especie de sandalia. Los romanos
llevaban zapatos; los, judíos no.
Yo no soy digno de llevar.-
Según Lucas, "no soy digno de desatar" (cap. 3: 16). Mateo habla de quitar la
sandalia. "Desatar" o "llevar" el calzado era el humilde trabajo de un
esclavo. Al afirmar que era indigno de rendir siquiera este servicio para
Cristo, Juan se estaba colocando por deba o del nivel de un esclavo. Es como
si Juan hubiera dicho, "cuyo esclavo no soy digno de ser". Se esperaba que
293 los seguidores de un gran maestro le prestaran muchos servicios
personales, pero según un dicho rabínico "todo tipo de servicio que un esclavo
debe rendir a su amo, un alumno debe prestar a su maestro, salvo el de quitarle
el calzado" (Talmud Kethuboth 96a).
Más poderoso que yo.Más tarde Juan testificó acerca de Cristo: "Es necesario que él crezca, pero
que yo mengüe" (Juan 3: 30). La predicación de Juan estaba tan llena de poder
que muchas personas creyeron que él era el Mesías. Aun los dirigentes de la
nación se vieron obligados a considerar seriamente esta posibilidad (Juan 1:
19-20). Cristo mismo dijo de Juan que "no se ha levantado otro mayor que Juan
el Bautista" (Mat. 11: 11). A pesar de la acogida que le dio el público, Juan
siempre mantuvo el verdadero concepto de su relación con Aquel que era "más
poderoso" que él. Bienaventurado el que no obstante su éxito y popularidad
sigue siendo humilde a sus propios ojos.
Espíritu Santo.Los judíos conocían bien este término. David había implorado: "No quites de mí
tu santo Espíritu" (Sal. 51: 11). Isaías afirmó que Israel hizo "enojar su
santo Espíritu" (Isa. 63: 10-11) y habló del "Espíritu de Jehová el Señor" que
descansaría sobre el Mesías (cap. 61: 1). Juan no parece haber hecho resaltar
el bautismo del Espíritu Santo (Hech. 19: 2-6). Con referencia a esta
expresión, ver com. Mat. 1: 18.
Fuego.El fuego y el agua son dos grandes instrumentos purificadores naturales, y es
apropiado que se emplee a los dos para representar la regeneración del corazón.
Así también son los dos medios por los cuales Dios ha purificado, o habrá de
purificar, a este mundo del pecado y de los pecadores (2 Ped. 3: 5-7). Si los
hombres se aferran al pecado, finalmente habrán de ser consumidos con él.
Mucho mejor es permitir que el Espíritu Santo lleve a cabo ahora la obra de
purificación cuando todavía hay un tiempo de gracia. Los seres humanos serán
limpiados del pecado, o serán destruidos, junto con él. Dijo Pablo: "La obra de
cada uno... por el fuego será declarada" (1 Cor. 3: 13).
No queda claro en qué sentido Cristo habría de bautizar en fuego. Es posible
que esta declaración se refiriera por anticipado al Pentecostés, cuando los
discípulos fueron bautizados con el Espíritu Santo bajo la forma simbólica del
fuego (Hech. 2: 3-4). También podría referirse al fuego del día final, lo que
podría entenderse por el paralelismo natural de Mat. 3: 12 (ver com. vers. 12).
Podría referirse a la gracia de Dios que purifica el alma, o quizá a las
pruebas de fuego que, según Pedro, probarían al cristiano (1 Ped. 4: 12; cf.
Luc. 12: 49-50). Quizá las palabras de Juan el Bautista comprendan más de un
aspecto del simbolismo bíblico relacionado con fuego.
12.
Aventador.Gr. ptúon, "pala de aventar" o "bieldo", con el cual se levantaba el grano de
la era y se lo echaba al viento para que se separara el tamo (ver com. Rut 3:
2). El grano caía de nuevo al suelo, pero el viento se llevaba el tamo, que
era después recogido y quemado.
Limpiará su era.El griego emplea el verbo diakatharízÇ, "limpiar completamente", "limpiar de
punta a punta". La figura es la de un agricultor que comienza a limpiar desde
un extremo de su era y limpia sistemáticamente hasta el otro.
Recogerá su trigo.El proceso de separar a los justos de los impíos se realiza al "fin del siglo"
(ver cap. 13: 30, 39-43, 49-50).
Quemará la paja.Esto hacía con frecuencia el agricultor palestino una vez que el trigo había
sido cuidadosamente guardado. Cf. com. Sal. 1: 4.
Que nunca se apagará.Gr. ásbestos, "inextinguible" o "no extinguido". Sin duda Juan el Bautista
basó su mensaje en las palabras de Malaquías (cap. 3: 1-3; ver Mar. 1: 2).
Cristo dio específicamente que Juan había cumplido la predicción de Malaquías
(Mal. 4: 5; cf. Mat. 11: 14; 17:12). Cuando Juan habló de "fuego que nunca se
apagará" bien pudo haber tenido en cuenta las palabras de Mal. 4: 1, acerca del
día del Señor, "ardiente como un horno", cuando los impíos serían como
,estopa". El fuego de ese gran día, según Malaquías, los consumiría de modo
que no quedaría ni "raíz ni rama" (cap. 4: 1; cf. cap. 3: 2-3; ver Josefo,
Guerra ii. 17. 6).
Lejos de presentar la idea de un fuego que arde para siempre en el cual los
impíos serán atormentados eternamente, las Escrituras hacen resaltar que los
réprobos serán quemados de modo tan completo que no quedará ni rastro de ellos.
La idea de un infierno que arde para siempre no aparece en la Biblia, y es
totalmente ajena al carácter de Dios. Las Escrituras afirman que Sodoma y
Gomorra "fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno"
(Jud. 7; cf. 2 Ped. 2: 6). 294 Pero el fuego que consumió esas impías ciudades
se apagó hace mucho; hoy ya no arde. Sin embargo, esas ciudades fueron dadas
como "ejemplo" de lo que será el fuego del último gran día.
Así también Jeremías predijo que Dios encendería un fuego en las puertas de
Jerusalén que consumiría aun los palacios de la ciudad y no se apagaría (Jer.
17: 27). Esto se cumplió literalmente pocos años después, cuando Nabucodonosor
tomó la ciudad en el año 586 a. C. (Jer. 52: 12-13; cf. Neh. 1: 3). Es
evidente que ese fuego no arde hoy. Así como se consumía totalmente la paja de
una era en Palestina, y no quedaba más que ceniza, así también los impíos serán
quemados con "fuego que nunca se apagará" en el último gran día hasta que no
quede más que ceniza (Mal. 4: 3). "La paga del pecado es muerte" (Rom. 6: 23),
muerte eterna, no una vida eterna milagrosamente conservada por un Dios
vengativo, en medio de un fuego que nunca se apaga. A los justos se les
promete vida eterna (Rom. 2: 7) y la muerte de los impíos será tan permanente
como la vida de los justos (ver com. Isa. 66: 24).
13.
Entonces Jesús vino.[El bautismo, Mal. 3:13-17 = Mar. 1: 9-11 = Luc. 3: 21-23ª. Comentario
principal: Mateo y Lucas. Ver mapa p. 206; diagramas p. 218.] Corría el otoño
(hemisferio norte) del año 27 d. C. y es posible que Juan el Bautista hubiera
estado predicando ya durante unos seis meses (ver com. Mat. 3: 1). En el
otoño se llevaban a cabo tres fiestas importantes: (1) Rosh Hashanah, o la
fiesta de las trompetas (ver t. 1, p. 722; com. Lev. 23: 24; Núm. 29: 1); (2)
Yom Kippur, el día de la expiación (ver t. 1, p. 718-719, 722; com. Exo. 30:
10; Lev. 16); (3) Succoth, la fiesta de los tabernáculos, o "cabañas", RVA (ver
t. 1, p. 723; com. Exo. 23: 16; Lev. 23: 34). En esta tercera fiesta se
esperaba que todos los varones se presentaran ante el Señor en Jerusalén (Exo.
23: 14-17). Puesto que el bautismo de Cristo ocurrió en el otoño, es razonable
pensar que pudo haber sucedido en relación con su ida a esa fiesta en
Jerusalén. Con frecuencia los judíos que viajaban desde Galilea a Jerusalén
tomaban el camino del valle del Jordán (ver com. Luc. 2: 42). Si Jesús viajó
por esta ruta en su viaje a Jerusalén, habría pasado cerca de donde Juan estaba
predicando y bautizando en Betábara (Betania al otro lado del Jordán) en Perea,
frente a Jericó (ver Juan 1: 28; DTG 106; com. Mat. 3: 1).
Cuando Jesús escuchó el mensaje proclamado por Juan, reconoció su llamado (DTG
84). Así concluyó su vida privada en Nazaret y comenzaron sus tres años y
medio de ministerio público, desde el otoño del año 27 d. C. hasta la primavera
del año 31 d. C. (DTG 200; cf. Hech. 1: 21-22; 10: 37-40; ver diagrama p.
218).
De Galilea a Juan al Jordán.Ver com. Mar. 1: 9. La distancia desde el mar de Galilea hasta el mar Muerto
es de unos 105 km.
Para ser bautizado.Jesús había oído del mensaje de Juan mientras aún trabajaba en la carpintería
de Nazaret (DTG 84), y partió para nunca más volver a su trabajo allí.
14.
Se le oponía.-
Aunque Jesús y Juan eran parientes, no se habían tratado (DTG 84; cf. Juan
1:31-33). Juan había sabido de los acontecimientos relacionados con el
nacimiento y la niñez de Jesús, y creía que era el Mesías (DTG 84). Además, se
le había revelado a Juan que el Mesías vendría para recibir de él el bautismo y
que se le daría señal para identificarlo como el Mesías (DTG 84-85; cf. Juan
1: 31-33).
Yo necesito.Juan estaba impresionado con la perfección del carácter de Aquel que estaba
delante de él y con su propia necesidad como pecador (DTG 84-86; cf. Isa. 6:
5; Luc. 5: 8). Así ocurre cada vez que el pecador acude ante la presencia
divina. Hay primero la conciencia de la majestad y la perfección de Dios y
luego la convicción de la propia indignidad y necesidad del poder salvador de
Dios. Cuando el pecador reconoce y admite su condición perdida, su corazón se
contrasta y se prepara para la obra transformadora del Espíritu Santo (Sal. 34:
18; 51: 10-11, 17; Isa. 57: 15; 66: 2). Si no hay primeramente un sentimiento
de la necesidad que uno tiene del Salvador, no existe el deseo de recibir el
misericordioso don que Dios tiene para ofrecer al pecador arrepentido, y en
consecuencia el cielo nada puede hacer en favor del hombre (ver com. Isa. 6:
5).
¿Tú vienes a mí? .Cara a cara con Aquel más poderoso que él (vers. 11), Juan, movido por un
espíritu de humildad y sintiendo su propia indignidad, no quiso administrar el
"bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados" (Mar. 1: 4) al que no
tenía pecado (Juan 8: 46: 2 Cor. 5: 21; Heb. 4: 15; 1 Ped. 2: 22). Le parecía
indebido bautizar a Jesús. Sin duda no comprendía plenamente que Jesús debía
establecer un modelo para todo pecador salvado por gracia. 295
15.
Deja.Juan no debía de negarse a cumplir con lo que Jesús pedía, aunque le pudiera
parecer que era indebido que bautizara a Jesús.
Conviene.De ninguna manera era adecuado bautizar a Jesús como reconocimiento de sus
pecados, porque no tenía pecados de los cuales arrepentirse. Pero como nuestro
ejemplo, era conveniente y apropiado que Jesús aceptara el bautismo (ver DTG
85-86).
Cumplamos toda justicia.En ocasión de su bautismo, Jesús puso de lado su vida privada. Ya no era más
sencillamente un hombre perfecto entre los hombres. En adelante habría de
ocuparse de su ministerio activo y público, como Salvador de hombres. El que
Cristo se sometiera al bautismo de Juan confirmó el ministerio del Bautista
colocó el sello de aprobación celestial sobre él.
16.
Subió luego del agua.Al salir del Jordán, Jesús se arrodilló en la orilla del río para orar pidiendo
específicamente que el Padre le diera una prueba de que aceptaba a la humanidad
en la persona de su Hijo, y pidió también por el éxito de su misión (Luc. 3:
21; DTG 85-87).
He aquí.Esta expresión aparece con frecuencia en Mateo y Lucas. Por lo general se
emplea para introducir una nueva porción del relato o para llamar la atención a
los detalles del relato que el autor considera de especial importancia.
Los cielos le fueron abiertos.Por un momento, las puertas de un mundo invisible se abrieron, como ocurrió
también en otras ocasiones importantes (Hech. 7: 55-57).
Vio.Mateo y Marcos (cap. 1: 10) observan que Jesús contempló el descenso visible
del Espíritu Santo. Juan dice que también el Bautista fue testigo de la
manifestación divina (cap. 1: 32-34). Lucas sencillamente dice que ocurrió esa
manifestación (cap. 3: 21-22). Es posible que unos pocos más, quizá algunos de
los discípulos de Juan y algunas otras personas piadosas, cuyas almas estaban a
tono con el cielo, vieran también lo que ocurrió (DTG 86-87 110-111). El resto
de la multitud que se había congregado sólo vio la luz del cielo sobre el
rostro de Jesús y sintió la santa solemnidad de la ocasión. Esta manifestación
de la gloria y de la voz del Padre vino en respuesta a la plegaria del Salvador
en procura de fuerza y sabiduría para seguir con su misión. Juan también
reconoció que esa era la señal que le había sido prometida, por la cual habría
de reconocer al "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:
29-34). Y finalmente, la sublime escena había de fortalecer la fe de quienes
la habían presenciado y los prepararía para el anuncio mediante el cual Juan
identificó al Mesías 40 días más tarde.
Espíritu de Dios.No hay razón para suponer que la presencia y la influencia del Espíritu Santo
no habían acompañado a Jesús desde su nacimiento. Lo que aquí se destaca es el
ungimiento especial para proporcionar el poder necesario para cumplir la tarea
que se le había asignado (Hech. 10: 38; ver com. Luc. 2: 49), así como lo
había predicho el profeta Isaías (Isa. 11: 2-3). La obra del Espíritu Santo en
el desarrollo del carácter debe distinguirse del don del Espíritu que hace
idóneos a ciertos hombres para desempeñar algunas tareas (1 Cor. 12: 4-11).
Como paloma.Puede interpretarse que el Espíritu descendió así como desciende una paloma, o
que se hizo visible con forma de paloma (Luc. 3: 22). Se nos dice que se
trataba de una luz en forma de paloma (DTG 86-87). Quizá fue una manifestación
similar a la de las lenguas de fuego de Pentecostés (Hech. 2: 3). La paloma era
el símbolo que empleaban los rabinos para representar a la nación de Israel.
Los artistas cristianos han empleado la paloma como símbolo del Espíritu Santo,
sin duda debido a este hecho.
17.
Una voz de los cielos.En tres ocasiones durante la vida de Cristo se oyó la voz del Padre desde el
cielo que daba testimonio acerca de su Hijo: en su bautismo, en la
transfiguración (Mat. 17: 5; 2 Ped. 1: 16-18) y cuando se alejó del templo por
última vez (Juan 12: 28).
Este es mi Hijo amado.O también "éste es mi Hijo, el amado". Debe notarse que en Mar. 1: 11 y Luc.
3: 22 la voz dice: "Tú eres mi Hijo amado". Unas pocas versiones dicen lo mis
en Mat. 3: 17.
En esta declaración se combinan las ideas y las palabras de Sal. 2: 7 y de Isa.
42: 1. Según Mateo, el Padre se dirige a Juan y a unos pocos testigos (ver com.
Mat. 3: 16), al paso que según Marcos y Lucas el Padre habla a Jesús
directamente (Mar. 1: 11; Luc. 3: 22). Algunos han considerado que esta
diferencia constituye un error en el relato evangélico. Con referencia a esta
y otras supuestas discrepancias, ver la segunda Nota Adicional al final del
capítulo. 296
Tengo complacencia.Comparar con las palabras de Isa. 42: 1. La forma verbal griega, eudók'sa, "me
pareció bien" o "me agradó", tiene una idea diferente de la que transmite la
traducción española. Habla de una elección hecha, de una decisión en favor de
alguien, de un sello de aprobación concedido a una persona.
NOTAS ADICIONALES AL CAPÍTULO 3
Nota 1.Según Mat. 3: 4 y Mar. 1: 6, el régimen alimentario de Juan el Bautista
consistía en "langostas [Gr. akrídas, acusativo plural de akrís] y miel
silvestre". No es posible saber si los evangelistas querían decir con eso que
Juan sólo comía esos alimentos o que esos eran los elementos principales de su
alimentación. También podría entenderse que las "langostas" y la "miel
silvestre" eran los elementos característicos del régimen alimentario de un
profeta, así como la ropa de "pelo de camello" y el "cinto de cuero" indicaban
que Juan el Bautista era sucesor de los antiguos profetas (ver DTG 76-77). Es
posible que Juan hubiera vivido de "langostas y miel silvestre" sólo cuando no
disponía de otros alimentos. También podría ser que la expresión "langostas y
miel silvestre" representara varios alimentos que había en el desierto, y que
la frase fuera una forma gráfica para hacer resaltar su vida solitaria y
frugal, alejada de las moradas de los hombres.
Siendo que hay divergencia de opiniones en cuanto a la verdadera identificación
de las langostas que comía Juan, corresponde hacer un breve análisis de las
evidencias lingüísticas, literarias e históricas que se tienen al respecto.
La gran mayoría de los comentadores modernos, entre ellos los redactores de la
Enciclopedia bíblica, editada por Garriga, como también los de la Zondervan
Pictorial Bible Encyclopedia, publicada en 1970, insisten en que las langostas
de Mat. 3: 4 y de Mar. 1: 6 eran insectos. Las evidencias que parecerían
apoyar esta posición pueden resumiese de la siguiente manera:
l. La palabra griega akrís (acusativo plural akrídas) nunca tiene otro
significado. Aparece cuatro veces en el NT (Mat. 3: 4; Mar. 1: 6; Apoc. 9: 3,
7) y siempre se traduce como "langosta". En la LXX, akrís es la palabra
empleada para traducir tres diferentes palabras hebreas (arbeh, jagab y yéleq),
todas ellas traducidas al castellano como "langosta" (Exo. 10: 4, 12-13; Lev,
11: 22; Jer. 51: 14, 27). Akrís es la palabra que emplean los autores del
griego clásico (Homero, Aristóteles, Teócrito, Teofrasto) y también los padres
eclesiásticos (Epifanio, Atanasio, Isidoro de Pelusa [o el Pelusiota], etc.)
para referirse al insecto conocido en español como langosta o saltamontes.
2.En la antigüedad, tanto los asirios (Zondervan Pictorial Bible Encyclopedia,
art. "Locusts") como los hebreos (Lev. 11: 22) comían langostas.
3.según las tradiciones rabínicas, existían langostas limpias y langostas
inmundas (Mishnah Hullin 3.7). Antes de comer langostas limpias, se debía
pronunciar sobre ellas una bendición similar a la que se pronunciaba sobre
otros alimentos (Mishnah Berakolh 6. 3).
4.La Encyclopaedia Judaica, art. "Locusts", afirma que en la antigüedad se
consideraba que las langostas constituían una comida frugal y que los ascetas
participaban de ese alimento, ejemplo de lo cual puede encontrarse en la
alimentación de Juan el Bautista.
5.Las langostas han sido y siguen siendo en algunos lugares apartados del norte
de Africa y del Cercano Oriente un elemento importante en la alimentación de
los lugareños, sobre todo de los nómadas. Se preparan asadas al horno, fritas,
o molidas, en forma de harina (Anchor Bible, Matthew, p. 25; Zondervan
Pictorial Encyclopedia of the Bible, art. "Locusts"; Hastings, enciclopedia of
religion and ethics, 1916, art. "Locusts"; Espasa Calpe, art. "langosta").
Según la Encyclopedia Judaica mencionada, los judíos yemenitas todavía hoy
comen langostas.
6.Las langostas contienen importantes elementos nutritivos. En la langosta
seca hay 50 por ciento de proteínas y 20 por ciento de grasas. Si a esto se
añade el azúcar de la miel, se tienen los elementos básicos de un régimen
equilibrado. Hay discrepancia en cuanto a la cantidad de minerales y vitaminas
que contienen las langostas (Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible,
art. "Locusts"; Cansdale, All the Animals of the Bible Lands [Zondervan,
1970], p. 244; Anchor Bible, Matthew, 297 p.25), pero se admite que el insecto
podría proporcionar dichos elementos. Si bien la palabra griega akrís siempre
se ha interpretado como "langosta", hay una larga tradición en el sentido de
que Juan el Bautista comió algún otro alimento y no el insecto. Diversos
padres eclesiásticos explican que lo que se dice en Mat. 3:4 no se refiere a
"langostas" literales. A continuación se presentan algunos ejemplos de estas
explicaciones.
1. Al parecer, en el Evangelio ebionita, escrito y empleado por los ebionitas,
secta heterodoxa que floreció entre el siglo II y IV, se decía que Juan comía
"tortas y miel". Esto se deduce de lo que dice Epifanio (Contra herejías 30.
13), quien los acusa de "cambiar la verdad en mentira y en lugar de langostas
ponen una torta humedecida en miel". Cabe señalar que la palabra griega que se
traduce "langosta" es akrís y la que se traduce "torta" es egkrís. Se suele
interpretar que, puesto que los ebionitas se abstenían de comer carne, deseaban
hacer que Juan el Bautista también fuera vegetariano (M. R. James, The
Apocryphal New Testament, 1924, p. 9).
2. Atanasio de Alejandría (m. 373 d. C.), en su fragmento acerca de Mateo 3:4
(Migne, Patrologia Graeca, t. 27, col. 1365) afirma que lo que Juan comía era
vegetal, y como prueba de ello cita Ecl. 12:5 de la LXX: "y florecerá el
almendro y la langosta se pondrá gorda".
3. En el sermón sobre la profecía de Zacarías, erróneamente atribuido a Juan
Crisóstomo (m. 407 d. C.), se dice que Juan el Bautista comía akrídas botanÇn,
"Langostas de plantas", pero en la traducción latina que se da del mismo
sermón, se traduce herbarum summitates, "puntas de plantas" (Migne, Patrologia
Graeca, t. 50, col. 786). Cabe señalar que en griego existe la palabra ákris,
"cima", "punta", casi idéntica a akrís, "langosta", pero cuyo acusativo plural
es ákrias y no akrídas (Liddell y Scott, Greek-English Lexicon).
4. En otro sermón de Crisóstomo, también considerado espurio, aparece una
referencia a la alimentación de Juan el Bautista. En este caso se dice que
comía akrídas ek botanÇn, "langostas de plantas" y la versión latina traduce
summitates plantarum, "puntas de plantas" (Migne, Patrologia Graeca, t. 59,
col. 762). En la nota de pie de plana se hace notar que la Vulgata traduce
locustas, "langostas", pero que esa palabra también quiere decir "puntas".
5. Isidoro el Pelusiota (c. 425 d. C.) dice que "las langostas que Juan comió
no son, como lo piensan algunas personas ignorantes, animalejos parecidos a
escarabajos. Lejos de eso, son en realidad las puntas de plantas [Gr.
akrémones, latín summitates]" (Migne, t. 78, col. 270). En su quinta epístola,
Isidoro habla de que Juan comía las partes tiernas de las plantas (Ibíd., col.
183- 184).
6. En su Comentario sobre Mateo, Teofilacto de Bulgaria (c. 1075) observa:
"Algunos dicen que las langostas son plantas, las cuales se llaman mélagra;
otros dicen que [son] los frutos silvestres del verano" (Migne, t. 123, col.
173).
7. Calixto Nicéforo (c. 1400 d. C.) dice en su Historia eclesiástica (i. 14)
que Juan solía estar en lugares desiertos donde se alimentaba del "follaje de
las plantas" y las "puntas de los árboles" (Migne, t. 145, col. 676).
De todas las tradiciones, la más firme es la que sostiene que Juan el Bautista
comía la fruta de la Ceratonia siliqua, o sea algarrobas. Este árbol,
cultivado aún en Palestina, da por fruto una vaina dura en cuyo interior se
encuentran semillas comestibles. Esta tradición puede explicarse al considerar
los siguientes elementos:
1. Las algarrobas, llamadas en árabe jarrub, son empleadas como alimento de los
pobres y para el ganado.
2. En el relato del hijo pródigo, los cerdos se alimentaban de algarrobas (Luc.
15:16), llamadas en griego kerátion, que significa "cuernecito". Este nombre
era el que se daba a las algarrobas quizá por la forma de las vainas del
algarrobo.
3. El árbol que en América del Sur se llama algarrobo y con cuya fruta se
preparan en la Argentina algunos platos tradicionales, no es la Ceratonia
siliqua, sino Prosopis dulcis. La planta americana tiene el nombre de
algarrobo porque es bastante parecida al algarrobo que crece en torno del
Mediterráneo (Diccionario crítico y etimológico de la lengua española, 1970).
4. La algarroba se llama en alemán Johannisbrot, "pan de Juan", y el árbol que
la produce es el Johannisbrotbaum, "árbol del pan de Juan". Este nombre
comenzó a usarse en el alemán en el siglo XIV. Apareció por escrito por
primera vez en 1483 en la descripción de un viaje de un peregrino
(Etymologisches Wörterbuch der Deutschen Sprache, 1967).
5. En 1591 apareció en el diccionario español-inglés de Percivall la palabra
"algarrova" como equivalente de "carobes" (palabra derivada 298 del árabe
jarrub) o "Saint John's Bread" (Pan de San Juan). Desde el siglo XVI aparece
regularmente el nombre "Saint John's Bread" como sinónimo de "carob" o sea
algarroba (A New English Dictionary on Historical Principles, 1893).
6. En la literatura rabínica se habla repetidas veces de comer algarrobas. En
la Mishnah Ma'aseroth 1.3 se habla de diezmar las algarrobas. El Midrash
Rabbah de Lev. 11:1 dice que "cuando un judío tiene que comer algarrobas se
arrepiente", lo que para algunos ha sido tomado como alusión a la alimentación
frugal de Juan el Bautista.
En conclusión, deberá admitirse que con los datos históricos y lingüísticos no
se puede probar a ciencia cierta de qué elementos se componía la alimentación
de Juan el Bautista.
De todos modos, es necesario señalar que Elena de White, al hablar de Juan el
Bautista, destacó que su frugal comida, de origen vegetal, era una reprensión
para la glotonería que prevalecía en aquella época (CRA 83; CH 72).
Nota 2
Los autores de los Evangelios a veces difieren cuando citan las palabras que
pronunció Cristo. También suelen diferir cuando se refieren al mismo hecho, por
ejemplo, la inscripción en la cruz. Los escépticos se han valido de esas
variaciones como de una prueba de que los autores de los Evangelios no son
fidedignos; aun afirman que mienten, y que por lo tanto no son inspirados. Un
examen cuidadoso, demuestra lo contrario. Los que escribieron los Evangelios,
lo mismo que otros seguidores de Cristo, se consideraban a sí mismos como
testigos de los sucesos de la vida de nuestro Señor. Hacían depender todo de
la veracidad de su testimonio.
Ahora bien, si en un tribunal moderno los testigos coinciden en todo
exactamente acerca de un hecho, la conclusión no es que son veraces sino que
son perjuros. ¿Por qué? Porque la experiencia enseña que no hay dos personas
que vean un suceso exactamente de la misma manera. Un detalle impresiona a un
testigo; otro detalle impresiona a otro. Además, pueden haber oído exactamente
las mismas palabras en cuanto al mismo hecho, pero cada uno relata las palabras
de una manera algo diferente. Hasta un testigo puede referir ciertas partes de
una conversación que otro testigo no refiere. Pero mientras no haya una clara
contradicción en el pensamiento o en el significado de las diversas
declaraciones, puede considerarse que los testigos han dicho la verdad.
Ciertamente, declaraciones que a primera vista parecen contradictorias con
frecuencia resultan no serlo, sino que más bien son complementarias. Ver com.
Mat. 27:37; Mar. 5:2; 10:46.
Se ha observado con justicia que tan sólo un hombre honrado puede darse el lujo
de tener mala memoria. Los que dependen de un relato falso para engañar al
público, tienen que repasarlo a menudo para que no pierda su verosimilitud. El
hombre veraz quizá no repita su relato cada vez exactamente con las mismas
palabras -es casi seguro que no lo hará-, pero hay una consistencia interna y
una armonía en el relato que resultan evidentes para todos. Más todavía, un
relato tal tiene vida y reluce delante de nuestros ojos porque su narrador
revive el espíritu y el sentimiento de los hechos. Pero cuando un individuo
cuenta y repite un relato con la exactitud de un fonógrafo, lo más que podemos
decir de él, usando de mucha caridad, es que se ha convertido en un tedioso
esclavo de la mera forma de las palabras y que no presenta un cuadro vívido de
lo que aconteció realmente o de lo que se dijo en realidad. Y si no somos
bondadosos, aun podremos sospechar de su veracidad, o estar seguros de que ha
llegado a la senilidad.
La experiencia acumulada, y especialmente la experiencia de los tribunales a
través de largos años, lleva a la conclusión de que un testimonio veraz no
necesita ser -en realidad, no debiera ser- idéntico, como una copia con papel
carbón o una fotocopia, con el testimonio de los diferentes testigos de un
hecho, lo que incluye su testimonio no sólo de lo visto, sino también de lo que
se ha oído en determinado momento.
Por lo tanto, queda descalificada la acusación de que los autores de los
Evangelios no son fidedignos porque difieren sus relatos. Por el contrario,
esos escritores proporcionan una clarísima prueba de que no se confabularon, de
que cada uno informó por su lado lo que más impresionó su mente iluminada por
el cielo acerca de la vida de Cristo. Escribieron sus relatos más o menos
diferentes en momentos diferentes y en lugares diferentes. Sin embargo, no hay
dificultad en descubrir armonía y unidad en lo que escribieron acerca de hechos
y sucesos, lo que incluye 299 las palabras de nuestro Señor y, por ejemplo, la
inscripción en la cruz (ver com. cap. 27:37).
Ante estos hechos, resulta injusta la acusación de que los escritores de los
Evangelios no son inspirados porque presentan variantes en cuanto a las
palabras de Cristo. ¿Qué razones tienen los escépticos para suponer que si los
evangelistas fueran inspirados, presentarían al pie de la letra las palabras de
nuestro Señor? Ninguna en absoluto. Las palabras son meramente un vehículo
para expresar el pensamiento, y desafortunadamente el lenguaje humano con
frecuencia es inadecuado para expresar plenamente el pensamiento del que habla.
Precisamente, el hecho de que los autores de los Evangelios presenten con
variantes las palabras de nuestro Señor, ¿no representa acaso en sí mismo una
prueba de que por inspiración penetraron en los alcances y las intenciones de
las palabras de Jesús? De paso: Cristo hablaba en arameo y los Evangelios
fueron escritos en griego. ¿Y acaso no es cierto que diferentes eruditos pueden
preparar una traducción sumamente fiel de los escritos de cierto autor y sin
embargo pueden variar en los vocablos que usan? Ciertamente, las traducciones
demasiado literales generalmente sacrifican algo del verdadero pensamiento o
intención del autor original.
Podríanios aquí aplicar, con las debidas salvedades, las palabras de la
Escritura: "La letra mata, mas el espíritu vivifica" (2 Cor. 3:6). Hay un
espíritu vivificante que se percibe a través de los cuatro Evangelios, un
espíritu que fácilmente podría haber sido sofocado o apagado si los
evangelistas hubieran presentado cuatro relatos idénticos.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-17 DTG 72-88
1-2 PE 230
1-3 PE 154; 8T 9
1-4 CV 276; FE 109, 310, 423
2 CE (1967) 60; DMJ 8; DTG 79, 467; OE 56,366; PR528; PVGM 17,219; 8T 332
2-3 3JT 141
3 DTG 108, 195; 3JT 219; MM 327; SC 160; 3T 279; 8T 329
4 CRA 84; CV 273; DTG 77
5 DTG 80, 198
7 3JT 257; OE 155; 3T 557; 5T 227
7-8 1T 321; 5T 225
7-9 DTG 80
8 PE 233
10 Ev 201; PE 154, 233; 1T 136, 192, 321, 383, 486
10-12 DTG 82
12 DTG 186, 356; 5T 80; TM 379
13 DTG 84
14-15 DTG 85
15 DMJ 46
16-17 DTG 85
7 CN 497; DTG 87, 94, 532; FE 405; MeM 268; PVGM 218; Te 243, 252; 7T 270
CAPÍTULO 4
1 Cristo ayuna y es tentado. 11 Los ángeles le sirven. 13 Vive en Capernaún, 17
y comienza a predicar. 18 Llama a Pedro y a Andrés, 21 a Santiago y a Juan, 23
y sana a todos los Enfermos.
1ENTONCES Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por
el diablo.
2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas
piedras se conviertan en pan.
4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de
toda palabra que sale de la boca de Dios.
5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo
del templo,
6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti, y
En sus manos te sostendrán,
Para que no tropieces con tu pie en
piedra.
300
7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos
del mundo y la gloria de ellos,
9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios
adorarás, y a él solo servirás.
11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;
13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaúm, ciudad marítima, en la
región de Zabulón y de Neftalí,
14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del
Jordán,
Galilea de los gentiles;
16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;
Y a los asentados en región de sombra de muerte,
Luz les resplandeció.
17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el
reino de los cielos se ha acercado.
18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simán, llamado
Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran
pescadores.
19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.
21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su
hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los
llamó.
22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y
predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en
el pueblo.
24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían
dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los
endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.
25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y
del otro lado del Jordán.
1.
Entonces
[La tentación, Mat. 4:1-11 = Mar. 1:12-13 = Luc. 4:1-13. Comentario principal:
Mateo. Ver mapa p. 206; diagrama p. 220.] Gr. tóte, palabra empleada muchas
veces por Mateo. Aparece en su Evangelio unas 90 veces; en Marcos aparece 6
veces, y en Lucas 14 veces (ver Mat. 2:7; 3:13; 4:1, 5, etc.). Indica una
transición y ubica el comienzo de una nueva sección de la narración en un
momento definido, el cual suele seguir inmediatamente después del hecho
precedente.
Fue llevado
El desierto podría ser el de Judea o el de Perea, al otro lado del Jordán. Se
desconoce el lugar preciso donde Jesús fue tentado.
Por el Espíritu
Desde su nacimiento, Jesús había sido guiado e instruido por el Espíritu Santo
(ver com. Mat. 3:16; Luc. 2:52), pero en ocasión de su bautismo, el Espíritu
descendió sobre él en su plenitud para llenarlo de sabiduría y capacidad para
cumplir con la misión que le había sido asignada (Hech. 10:38; cf. cap. 1:8).
Jesús fue guiado "paso a paso, por la voluntad del Padre", en armonía con "el
plan" que "estuvo delante de él, perfecto en todos sus detalles" antes de que
él viniera "a la tierra" (DTG 121; ver com. Luc. 2:49). Marcos emplea una
expresión aún más expresiva: "El Espíritu le impulsó al desierto" (Mar. 1:12).
Al desierto
El lugar tradicional de la tentación se sitúa en los cerros escarpados y áridos
que se elevan al oeste de Jericó. Su nombre, Yebel Qarantal, se relaciona con
los 40 días que Jesús pasó en el desierto. El bautismo se realizó en el
Jordán, al este de Jericó (ver com. cap. 3:1), y el hecho de que Jesús volviera
a ese mismo lugar al terminar los 40 días implica que el sitio de la tentación
no estaba muy distante de allí. Si bien la tradición indica que la tentación
ocurrió al oeste del Jordán, es también posible que Jesús se hubiera retirado a
la región desierta del monte Nebo, en las proximidades de los montes Abarim, al
este del mar Muerto (ver com. Núm. 21:20; 27:12; Deut. 3:17). Desde las
alturas del monte Nebo, Dios había mostrado a Moisés la tierra prometida (Deut.
34:1-4; PP 504-510), y es posible que desde este mismo 301 lugar, "un monte muy
alto", Satanás le "mostró [a Cristo] todos los reinos del mundo" (Mat. 4: 8;
ver DTG 102-103).
Para ser tentado.
Gr. peirázÇ, "tratar" (Hech. 9: 26), "intentar" (Hech. 16: 7; 24: 6), "probar"
(Juan 6: 6; 2 Cor. 13: 5) con un propósito bueno, y "probar" o "tentar" (Mat.
19: 3; Luc. 11: 16), con un propósito malo, sobre todo con el de hacer pecar a
una persona (1 Cor. 7: 5; 1 Tes. 3: 5; Sant. 1: 13). Aquí se emplea el verbo
peirázÇ con este último sentido.
Jesús no provocó la tentación, ni tampoco se colocó a sabiendas en el terreno
hechizado del diablo. Se retiró al desierto para estar solo con su Padre y para
meditar en la misión que tenía por delante.
Jesús tomó sobre sí la naturaleza humana, y con ella la posibilidad de ceder al
pecado (DTG 91-92). Se permitió que arrostrara "los peligros de la vida en
común con toda alma humana", que peleara "la batalla como la debe pelear cada
hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la derrota y la pérdida
eterna" (DTG 33). Sólo así podría decirse "que fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4: 15). Por otra parte, si, como
algunos lo afirman, Jesús, siendo divino, no podía ser tentado, su tentación
habría sido una farsa. Por medio de su naturaleza humana experimentó la
tentación (cf. DTG 636-637). Si la forma en que experimentó la tentación
hubiera sido en algo menos difícil que la nuestra, "él no podría socorrernos"
(DTG 92). Ver la Nota Adicional de Juan 1; com. Luc. 2: 40, 52; Juan 1: 14;
Heb. 4:15; Material Suplementario de EGW con referencia a Mat. 4: 1-11; Rom. 5:
12-19.
Tenemos un representante ante el Padre que puede "compadecerse de nuestras
debilidades" porque "fue tentado en todo según nuestra semejanza". Por eso se
nos invita a acercarnos "confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4: 15-16). Jesús
sabe por experiencia propia lo que la humanidad puede soportar, y ha prometido
moderar el poder del tentador de acuerdo con la fortaleza de cada uno de
nosotros, a fin "de poderla resistir con éxito" (1 Cor. 10: 13, BJ). Dentro de
cada corazón humano se repite el gran conflicto que Cristo debió soportar en el
desierto de la tentación. Sin pruebas -sin la oportunidad de elegir entre
hacer lo bueno y hacer lo malo- no puede desarrollarse el carácter. La fuerza
para resistir a la tentación se desarrolla resistiendo a la tentación.
El diablo.
Gr. diábolos, del verbo diabállÇ, que literalmente significa "tirar a través
de", pero que se emplea con el sentido de "acusar" con malas intenciones, ya
sea falsa o justamente, o "calumniar". La palabra diábolos es empleada en la
LXX para traducir la palabra hebrea Ñatan, "adversario" (ver com. Zac. 3: 1).
Cuando se emplea la palabra diábolos para referirse a Satanás, suele usarse con
artículo definido (1 Ped. 5:8 constituye una excepción). Sin artículo, la
palabra diábolos se refiere a personas (Juan 6:70; 1 Tim. 3: 11; 2 Tim. 3: 3;
Tito 2: 3).
Hay quienes afirman que no hay un diablo personal, pero las palabras diábolos,
"calumniador" o "acusador", y Ñatan, "adversario", se basan en el concepto del
diablo como un ser personal. Cristo vio "a Satanás caer del cielo como un
rayo" (Luc. 10: 18). Sólo un ser personal podría haber desempeñado el papel
del diablo en el relato de la tentación (Mat. 4: 1, 5, 8, 11), y podría
coincidir con las otras afirmaciones que acerca de su persona se hacen en
diversos pasajes del NT (Juan 13: 2; Heb. 2: 14; Sant. 4: 7; 1 Juan 3: 8; Jud.
9; Apoc. 2: 10; 20: 2, 7-10).
2.
Ayunado.
La palabra que así se traduce suele emplearse en el NT para referirse a la
práctica ritual de abstenerse de alimento. Pero es evidente que en este caso
no se trataba de un ayuno ritual. Jesús fue criticado durante toda su vida
porque sus discípulos no cumplían con los ayunos prescritos por los fariseos
(Mat. 9: 14; Luc. 5: 33; cf. Luc. 18: 12). Existe el peligro hoy, como
existía en tiempos bíblicos, de creer que el ayuno es un medio para alcanzar
méritos a la vista de Dios, de hacer algo para congraciarse con Dios. Pero
este ayuno no es el que Dios manda (ver Isa. 58:5-6; cf. Zac. 7:5). Si se ha
de ayunar, debería hacerse con el propósito de alcanzar claridad de
pensamiento, lo opuesto de la modorra que causa el comer en exceso. La
percepción espiritual de la verdad y de la voluntad de Dios aumenta
notablemente cuando se sigue una dieta frugal. En algunos casos puede venir
bien el abstenerse totalmente de comer. El ayuno no siempre significa no comer
nada. Sin embargo, Lucas dice que Jesús no comió nada mientras estuvo en el
desierto de la tentación (cap. 4:2). 302
Cuarenta días.
Comparar con ayunos similares de Moisés (Exo. 34:28) y Elías (1 Rey. 19:8). No
tiene sentido el tratar de encontrar en el número 40 algún significado
simbólico (ver com. Luc. 4:2).
3.
Vino a él.
Fue un diablo personal el que "vino a" Jesús. Fue un diablo personal el que
Jesús derrotó. Ninguno de los evangelistas da la más mínima indicación de que
la tentación fue una vivencia que existió tan sólo en el pensamiento de Jesús,
como lo han supuesto algunos.
El tentador.
El diablo siempre nos ataca en los momentos de mayor debilidad, porque es
entonces cuando con mayor facilidad podríamos caer. Por eso es de vital
importancia que se conserven las fuerzas físicas y mentales en un elevado nivel
de vitalidad y eficiencia. Todo lo que pueda debilitar esas fuerzas, debilita
nuestra defensa contra los engaños del tentador. El trabajar demasiado, dejar
de hacer ejercicio, comer mal, dormir poco, o hacer cualquier cosa que
disminuya la viveza intelectual o el control de las emociones, tiende a abrir
el camino para que el maligno penetre en el alma. El albergar pensamientos de
desánimo, derrota o resentimiento tiene el mismo efecto. Debemos poner
nuestros afectos y nuestros pensamientos en las cosas de arriba (Col. 3:2), y
llenar la mente con lo verdadero, lo honesto, lo puro, lo amable (Fil. 4:8).
Debemos someter el cuerpo a las leyes de nuestro ser físico, porque es
imposible apreciar plenamente las cosas eternas si vivimos violando las leyes
naturales que gobiernan nuestro ser.
Si eres.
Satanás había presenciado el bautismo de Jesús y había escuchado la
proclamación del cielo que dijo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia" (cap. 3:17; ver DT(7 90-91, 93-94). Guiándose por las
apariencias, parecía lógico dudar de la verdad de esa afirmación. Pálido,
cansado, extenuado y sumamente hambriento (DTG 110-111), Jesús no tenía la
apariencia de ser el Hijo de Dios. Las palabras de Satanás, "si eres"
representaban para Jesús la pregunta: "¿Cómo sabes que eres el Hijo de Dios?"
Del mismo modo, en el huerto del Edén, el tentador había tenido el propósito de
inducir a Eva a no creer en las palabras que Dios tan claramente había
pronunciado en cuanto al árbol del conocimiento. Así también Satanás se acerca
a los hombres y a las mujeres hoy, tratando de conseguir que no crean las
verdades que tan claramente aparecen en la Palabra revelada de Dios. Sólo
aquellos cuya fe, como la de Jesús, descansa firmemente en lo que "escrito
está", en un claro "así dice Jehová", podrán resistir los engaños del diablo.
Una tentación siempre representa un desafío a alguna verdad claramente
conocida. Induce a suponer que las circunstancias justifican el abandono de
algún principio.
La forma de la frase griega indica que también podría traducirse de la
siguiente manera: "Puesto que eres el Hijo de Dios". De este modo se
insinuaría el reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios, pero al mismo tiempo
era un desafío a que mostrase su poder y autoridad.
Hijo de Dios.
Un claro eco de las palabras del Padre en el Jordán 40 días antes (ver com.
cap. 3: 17). Con arrogante desprecio Satanás se dirigió a Aquel contra quien
había hablado en forma tan desafiante antes de ser expulsado del cielo. En
verdad, Jesús parecía más un ser humano moribundo que el Hijo de Dios (DTG
92-93, 110-111). Las palabras que Satanás empleó en esta ocasión fueron
repetidas más tarde por los dirigentes judíos al burlarse de Jesús en la cruz
(cap. 27: 40; ver com. Mat. 1: 23; Luc. 1: 35; Juan 1: 1-3, 14).
Di.
En diversas ocasiones durante su ministerio, se le pidió a Jesús que diera
prueba de que era el auténtico Mesías mediante el despliegue de su poder
milagroso (Mat. 12: 38; 16: 1; Mar. 8: 11-12; Juan 2: 18; 6: 30). Pero él se
negó a realizar milagros cuando se lo desafiaba a hacerlo. Más bien, cada
milagro debía responder a alguna necesidad específica de las personas a quienes
estaba procurando ministrar. Es verdad que se podía esperar que las fuerzas y
los elementos de la naturaleza obedecieran la voz de su Creador (Mat. 8:26;
Juan 2:6- 11; etc.), pero Jesús no recurrió al empleo de su poder celestial
para disponer de algo que no esté a nuestro alcance (ver p. 199).
Estas piedras.
Quizá Satanás señaló unas piedras en el suelo, a los pies de Jesús, algunas de
las cuales bien podrían haber tenido forma redonda, que era común en el pan que
se hacía en el Cercano Oriente. Satanás pudo haber tomado una de las piedras
(cf. Luc. 4:3) y habérsela ofrecido a Jesús, así como había tomado la fruta
del árbol prohibido y la había colocado en las manos de Eva (PP 37- 38).
303
Pan
Aquí el pan representa las exigencias materiales de la naturaleza física del
hombre. Representa la filosofía materialista de la vida que supone que la vida
del hombre consiste en la abundancia de lo que posee y que vive sólo de pan.
Así como la tentación hecha por Satanás a Adán y Eva en el jardín del Edén se
basó en la excitación del apetito, también el apetito fue la base de su primer
ataque contra el Hijo de Dios. Muchas de las tentaciones que acosan a los
hombres son de esta clase. En primer lugar, Satanás sabe que al tentar la
naturaleza física del hombre, tiene mayor probabilidad de un éxito inmediato.
En segundo lugar, dirige sus tentaciones contra las debilitadas y degradadas
facultades físicas del hombre, sabiendo perfectamente que por medio de la
naturaleza física, por medio de los sentidos, puede alcanzar todo el ser. La
naturaleza física debe estar siempre bajo el control de las facultades
superiores de la mente, la voluntad y la razón a fin de evitar la ruina. El
cuerpo es el medio por el cual se desarrollan la mente y el alma, por medio del
cual se forma el carácter (MC 92). Esta tentación fue real porque Jesús, como
Hijo de Dios, tenía el poder de satisfacer su hambre creando alimento.
La tentación consistía en la sugerencia satánica de que Cristo satisficiera su
hambre en una forma indebida, sin tomar en cuenta cuál podría ser la voluntad
de Dios. Lo que proponía Satanás insinuaba que Dios debía ser poco bondadoso al
dejar que su Hijo sufriera hambre y estuviera solo, sobre todo cuando eso era
completamente innecesario.
Compárense las tentaciones en el desierto al comienzo del ministerio de Cristo
con las que padeció en el Getsemaní al fin de ese período (ver com. cap.
26:38).
4.
Respondió y dijo.
Ver com. Job 3:2.
Escrito está.
La fe de Cristo en Dios y su conocimiento de la voluntad divina se fundaban en
las Escrituras. Desde su niñez Cristo había estudiado con diligencia las
Escrituras y las conocía íntimamente (DTG 50-51). En eso radicaba el secreto
de su fuerza para hacer frente a la tentación. Es la fe la que trae la
victoria sobre el mundo (1 Juan 5:4), y la fe se desarrolla mediante el estudio
de las Escrituras (Rom. 10: 17). Aquí Cristo afirma que el obedecer la Palabra
escrita de Dios tiene mayor valor e importancia que realizar un milagro. En
esta ocasión todas las citas que Cristo empleó fueron del libro de
Deuteronomio.
No sólo de pan.
Esta cita es de Deut. 8:3, y es una verdad que Cristo había revelado a Moisés
15 siglos antes. Cuando las tentaciones acabaron, Jesús estaba al borde de la
muerte (DTG 104-105). Quizá Satanás sugirió que Cristo moriría a menos que se
apartara de lo que él consideraba ser su deber. Si así fue, por su respuesta
Jesús afirmó que la muerte dentro del ámbito de la voluntad de Dios es mejor
que la vida lejos de esa voluntad. Satanás emplea esta forma de tentación con
muchos de los que procuran ser obedientes a la voluntad de Dios. El que se
propone vivir sólo con "pan" o con el único propósito de obtener ese "pan", en
realidad no está viviendo, y en el mejor de los casos está sentenciado a
muerte, porque el "pan" sin Dios lleva a la muerte y no a la vida.
Las primeras palabras de Jesús afirman una completa e inalterable sumisión a la
voluntad del Padre, tal como está expresada en la Palabra de Dios. Jesús aceptó
la obligatoriedad de esa Palabra (cf. Juan 15: 10) y negó que las cosas
materiales fueran de primera importancia. Las cosas espirituales son supremas
en su valor e importancia (ver com. Mat. 6: 24-34; Juan 6: 27).
Vivirá el hombre.
El hombre es más que un animal; sus más urgentes necesidades no son físicas ni
materiales. Jesús afirmó: "Mi reino no es de este mundo" (Juan 18: 36).
Mientras que Jesús afirmaba, por una parte, la vital importancia de ayudar en
todas las formas posibles a los necesitados (Mat. 25: 31-46; etc.), también
dejó bien en claro que esto no debía ocupar el lugar de la lealtad y la
consagración que se le debía rendir a él personalmente como Mesías (cap. 26:
11). Es verdad que los hombres deben "hacer justicia, y amar misericordia"
(Miq. 6: 8), y deben amar a sus prójimos como a sí mismos (Mat. 22: 39), pero
también deben humillarse delante de Dios (Miq. 6: 8). La respuesta de Cristo
al diablo es una condenación de la filosofía materialista de la vida, no
importa cuál forma pueda tomar. La posesión de cosas no es el propósito final
de la vida. Ni siquiera es un propósito deseable (ver Luc. 12: 15; com. Juan
6: 27-58).
Toda palabra.
Dijo Jesús: "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió" (Juan 4: 34).
Jeremías habló de hallar y comer las palabras de Dios, y dice que ellas se
transformaron en "gozo y alegría" de su corazón (cap. 15: 16). Job declaró:
"Guardé las 304 palabras de su boca más que mi comida" (cap. 23: 12). Jesús, el
Verbo viviente (Juan 1: 1-3) era el "pan vivo que descendió del cielo" (cap. 6:
48-51). El autor de la carta a los Hebreos habla de gustar de "la buena
palabra de Dios" (Heb. 6: 5). Pedro se refirió a la "leche espiritual no
adulterada" (1 Ped. 2: 2) que permite el crecimiento del cristiano.
Además, es de vital importancia prestar atención a toda palabra de Dios. El
hombre no tiene la libertad de elegir de la Palabra de Dios aquellas porciones
que le agradan y rechazar otras. Dios ha proporcionado una dieta espiritual
equilibrada para sus hijos terrenales, y quienes sólo comen lo que les place,
no pueden esperar disfrutar de una experiencia cristiana saludable ni llegar a
la madurez cristiana. Aun los "mandamientos muy pequeños" (Mat. 5: 19) son
indispensables para el que quiera entrar en el reino de los cielos.
5
Entonces.
En el relato de Lucas, la tercera tentación de Mateo aparece como segunda. No
sabemos cuál fue el orden cronológico, pero es razonable pensar que ocurrieron
en el orden que da Mateo. Un estudio cuidadoso de la naturaleza y del
propósito de cada tentación lleva a la conclusión de que se llega al pináculo
de las tres cuando Satanás lleva a Jesús a "un monte muy alto" (vers. 8) y le
muestra los reinos de este mundo. En las primeras dos tentaciones, según las
registra Mateo, Satanás aparece bajo la figura de un ángel de luz, pero en la
tercera abiertamente exige que Cristo le adore (vers. 9). Esta sugerencia
blasfema es la que, según Mateo, recibe como respuesta la orden: "Vete,
Satanás" (vers. 10). El Deseado de todas las gentes comenta las tentaciones en
el orden en el cual las presenta Mateo (pp. 102-103; ver com. vers. 9).
La secuencia de los acontecimientos muchas veces es diferente en uno de los
Evangelios sinópticos frente a los otros. Debe notarse que ninguno de los
evangelistas pretende haber organizado el relato en orden cronológico exacto
(ver p. 268), y es evidente que no lo han hecho siempre así. Ver la Nota
Adicional 2 del cap. 3.
La santa ciudad.
Algunas monedas de los Macabeos llevan la inscripción: "Jerusalén la santa".
Isaías denomina "ciudad santa" a Jerusalén (cap. 48: 2; 52: 1). En Mat. 27: 53
Jerusalén aparece como "santa ciudad". Es evidente que Satanás escogió el
templo como el lugar de su segunda tentación no porque no hubiera alturas y
precipicios en los montes del desierto. Tiene que haber existido otro motivo.
Posiblemente Satanás quiso rodear a la segunda tentación con un ambiente de
santidad.
Pináculo.
Gr. pterúgion, diminutivo de la palabra "ala". Se emplea la palabra para
referirse a la punta o a la extremidad de algo. Por eso se entiende que alude
aquí al borde exterior del templo. Diversos autores griegos emplean la misma
palabra para referirse a las partes altas de un edificio o de un templo. La
palabra "pináculo" viene de la palabra latina pinnaculum, que es el diminutivo
de pinna, "pluma".
Templo.
Gr. hierón, término que se emplea para referirse a toda el área del templo y
sus edificios. En griego, el edificio del templo, con su lugar santo y su
lugar santísimo se llama naós. En el NT, ambas palabras, hierón y naós, se
traducen como "templo".
6
Si eres.
Ver com. vers. 3. A primera vista, parecería que al no responder al desafío de
Satanás, Jesús admitía tácitamente que no era Hijo de Dios. Al enfrentarse con
la primera tentación, Jesús había demostrado su lealtad como Hijo a la voluntad
del Padre. En esta ocasión el tentador le propone que demuestre su lealtad y
su fe mediante un acto que, aparentemente, daría una prueba convincente de ese
hecho.
Echate abajo.
Satanás insinuaba que sin duda tal acto de fe en Dios sería la suprema
demostración de que Jesús era en verdad el Hijo de Dios. El Midrash Pesikta
Rabbati, comentario bíblico rabínico de aproximadamente el año 845 d. C.,
afirma en la sección 36 que "cuando el rey Mesías se revele, vendrá y se parará
sobre el techo del lugar santo". No se puede saber si esta tradición se
remonta a tiempos de Jesús. Si Jesús se hubiera echado abajo, nadie más que
Satanás y los ángeles de Dios lo hubieran visto (ISG 33).
Escrito está.
Satanás tergiversa y aplica mal el pasaje que ahora presenta ante Cristo como
una razón para que se aparte del camino del deber. Emplea la Palabra de Dios en
tal forma, que parece que este pasaje aprueba una conducta pecaminosa; tuerce
su significado y lo emplea engañosamente (cf. 2 Cor. 4: 2).
A sus ángeles mandará
Satanás cita del Sal. 91: 11-12, pero omite las palabras "que te guarden en
todos tus caminos". Quizá tenía el propósito de oscurecer el hecho de que
tenemos derecho de reclamar el cuidado protector 305 de Dios sólo cuando
andamos por los caminos que Dios escoge. Satanás bien sabía que cuando un
hombre se aparta del camino estrecho y recto, se aleja del terreno escogido por
Dios y se coloca en la tierra hechizada del enemigo. Pero Jesús se negó a
apartarse del camino de la estricta obediencia a la voluntad del Padre.
7
Escrito está.
Satanás había sacado las palabras de Sal. 91: 11-12 de su contexto (ver com.
Mat. 4:6). A fin de exponer el verdadero significado de las palabras citadas
del Sal. 91 y probar que el diablo las había aplicado mal, Jesús citó otro
pasaje (Deut. 6: 16), cuyo contexto muestra cuáles son las circunstancias en
las cuales se puede pretender recibir la bendición de Dios (Deut. 6: 17-25).
Los textos aislados de su contexto muchas veces dan lugar a interpretaciones
erróneas. Además, un pasaje debe entenderse en armonía con todos los otros.
Lo que algunos dicen, en el sentido de que puede torcerse la Escritura para que
enseñe cualquier doctrina, sólo es cierto cuando se viola este principio.
Cuando se estudia la Palabra de Dios en todo su conjunto, sus verdades son
claras y armoniosas.
No tentarás.
Las palabras empleadas por Cristo para frustrar al enemigo fueron originalmente
pronunciadas por Moisés en relación con la queja de los israelitas, cuando por
primera vez protestaron en el desierto por falta de agua (Exo. 17: 1-7). Dios
había proporcionado abundantes pruebas de que estaba guiando a su pueblo y que
le proporcionaría todo lo que necesitara, por ejemplo, el despliegue de poder
divino en Egipto, la dramática liberación en el mar Rojo, y posteriormente el
envío del maná. Cuando se le dio alimento, el pueblo prometió humildemente que
en el futuro confiaría en el Señor (PP 303-304), pero poco tiempo más tarde,
cuando tuvieron oportunidad de ejercer su fe, los hebreos acusaron a Moisés de
querer matarlos a fin de enriquecerse con sus posesiones (Exo. 17: 1-4; PP
303-305). A pesar de las evidencias del cuidado de Dios para con ellos,
"tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no? (Exo.
17: 7). Pusieron a Dios a prueba; es decir, lo desafiaron a que demostrara su
divino poder. Su pecado consistió en acercarse a Dios con un espíritu
equivocado, de exigencia y de impaciente ira, y no el de humilde y paciente fe.
A menos de que se les diera lo que exigían, se negaban a creer en Dios.
Con este mismo espíritu Satanás propuso que Cristo pusiera a prueba al Padre.
En vez de aceptar por fe lo que el Padre había proclamado en el Jordán, cuando
afirmó que Jesús era el Hijo de Dios, Satanás sugería que Jesús pusiera al
Padre a prueba para convencerse por sí mismo de que eso era así. Pero tal
comprobación reflejaría duda y no fe.
Nunca debemos colocarnos innecesaria o descuidadamente en una posición en la
cual Dios tenga que obrar un milagro a fin de salvarnos de los resultados
adversos de nuestra necia conducta. No debemos albergar la presunción de que
Dios nos rescatará cuando sin necesidad nos precipitamos hacia el peligro. Una
fe madura nos inducirá a poner nuestra vida en armonía con lo que Dios ya nos
ha revelado, y entonces hemos de confiar en él para lo demás.
8
Monte muy alto.
El registro inspirado no ha revelado el lugar de la tercera tentación. Algunos
han sugerido que podría haber sido en el monte Nebo, desde cuya altura (unos
880 m) Moisés vio toda la tierra prometida (Deut. 34: 1-4), y después, en
visión, contempló el desarrollo del plan de salvación a través de todas las
edades (PP 505-510).
Le mostró.
Mateo hace notar que el diablo "le mostró todos los reinos del mundo y la
gloria de ellos" (cap. 4: 8), y Lucas señala que esto ocurrió "en un momento"
(cap. 4: 5). Es inútil especular en cuanto a la forma en que Satanás pudo
presentar ante Jesús el vívido panorama que pasó delante de sus ojos.
Despojándose de su disfraz de ángel de gloria, Satanás se presentó ante Cristo
como príncipe de esta tierra (DTG 102-103). No tenía derecho a ese título,
pero había arrebatado a Adán y Eva el dominio que Dios les había dado. Satanás
pretendía haber reemplazado a Adán como legítimo señor de la tierra (Gén. 1:28;
Job 1:6-7), pero gobernaba como usurpador. Sin embargo, Cristo no refutó
directamente las pretensiones de Satanás, y sólo negó que Satanás tuviera
derecho alguno de recibir adoración. Jesús mismo habló de Satanás como el
"príncipe" de este mundo, reconociendo así el gobierno de facto de Satanás
(Juan 12: 31; 14: 30; 16: 11).
Mundo.
Gr. kósmos, "mundo", o "universo", desde el punto de vista de estar dispuesto
en orden en el espacio. Lucas emplea la palabra oikoumén', "mundo habitado"
(cap. 4: 5), la cual aparece también en Mat. 24: 14; Luc. 2: 1; Hech. 11: 28;
17: 6; etc. 306
La gloria de ellos.
Satanás ocultó hábilmente el lado peor de su reino y presentó sólo las
deslumbrantes glorias de las proezas humanas. Ofreció a Jesús el papel de
Mesías político. Si Jesús se hubiera presentado así, la nación Judía lo habría
aceptado (ver Juan 6: 15; com. Luc. 4: 19).
9
Todo esto.
Ver com. vers. 8. Efectivamente Satanás dominaba los asuntos religiosos y
políticos del mundo (Luc. 4: 6). Claro está que "todo esto" era una propiedad
robada, pero mientras Satanás la tuviera en su poder, se proponía comerciar con
ella para ventaja propia. Cristo era el verdadero dueño, y su posesión se
basaba en el hecho de que había creado "todas las cosas" (Juan 1: 3). Nunca
había renunciado a sus derechos. Satanás sabía que Jesús había venido a
desafiar sus pretensiones, y ahora se proponía entregarlas sin lucha, pero a
cambio de ciertas condiciones. Satanás no dominaba en forma total a la raza
humana; había todavía quienes no le rendían lealtad. Comprendía el desafío
implicado en la pureza impecable de Cristo.
Te daré.
Satanás dio a entender que Jesús conseguiría algo pagando prácticamente nada.
"Todo esto" sería suyo por el bajísimo precio de postrarse una vez ante el que
pretendía ser el legítimo dueño. Es como si Satanás hubiera insinuado que Jesús
había venido a ganarse el título de este mundo, y le ofrecía que lo aceptara
como un regalo de su parte, con toda la honra y el poder, sin lucha alguna. A
cambio, todo lo que Satanás pedía era que Cristo transfiriera su lealtad
personal del Padre a Satanás.
Postrado me adorares.
En los países del Cercano Oriente, el postrarse es todavía una señal de
absoluta sumisión y homenaje. Esta propuesta diabólica -que el Dios encarnado
adorase al diablo- constituye la más grande blasfemia. Los grandes principios
que estaban en juego y la impía temeridad de la propuesta parecen mostrar el
límite máximo de la ingeniosidad del diablo, y sugieren que el orden en que
Mateo presenta las tres tentaciones, y no el orden de Lucas, es el verdadero
orden cronológico. Después de haber dado este paso atrevidísimo, Satanás no
tenía nada más que ofrecer.
10
Vete.
Se había llegado a la culminación. Satanás se había desenmascarado y había
aparecido tal como era. El príncipe de este mundo se había acercado a Cristo
ofreciéndole la satisfacción de los anhelos humanos: (1) aplacar las
necesidades materiales propias del bienestar humano, (2) tener la prerrogativa
de hacer lo que a uno le plazca y gozar del privilegio de desobedecer sin
aceptar las responsabilidades que eso entraña, (3) orgullo y popularidad, y (4)
ejercer poder y autoridad sobre otros.
El príncipe de este mundo se acercó a Cristo y no encontró en él nada que
respondiera, ni en el más mínimo grado, a la tentación (Juan 14: 30). El Hijo
de Dios "en semejanza de carne de pecado... condenó al pecado en la carne"
(Rom. 8: 3), y si nosotros tan sólo nos acercamos a él con fe, si preferimos no
andar "conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Rom. 8: 4), Cristo por
su gracia nos capacitará para andar así. Si tan sólo nos sometemos a Dios,
también podremos resistir al diablo, y el huirá de nosotros (Sant. 4: 7-8).
Dios nos será una defensa segura (Prov. 18: 10).
Satanás.
Ver com. vers. 1.
Al Señor tu Dios adorarás.
Esta cita es de la LXX y corresponde a Deut. 6: 13. La creencia de que el
hombre puede servir a dos señores es un engaño satánico (Mat. 6: 24).
Cualquier filosofía de la vida que nos ofrezca "todo esto" y además el cielo,
es parte de la doctrina del diablo mismo.
A él solo servirás.
Jesús había afirmado su lealtad a los principios en lo que atañe al cuerpo, la
mente y el alma. A través de toda su vida, fue la voluntad del Padre, y no la
suya propia, la que dirigía su elección en todas las cosas (cf. cap. 26:39).
11
Entonces.
Ver com. vers. 1.
Le dejó.
No en forma permanente, sino "por un tiempo" (Luc. 4: 13). Desde su misma
infancia, la vida de Jesús fue "una larga lucha contra las potestades de las
tinieblas" (DTG 52, 90-91; ver com. Luc. 4: 2). El diablo tentó a Cristo,
pero no tenía poder para obligarlo a pecar. Lo mismo ocurre con nosotros. Sus
más terribles tentaciones carecen de poder a menos que consintamos ante el
pecado (MJ 65). Cuando resistimos al diablo, él huye de nosotros (Sant. 4: 7).
Cristo salió triunfante de la lucha; el diablo se alejó como un enemigo
derrotado.
Le servían.
Cuando acabaron las tentaciones, Jesús cayó exhausto a tierra. Su rostro tenía
la palidez de la muerte: estaba como moribundo (DTG 104-105).
Satanás había prometido el ministerio de los ángeles sin tomar en cuenta la
obediencia a la voluntad de Dios, pero Jesús rehusó eso. 307 Ahora ángeles
celestiales vinieron y le sirvieron sin que hubiera desobedecido. Cuando le
aseguraron que el Padre lo amaba y que todo el cielo se regocijaba por su
victoria, el Salvador debe de haberse sentido muy fortalecido y consolado.
12.
Cuando.
[Comienzo del ministerio en Galilea, Mat. 4: 12 = Mar. 1: 14-15 = Luc. 4:
14-15. Comentario principal: Mateo. Ver mapa, p. 208; diagramas pp. 219,
221.] Ninguno de los tres Evangelios sinópticos relata lo que se conoce como
primer ministerio de Jesús en Judea. Este período se extendió desde la
tentación hasta el comienzo del ministerio en Galilea, es decir, desde la
pascua del año 28 d. C. hasta la del año 29 d. C., con un retiro fugaz a
Galilea durante el invierno (diciembre-marzo) del año 28/29 (ver Nota Adicional
de Luc. 4; diagrama 6, p. 219). La inspiración no ha explicado en forma
directa el silencio de los evangelistas sinópticos en cuanto a este primer
ministerio en Judea. Lucas habla del ministerio de Jesús como si hubiera
comenzado en Galilea (Hech. 10:37-38).
Algo del éxito del primer ministerio de Jesús en Judea se deduce por la queja
de los discípulos de Juan en el sentido de que "todos" acudían "a él" (Juan 3:
26) y por la respuesta de Juan: "Es necesario que él crezca, pero que yo
mengüe" (cap. 3: 30). A pesar de la evidente popularidad y éxito de Jesús (DTG
152-153), el ministerio en Judea produjo poco fruto (DTG 165, 211-212). Aunque
los breves comentarios de Juan constituyen toda la información de lo que
ocurrió en este período, es claro que transcurrió un lapso considerable (cf.
DTG 185, 198). Evidentemente (Juan 3: 22-24) Juan el Bautista y Jesús
predicaban ambos en Judea en este tiempo, y la popularidad de que había gozado
Juan se estaba volcando gradualmente hacia Jesús (cap. 3:26; DTG 150).
No pasó mucho tiempo hasta que el poder de Jesús sobre las multitudes excedió
al que había tenido Juan, que por algún tiempo había sido mayor que el de los
mismos dirigentes (DTG 150, 152-153; ver com. Juan 3: 22, 26; 4: 3).
El rechazo de Jesús por parte del sanedrín después de la curación en Betesda
(Juan 5: 16, 18), provocó la terminación de su obra en Judea y lo indujo a
retirarse a Galilea para comenzar formalmente su ministerio allí. Otro factor
determinante fue el encarcelamiento de Juan el Bautista (Mat. 4: 12; Mar. 1:
14; ver com. Juan 4: l).
Jesús oyó.
Es interesante notar que el encarcelamiento de Juan el Bautista había
coincidido aproximadamente con el momento cuando Jesús fue rechazado por los
dirigentes judíos y con el fin de su primer ministerio en Judea (ver el
diagrama p. 219), y que la muerte de Juan ocurrió más o menos un año más tarde,
poco antes de la crisis que dio fin a la obra de Cristo en Galilea (ver cap.
14: 10-21; diagrama p. 221). El encarcelamiento de Juan junto con el rechazo
de Jesús por parte de los dirigentes judíos, indujo a Cristo a retirarse a
Galilea para seguir allí con su obra (ver Nota Adicional de Luc. 4).
Estaba preso.
Ver com. Luc. 3: 19-20. Literalmente "fue entregado". Es posible que los
dirigentes judíos, celosos de la popularidad de Juan entre el pueblo, dieran su
consentimiento al plan de encarcelar a Juan. Así podrían librarse del profeta
sin que el pueblo los considerara responsables. El hecho de que el sanedrín
acusara públicamente a Jesús por este mismo tiempo (ver Nota Adicional de Luc.
4), indica una estrecha relación entre los dos acontecimientos. Así la amenaza
del sanedrín después de la curación en Betesda (DTG 183-184) sin duda tuvo el
propósito de intimidar a Jesús para que desistiera de su obra pública.
Volvió.
Es decir, transfirió su ministerio a esa región. Esto ocurrió en la primavera
(marzo-mayo) del año 29 d. C., después de la pascua, y fue por lo menos la
tercera vez desde su bautismo en que Jesús "volvió" de Judea a Galilea. La
primera de esas idas a Galilea ocurrió en el invierno (hemisferio norte) de
27/28 d. C. (Juan 1: 43), y la segunda, un año más tarde, en el invierno 28/29
d. C. (ver com. Juan 4: 1-4). Después de partir de Judea, luego de la pascua
del año 29 d. C., Jesús no volvió otra vez a Judea hasta la fiesta de los
tabernáculos entre septiembre y octubre del año 30 d. C. (DTG 358, 360,
413-416). El alejamiento de Jerusalén en la primavera del año 29 d. C. después
de la pascua, señala el comienzo formal de lo que comúnmente se llama el
ministerio en Galilea (DTG 198-199; DMJ 8). Lejos de las autoridades judías,
que ahora se proponían matarlo, Jesús podía realizar su obra con menos
interferencia.
Al trabajar primero en Judea, Jesús se proponía dar a los dirigentes judíos la
oportunidad de aceptarlo como al Mesías. Si lo hubieran 308 hecho, sin duda la
nación judía se habría unido a él y habría tenido el privilegio de
representarlo ante las naciones del mundo, plan que originalmente habían
previsto los santos profetas de antaño (ver t. IV, pp. 27-30).
Galilea.
Ver com. cap. 2: 22. Estando en Galilea distante de Jerusalén, y por lo tanto
menos expuesta a la influencia de los dirigentes religiosos que allí se
encontraban, los judíos de Galilea eran de corazón más sencillo y tenían menos
prejuicios. Sentían menos la influencia de los preconceptos religiosos que sus
compatriotas de Judea. Eran más fervientes y sinceros y estaban más dispuestos
a escuchar el mensaje de Cristo en forma imparcial. En verdad, su afán de
escuchar lo que Jesús tenía que decirles, muchas veces obligó a Jesús a ir de
lugar en lugar, a fin de que el entusiasmo suscitado no fuera tan grande como
para que las autoridades creyeran que peligraba la paz y la seguridad de la
nación.
13.
Dejando a Nazaret.
[Retiro a Capernaúm, Mat. 4: 13-17 = Luc. 4: 31ª. Comentario principal: Mateo.
Ver mapa p. 208; diagrama p. 221.] Mateo no dice nada del rechazo de Jesús por
parte de sus coterráneos de Nazaret (ver com. Luc. 4: 28-29). Su silencio con
referencia a muchos de los hechos registrados con más detalles por los otros
escritores evangélicos, puede deberse a que le importaban más las enseñanzas de
Jesús que las cosas que Jesús hacía (ver p. 181). Con referencia a las
circunstancias que impulsaron a Jesús a alejarse de Nazaret, ver com. Luc. 4:
16-39.
Capernaúm.
Posiblemente este nombre se derive de las palabras hebreas kafar, "aldea", y
najum, "Nahúm", y signifique "aldea de Nahúm". Algunos han pensado que el
profeta Nahúm habría vivido en Capernaúm, pero no hay ninguna confirmación de
esto. Se cree que la ciudad se encontraba en el lugar que hoy se conoce como
Tell Hum, en la orilla noroeste del mar de Galilea. Puesto que el lago se
encuentra a unos 210 m bajo el nivel del Mediterráneo, el clima de Capernaúm es
suave y tibio.
Capernaúm era el principal centro judío de la región (cf. cap. 11: 23). Por
estar en una de las principales rutas, con Damasco al este, Tiro y Sidón hacia
el norte, Jerusalén hacia el sur, y el Mediterráneo al oeste, este centro era
un importante puesto aduanero. Había además comercio marítimo con Decápolis,
al sur del territorio de Felipe. Quizá Capernaúm no era tan grande como
Séforis, la cual, por lo menos antes de que se construyera la ciudad de
Tiberias, era la principal ciudad de Galilea. Se cree que Capernaúm no existió
antes del exilio babilónico, o que era apenas un villorio, pues no se menciona
en el AT.
Capernaúm era un centro ideal desde el cual las noticias de las enseñanzas y de
los milagros de Jesús podrían esparcirse rápidamente a todas partes de Galilea,
y aún más lejos. La curación del hijo del noble (Juan 4: 46-54) unos seis
meses antes (28-29 d. C., ver diagrama p. 220) ya había encendido una chispa de
interés en Capernaúm (ver com. Luc. 4: 23). El noble se convirtió con toda su
familia (DTG 170), y sin duda esparció las noticias acerca de Jesús y de la
curación de su hijo por toda la ciudad, preparando así el camino para el
ministerio personal de Cristo.
Durante más o menos un año y medio Jesús vivió en Capernaúm, haciendo de esa
ciudad el centro de sus actividades. Pedro ya había estado siguiendo a Jesús
por más de un año (cf. Juan 1: 40-42) y, al parecer, abrió su propio hogar a
Jesús cuando éste se encontraba en Capernaúm (ver Mar. l: 29-3l; 2: 1; DTG 224,
232-233). Capernaúm llegó a conocerse como "su ciudad" (Mat. 9: 1). Desde este
centro Jesús emprendió cada una de sus giras de evangelización por las aldeas
de Galilea.
Marítima.
Se entiende con referencia al mar de Galilea.
De Zabulón y de Neftalí.
Las tierras que habían correspondido a la tribu de Neftalí llegaban hasta el
mar de Galilea por el oeste, mientras que las de Zabulón estaban aún más hacia
el oeste (Jos. 19: 10-16, 32-40). Las fronteras de estas tribus habían dejado
de tener importancia hacía ya mucho tiempo. Mateo destaca que el ministerio de
Jesús en Galilea tuvo su centro en la zona anteriormente ocupada por esas dos
tribus. Lo hace antes de su cita de Isa. 9: 1-2 (Mat. 4: 15-16). Nazaret
estaba dentro de las antiguas fronteras de la tribu de Zabulón, así como
Capernaúm estaba dentro de las de Neftalí.
14.
Para que se cumpliese.
Ver com. cap. 1: 22. Se cita aquí a Isa. 9: 1-2, pero con ligeras variantes,
tanto con respecto al hebreo como con la LXX. Isaías escribió (en torno al año
734 a. C), cuando los ejércitos asirios estaban asolando la parte norte del
reino de Israel. Esas tribus estuvieron entre las primeras que sufrieron las
despiadadas invasiones asirias (2 Rey 15: 29; cf. 1 Crón. 5: 26).
309
15.
Camino del mar.
Ver com. Mat. 4: 13; Mar. 2: 14.
Al otro lado del Jordán.
Es decir, dentro de los límites de la tierra prometida.
Gentiles.
Después de la deportación de las diez tribus a Asiria en el año 722 a. C., la
región conocida como Galilea (Isa. 9: l) pasó a ser habitada casi
exclusivamente por gente que no era judía. Pero en el tiempo de Cristo muchos
judíos se habían establecido allí, por lo cual la población era muy
cosmopolita, una mezcla de judíos y gentiles.
16.
Asentado en tinieblas.
Las "tinieblas" eran la oscuridad del cautiverio. La "luz" era la liberación
de ese cautiverio. Cristo vino como el gran Libertador que disipa las lúgubres
tinieblas del cautiverio del pecado y proclama la gloriosa luz de la verdad que
ciertamente libera a los hombres. Ver com. Juan 1: 5.
Gran luz.
Es decir, Jesús, la "luz verdadera" (ver com. Juan 1:4, 7, 9).
Sombra de muerte.
Desde que el pecado entró en el mundo, los hombres han vivido en la "sombra de
muerte". Jesús vino a "librar a todos los que por el temor de la muerte estaban
durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2: 15).
Luz les resplandeció.
La luz siempre ha sido el símbolo de la presencia divina (ver com. Gén. 1: 3).
Jesús proclamó que él era la luz del mundo (Juan 8: 12; 9: 5), cuyos brillantes
rayos disipan las tinieblas del pecado y de la muerte. Ver com. cap. l: 14.
17.
Desde entonces.
Ver com. Mat. 4: 12; Mar. l: 15.
Comenzó Jesús a predicar.
Es decir, en Galilea. Esta frase no indica necesariamente que ésta fue la
primera ocasión en la cual Jesús predicó. Ya había transcurrido
aproximadamente un año y medio de su ministerio público (ver com. vers. 12).
Arrepentíos.
Del verbo Gr. metanoéÇ. En cuanto a su significado ver com. cap. 3: 2. Los
escritos rabínicos dan mucha importancia a la doctrina del arrepentimiento,
pues se consideraba que era un requisito necesario para la salvación mediante
un Mesías. Al referirse al motivo por el cual el Mesías no había venido aún,
el Talmud cita a rabinos que dicen: "Si Israel se arrepiente, será redimido; si
no, no será redimido" (Talmud Sanhedrin 97b) y "Grande es el arrepentimiento,
porque trae la redención" (Talmud Yom Tob 86b). Según lo que ellos enseñaban,
el arrepentimiento incluía pesar por el pecado, restitución siempre que fuera
posible, y la resolución de no repetir el pecado (ver com. cap. 3: 2; 5: 2-3).
El reino de los cielos.
Expresión empleada exclusivamente por Mateo (31 veces) en su Evangelio. Mateo
emplea cinco veces la expresión "reino de Dios", que es la única que usan los
otros evangelistas. El uso de la palabra "cielo" en lugar del nombre "Dios"
responde a la costumbre de los judíos del tiempo de Jesús de no decir el nombre
sagrado. Empleaban la expresión "nombre del cielo" en lugar de "nombre de
Dios"; "temor del cielo" por "temor de Dios"; "honor del cielo" por "honor de
Dios", etc. (ver t. I, p. 181). La expresión "reino de los cielos" no aparece
en el AT, aunque la idea está implícita en los escritos proféticos (Isa. 11:
1-12; 35; 65: 17-25; Dan. 2: 44; 7: 18, 22, 27; Miq. 4: 8; etc.).
El "reino de los cielos" o "reino de Dios" era el tema de la enseñanza de Jesús
(Luc. 4: 43; 8: 1). Muchas de sus parábolas comienzan con las palabras "el
reino de los cielos es semejante a" (Mat. 13: 24, 31, 33, 45-47). Enseñaba a
sus discípulos a que oraran por la venida del reino (cap. 6: 10). Su Evangelio
era la buena nueva del reino (cap. 4: 23; etc.). Sus discípulos eran los "hijos
del reino" (cap. 13: 38). El Padre se complacía en darles el reino (Luc. 12:
32), que habían de heredar (Mat. 25: 34). En esta vida, los cristianos deben
darle al reino el lugar supremo en sus afectos y deben convertirlo en la más
importante meta de la vida (cap. 6: 33). Cuando Jesús envió a los doce, los
mandó que predicaran "el reino de Dios" (Luc. 9: 2, 60).
Juan proclamó la inminencia del establecimiento del reino de los cielos (Mat.
3: 2). Jesús también declaró que el reino se había acercado (cap. 4: 17) e
instruyó a sus discípulos, cuando los envió a predicar, que llevaran el mismo
mensaje (cap. 10: 7).
El "reino de los cielos" se estableció en la primera venida de Cristo. Jesús
mismo era el Rey, y los que creían en él eran sus súbditos. El territorio de
ese reino era el corazón y la vida de los súbditos. Evidentemente el mensaje
de Jesús se refería al reino de la gracia divina. Pero, como Jesús mismo lo
indicó claramente, el reino de la gracia antecedía al reino de la gloria (ver
DTG 201-202; CS 394-395). Con respecto a este último, los discípulos
preguntaron en el día de la ascensión: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel
en este tiempo?" (Hech. 1: 6-7). El reino de la gracia se había acercado en
los días de Cristo 310 (Mat.3: 2; 4: 17; 10: 7), pero el reino de la gloria
estaba en el futuro (cap. 24: 33). Sólo "cuando el Hijo del Hombre venga en su
gloria, y todos sus santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de
gloria" (cap. 25: 31).
Se ha acercado.
Ver com. Mar. 1: 15.
18.
Jesús.
[Llamamiento junto al mar, Mat. 4: 18-22 = Mar. 1:16-20 = Luc. 5:1-11.
Comentario principal: Lucas.] La RVR añade el nombre "Jesús" para mayor
claridad. En el griego se trata de un sujeto tácito.
Simón.
Forma griega del nombre Heb. shim'on, Simeón. En los días de Jesús muchos
judíos llevaban nombres griegos o adoptaban formas griegas para sus nombres
hebreos. Esto ocurría especialmente en el caso de los judíos que vivían fuera
de Palestina. Pero aun en Palestina era conveniente tener un nombre griego en
vista de que el griego era el idioma comercial e intelectual del mundo de esa
época (ver pp. 27, 30-3 l).
Pedro.
Gr. Pétros, "canto rodado" o "piedra" (ver com. cap. 16:18), traducción del
arameo kefa', palabra que se translitera como Cefas, y que también significa
"piedra" (Juan 1:42). Ver un esbozo biográfico de Pedro, en com. Mar. 3:16.
Andrés.
Ver com. Mar. 3: 18.
Red.
Gr. amfíbl'stron, "atarraya", y no díktoun, palabra más genérica que se emplea
para cualquier red de pescar o cazar, tampoco sag'n', "brancada, red barrera"
(ver com. cap. 13:47).
19.
Venid en pos de mí.
En el sentido de convertirse en discípulos que dedicaran todo su tiempo al
discipulado. De allí en adelante, Pedro y Andrés debían tener como única
ocupación el ser alumnos de la escuela de Jesús (ver com. Luc. 5: 11).
Pescadores de hombres.
Ver com. Luc. 5: 10.
21.
Jacobo.
Gr. IákÇbos, equivalente al nombre Jacob (ver com. Gén 25: 26; Mar. 3: 17).
Cuando aparecen juntos Jacobo y su hermano Juan como es el caso aquí, Jacobo
aparece primero con una sola excepción (Luc. 9: 28). Jacobo era el mayor de los
dos (DTG 259).
Zebedeo.
Gr. Zebedáios, equivalente del Heb. zabday, que probablemente significa
"Jehová ha dado". Quizá Salomé era su esposa (Mat. 27: 56; cf. Mar. 15: 40;
16: 1).
Juan.
Ver com. Mar. 3:17. Con referencia al significado del nombre, ver com. Luc.
1: 13. Juan era el menor de los doce (DTG 259).
Remendaban.
Preparaban las redes para la próxima pesca.
Los llamó.
Ver com. Mar. 1: 17.
22.
Dejando al instante la barca.
Ver com. Luc. 5: 11.
Su padre.
Ver com. Mat. 4: 21; Mar. 1: 20.
Le siguieron.
Ver com. Luc. 5: 11. Antes de esto, al menos tres de los cuatro discípulos que
ahora habían sido llamados a dedicar todo su tiempo a su nueva misión, habían
seguido a Jesús en forma intermitente y habían vuelto a su trabajo habitual
como pescadores.
23.
Recorrió Jesús toda Galilea.
[Primera gira en Galilea, Mat. 4: 23-25 = Mar. 1:35-39 = Luc. 4:42-44.
Comentario principal: Marcos.] En su relato, Mateo no siempre sigue el estricto
orden cronológico de la secuencia de los acontecimientos (ver p. 268). Tiende
a agruparlos por su tema y no cronológicamente. El relato de Mateo de la
curación de la suegra de Pedro y de los enfermos y afligidos que se reunieron
en la puerta de la casa de Pedro al terminar el sábado (cap. 8: 14-17), debería
insertarse entre los vers. 22 y 23 del cap. 4 a fin de que sigan la secuencia
cronológica del relato de Marcos. En ese Evangelio el orden es el siguiente:
el llamamiento junto al mar, la curación del endemoniado en la sinagoga de
Capernaúm, lo ocurrido en casa de Pedro y el comienzo de la primera gira
misionera en Galilea (Mar. l: 16-39).
Mateo presenta aquí un breve resumen del primer viaje misionero de Jesús por
las ciudades, aldeas y pueblos de Galilea durante el verano (Junio-agosto) del
año 29 d. C. (ver com. Mar. 1: 39). La forma del verbo que se traduce como
"recorrió" indica una gira más extensa que la que parecen insinuar los autores
sinópticos. Según Josefo, Galilea era una zona densamente poblada, con más de
200 aldeas y pueblos. El único suceso específico de esta primera gira es la
curación de un leproso que Mateo relata (cap. 8: 2-4).
Evangelio.
Aquí Mateo emplea por primera vez esta palabra (ver com. Mar. 1: 1).
Enfermedad.
Gr. nósos, palabra que se emplea con frecuencia para designar una enfermedad
grave.
Dolencia.
Gr. malakía, término genérico para referirse a la debilidad que resulta de
alguna enfermedad. En este caso la palabra malakía describe enfermedades
físicas y mentales, quizá menos graves que lo que indica la palabra nósos.
Ambos vocablos: nósos y malakía aparecen juntos en la LXX de Deut. 7: 15. 311
24.
Fama.
Gr. ako', "lo que se oye", "informe" (ver com. Mar. 1: 28).
Siria.
No es del todo claro en qué sentido emplea Mateo la palabra "Siria". Es
posible que se refiera a las regiones que quedaban más allá de Galilea, porque
más tarde se señala que los que vivían en Tiro y Sidón sabían de Jesús (cap.
15: 21-22), y vinieron a escucharlo y a ser sanados de sus enfermedades (Luc.
6: 17). Por otra parte, el contexto sugiere que Mateo emplea aquí la palabra
"Siria" con un sentido más general, e incluye a Galilea en Siria (por lo menos
desde el punto de vista geográfico, aunque no político) o quizá con esta
palabra se refiera a las regiones más septentrionales de Galilea, en la
frontera con Siria (vers. 23, 25). Cualquiera de las últimas sugerencias
parece más probable que la primera, sobre todo en vista de que los que vinieron
a él en respuesta al informe que habían oído de Jesús vinieron desde Galilea,
Decápolis, Judea y Perea (vers. 25). En ese tiempo, Palestina pertenecía a la
provincia romana de Siria.
Tormentos.
"Sufrimientos" (BJ) o "dolores".
Endemoniados.
Ver com. Mar. 1: 23.
Lunáticos.
Del verbo Gr. sel'niázomai, "estar alunado". Este verbo sólo aparece en el NT
aquí y en el cap. 17: 15. Por los síntomas que se dan en el cap. 17: 15,
muchos han llegado a la conclusión de que el verbo sel'niázomai significa "ser
epiléptico". También es posible que tuviera connotaciones más amplias.
Paralíticos.
Del Gr. paralutikós, de donde proviene la palabra "paralítico".
25.
Decápolis.
Ver p. 48.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 89
1-3 PR 128
1-4 CRA 77; 1JT 421; PE 155; 3T 380; 4T 29; Te 19, 244, 253
1-11 CMC 221; CRA 178; DTG 89-105; 3T 372; 4T 576; Te 250
2 CRA 198, 220; 1JT 416, 419; MC 256;
MM 264; 4T 32, 293
2-4 CRA 82, 201; DTG 92; 4T 257; 5T
510; Te 97, 142
3 DTG 16, 33, 93-94, 619, 696; MC 330;
2T 508
3-4 MJ 56; 1T 293
4 CH 423; CMC 161, 222; COES 29, 34, 47; CS 55, 616; DMJ 48; DTG 65, 68,
95-96, 99, 354- 355, 631; EC 402; Ed 122, 167; HAp 42; 2JT 374, 413, 426, 574;
3JT 285; MC 14, 136; MM 89, 97, 125; NB 101; OE 279, 325; PP 208; PVGM 21; 4T
45; 5T 330, 434; 6T 81; 7T 223; Te 244, 253; TM 448; 5TS 182
5-6 DTG 100; Te 253
5-7 PE 155
5-8 1JT 98, 118; MJ 50
5-9 CS 555
6 DTG 696
6-7 DTG 100
7 1JT 411; MM 15
7-10 4T45
8-9 CMC 150; DTG 103; 1JT 405; 2JT
369; MJ 52; 4T 495
8-11 CS 54; DTG 16; 1T 293; Te 253
9 CMC 222, 226; 1JT 407; 3JT 292; 4T 37
10 DTG 103; 2JT 365; PR 460; Te 247
10-11 3T 457
11 DTG 105; FV 74; PE 157; SR 202; Te 19
13 CH 500; SC 158
13-16 CH 316
15-16 CH 387; DTG 212; MC 13
16 CS 344; DTG 24; PP 509; PR 507
17 DMJ 8
18 1JT 568
18-22 DTG 211-216; OE 24, 118
18-24 CH 317
19 CM 424; CS 182; DTG 214; FE 339, 359; HAp 15; 1JT 361; 2JT 354; MC 15; MJ
301; PR 43, 47; 4T 615; 8T 56
20 Ev 459; HAp 294; MC 381
23 CH 535; DTG 76 l; Ev 44; 3JT 369
24-25 DMJ 8
25 DMJ 9
312
CAPÍTULO 5
1 Cristo Comienza el Sermón del Monte. 3 Declara quiénes son bienaventurados,
13 quiénes son la sal de la tierra, 14 la luz del mundo, la ciudad sobre un
monte, 15 el candelero. 17 Dice que vino a cumplir la ley. 21 Enseña qué es
matar, 27 cometer adulterio 33 y jurar. 38 Exhorta a soportar el mal, 44 a amar
a los enemigos 48 y a buscar perfección.
1 VIENDO la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus
discípulos.
2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los
cielos.
4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán
saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan
toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque
así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciera, ¿con qué
será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por
los hombres.
14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se
puede esconder.
15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el
candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido
para abrogar, sino para cumplir.
18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una
jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy
pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de
los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande
en el reino de los cielos.
20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas
y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare
será culpable de juicio.
22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable
de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el
concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de
fuego.
23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu
hermano tiene algo contra ti,
24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu
hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.
25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en
el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil,
y seas echado en la cárcel.
26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último
cuadrante.
27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.
28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciaría, ya
adulteró con ella en su corazón.
29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti;
pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea
echado al infierno. 313
30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues
mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea
echado al infierno.
31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de
divorcio.
32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de
fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete
adulterio.
33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino
cumplirás al Señor tus juramentos.
34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el
trono de Dios;
35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque
es la ciudad del gran Rey.
36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo
cabello.
37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de
mal procede.
38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te
hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;
40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la
capa;
41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.
42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo
rehúses.
43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen,
haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os
persiguen;
45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir
su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen
también lo mismo los publicanos?
47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen
también así los gentiles?
48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es
perfecto.
l.
Viendo la multitud.
[El Sermón del Monte, Mat. 5: 1 a 8: 1 = Luc. 6: 17-49. Comentario principal:
Mateo. Ver el mapa p. 208; diagrama p. 221.] Sin duda esta multitud era la
"mucha gente" del cap. 4:25 que siguió a Jesús después de su primera gira
misionera importante por las ciudades y aldeas de Galilea. Quizá el Sermón del
Monte fue pronunciado por julio o agosto del año 29 d. C. (DMJ 8, 43), como a
la mitad de los tres años y medio del ministerio de Jesús. Lucas claramente
relaciona el Sermón del Monte con el llamamiento y la ordenación de los doce
(Luc. 6: 12-20; cf. DMJ 8-9) y conserva la debida secuencia de los
acontecimientos de ese día notable: (1) la noche pasada en oración, (2) la
ordenación de los doce, (3) el descenso a la llanura, (4) el sermón (ver DTG
265). Tan sólo omite la mención de que Jesús "subió [otra vez] al monte" (Mat.
5: l), y esta omisión ha inducido a algunos a pensar que el sermón registrado
en Lucas no fue pronunciado en el mismo lugar y al mismo tiempo que el de
Mateo.
Por otra parte, Mateo no menciona aquí la designación y la ordenación de los
doce, sino alude a esos hechos en relación con su relato de la tercera gira de
predicación unos pocos meses más tarde (cap. 10: 1-5). Sin embargo, Mateo
relata el llamamiento junto al mar de Galilea antes de referirse a la multitud
que seguía a Jesús (cap. 4: 18-25). Los diversos relatos evangélicos indican
que los doce fueron designados en respuesta a la evidente necesidad de que
hubiera más obreros preparados para atender a las multitudes que acompañaban a
Jesús dondequiera él iba.
La designación de los doce fue el primer paso en la organización de la iglesia
cristiana. Cristo era el Rey de ese nuevo reino de la gracia divina (ver com.
vers. 23); los doce eran sus ciudadanos o súbditos (ver com. Mar. 3: 14). El
mismo día cuando los doce llegaron a ser súbditos fundadores del reino, el Rey
dio su discurso inaugural, en el cual presentó las condiciones de la
ciudadanía, proclamó la ley del reino, y delineó sus propósitos (ver DTG 265;
DMJ 8-9). El Sermón del Monte es, pues, a la vez el discurso inaugural de
Cristo como Rey del reino de la gracia y la constitución del reino. Poco
después del establecimiento formal del reino y de la proclamación de su
constitución, se realizó la segunda gira por Galilea, durante la cual Jesús dio
una demostración clara y completa de las 314 formas en que el reino, sus
principios y su poder pueden beneficiar a la humanidad (ver com. Luc. 7: 1,
11).
Monte.
Cf. cap. 8: 1. Sin duda se trataba del mismo monte donde había pasado la noche
en oración y donde, esa misma mañana, había ordenado a los doce (ver DTG 257,
265; com. Mar. 3: 14). Se desconoce la ubicación de este monte. Desde el
tiempo de las cruzadas, se ha señalado como posible sitio a los "Cuernos de
Hattin", Kurn Hattin, 8 km al oeste de la antigua ciudad de Tiberias. Sin
embargo, esta tradición no puede remontarse más allá de las cruzadas, y por lo
tanto no es fidedigna. Los guías de turistas suelen señalar como sitio donde
fue predicado el Sermón del Monte, una ladera junto al mar de Galilea, no lejos
de Capernaúm, donde las religiosas franciscanos mantienen una bonita capilla y
el llamado Hospicio Italiano.
La montaña donde Cristo predicó el Sermón del Monte se ha llamado el "Sinaí del
Nuevo Testamento", pues tiene la misma relación con la iglesia cristiana que
tiene el monte Sinaí con la nación judía. En el Sinaí Dios proclamó la ley
divina. En un desconocido monte de Galilea Jesús reafirmó la divina ley,
explicó su verdadero sentido con detalles más amplios y aplicó sus preceptos a
los problemas de la vida diaria.
Sentándose.
Es razonable pensar que, en armonía con la costumbre antigua, Jesús solía
sentarse cuando predicaba y enseñaba (Mat. 13: 1; 24: 3; Mar. 9: 35; ver com.
Luc. 4: 20). Esta era la modalidad habitual de los rabinos; se esperaba que el
maestro enseñara sentado. En esta ocasión, al menos, la multitud también se
sentó (DTG 265).
Sus discípulos.
Por supuesto, entre ellos estaban los doce que habían sido escogidos y
ordenados esa misma mañana (ver com. Mar. 3: 13-14; cf. Luc. 6: 12-19).
Siendo los compañeros más íntimos de Jesús, formaban el círculo más estrecho y,
naturalmente, ocuparon sus lugares junto a él. Pero había además muchos otros
que seguían a Jesús y que también eran conocidos como discípulos (DTG 452-453;
ver com. Mar. 3: 13). Posteriormente, en su ministerio hubo también varias
mujeres que lo acompañaban mientras atendían las necesidades de los discípulos
(Luc. 8: 1-3; cf. Mat. 27: 55). Quizá algunas de esas mujeres piadosas
también estuvieron presentes en esta ocasión. Sin embargo, el auditorio se
componía mayormente de labradores y pescadores (DTG 265-266; DMJ 36). También
había espías presentes (DTG 273; DMJ 45; ver com. cap. 4: 12).
2.
Abriendo su boca.
Lucas dice que Jesús alzó "los ojos" (cap. 6: 20) cuando comenzó a hablar. A
pesar de ciertas diferencias en el texto del sermón y en las circunstancias del
momento, según lo registran Mateo y Lucas, no puede haber duda de que estos dos
informes se refieren a la misma ocasión. Las semejanzas superan a las
aparentes diferencias en los dos relatos, y las diferencias son más aparentes
que reales. El sermón fue sin duda mucho más largo que lo que aquí se indica,
y los evangelistas dan resúmenes independientes del discurso. Bajo la
inspiración del Espíritu Santo incorporaron en su relato aquellas enseñanzas
que les parecieron más importantes (ver p. 268). De modo que los relatos no se
contradicen sino más bien se complementan. Debemos aceptar todos los puntos
mencionados por ambos evangelistas. Así tenemos el privilegio de recibir un
informe más completo de lo que dijo Jesús en esta ocasión que si dependiéramos
de lo que dijo uno u otro. Ver la segunda Nota Adicional de Mat. 3.
El texto del Sermón del Monte que aparece en Mateo es casi tres veces más largo
que el que aparece en Lucas. Esto posiblemente se deba a que Mateo estaba más
interesado que Lucas en las enseñanzas de Jesús, y les dedicó mayor atención.
Lucas, como lo afirma claramente en su prólogo (cap. l: 1-4), se interesaba más
por el relato histórico. El relato del Sermón del Monte del libro de Mateo
contiene mucho material que Lucas no menciona, aunque Lucas nos informa de
algunos elementos que Mateo omite (ver p. 181). Las semejanzas principales son
las siguientes:
Mateo
Lucas
5:3-4, 6
6:20-21
5:11-12
6:22-23
5:39-42
6:27-30
5:42-48
6:32-36
7:1-2
6:37-38
7:3-5
6:41-42
7:12
6:31
7:16-21
6:43-46
7:24-27
6:47-49
Muchos otros pasajes del Sermón del Monte, tales como se presentan en Mateo,
aparecen diseminados por el Evangelio de Lucas, sin duda porque Cristo repitió
esas mismas 315 ideas en varias ocasiones en momentos posteriores de su
ministerio (ver com. Luc. 6: 17-49).
En el Sermón del Monte Cristo habló de la naturaleza de su reino. También
refutó las falsas ideas acerca del reino del Mesías que los dirigentes judíos
habían inculcado en la mente de la gente (DMJ 8-9; ver com. cap. 3: 2; 4: 17).
El Sermón del Monte expone la gran diferencia entre el verdadero carácter del
cristianismo y el del judaísmo de los días de Jesús.
A fin de comprender plenamente la importancia del Sermón del Monte, es
necesario entender no sólo cada principio según se lo expone en forma
individual, sino también la relación de cada principio con el todo. El
discurso constituye una unidad total que no es evidente para el lector
superficial. El bosquejo que presentaremos hace resaltar esa unidad intrínseca
y muestra la relación de las diversas partes del discurso con el sermón en su
conjunto.
3.
Bienaventurados.
Gr. makárioi, cuyo singular, makários significa "feliz", "afortunado";
corresponde con el Heb. 'ashre, "feliz", "bendito" (ver com. Sal. 1: 1). Las
palabras 'ashre y makários se traducen por lo general "bienaventurado" en la
RVR (las otras traducciones son "dichoso", que aparece en
2 Crón. 9: 7; Sal. 34: 8; 106: 3; 137: 9; Prov. 20: 7; Isa. 32: 20; Hech. 26:
2; 1 Cor. 7: 40; y "bendito", 1 Tim. 1: 11).
La palabra makários aparece nueve veces en los vers. 3-11. Pero los vers. 10-11
se refieren al mismo aspecto de la vida cristiana, y por lo tanto deben
considerarse como una sola entidad, por lo cual son ocho y no nueve las
bienaventuranzas. Lucas sólo da cuatro: la primera, la cuarta, la segunda y la
octava de Mateo, en ese orden (Luc. 6: 20-23), pero añade cuatro ayes
correspondientes (vers. 24-26).
En las primeras palabras del Sermón del Monte, Cristo se dirige al deseo
supremo de todo corazón humano: el de la felicidad. Ese deseo fue implantado
en el hombre por el Creador mismo, y originalmente tenía el propósito de
llevarlo a encontrar la verdadera felicidad mediante la cooperación con Dios
que lo creó. Se incurre en pecado cuando el hombre intenta encontrar la
felicidad como un fin en sí misma, pasando por alto la obediencia a los
requerimientos divinos.
Así, al comienzo de su discurso inaugural como Rey del reino de la gracia
divina, Cristo proclama que el principal propósito del reino es el de restaurar
en el corazón de los hombres la felicidad perdida en el Edén y que los que
escojan entrar por la "puerta estrecha" y el camino "angosto" (Mat. 7: 13-14)
encontrarán la verdadera felicidad. Hallarán paz y gozo interiores,
satisfacción verdadera y durable para el corazón y el alma, que sólo se logran
cuando la "paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento" está presente para
guardar el corazón y el pensamiento (Fil. 4: 7). Cuando Cristo volvió al
Padre, dejó con sus seguidores esa paz que el mundo no puede dar (Juan 14: 27).
Sólo pueden ser felices los que tienen paz con Dios (cf. Rom. 5: 1) * 316 y
con sus semejantes (cf. Miq. 6: 8), que caminan conforme a los dos grandes
mandamientos de la ley de amor (Mat. 22: 37-40). Sólo los que son verdaderos
súbditos del reino de la gracia alcanzan esa disposición de la mente y del
corazón.
Pobres.
Gr. ptÇjós, palabra que se refiere a la pobreza extrema, a la miseria (ver com.
Mar. 12: 42; Luc. 4:18; 6: 20). Aquí ptÇjós señala a los que adolecen de una
verdadera miseria espiritual y sienten agudamente su necesidad de las cosas que
el reino del cielo tiene para ofrecerles (cf. Hech. 3: 6; ver com. Isa. 55:
1). El que no siente su necesidad espiritual, el que se cree "rico", que se ha
"enriquecido" y que "de ninguna cosa" tiene "necesidad", a la vista del cielo
es "desventurado, miserable, pobre" (Apoc. 3: 17). Sólo los "pobres en
espíritu" entrarán en el reino de la gracia divina. Los demás no anhelan las
riquezas del cielo y se niegan a aceptar sus bendiciones.
De ellos.
La comprensión de la necesidad propia es la primera condición para entrar en el
reino de la gracia de Dios (DMJ 13). Por estar consciente de su propia pobreza
espiritual, el publicano de la parábola "descendió a su casa justificado" antes
que el fariseo que estaba lleno de justicia propia (Luc. 18: 9-14). En el
reino de los cielos no hay lugar para los orgullosos, los que están satisfechos
de sí mismos, los que dependen de su justicia propia. Cristo invita a los
pobres en espíritu a que cambien su pobreza por las riquezas de su gracia.
El reino de los cielos.
Ver com. Mat. 4: 17; Luc. 4: 19. Es importante notar que aquí Cristo no
hablaba tanto de su futuro reino de gloria como del reino de la gracia divina,
ya presente. En sus enseñanzas, Cristo habló muchas veces del reino de la
gracia en el corazón de los que aceptaban la soberanía celestial. Esto lo
ilustran las parábolas de la cizaña, la semilla de mostaza, la levadura, la red
(Mat. 13: 24, 31, 33, 47), y muchas otras (DMJ 12, 93).
Los judíos concebían el reino de los cielos como un reino basado en la fuerza,
que obligaría a las naciones de la tierra a someterse a Israel. Pero el reino
que Cristo vino a establecer es el que comienza en el corazón de los hombres,
impregna sus vidas y rebosa hasta los corazones y la vida de otros con el
dinámico y apremiante poder del amor.
4.
Lloran.
Gr. penthéÇ, palabra que suele indicar un dolor intenso en contraste con
lupéomai, término más genérico que significa más bien "entristecerse" (Mat. 14:
9; 1 Ped. 1: 6). Así, la profunda pobreza espiritual de los "pobres en
espíritu" (ver com. Mat. 5: 3) corresponde con el profundo dolor de las
personas que se describen en el vers. 4. En verdad, es la profunda comprensión
de la necesidad espiritual la que induce a los hombres a "llorar" por las
imperfecciones que ven en su propia vida (ver DMJ 14; cf. DTG 267). Aquí
Cristo se refiere a los que, con pobreza de espíritu, anhelan alcanzar la norma
de perfección (cf. Isa. 6: 5; Rom. 7: 24). Aquí hay también un mensaje de
consuelo para quienes lloran debido a desengaños, luto, o algún otro dolor (DMJ
15-17).
Recibirán consolación.
Gr. parakaléÇ, "llamar al lado de", "pedir ayuda", "mandar llamar"; también
"exhortar", "alegrar", "consolar", "reanimar", "animar". Un verdadero amigo es
un parákl'tos, y su ayuda se denomina parákl'sis. En 1 Juan 2: 1 se llama
parákl'tos a Jesús. Cuando partió, prometió enviar "otro Consolador" (ver com.
Juan 14: 16, Gr. parákl'tos), el Espíritu Santo, para que morara con nosotros
como amigo permanente.
Así como Dios satisface la necesidad espiritual con las riquezas de la gracia
del cielo (ver com. vers. 3), así también responde al llanto por el pecado con
el consuelo de los pecados perdonados. Si no se experimenta primero una
sensación de necesidad, no se puede lamentar por lo que falta, en este caso la
rectitud de carácter. Lamentarse por el pecado es, pues, el segundo requisito
para los que se presentan como candidatos para el reino de los cielos, y su
secuencia, en forma natural, es después del primer paso.
5.
Mansos.
Gr. praús "manso", "suave", gentil". Cristo dijo que él era "manso [praús] y
humilde de corazón" (cap. 11: 29), y por eso todos los que están "trabajados y
cargados" (vers. 28) pueden ir a él y hallar descanso para su alma. El
equivalente hebreo del griego praús es 'anaw o 'ani, "pobre", "afligido",
"humilde", "manso". Se emplea esta palabra hebrea para describir a Moisés que
era muy "manso" (Núm. 12: 3). También aparece en el pasaje mesiánico de Isa.
61: 1-3 (cf. com. Mat. 5: 3) y en Sal. 37: 11, donde también se traduce como
"manso".
La mansedumbre es una actitud del corazón, de la mente y de la vida, que
prepara el camino para la santificación. A la vista de Dios, el espíritu
"afable" [praús] es "de grande 317 de estima" (1 Ped. 3: 4). La "mansedumbre"
aparece repetidas veces en el NT como una virtud importantísima del cristiano
(Gál. 5: 23; 1 Tim. 6: 11). La "mansedumbre" en relación con Dios significa
que habremos de aceptar su voluntad y la forma en que nos trata, que nos
someteremos a él en todas las cosas sin vacilación (cf. DMJ 18). Una persona
"mansa" domina perfectamente su yo. Debido al enaltecimiento del yo, nuestros
primeros padres perdieron el reino que les había sido confiado. Por medio de
la mansedumbre éste puede ser recuperado (DMJ 20; ver com. Miq. 6: 8).
Recibirán la tierra por heredad.
Cf. Sal. 37: 11. Los "pobres en espíritu" han de recibir las riquezas del
reino de los cielos (Mat. 5: 3); los mansos han de "recibir la tierra por
heredad". Es evidente que no son los "manos" quienes ahora poseen la tierra,
sino los orgullosos. Sin embargo, a su debido tiempo los reinos de este mundo
serán entregados a los santos, a los que hayan aprendido la virtud de la
humildad (cf. Dan. 7: 27). Finalmente, dijo Cristo, los que se humillen, los
que aprendan la mansedumbre, serán ensalzados (ver com. Mat. 23: 12).
6.
Hambre y sed.
Esta figura era especialmente llamativa en un país donde el promedio anual de
lluvia no pasa de 65 cm (26 pulgadas; ver t. II, p. 113; com. Gén. 12: 10).
Lo que ocurre en Palestina suele pasar también en grandes regiones del Cercano
Oriente. Por limitar con extensas zonas desérticas, una buena parte de las
tierras habitadas son semiáridas. Sin duda, muchos de los que escuchaban a
Jesús sabían lo que era experimentar sed. Tal como lo ilustra el caso de Agar
y de Ismael, un viajero que se extraviaba o pasaba por alto una de las pocas
fuentes que había a la vera de su ruta, fácilmente podía encontrarse en serias
dificultades (ver com. Gén. 21: 14).
Pero aquí Jesús hablaba del hambre y de la sed del alma (Sal. 42: 1-2). Sólo
los que anhelan justicia con la apremiante ansiedad del que se muere por falta
de alimento o de agua, la encontrarán. Ningún recurso terrenal puede
satisfacer el hambre y la sed del alma. No son suficientes ni riquezas
materiales, ni profundas filosofías, ni la satisfacción de los apetitos
físicos, ni el honor, ni el poder. Después de probar todas esas cosas, Salomón
llegó a la conclusión de que "todo es vanidad" (Ecl. 1: 2, 14; 3: 19; 11: 8;
12: 8; cf. 2: 1, 15, 19; etc.). Nada produce la satisfacción y la felicidad que
el corazón humano anhela. La conclusión del sabio fue que reconocer al Creador
y cooperar con él proporcionan la única satisfacción duradera (Ecl. 12: 1, 13).
Unos seis u ocho meses después del Sermón del Monte (ver diagrama p. 221) Jesús
pronunció otro gran discurso, esta vez acerca del Pan de Vida (Juan 6: 26-59),
en el cual presentó más plenamente el principio que aquí se expone en forma
sucinta. Jesús mismo es el "pan" del cual los hombres deben tener hambre, y
participando de ese "pan" pueden mantener la vida espiritual y satisfacer el
hambre de su alma (Juan 6: 35, 48, 58). Se invita bondadosamente a los que
tienen hambre y sed que vayan al Proveedor celestial y reciban alimento y
bebida "sin dinero y sin precio" (Isa. 55: 1-2). El hecho de que el corazón
anhele justicia demuestra que Cristo ya ha comenzado allí su obra (DMJ 2l).
Justicia.
Gr. dikaiosún', de la raíz dík', "costumbre", "uso", y por lo tanto, lo
"correcto" según la costumbre. En el NT se emplea la palabra con el sentido de
lo "correcto" según lo determinan los principios del reino del cielo. El
vocablo dikaiosún' aparece en 87 versículos en el NT, y en la RVR se traduce
todas las veces como "justicia" salvo en dos casos (1 Cor. 1: 30; 2 Cor. 3: 9).
Entre los griegos, la "justicia" consistía en la conformidad con las
costumbres aceptadas. Para los judíos en esencia era conformarse con los
requerimientos de la ley tal como la interpretaba la tradición judía (Gál. 2:
16-21). Pero para los seguidores de Cristo, la "justicia" tenía un sentido más
amplio. En vez de establecer su propia justicia, los cristianos debían
someterse a "la justicia de Dios" (Rom. 10: 3). Buscaban la justicia "que es
por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe" (Fil. 3: 9).
La justicia de Cristo es tanto imputada como impartida. La justicia imputada
produce justificación; pero el alma justificada crece en la gracia. Por medio
del poder de Cristo que vive en el alma, el cristiano conforma su vida con los
requisitos de la ley moral tal como fue expuesta por precepto y ejemplo por
Jesús. Esta es la justicia impartida (PVGM 251-253). Esto es lo que Cristo
quería decir cuando animó a sus oyentes a que pensaran en ser "perfectos" así
como su Padre celestial es perfecto (ver com. Mat. 5: 48). Pablo dice que la
vida perfecta de Jesús ha hecho que sea posible que "La justicia de la ley se
cumpliese en nosotros, 318 que no andamos conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu" (Rom. 8: 4).
7.
Los misericordiosos.
Gr. ele'mÇn, "piadoso", "misericordioso", "compasivo". En Heb. 2:17 se dice
que Cristo es "misericordioso [ele'mÇn] y fiel sumo sacerdote". La
misericordia de la cual habla Cristo aquí es una virtud activa que se proyecta
hacia los seres humanos. Tiene poco valor mientras no se convierta en obras de
misericordia. En Mat. 25: 31-46 se presentan las obras de misericordia como el
elemento decisivo para la admisión en el reino de la gloria. Santiago incluye
los actos de misericordia en su definición de la "religión pura" (Sant. 1: 27).
Miqueas (cap. 6: 8) resume la obligación del hombre para con Dios y sus
prójimos: "hacer, justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios".
Notar que Miqueas, al igual que Cristo, menciona tanto la humildad ante Dios
como la misericordia para con los hombres. Estos dos procederes pueden
compararse con los dos mandamientos, de los cuales "depende toda la ley y los
profetas" (Mat. 22: 40).
Alcanzarán misericordia.
Esto ocurrirá tanto ahora como en el día del juicio, tanto de parte de los
hombres como de Dios. El principio de la regla de oro (cap. 7: 12) se aplica
tanto a nuestro trato con otros como al trato que los demás nos brindan en
respuesta. La persona cruel, de corazón duro y espíritu desconsiderado, rara
vez recibe un trato bondadoso y misericordioso de parte de su prójimo. Pero
muchas veces los que son bondadosos y considerados con las necesidades y los
sentimientos ajenos, encuentran que el mundo les paga con la misma moneda.
8.
Los de limpio corazón.
La palabra que aquí se traduce como "corazón" se refiere al intelecto
(cap. 13: 15), la conciencia (1 Juan 3: 20), el hombre interior (1 Ped. 3: 4).
La pureza de corazón, en el sentido que le dio Cristo, comprende mucho más que
la pureza sexual (DMJ 29); incluye todos los rasgos de carácter deseables y
excluye todos los indeseables. El ser de "limpio corazón" equivale a estar
revestido con el manto de justicia de Cristo (ver com. Mat. 22: 11-12), el
"lino fino" del cual están ataviados los santos (Apoc. 19: 8; cf. cap. 3:
18-19), es decir, la perfección del carácter.
Jesús no estaba hablando de la limpieza ceremonial (Mat. 15: 18-20; 23: 25),
sino de la limpieza interior del corazón. Si los motivos son puros, la vida
también lo será.
Los de corazón limpio han abandonado el pecado como principio gobernante de la
vida, y su existencia está enteramente consagrada a Dios (Rom. 6: 14-16; 8:
14-17). El tener "limpio corazón" no significa que la persona no tenga ningún
pecado, pero sí significa que sus motivos son correctos, que por la gracia de
Cristo se ha apartado de sus errores pasados y que prosigue hacia la meta de
perfección en Cristo Jesús (Fil. 3: 13-15).
Verán a Dios.
Cristo pone énfasis en el reino de la gracia divina en los corazones humanos en
esta era presente, pero sin olvidar el reino eterno de gloria en el mundo
futuro (ver com. vers. 3). Por lo tanto, es claro que las palabras "verán a
Dios" se refieren tanto a la visión espiritual como a la física. Quienes
sienten su necesidad espiritual, entran en el "reino de los cielos" (vers. 3)
ahora; los que lloran por el pecado (vers. 4) son consolados ahora; quienes son
mansos de corazón (vers. 5) reciben su derecho de poseer la tierra nueva ahora;
los que tienen hambre y sed de la justicia de Jesucristo (vers. 6) son saciados
ahora; los misericordiosos (vers. 7) logran miericordia ahora. Del mismo modo,
los de limpio corazón tienen el privilegio de ver a Dios ahora, con los ojos de
la fe; y finalmente, en el glorioso reino, tendrán el privilegio de verlo cara
a cara (1 Juan 3: 2; Apoc. 22: 4). Además, sólo los que logren desarrollar la
visión celestial en este mundo presente, tendrán el privilegio de ver a Dios en
el mundo venidero.
Así como ocurre con los narcóticos y las bebidas embriagantes, el primer efecto
del pecado es nublar las facultades superiores de la mente y del alma. Sólo
después que la serpiente hubo seducido a Eva haciendo que viera con los ojos
del alma que "el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y
árbol codiciable para alcanzar la sabiduría", fue cuando ella "tomó de su
fruto, y comió" (Gén. 3: 6). Cuando la serpiente dijo "serán abiertos vuestros
ojos", se refería a una visión simbólica, porque como resultado de que sus
"ojos" fueron "abiertos", conocieron el bien y el mal (Gén. 3: 5). El diablo
ciega en primer lugar a los hombres persuadiéndolos a que crean que la
experiencia con el pecado les dará una visión más clara. Sin embargo, el
pecado lleva a una ceguera mayor. El pecador "tiene ojos y no ve" (Jer. 5: 21;
cf. Isa. 6: 10; Eze. 12: 2).
Sólo aquellos cuyo corazón es limpio y sincero "verán a Dios". Si el "ojo es
bueno", toda 319 la vida estará llena de "luz" (Mat. 6: 22-23). Muchos
cristianos sufren de estrabísmo espiritual por intentar tener un ojo fijo en la
Canaán celestial y el otro en los "deleites temporales del pecado" (Heb. 11:
25) y las "ollas de carne" de Egipto (Exo. 16: 3). Nuestra única seguridad
está en vivir según los principios y colocar a Dios en primer lugar en nuestra
vida. Quienes hoy vean que las cosas de este mundo son "deseables" y cuya
atención está fija en las relucientes baratijas de la tierra que Satanás les
muestra, nunca considerarán como de mayor valor el obedecer a Dios. Si
queremos ver a Dios, debemos mantener limpia la ventana del alma.
9.
Los pacificadores.
El sustantivo griego eir'nopoiós se deriva de dos palabras: eir'ln', "paz", y
poiéÇ, "hacer". Cristo se refiere aquí especialmente a inducir a los hombres a
que estén en armonía con Dios (DTG 269-271; DMJ 27). "La mente carnal es
enemistad contra Dios" (Rom. 8: 7). Pero Cristo, el mayor de los
pacificadores, vino para mostrar a los hombres que Dios no es su enemigo (DMJ
25-26). Cristo es el "Príncipe de paz" (Isa. 9: 6-7; cf. Miq. 5: 5). Fue el
mensajero de paz de Dios ante el hombre,"justificados, pues, por la fe, tenemos
paz para con Dios" por medio de Jesús (Rom. 5: 1). Cuando Jesús hubo cumplido
con la tarea que le fue asignada y volvió al Padre, pudo decir: "La paz os
dejo, mi paz os doy" (Juan 14: 27; cf. 2 Tes. 3: 16).
A fin de apreciar lo que Cristo quería decir al hablar de "pacificadores", es
útil considerar el sentido de la palabra "paz" en el pensamiento semítico y en
su forma de hablar. El equivalente hebreo de la palabra griega eir'n' es
shalom, que significa "salud", "bienestar", "entereza", "prosperidad", "paz".
En vista de que Cristo y la gente común empleaban el arameo, idioma muy
parecido al hebreo, es muy posible que Cristo empleó esta palabra con sus
acepciones semíticas. Los cristianos han de estar en paz los unos con los
otros (1 Tes. 5: 13) y deben seguir "la paz con todos" (Heb. 12: 14). Han de
orar por la paz, trabajar por la paz e interesarse en forma constructiva en las
actividades que contribuyan a la paz de la sociedad.
Hijos de Dios.
Los judíos se consideraban "hijos de Dios" (Deut. 14: 1; Ose. 1: 10; etc.),
concepto que también comparten los cristianos (1 Juan 3: 1). El ser hijo de
Dios significa parecerse a él en carácter (1 Juan 3: 2; cf Juan 8: 44). Los
"pacificadores" son "hijos de Dios" porque ellos mismos están en paz con Dios,
y están dedicados a la tarea de inducir a sus prójimos a que estén en paz con
él.
10.
Padecen persecución.
Aquí Cristo se refiere en primer lugar a la persecución sufrida en el proceso
de abandonar el mundo y volverse a Dios. Desde la entrada del pecado, ha
existido "enemistad" entre Cristo y Satanás, entre el reino de los cielos y el
reino de este mundo, y entre los que sirven a Dios y los que sirven a Satanás
(Gén. 3: 15; Apoc. 12: 7-17). Este conflicto ha de continuar hasta que "los
reinos del mundo" vengan "a ser de nuestro Señor y de su Cristo" (Apoc. 11: 15;
cf. Dan. 2: 44; 7: 27). Pablo advirtió a los creyentes que "a través de muchas
tribulaciones" habrían de entrar "en el reino de Dios" (Hech. 14: 22). Los
ciudadanos del reino celestial pueden esperar tribulaciones en este mundo (Juan
16: 33), porque su carácter, sus ideales, sus aspiraciones y su conducta dan un
testimonio unánime y silencioso contra la impiedad de este mundo (cf. 1 Juan 3:
12). Los enemigos del reino celestial persiguieron a Cristo, el Rey, y se ha
de esperar que persigan a sus súbditos leales (Juan 15: 20). "Y también todos
los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución" (2
Tim. 3: 12).
De ellos es el reino de los cielos.
En el vers. 3 se hace la misma promesa a quienes sienten su necesidad
espiritual. "Si sufrimos, también reinaremos con él" (2 Tim. 2: 12; cf. Dan.
7: 18, 27). Quienes más sufren por Cristo son los que mejor pueden apreciar
cuánto sufrió él por ellos. Es apropiado que en la primera bienaventuranza y
en la última esté la seguridad de que esas personas serán súbditos del reino.
Los que cumplan con las ocho condiciones aquí enumeradas para ser ciudadanos,
son dignos de un lugar en el reino.
11.
Os vituperen.
Gr. oneidízÇ, "injuriar", "calumniar", "insultar". También ver com. Luc. 6:
22. Los vers. 11 y 12 no constituyen otra bienaventuranza. Se trata
sencillamente de una explicación de las formas en que puede manifestarse la
persecución.
Por mi causa.
Los cristianos sufren por el nombre que llevan, el de Cristo. En todas las
épocas, al igual que en tiempos de la iglesia primitiva, los que verdaderamente
aman a su Señor se han regocijado por haber sido considerados "dignos de
padecer afrenta por causa del Nombre" (Hech. 5: 41; cf. 1 Ped. 2:19-23; 3: 14;
4: 14). 320 Cristo advirtió que los que quisieran ser sus discípulos serían
"aborrecidos de todos por causa de" su "nombre" (Mat. 10: 22); pero añadió en
seguida que cualquiera que perdiere "su vida" por causa de él, la hallaría
(cap. 10: 39). Los cristianos deben estar listos para padecer por él (Fil. 1:
29).
12.
Gozaos.
El cristiano debe gozarse, sin importarle lo que la vida le ofrezca (Fil. 4:
4), pues sabe que Dios hace que todas las cosas le ayuden a bien (Rom. 8: 28).
Esto es especialmente cierto en relación con la tentación o la prueba (Sant. 1:
2-4), porque el sufrimiento desarrolla la paciencia y otras características
imprescindibles para los ciudadanos del reino celestial.
Vuestro galardón es grande.
Ver com. Luc. 6: 24-26. Para el cristiano maduro, el concepto del galardón no
es el más importante de todos (PVGM 328). No obedece las reglas sólo con el
propósito de entrar en el cielo. Obedece porque encuentra que la cooperación
con su Creador es la meta suprema y el gozo de su existencia. El sacrificio
puede ser grande, pero la recompensa también es grande. Cuando el Hijo del
hombre venga en gloria "pagará a cada uno conforme a sus obras" (Mat. 16: 27;
cf. Apoc. 22: 12).
Los profetas.
Se refiere a profetas como Elías, perseguido por Acab y Jezabel (1 Rey 18:
7-10; 19: 2), y Jeremías, perseguido por sus compatriotas (Jer. 15: 20; 17: 18;
18: 18; 20: 2; etc.). La persecución sirve para purificar la vida y eliminar la
escoria del carácter (cf. Job 23: 10).
13.
Vosotros.
En griego, el pronombre es enfático: "Vosotros mismos sois la sal de la
tierra". Es importante recordar que Jesús se estaba dirigiendo a sus
discípulos, especialmente a los doce, en su nueva condición de fundadores del
reino de su divina gracia (ver com. vers. 1-3). Había otros que estaban
escuchando, principalmente labradores y pescadores (DMJ 36), pero también había
espías enviados por los fariseos (DTG 272-273; ver com. Mar. 2:6).
Sal.
En Palestina la sal se recogía en la costa del Mediterráneo o del mar Muerto y
sus cercanías. Por la forma en que se la recogía, quedaba bastante impura. Al
humedecerse la sal, por ser muy soluble en el agua se desvanecía y sólo
quedaban las impurezas que eran insípidas.
La idea básica en la comparación de los ciudadanos del reino con la sal es que
ella sirve para preservar (cf. DMJ 33). Antes de que hubiera refrigeración u
otros métodos modernos para conservar los alimentos, para ese fin se empleaban
mucho la sal y las especias. En la antigua Palestina se usaba sal casi
exclusivamente para ese propósito y para sazonar la comida (Job 6: 6). Del
mismo modo, el cristiano, al convertirse en instrumento para la salvación de
otros por medio de la difusión del Evangelio, ejerce una influencia
preservadora y purificadora en el mundo. Los discípulos habían de reconocer
que la salvación de sus prójimos era su primera responsabilidad. No debían
retirarse de la sociedad por causa de una persecución (Mat. 5: 10-12) ni por
otras razones, sino habían de permanecer en estrecha relación con sus prójimos.
En su presentación del Sermón del Monte, Lucas no incluye el contenido de Mat.
5: 13-16, aunque cita una declaración similar de Cristo, pronunciada en otra
ocasión (Luc. 14: 34-35). Marcos también registra en un pasaje similar las
palabras pronunciadas sólo a los discípulos en otras circunstancias (Mar. 9:
50), y aplicadas particularmente a la característica de llevarse bien
mutuamente. El hecho de que se le atribuyan a Jesús los mismos dichos, o
dichos similares, en diferentes momentos de su ministerio, ha inducido a
algunos a pensar que los evangelistas han atribuido esos dichos a ciertas
ocasiones de la vida de Cristo en forma descuidada y arbitraria, sin considerar
cuándo Jesús hizo realmente esas afirmaciones. Esta conclusión se basa en la
idea un tanto ingenua de que Jesús expresó una determinada idea sólo una vez
durante su ministerio. Sin embargo, no hay una razón valedera para suponer que
Jesús no habría repetido sus palabras, parcial o totalmente, en varios
momentos, frente a diferentes públicos y aun ante aproximadamente las mismas
personas.
Se desvaneciere.
Es decir, se vuelve insípida. Sería tan ilógico que el cristiano perdiese sus
características esenciales y todavía fuera cristiano, como que la sal perdiera
su sabor y todavía se la considerara como sal y se la empleara como tal. Si
los cristianos lo son sólo de nombre, su ciudadanía nominal en el reino de los
cielos se convierte en una farsa. No son cristianos si no reflejan el carácter
de Cristo, no importa cuál sea su profesión.
Salada.
Es decir, ¿cómo se restaurarían sus características esenciales de sal que le
dan 321
PALESTINA BAJO HERODES EL GRANDE
utilidad? Cuando de la vida de un profeso cristiano desaparecen el amor, el
poder y la justicia de Cristo, no hay otra fuente de la cual pueda obtener lo
que le falta. Un cristiano nominal no puede compartir con otros lo que él
mismo no posee. En el antiguo rito ceremonial, se añadía sal a todos los
sacrificios (Lev. 2: 13; Eze. 43: 24; Mar. 9: 49); sin sal no eran aceptables.
En este caso la sal simbolizaba la justicia de Cristo (DTG 406-407). A fin de
que nuestras vidas sean un "sacrificio vivo, santo, agradable a Dios" (Rom. 12:
1), deben ser preservadas y sazonadas con la perfecta justicia de Jesucristo
(Gál. 2: 20).
No sirve más para nada.
Un cristiano cuya vida ha perdido la gracia y el poder de Cristo, como
cristiano "no sirve más para nada". Aún más, se convierte en un verdadero
perjuicio para la causa del reino porque vive una vida que tergiversa los
principios del reino.
Hollada por los hombres.
Desde donde la multitud estaba sentada podía ver las líneas blancas de sal,
echada allí porque había perdido su valor (DMJ 33-34).
14.
Vosotros.
En griego el pronombre es enfático: "Vosotros mismos sois la luz del mundo".
Luz.
La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina (ver com. Gén. 1: 3;
3: 24). Juan dijo que, Jesús era "la luz de los hombres" que brillaba en las
tinieblas de este mundo (cap. 1: 4-9). Hacia el fin de su ministerio, Jesús se
llamó a sí mismo la "luz del mundo" (ver com. Juan 8: 12; 9: 5). Si un
cristiano es fiel a su misión una vez que ha aceptado a Jesús como luz del
mundo, se convierte en reflector de esa luz. En las profecías mesiánicas,
Jesús aparece como "gran luz" (Isa. 9: 2) y como "Sol de justicia" (Mal. 4: 2;
ver com. Luc. 1: 79). Cuando la verdadera Luz ilumina a los hombres, se los
exhorta a levantarse y resplandecer (Isa. 60: 1-3). Se representa a los que
aman y sirven al Señor como si fueran el "sol" (ver com. Juec. 5: 31), tanto
aquí como en el más allá (Mat. 13: 43). Era aún de mañana cuando Cristo habló
(DMJ 35), y el sol ascendía hacia el cenit (cf. Sal. 19: 4-6). Así también
los doce -como todos los futuros ciudadanos del reino- habían de permitir que
su luz iluminara el mundo disipando las tinieblas del pecado y de la ignorancia
acerca de la voluntad y los caminos de Dios (ver com. Juan 1: 4, 7, 9).
Mundo.
Gr. kósmos (ver com. cap. 4: 8).
Asentada sobre un monte.
Las antiguas ciudades de Palestina solían estar ubicadas en cerros. Esto lo
demuestran las ruinas que se encuentran hoy. Una ciudad ubicada en un monte se
vería desde una gran distancia. Desde el lugar donde Cristo y la multitud
estaban sentados, se veían muchas aldeas y ciudades en los cerros vecinos (DMJ
36).
15.
Luz.
Mejor, "lámpara" (BJ). Gr. lujnós. Las antiguas lámparas consistían en un
recipiente de arcilla o de metal, muchas veces en forma de platillo. La mecha
flotaba en el aceite y la parte encendida descansaba en el borde del plato o
salía por un orificio especial. En Mar. 4: 21 y Luc. 8: 16; 11: 33 aparece
también este artefacto común.
Un almud.
Gr. módios, medida para áridos de aproximadamente 8,75 lt. Con frecuencia se
usaba para guardar harina. Comúnmente se hacía este recipiente de barro cocido.
Como nación, los judíos estaban ocultando efectivamente su luz (cf. Isa. 60:
1) bajo "un almud". Jesús destacó que la luz que les había sido encomendada
pertenecía a todos los hombres (ver t. IV, pp. 30-32).
Candelero.
Gr. lujnía. En las casas humildes el candelero era por lo general un soporte
de barro cocido; en otros casos, se ponía la lámpara sobre un estante en la
pared o en el poste central de piedra o de madera, que servía para sostener el
techo (Exo. 25: 31; Heb. 9: 2; Apoc. 1: 12; 11: 4; etc.).
Alumbra a todos.
Todos los miembros de una familia pueden aprovechar la luz si se la coloca en
su debido lugar, en el candelero. Del mismo modo, Dios deseaba que toda la
familia humana se beneficiara con la luz de la verdad que Dios había confiado a
los descendientes de Abrahán (Gén. 12: 3; Deut. 4: 6; Isa. 60: 1-3; etc.; ver
t. IV, pp. 30-32). Comparar esto con la "lámpara" usada para hallar la moneda
perdida (ver com. Luc. 15: 8).
16.
Así alumbre.
La luz de la verdad proviene del cielo (Juan 1: 4), pero cuando ilumina
nuestras vidas, se convierte en nuestra luz (Isa. 60: 1-3; Efe. 5: 14). Los
doce, tan recientemente designados, fueron los primeros portaluces cristianos.
La eficacia con que los discípulos llegaron a reflejar la luz de la verdad y el
amor de Dios se hizo evidente aun para sus más acerbos enemigos, quienes
"reconocían que habían estado con Jesús" (Hech. 4: 13). Jesús era quien había
diseminado la luz del cielo por el mundo (Juan 1: 4). Los dirigentes judíos no
podrían haber expresado un mayor elogio a los discípulos, ni 322 haberles
brindado un reconocimiento mayor de la eficacia de la misión de Cristo. El
encendió una luz en el corazón de los hombres que nunca se habría de extinguir.
Vean vuestras buenas obras.
La lámpara se aprecia por la claridad y la intensidad de la luz que brinda. El
aceite de la lámpara colocada sobre el candelero no es necesariamente visible
para quienes están en la habitación, pero el hecho de que la lámpara da luz
demuestra que hay aceite en la lámpara.
Glorifiquen a vuestro Padre.
Satanás siempre ha procurado dar una falsa impresión del Padre. Cristo vino a
disipar las tinieblas y a revelar al Padre. Cristo encomendó esta misma obra a
sus discípulos. La luz brilla no tanto para que los hombres vean la luz, sino
para que gracias a la luz puedan ver otras cosas. Nuestra luz debe brillar no
para que los hombres sean atraídos a nosotros, sino para que sean atraídos a
Cristo, quien es la luz de la vida, y a las cosas que son dignas de verse (Mat.
6: 31-34; Juan 6: 27; cf. Isa. 55: 1-2).
Aquí por primera vez Mateo llama "Padre" a Dios; en adelante lo hace repetidas
veces (cap. 5: 45, 48; 6: 1, 9; etc.). El concepto de Dios como Padre y de los
hombres como hijos suyos aparece a menudo en el AT (Deut. 32: 6; Isa. 63: 16;
64: 8; Jer. 3: 4; etc.). Pero Cristo dio un nuevo significado a la relación
entre padre e hijo (PVGM 106-107). En la literatura judía, Dios aparece muchas
veces como "Padre" celestial.
17.
No penséis.
Como ocurrió en casi todas las ocasiones durante los dos últimos años de su
ministerio (ver com. Mar. 2: 6; Luc. 6: 11), estaban presentes espías que
tenían la tarea de averiguar e informar acerca de las actividades de Jesús.
Mientras él hablaba, ellos murmuraban entre los que allí estaban, que Jesús
daba poca importancia a la ley (DTG 272-273; DMJ 44). Pero, como en muchas
otras ocasiones (ver com. Mar. 2: 8; Luc. 4: 23; 6: 8), Jesús leyó lo que
pensaban (DTG 273) y respondió a las objeciones que habían suscitado, dando así
una evidencia de su divinidad.
He venido.
Jesús se refiere aquí a su venida procedente del Padre (Juan 16: 28) al mundo
(cap. 18: 37).
Abrogar.
Gr. katalúÇ, "desatar", "deshacer", como se desarma una tienda. Significa
"abrogar", "dejar sin validez", "anular", "abolir". Cristo había proclamado la
ley en el monte Sinaí. ¿Por qué habría ahora de anularla? (PP 381-382; ver com.
cap. 23: 23).
La ley.
Gr. nómos, (ver com. Rom. 3: 19), que aquí equivale al Heb. torah, que
comprende toda la voluntad revelada de Dios (ver com. Sal. 119: 1, 33; Prov.
3: 1). La expresión "la ley y los profetas" representa la división de las
Escrituras del AT en dos partes (Mat. 7: 12; 11: 13; 22: 40; Luc. 16: 16; Juan
1: 45; Rom. 3: 21). Esta clasificación se encuentra también en la antigua
literatura judía (ver 4 Mac. 18: 10). Sin embargo, la división más común entre
los judíos era la triple división: la ley, los profetas y los salmos (Luc. 24:
44), o, según el título de la Biblia hebrea, "Ley, Profetas y Escritos". El
contexto indica que con toda probabilidad Jesús se estaba refiriendo en primera
instancia a la ley moral y a los estatutos civiles contenidos en los libros de
Moisés y confirmados por los profetas (DTG 273; DMJ 43). En Mat. 5: 21-47
Jesús elige ciertos preceptos de los Diez Mandamientos (vers. 21, 27) y de las
leyes de Moisés (vers. 33, 38, 43), y presenta el contraste entre su
interpretación y la de los escribas, expositores oficiales y maestros de la ley
(ver p. 57; com. Mar. 1: 22; 2: 6, 16; Luc. 5: 17).
Cristo muestra claramente que no era él sino ellos quienes destruían la ley,
invalidándola con su tradición (Mat. 15: 3, 6). Es probable que las
ilustraciones tomadas de la ley (cap. 5: 21-47) representen sólo una parte de
lo que Cristo dijo en esa oportunidad (ver com. vers. 2). Su discurso pudo
haber sido mucho más amplio. Cuando afirmó que había venido a cumplir la ley y
los profetas, también pudo haber hecho notar que en él se cumplían los símbolos
de la ley ritual que se referían a él, y que en él se cumplían todas las
predicciones mesiánicas de todas las Escrituras (Luc. 24: 44). No había venido
a abrogar ninguna parte de las Escrituras que él mismo había dado (1 Ped. 1:
11; PP 381-382), y que testificaban de él (Juan 5: 39; cf. Luc. 4: 21).
El punto básico de desacuerdo entre Jesús y los escribas tenía que ver con las
tradiciones mediante las cuales ellos interpretaban la santa ley de Dios (ver
p. 57; com. Mar. 1: 22, 44; 2: 19, 24; 7: 1-14; Luc. 6: 9). Desde la niñez
Jesús había actuado sin tomar en cuenta esas leyes rabínicas que no tenían su
base en el AT (DTG 64). Lo que ahora ponía de lado era la falsa interpretación
que los escribas habían dado a la ley (DTG 273), y no la ley en sí. 323
Cumplir.
Gr. pl'róÇ, "completar", "llenar". En el Sermón del Monte el Autor de la ley
dejó en claro el verdadero significado de sus preceptos, y la manera en que sus
principios habían de expresarse en el pensamiento y en la vida de los
ciudadanos del reino que había venido a establecer (ver com. Isa. 59: 7). El
mismo gran Dador de la ley reafirmó los pronunciamientos del Sinaí, diciendo
que estaban en vigencia para los que quisieran ser sus súbditos, y anunció que
cualquiera que se atreviera a anularlos, ya fuera por precepto o por ejemplo,
de ningún modo entraría en el "reino de los cielos" (Mat. 5: 20).
La afirmación de que al cumplir la ley moral Cristo la abrogó no armoniza con
el contexto de la declaración del Maestro. Tal interpretación niega el sentido
que evidentemente Jesús quiso transmitir. Según esa interpretación
contradictoria, Cristo habría dicho que no había venido a destruir la ley, sino
que al cumplirla la abrogaba. Esa interpretación pasa por alto la clara
antítesis que hay en la palabra allá- "sino", "pero"- y hace que las dos ideas
sean virtualmente sinónimos. Al cumplir la ley, Cristo tan sólo le dio un
sentido más amplio, dando a los hombres un ejemplo de perfecta obediencia a la
voluntad de Dios a fin de que la misma ley "se cumpliese [pl'róÇ] en nosotros"
(Rom. 8: 3-4).
18.
De cierto.
Gr. Amén, del Heb. 'amen, "firme", "establecido", "seguro". Según el sentido
del hebreo, el 'amen significa una respuesta confirmatorio y enfática a lo que
dice otra persona (Núm. 5: 22; Deut. 27: 15-16; etc.). Se le da el mismo
sentido en el NT(1 Cor. 14: 16). Se emplea el amén con frecuencia en el NT al
final de una doxología (Rom. 1: 25; Gál. 1: 5; etc.). Pero es peculiar de Jesús
la forma en que usa el amén para confirmar lo que él mismo dice y para darle
más énfasis. El comienza muchas de sus expresiones diciendo: "De cierto os
digo" (Mat. 6: 2, 5, 16; etc.), o, como aparece en el Evangelio de Juan (25
veces), "de cierto, de cierto te digo" (Juan 3: 3, 5, 11; etc.; ver com. cap.
1: 51).
Hasta que pasen el cielo y la tierra.
Comparar con Mar. 13: 31; Luc. 16: 17. Puesto que la ley es una expresión de
la voluntad de Dios, y el plan de salvación es una expresión de la misericordia
de Dios, ninguno de ellos fracasará. "La palabra del Dios nuestro es segura
para siempre" (Isa. 40: 8).
Jota.
Gr. iÇta, la novena letra del alfabeto griego, que corresponde con la letra
hebrea yod (ver p. 16), la más pequeña del alfabeto hebreo.
Ni una.
La construcción griega tiene un negativo sumamente enfático. Un cambio en la
ley moral es tan imposible como una transformación del carácter de Dios, quien
no puede cambiar (Mal. 3: 6). Los principios de la ley moral son tan
permanentes como Dios.
Tilde.
Gr. keráia, "cuernito", quizá el ganchito en la letra wau (w; ver p. 16) o
parte de alguna otra letra necesaria para distinguirla de tina letra similar.
Al ver el parecido entre las letras hebreas equivalentes a b y k, d y r, h y j,
en la p. 16, se comprenderá cuán importantes son los detalles diminutos de esas
letras. Los judíos tenían por tradición que si todos los habitantes de la
tierra intentaran abolir la más pequeña letra de la ley, no podrían tener
éxito. Razonaban que hacerlo significaría una falta tan grande que el mundo
sería destruido.
Se haya cumplido.
Gr. gínomai, "llegar a ser", "ocurrir", "establecerse". Dios no modificará ni
cambiará su voluntad ya expresada (ver com. vers. 17). Su "palabra" cumplirá
los benéficos propósitos divinos y "será prosperada" (Isa. 55: 11). No habrá
modificación de los preceptos divinos para amoldarlos con la voluntad del
hombre.
19.
Quebrante.
Gr. lúÇ, "desatar" (ver cap. 18: 18); al referirse a mandamientos significa
"quebrantar", "anular", "rescindir". KatalúÇ, "destruir" (cap. 5: 17), es una
forma más enfática del mismo vocablo. Al emplear la forma verbal más débil,
lúÇ, Cristo pudo haber querido mostrar que aun por una leve transgresión de los
mandamientos se justifica que alguien sea llamado "muy pequeño" en el reino.
Estos mandamientos muy pequeños.
Los escribas (ver p. 57) habían ordenado minuciosamente en una escala de
importancia relativa todos los preceptos de la ley de Dios, las leyes de Moisés
-tanto civiles como ceremoniales- y sus propios reglamentos, suponiendo que si
un mandamiento menos importante contradecía a uno más importante, éste anulaba
el primero. Por medio de ese legalismo minucioso era posible inventar maneras
para eludir los más claros requisitos de la ley de Dios. Pueden encontrarse
ilustraciones de la aplicación de este principio en Mat. 23: 4, 14, 17-19,
23-24; Mar. 7: 7-13; Juan 7: 23. Se consideraba que era una prerrogativa de los
rabinos declarar que ciertas acciones eran permitidas, y otras, prohibidas.
Jesús planteó 324 claramente que, lejos de liberar a los hombres del
cumplimiento de los mandamientos de la ley moral, era aún más estricto que los
expositores oficiales de la ley -los escribas y rabinos- porque no permitía en
ningún momento excepciones. Todos los mandamientos eran igual y
permanentemente obligatorios.
Así enseñe.
Comparar esto con el ejemplo de Jeroboam, "el cual pecó y ha hecho pecar a
Israel" (1 Rey. 14: 16).
Muy pequeño será llamado.
Es decir, será considerado como el menos digno. Cristo no insinuó de ningún
modo que el que quebrantaba los mandamientos y enseñaba a otros a hacerlo iría
al cielo. Aquí afirma claramente cuál sería el proceder que habría en el reino
para con los transgresores, es decir, la forma en que se justipreciarían sus
caracteres. Esto se aclara en el vers. 20, donde los "escribas y fariseos" que
quebrantaban los mandamientos y enseñaban a otros la forma de hacer lo mismo,
quedan terminantemente excluidos del reino.
20.
Vuestra justicia.
Debe recordarse que Cristo se estaba dirigiendo al recién constituido círculo
íntimo de discípulos -los doce en especial- y a todos los otros que eran
ciudadanos futuros del reino recién establecido (ver com. vers. 1). Cristo
expone aquí en lenguaje inconfundible la excelsa norma que debían alcanzar esos
ciudadanos.
Fuere mayor.
La "justicia" de los ciudadanos del reino de los cielos debe sobrepasar a la de
los escribas -expositores oficiales de la ley- y de los fariseos, que se
jactaban de ser más piadosos que los demás (ver p. 53). Era como si en una
competencia atlética, los discípulos -tan sólo aficionados- fueran obligados a
medirse con profesionales y campeones, y se les dijera que lo menos que debían
hacer era superar a esos campeones.
La de los escribas y fariseos.
Con referencia a los "escribas y fariseos" ver pp. 53-54, 57. La justicia de
los escribas y fariseos consistía en prestar una obediencia externa a la letra
de la ley. Cristo quería que se comprendieran los principios en los cuales se
basa la ley y que se viviera de acuerdo con ellos. Así como lo hacen algunos
modernos maestros de religión, los escribas excusaban las debilidades de la
naturaleza humana, empequeñeciendo así la seriedad del pecado. De esa manera
hacían que fuera fácil desobedecer a Dios y animaban a los hombres a hacerlo
(cf. CS 628). El rabí Akiba (m. 135 d. C.) afirmaba que el hombre ha de ser
juzgado por la mayoría de sus hechos; es decir, si sus buenas acciones exceden
a sus malas acciones, Dios lo declarará justo (Mishnah Aboth 3. 16). A fin de
compensar las malas acciones, los escritos rabínicos prescribían un sistema de
justicia por obras, por medio del cual una persona podía ganar suficientes
méritos para superar el balance desfavorable en su contra. Muchos fariseos
creían que su sistema de justicia por obras era un pasaporte seguro para el
cielo; con ese fin eran fariseos. En este pasaje, Jesús presenta la ineficacia
del sistema legalista para conseguir que los hombres siquiera pasen el umbral
del reino. Los esfuerzos por obtener justicia mediante actos formales o hechos
considerados como meritorios, carecen en absoluto de valor (Rom. 9: 31-33).
No.
El griego emplea el doble negativo ou m', su forma más enfática, equivalente a
"nunca jamás".
21.
Oísteis.
Jesús procede ahora a presentar ejemplos específicos de su interpretación de la
ley Como Autor de ella, es su único verdadero Expositor. Poniendo de lado la
casuística rabínica, Jesús restauró la verdad a su hermosura y lustre
originales. La expresión "oísteis" implica que la mayoría de los oyentes en
esta ocasión no habían leído ellos mismos la ley. Esto era de esperarse,
porque la mayoría de ellos eran rudos labradores y pescadores (DMJ 36). Cuando
conversó más tarde con los eruditos sacerdotes y ancianos, Jesús preguntó: "¿
Nunca leísteis en las Escrituras?" (cap. 21: 42). Sin embargo, ese mismo día
un grupo de gente del común del pueblo, dentro del atrio del templo, se dirigió
a Jesús diciendo: "Nosotros hemos oído de la ley" (Juan 12: 34).
Fue dicho.
Al citar a antiguos expositores de la ley, los rabinos con frecuencia
presentaban lo que esos eruditos habían dicho, con las palabras que Jesús
emplea aquí. En los escritos rabínicos estas palabras se usan también para
presentar citas del AT.
No matarás.
El sexto mandamiento del Decálogo (ver com. Exo. 20: 13).
Será culpable de juicio.
Es decir, "será reo ante el tribunal" (BJ). En casos de homicidio no
premeditado, diferente de un asesinato, la ley protegía al homicida (ver com.
Núm. 35: 6; Deut. 19: 3). Por supuesto, aquí se hace referencia a un
derramaniento intencional 325 de sangre, a un fallo de culpabilidad y al
castigo de parte de las autoridades establecidas.
22.
Pero yo os digo.
Los rabinos citaban las tradiciones como autoridad en la cual basaban su
interpretación de la ley. Cristo habló por su propia autoridad, y este hecho
distinguía su enseñanza de la de los rabinos, lo que el pueblo observó sin
demora (ver Mat. 7: 29; com. Luc. 4: 22). La expresión "pero yo os digo"
aparece seis veces en Mat. 5 (vers. 22, 28, 32, 34, 39, 44). Cristo demostró
que sus demandas iban mucho más allá de la mera letra de la ley, y que incluían
el espíritu que habría de impartir vida y significado a lo que de otro modo no
era sino forma. Presentó seis ejemplos específicos a fin de dejar en claro la
distinción entre los hechos visibles y los móviles que llevan a realizar esas
reacciones. Este contraste, que recorre como una hebra de oro el Sermón del
Monte, hace que el discurso sea la declaración suprema de la filosofía
cristiana de la vida. la máxima exposición de ética de todos los tiempos.
Cristo destacó cuán abarcantes son en verdad los requerimientos de la ley e
hizo resaltar que la mera conformidad exterior con la ley de nada sirve.
Se enoje contra su hermano.
El asesinato es el resultado final del enojo. Pero una persona puede ocultar
su enojo de sus prójimos, aun de los que son el objeto de su ira. Lo más que
puede hacer un tribunal es castigar las acciones que resultan del enojo. Sólo
Dios puede llegar hasta la raíz del asunto para condenar y castigar a una
persona por causa del enojo mismo.
Juicio.
Quizá se refiera esto al veredicto de la justicia local de una ciudad o aldea,
e indica que la ira se había expresado en amenazas o acciones.
Necio.
Gr. rhaká, sin duda una transliteración del arameo reqa' (Heb. reqah), que
significa "sin valor", "estúpido". Es una vigorosa expresión despectiva. En
la literatura rabínica reqa' aparece como la exclamación de un oficial cuando
un subalterno no le ha hecho el saludo debido. El cristiano debe tratar con
respeto y ternura aun al más ignorante y degradado (DMJ 52).
Concilio.
Gr. sunédrion, palabra que aquí quizá se refiera al sanedrín local, o tribunal
de la ciudad y no el gran sanedrín de Jerusalén.
Fatuo.
Gr. mÇrós, "estúpido", "tonto". Se ha sugerido que la palabra mÇrós es la
transliteración del vocablo hebreo moreh, "contencioso", "rebelde", "contumaz",
al paso que rhaká expresa desprecio por la inteligencia de un individuo, o,
mejor dicho, por, la falta de inteligencia, mÇrós, tal como se lo emplea aquí,
parece expresar desdén por los motivos del individuo. En el primer caso se
llama "estúpido" al individuo; en el segundo, se lo denomina "bribón" o
"truhán", lo cual implica que se porta neciamente por motivos aviesos. Si
Cristo se negó a "proferir juicio de maldición" contra el diablo (Jud. 9),
nosotros deberíamos refrenarnos de hacerlo con nuestros prójimos. Hemos de
dejar con Dios la obra de juzgar y condenar a una persona por sus motivos.
Según el Talmud Kiddushin 28a, el que fuera culpable de denigrar a otro
llamándolo "esclavo", debía ser excomulgado de la sinagoga durante 30 días, y
el que llamara a otro "bastardo", debía recibir 40 latigazos.
Infierno de fuego.
Literalmente "géenna de fuego". Géenna es la transliteración de las palabras
hebreas ge' hinnom, "valle de Hinom", o ge' ben hinnom, "valle del hijo de
Hinom" (Jos.15: 8). Este valle está al sur y al oeste de Jerusalén y se
encuentra con el valle de Cedrón, inmediatamente al sur de la ciudad de David y
el estanque de Siloé (ver com. Jer. 19: 2). El impío rey Acaz (ver t. II, p.
88) parece haber iniciado en los días de Isaías la bárbara costumbre pagana de
quemar los niños, ofrendándolos a Moloc en un alto llamado Tofet, en el valle
de Hinom (2 Crón. 28: 3; cf. PR 40-41). Esos ritos abominables se describen en
com. Lev. 18: 21; Deut. 18: 10; 32: 17; 2 Rey. 16: 3; 23: 10; Jer. 7: 31.
Manasés, nieto de Acaz, restableció esa práctica (2 Crón. 33: 1, 6; cf. Jer.
32: 35). Años después, el buen rey Josías profanó ceremonialmente los altos
del valle de Hinom donde se había realizado ese atroz tipo de culto (2 Rey. 23:
10), con lo cual se acabaron esos sacrificios. Como castigo por ése y otros
males, Dios advirtió a su pueblo que el valle de Hinom un día sería el "Valle
de la Matanza" por causa de los "cuerpos muertos de este pueblo" (Jer. 7:
32-33; 19: 6; cf. Isa. 30: 33). Por eso los fuegos de Hinom se convirtieron en
un símbolo del fuego consumidor del último gran día de juicio y del castigo de
los impíos (cf. Isa. 66: 24). Según las ideas escatológicas judías, derivadas
en parte de la filosofía griega, géenna era el lugar donde se reservaban las
almas de los impíos bajo castigo hasta el día del juicio final y de las
retribuciones.
La tradición que afirma que el valle de la 326 Gehenna (forma latina del
nombre) era el lugar donde se quemaban los desperdicios, y que por lo tanto era
una figura del fuego del día final, parece haberse originado con el rabí
Kimchi, erudito judío de los siglos XII y XIII. La antigua literatura judía no
contiene nada de esto. Los rabinos más antiguos basaron la idea de la Gehenna
como un símbolo del fuego del último día en
Isa. 31:9. Ver art. "Hell" en Seventh-day Adventist Bible Dictionary.
23.
Ofrenda.
Gr. dÇron, palabra que se refiere a cualquier clase de regalos o a ofrendas
especiales. En el cap. 23: 18-19 se deja ver claramente cuál era la
importancia ritual de una ofrenda colocada sobre el altar.
Tu hermano.
Quienes escucharon este sermón sin duda entendieron que el "hermano" era un
judío. Para los cristianos, sería otro cristiano. Se entiende que la palabra
"hermano" designa a aquellos con quienes estamos estrechamente relacionados.
Pero Cristo más tarde aclaró que todos los hombres son hermanos, sin distinción
de raza ni de credo (Luc. 10: 29-37).
24.
Deja allí.
El presentar una "ofrenda" o sacrificio personal se consideraba entre los actos
religiosos más sagrados e importantes, pero aun esto debía ocupar tan lugar
secundario por las circunstancias aquí expuestas. Es posible que la "ofrenda"
que aquí se menciona fuera un sacrificio hecho con el fin de obtener el perdón
y el favor de Dios. Cristo insiste en que los hombres deben arreglar las
cuentas con sus prójimos antes de que puedan reconciliarse con Dios (cf. Mat.
6: 15; 1 Juan 4: 20). La obligación más importante tiene prioridad sobre otra
de menor importancia. La reconciliación es más importante que el sacrificio.
El vivir los principios cristianos (Gál. 2: 20) es de mucho mayor valor a la
vista de Dios que practicar las formas externas de la religión. (2 Tim. 3: 5).
Reconcíliate.
Ver com. cap. 6: 12; 18: 15-19.
25.
Ponte de acuerdo.
Gr. eunoéÇ, "tener la mente bien dispuesta [para con alguien]", verbo
relacionado con la palabra éunoos, "benévolo", "bien dispuesto", "favorable",
"amigable". El "estar de acuerdo" implica un cambio de sentimientos para con
el que fue antes adversario.
Adversario.
Gr. antídikos, "opositor", el adversario en un pleito legal. El contexto
indica que en este caso el "adversario" es el "acusador" y que la persona a
quien Cristo habla es el acusado (cf. Luc. 12: 58-59).
En el camino.
Es decir, de camino al tribunal. Jesús dijo que era preferible arreglar las
cosas sin recurrir a los tribunales.
Alguacil.
Gr. huper't's, "funcionario subordinado". Se emplea este término en el NT para
referirse a los ayudantes de la sinagoga (ver com. Luc. 4: 20), a Juan Marcos
como ayudante de Pablo y Bernabé (Hech. 13: 5), y a los ministros del Evangelio
(Luc.1: 2; Hech. 26: 16; 1 Cor. 4: 1; etc.).
26.
De cierto.
Ver com. vers. 18.
No.
El griego emplea ou m', una doble negación muy enfática.
Cuadrante.
Gr. kodránt's, latín quadrans, que aproximadamente equivalía a "dos blancas"
(cf. Mar. 12: 42).
27.
Oísteis.
Ver com. vers. 21.
No cometerás adulterio.
Cita de Exo. 20: 14 (cf. Deut. 5: 18).
28.
Pero yo os digo.
Ver com. vers. 22. Esencialmente, las enseñanzas de Jesús acerca de la
relación matrimonial y sus responsabilidades se basan en el plan original de
Dios para el hogar que aparece en Gén. 2: 21-24 (ver Mat. 19: 8), y no en la
ley mosaica (Deut. 24: 1-4). Según ese plan, el matrimonio debía satisfacer la
necesidad de compañerismo (Gén. 2: 18), y debía proporcionar un hogar y la
debida educación para los hijos que nacieran (Gén. 1: 28; 18: 19; Prov. 22: 6;
Efe. 6: 14). El hogar fue establecido como un ambiente ideal en el cual tanto
padres como hijos pudieran aprender de Dios y desarrollaran caracteres que
estuvieran a la altura de los elevados ideales inherentes en el propósito
divino que llevó a su creación.
Mira a una mujer.
La belleza femenina es un don del amante Creador, de quien procede toda
verdadera belleza. La limpia apreciación de esa hermosura es correcta.
Además, la atracción que cada sexo tiene para el otro fue implantada en los
hombres y las mujeres por el Creador, y cuando se manifiesta dentro de los
límites ordenados por Dios, es intrínsecamente buena, pero cuando se la
pervierte para servir a intereses impíos y egoístas, se transforma en una de
las fuerzas destructoras más grandes del mundo.
Codiciarla.
Gr. epithuméÇ significa "anhelar", "desear intensamente", "codiciar". Se
emplea tanto en el sentido bueno como en el malo. Jesús dijo a los doce que
había deseado con gran deseo (epithumía, epethúm'sa) comer 327 la pascua con
ellos (Luc. 22:15), En este sentido positivo epithuméÇ aparece también en Mat.
13: 17; Luc. 17: 22; Heb. 6: 11; 1 Ped. 1: 12; etc.
El sustantivo de la misma raíz epithumía, "deseo" aparece en Fil. 1: 23; 1 Tes.
2: 17. Uno de los equivalentes hebreos del verbo epithuméo es jamad, "desear",
"complacerse". Esta es la palabra que se traduce como "codiciar" en el décimo
mandamiento (Exo. 20: 17; Deut. 5: 21) y "desear" en Isa. 53: 2. Cristo sin
duda pensaba en el décimo mandamiento cuando advirtió en contra de mirar "a una
mujer para codiciarla". Es decir, el hombre que pone sus afectos y su voluntad
en armonía con el décimo mandamiento, de esa manera se protege de violar el
séptimo.
Corazón.
Gr. kardía, "corazón", pero que se refiere más bien al intelecto, los afectos y
la voluntad. "Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él" (Prov.
23: 7). Cristo destaca que el carácter se determina no tanto por los actos
visibles como por los sentimientos que motivan esos actos. Lo externo
meramente refleja e incrementa los sentimientos. Aquel que comete acciones
malas si está seguro de que nadie lo sabrá y que se reprime de cometerlas sólo
por ese temor, es culpable a la vista de Dios. El pecado es en primer lugar un
acto de las facultades superiores de la mente, de la razón, del libre albedrío,
de la voluntad (ver com. Prov. 7: 19). La acción visible es meramente un
resultado de la decisión interna.
29.
Tu ojo derecho.
Cf. cap. 18: 8-9. Se ha registrado (cap. 5: 28) que Cristo, yendo más allá de
la acción, llamó la atención al motivo que la produce, es decir, la intención o
forma de pensar que provoca la acción. Aquí va más allá del motivo o la
intención para señalar las vías por las cuales el pecado logra entrar en la
vida: los sentidos que se comunican con el sistema nervioso. Para la mayoría
de las personas los más fuertes incentivos al pecado son los que llegan a la
mente por el camino de los nervios óptico, auditivo y otros nervios sensoriales
(HAp 413).
El que se niega a ver, escuchar, gustar, oler o tocar lo que incita al pecado,
ha ganado buena parte de la batalla para evitar los pensamientos pecaminosos.
El que inmediatamente desecha los malos pensamientos, cuando fugazmente pasan
como un relámpago en su conciencia, evita así la formación de una manera de
pensar que se hace hábito y que condicionan la mente para que peque cuando se
presente la oportunidad. Cristo vivió una vida sin pecado porque "no había en
él nada que respondiera a los sofismas de Satanás" (DTG 98).
Te es ocasión de caer.
Gr. shandalízÇ, "ser motivo de tropiezo". El término skándalon, se refiere al
mecanismo que hace funcionar una trampa (Rom. 11: 9; 14: 13; 1 Juan 2: 10;
Apoc. 2: 14).
Sácalo.
En un sentido sería mejor vivir esta vida siendo ciego o lisiado, que perder la
vida eterna. Aquí las palabras de Cristo son figuradas. No pide que se mutile
el cuerpo, sino que se controlen los pensamientos. Negarse a contemplar lo
malo es tan efectivo como cegarse, y tiene la ventaja de que se retiene la
facultad de la vista que puede emplearse para ver lo bueno. Algunas veces, un
zorro que ha caído en una trampa se corta a dentelladas una pata a fin de
escapar. Del mismo modo, un lagarto sacrifica su cola o una langosta de mar
sacrifica una de sus pinzas. Al hablar de sacarse el ojo o cortarse la mano,
Cristo habla en forma figurada de la acción resuelta de la voluntad para
precaverse del mal. El cristiano hará bien en seguir el ejemplo de Job, quien
hizo "pacto" con sus ojos (Job 31: 1; cf. 1 Cor. 9: 27).
Infierno.
Gr. géenna (ver com. vers. 22).
30.
Tu mano derecha.
Es decir, como instrumento de malos deseos (ver com. vers. 29).
31.
Fue dicho.
Ver com. vers. 21.
Repudie.
Gr. apolúÇ, "librar", "soltar", aquí con el sentido de "divorciar".
Carta de divorcio.
Gr. apostásion, "certificado de separación". Esta palabra viene del verbo
afist'mi, "separar", "abandonar". La palabra "apostasía" procede de la misma
raíz. Como Cristo lo hizo resaltar más tarde, el divorcio no fue parte del
plan original de Dios sino que fue aprobado transitoriamente en la ley de
Moisés debido a la "dureza" del corazón de los hombres (cap. 19: 7-8). En
relación con la naturaleza y el propósito de la ley de Moisés respecto al
divorcio, ver com. Deut. 24: 1-4. Debería destacarse que la ley de Moisés no
instituyó el divorcio. Por orden divina, Moisés toleró el divorcio y lo reguló
a fin de evitar abusos. El matrimonio cristiano debería basarse en Gén. 2: 24 y
no en Deut. 24: 1.
32.
Fornicación.
Gr. pornéia, término genérico que se emplea para designar las relaciones
sexuales ilícitas. La escuela liberal de Hillel enseñaba que un hombre podía
divorciarse 328 por las causas más triviales, por ejemplo, si su esposa le
arruinaba un plato de comida (DMJ 56). Por otra parte, la escuela de Shammai,
más conservadora, interpretaba que "alguna cosa indecente" (Deut. 24: 1)
significaba "falta de castidad" (Mishnah Gittin 9. 10). Pero Jesús especificó
que no debía haber divorcio salvo en el caso de infidelidad conyugal. La
relación matrimonial había sido pervertida por el pecado, y Jesús vino a
restaurarla a la pureza y la hermosura que originalmente le había dado el
Creador (ver com. Deut. 14: 26).
En su providencia, Dios quiso que el matrimonio fuera una bendición que elevara
a la humanidad. El compañerismo entre marido y mujer fue ordenado por Dios
como el ambiente ideal dentro del cual podría madurarse un carácter cristiano.
La mayor parte de los ajustes de personalidad en el matrimonio y las
dificultades que muchos tienen para hacer estos ajustes demandan dominio propio
y algunas veces significan abnegación y sacrificio. El verdadero amor es
"sufrido, es benigno", "no busca lo suyo", "todo lo sufre, todo lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta" (1 Cor. 13: 4 -7). Cuando los cristianos comienzan
su relación matrimonial, deberían aceptar la responsabilidad de aplicar los
principios aquí enunciados. Los cónyuges que apliquen estos principios y que
estén dispuestos a que la gracia de Cristo obre en sus vidas, encontrarán que
por más grande que parezca, no hay ninguna dificultad que no pueda resolverse.
Cuando los caracteres de los esposos son incompatibles, la solución cristiana
es modificar el carácter y no cambiar de cónyuge.
Hace que ella adultere.
Una esposa repudiada naturalmente procuraría encontrarse un nuevo hogar. Pero
al casarse de nuevo, cometería adulterio porque su matrimonio anterior no había
sido disuelto a la vista de Dios (cf. Mar. 10: 11-12). Cristo desechó con
toda claridad la tradición rabínica de sus días, especialmente la de la escuela
de Hillel (ver párrafo anterior, "fornicación"), la cual permitía el divorcio
por cualquier causa. Al parecer, era relativamente fácil que el esposo se
librara de los vínculos matrimoniales en forma legal. Jesús hizo resaltar que
el matrimonio había sido divinamente instituido, y que recibía la aprobación
divina cuando se entraba debidamente en ese estado. Lo que Dios había unido,
ninguna práctica ni tradición rabínica podía separar.
33.
Además.
Esta es la tercera ilustración de la interpretación espiritual que Cristo hizo
de la ley.
Habéis oído.
Ver com. vers. 21.
Fue dicho.
Lo que sigue no es una cita exacta, sino más bien un resumen de las enseñanzas
de Lev. 19: 12; Exo. 20: 7; Núm. 30: 2; Deut. 23: 22. Es interesante notar
que la Mishnah dedica toda una sección (Shebuoth) a los juramentos. Al
parecer, eran una parte importante de la vida judía.
No perjurarás.
Gr. epiorkéÇ, "jurar falsamente". Aquí Cristo se refiere a las solemnes
declaraciones hechas para confirmar la verdad de lo que se ha dicho o de
promesas que se han hecho. Habla de perjurio, sobre todo de los juramentos
falsos en los cuales se invoca el nombre de Dios, deshonrando y profanando así
el nombre sagrado.
Cumplirás ... tus juramentos.
Cristo habla aquí de promesas, sobre todo de las que se hacen a Dios. Sin
embargo, no se refiere tanto a lo que se promete, sino al hecho de que la
promesa se cumpla, Destaca que lo que vale no es cómo se hacen las promesas,
sino cómo se cumplen. Con relación a la solemnidad y la inviolabilidad de los
votos hechos a Dios, ver com. Lev. 19: 12; Núm. 30: 2; Deut. 23: 21.
34.
Pero yo os digo.
Ver com. vers. 22.
No juréis en ninguna manera.
Jesús no se refería aquí al solemne juramento judicial (DMJ 59; ver com. cap.
26: 64), sino a los juramentos comunes entre los judíos. Se refería a esas
afirmaciones que comienzan con las palabras "te lo juro". Los judíos tenían
diversas formas para liberarse de las obligaciones aceptadas bajo juramento.
El modo en que Cristo trató la casuística que muchas veces estaba implicada en
los juramentos judíos se trata más ampliamente en el cap. 23: 16-22.
Ante Caifás, Cristo mismo respondió bajo juramento (cap. 26: 63-64). Pablo
invocó a Dios repetidas veces como testigo de que lo que decía era cierto (2
Cor. 1: 23; 11: 31; cf. 1 Tes. 5: 27). El Decálogo no condena los juramentos,
pero sí el perjurio (Exo. 20: 7, 16). "Si hay alguien que puede declarar en
forma consecuente bajo juramento, es el cristiano" (DMJ 60).
Cuando está en el corazón del hombre hablar la verdad, el prestar juramento es
superfluo. La costumbre de invocar el nombre de Dios en ciertos momentos
implica que lo que una persona dice en dichas circunstancias es más digno de
confianza que lo que dice en otros momentos. Cristo ordena que haya veracidad
329 en todas las relaciones de la vida. "Todo cuanto hacen los cristianos debe
ser transparente como la luz del sol" (DMJ 60).
Ni por el cielo.
El rabí Meir (siglo II) decía que jurar por "cielo y tierra" no obligaba al
hombre a cumplir lo que había prometido, pero que si juraba por un sustituto
del nombre de Dios (ver t. I, p. 181) entonces era responsable (Mishnah
Shebuolh 4. 13). Pero Jesús dijo que no había que jurar "en ninguna manera".
35.
Estrado de sus pies.
Cf. Isa. 66: 1. Esta expresión poética hace resaltar la insignificancia de la
tierra y de sus habitantes en comparación con Dios (cf. Isa. 57: 15; Ecl. 5:
2; Lam. 2: 1).
Gran Rey.
Es decir, Dios.
36.
Por tu cabeza.
Otra fórmula común de jurar.
37.
Vuestro hablar.
Comparar con pasajes como Efe. 4: 29.
Sí, sí.
Cf. Sant. 5: 12. Para el cristiano, para el que respeta su propia palabra,
una simple afirmación o negación vale tanto como un juramento complicado.
De mal.
Mejor, "del Maligno" (BJ). Cf. Mat. 13: 19; 1 Juan 3: 12.
38.
Oísteis.
Ver com. vers. 21. Cristo presenta su cuarta ilustración del espíritu de la
ley en contraste con la mera formalidad de obedecerla. Los vers. 38-42 tienen
que ver con el proceder de un cristiano cuando es perjudicado por otros.
Fue dicho.
Ver com. vers. 21. Esta cita se basa en Exo. 21: 14; Lev. 24: 20; Deut. 19: 21
(ver com. Exo. 21: 24; t. 1, p. 629).
Ojo por ojo.
Esta ley fue instituida para evitar los abusos del sistema de justicia común en
la antigüedad. Era práctica corriente cobrar las deudas o daños con intereses
exorbitantes. Esta ley era un estatuto civil, y el castigo debía hacerse bajo
la supervisión de los tribunales. Pero no se justificaba la venganza personal
(DMJ 62-63). Con referencia a una disposición similar en la ley de Hammurabi,
ver t. 1, p. 629.
39.
Pero yo os digo.
Ver com. vers. 22.
No resistáis al que es malo.
Es decir, no procuréis vengaros por los males sufridos. Aquí Jesús parece
referirse a una hostilidad activa y no a una resistencia pasiva. El cristiano
no debe responder a la violencia con violencia. Debe vencer "con el bien el
mal" (Rom. 12: 21) y amontonar "ascuas de fuego" sobre la cabeza del que lo
perjudica (Prov. 25: 21-22).
Mejilla.
Así como ocurre con las otras ilustraciones que aparecen en los vers. 21-47,
Jesús se preocupa más por el espíritu que motiva el acto que con el acto mismo.
El cristiano no debe luchar por lo que considera que es su derecho. Sufrirá
un menoscabo antes que procurar desquitarse. Jesús mismo observó plenamente el
espíritu de esta orden, aunque literalmente no atrajo sobre sí sufrimientos
adicionales (Juan 18: 22-23; cf. Isa. 50: 6; 53: 7). Tampoco lo hizo Pablo
(Hech. 22: 25; 23: 3; 25: 9-10). En la cruz, Cristo manifestó el espíritu del
cual habló aquí cuando pidió al Padre que perdonara a quienes lo atormentaban
(Luc. 23: 34).
40.
Ponerte a pleito.
Es decir, hacer comparecer delante de un tribunal. En el griego dice que no se
trataba de un, juicio ya comenzado, sino que simplemente existía la posibilidad
de una acción legal.
Túnica.
Gr. jitÇn, la prenda, similar a una camisa, que se llevaba sobre la piel.
Déjale.
El cristiano se ha de someter callada y mansamente ante un agravio.
Capa.
Gr. himátion, el manto exterior, o "capa", que solía usarse como cobija por la
noche, y que era diferente de un jitÇn. Muchas veces un pobre no tenía ninguna
otra cosa que dar como prenda sino su "capa". Sin embargo, la ley de Moisés
prohibía que el acreedor retuviera esa vestimenta como prenda durante la noche
(Exo. 22: 26-27). En vista de que la capa era considerada más esencial que la
"túnica", o vestimenta interior, cederla sin resistencia demostraría una
concesión mayor, sobre todo en vista de que la ley le otorgaba al dueño ciertos
derechos sobre su capa.
41.
Obligue.
Gr. aggaréuÇ, "obligar a servir". La palabra ággaros es un vocablo tomado del
persa, y relacionado con el verbo anterior. Significa "correo de caballo".
Los persas usaban este término para designar a los correos reales del sistema
imperial de postas que ellos perfeccionaron hasta llegar a un magnífico grado
de eficiencia (ver com. Est. 3: 13). En tiempos de los romanos, aggaréuÇ y
ággaros se referían al servicio obligatorio del transporte de pertrechos
militares. Epicteto (iv. 1. 79) aconseja respecto a este servicio: "Si hay una
requisa y un soldado te lo toma [el asno], déjalo ir. No te resistas ni te
quejes, porque de lo contrario te apalearán y al final, perderás el asno
también". Resistirse era provocar un trato cruel. En Mat. 27: 32 y Mar. 15:
21 se emplea el verbo aggaréuÇ cuando 330 se lo obligó a Simón a que llevara la
cruz de Cristo.
Jesús se refería a casos tales como cuando un soldado romano le exigía a un
civil judío que llevara su equipaje durante una milla, como lo mandaba la ley
(cf. Luc. 3: 14). El cristiano debería prestar un servicio doble del exigido
por la ley, y debería hacerlo con alegría. En Capernaúm había una guarnición
militar romana y mientras Jesús hablaba, los que escuchaban veían pasar un
grupo de soldados romanos por un camino vecino (DMJ 61). Los judíos esperaban
y creían que el Mesías humillaría el orgullo de Roma. Aquí Jesús aconsejó
sumisión ante la autoridad romana.
42.
No se lo rehúses.
Los ciudadanos del reino de los cielos sentirán impulsos generosos y actuarán
conforme a ellos (ver com. Luc. 6: 30).
43.
Oísteis.
Ver com. vers. 21.
Fue dicho.
Ver com. vers 21.
Amarás.
Gr. agapáÇ, cuya rica gama de matices no es reflejada adecuadamente por el
verbo "amar". La palabra "amar" implica tantas ideas diferentes, que el
verdadero significado del verbo agapáÇ se tergiversa. Los griegos tenían tres
verbos para expresar las ideas que se expresan por medio del verbo llamar":
agapáÇ, filéÇ, eráÇ.
FiléÇ describe en general el amor afectuoso, basado en emociones y afectos. Es
el amor entre amigos, entre familiares; es el cariño para quienes también nos
tienen cariño. Se lo traduce correctamente como "querer" en Juan 21: 15-17
(BJ). El verbo eráÇ no aparece en el NT. Se refiere al amor sensual. Es la
raíz de la palabra "erotismo", y como tal describe el amor que se manifiesta en
el plano físico. El verbo agapáÇ se relaciona con el respeto y la estima. Es
un principio de acción y no una acción regida por sentimientos. Pone en acción
las facultades superiores de la mente y de la inteligencia. Al paso que el
verbo filéÇ implica amar a quienes nos aman, el verbo agapáÇ expresa respetar,
estimar y amar aun a quienes no nos aman. Demuestra un amor altruista,
mientras que el verbo eráÇ describe un amor puramente egoísta, y aun el
sentimiento expresado con filéÇ puede estar teñido de egoísmo.
El sustantivo correspondiente con este verbo es agáp'. Se encuentra casi
exclusivamente en la Biblia. El agáp' del NT es el amor más puro y excelso,
amor que no puede ser igualado, amor que obliga a una persona a sacrificarse en
bien de otros (Juan 15: 13). Implica reverencia para Dios y respeto a los
prójimos. Es un principio divino de pensamiento y de acción que modifica el
carácter, gobierna los impulsos, controla las pasiones y ennoblece los afectos
(ver com. Luc. 6: 30).
Tu prójimo.
Para los judíos, un "prójimo" era otro israelita, ya fuera por nacimiento o por
conversión. Aun los samaritanos, mezcla de judíos con otras razas, estaban
excluidos y eran considerados como extranjeros. En la parábola del Buen
Samaritano (Luc. 10: 29-37), Jesús destruyó ese concepto tan estrecho y
proclamó la hermandad de todos los hombres. El amor cristiano procura el
bienestar de todos, sin distinción de raza ni de credo. "Prójimo" (del latín
proximus) significa literalmente nuestro "próximo". Todo el que está cerca de
nosotros.
Aborrecerás a tu enemigo.
Esta frase no aparece en Lev. 19: 18, pero sin duda era un proverbio popular.
Odiar a otros o menospreciarlos es un producto natural del orgullo.
Considerándose como hijos de Abrahán (Juan 8: 33; ver com. Mat. 3: 9),
superiores a otros, los judíos despreciaban a los gentiles, Es como si Jesús
les hubiera dicho que si la ley mandaba amar a los prójimos, él ordenaba amar
también a los enemigos (vers. 44). Luego Cristo prosigue explicando por qué se
debe amar a los enemigos: porque Dios así lo hace (vers. 45-48) y porque somos
hijos de Dios (vers. 45; 1 Juan 3: 1-2).
44.
Pero yo os digo.
Ver com. vers. 22.
Amad a vuestros enemigos.
Cf. Rom. 12: 20. La palabra que se traduce como "amad" es una forma del verbo
agapáÇ, que es el amor que implica respeto, y no filéÇ, que expresa amor de
tipo afectivo (amor filial), que puede existir entre los miembros de una
familia (ver com. Mat. 5: 43). La orden sería imposible de cumplir si se
exigiera que todos los hombres amaran (del verbo filéÇ) a sus enemigos, porque
no podrían sentir para con sus enemigos el mismo calor emotivo de afecto que se
siente para con los miembros inmediatos de la familia. Eso no es lo que se
espera. El amor indicado por el verbo filéÇ es espontáneo, emotivo y en ningún
pasaje del NT se manda amar de esta forma. Por otra parte, se puede requerir
el amor del tipo del verbo agapáÇ, porque este está bajo el dominio de la
voluntad. Amar (en el sentido del verbo agapáÇ) a los enemigos más acérrimos,
331 es tratarlos con respeto y cortesía y considerarlos así como Dios los
considera.
Bendecid.
La evidencia textual tiende a confirmar el texto: "Amad a vuestros enemigos y
rogad por los que os persigan" (BJ). El pasaje paralelo de Luc. 6: 27-28
aparece en forma más completa.
45.
Hijos de vuestro Padre.
Los hijos se parecen al Padre en carácter (DMJ 65; ver com. vers. 43, 48). La
prueba del amor a Dios es el amor a nuestros prójimos (1 Juan 4: 20).
Que está en los cielos.
Esta expresión es característica de Mateo.
Sobre malos.
Mediante esta obvia ilustración tomada de la naturaleza, Jesús desaprueba el
error popular judío de que Dios concede sus bendiciones a sus santos y las
niega a los pecadores (ver com. Juan 9: 2). Los judíos atribuían a Dios el
mismo espíritu de odio para con los pecadores y los que no eran judíos que
ellos mismos sentían. Pero, trátese de las bendiciones de la naturaleza o de
la salvación, "Dios no hace acepción de personas" (Hech. 10: 34-35).
46.
Los que os aman.
Ver com. vers. 43
¿Qué recompensa tendréis?
Es decir, ¿qué mérito especial tendrían por hacer eso? ¿Qué habría de
maravilloso en amar a los que los amaban? Ver com. Mat. 7: 12; Luc. 6: 32-35.
Publicanos.
Ver p. 68.
47.
Saludáis a vuestros hermanos.
El saludo universal del Cercano Oriente shalom o salaam, "paz", expresa el
deseo de que aquel a quien se dirige la salutación pueda gozar de toda
bendición espiritual y material (ver com. vers. 9).
Los gentiles.
No hay nada de meritorio ni digno de mención especial en hacer lo que todo el
mundo hace.
48.
Sed, pues.
Con estas palabras Cristo comienza la conclusión que debe sacarse de las seis
ilustraciones de la aplicación más excelsa y espiritual de la ley del reino de
los cielos, que se ha presentado en los vers. 21-47, aunque es probable que la
idea del vers. 48 esté más ligada con el contenido de los vers. 43-47. En
todas estas ilustraciones Jesús ha demostrado que en el reino que él ha venido
a establecer, son los propósitos y motivos íntimos los que determinan la
perfección del carácter y no sólo los actos visibles. El hombre puede mirar
"lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón" (1 Sam. 16: 7).
Perfectos.
Plural del griego téleios, "acabado", "completo", "el que ha alcanzado la
meta". Proviene del vocablo télos, "fin", "cumplimiento", "límite". En la
literatura griega se emplea la palabra téleios para describir a las víctimas
perfectas para el sacrificio, o los animales ya crecidos, o los seres humanos
adultos, maduros, profesionales bien preparados y bien calificados para su
trabajo. Pablo habla de los téleioi (plural), y la RVR traduce "los que han
alcanzado madurez" (1 Cor. 2: 6) y "perfectos" (Fil. 3: 15). Al mismo tiempo,
comprende que hay nuevas alturas que alcanzar y que él mismo no ha alcanzado la
perfección final. En el NT se emplea la palabra téleios para describir a
hombres que son física e intelectualmente "maduros" (1 Cor. 14: 20; Heb. 5:
14). Con referencia a la palabra tam, el equivalente hebreo, ver com. Job 1:
1; Prov. 11: 3, 5.
Jesús no habla aquí de una impecabilidad absoluta en esta vida (ver CC 57; EGW
RH 19-3-1890). La santificación es una obra progresiva.
Muchos judíos se esforzaban arduamente para ser justos mediante sus propios
esfuerzos, para ganarse la salvación mediante obras. Pero en su minucioso
legalismo prestaban tanta atención a los detalles diminutos de la letra de la
ley, que perdían completamente de vista su espíritu (cf. cap. 23: 23). En el
Sermón del Monte Cristo procuró desviar su atención de la cáscara al trigo.
Habían convertido la ley en un fin en sí misma, algo que debía guardarse porque
sí, y habían olvidado que su propósito era que levantaran la mirada a los
elevados ideales de supremo amor a Dios y amor altruista para los prójimos
(cap. 22: 34-40). Algunos rabinos enseñaban que injusticia consistía en tener
en la cuenta de uno en el cielo más acciones buenas que acciones malas.
Es importante notar la relación entre los vers. 48 y 45 (cap. 5), porque el ser
"hijos de vuestro Padre que está en los cielos" (vers. 45) equivale a ser
"perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (vers. 48).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-48 DTG 265-278; 5-T253
1 DMJ 9; DTG 265
1-2 DMJ 43 332
1-12 Ed 75; 7T 269
2-3 DMJ 11
3 DTG 267; MB 184; PVGM 118
3-5 2T 631
4 DMJ 14; DTG 267; 2JT 178
5 DMJ 17; DTG 268; MB 160; 2T 164; 3T 334; 7T 26
6 CC 79, 94; DMJ 20, 74, 94; ECFP 11, 63; Ev 324; FE 240; 1JT 241; 2JT 377;
3JT 193; MB 184; OE 268; PE 108; PR 275; 4T 449; 5T 17; TM 118, 200
6-9 DTG 269
7 DMJ 23; MB 17
8 CM 81, 328; DMJ 25; DTG 270; FE 385, 415; MJ 189; OE 54; PP 75; 1T 136; 8T
331
9 DMJ 27; PP 724; 2T 164, 437; 5T 176
10 DMJ 28
10-12 DTG 271; 8T 127
11 DMJ 30; MeM 71
11-12 HAp 142
12 DMJ 31-32
13 CH 560,592; DMJ 33, 49; DTG 407; Ev 505; FE 468; 2JT 131, 496; MeM 171; MJ
316; PR 174; SC 292; 2T 636; 3T 559; 5T 256; TM 379
13-14 CRA 523, 567; DTG 272; 1JT 102,
121; 2JT 79; MeM 171; MJ 347, 361;
RC 52; Te 89, 145; TM 429; 1T 425; 2T
394, 548; 3T 248; 4T 118, 319; 5T 280
13-15 2T 633
13-16 CH 337; 3JT 296; 2T 443
14 CH 84, 445; CM 410; CMC 42, 131; CN 102, 391; COES 36; CRA 89; DMJ 35, 38;
EC 309, 399; Ev 280, 295; HAd 30, 33, 83, 486; HAp 11; 1JT272, 319,384, 396;
2JT 90, 156, 223, 328; 3JT 69, 86, 288; MB 40, 273; MC 23; MeM 8, 105, 227,
313; NB 324; PR 530; PVGM 343; SC 22, 26; 1T 422, 458; 4T 356; 5T 113, 520,531,
554, 568; 8T 46,141; TM 450; 3TS 387
14 -15 2JT 423
14-16 2JT 291; PP 386; 3T 40; 6T 33; 8T52
15 CRA 499; Ev 319; 1JT 364; 2JT 455; 3JT 90, 161, 359; MM 302; 2T669; 4T 52,
391; 5T 404; 5TS 188 15-16 CM 305; DMJ 36; 5T 381
16 CC 82; CH 35, 242, 437, 592; CM 305, 410; CMC 360; CN 391; Ev 151, 342; FE
203, 482; HAd 31, 227; HH 67; 1JT 165, 170, 444, 532; 2JT 161; 3, JT 118, 144,
249, 336; MC 23; MeM 227; MM 219; OE 204, 371, 386, 409; PR 530; PVGM 343; IT
193, 422, 458, 485, 694; 2T 159, 161, 225, 247, 389, 465; 3T 53, 56, 200, 436;
4T 59; 5T 75, 38 l; 8T 26, 46, 56; Te 220; TM 13, 300; 5TS 183
17 CS 305; DMJ 43, 45; DTG 273; 1JT 218; PE 215; 8T 312
17-18 CS 520; PP 380; PVGM 255
17-19 CS 500; PR 136
18 CS 487; DMJ 46; DTG 250, 274, 710;
HAp 402
19 DMJ 48; DTG 275; 1JT 498; 5T 434, 627
19-20 7T 114
20 DMJ 49; DTG 275; 3T 193
22 DMJ 51
22-24 DTG 277
23-24 DMJ 53; 3JT 229, 388; MC 386; 5T 646-649
26 1JT 554
28 DMJ 54; PP 317
29-30 MJ 54; 3T 550; 5T 222, 340
30 DMJ 54-55
32 DMJ 56; HAd 309, 313-314
34 MeM 291
34-36 DMJ 58
34-37 1JT 73
37 DMJ 60; Ed 231
39 DMJ 61, 64
40-41 DMJ 63
40-42 DMJ 63
42 MC 142
43-45 DMJ 64
44 DTG 230; FE 177; MM 253; 4T 134
44-45 DTG 277; MC 330; MM 256; 8T 286
45 DMJ 64; DTG 604; HAp 289; 2JT 522; MB 17; PR 173; PVGM 159; TM 284; 5TS 165
47 PVGM 216
48 CM 197, 279; CMC 27; DMJ 66; DTG 277; 1JT 589; 3JT 231; MeM 15, 39, 279; MJ
71,142; MM 112, 200, 254; NB 374; PP 620; 2T 445, 549; 4T 332, 455; 5T 557; 8T
64; 3TS 370 333
CAPÍTULO 6
1Cristo continúa el Sermón del Monte hablando de las limosnas, 5 de la oración
, 14 del perdón a nuestros hermanos, 16 del ayuno, 19 del ludar en donde
debemos poner nuestro tesoro, 24 y de la imposibilidad de servir a Dios y a
Mamón (las riquezas). 25 Exhorta a no afanarse por las necesidades corporales,
33 sino a buscar el reino de Dios y su justicia.
1 GUARDAOS de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de
ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los
cielos.
2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen
los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los
hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,
4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te
recompensará en público.
5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie
en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los
hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu
Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en
público.
7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por
su palabrería serán oídos.
8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué
cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la
tierra.
11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores.
13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino,
y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a
vosotros vuestro Padre celestial;
15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os
perdonará vuestras ofensas.
16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan
sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya
tienen su recompensa.
17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,
18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en
secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y
donde ladrones minan y hurtan;
20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y
donde ladrones no minan ni hurtan.
21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo
estará lleno de luz;
23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si
la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al
otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a
las riquezas.
25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué
habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida
más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en
graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más
que ellas?
27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un
codo?
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo,
cómo crecen: no trabajan ni hilan; 334
29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno
de ellos.
30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la
viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué
vestiremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial
sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá
su afán. Basta a cada día su propio mal.
1.
Guardaos.
Después de ocuparse de la verdadera justicia (cap. 5), Jesús pasa ahora a
ocuparse de la aplicación práctica de la justicia a los deberes del ciudadano
del reino de los cielos (cap. 6; ver DTG 278-279). Los cristianos deben evitar
hacer alarde de sus actos de culto y de caridad. Mediante tres ejemplos -actos
caritativos (vers. 2-4), oraciones (vers. 5-8) y ayunos (vers. 16-18)-, Jesús
contrasta algunas prácticas conocieras entre los judíos con los excelsos
ideales del reino de los cielos (ver com. Mat. 5: 22; Mar. 2: 21-22).
Justicia.
La palabra griega dikaiosún', aquí traducida como "justicia", puede también
significar "piedad". Los tres ejemplos que se dan -limosnas, oraciones y
ayunos- se presentan para explicar el principio que se trata en este versículo.
Es probable que las tres ilustraciones que se dan representen las tres formas
más comunes de la "justicia" farisaica. Debe destacarse que Jesús de ningún
modo se oponía a los actos religiosos; sólo se preocupaba de que fueran
impelidos por motivos puros y se realizaran sin ostentación.
Delante de los hombres.
Es decir, como en desfile ante ellos con el propósito de llamar su atención y
admiración (ver com. vers. 2).
Para ser vistos.
Gr. theáomai, "contemplar", "mirar". La palabra "teatro" proviene de esta
misma raíz. Las acciones piadosas realizadas "delante de los hombres, para
ser, vistos de ellos" tenían el propósito de ganarse la adulación de ellos.
De vuestro Padre.
Literalmente, "del lado de vuestro Padre" o "en presencia de vuestro Padre".
2.
Tocar trompeta.
No se sabe si debe entenderse literalmente esta ilustración de Jesús: si
quienes daban limosnas hacían sonar trompetas para llamar la atención a su
caridad, o si debe entenderse como una figura de dicción. En la literatura
hebrea no aparece ningún caso en el cual se haya hecho esto, pero sí aparece en
la literatura de otros antiguos países orientales. A primera vista, podría
parecer que las palabras "como hacen los hipócritas" sugerirían que Jesús se
estaba refiriendo a un hecho literal. Sin embargo, los "hipócritas" también
podrían haber hecho sonar trompetas simbólicas. Sea como fuere, Cristo
reprende aquí el mal de dar gran publicidad a los actos caritativos.
Hipócritas.
Gr. hupokrit's, proviene de un verbo que significa "fingir", "disimular". Los
judíos atendían a los necesitados con contribuciones impuestas a los miembros
de la comunidad según cada uno pudiera pagar. Los fondos así logrados eran
aumentados por medio de donaciones voluntarias. Además, a veces se hacían
pedidos especiales en las reuniones religiosas públicas en las sinagogas, o en
reuniones al aire libre que solían realizarse en las calles. En estas
ocasiones, la gente se sentía tentada a prometer grandes sumas de dinero para
conseguir la alabanza de los que estaban allí reunidos. También se
acostumbraba permitir que el que hubiera contribuido con una suma
excepcionalmente grande se sentara en un sitio de honor junto a los rabinos.
Con demasiada frecuencia, el deseo de ser alabado era el móvil de esos
donativos. También ocurría que muchos prometían grandes sumas, pero luego no
cumplían sus promesas. La referencia que Jesús hizo a la hipocresía sin duda
incluía también esta forma de fingimiento.
En las calles.
Ver com. vers. 5.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
Ya tienen su recompensa.
El griego hace resaltar la idea de que ya han recibido plenamente su paga. El
verbo griego que aquí se traduce "tienen" aparece con frecuencia en recibos
escritos en antiguos papiros griegos donde significa "cancelado" o "recibido".
Jesús dijo que los hipócritas ya habían recibido todo lo que habrían de
recibir. Practicaban la caridad como una transacción estrictamente comercial,
mediante la cual esperaban comprarse 335 la admiración pública; no se
preocupaban por aliviar la desgracia del pobre. Esa recompensa sería la única
que habrían de recibir.
3.
Cuando tú des limosna.
Se emplea aquí el pronombre "tú". Jesús se dirigía a cada miembro del grupo en
forma personal. Con referencia a la responsabilidad del rico para con el pobre
según se la presenta en la ley de Moisés, ver com. Lev. 25: 25, 35; Deut. 15:
7, 11.
Tu izquierda.
Se dice que entre los árabes, ambas manos, la izquierda y la derecha,
representan a los amigos íntimos. Jesús dijo que no había necesidad de que los
amigos, ni siquiera los más íntimos, se enteraran de los actos piadosos de
alguien. En esta figura de dicción, Cristo emplea una hipérbole para dar
énfasis. No quiere decir que siempre ha de darse limosnas en secreto absoluto
(DMJ 69). Pablo alabó la generosidad de los cristianos macedonios (Fil. 4:
16) y escribió a los corintios que su "celo" había estimulado a muchos a que
fueran activos en la causa de Dios (2 Cor. 9: 2). Lo que Jesús dice aquí es
que los cristianos no deben realizar actos caritativos a fin de conseguir la
alabanza y el homenaje de los hombres.
4.
En secreto.
La Mishnah habla de la "cámara de los secretos", dentro del recinto del templo,
donde los piadosos podían depositar sus dádivas en forma secreta y donde los
pobres "de buena familia" podían ir a buscar ayuda para hacer frente a sus
necesidades cuando no tuvieran otros recursos (Shekalim 5. 6).
Ve en lo secreto.
Es decir, Dios ve las intenciones secretas del corazón que mueven a la acción,
y por esas intenciones, y no por las acciones mismas, los hombres recibirán "su
alabanza de Dios" en el día del juicio (1 Cor. 4: 5; cf. Rom. 2: 16).
En público.
La evidencia textual favorece la omisión de esta frase. La BJ traduce
sencillamente "te recompensará". En el día postrero, "la obra de cada uno se
hará manifiesta" (1 Cor. 3: 13, cf. Mat. 25: 31-46; 1 Cor. 4: 5). Cuando
Cristo venga recompensará a cada uno según sus obras (Mat. 16: 27; Apoc. 22:
12). Los cristianos no deben pensar "en el galardón, sino en el servicio" (DMJ
71).
5.
Cuando ores.
Ver com. vers. 3, 6-7, 9.
Los hipócritas.
Ver com. vers. 2.
En pie.
La referencia aquí es a las horas regulares de oración, por la mañana y por la
tarde (ver com. Luc. 1: 9). Habitualmente el templo y las sinagogas eran los
lugares de oración. Quienes no podían orar en esos lugares establecidos,
podían orar en el campo, en casa o en su cama. Más tarde, la tradición
estableció que ciertas oraciones debían pronunciarse de pie, otras mientras se
estaba sentado, caminando, montado en burro, sentado o acostado en cama (Talmud
Berakoth 30a; ver también el Midrash de Sal. 4, sec. 9 [23b]).
Las esquinas de las calles.
En estos lugares públicos se realizaban las transacciones comerciales. Si los
fariseos se encontraban en "las esquinas de las calles" a la hora designada
para la oración, asumían una actitud de oración y en alta voz recitaban las
frases formales que comúnmente empleaban para orar. Sin duda muchos se las
arreglaban para estar en lugares públicos a esas horas especiales.
Para ser vistos de los hombres.
Ver com. vers. 1-2.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
Ya tienen su recompensa.
Ver com. vers. 2. También en griego se emplea la misma frase en los dos
versículos.
6.
Mas tú.
Ver Isa. 26: 20 (cf. 2 Rey. 4: 33). En griego el pronombre traducido "tú" está
en posición enfática.
Cuando ores.
Jesús se dirige a cada persona del público en forma individual mediante el
empleo del pronombre singular.
Tu Padre.
Ver com. vers. 9.
En secreto.
Es probable que esta expresión quiera decir, "que oye lo que se dice en
secreto", como lo insinúa el contexto. Ver com. vers. 4.
Ve en lo secreto.
Dios ve lo que los hombres no pueden ver, ve aun lo que se hace en secreto (ver
com. vers. 4).
En público.
Ver com. vers. 4.
7.
Y orando.
O "al orar" (BJ). Lo que sigue es una continuación del mismo tema, no la
introducción de otro asunto.
No uséis vanas repeticiones.
Gr. battalogéÇ, verbo que sólo aparece aquí en el NT. Por el uso que se le da
a la palabra, se ha sugerido que debe traducirse "parlotear", "hablar sin
pensar lo que se dice", "balbucear", o "charlar mucho" (BJ). Jesús no prohibió
toda repetición porque él mismo empleó la repetición (cap. 26: 44).
Como los gentiles.
Comparar con 1 Rey. 18: 26; Hech. 19: 34. Los tibetanos creen que cuando gira
la rueda de los rezos se repite la misma plegaria incontables miles de veces
sin pensamiento ni esfuerzo de parte del devoto. 336
Palabrería.
Ver com. anterior.
8.
Vuestro Padre sabe.
Algunos manuscritos antiguos dicen: "Dios vuestro padre"; pero la evidencia
textual tiende a confirmar el texto tal como aparece en la RVR. La oración no
le da a Dios informaciones que de otro modo no podría saber. Tampoco es un
medio para convencerlo de que haga lo que de otro modo no querría hacer. La
oración nos une con el Omnisapiente y condiciona nuestra voluntad para que
cooperemos eficazmente con la voluntad divina.
9.
Vosotros.
Este pronombre es enfático en el griego. Jesús se estaba dirigiendo
especialmente a los doce, los primeros elegidos para el reino de los cielos
(ver com. cap. 5: 1-2).Aquí la palabra "vosotros" contrasta con los
"hipócritas" del cap. 6: 2 y los "gentiles" del vers. 7.
Oraréis así.
Es decir, siguiendo este modelo, no necesariamente empleando las mismas
palabras. El Padrenuestro es un modelo en cuanto al contenido, pero no
necesariamente con respecto a la forma. El contexto indica que esta oración se
presenta como un modelo que contrastara con las "vanas repeticiones" y la
"palabrería" de los rezos paganos, características que habían sido adoptadas
por los fariseos (ver com. vers. 7). A los ciudadanos de su reino, Cristo les
dijo: "No os hagáis, pues, semejantes a ellos... Vosotros, pues, oraréis así"
(vers. 8-9).
El Padrenuestro, sobre todo los vers 9 -10 y la doxología final, se parece
mucho, tanto en ideas como en fraseología, al Kadisch, antigua doxología judía,
proveniente quizá del siglo I de nuestra era, que se emplea regularmente en
diversos cultos en la sinagoga. Este parecido podría sugerir que al enseñar
Jesús el Padrenuestro, empleó frases conocidas por el público que lo escuchaba.
En todo caso, tanto el Kadisch como el Padrenuestro tienen sus raíces en el AT
(ver Dan. 2: 20; Job 1: 21 ú. p.; Sal. 113: 2, donde se expresan ideas comunes
a las dos oraciones).
Si bien el Kadisch, como también otras oraciones judías, tiene su base en el
AT, el culto judío ya había incorporado, en tiempos de Cristo, algunas
tradiciones que habían oscurecido en cierta medida las verdades reveladas en el
AT (ver com. Mat. 5:17, 19, 22). En parte por esto Jesús no fue reconocido
como el personaje central del AT (PP 381-383; DTG 35-36), ni como el
cumplimiento de sus profecías (ver com. cap. 5:17- 18).
Las oraciones habían llegado a ser largas y llenas de repeticiones, y la
sinceridad del pensamiento y de la expresión se habían oscurecido por una forma
literaria impersonal, de hermosas frases, pero muchas veces falta de sinceridad
de espíritu (ver com. vers. 7-9). En el Padrenuestro, Jesús rescató del
palabrerío lo que era esencial y lo restauró a una forma simple y compacta,
cuyo significado pudiera ser comprendido por la persona más sencilla. Si bien
el Padrenuestro refleja hasta cierto punto las oraciones judías, se trata de
una oración cuya originalidad se encuentra en la selección de pedidos que se
presentan y en su arreglo. El que se lo acepte en forma universal indica que
el Padrenuestro expresa más perfectamente que ninguna otra oración las
necesidades fundamentales del corazón humano.
Padre nuestro.
El reconocimiento de que somos hijos de nuestro Padre celestial debiera ser lo
primero en cada oración. Posiblemente seamos indignos de llamarle "Padre",
pero siempre que lo hagamos con sinceridad, él nos recibe con regocijo (Luc.
15: 21-24) y nos reconoce como hijos en verdad. El que Dios sea nuestro Padre
nos une como cristianos en la gran comunión universal de la fe con todos los
que con sinceridad y en verdad reconocen al Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Que estás en los cielos.
A pesar de la estrecha relación personal que pueda existir entre los hombres y
su "Padre" que está en el cielo, sus hijos terrenos siempre percibirán la
infinita majestad y grandeza de Dios (Isa. 57: 15) y su propia y total
insignificancia. El reconocimiento de que "Dios está en el cielo, y tú sobre
la tierra" (Ecl. 5:2) lleva al corazón contrito a ese espíritu de reverencia y
humildad que es la primera condición de la salvación.
Santificado.
Gr. hagiázÇ, "considerar santo", "hacer santo", relacionado con el adjetivo
hagios, "santo, consagrado". El nombre de Dios es honrado de dos modos: (1)
mediante actos divinos que inducen a los hombres a reconocer y a reverenciar a
Jehová como Dios (ver Exo. 15: 14 -15; Jos. 2: 9-11; 5:1; Sal. 145:4, 6, 12), y
(2) mediante las acciones de los hombres que le honran como Dios y le rinden la
adoración y la obediencia que le corresponden (ver Isa. 58:13; Mat. 7:21-23;
Hech. 10:35; etc.).
Sea tu nombre.
Según el uso moderno, un nombre no es más que un medio de identificar a una
persona. Pero en tiempos bíblicos, 337 el nombre de una persona estaba más
íntimamente ligado a ella como individuo. Con frecuencia, el nombre
representaba "los rasgos de carácter que [los padres] deseaban ver
desarrollarse en sus hijos" (PR 352). El nombre de Dios representa su carácter
(Exo. 34: 5-7). La importancia que los judíos atribuían al nombre divino se
reflejaba en la reverencia con la cual lo pronunciaban, o con mayor frecuencia,
dejaban sin decir o empleaban una circunlocución en vez de pronunciarlo (ver t.
1, pp. 179-182). El nombre de Dios es santo o "santificado" porque Dios mismo
es santo. Santificamos su nombre al reconocer la santidad de su carácter y al
permitir que él reproduzca su carácter en nosotros.
La forma verbal griega (aoristo imperativo) sugiere que todavía no está siendo
glorificado el nombre de Dios. Bien puede referirse también al momento cuando
el santo nombre de Dios será universalmente santificado (ver com. vers. 10).
10.
Venga tu reino.
Con respecto a la naturaleza del "reino de los cielos" y la posición central
que ocupa en la enseñanza de Jesús, ver com. cap. 4:17. En cuanto al "reino de
los cielos" en el Sermón del Monte, ver com. cap. 5:2-3. Cristo habla aquí, no
tanto del reino de la gracia como del reino de la gloria (DMJ 92) para el cual
el reino de la gracia prepara el camino y con el cual culmina (cap. 25:31). La
forma verbal empleada en el griego apoya esta interpretación. Ver com. cap. 6:
13.
A través de los siglos, la promesa de que los reinos de este mundo finalmente
llegarán a ser el reino de nuestro Señor Jesucristo (Apoc. 11: 15) ha
acicateado a los ciudadanos del reino de la gracia a vivir vidas piadosas (1
Juan 3: 2-3) y a sacrificarse para proclamar las buenas nuevas del reino (ver
Hech. 20: 24; 2 Tim. 4: 6-8). En la mente y en el corazón de todos los
verdaderos cristianos de todos los tiempos, la "esperanza bienaventurada y la
manifestación de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2: 13) ha
primado y los ha inspirado a llevar vidas más piadosas.
Hágase tu voluntad.
Cristo habla aquí de la voluntad de Dios, especialmente en lo que afecta a esta
tierra. Cuando el corazón humano se somete a la jurisdicción del reino de la
gracia divina, la voluntad de Dios para con esa persona se cumple. La forma
verbal griega empleada indica que este pedido reconoce que todavía no se está
haciendo la voluntad de Dios en la tierra. Se pide que acabe el reinado del
pecado y que llegue el momento cuando la voluntad de Dios sea tan
universalmente cumplida en la tierra como lo es ahora en todos los otros
dominios de la creación de Dios.
11.
El pan nuestro.
En la primera parte del Padrenuestro (vers. 9-10) se dirige la atención a la
paternidad, al carácter, al reino y a la voluntad de Dios. En la segunda parte
de la oración (vers. 11-13) se pide poder cubrir las necesidades temporales y
espirituales del hombre.
Era el "pueblo", la gente común, la que oía a Jesús "de buena gana" (Mar.
12:37). En su mayoría se trataba de humildes pescadores, agricultores y
obreros. De tales personas estaba compuesta la multitud que escuchaba a Jesús
en la ladera del monte junto a la llanura de Genesaret y el mar de Galilea (DMJ
36; DTG 265-266). Muchos de ellos no tenían empleo fijo y sus condiciones de
vida eran precarias. Quizá había allí pocas personas que, debido a la sequía,
a los impuestos excesivos, o a otras penalidades, no hubieran conocido el
hambre o la necesidad en algún modo. Como suele ocurrir, quienes tienen
escasez de bienes terrenales sienten más vivamente su dependencia de Dios para
suplir sus necesidades materiales que los que tienen suficiente y de sobra.
Aun quienes tienen abundancia de "pan" y de bienes terrenales harían bien en
recordar que es Dios quien da "el poder para hacer las riquezas" (Deut. 8: 18).
Jesús demostró claramente esta verdad en la parábola del rico necio (Luc. 12:
16-21). Todo lo que tenemos procede de Dios y en el corazón siempre debería
haber gratitud por su bondad. El "pan nuestro de cada día" incluye tanto los
bienes espirituales como los físicos.
De cada día.
Gr. epióusios, palabra que aparece en el NT sólo aquí y en Luc.11:3. Se
desconoce el sentido exacto de esta palabra. Aparece también en un antiguo
archivo doméstico donde parece referirse al alimento necesario para el día
siguiente. Algunos de los significados que se le atribuyen son: (1) lo
necesario para existir, (2) para el día presente, (3) para el día venidero.
Las palabras de Mat. 6: 34 tienden a apoyar la idea de que se refiere a una
provisión diaria suficiente para mantener la vida. Ver p. 107.
12.
Y perdónanos.
Gr. afí'mi, palabra común en el NT, que con frecuencia significa "dejar" (Mat.
4: 11) o "despedir" (Mar. 4: 36), pero que también se traduce correctamente 338
con la idea de "remitir" (Juan 20: 23), o "perdonar" (Luc. 5: 21, 23). Cuando
se emplea la palabra con este segundo sentido, se hace resaltar la idea de que
el perdón deja sin culpa al pecador.
Nuestras deudas.
Gr. oféil'ma, palabra comúnmente empleada para referirse a las deudas legales
(cf. Rom. 4: 4), pero usada aquí en el sentido de deudas morales y
espirituales. Aquí se representa al pecado como deuda y al pecador como
deudor. El pasaje paralelo de Lucas dice "pecados" (cap. 11: 4; ver com. Mat.
18: 28, 30; Luc. 7: 41-43).
Como también nosotros perdonamos.
Es decir, como ya hemos perdonado. En el griego unos pocos manuscritos usan el
presente, pero la evidencia textual establece el uso del aoristo (pretérito
indefinido). Esto último insinuaría que no debiéramos atrevemos a pedir perdón
si no hemos perdonado ya a nuestro prójimo (ver com. cap. 5: 24; 18: 23-35).
A nuestros deudores.
Es decir, los que nos han hecho mal.
13.
No nos metas.
Quizá este pedido debería entenderse como "no nos dejes caer" (BJ; ver 1 Cor.
10: 13; com. Sal. 141: 4). Algunas veces se entiende que esta parte del
Padrenuestro es un ruego a Dios para que nos quite toda tentación. Pero Dios
no nos ha prometido que nos protegerá de la tentación, sino que no nos dejará
caer (Juan 17: 15). Con demasiada frecuencia nos colocamos voluntariamente en
el camino de la tentación (ver com. Prov. 7: 9). En verdad, el pedir que Dios
no nos meta en tentación equivale a renunciar a nuestros propios caminos y
someternos a los caminos que Dios escoja.
Tentación.
Gr. peirasmós, "tentación", y también "prueba", "aflicción" como en 1 Ped. 4:
12. El verbo que proviene de la misma raíz se traduce "probar" (Juan 6: 6;
Heb. 11: 17; Apoc. 2: 2, 10; 3: 10), "intentar" (Hech. 16: 7), "examinar" (2
Cor. 13: 5). Las Escrituras dejan en claro que Dios permite las pruebas (Hech.
20: 19; Sant. 1: 2; cf. 1 Ped. 4: 12) y de diversos modos prueba a los hombres
(Gén. 22: 1; Exo. 20: 20), pero nunca los tienta a pecar (Sant. 1: 13).
Líbranos.
El verbo griego puede significar también "rescatar".
Mal.
Gr. pon'rós. La forma que aquí se emplea puede referirse a una cosa mala o a
una persona mala (ver com. cap. 5: 39), malvada o maligna. No es claro a cuál
se hace referencia aquí. Algunos prefieren traducir "malo" o maligno",
mientras que otros creen que se habla aquí del principio del mal. La
conjunción "mas" parecería indicar que el "mal" debe considerarse como
equivalente de "tentación" en la frase anterior. Si así fuera, el "mal"
probablemente se refiere al "mal" moral.
Tuyo es el reino.
Con esta frase comienza la doxología del Padrenuestro. La evidencia textual
tiende a confirmar la omisión de (cf. p. 147) esta doxología. No aparece en la
versión de Lucas de la oración (Luc. 11: 4). Sin embargo, la idea que expresa
es netamente bíblica y se parece mucho a 1 Crón. 29:11-13. Una doxología más
corta aparece en 2 Tim. 4: 18.
El "reino", el "poder" y la "gloria" que se le atribuyen al Padre sin duda se
refieren también al reino actual de la gracia divina en el corazón de los
hombres, pero principalmente anticipan el glorioso reino que ha de inaugurarse
con el retorno de Cristo a esta tierra para reinar con poder y gloria (ver com.
vers. 10).
Amén.
Ver com. cap. 5: 18.
14.
Si perdonáis.
Cf. Mat. 18: 23-35; Mar. 11: 25-26. Ver com. Mat. 6: 12.
Ofensas.
Gr. paráptÇma, que proviene de un verbo que significa "caer al lado", o "pisar
en falso". Notar que la palabra traducida como "deudas" en el vers. 12 es
diferente. La palabra paráptÇma insinúa un apartarse de la verdad o la
justicia. En el NT parecería indicar una violación consciente de lo recto, lo
cual implicaría culpabilidad.
Vuestro Padre celestial.
Ver com. vers. 9.
15.
Si no perdonáis.
El que no está dispuesto a perdonar a otros, no merece recibir perdón. Esperar
de otros lo que uno mismo no está dispuesto a hacer es la esencia del egoísmo y
del pecado. Si Dios perdonara al que no perdona, estaría condonando su falta y
le estaría dando lo que éste en realidad no quiere. Dios no podría perdonar a
tal persona y ser al mismo tiempo leal a su carácter justo. Sólo cuando
estamos en armonía con nuestros prójimos, podemos estar en armonía con Dios
(ver 1 Juan 4: 20; com. Mat. 7: 12).
Sus ofensas.
La evidencia textual sugiere la omisión de esta frase (cf. p. 147), la cual
está omitida en la BJ. Pero el sentido es el mismo si se la omite o se la
retiene.
16.
Cuando ayunéis.
En los vers. 16-18 se trata el tercero de los deberes religiosos aquí
considerados (ver com. vers. 1). Con referencia al ayuno entre los judíos ver
com. Mar. 2: 18, 20. Se alude aquí al ayuno privado y 339 voluntario.
Afligir el cuerpo a causa del pecado del alma es en realidad esquivar el
problema y perder de vista la verdadera naturaleza del arrepentimiento, porque
el pecado es enfermedad del alma y no del cuerpo (DMJ 75).
No seáis austeros.
Mejor "no pongáis cara triste" (BJ). No significa esto que Jesús prohibía la
tristeza si es genuina. Más bien se refiere a la apariencia fingida de los
"hipócritas".
Hipócritas.
Ver com. vers. 2.
Demudan.
Gr. afanízÇ, "hacer invisible" o "hacer irreconocible". Jesús aquí se refiere a
la acción de ocultar los verdaderos sentimientos tras una apariencia de
tristeza simulada, así como un actor esconde su rostro bajo una máscara, so
pretexto de ser muy piadoso. Cuando ayunaban, los "hipócritas" andaban sin
lavarse, sin afeitarse, y sin arreglarse ni el cabello ni la barba.
En el griego hay un interesante juego de palabras que difícilmente puede
traducirse a nuestro idioma. Los verbos que se traducen como "demudar" y
"mostrar" provienen de una misma raíz: fáinÇ, "aparecer". Una traducción libre
de este pasaje sería así: "Hacen desaparecer sus rostros [sus verdaderos
sentimientos] para que ellos [mismos] puedan aparecer", etc.
Mostrar a los hombres.
Procuraban llamar la atención de sus prójimos para conseguir fama de tener gran
piedad.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
Su recompensa.
Ver com. vers. 1-2
17.
Pero tú.
El Sermón del Monte hace notar el contraste entre la filosofía de Dios y la
filosofía del hombre. Las enseñanzas de Jesús -"pero yo os digo" (cap. 5: 22,
etc.)- se oponen a la de los rabinos, y la vida de los ciudadanos del reino
del cielo -"más tú" (cap. 6: 6; etc.)- contrasta con la de los "hipócritas".
Cuando ayunes.
En este pasaje Jesús no aprueba el ayuno ni tampoco lo condena. Ayunar o no
sólo atañe a la persona involucrada. En realidad, la esencia del ayuno es la
conciencia de la necesidad personal de hacerlo. La enseñanza de Jesús destaca
que el ayuno ha de ser una experiencia personal movida por esa sensación de
necesidad, y no una formalidad piadosa ni un medio de ganar fama de ser muy
piadoso. No hay virtud en ayunar sólo porque a uno se le ordene que lo haga.
Unge tu cabeza.
El aceite era símbolo de gozo (Sal. 45: 7; 104: 15). Ungir la cabeza era un
símbolo de bendiciones recibidas (Sal. 23: 5; 92: 10). Los ciudadanos del
reino pueden ayunar, pero cuando lo hacen deben vestirse y arreglarse como
siempre, porque el ayuno es personal y pierde su significado si se lo hace
"para mostrar a los hombres que ayunan".
Lava tu rostro.
No como lo hacían los "hipócritas" (ver com. vers. 16).
18.
Para no mostrar.
La religión cristiana no tiene nada de sombrío, y el cristiano melancólico en
sus palabras o en su apariencia representa mal el carácter de Dios (DMJ 76).
Es un gozoso privilegio el ser hijos de Dios (1 Juan 3: 1-2), y el rostro
triste nos da la apariencia de ser huérfanos y no hijos.
Sino a tu Padre.
El ayuno es un asunto que sólo tiene que ver con el que ayuna y su Dios, y no
entre él y sus prójimos.
Que está en secreto.
Ver com. vers. 6.
Te recompensará en público.
Ver com. vers. 4.
19.
No os hagáis tesoros.
Literalmente, "no sigáis haciendo tesoros" o "dejad de hacer tesoros". La
acumulación de bienes terrenales generalmente se debe al deseo de tener
seguridad en lo futuro y refleja temor e incertidumbre. Jesús indica a los que
quieren ser ciudadanos de su reino que la posesión de riquezas materiales es un
motivo de ansiedad más que un medio de liberarse de ella. El cristiano no se
angustia por las necesidades materiales de la vida porque confía en que Dios
las conoce y le dará lo que le haga falta (vers. 31-34). Como lo destaca Pablo
más tarde, esto no significa que el cristiano será indolente ante sus propias
necesidades y las de su familia (1 Tes. 4: 11; 2 Tes. 3: 10; 1 Tim. 5: 8).
Mat. 6: 19-21 parecería tener una forma poética y podría haber sido un
proverbio o refrán. Ver com. Prov. 10: 22.
La palabra griega th'saurós (ver com. cap. 2: 11), que se traduce aquí como
"tesoro", se refiere a riqueza en el sentido amplio de todas las posesiones
materiales. En tiempos de Cristo, así como ahora, el amor al dinero era la
pasión dominante de millones. En el griego se puede apreciar un interesante
juego de palabras.
Ni la polilla ni el orín.
Estas palabras simbolizan varias clases de daños. "Orín ("herrumbre", BJ), Gr.
brÇsis, del verbo bibrÇskÇ, "devorar", y se refiere a lo que carcome o corroe.
Todas las posesiones materiales son afectadas de un modo u otro por pérdida,
desgaste, depreciación o deterioro. 340
Corrompen.
Gr. afanízÇ (ver com. vers. 16). Podría traducirse mejor como "consumir" o
"hacer desaparecer".
Minan.
"Socavan" (BJ). El verbo griego tiene la idea de "horadar" (NC) para pasar a
través de una pared de ladrillos o de barro.
20.
Sino haceos.
Ver com. Mat. 6: 19; cf. Luc. 12: 33. En el Sermón del Monte no se prohíbe
hacer tesoros, siempre que esos tesoros se coloquen en el lugar donde les
corresponda. Cristo quiere que los ciudadanos del reino de los cielos hagan
una buena inversión del tiempo y de las fuerzas que su Padre celestial ha
tenido a bien proporcionarles en esta vida. Todo lo que el hombre pueda tener
en esta vida le ha sido prestado por Dios; sólo aquel "tesoro" que logra
depositar en el cielo puede en verdad llamarse suyo.
Tesoros en el cielo.
Tales tesoros son permanentes y no son afectados por los enemigos de los
tesoros terrenales ni los estragos del tiempo. Las inversiones que se hacen en
tesoros celestiales van valorizándose con el tiempo, mientras que las
inversiones hechas en tesoros terrenales inevitablemente se deprecian.
21.
Allí estará también vuestro corazón.
Tesoro es todo aquello a lo cual se aferra una persona, sin tener en cuenta su
valor intrínseco. Los "tesoros" de un niño pueden tener poco valor en sí, pero
para él son tan importantes como la fortuna de un rey. Los verdaderos intereses
de una persona están donde tiene sus "tesoros".
22.
Lámpara.
Gr. lujnós. Se refiere a la fuente de luz o al medio por el cual brilla y no a
la luz misma (ver com. cap. 5: 15). Los vers. 22 y 23 son una ilustración del
principio expuesto en los vers. 19-21. La excesiva preocupación por acumular
riquezas terrenales es una evidencia de visión espiritual defectuosa, de
tinieblas en el alma (vers. 34). La "luz" del cuerpo es aquel discernimiento
que relaciona debidamente el valor de las cosas temporales con el valor de las
cosas eternas.
El ojo.
Se habla aquí del ojo del alma, que le permite al hombre tener una visión
celestial, y lo capacita para contemplar lo que es invisible para la vista
natural (Rom. 1: 20; cf. Heb. 11: 27). Esta vista es guía del alma así como
la vista física es guía del cuerpo.
Bueno.
"Sano" (BJ). Gr. haplóus, "sencillo", "sincero", "sano", "sin culpa". Se
emplea para referirse a lo que no tiene dobleces, como en el caso de una tela.
En este pasaje haplóus está en contraposición con pon'ros, "malo" (ver com.
vers. 23). Su significado se parece mucho al de la palabra "perfectos" en cap.
5: 48 (ver com. de ese vers.). La traducción "sano" (BJ) está de acuerdo con el
contexto. Un cristiano cuyo ojo espiritual esté "sano" es aquel cuyo
discernimiento y juicio hacen que sea una persona sencilla, sin artificios,
íntegra y pura; la que ve las cosas temporales y las de la eternidad en su
verdadera perspectiva.
Si el ojo está "bueno" o "sano" hay sinceridad de propósito, dedicación
integral al reino del cielo y a la práctica de sus principios eternos (Fil. 3:
8, 13-14; DMJ 78). Para ser eficaz, la visión debe estar enfocada y
concentrada. Del mismo modo, el que desea tener verdadera luz en el alma, debe
tener claramente enfocada su visión espiritual. De otro modo, su visión será
borrosa y su estimación de la verdad y del deber será defectuosa (ver com.
Apoc. 3: 18).
23.
Pero si.
Cf. Luc. 11: 34-35.
Maligno.
Gr. pon'rós, que aquí significa en mal estado" o "enfermo". El hombre que
tiene el ojo "maligno" bien podría ser el que tiene un ojo puesto en los
tesoros acumulados en la tierra y el otro arrogantemente vuelto hacia el cielo.
Tal persona sufre de estrabismo, espiritual y ve doble. Como resultado tiene
un doble objetivo (ver com. vers. 24). Cree que le es posible gozar de todo lo
que la tierra le ofrece y también entrar en los goces eternos del cielo. El
amor del yo ha entorpecido su visión a tal punto que, como Eva, ve las cosas
como no son en la realidad (Gén. 3: 6).
¿Cuántas no serán?
Las tinieblas del alma empequeñecen el carácter y la personalidad.
24.
Ninguno.
"Nadie" (BJ). Cf. Luc. 16: 13.
Servir a dos señores.
No se puede servir a dos personas cuyos caracteres e intereses son diferentes
(ver com. "al otro"). No es posible "servir a dos señores" así como no es
posible enfocar la vista sobre dos cosas al mismo momento o concentrarse en dos
ideas a la vez. El que intenta servir a Dios con el corazón dividido es
inestable en todos sus caminos (Sant. 1: 8). La religión cristiana no puede
aceptar ser una influencia entre muchas. Si está presente en la vida,
necesariamente su influencia debe ser suprema y debe controlar todas las otras
influencias haciendo armonizar la vida con sus principios.
Al otro.
Gr. ho héteros, es decir, otro de diferente clase o calidad. Se emplea la
palabra állos para referirse a otro de la misma clase 341 (cap. 5: 39). Aunque
pudiera ser factible "servir a dos señores" cuyos caracteres e intereses son
los mismos, no es posible hacerlo cuando discrepan sus caracteres e intereses.
No podéis.
No hay posición neutral. El que no está enteramente de parte de Dios, en
realidad y para fines prácticos, está de parte del diablo. La oscuridad y la
luz no pueden ocupar el mismo espacio en un mismo momento. Es imposible servir
a Dios y a las riquezas porque sus exigencias son irreconciliables. Los que
sirven a las riquezas son sus esclavos y hacen lo que ellas les exigen a pesar
de sí mismos (Rom. 6: 16).
Riquezas.
Gr. mamÇnas, transliteración del arameo mamon o mamonas´. Se refiere a las
riquezas de todo tipo y no es sustantivo propio a menos que se emplee para
personificar a las riquezas.
25.
No os afanéis.
Gr. merimnáÇ, "preocuparse", "estar ansioso". Esta misma palabra se emplea en
1 Cor. 7: 32; 12: 25; cf. Luc. 12: 22-31. Ver com. Sal. 55: 22.
Jesús no recomienda aquí el ascetismo ni tampoco alaba la pobreza. No afirma
que sin pobre o descuidado sea más aceptable ante Dios que un hombre diligente
y rico. Jesús mismo aconsejó prudencia en la administración de la vida y los
negocios (Luc. 14: 28-32). Lo que aquí condena es el hábito de preocuparse por
las cosas materiales de la vida, especialmente por las que son superfluas.
Cristo condena el deseo que lleva al derroche en cualquier sentido. El
cristiano discierne claramente el valor relativo de las cosas, y su
preocupación está en proporción con ese valor. Comprende que la riqueza no es
un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar fines más importantes, y su
objetivo supremo en la vida no será el de amontonar riquezas.
Vida.
Gr. psuj', que aquí designa la vida física. Ver com. cap. 10: 28, donde se
presentan otros sentidos de la palabra psuj'.
El alimento.
Gr. trof', alimento de todo tipo. Jesús aquí dice que la vida es más importante
que el alimento. Si bien el alimento es importante, no es un fin en sí mismo,
sino un medio para sostener la vida. La persona cuyo principal propósito es
conseguir alimento y vestido, ha perdido lo más importante de la vida.
Deberíamos comer para vivir y no vivir para comer (cf. com. Mar. 2: 27).
26.
Mirad.
Mediante tres ejemplos tomados de la naturaleza, Jesús ilustra la verdad de
que Dios, el Autor de la vida, proporciona lo que es necesario para sostener la
vida, y que por esto el hombre no debe afligirse indebidamente por conseguir lo
que le hace falta. Estas tres ilustraciones son las aves (vers. 26), la
estatura humana (vers. 27), y las flores del campo (vers. 28).
Las aves.
Las aves del cielo nada deben al cuidado humano. Es Dios quien les da la
existencia y las sostiene. Al mismo tiempo, requiere que usen de la capacidad
que les ha dado para buscarse el alimento. Quizá pocas personas trabajen tan
dura e incansablemente como lo hacen los pajarillos para conseguirse el
alimento, sobre todo cuando tienen pequeñuelos en el nido. Del mismo modo,
Dios espera que el hombre acepte la responsabilidad de trabajar para ganar lo
que hace falta para sostener la vida. Sin embargo, Jesús también dijo que Dios
no tenía el propósito de que el hombre considerara que ese trabajo era el
objetivo y la meta de la vida.
No siembran.
El Creador ha ordenado la existencia de leyes naturales que operen para
producir el alimento (Job 38: 41; Sal. 145: 15-16; 147: 9). El alimento está
allí, pero las aves deben ir a buscarlo.
Las alimenta.
El que proporciona el alimento para las aves del cielo es Aquel en quien
podemos confiar para que nos proporcione lo que necesitamos para vivir. Dios
nos ha prometido estas cosas, si estamos dispuestos a trabajar por ellas. El
deseo de tener sobreabundancia de cosas materiales es implantado por el
maligno, e inevitablemente induce a los hombres a intentar reunir más de lo que
les corresponde de los bienes de la vida. Este deseo pervertido es el que
estimula el egoísmo y lleva al crimen, la violencia y la guerra.
Mucho más.
Si Dios alimenta con tanta abundancia a los animalitos que ha creado, ¿no
tendrá acaso mayor preocupación por la felicidad y el bienestar del hombre?
27.
¿Quién de vosotros?
Así se presenta la segunda ilustración del principio expuesto en el vers. 25
(ver com. vers. 26; cf. Luc. 12: 25).
Por mucho que se afane.
"Por más que se preocupe" (BJ). Ver com. vers. 25.
Estatura.
Gr. h'likía, que puede traducirse tanto "edad" (Juan 9: 21, 23; Heb. 11: 11)
como "estatura" (Luc. 2: 52; 12: 25; 19: 3; Efe. 4: 13). Si bien se habla en
este pasaje de añadir un "codo" (medida de longitud) a la estatura, también
sería posible entender que se refiere a la imposibilidad del hombre de
prolongar el tiempo de su vida. 342
28.
¿Por qué os afanáis?
Cf. Luc. 12: 26-27. Cristo presenta la tercera ilustración del cuidado del
Padre para con las criaturas de su mano.
Lirios.
Gr. krína, (singular, krínon), palabra cuyo equivalente botánico exacto se
desconoce. Posiblemente Jesús empleó krínon como término general para referirse
a las flores del campo. Algunos sugieren que se hace alusión aquí a la anémona
multicolor, flor común, colorida, que se destaca en Palestina.
29.
Pero os digo.
Ver com. cap. 5: 22. Cf. Luc. 12: 27.
Toda su gloria.
El esplendor de la corte de Salomón era proverbial (1 Rey. 10: 1-13, 21; ver
Mishnah Baba Metzia 7. 1).
30.
Y si la hierba.
Cristo resume aquí el principio que se ilustra en los vers. 26-28. Los vers.
30-34 repiten y hacen resaltar la enseñanza que se presentó en el vers. 25. Es
probable que la hierba del campo deba relacionarse con los lirios del campo del
vers. 28, y que en tal sentido fuera una continuación de la misma ilustración.
Horno.
El pasto seco y las ramas se empleaban comúnmente como combustible en los
hornos del antiguo Cercano Oriente.
Mucho más.
Aquel que ha dado la vida, sin duda concederá con ella las dádivas menores del
alimento y el vestido. No permanecerá inactivo en actitud de caprichosa
despreocupación por el sostén de la vida que él mismo ha dado. Es razonable
pensar que Dios se preocupa por sus hijos.
Poca fe.
Ver com. cap. 8: 26.
31.
No os afanéis.
Ver com. vers. 25. La vida es más importante que el alimento, pero el reino de
Dios es más importante que cualquiera de los dos. El hombre sólo debería
afanarse por lo que es más esencial.
32.
Los gentiles buscan.
La lucha por lograr lo material no es apropiada para los ciudadanos del reino
celestial. No es correcto que un hijo de Dios deje las cosas de valor eterno a
fin de buscar lo que no es mejor que "la hierba del campo que hoy es, y mañana
se echa en el horno" (vers. 30). Ver com. Isa. 55: 1-2; Juan 6: 27.
Sabe.
Esta es la segunda razón por la cual un cristiano no debe dedicar su vida a la
obtención de posesiones materiales: Dios sabe lo que necesitamos y nos lo
proporcionará.
33.
Buscad primeramente
Cf. Luc. 12: 31. El gran propósito de la existencia de los hombres es que
"busquen a Dios, si en alguna manera... puedan hallarle" (Hech. 17:27). La
mayor parte de los seres humanos están afanados trabajando por "la comida que
perece" (Juan 6: 27), por el agua de la cual volverán a tener sed (Juan 4: 13).
La mayoría de las personas gasta su "dinero en lo que no es pan" y su "trabajo
en lo que no sacia" (Isa. 55: 2). Con demasiada frecuencia tendemos a hacer de
las cosas materiales el principal propósito de nuestra vida, con la vana
esperanza de que Dios será indulgente con nosotros, y que al final de nuestra
existencia, añadirá la eternidad al breve plazo de setenta años. Cristo quiere
que demos a las cosas más importantes el primer lugar y nos asegura que las
cosas de menor importancia y menor valor serán dadas a cada uno de acuerdo con
su necesidad.
El reino de Dios.
Ver com. cap. 3: 2; 5: 13; 6: 10.
Os serán añadidas.
No puede existir seguridad aparte de Dios y de la ciudadanía de su reino. El
mejor remedio para la preocupación es la confianza en Dios. Si hacemos
fielmente la parte que nos toca, si damos al reino del cielo el primer lugar en
nuestros pensamientos y en nuestras vidas, Dios nos cuidará mientras dure
nuestra existencia. Con misericordiosa ternura ungirá nuestra cabeza con
aceite (ver com. vers. 17) y la copa de nuestra vida rebosará de bienes (Sal.
23: 6).
34.
No os afanéis.
Ver com. vers. 25. Los cristianos pueden vivir libres de ansiedad aun en medio
de las circunstancias más difíciles, plenamente confiados en que Aquel que
"bien lo ha hecho todo" (Mar. 7: 37) hará que todas las cosas les ayuden "a
bien" (Rom. 8: 28). Aunque nosotros no sabemos "qué dará de sí el día" (Prov.
27: 1), Dios sabe muy bien lo que ocurrirá el día de mañana. Nuestro Padre,
que conoce el futuro, nos insta a confiar en su cuidado permanente y a no
afanarnos por supuestos problemas y perplejidades. Cuando llegue el día de
mañana, los problemas que habíamos temido encontrar, con frecuencia resultarán
haber sido totalmente imaginarios. Muchísimas personas están obsesionadas, sin
necesidad, por el fantasma del día de mañana.
Los cristianos siempre deberían recordar que Dios no concede ayuda para llevar
las cargas del día de mañana mientras ese día no llegue. Tienen el privilegio
de aprender diariamente la verdad de lo que Cristo le dijo a Pablo: "Bástate mi
gracia" (2 Cor. 12: 9; cf. cap. 4: 16). 343
Basta a cada día.
Con esto Jesús quería decir que no había por qué afanarse o afligirse por el
día de mañana pues cuando ese día llegara, traería también con los problemas
las soluciones. Cada día trae consigo su propia medida de trabajo y cuidado, y
sabio es el que aprende a no intentar llevar hoy las cargas del día de mañana.
Su propio mal.
Es decir, sus propios problemas, su "inquietud" (BJ 1966). Ver Prov. 27: 1.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DMJ 69
1-2 2JT 28; 1T 193
1-4 MC 20
1-6 DTG 278; ECFP 9
3 IT 192
3-4 DMJ 69-70
4 DMJ 70-71, 73-74
5 DMJ 72; OE 184
5-9 IJT 274
6 CC 98; DMJ 72, 75; OE 267; 2T 189; 5T 163
6-8 MJ 245
7 DMJ 74
9 CS 710; DMJ 64, 87-89, 112; FE 309; 2JT 336; MeM 298; OE 222; PR 50
9-13 3JT 24
10 CM 47, 175, 412; DMJ 92-93; Ev 281; FE 210; 2JT 257; 3JT 70, 225, 255; MM
23; OE 469; 8T 35
11 CMC 170; DMJ 94; 2JT 521; PVGM 81
12 CC 97; DMJ 96; PVGM 192, 196; 3T 95; 5T 170
13 CN 308; CS 585; DMJ 98, 101; PR 50; 7T 239; Te 171
14-15 DMJ 96; 3T 95; 5T 170
15 PVGM 196
16 DMJ 75
17-19 DMJ 75
19 CMC 148, 167; 1JT 378; 2JT 165; 2T 192, 575; 3T 250, 549; 4T 53
19-20 CMC 39, 164, 221, 301; 1JT 555; 1T 118, 169, 538-539; 3T 208; 4T 44; 4TS
70
19-21 CMC 123, 143; 1JT 405; 2JT 329; 1T 151, 477, 494; 2T 241; 2T 244, 678; 5T
258
19-24 1JT 127
20 CMC 53, 246-247, 356; DMJ 76; 1JT 42, 70, 245, 468, 553; 2JT 166; 3JT 404;
OE 234; PE 49, 57, 66; SC 274; 1T 166, 170, 175, 191, 324; 2T 653, 674; 3T 120;
4T 49, 119; 9T 115
20-21 1JT 31; NB 398; 2T 197; 3T 130, 546
21 CMC 229, 357; DMJ 75; 1T 638, 698; 2T 59, 183, 663; 3T 546; 4T 104
21-22 PE 112
22 CH 285; CMC 142, 356; CW 80; Ev 474, 477; FE 340, 456; MM 141, 205; 2T 397,
419, 444; 3T 391, 523; 4T 213, 221, 397, 561; 5T 110, 124, 499; 7T 239; 8T
124, 141; 9T 150
22-23 DMJ 78; FE 302; TM 277
22-24 DTG 279
23 1JT 110, 128; 2JT 265; SC 50
24 CMC 226, 229; DMJ 79; ECFP 122; Ev 450; FE 181, 501-502; 1JT 155, 238, 363,
406, 472, 500; 2JT 58; 3JT 111; MJ 112; MM 115; PP 163, 530; PR 42; 1T 531,
539; 2T 128, 138, 150, 237, 442; 3T 547; 4T 47, 124, 350; 5T 77, 83, 280, 340,
481; 8T 203; TM 275, 404
24-25 1JT 592
25 2T 460
25-26 DMJ 81
25-34 DTG 280; 2T 496
26 CC 85, 125; CN 56; DMJ 82; Ed 113
26-30 FE 159; 1JT 504
28 CC 126; DMJ 81
28-29 CN 53, 388-389; 1JT 592; 3T 375
28-30 CM 138; Ev 113; FE 319; PVGM 31; TM 191
28-33 MC 221; PVGM 19
30 CC 126; CV 206; DMJ 81; PVGM 59; 1T 19; Te 37
31 CH 24; EC 18; 1JT 597; 3JT 13; PE 58; 1T 500; 4T 640; 3TS 135
31-33 Ed 134; FE 414
33 CM 53; CMC 24, 230, 237, 316; COES 20, 73; CV 370; DMJ 83; DTG 97, 104, 297;
EC 22; FE 470, 484; HAp 372; 1JT 242, 377; 3JT 164; MJ 312; MM 50; 1T 500, 502;
2T 399, 659; 4T 425, 541; 5TS 168
34 CMC 165, 240; DMJ 84; DTG 280; 2JT 59; MC 382; PP 299; 1T 697; 2T 641; 5T
200 343
CAPÍTULO 7
1Conclusión del Sermón del Monte: Cristo desaprueba los juicios precipitados; 6
prohibe dar las cosas santas a los perros; 7 exhorta a la oración, 13 a entrar
por la puerta estrecha, 15 a guardarse de los falsos profetas; 21 a no ser sólo
oidores de la Palabra, sino a practicarla, 24 como el hombre que construyó
sobre la roca, 26 y no como el que edificó sobre la arena.
1 NO JUZGUEIS, para que no seáis juzgados.
2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con
que medís, os será medido.
3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver
la viga que está en tu propio ojo?
4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga
en el ojo tuyo?
5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para
sacar la paja del ojo de tu hermano.
6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los
cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.
7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se
le abrirá.
9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?
10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?
11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más nuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le
pidan?
12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así
también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.
13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el
camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;
14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y
pocos son los que la hallan.
15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de
ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o
higos de los abrojos?
17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos,
sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y
en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de
maldad.
24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un
hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra
aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un
hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu
contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;
29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
1.
No juzguéis.
Jesús se refiere de especial manera al hecho de juzgar las intenciones de otras
personas, no al hecho de juzgar si sus acciones son buenas o malas. Sólo Dios
es competente para juzgar las intenciones de los seres humanos porque sólo él
puede saber los pensamientos íntimos de los hombres (Heb. 4: 12; DTG 280-281).
Cuando Dios mira así los corazones de los hombres, ama al pecador al paso que
odia el pecado. Puesto que sólo puede mirar "lo que está delante de 345 sus
ojos" (1 Sam. 16: 7) y no lo que está en el corazón, el hombre inevitablemente
se equivoca. Jesús no se refiere aquí al delicado sentido de discriminación por
el cual el cristiano debe distinguir entre lo bueno y lo malo (Apoc. 3: 18; cf.
2JT 75), sino más bien al hábito de criticar y censurar, muchas veces en forma
injusta e inmisericorde.
2.
Con el juicio.
Cf. Mar. 4: 24; Luc. 6: 38. La medida que damos es la que recibiremos, porque
la injusticia engendra injusticia. Más que eso, la injusticia de una persona
para con sus prójimos provoca el castigo divino, tal como lo enseñó Jesús en la
parábola de los dos deudores (Mat. 18: 23-35). Podemos condenar la ofensa,
pero, como lo hace Dios, debemos siempre estar listos a perdonar al ofensor.
Podemos ser misericordiosos para con el ofensor sin por ello condonar el mal
que pueda haber cometido.
3.
¿Por qué miras?
Cf. Luc. 6: 41. Un proverbio árabe pregunta: "¿Cómo ves la astilla en el ojo
de tu hermano y no ves la viga en tu propio ojo?" Una idea similar se expresa
en nuestro proverbio: "El que tiene tejado de vidrio no tire piedras al ajeno".
Paja.
Gr. kárfos, una "pizca" o "astillita" de madera o paja. A pesar de su
minúsculo tamaño, este objeto extraño sería sumamente irritante en el ojo. La
"paja" representa una falta menor. El que es proclive a censurar, fácilmente
detecta cualquier falta en otro, no importa cuán pequeña sea.
Viga.
Gr. dokós, "tronco" o "tablón", un pedazo de madera empleado en la construcción
de una casa.
4.
¿Cómo dirás?
Cf. Luc. 6: 42.
Déjame sacar.
Este ofrecimiento no se debe tanto al deseo de ayudar como al deseo de atraer
la atención al hecho de que la paja está en el ojo del otro, y a la supuesta
sabiduría y habilidad de quien ofrece sacar la paja.
La viga.
Olvidando completamente las veces que él mismo se ha equivocado y sus propias
debilidades, el hipócrita se impacienta con su hermano que ha errado. Con
cuánta frecuencia los así llamados cristianos expresan profunda indignación por
la conducta de otros o quizá por lo que suponen haber sido las actitudes
ajenas, y después se llega a saber que ellos mismos son culpables de los
pecados de los cuales han acusado a otros. Así había ocurrido en el caso de
los fariseos que llevaron a Jesús a la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:
3-11; DTG 425-426) y en el caso de Simón que condenó a María (Luc. 7: 36-39;
DTG 519). El cristiano que descubre la falta de su hermano, debe restaurarlo
"con espíritu de mansedumbre", considerando que también él puede haber sido
tentado y puede haber caído en el mismo pecado o puede hacerlo en el futuro
(Gál. 6: 1).
5.
¡Hipócrita!
La persona criticona y censuradora es siempre hipócrita, y sus críticas en
parte tienen el propósito de cubrir su propia hipocresía (ver com. cap. 6: 2).
Verás bien.
Sólo cuando una persona está dispuesta a sufrir, si es necesario, a fin de
ayudar a su hermano descarriado, puede ver con suficiente claridad como para
ayudarle (DMJ 109). La intervención más delicada en el área de las relaciones
humanas, la que requiere visión más clara y discernimiento más agudo de parte
de quien se propone realizar la intervención, es la de ayudar a otros a ver y
quitar los defectos que tienen en su carácter y en su vida.
6.
No deis.
Después de hablar acerca de los errores minúsculos o imaginarios en la vida y
en el carácter de otros, Jesús se pronuncia sobre la actitud del cristiano para
con los que evidente y completamente están en el error y no desean escapar del
pecado.
Lo santo.
Probable referencia a ofrendas o sacrificios llevados al templo y consagrados a
un uso santo. Dice un rabino en la Mishnah: "Las ofrendas animales no pueden
redimirse para usarlas como alimento para perros" (Temurah 6. 5; ver también
Talmud Behoroth 15a). Quien predica el Evangelio no debe perder tiempo con los
que "consideran el Evangelio como tema de contención e ironía" (DMJ 110; 1JT
396).
Perros.
Aun hoy en algunos lugares del Cercano Oriente los perros vagabundos son los
basureros de los pueblos y las ciudades. Para los judíos el perro era también
un animal inmundo según las leyes ceremoniales. Por no ser de mayor utilidad
doméstica, se lo consideraba con sumo desprecio (ver com. Job 30: 1).
Perlas.
Gr. margarít's, de donde proviene el nombre Margarita. Es posible que Jesús se
estuviera refiriendo a las perlas pequeñas que por su tamaño y color podrían
confundirse con el grano usado para alimentar a los cerdos.
7.
Pedid.
Después de exponer los altos ideales del reino de los cielos (cap. 5: 21 al 7:
6), Jesús dedica el resto de su sermón a 346 presentar los medios por los
cuales los ciudadanos de su reino pueden hacer que estas nobles virtudes sean
parte de su vida (cap. 7: 7-12). Conduce a sus oyentes al punto donde los
caminos se dividen y les llama la atención al hecho de que la ciudadanía del
reino divino exige gran sacrificio personal (Mat. 7: 13-14; cf. Luc. 14:
27-33), y no debiera tomarse livianamente. Advierte contra la filosofía y el
consejo de los que pretenden ser dirigentes religiosos, pero son lobos vestidos
de ovejas (Mat. 7: 15-20), y termina con una fervorosa exhortación a vivir
según los principios del reino (vers. 21-27).
Reconociendo la imposibilidad de que los pecadores por sí mismos puedan ordenar
su vida según los principios de la ley divina, Cristo indica a sus oyentes la
fuente de poder para la vida cristiana. Todo lo que los ciudadanos del reino
necesitan pueden recibirlo con sólo pedirlo. Comprendiendo su propia
incapacidad, piden a Dios fuerza y él los colma del poder divino necesario para
vencer. Los que piden no serán chasqueados (vers. 9-11). Dios no es mezquino
con los dones del cielo. No trata con los hombres como ellos se tratan entre
sí (vers. 1-6), sino que es bondadoso y misericordioso.
9.
¿Qué hombre hay?
Ningún padre presente en el público habría sido tan cruel y despiadado. Si
ellos, a pesar de sus imperfecciones humanas, no se rebajarían a tal proceder,
mucho menos probable era que el Padre celestial lo hiciera.
11.
¿Cuánto más?
Al enseñar, Cristo muchas veces empleó el método de ir de lo menor a lo mayor.
En este caso, del amor de los padres humanos al amor infinitamente mayor del
Padre celestial (cf. cap. 6: 30). Jesús toma lo mejor de la naturaleza humana y
luego señala a los hombres el carácter incomparablemente mayor de Dios.
Dará buenas cosas.
Por lo general los niños no se sienten cohibidos cuando quieren pedir algo. No
debemos vacilar al acercarnos al Dador de "toda dádiva y todo don perfecto"
(Sant. 1: 17).
12.
Así que.
Ver com. Mat. 7: 7; cf. Luc. 6: 3l. La prueba de la autenticidad de la
religión es la manera como el cristiano trata a sus prójimos (1 Juan 4: 20; cf.
Mat. 25: 31- 46).
La regla de oro resume las obligaciones de la segunda tabla del Decálogo y es
otra expresión del gran principio de amar al prójimo (Mat. 19: 16-19; 22:
39-40; cf. 1 Juan 4: 21).
Los ciudadanos del reino de la gracia han escogido vivir según esta norma
divina y sin duda en el reino de la gloria seguirán haciéndolo. La actitud que
asumimos para con nuestros prójimos es la medida infalible de nuestra actitud
para con Dios (1 Juan 3: 14-16).
Los grandes pensadores de otros tiempos y de otras culturas han descubierto y
expresado la sublime verdad presentada en la regla de oro, pero por lo general
lo han hecho en forma negativa. Se le atribuye a Hillel, famosísimo rabino de
la generación anterior a Jesús, la siguiente declaración: "Lo que te resulte
odioso a ti, no se lo hagas a tu prójimo; en eso consiste toda la Torah, y lo
demás es comentario acerca de esto" (Talmud Shabbath 31a). La regla de oro
aparece también en el libro apócrifo de Tobías (cap. 4:15): "No hagas a nadie
lo que no quieras que te hagan" (BJ). En la Carta de Aristeas se lee: "Así
como no deseas que te sobrevenga el mal, sino que deseas participar en todo lo
bueno, así debieras tratar con los que te están sujetos y con los
transgresores".
Debe notarse que Jesús transformó un precepto negativo en una regla positiva.
En esto está la diferencia esencial entre el cristianismo y todos los sistemas
religiosos falsos, y entre el verdadero cristianismo y aquella religión que
tiene las formas pero niega el poder vital del Evangelio. La regla de oro toma
el egoísmo supremo, lo que querríamos que otros hicieran por nosotros, y lo
transforma en suprema abnegación, lo que hemos de hacer en favor de otros.
Esta es la gloria del cristianismo. Esta es la vida de Cristo vivida en los
que le siguen y llevan su nombre (ver com. cap. 5: 48).
Esto es la ley.
Cristo niega enfáticamente que el principio enunciado en la regla de oro sea
algo nuevo; es la esencia misma de la ley tal como fue dada mediante Moisés (la
Torah), y lo que escribieron los profetas. Es decir, todo el AT (ver com.
Mat. 5: 17; Luc. 24: 44). Los que afirman que la ley de amor sólo pertenece al
NT y relegan el AT al olvido, como un sistema religioso obsoleto, se
constituyen en críticos del Maestro quien declaró específicamente que no había
venido a cambiar los grandes principios expuestos en "la ley o los profetas"
(ver com. Mat. 5: 17-18; Luc. 24: 27, 44). Todo el Sermón del Monte, desde
Mat. 5: 20 hasta 7: 11, ilustra esta gran verdad. Después de haber afirmado
que no había venido a abolir las enseñanzas de Moisés 347 y de los profetas,
Cristo expuso con detalles su actitud para con la ley al manificarla y honrarla
(cf. Isa. 42: 21).
13.
Entrad.
En los vers. 13-14 Jesús extiende a su auditorio una invitación formal para
aceptar sus principios como norma para regir la vida y les señala la manera de
comenzar y por dónde empezar. El es la "puerta" (Juan 10: 7, 9) y el "camino"
(Juan 14: 6). El que desee entrar en el reino de los cielos, el que quiera
tener vida y tenerla "en abundancia" debe entrar por medio de Cristo; no hay
otro camino (Juan 10: 7-10; cf. Luc. 13: 24).
Estrecha.
Gr. stenós, "estrecho", "angosto". La puerta está al comienzo del camino y no
al fin. Es estrecha y por ella podrá pasar sólo lo que sea esencial para el
viaje. Los que escuchaban a Jesús bien podían comprender la figura. Estaban
acostumbrados a los caminos sinuosos, angostos y escarpados de su montañoso
país. Las ciudades y los pueblos tenían puertas que se cerraban generalmente a
la puesta del sol, y algunas veces había que esforzarse (Luc. 13: 24) por
llegar a tiempo.
Espacioso es el camino.
El concepto de los dos caminos aparece con frecuencia (Deut. 11: 26; 30: 15;
Jer. 21: 8; cf. Sal. 1).
14.
Porque.
La evidencia textual (cf. p. 147) favorece aquí una exclamación: "¡Qué estrecha
la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida!" (BJ).
Estrecha es la puerta.
Cf. cap. 19: 24. La estrechez de la puerta exige que el que desea entrar se
niegue a sí mismo.
Angosto.
Gr. thlíbÇ, "comprimir", "apretar". Por lo tanto, un camino estrecho o
apretado, como el de un desfiladero entre altas peñas, en comparación con el
camino ancho y fácil.
Pocos son.
Por la sencilla razón de que no desean encontrarlo (BJ), porque todo el que
quiere, puede entrar por este camino (Apoc. 22: 17).
15.
Falsos profetas.
Cf. Mat. 24: 5, 11, 24; Mar. 13: 22. Verdadero profeta es el que habla en
lugar de Dios. En consecuencia, falso profeta es el que pretende hablar en
lugar de Dios cuando en realidad sólo profiere los pervertidos pensamientos de
su propio corazón corrupto (cf. Isa. 30: 10; Jer. 14: 13-15; 23: 16-17, 21,
25, 30-32, 38; 29: 8-9; Eze. 13: 2-3, 10-11). Comparar esto con el episodio de
Jeremías y los falsos profetas de su tiempo (Jer. 27-29).
Falsos profetas son los que pretenden que los hombres pueden entrar por la
puerta ancha y el camino espacioso, y podrán llegar de todos modos al destino
de la puerta angosta y el camino estrecho. Estos son los "ladrones" cuyo único
propósito es robar, matar y destruir (Juan 10: 7- 10). Ver en Hech. 20: 28-31;
2 Tes. 2: 3, 7; 2 Ped. 2; 1 Juan 2: 18-19 las advertencias apostólicas contra
los falsos profetas.
Vestidos de ovejas.
El parecido de los "lobos" con las "ovejas" era sólo externo. No había
ocurrido un cambio de corazón, sino sólo de aspecto. Indudablemente, el
propósito era engañar a las ovejas y crear en ellas una falsa seguridad a fin
de devorarlas con mayor facilidad. Con frecuencia se describe al pueblo de
Dios como ovejas y a Dios como su Pastor (Sal. 23: 1-2; 78: 52; 80: 1; 100: 3;
Isa. 40: 11; 53: 6; Eze. 34: 10-19; Juan 10: 1-16; etc.).
lobos.
Cf. Sof. 3: 3; Mat. 10: 16; Juan 10: 12
Rapaces.
Gr. hárpax, "rapaz". Estos "lobos" no sólo son de corazón malvado, sino que se
oponen a la verdad y a los que desean seguirla. Tienen el propósito de
perjudicar a las ovejas para beneficiarse a sí mismos. Ansiosos de ganancia y
de poder, son más peligrosos que los "perros" o los "cerdos" del vers. 6. Ver
com. Miq. 3: 5-11.
16.
Conoceréis.
Gr. epiginÇskÇ, "conocer cabalmente". Aquí cambia la metáfora. Las ovejas no
están totalmente desvalidas pues tienen la habilidad de detectar a los "lobos"
por su porte y por su conducta. Las atrayentes pretensiones de estos falsos
profetas no demuestran su verdadero carácter. Sus hermosas palabras y su
excelsa profesión no son pruebas válidas de lo que realmente son, ni puede
tenerse confianza en sus milagros (vers. 22). Las palabras "los conoceréis"
pueden ser consideradas como una promesa de que las "ovejas" que conocen la voz
de su Pastor (Juan 10: 4) no serán engañadas por las hermosas palabras de los
"lobos" (2JT 75). Quienes aman de verdad al Señor y están enteramente
entregados a su voluntad obedecerán la voz de Dios que habla a sus almas día
tras día por medio de su Palabra y mediante los consejos que Dios ha dado (CS
656; 3JT 275-276). En la gran hora de la prueba que se avecina, sólo los que
conocen y aman la verdad podrán salvarse de los engaños de Satanás (Ose. 4: 6;
2 Tes. 2: 9-10; Ev 502). Cf. Mat. 12: 33-35; Luc. 6: 43-45.
Uvas de los espinos.
Cf. Sant. 3: 11-12.
17.
Todo buen árbol.
Cf. cap. 12: 33-34.
Buenos frutos.
Es decir, frutos que tienen hermosa apariencia, agradable aroma y buen 348
gusto. Estos frutos son atrayentes en todo sentido. El "fruto del Espíritu"
se describe en Gál. 5: 22-23.
Malo.
Gr. saprós, "podrido", "deteriorado". La misma palabra se traduce "corrompida"
en Efe. 4: 29.
Frutos malos.
En Gál. 5: 19-21 se enumeran las obras de la carne. Comparar esto con las
"uvas silvestres" de la parábola de la viña del Señor (Isa. 5: 1-7) y con los
higos, tan malos que no se podían comer (Jer. 24: 2, 8).
18.
Buen árbol.
Cf. Luc. 6: 43. La persona de carácter sano, automáticamente manifestará ese
carácter en palabras y acciones dignas de encomio.
19.
Es cortado.
Juan el Bautista había hablado del hacha "puesta a la raíz de los árboles" (ver
com. cap. 3: 10). En una parábola posterior, Jesús empleó otra vez la figura
del árbol inútil que es cortado (Luc. 13: 6-9).
Echado en el fuego.
Ver com. cap. 3: 10. En el fuego del día final serán quemados los malos frutos,
o sea las malas obras (2 Ped. 3: 10-12).
20.
Por sus frutos.
Ver com. vers. 16. Para mayor énfasis, esta sección, en la cual se presenta la
metáfora del árbol frutal y su fruto, concluye con la misma declaración con la
cual comenzó.
21.
No todo.
La construcción de esta oración hace resaltar el gran contraste entre el que
sólo habla y el que en verdad hace la voluntad de Dios. La profesión sola no
tiene valor. El que pretende conocer a Dios y sin embargo desobedece sus
mandamientos "es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Juan 2: 4), no
importa que las apariencias puedan indicar lo contrario.
Señor, Señor.
El dirigirse a Cristo como Señor (kúrios) implica reconocerlo como soberano y
asumir la posición de súbdito o siervo.
El que hace.
Es decir, el que hace la voluntad de Dios cuando sabe cuál es. La fe en Dios
debe acompañar a las acciones; de otro modo es sólo un formalismo. Es verdad
que "la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Sant. 2: 17), pero es
igualmente cierto que las obras, si no están acompañadas por una fe sincera y
viva, también son "muertas" (Heb. 6: 1; 9: 14; 11: 6). Los que no conocen la
voluntad de Dios, no deben rendir cuentas de ella (Luc. 12: 47-48); pero los
que han oído la voz de Dios que habla a sus corazones y sin embargo persisten
en andar por sus propios caminos "no tienen excusa por su pecado" (Juan 15:
22).
22.
Muchos me dirán.
Aquí por primera vez Jesús hace alusión indirecta al hecho de que él vendrá en
"aquel día" como Juez de todos los hombres (cap. 26: 64). Estos que le dirán
"Señor" a Cristo en el día del gran juicio final, lo harán como profesos
cristianos. Mientras vivían, han pretendido ser sus seguidores, pero han sido
pesados y hallados faltos.
Aquel día.
El gran día del juicio final (cf. cap. 25: 32-33, 41). "Aquel día" o "día del
Señor" es mencionado con frecuencia por los profetas del AT (ver Isa. 2: 11,
17; Joel 2: 1; 3: 14; Amós 5:18, 20; Sof. 1: 15; cf. Mal. 3: 17; 4: 1; Luc.
10: 12; 2 Tes. 1: 10; 2 Tim. 4: 8).
Profetizamos en tu nombre.
La forma de la pregunta en el griego indica que se espera una respuesta
positiva. Es como si se dijera: "Ciertamente, hemos profetizado en tu nombre,
¿verdad?" Difícilmente habrían hecho tal afirmación delante del gran juez del
universo si su pretensión no hubiera estado respaldada, aparentemente, por los
hechos. Esta es la medida de su arrogancia y vana ilusión. Es como si
protestaran ante el Juez de que su decisión es injusta y que no puede tratarlos
como a réprobos. Han estado predicando en el nombre de Cristo, ¿no es verdad?
Pero han olvidado que el culto externo dedicado a Dios, que se basa en la
tradición humana, no tiene valor.
Echamos fuera demonios.
Se consideraba que éste era el milagro más difícil de realizar (ver com. Mar.
1: 23), y por lo tanto representaba a todos los otros que pudieran mencionarse.
Cuando los setenta regresaron de su primer recorrido evangelístico, lo que les
parecía más importante era el hecho de que aun los demonios se les habían
sujetado (Luc. 10: 17; ver Nota Adicional de Mar. 1).
Muchos milagros.
Quizá estas maravillas incluían verdaderos milagros (cf. CS 609, 645),
realizados como una evidencia que pretendía demostrar que la presencia de Dios
los acompañaba y que sus enseñanzas tenían la aprobación divina (ver Apoc. 13:
13-14; 2 Tes. 2: 9-10). Las Escrituras muestran claramente que la realización
de milagros no es en sí una evidencia convincente de que está obrando el poder
divino. El mayor milagro, tanto en el tiempo como en la eternidad, es una vida
transformada según la semejanza divina (DTG 372-375). Quienes profesan ser
profetas han de ser probados por su vida (ver com. Mat. 7: 16) y no por sus
pretendidos milagros. Ver p. 396.
349
23.
Les declararé.
Gr. homologéÇ, "confesar" o "declarar abiertamente".
Nunca os conocí.
Esta es la evidencia de que sus enseñanzas no habían sido pronunciadas en
armonía con la voluntad de Dios y que los milagros no habían sido realizados
mediante el poder divino.
Apartaos de mí.
Cf. cap. 25: 41. El pecado da por resultado la separación final y completa de
Dios.
Maldad.
Gr. anomía, "ilegalidad" o "falta de conformidad con la ley". Los hacedores de
maldad están fuera de la ley porque han rehusado conformar sus vidas con el
modelo perfecto expuesto en la ley del reino del cielo: "el pecado es
infracción de la ley [anomía]" (1 Juan 3: 4). En el monte de los Olivos,
Cristo dijo que en los últimos días se multiplicaría la maldad [anomía] (Mat.
24: 12), y pocas décadas más tarde Pablo observó que el "misterio de la
iniquidad [anomía]" ya estaba "en acción" (2 Tes. 2: 7).
24.
Pues.
La conclusión y la exhortación del Sermón del Monte son presentadas en la forma
de una doble parábola. Cf. Luc. 6: 47-49.
Oye.
Sin duda Cristo se refiere aquí a algo más que simplemente escuchar. Quienes
oyen estas enseñanzas indudablemente las comprenden, al menos hasta el punto de
tener suficiente luz para actuar si deciden hacerlo, y por lo tanto son
responsables delante de Dios (ver com. vers. 21).
Las hace.
Ver com. vers. 21; cf. cap. 5: 19. Es peligroso oír un mandato divino y no
traducirlo en acción, porque el oír inevitablemente trae consigo la
responsabilidad de actuar en forma consecuente. Los "hijos de Dios" son los
que siguen la dirección del Espíritu (Rom. 8: 14). La obediencia a las
palabras de Cristo transforma el carácter de la persona que obedece. Ver com.
Juan 5: 24.
Le compararé.
La evidencia textual (cf. p. 147) se inclina por la frase "será comparado", es
decir, "será como el hombre" (BJ).
Sobre la roca. El Señor Jesucristo es la "roca" en la cual cada cristiano, y
también la iglesia cristiana como conjunto de constructores de carácter, deben
construir (ver com. cap. 16: 18). Según Luc. 6: 48, el constructor "cavó y
ahondó" a fin de poner un buen cimiento. La construcción de un edificio firme
exige mucho tiempo y esfuerzo. Es mucho más sencillo construir una casa sin
darse el trabajo de poner un cimiento sólido.
25.
Descendió lluvia.
Nótese el estilo ágil: las declaraciones cortas y precisas que describen
vívidamente la tormenta.
Vientos.
Los "vientos" de la tentación y de la prueba (DTG 281), quizá de modo especial
los vientos de las falsas enseñanzas que tienden a separar a la persona del
firme cimiento de la fe (Efe. 4: 14).
No cayó.
Bienaventurado el que en su lucha "contra los gobernadores de las tinieblas de
este siglo" puede "resistir en el día malo" y estar firme (Efe. 6: 12-13).
Bienaventurado el que, terminadas las tormentas de la vida, encuentra que, por
la gracia de Cristo, su carácter ha resistido "todos los dardos de fuego del
maligno" (Efe. 6: 16). Su alma está aferrada a la gran esperanza cristiana
(Heb. 6: 19; Tito 2: 13; cf. Heb. 10: 35) y no puede caer.
Fundada sobre la roca.
La roca era la enseñanza de Cristo, específicamente la del Sermón del Monte
(vers. 24). Las palabras de Cristo nunca dejan de ser (cap. 24: 35), sino que
duran para siempre (Isa. 40: 8; 1 Ped. 1: 25). Sólo en él hay salvación (Hech.
4: 12).
26.
No las hace.
Para dar mayor énfasis a su enseñanza, Jesús repitió en forma negativa la
parábola. Notar este ejemplo del uso de la repetición como método de enseñanza
usado por Jesús. La diferencia entre los dos relatos está sólo en el cimiento.
Todos los otros elementos son iguales. Es evidente que el hombre que aquí se
describe sabía cuáles podrían ser las consecuencias de sus acciones (ver com.
vers. 24).
Insensato.
"Insensato" porque hizo menos que lo que sabía que debía hacer. Puede
comparárselo con el que no se puso el vestido de boda (cap. 22: 11-13) y las
cinco vírgenes insensatas (cap. 25: 2-3).
Sobre la arena.
El que presta oídos sordos al Evangelio, construye en las inestables arenas de
sí mismo, sobre sus propios esfuerzos (DMJ 127) y sobre las teorías y los
inventos humanos (DTG 281).
Descendió lluvia.
La arena seca, cuyo aspecto era atrayente y seguro en tiempo seco, se
transforma con las fuertes lluvias en un torrente caudaloso.
Cayó.
Ver com. vers. 25.
Fue grande su ruina.
Comparar esto con la caída de quienes han puesto su confianza en mentiras (Isa.
28: 16-18), y de los que han construido el muro del carácter con "lodo suelto"
(Eze. 13: 10-16). 350
28.
Cuando terminó.
Ver en Mar. 1: 22 y Luc. 4: 31-32 reacciones similares a las que se registran
aquí.
Estas palabras.
Las que se registran en los cap. 5-7.
Doctrina.
Gr. didaj'', "enseñanza" (ver com. Mar. 1: 21-22). La gente estaba asombrada
porque la enseñanza de Jesús era tan diferente a la de los escribas en las
sinagogas.
29.
Como quien tiene autoridad.
Jesús no enseñaba en forma dogmática, ni citaba a anteriores expositores de la
ley como lo hacían los rabinos en sus enseñanzas, sino que dependía de su
propia autoridad. Notar en los Evangelios el empleo frecuente de la expresión
"De cierto os digo" (ver com. cap. 5: 18), y su equivalente "El que tiene oídos
para oír, oiga" (cap. 11: 15).
Los escribas.
La evidencia textual (cf. p. 147) establece el texto "sus escribas". "Sus
escribas" eran aquellos a quienes esta misma gente había escuchado. Las
enseñanzas de los escribas eran dogmáticas y se basaban en las tradiciones de
los ancianos. En la presentación de Cristo, como también en las verdades que
pronunciaba, había poder vivificante que contrastaba notablemente con el muerto
formalismo de la enseñanza de los escribas. Hay poca evidencia textual (cf. p.
147) de que el texto original griego decía "sus escribas y los fariseos".
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 7
En los escritos de los eruditos rabínicos se encuentran numerosos paralelos con
las enseñanzas religiosas y morales presentadas por Jesús en el Sermón del
Monte y en otros pasajes. Corresponde preguntar: ¿Hasta qué punto depende el
uno del otro? La mayoría de los eruditos Judíos del siglo XX afirman que en
buena medida Jesús dependió de las tradiciones Judías de las escuelas rabínicas
de su tiempo. En 1881 T. Tal (Een Blik in Talmoed en Evangelie, Amsterdam)
afirmó que las enseñanzas morales presentadas en el NT aparecen sin excepción
en el Talmud, y que el Talmud fue la fuente de la cual los Evangelios tomaron
sus enseñanzas morales. Un estudio judío más reciente pretende que "en todos
los Evangelios no hay ni una sola enseñanza ética que no tenga su paralelo en
el Antiguo Testamento, en los libros apócrifos, o en la literatura talmúdica o
midrásica del período cercano al de Jesús" (José Klausner, Jesús of Nazareth
[traducido por Herbert Danby al inglés y publicado en 1925], p. 384). Afirma
además que "Jesús no presentó casi ninguna enseñanza ética que fuera
fundamentalmente ajena al judaísmo. Tan extraordinaria es la similitud, que
casi podría parecer que los Evangelios fueron compuestos sencilla y
exclusivamente de materiales contenidos en el Talmud y el Midrash" (Id., pp.
388-389). Aunque no son tan radicales como los eruditos judíos recién
mencionados, muchos comentadores cristianos citan numerosos paralelos en la
literatura rabínica, creando así la impresión de que Jesús realmente enseñó
pocas cosas que no fueran familiares para el pensamiento judío. Ver pp. 97101.
No puede negarse que hay paralelismos notables. Pero no se deduce
necesariamente que Jesús tomó sus enseñanzas morales de la literatura rabínica.
Quizá la comparación más extensa jamás hecha entre el NT y la literatura judía
es la que efectuaron Strack y Billerbeck en su monumental obra de 4.102 páginas
publicada en alemán (Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch) en
el año 1922. Puesto que estos autores sin duda son las autoridades máximas en
este tema, resulta interesante notar sus observaciones y conclusiones, las
cuales aparecen en un epílogo a los comentarios del Sermón del Monte (t. I, pp.
470-474). Hacen notar que, con la sola excepción de lo que dijo Hillel (ver
com. Mat. 7: 12), los paralelos con el Sermón del Monte atribuidos por nombre
a rabinos, son todos de maestros rabínicos que vivieron después del tiempo de
Jesús. Es posible argumentar en contra de esta conclusión diciendo que muchos
dichos, que se atribuyen a autores posteriores, son de origen más antiguo, por
lo cual podrían haber servido como fuente para las enseñanzas de Jesús. Sin
embargo, Strack y Billerbeck respetan la regla bien establecida de que un dicho
que se le atribuye a cierto autor pertenece en realidad al erudito cuyo nombre
lleva, siempre que no pueda probarse de buena fuente que ese dicho ya existía
antes.
Cuando se aplica esta regla a las enseñanzas del Sermón del Monte,
inmediatamente se comprueba que la gran mayoría de ellas 351 deben atribuírsele
a Jesús, pues él vivió antes que los eruditos a quienes se le atribuyen estas
enseñanzas en la literatura rabínica. No se niega que algunos de estos dichos
pudieron haber sido más antiguos, pero ha de ser responsabilidad del que así lo
cree el encontrar la evidencia de que cada dicho provenía en realidad de una
época anterior.
Examinemos por un momento el otro lado del problema. ¿Hasta qué punto pudo
haber sido la enseñanza de Jesús origen para algunos de los dichos de la
literatura rabínica? Strack y Billerbeck toman en cuenta evidencias de que los
más antiguos eruditos rabinos tanaíticos, quienes vivieron por el año 100 d.
C., conocían bien algunas de las enseñanzas de Jesús. Por ejemplo, la
afirmación de Mat. 5: 17 surge en una disputa entre Gamaliel II (c. 90 d. C.) y
un cristiano (Talmud Shabbath 116a, 116b). No puede medirse la influencia que
tuvo Jesús en el desarrollo del pensamiento judío, sobre todo durante esos
primeros años cuando la sinagoga y la iglesia estuvieron muy relacionadas la
una con la otra. La siguiente cita podría considerarse como una apreciación
justa de la situación: "Se ha llegado hasta el punto de sugerir, aunque
difícilmente pueda probarse alguna vez, que las críticas hechas por Jesús, en
tiempos posteriores cuando su origen se había olvidado, podrían haber jugado
algún papel en el desarrollo del código judío que fue tomando la forma de la
Mishnah y el Talmud" (H. D. A. Major, T. W. Manson, y C. J. Wright, The Mission
and Message of Jesus, 1938, p. 304).
Cuando se recuerda que el porcentaje de dichos rabínicos que no se basan, total
o parcialmente, en el texto bíblico es mínimo, no debe sorprender que puedan
hallarse paralelos entre estos dichos y los de Jesús, quien dio las Escrituras
del AT. Cuando los hombres piadosos de todas las épocas permitieron que
influyera en ellos el Espíritu que había inspirado el AT, sus dichos han
reflejado la luz del cielo. En verdad, esta observación explica por qué los
filósofos que han trabajado fuera de los confines de la religión revelada,
tales como Confucio y Platón, con frecuencia han expuesto elevados ideales.
Jesús es la "luz verdadera, que alumbra a todo hombre" (Juan 1: 9; cf. DTG
430).
Aunque puedan señalarse paralelos entre los dichos de Jesús y los de los
rabinos judios, al mismo tiempo hay diferencias importantes, según lo muestran
Strack y Billerbeck. Ningún erudito judío ha dejado tal multitud de dichos
religiosos y morales como lo ha hecho Jesús. Ningún rabino judío ha podido
expresar sus dichos en la forma breve y autorizada que tanto se admira en las
enseñanzas de Jesús. Sobre todo, ningún erudito judío posterior tuvo las
mismas metas que tuviera Jesús y en esto consiste la principal diferencia, a
pesar de todos los parecidos. Jesús se declaró enfáticamente contrario a la
doctrina farisaico de la salvación por las obras y enseñó valientemente que la
justicia legalista era insuficiente. Al mismo tiempo, mostró a su pueblo un
nuevo camino que lleva a una justicia más elevada. La literatura rabínica
proporciona una evidencia abrumadora de que la religión de los judíos, así como
la exponían los rabinos, era una religión en que la redención se hace depender
de uno mismo. Por otra parte, la religión de Cristo no se centra en
determinada colección de verdades y enseñanzas éticas, sino sólo en Jesús, en
su persona y en su ministerio.
La importancia espiritual de las enseñanzas de Jesús no debe medirse meramente
por sus grandes principios morales. Muchos de éstos ya habían sido expuestos
en el AT o en los dichos del hombre que, en diferentes grados, habían sido
iluminados por la luz del cielo. Pero Cristo habló como nunca hombre había
hablado y con una autoridad que exigía que se le prestara atención. Lo que
distingue claramente a nuestro Señor es el hecho de que él es divino y los
otros maestros tan sólo han sido humanos. Jesús no vino sólo a decir a los
hombres cómo debían vivir, sino a impartirles el poder necesario para vivir esa
vida. No sólo vino para mostrar a los seres humanos que el pecado es malo y
que la justicia es la verdadera meta de la vida, sino vino a borrar los pecados
pasados y a impartir a los hombres la justicia proveniente del cielo. Esto no
lo podían hacer los maestros humanos. A lo sumo podían señalar a los hombres
un camino mejor. Pero Jesús era "el camino, y la verdad, y la vida" (Juan
14:6). Cristo "nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación,
santificación y redención" (1 Cor. 1: 30).
Jesús es la "luz verdadera" (Juan 1: 9). El es la fuente de toda verdadera
luz, y no el reflector de la luz de otros (ver com. Juan 1: 9; 5: 35). Todo
lo que es bueno y ennoblecedor se origina en él y lleva a él. 352
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-29 TM 123
1 DMJ 105; DTG 280; OE 509
1-2 Ev 463; MC 385; TM 277
1-4 1JT 300
1-5 3JT 230
2 CMC 51; CS 32; DMJ 115; 1JT 208; 2JT 88, 251; PP 678; PVGM 197; 4T 139; 5T
53, 278
3 DMJ 106; 5T 92
4 3T 465; 4T 62
5 DMJ 107-108
6 DMJ 109-110; 3T 426
6-12 PE 24
7 CC 95-96; CS 583; FE 300, 399; 2JT 393; 3JT 213, 426; MM 13; OE 271; 3T 415;
TM 328, 385,493
7-8 CM 184; DMJ 110-111
7-11 MJ 120
9 Ev 149
9-11 DMJ 112; HAd 270; 2JT 60
11 ECFP 110; 1JT 23; 5T 157
12 DMJ 113-114; DTG 595; Ed 132; HAd 383; 1JT 208, 510, 567; 2JT 47; MB 211; MC
72; MeM 170, 206; NB 333; PR 482; 4T 350, 359, 490; 5T 338; 8T 134
13 Ev 235; 3T 199, 438; 4T 218, 364; 5T 437
13-14 CM 279; FE 200; 1JT 33; MM 62; OE 168; 2T 479, 592; 8T 65
14 DMJ 116-117; HAp 452; 1JT 588; 2JT 140; 3JT 392; MeM 71; NB 210-211; OE 141;
2T 688; 4T 364, 503
15-16 DMJ 122; Ev 433-434; 4T 376
15-20 Ev 428; 2JT 284, 287; 4T 230, 232
16 CM 146, 414; CS 518, 574; 1JT 161; NB 50; 1T 482; 5T 129, 394; 8T 326
16-18 1T 454
17 DTG 281; ECFP 105; 1JT 511; 2T 328; 5T 98
18 Ev 227; 4T 347; 5T 98
20 CM 250; CS 448; Ev 212; FE 89; HAp 417; 1JT 511; NB 356; 1T 193, 289; 2T 88,
442, 598, 656, 663; 3T 249; 4T 230, 239; 5T 98, 342; TM 30, 474
20-23 1JT 165
21 PP 207; PVGM 216; 1T 482
21-27 4T 613
22 PVGM 340
22-23 DMJ 122; 5T 73
23 CE (1967) 78; CMC 134; CMC 134; HAp 338; 3JT 110; 4T 514, 517; 9T 252
24 1JT 603; OE 108; SC 108
24-25 DTG 281; FE 289; 2JT 90; 3T 414; 4T 117
24-27 CM 50; 3JT 274; TM 123
25 DMJ 123-124; EC 107
26 1JT 403; 2JT 371, 421; MeM 75, 87; SC 108
28 FE 238
28-29 DMJ 44-45; 7T 269
62; 29 CM 183; CH 318; COES 121; DTG 218;
Ev 45-46; FE 236, 406-407; MB 301; 5T 254; 8T 201
CAPÍTULO 8
2 Cristo sana al leproso, 5 cura al siervo del centurión, 14 sana a la suegra
de Pedro 16 y a muchos otros enfermos. 18 Enseña qué significa seguirlo. 23
Calma la tempestad en el mar. 28 Expulsa a los espíritus de dos endemoniados,
31 permite que los demonios entren en una manada de puercos, 34 y la gente
ruega a Jesús que se vaya de su tierra.
1 CUANDO descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.
2 Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres,
puedes limpiarme.
3 Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante
su lepra desapareció.
4 Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al
sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.
5 Entrando Jesús en Capernaúm, vino a él un centurión, rogándole,
6 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente
atormentado.
7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi
techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.
9 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes
soldados;
PALESTINA DURANTE EL MINISTERIO DE JESÚS
353 y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto,
y lo hace.
10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os
digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con
Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será
el lloro y el crujir de dientes.
13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su
criado fue sanado en aquella misma hora.
14 Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con
fiebre.
15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.
16 Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra
echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;
17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo
tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.
19 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas
el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre
a mi padre.
22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.
23 Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.
24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas
cubrían la barca; pero él dormía.
25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que
perecemos!
26 El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose,
reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.
27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los
vientos y el mar le obedecen?
28 Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su
encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera,
tanto que nadie podía pasar por aquel camino.
29 Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has
venido acá para atormentarnos antes de tiempo?
30 Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos.
31 Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a
aquel hato de cerdos.
32 El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he
aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y
perecieron en las aguas.
33 Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas
las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.'
34 Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron
que se fuera de sus contornos.
1.
Mucha gente.
Con el vers. 1 termina el relato del Sermón del Monte. Mateo dice que mucha
gente acompañaba a Jesús, tanto antes del Sermón del Monte (cap. 4: 24-25) como
después del mismo (cap. 8: 1). Ver com. Mar. 1: 45 donde se presenta el marco
cronológico dentro del cual el autor de otro Evangelio sinóptico habla de
grandes multitudes en este período del ministerio de Cristo.
2.
Un leproso.
[Un leproso, Mat. 8: 2-4 = Mar. 1: 40-45 = Luc. 5: 12-16. Comentario
principal: Marcos.] Según Marcos (cap. 1: 40-45) y Lucas (cap. 5: 12-16) este
episodio acaeció antes de la presentación del Sermón del Monte. Al parecer,
Mateo sigue un orden temático y no estrictamente cronológico en su presentación
de los acontecimientos de la vida de Jesús (ver p. 268). Según todas las
evidencias, el hecho que se registra en Mat. 8: 5-13 ocurrió en seguida después
del Sermón del Monte (ver com. Luc. 7: 1), quizá el mismo día.
Se postró.
Gr. proskunéÇo, "rendir homenaje", generalmente postrado o de rodillas. El
verbo proskunéÇ no necesariamente indica reconocimiento de divinidad (ver com.
Est. 3: 2).
5.
Entrando Jesús en Capernaúm.
[Jesús sana al siervo de un centurión, Mat. 8: 5-13 = Luc. 7: 1-10. Comentario
principal: Lucas.] 354
6.
Gravemente atormentado.
Ver com. cap. 4: 24.
10.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
11.
Vendrán muchos.
Lucas omite de su relato la declaración de Cristo acerca de la congregación de
los gentiles (Mat. 8: 11-12), pero emplea una afirmación similar en otro
pasaje (Luc. 13: 28-29). La congregación de las naciones gentiles era un tema
común de los profetas del AT (ver t. IV, pp. 27-40).
Se sentarán.
Gr. anaklínÇ, "reclinarse". Con referencia a la manera de comer, ver com.
Mar. 2: 15. Con frecuencia los escritores bíblicos emplean la figura del
banquete para representar los goces del reino mesiánico (Isa. 25: 6; Luc. 13:
29; 14: 15; Apoc. 19: 9).
12.
Hijos del reino.
Ver com. cap. 3: 9. La expresión "hijos del reino" era una frase común hebrea
empleada generalmente para describir a los que en verdad tenían derecho a
heredar el reino.
Las tinieblas de afuera.
Este símbolo representa la aniquilación final de los impenitentes empedernidos.
El lloro y el crujir.
Mateo registra otros casos cuando Jesús empleó esta expresión para describir el
remordimiento de los réprobos al contemplar su triste fin en contraste con el
gozo que podrían haber tenido (cap. 13: 42, 50; 22: 13; 24: 51; 25: 30). La
misma expresión aparece con frecuencia en la literatura judía de la época que
describe los sufrimientos de la Gehenna (ver com. cap. 5: 22).
13.
En aquella misma hora.
Con frecuencia se habla del sanamiento instantáneo (cap. 9: 22; 15: 28; 17:
18). Si bien algunos MSS añaden la frase:"y cuando volvió el senturión a su
casa en aquella misma hora encotró al siervo sano", la evidencia textual
favorece (cf. p. 147) el texto corto: "fue sanado en aquella hora".
14.
Casa de Pedro.
[Jesús sana a la suegra de Pedro, Mat. 8: 14-17 = Mar. 1: 29-34 = Luc. 4:
38-41. Comentario principal: Marcos.]
16.
Con la palabra.
También podría traducirse, "con una palabra".
17.
Para que se cumpliese.
Ver com. cap. 1: 22.
Tomó.
Al parecer, Mateo da aquí una paráfrasis o traducción libre de Isa. 53: 4. El
pasaje de Isaías se refiere en primera instancia a las "enfermedades" del
pecado, según puede verse claramente por el contexto (ver com. cap. 53: 4).
Mateo lo interpreta en sentido más literal. En su humanidad Cristo fue
plenamente capaz de sentir y expresar simpatía humana, y verdaderamente sintió
lo que nosotros sentimos y se compadeció de nosotros (cf. Juan 1: 14; Fil. 2:
6-8; etc.).
Llevó.
Gr. bastázÇ, "cargar", "levantar". La misma palabra se emplea en cap. 3: 11 en
relación con el calzado (ver com. cap. 3: 11).
18.
Viéndose Jesús.
[Jesús calma la tempestad, Mat. 8: 18, 23-27 = Mar. 4: 35-41 = Luc. 8: 22-25.
Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 210; diagrama p. 221.] Los tres
Evangelios sinópticos registran el relato de la tempestad apaciguada, la
curación de los endemoniados de Gadara, la curación de la mujer inválida y la
resurrección de la hija de Jairo, siempre en este mismo orden. Como de
costumbre, el relato de Marcos contiene muchos detalles gráficos que no son
mencionados ni por Mateo ni por Lucas. El primero de estos milagros ocurrió la
noche después del sermón de Jesús, junto al mar, en el cual presentó las
parábolas registradas en Mat. 13. Por lo tanto, cronológicamente, el
apaciguamiento de la tempestad registrado en el cap. 8 sigue a las parábolas
registradas en el cap. 13. Marcos y Lucas, que siguen un orden más
cronológico, colocan estos milagros después del sermón junto al mar. El hecho
que se registra aquí probablemente ocurrió a comienzos del otoño
(septiembre-octubre) del año 29 d. C. (ver com. Luc. 7: 11), durante el
transcurso del segundo viaje misionero por Galilea. Cansado y exhausto por
haber pasado muchos días de agotador ministerio público, Jesús cruzó el lago
para poder descansar y apartarse un poco de las multitudes que lo rodeaban.
Mucha gente.
Grandes multitudes seguían a Jesús dondequiera iba (Mat. 4: 25; Mar. 3: 7; 4:
1), de tal modo que a menudo no tenía ni siquiera tiempo de comer (Mar. 3: 20;
DTG 300). Mientras cruzaba el lago, vencido por la fatiga y el hambre, Jesús
no tardó en quedarse dormido (DTG 300-301). Aun para Cristo, ministrar a las
necesidades físicas y espirituales de la gente exigía el desgaste de fuerzas
que debían ser restauradas mediante descanso y alimento. Por esta razón el
Salvador buscó unas pocas horas de respiro en medio de sus incesantes labores.
Otro lado.
Es decir, la región de Decápolis, frente a Galilea (ver p. 48), al sureste
del mar de Galilea. Esta zona, escasamente poblada, era mayormente pagana; no
hay registro alguno de que los escribas y fariseos alguna vez hubieran seguido
a Jesús a esos lugares. 355
19.
Un escriba.
[Los que querían seguir a Jesús, Mat. 8: 19-22. Ver mapa p. 209.] A pesar del
aparente parecido de este pasaje con el de Lucas (Luc. 9: 57-62), es muy
probable que estos pasajes se refieran a dos ocasiones separadas y diferentes.
Aunque Mateo no sigue un orden estrictamente cronológico, dentro del relato del
cruce del lago (vers. 18, 23-27) ha insertado este relato de dos hombres que se
ofrecieron a ser discípulos de Jesús. Al parecer, la única conclusión
razonable es que estos dos voluntarios se acercaron a Jesús al final del sermón
junto al mar (ver com. vers. 18), mientras se disponía a cruzar al otro lado
del lago.
El relato similar de Lucas aparece en el registro de la partida final de Jesús
desde Galilea hacia Jerusalén (Luc. 9: 51, 57). Precede al relato del envío de
los setenta a las ciudades y aldeas de Samaria y de Perea (cap. 9: 62; 10: 1) y
por lo tanto parecería estar estrechamente relacionado con estos
acontecimientos. Jesús se retiró de Galilea para viajar a Jerusalén y a Perea a
fines del otoño (septiembre-noviembre) del año 30 d. C. (ver com. cap. 9: 51).
Además, debería notarse que Jesús respondió a Judas con palabras similares a
las que se registran en Mat. 8: 19-20, cuando éste se presentó como voluntario
al discipulado en el verano del año 29 d. C., varias semanas antes del sermón
junto al mar (ver DTG 260; 2SP 305-306; com. Mat. 5: 1). Posiblemente Jesús
tenía la costumbre de advertir a cada discípulo voluntario, como también a los
que él mismo llamaba personalmente, de las privaciones y los sacrificios que
acompañaban al discipulado, y en varias ocasiones puede haber empleado palabras
similares a las que se registran aquí.
Muchos han intentado identificar al "escriba" que se acercó a Jesús, pero en el
mejor de los casos, sólo pueden considerarse como conjeturas. Con referencia a
la posición del escriba en tiempos de Jesús, ver com. Mar. 1: 22. Sin duda,
por su cultura, educación y posición social, un escriba encontraría que las
privaciones del discipulado eran más difíciles de soportar para él que para un
pescador. Ver com. Mar. 2: 10.
Maestro.
Gr. didáskalos, "maestro", "profesor" (ver com. cap. 12: 38).
Te seguiré.
Este escriba era un voluntario quien, con estas palabras, pedía ser aceptado
como discípulo y dedicar así todo su tiempo a la obra. Del mismo modo, cuando
Jesús le dijo: "Sígueme", le estaba extendiendo una invitación al discipulado,
con exclusión de toda otra actividad (ver com. Mat. 4: 19; Mar. 2:14). Es
posible que hasta ese momento el escriba hubiera seguido a Cristo
ocasionalmente, y hubiera visto y oído lo suficiente como para hacer surgir en
su corazón el deseo de estar con el Maestro constantemente y de aprender de él.
Por otra parte, parecería que fuera una persona más bien temperamental,
acostumbrada a actuar más por impulso que por principio, y que no había
considerado plenamente el costo del discipulado (Luc. 14: 25-33).
Adondequiera que vayas.
Comparar esto con las palabras de Rut a Noemí (Rut 1: 16) y las de Pedro a
Cristo (Luc. 22: 33). Sin embargo, en el caso del escriba, estas palabras
pueden no haber significado más que la intención de ser un discípulo
permanente. Le faltaba la fidelidad de Rut y manifestaba la inconstancia de
Pedro (ver com. Mar. 3: 16). El discipulado exige firmeza de propósito y
paciencia frente a la dificultad o al chasco (ver com. Luc. 9: 62).
20.
Nidos.
Gr. katask'nÇsis, "lugar donde vivir", "vivienda". Muchas veces la palabra
indica vivienda temporaria, tal como una tienda de campaña.
El Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1:1; Mar. 2: 10; Nota Adicional de Juan 1.
Recostar su cabeza.
A fin de cumplir la misión que había venido a realizar a la tierra, Cristo pasó
la mayor parte de su ministerio yendo de un lugar a otro, no sin un propósito
(ver com. Luc. 2: 49), pero sin lugar de domicilio fijo. El que estuviera
acostumbrado a las comodidades de su hogar, como quizá lo estaba este escriba,
sin duda encontraría difícil y desagradable esa vida itinerante. Quienes hayan
de ser testigos del Evangelio deberán siempre estar dispuestos a soportar
penalidades como buenos soldados de Jesucristo (2 Tim. 2: 3).
21.
Otro.
Quizá este hombre había sido ocasionalmente discípulo, y ahora proponía que lo
aceptaran como discípulo permanente. En contraste con el otro que quería ser
discípulo (vers. 19 y 20), pero que tenía la tendencia de ser impetuoso y de
actuar precipitadamente movido por sus impulsos, este hombre, a juzgar por la
respuesta que Cristo le dio, parecía ser de una naturaleza diametralmente
opuesta: lento, letárgico y dispuesto a posponer las cosas. 356
Entierre a mi padre.
Con toda probabilidad el padre gozaba aún de buena salud, y el tiempo de su
muerte estaba en un futuro indeterminado. Si el padre de este hombre no estaba
muerto, sino perfectamente vivo, las palabras de Cristo deben entenderse en
forma figurada y no literal. Es probable que el pedido de este que pretendía
querer seguir a Jesús era una excusa para no seguirle o un intento de postergar
el momento cuando sería necesario dejar todo a fin de seguirle (cf. Luc. 5:
11, 28). Si el padre ya hubiera estado muerto, es muy poco probable que Cristo
hubiera mandado descuidar lo que aún hoy en las tierras bíblicas es considerado
como uno de los más sagrados deberes de un hijo. Además, en lugares de clima
cálido, los muertos son enterrados con premura, y si el padre de este hombre ya
hubiera muerto, difícilmente el hijo habría estado escuchando a Jesús.
Evidentemente, tanto el hombre como Jesús se estaban refiriendo a la muerte
futura del padre.
Así como el primero tenía exceso de entusiasmo, el segundo tenía exceso de
cautela. Es como si le hubiera dicho a Cristo que quería seguirle, pero que no
podía hacerlo mientras su padre viviera. Y Cristo le había respondido, en
esencia, que reconocía plenamente la obligación de un hijo para con su padre,
pero que debía hacerle notar que la obligación para con el reino de los cielos
era más importante aun que la otra. Las demandas del Evangelio trascienden las
de los lazos familiares. No se trata de que esos lazos disminuyan en lo más
mínimo, sino que no deben constituirse en una excusa para no hacer caso al
llamamiento de Cristo al servicio (ver com. Mar. 7: 11-12; Luc. 14: 26).
22.
Sígueme.
Ver com. Mar. 2: 14.
Deja que los muertos.
A primera vista, esta declaración parecería ser un tanto dura, pero no es así
cuando se la entiende dentro del contexto del tiempo cuando fue hecha. Como ya
fuera señalado (ver com. vers. 21), estas palabras son en parte figuradas, en
vista de que con toda probabilidad el padre aún vivía y el momento de su muerte
estaba en un futuro indefinido. Lo que Cristo podría haber estado diciendo era
que los muertos espirituales debían enterrar a los muertos literales.
En el caso de este hombre, existía el peligro de que la postergación lo
despojara de sus buenas intenciones y le resultaría de mayor provecho romper
con sus anteriores relaciones mientras predominaran los impulsos correctos. El
cristiano, sobre todo el que quiera servir a la causa de Cristo, debe actuar
prontamente cuando Dios impresiona su corazón que así debe hacerlo (ver Hech.
8: 26-27). Discerniendo el carácter de este hombre, Cristo le presentó para su
consideración el cuadro del cambio fundamental que debía haber en su vida si
había de ser un discípulo de éxito. Tendría que dar a las cosas más
importantes el primer lugar y relegar las no esenciales a un lugar de
importancia secundaria. La respuesta de Jesús a su pedido tenía el propósito
de estimularlo a la acción (ver Luc. 9: 60).
Si Cristo hubiera invertido el consejo que les dio a estos dos que querían
seguirle, hubiera sido completamente inapropiado, porque hubiera estimulado al
escriba a seguir su inclinación natural de actuar sin considerar debidamente el
resultado de su decisión, y al segundo lo hubiera instado a demorar la acción
de acuerdo con su propia inclinación.
23.
Y entrando él en la barca.
Aquí continúa la narración, comenzada en el vers. 18 e interrumpida por los
episodios registrados en los vers. 19-22 (ver com. vers. 18). Según el relato
de Marcos, Cristo estaba ya en una barca de pescar, y sencillamente se quedó
allí sin bajar a tierra para despedir a la gente (cap. 4: 1, 36). Sin embargo,
puesto que Mateo ha separado de su contexto el relato de la tormenta en el lago
(ver com. cap. 8: 18), aparentemente le resulta necesario registrar también
aquí que Jesús entró en la barca (cf. cap. 13: 2). Con toda probabilidad
estaba ya oscureciendo cuando los discípulos alejaron la barca de la costa (DTG
300-301). Sin duda esta barca era la que fue puesta a disposición de Jesús
(ver com. Mar. 3: 9). Varias otras barcas dejaron la costa al mismo tiempo
para cruzar el lago con Jesús (Mar. 4: 36).
24.
Y he aquí.
Ver com. cap. 3: 16.
Una tempestad.
Gr. seismós, "sacudimiento", que se puede referir tanto a una tormenta como a
un terremoto. De esta misma palabra griega se deriva la palabra "sismo" o
"seísmo". Aquí la palabras se refiere a la agitación del mar y a la terrible
fuerza de las ráfagas huracanadas que acosaban a la barca. El mar de Galilea
es conocido por las tormentas que se levantan casi sin previo aviso. En este
caso, los vientos soplaban sobre las aguas del lago desde los valles montañosos
junto a la orilla orienta] (DTG 301). Esa tarde había sido calma, y los
discípulos probablemente 357 no habían esperado que pudiera haber tormenta.
Cubrían.
La barca se estaba llenando de agua con tal rapidez que los discípulos
perdieron la esperanza de poder achicar el agua y salvar la embarcación. Varios
de los discípulos eran expertos pescadores que habían pasado buena parte de su
vida en el mar de Galilea y sabían dirigir una barca en una tormenta. Pero en
esta ocasión, toda su habilidad y su experiencia no les bastaron.
El dormía.
Sólo aquí se registra que Jesús durmió. Vencido por la fatiga y el hambre al
final de un día cansador (DTG 300-301), Cristo sin duda se durmió
inmediatamente (ver com. Mat. 8: 18; Mar. 4: 38).
25.
Le despertaron.
Según El Deseado de todas las gentes (p. 301), los discípulos llamaron a Jesús
dos veces en la oscuridad, pero su voz se perdió ahogada por el ruido de la
tormenta. Entonces un relámpago les hizo ver que Jesús todavía dormía, por lo
cual vinieron sus discípulos "y le despertaron" (Luc. 8: 24). Asombrados de
que pudiera dormir a pesar de la furia del vendaval, y atónitos por lo que les
parecía que era una falta de preocupación de Jesús por sus desesperados
esfuerzos para salvar la barca y sus propias vidas, se dirigieron a él con tono
de reproche: "¿No tienes cuidado que perecemos?" (Mar. 4: 38).
¡Sálvanos, que perecemos!
El imperativo griego denota urgencia: "Sálvanos en seguida; estamos a punto de
perecer". Bien podría ser éste el clamor del que es acosado por las tormentas
de la tentación. Algunos meses más tarde, Pedro habría de clamar con terror,
"Señor, sálvame" (cap. 14: 30). Evidentemente ya había olvidado cómo Cristo
había salvado a todos en esta ocasión anterior.
26.
Hombres de poca fe.
Aunque los discípulos habían visto muchas maravillosas evidencias del poder
divino, parecería que hasta este momento Jesús no había manifestado su dominio
sobre las fuerzas de la naturaleza, y posiblemente no se les había ocurrido que
pudiera hacerlo.
Grande bonanza.
La tormenta se calmó en forma tan súbita como había estallado. Sin duda el
silencio de la naturaleza fue tan notable e impresionante como lo había sido la
inesperada furia de vientos y olas.
27.
Aun los vientos.
Cristo no sólo tenía potestad sobre toda clase de enfermedades y sobre la
muerte, sino también sobre el viento y el mar. Al parecer, los discípulos "se
maravillaron" de que las fuerzas de la naturaleza también se sometieran a la
voluntad de Jesús. Eran testigos oculares de lo que había acontecido (Luc. 1:
2; 1 Juan 1: 1-2) y ni por un momento pensaron en negar la evidencia de sus
sentidos. Cristo había ordenado, y los elementos habían obedecido. Hoy día,
algunos que se consideran sabios afirman que esto fue tan sólo una
coincidencia, que la tormenta de todos modos estaba a punto de calmarse, y que
Jesús habló en el preciso momento cuando el viento ya había perdido su furia.
Sencillamente, les pediríamos que repitieran esta "mera coincidencia", sin
omitir ningún detalle registrado en el relato bíblico.
Cada vez que Cristo realizaba un milagro, su reputación estaba en juego. Si
hubiera fracasado siquiera una vez, como les sucedió a los discípulos al menos
en una ocasión (cap. 17: 16-20), ¿qué habrían pensado los hombres de su tiempo,
o qué pensarían de él los hombres de hoy?
Así como Cristo calmó los vientos y las olas del mar de Galilea, así también
puede calmar las tormentas de la vida que con tanta frecuencia irrumpen en
forma violenta e inesperada sobre el alma humana. Con demasiada frecuencia la
razón por la cual no experimentamos su poder en nuestra vida es porque tenemos
temor y poca fe.
28.
Cuando llegó.
[Los endemoniados gadarenos, Mat. 8: 28 a 9: 1 = Mar. 5: 1-20 = Luc. 8: 26-39.
Comentario principal: Marcos.]
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
2-3 DTG 228, 231; MC 43,45-46
3 DTG 722
4 DTG 229
5-13 DTG 282, 284; 4T 233
6,8 DTG 282
8-9 MC 42
10 DTG 45
11 CS 480; DTG 574
11-12 DTG 284; PVGM 173
13 DTG 283; MC 42
14-16 DTG 224
15 MC 19
17 MC 11, 86
19-20 DTG 260, 347 358
20 1JT 37, 383, 473; MC 12; MJ 298; MM 19; PR 53; 3T 457; 4T 621; TM 177; 3TS
132
22 Ev 475
23-34 DTG 300-309
25 DTG 303
25-26 DTG 302
27 4T 288
28 DTG 304; MC 64
29 MC 65
30-32 MC 65-66
30-33 DTG 305
CAPÍTULO 9
2 Cristo cura a un paralítico. 9 Llama a Mateo, el recaudador de impuestos; 10
come con los publicanos y los pecadores, 14 y defiende a sus discípulos porque
no ayunan. 20 Sana a la mujer con flujo de sangre; 23 resucita a la hija de
Jairo; 27 devuelve la vista a dos ciegos; 32 cura a un mudo y endemoniado, 36 y
siente compasión por la multitud.
1 ENTONCES, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.
2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver
Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son
perdonados.
3 Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.
4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en
vuestros corazones?
5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir:
Levántate y anda?
6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para
perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete
a tu casa.
7 Entonces él se levantó y se fue a su casa.
8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal
potestad a los hombres.
9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al
banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.
10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos
publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con
Jesús y sus discípulos.
11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come
vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino
los enfermos.
13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio.
Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y
los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
15 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto
que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será
quitado, y entonces ayunarán.
16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira
del vestido, y se hace peor la rotura.
17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y
el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres
nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.
18 Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante
él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y
vivirá.
19 Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos.
20 Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le
acercó por detrás y tocó el borde de su manto;
21 porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.
22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha
salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.
23 Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas,
y la gente que hacía alboroto,
24 les dijo: Apartaos, porque la niña no 359 está muerta, sino duerme. Y se
burlaban de él.
25 Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la
niña, y ella se levantó.
26 Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra.
27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten
misericordia de nosotros, Hijo de David!
28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que
puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.
29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.
30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente,
diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
32 Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado.
33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y
decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.
34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los
demonios.
35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de
ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda
dolencia en el pueblo.
36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban
desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los
obreros pocos.
38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
1.
Entrando Jesús en la barca.
En Mat. 9: 1 concluye el relato de los endemoniados de Gadara (Mat. 8: 28 al 9:
1; ver com. Mar. 5: 21). El capítulo 8 debería concluir con el vers. 1 del
cap. 9.
Su ciudad.
Es decir, Capernaúm (ver com. Mar. 1: 29).
2.
Un paralítico.
[Jesús sana a un paralítico, Mat. 9: 2-8 = Mar. 2: 1-12 = Luc. 5: 17-26.
Comentario principal: Marcos.]
9.
Mateo.
[Llamamiento de Mateo, Mat. 9: 9 = Mar. 2: 13-14 = Luc. 5: 27-28. Comentario
principal: Marcos]
10.
Sentado a la mesa.
[El banquete de Mateo, Mat. 9: 10-13 = Mar. 2: 15-17 = Luc. 5: 29-32.
Comentario principal: Marcos.]
13.
Id, pues, y aprended.
Los escribas y fariseos probablemente no tenían consigo sus rollos de las
Escrituras, y para estudiar el tema que Jesús les sugería, tendrían que haber
ido a la sinagoga.
Misericordia quiero.
Ver Ose. 6: 6. Aquí la palabra "misericordia" bien podría representar el
carácter, o sea los rasgos de carácter que Dios quisiera que su pueblo
reflejara (ver com. Mat. 19: 19; 22: 39). Del mismo modo, la palabra
"sacrificio" representa las formas de la religión que tienen la desventurada
tendencia de eclipsar la religión práctica (2 Tim. 3: 5). En este sentido,
"misericordia" representa la justificación por la fe, así como "sacrificio"
representa la justificación por las obras. Cristo dijo que de nada valían las
formas de la religión sin el espíritu vitalizador de ella (ver com. Mar. 7: 79, 13; Juan 4: 23-24).
Dios no ordenó la observancia del sistema ceremonial judío porque en sí mismo
representara el ideal divino de la vida religiosa. En sí mismos, los antiguos
sacrificios carecían de valor (Heb. 9: 9; 10: 1- 11). El Señor no se complace
sólo con lo visible (Miq. 6: 7). Lo que Dios requiere del hombre es "hacer
justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios" (Miq. 6: 8). Siempre
ha sido mejor obedecer que presentar sacrificios (1 Sam. 15: 22; ver com. Mat.
7: 21-27; Mar. 7: 7- 9).
14.
Los discípulos de Juan.
[La pregunta sobre el ayuno, Mat. 9: 14-17 = Mar. 2: 18-22 = Luc. 5: 33-39.
Comentario principal: Marcos.]
18.
Mientras él les decía.
[La hija de Jairo y la mujer que tocó el manto de Jesús, Mat. 9: 18-26 = Mar.
5: 21-43 = Luc. 8: 40-56. Comentario principal: Marcos.] Mateo afirma que
durante el diálogo registrado en los vers. 14-17, Jairo (Mar. 5: 22) se acercó
a Jesús. Si se añade a esto la afirmación hecha en DTG, p. 310, en el sentido
de que Jairo encontró a Cristo en la casa de Mateo, resulta claro que hay una
estrecha relación cronológica entre el banquete en la casa de Mateo, la
protesta de los fariseos en cuanto a que Jesús comía con los publicanos y los
pecadores, la pregunta en cuanto al ayuno y la resurrección de la hija de
Jairo. 360
Acaba de morir.
Según los relatos de Marcos (cap. 5: 23, 35) y Lucas (cap. 8: 42, 49), la niña
aún no estaba muerta cuando Jairo se presentó delante de Jesús para hacerle su
petición; pero sí estaba, como diríamos nosotros ahora: "casi muerta",
"agonizando"; o sea que moriría inevitablemente si Jesús no intervenía de
inmediato. No hay, pues, ninguna discrepancia entre los relatos de estos tres
evangelistas. No es posible determinar si el padre sabía de la resurrección
del hijo de la viuda de Naín, acontecida poco antes (ver com. Luc. 7: 11),
pero es muy posible que sí.
27.
Dos ciegos.
[Dos ciegos reciben la vista, Mat. 9: 27-31. Comentario: Mateo. Cf. Mar. 8:
22-26; 10: 46-52. Ver mapa p. 210; con referencia a los milagros, pp.
198-203.] Este milagro quizá ocurrió en Capernaúm hacia fines del año 29 d. C.
La curación en Besaida (Mar. 8: 22-26) ocurrió cerca de un año más tarde, y la
de Bartimeo en Jericó (Mar. 10: 46-52) más de un año y medio más tarde. Desde
tiempos antiguos la ceguera, muchas veces causada por tracoma, ha sido común en
las tierras bíblicas.
Hijo de David.
Que los ciegos usaran este término indicaría que habían reconocido a Jesús como
el Mesías (ver com. cap. 1: 1).
28.
Llegado a la casa.
Aunque no se especifica nada en este pasaje, bien podría haberse tratado de la
casa de Pedro. En el griego, el sustantivo "casa" lleva el artículo definido,
lo cual indica que se hace referencia a una casa específica, quizá a la casa
donde residía Jesús mientras estaba en Capernaúm (ver com. Mar. 1: 29). No se
dice nada acerca de la razón por la cual Jesús no sanó a los ciegos en la
calle.
¿Creéis?
Si los ciegos no hubieran puesto su fe en acción, Cristo no podría haber
ejercido su poder en favor de ellos. La fe del hombre debe ascender para
encontrarse con el poder de Dios y unirse con él a fin de que las bendiciones,
ya sean físicas o espirituales, puedan ser impartidas y recibidas (Heb. 11: 6).
29.
Les tocó.
Con referencia al significado y al propósito del toque sanador, ver com. Mar.
1: 31.
30.
Les encargó rigurosamente.
Es decir, "les ordenó severamente" (BJ). Aquí sin duda se refiere a la
expresión severa del rostro de Jesús y al tono de su voz. Con referencia al
propósito de Jesús al prohibir la publicidad en relación con ciertos milagros,
ver com. Mar. 1: 43.
31.
Divulgaron.
Comparar esto con el caso del leproso que desobedeció la misma prohibición de
Jesús (ver com. Mar. 1: 45).
32.
Mientras salían ellos.
[Un mudo habla, Mat. 9: 32-34. Comentario: Mateo. Ver mapa p. 210; con
referencia a los milagros, pp. 198-203.] Sin duda el pronombre "ellos" se
refiere a los dos ciegos que acababan de ser curados, quizá en la casa de Pedro
(ver com. vers. 28), y que salían de la casa en el momento cuando el
endemoniado era traído a Jesús.
Le trajeron.
Cuando a una persona le falta la capacidad o la fe para acercarse a Jesús a fin
de recibir la curación de su cuerpo o de su alma, es de veras afortunada si
tiene a alguien que se preocupe por ella como para llevarla a Jesús (cf. Mar.
2: 2-3).
Un mudo.
Gr. kÇfós, "sin filo", "apagado" (ver com. Luc. 1: 22). Esta palabra podía
emplearse para describir a un sordo, a un mudo, o a un sordomudo.
Endemoniado.
En cuanto a la posesión demoníaca en tiempos bíblicos, ver com. Mar. 1: 23.
33.
El mudo habló.
Esta era una evidencia tangible de que la persona había sido sanada. Este es
el último milagro que se registra hasta después de varios meses, cuando se
realizó la alimentación de los 5.000 en la primavera (marzo-mayo) del año
siguiente. No se dice si Jesús pasó el invierno en algún lugar retirado
después del segundo viaje por Galilea. La excitación de las masas, ocasionada
por los muchos milagros de Jesús, tendía a opacar el principal propósito que
Jesús tenía al hacerlos: la propagación del reino de los cielos en el corazón y
la vida de los hombres.
34.
Los fariseos decían.
Ver com. cap. 12: 24. Quizá desesperados por silenciar a Cristo o por
conseguir que la gente se le opusiera, los fariseos procuraban hacer que se
creyera que el poder milagroso de Cristo era una evidencia de que el Señor
estaba unido con Satanás. El hecho de que Mateo no registre aquí ninguna
respuesta de Jesús sugiere la posibilidad de que los fariseos no presentaron
este argumento en su presencia, sino que lo hicieron circular entre la gente.
35.
Recorría Jesús.
[Segundo viaje por Galilea, Mat. 9: 35 = Luc. 8: 1-3. Comentario principal:
Lucas.] Puesto que en Mat. 9: 36 se inicia la sección que trata de las
instrucciones de Cristo a los doce antes del tercer viaje por Galilea, y puesto
que esta sección termina con una indicación acerca de la actividad de 361
Cristo durante el tiempo cuando los doce recorrían las aldeas y los pueblos de
Galilea (cap. 11: 1), es probable que este versículo (cap. 9: 35) presente un
resumen del segundo viaje por Galilea. Mateo registra una información similar
en la cual resume el primer viaje por Galilea (ver com. cap. 4: 23).
Todas las ciudades y aldeas.
Sin duda es ésta una hipérbole. En vista de que había unas doscientas aldeas
en Galilea (ver com. Luc. 8: 1), habría resultado difícil, si no imposible,
que Jesús pasara por cada una de ellas en su breve ministerio de poco más de un
año allí.
Enseñando.
Con referencia a la enseñanza de Jesús en la sinagoga, ver com. Mar. 1: 39;
Luc. 4: 15-16.
Sinagogas.
Ver pp. 57-58.
El evangelio del reino.
Ver com. Mar. 1: 1.
Toda enfermedad.
Ver com. cap. 4: 23. Cuando los discípulos fueron enviados a predicar,
recibieron de Cristo este mismo poder (cap. 10: 1).
En el pueblo.
La evidencia textual (cf. p. 147) establece la omisión de estas palabras aquí y
su inclusión en Mat. 4: 23.
36.
Al ver las multitudes.
[Tercer viaje por Galilea, Mat. 9: 36 a 11:1 = Mar. 6: 7-13 = Luc. 9: 1-6.
Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 210; diagrama p. 221.] Así comienza
Mateo su relato del tercer viaje por Galilea, que se realizó en los últimos
meses del año 29 y los primeros del año 30 (ver DTG 326, 332; com. Mar. 1:
39). Poco es lo que se dice acerca de lo ocurrido en el viaje, pues casi todo
el relato tiene que ver con las instrucciones que Cristo dio a los doce antes
de mandarlos a predicar. No se menciona ningún episodio específico en el cual
hubieran tomado parte los discípulos, y el único hecho de Cristo que se
registra es su segunda visita a Nazaret (Mat. 13: 54-58). Con referencia a la
relación existente entre el tercer viaje y los dos anteriores, ver com. Mar.
1: 39.
En el tercer viaje, los doce debían salir de dos en dos, aplicando los
principios que habían observado en el ministerio de Jesús. Mientras los doce
estaban así ocupados en este ministerio, Jesús salió acompañado por muchos
otros discípulos (Luc. 10: 1; cf. DTG 452-453). La referencia a las
"multitudes" es otra razón por la cual Cristo envió a los doce: lo que se le
había exigido a Cristo en el segundo viaje demostró que los obreros eran pocos
(cf. Mat. 9: 37). La tercera gira significó una importante extensión del
ministerio de Cristo (DTG 360).
Estaban desamparadas.
Mejor, "fatigados" (NC), "vejados" (BJ), "acosadas" (VM).
Dispersas.
En su voz activa el verbo griego ríptÇ significa "echar abajo", "arrojar". En
su voz pasiva, la que se emplea aquí, significa "ser echado", "estar
abandonado", "estar postrado o en tierra". Al parecer toda la gente estaba tan
decaída y se sentía tan abandonada que ya no realizaba ningún esfuerzo por
mejorar su condición religiosa. Les parecía que ya no había esperanza. La
palabra ríptÇ no tiene tanto que ver con la dispersión de las "ovejas", como
con su condición de desánimo o "desamparo". La BJ dice "abatidos".
No tienen pastor.
Ver Núm. 27: 17; 1 Rey. 22: 17; Eze. 34: 5. Los encargados de la grey del
tiempo de Jesús no eran más que asalariados (Juan 10: 12-13), y cuando vino el
Buen Pastor encontró que sus ovejas estaban abatidas y dispersas.
37.
Entonces dijo.
Lo que Cristo dice aquí (vers. 37-38) a los doce es casi exactamente lo que
dijo más tarde a los setenta en circunstancias similares (Luc. 10: 2). Ver
com. Mar. 2: 10.
La mies.
Con frecuencia la cosecha era un símbolo del último gran juicio final (cap. 3:
10, 12; 13: 30, 39). Más de un año antes Jesús había empleado la figura de la
cosecha en relación con su ministerio en favor de los samaritanos de Sicar
(Juan 4: 35-38).
Los obreros pocos.
Cuando son pocos los obreros para segar una abundante cosecha, es inevitable
que se pierda buen grano en gran cantidad. Hasta ese momento sólo un grupo de
cosechadores evangélicos había estado en el campo juntando el grano para el
reino de los cielos. Ahora resultaba evidente que si no se hacían planes más
amplios, la mayor parte del grano, aun en la pequeña región de Galilea, nunca
podría ser juntado.
38.
Rogad, pues.
Que los discípulos rogaran al Señor de la mies no indica que él no se
preocupara por la necesidad de más obreros, o no se diera cuenta de que
faltaban. Los doce debían orar por esto a fin de que así el Señor de la mies
pudiera tener la oportunidad de convencerlos a ellos mismos de su
responsabilidad personal de hacer frente a esa necesidad.
La oración no tiene el propósito principal de informar a Dios de lo que de otro
modo no sabría, ni de insistir con él para que haga lo que de otro modo no
haría, sino de condicionar 362 nuestro corazón y nuestra mente para que podamos
cooperar con él. Sin duda, Cristo dirigió a sus discípulos en oración para
destacar esta urgente necesidad, ahora sentida claramente por todos los
miembros del grupo. Debían orar y después salir con fe para cooperar con Dios
a fin de responder a sus propias oraciones (ver cap. 10: 10).
Envíe.
Aquí se expresa la urgencia con la cual se anticipaba que el "Señor de la mies"
habría de enviar obreros que estuvieran dispuestos a ir a trabajar.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 217; PR 53; SC 158
1-8 DTG 232-237
2 DTG 596; MC 84; MeM 7,158; MM 147, 197; 3T 168; TM 358
2-5 MC 51
2-6 8T 202
3 TM 68
3-6 DTG 234
6 CC 50; DTG 761; MC 51
9 DTG 238; FE 359; OE 118; PVGM 27
9-12 Ev 47
10 FE 482; 2JT 439; MC 16, 149
11 3JT 81; MB 300
11-13 DTG 240
12 CS 307; FE 135; 3JT 184; MM 146; 3T 39; 8T 124
13 FE 398; 3JT 81; MB 41, 201; MM 50, 183, 251; 5T 629
14 DTG 242
18-19 DTG 310; MeM 236
18-26 DTG 310-314
20-22 DTG 311
21 MC 38
21-22 MeM 13
24 DTG 310
29 7T 274
34 CH 526; DTG 288
35 Ev 39; MeM 237
36 DMJ 95
36-38 2JT 492
37 MeM 137
38 DTG 329; 3JT 53; OE 258; 9T 199
CAPÍTULO 10
1 Cristo enivía a sus doce apóstoles y los capacita para hacer milagros; 5 les
da su comisión y les enseña; 16 los previene contra las persecuciones, 40 y
promete una gran bendición para aquellos que los reciban.
1 ENTONCES llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los
espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y
toda dolencia.
2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y
Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;
3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo,
por sobrenombre Tadeo,
4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de
gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,
6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de
gracia recibisteis, dad de gracia.
9 No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;
10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de
bordón; porque el obrero es digno de su alimento.
11 Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea
digno, y posad allí hasta que salgáis.
12 Y al entrar en la casa, saludadla.
13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere
digna, vuestra paz se volverá a vosotros.
14 Y si alguno no os recibiera, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella
casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. 363
15 De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo
para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.
16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes
como serpientes, y sencillos como palomas.
17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus
sinagogas os azotarán;
18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para
testimonio a ellos y a los gentiles.
19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque
en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.
20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre
que habla en vosotros.
21 El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos
se levantarán contra los padres, y los harán morir.
22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere
hasta el fin, éste será salvo.
23 Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo,
que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el
Hijo del Hombre.
24 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.
25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al
padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?
26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser
manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.
27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído,
proclamadlo desde las azoteas.
28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed
más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a
tierra sin vuestro Padre.
30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le
confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré
delante de mi Padre que está en los cielos.
34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer
paz, sino espada.
35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la
hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;
36 y los enemigos del hombre serán los de su casa.
37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a
hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;
8 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí,
la hallará.
40 El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al
que me envió.
41 El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta
recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo
recibirá.
42 Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría
solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su
recompensa.
1.
Llamando.
El relato del envío de los doce comienza en el cap. 9: 36 (ver allí el
comentario). La instrucción que se da aquí, en esencia, tiene dos partes:
consejos que se aplicaban específicamente al viaje misionero que se realizaría
en seguida (cap. 10: 5-15), y consejos de una naturaleza más general,
aplicables a todos los que hayan de ser enviados al servicio de Cristo y de su
reino (vers. 16- 42; DTG 318- 319). Ver com. cap. 24: 3.
Sus doce discípulos.
Esta es la primera vez que Mateo menciona a los doce, ya sea por separado o
como grupo. Las palabras "sus doce discípulos" indican claramente que Mateo
reconoce que el grupo de los doce ya existía como una entidad oficialmente
reconocida antes de que llegara el momento del tercer viaje por Galilea.
Debería notarse que Mateo no dice que los doce fueron designados como apóstoles
en esta ocasión, sino sencillamente 364 que Jesús los llamó antes de enviarlos
a predicar y a sanar.
Autoridad.
Gr. exousía, "autoridad", "potestad" (ver com. Luc. 1: 35). Los doce
recibieron autoridad tanto para realizar milagros, como se dice aquí, como para
predicar el Evangelio del reino (Mat. 10: 7). Al parecer, antes de este
momento los discípulos sólo habían ayudado a Jesús y no habían realizado
milagros ni habían enseñado públicamente (ver DTG 315).
Enfermedad.
Ver com. cap. 4: 23.
2.
Los nombres.
Con referencia a los nombres de los apóstoles, ver com. Mar. 3: 16-19.
Apóstoles.
Literalmente, "enviados". Con referencia a la designación de los doce como
"apóstoles" ver com. Mar. 3: 13-19.
3.
Lebeo, por sobrenombre Tadeo.
La evidencia textual (cf. p. 147) favorece el texto sencillo: "Tadeo". También
se lo menciona como "Lebeo llamado Tadeo", o "Tadeo llamado Lebeo" (ver com.
Mar. 3: 18).
4.
El cananista.
Aquí "cananista" se refiere al grupo político de los celotes y nada dice acerca
del lugar de donde era oriundo Simón (ver com. Mar. 3: 18).
5.
Estos doce.
Los doce, que hasta este momento habían ayudado a Jesús en su ministerio (DTG
315), ahora habían de ser enviados a trabajar solos. Habían sido oficialmente
designados como discípulos durante el verano (junio-agosto) del año 29 d. C.
(ver com. cap. 5: 1), quizá no más de seis meses antes (ver com. cap. 9: 36).
Pedro, Andrés, Jacobo y Juan probablemente habían sido llamados a ser
discípulos permanentes a fines de la primavera del año 29 (ver com. Luc. 5:
1). Tres de éstos -todos menos Jacobo- así como Felipe y Bartolomé, habían
sido discípulos ocasionales de Jesús desde fines del año 27 d. C. (ver com.
Juan 1: 35- 45). Todos habían estado con Jesús en su segundo viaje por
Galilea, probablemente durante fines del verano o principios del otoño del año
29 d. C. (ver com. Mat. 9: 35; Luc. 8: 1), y así habían podido observar los
métodos de Cristo, escuchado sus enseñanzas y aprovechado las instrucciones que
de vez en cuando había dado en privado a sus discípulos. Cuando los doce
fueron enviados solos, salieron de dos en dos (ver Mar. 6: 7; com. cap. 3: 14),
hermano con hermano, y amigo con amigo (DTG 316).
Por camino de gentiles.
Un "camino de gentiles" era aquel que conducía a una comunidad en la que
predominaban los gentiles. Por ejemplo, los doce no habrían de visitar ninguna
de las ciudades de la Decápolis, que estaba poblada mayormente de gentiles. Es
probable que esta restricción se debiera al deseo de Jesús de trabajar por los
judíos y de no hacer nada que innecesariamente les creara prejuicios contra él.
Además, los discípulos mismos no estaban preparados para trabajar por sus
vecinos gentiles, y el prejuicio que compartían con todos los judíos en contra
de los gentiles sin duda habría frustrado, aunque involuntariamente, los
esfuerzos realizados en favor de esos gentiles. Cuando casi un año después,
Jesús envió a los setenta, no les impuso la misma prohibición; al contrario,
comenzaron sus trabajos entre los samaritanos (DTG 452). Para este tiempo la
situación había cambiado. Jesús mismo había sido rechazado por el pueblo de
Galilea y había trabajado en favor de samaritanos y gentiles, y por lo tanto
instruyó a sus discípulos para que hicieran lo mismo (Mat. 28: 19-20; Hech. 1:
8).
Ciudad de samaritanos.
Con referencia a los samaritanos, ver pp. 20, 47. En el pozo de Jacob, Jesús
había tomado la iniciativa al extender a los samaritanos de Sicar la invitación
para que creyeran en él como el Mesías (Juan 4: 4- 42). Sin embargo, hasta
esta fecha, no se registra ningún otro ministerio de Jesús entre los
samaritanos.
Una última restricción referente al territorio adonde los doce debían ir fue
que sólo visitaran aquellas ciudades y aldeas donde Cristo mismo ya había
estado (DTG 317-318).
6.
Las ovejas perdidas.
Con frecuencia en el AT se emplea la figura de las ovejas para referirse a
Israel, y sus dirigentes son llamados pastores (Eze. 34: 2-16; etc.). En Jer.
50: 6 Dios habla de su pueblo como de "ovejas perdidas". Isaías habla de
quienes se han descarriado en el pecado como de "ovejas" descarriadas y
apartadas por sus propios caminos (Isa. 53: 6). Jesús se presentó a sí mismo
como Pastor y dijo que los que oían su voz eran ovejas de su rebaño (Juan 10:
1-16).
"A la verdad era necesario que se . . . hablase primero la palabra de Dios" a
los judíos. Tan sólo cuando ellos la rechazaron Cristo y los apóstoles se
volvieron a los gentiles (Hech. 13: 46; 18: 6; 28: 28). Cristo destacó este
hecho fundamental ante los dirigentes judíos durante el transcurso de su último
día de enseñanza en el templo, mediante la parábola de los labradores malvados
(Mat. 21: 41, 43).
7.
Predicad.
Gr. k'rússÇ, "proclamar", 365 "anunciar" (con referencia al contenido de su
predicación, ver DTG 318-319).
Reino de los cielos.
Ver com. cap. 4:17.
8.
Sanad enfermos.
Cristo enumera los diversos tipos de milagros que con frecuencia los discípulos
le habían visto realizar. Ellos debían hacer todo lo que él había hecho; los
demonios y hasta la muerte misma debían estarles sujetos.
De gracia recibisteis.
Simón el Mago procuró comprar el poder divino (Hech. 8: 18-24), pero aprendió
que los dones de Dios no pueden comprarse con dinero. Todos los que lo deseen,
pueden tomar gratuitamente del agua de la vida (Apoc. 22: 17). Los discípulos
no debían lucrar con la predicación del Evangelio, pero al mismo tiempo debían
recordar que el "obrero es digno de su alimento" (ver com. Mat. 10: 10).
9.
No os proveáis.
Gr. ktáomai, "procurarse", "proveerse de", "adquirir para uno". Debían salir
con fe, confiados de que sus necesidades serían satisfechos. De este modo, sus
preparativos serían sencillos, y no habría nada que los distrajera de la tarea
que les había sido asignada. Mientras viajaban, podrían aceptar la
hospitalidad que se les extendía (vers. 10-13), pero no debían esperar ni
aceptar regalos que excedieran sus necesidades inmediatas. Es decir, no debían
obtener ganancias con su ministerio.
Cintos.
Gr. zÇn', "cinto" o "faja", con que se cerraba o se ataba el manto (himátion)
exterior en torno al cuerpo (ver com. cap. 5: 40). Era común entre los
antiguos llevar el dinero en ese cinto o faja.
10.
Alforja.
Gr. p'ra, "alforja" o "mochila" o "saco de cuero", empleado muchas veces por
los viajeros para llevar sus provisiones o su ropa.
Túnica.
Gr. jitÇn, "túnica", vestimenta llevada por hombres y mujeres como ropa
interior (ver com. cap. 5: 40). Los discípulos sólo habían de llevar la ropa
que tenían puesta. Debían vestirse como los labradores comunes entre los
cuales habían de trabajar y habían de ser uno con ellos. De este modo sus
esfuerzos serían más eficaces.
Calzado.
Literalmente "sandalias" (BJ). El calzado que solía usarse entonces era una
suela de cuero atada al pie con correas. Según Mar. 6: 9 se ordena a los
discípulos que llevaran sandalias para el viaje. Lo que parecería indicarse
aquí es que no debían llevar dos pares (cf. Luc. 10: 4).
Bordón.
En el pasaje paralelo de Mar. 6: 8, se instruye a los discípulos a que no
lleven más que "bordón". Quizá Mateo deseaba hacer resaltar el hecho de que no
debían proveerse de ninguna cosa adicional para el viaje (ver com. vers. 9), y
quería decir con esto que el discípulo que no tuviera ya bordón o bastón, no
debía considerar que era necesario procurarse uno.
Obrero.
o "labrador". Los discípulos eran los obreros por quienes debían rogar al
Señor de la mies que mandara al campo para cosechar (cap. 9: 38).
Alimento.
Gr. trof' "alimento", "sustento" (BJ). Ver com. cap. 3: 4. En su relato de
las instrucciones a los setenta, Lucas (cap. 10: 7) emplea la palabra misthós,
"salario". Comparar esto con lo que dijo Pablo acerca del sostén del obrero
evangélico (1 Tim. 5: 18).
11.
Quien en ella sea digno.
Es decir, las personas que fueran estimadas y respetadas por sus conciudadanos.
Morar con personas dignas tendría varias ventajas; ante todo, inspiraría
confianza en los otros lugareños.
Posad allí.
Las instrucciones dadas a los setenta les prohibían específicamente ir "de casa
en casa" (Luc. 10: 7). Es decir, no debían aceptar la hospitalidad de varias
casas mientras estuvieran en determinada aldea o pueblo (DTG 317-318), pues eso
estorbaría su trabajo. El mudarse "de casa en casa" podría hacer pensar a la
gente que los primeros dueños de casa no habían recibido con simpatía a los
mensajeros ni al mensaje que predicaban, y ya no querían tener más relaciones
con ellos. Por el contrario, el posar en un solo lugar sería muestra de
estabilidad y seriedad.
12.
Y al entrar.
Debían saludar al entrar en la casa. Si bien esta instrucción se aplicaba de
un modo especial a la casa en la cual los discípulos posarían, comprendía
también a todos los hogares que los discípulos visitarían en el transcurso de
su trabajo misionero. Los doce habían de trabajar de casa en casa, y por el
momento no debían tratar de realizar un ministerio público en las sinagogas.
Saludadla.
Algunas versiones griegas añaden el contenido del saludo: "Paz a esta casa".
13.
Si la casa.
Es decir, si la familia se mostraba dispuesta a recibir a los discípulos,
manifestaría su hospitalidad y así sería digna.
Vuestra paz.
La bendición pronunciada al cruzar el umbral (ver com. vers. 12) debía ser
confirmada por la presencia de los discípulos en el hogar y la bienvenida que
allí recibieran; 366 de otra forma, la casa de ningún modo se beneficiaría con
las palabras ya pronunciadas.
14.
Sacudid el polvo.
Dondequiera los discípulos encontraran una recepción poco amistosa, no debían
perder tiempo sino que debían apresurarse a ir en busca de los que quisieran
recibirlos con alegría. Sacudirse el polvo de los pies al salir de una casa o
de un pueblo no era una acción ruda o descortés, sitio una solemne protesta.
Al sacudiese el polvo de los pies los discípulos tan sólo decían que la gente
de ese lugar debía aceptar la responsabilidad por la decisión que había tomado.
15.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
Día del juicio.
Ver com. cap. 3: 12.
Más tolerable.
Sodoma y Gomorra no habían tenido la oportunidad de gustar del ministerio
personal de Cristo, como había ocurrido con las ciudades de Galilea y de Judea.
Los hombres deben rendir cuentas ante Dios por toda la luz de la verdad que
han recibido, porque ésa será la base por la que han de ser juzgados (Sal. 87:
4, 6; Sant. 4: 17; ver com. Juan 15: 22, 24).
Sodoma.
Con referencia a los pecados y al castigo de Sodoma y Gomorra, ver com. Gén.
18: 17-23; 19: 1-27. Sodoma y su castigo se convirtieron en símbolos de
perversidad y del juicio divino (Isa. 1: 9; Eze. 16: 48-50). Cristo así lo
presentó en varias ocasiones (Mat. 11: 23-24; Luc. 10: 12; 17: 29-30), y así
aparece en otros pasajes del NT (Rom. 9: 29; 2 Ped. 2: 6; Jud. 7; Apoc. 11: 8).
16.
He aquí.
Después de concluir la exhortación dirigida a los doce sobre los puntos que se
aplicaban específicamente a la misión que tenían por delante (vers. 5-15) Jesús
trata de problemas de una naturaleza más general y de instrucciones aplicables
a los obreros cristianos hasta el fin del tiempo (vers. 16-42; DTG 318-319).
Como a ovejas.
Ver com. vers. 6. Quienes trabajan por Cristo deben manifestar ciertos rasgos
característicos de las ovejas, sobre todo la suavidad en su trato con otros.
Comparar esto con la expresión "sencillos como palomas"
Prudentes como serpientes.
Quienes predican el Evangelio deben estar alerta y actuar con rapidez cuando se
presenta la oportunidad, reconociendo los peligros y las dificultades que
puedan presentarse debido a su plan de acción. Deben ser prudentes en su
conducta y en su enfoque de las situaciones difíciles. Deben discernir a
través de la astucia de los impíos, sin practicar ellos mismos esos ardides.
Por supuesto, hay algunos rasgos característicos de las serpientes que no deben
imitar, ni tampoco imitar todas las características de las ovejas. Deben ser
tan cautelosos como las serpientes, pero no imitar su astucia.
Sencillos.
Gr. akéraios, literalmente "sin mezcla"; por lo tanto, "puro", "inocente" o
"sencillo". Si bien deben ser cuidadoso como las serpientes, el obrero
cristiano debe estar tan libre de dolo o astucia como una paloma.
17.
Guardaos.
Gr. proséjÇ, "prestar atención". Cristo presenta aquí un ejemplo concreto de
la cautela que debería caracterizar el trabajo del misionero cristiano: debe
guardarse de los hombres, específicamente de quienes no dejan que sus
pensamientos sean guiados por el Espíritu Santo, porque los tales responden en
menor o mayor grado, a las insinuaciones de Satanás.
Concilios.
Es decir, los juzgados locales o pequeños sanedrines, que posiblemente tenían
23 miembros (ver com. cap. 5: 22). Estos pequeños juzgados se encontraban en
varias ciudades judías pero no en Jerusalén donde se reunía el gran sanedrín.
Azotarán.
El diácono, o jazzan, era por lo general el que azotaba (ver p. 58). La ley de
Moisés disponía el castigo con azotes (Deut. 25: 1-3). La pena máxima era de
cuarenta azotes. Se acostumbraba dar sólo 39 azotes pues no dar el último
azote insinuaba misericordia. Pablo recibió este castigo cinco veces (2 Cor.
11: 24).
18.
Gobernadores y reyes.
Durante los primeros años del cristianismo, gobernadores tales como Pilato,
Félix, Festo y Galión juzgaron a misioneros cristianos acusados de ser
anarquistas o perturbadores. Herodes Antipas, Herodes Agripa I, Nerón y
Domiciano fueron algunos de los reyes y emperadores ante quienes los cristianos
debieron comparecer.
Por causa de mí.
La promesa del vers. 19 sólo se aplica cuando los cristianos son acusados por
causa de su fe y por sus actividades misioneras, y no cuando han participado en
actividades indebidas (ver 1 Ped. 2: 19-20).
A ellos.
Muchos "gobernadores y reyes", como también funcionarios menores, no habrían
tenido la oportunidad de escuchar la verdad y de observar el efecto de sus
principios en la vida de los acusados si no se hubieran visto obligados a
hacerlo debido a su posición oficial. 367
19.
No os preocupéis.
Gr. merimnáÇ, "preocuparse", "afanarse" (ver com. Luc. 10: 41). Cristo no
disculpa aquí el descuido y la despreocupación de parte de los creyentes
cristianos en lo que concierne al estudio de las Escrituras, porque el
cristiano debe estar siempre preparado "para presentar defensa ... ante todo el
que ... demande razón" de la fe que profesa (1 Ped. 3: 15). Hemos de servir
fielmente a Dios día tras día, sin preocuparnos por el día de mañana (Mat. 6:
34). Hemos de confiar en Dios quien nos dará la gracia necesaria para hacer
frente a los problemas que surjan, pero al mismo tiempo hemos de estudiar con
todo esmero la voluntad revelada por Dios a fin de estar preparados para
afrontar cualquier situación que se presente.
20.
No sois vosotros los que habláis.
Los misioneros cristianos nunca deberían olvidar que hablan como representantes
o embajadores de Cristo (2 Cor. 5: 19-20), y nunca han de presentar sus propias
teorías como si fueran verdad. Si así lo hicieran, bien podría clasificárselos
como falsos profetas (ver com. Mat. 7: 15).
En vosotros.
Es decir, por medio de vosotros.
21.
El hermano.
En el griego no aparece el artículo definido, por lo cual debería traducirse
como "un hermano", entendiéndose "cualquier hermano". Hasta donde sea posible,
los cristianos deberían vivir "en paz con todos los hombres" (Rom. 12: 18) y
deberían realizar sinceros y perseverantes esfuerzos, no sólo por vivir en paz
con los miembros de su familia, sino ganarlos para Cristo si fuera posible (1
Cor. 7: 13-16).
22.
Aborrecidos de todos.
Con frecuencia, aquellos cuyas vidas testifican del poder de Cristo y de la
verdad del Evangelio son objeto de odio, pero deben cuidarse de no pagar con la
misma moneda. Todos los que viven piadosamente, pueden esperar persecución
Juan 16: 33; 2 Tim. 3: 12) pues los impíos se resienten ante la tácita
condenación de sus malas prácticas debido a la vida piadosa de los
representantes de Cristo (1 Juan 3: 12). Aquellos cuyas vidas no armonizan con
los principios que saben que son correctos suelen evitar relacionarse con las
personas correctas.
Por causa de mi nombre.
Ver com. vers. 18.
El que persevere hasta el fin.
Es evidente que el que abandona una carrera antes de alcanzar la meta, nunca
puede esperar recibir el premio. Es necesario comenzar la carrera y también
permanecer, en ella si se la ha de ganar. No basta comenzar la carrera
cristiana, debemos permanecer en ella "hasta el día de Jesucristo" (Fil.1: 6).
Debemos afirmar el rostro (Luc. 9: 51) para finalizar la carrera que Dios nos
ha señalado, así como lo hizo Jesús, "autor y consumador de la fe" (Heb. 12:
2).
23.
Os persigan.
Ver com. cap. 5: 10-12.
Huid.
En ciertas circunstancias, huir demuestra cobardía; otras veces indica
prudencia (cf. com. vers. 16). Lo que determina si es cobardía o prudencia es
el resultado final para el reino de los cielos, no la conveniencia personal ni
lo que la gente pueda pensar. Cuando el trabajo en algún lugar no da
resultados, los embajadores del reino bien pueden ir prestamente a otro sitio
con la esperanza de que allí encontrarán a alguien que esté dispuesto a
escuchar.
El sufrir persecución como un medio de ganar méritos para ir al cielo no tiene
valor en sí. En su propio ministerio, Cristo demostró repetidas veces el
principio que aquí expuso a los doce, y presentó ilustraciones que muestran las
circunstancias en que debe aplicarse ese principio. Cuando fue rechazado por
el sanedrín después de haber sanado el paralítico en Betesda, se fue a Galilea
(ver com. cap. 4: 12) y en ocasiones posteriores se fue de Nazaret a Capernaúm
(ver com. Luc. 4: 30-31), de Galilea a Fenicia (ver com. Mat. 15: 21), de
Magdala a Cesarea de Filipo (cap. 16: 1-13), y de Judea a Efraín (Juan 11:
53-54). Cuando los cristianos de Jerusalén fueron perseguidos después del
apedreamiento de Esteban, se esparcieron en todas direcciones, "anunciando el
evangelio" (Hech. 8: 1-4).
Ciudades de Israel.
El término Israel, como era usado en tiempos de Cristo, no parece haberse
empleado en un sentido geográfico o político, sino más bien con referencia al
pueblo de Israel (Mat. 8: 10; Luc. 2: 34; Juan 3: 10; Hech. 2: 22; etc.).
Antes que venga el Hijo del Hombre.
Quizá Jesús se dirija aquí en términos generales a todos los cristianos,
indicando que habría lugares donde trabajar y gente lista para recibir el
mensaje hasta que sea "predicado este evangelio del reino en todo el mundo"
(Mat. 24: 14; EC 464).
24.
El discípulo.
Lo que Jesús dijo en esta ocasión bien podría haber sido un proverbio común en
ese tiempo. Aparece en otros idiomas además del arameo. 368
Maestro.
Gr. didáskalos, "el que enseña", "maestro". La misma palabra griega aparece en
la primera parte del vers. 25.
25.
Padre de familia.
Gr. oikodespót's, "dueño de la casa" (BJ). Ver com. Luc. 2: 29. Siguiendo el
pensamiento de Mat. 10: 24, el "padre de familia" es Cristo.
Beelzebú.
Este era el nombre dado al príncipe de los demonios (Mat. 12: 24-27; Mar. 3:
22-23; Luc. 11: 15-19). La evidencia textual establece la forma Beelzebóul.
Algunos MSS dicen: Beelzebóub. Se desconoce el significado exacto de la
palabra. Es posible que el nombre Beelzebú derive del Heb. ba'al zebul, que
podría significar "señor de la gran casa" o "señor de la casa celestial".
Podría también derivar del Heb. ba'al zebub, "señor de las moscas", dios de
Ecrón (ver com. 2 Rey. 1: 2). Se ha sugerido que los judíos pudieron haber
cambiado el nombre Beelzebub a Beelzebul (un juego de palabras basado en los
vocablos ba'al zibbul, "señor del estiércol") para mostrar su desprecio por el
dios pagano. En Ras Samra se encontraron tablillas que datan de 1400 a. C. y
que hablan de "Zebul, príncipe de la tierra". De este modo, podría entenderse
que Beelzebú significa "Baal es príncipe".
27.
En tinieblas.
Es probable que se refiera aquí al grupito de los discípulos, círculo
relativamente pequeño dentro del cual Jesús habló.
Decidlo en la luz.
Quizá esto indica que los discípulos debían propagar ampliamente las lecciones
de verdad que habían aprendido en privado.
Al oído.
Idea paralela a "en tinieblas", de la primera parte del versículo.
Desde las azoteas.
Figura de la amplia divulgación que debían dar al Evangelio, similar a decir
"en la luz". Los discípulos no habían de comprar la paz por medio del silencio
ni de transigencias.
28.
Matan.
Los que "matan el cuerpo" son, evidentemente, los perseguidores que se
mencionan en los vers. 18-25, 36. Sólo Dios "puede destruir el alma y el
cuerpo en el infierno". Dentro del contexto del juicio final, cabe señalar lo
que dice Heb. 10: 31: "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!" En
cuanto a persecuciones, ver com. cap. 5: 10-12.
Alma.
Gr. psuj', "aliento", "vida", "alma". La palabra psuj' (plural psujái) aparece
102 veces en el NT griego. La traducción más común de la RVR es "alma" (48
veces; Mat. 11: 29; 12: 18; etc.). Le sigue "vida" o "vivir" (38 veces; Mat. 6:
25; 16: 25; etc.). En siete casos se refiere a la identidad personal y la RVR
traduce "personas" (Hech. 7: 14; 1 Ped. 3: 20; etc.). Seis veces tiene que ver
con las emociones y se traduce como "corazón" (Efe. 6: 6) o "ánimos" (Hech. 14:
2). Una vez se traduce como "muerte" (Mat. 2: 20) y dos veces no hay una
traducción literal de la palabra (Rom. 2: 9; 11: 3). En el vocablo psujé no
hay nada que insinúe ni siquiera remotamente una entidad consciente que pueda
sobrevivir a la muerte del cuerpo o que sea inmortal. La Biblia nunca emplea
el término psujé para referirse a un ser consciente capaz de existir aparte del
cuerpo. La Biblia no habla de almas vivas y conscientes que sobrevivan al
cuerpo. Con referencia a la palabra hebrea néfesh, equivalente a la palabra
griega psujé, ver com. 1 Rey. 17: 21; Sal. 16: 10. Lo que se dice de una
palabra se aplica a la otra.
Infierno.
Gr. géenna (ver com. cap. 5: 22).
29.
Pajarillos.
Gr. strouthíon, diminutivo de stróuthos. Se traduce generalmente "gorrión", y
por extensión, cualquier pájaro pequeño. Estos pajarillos, de ínfimo valor
comercial, eran vendidos como avecillas canoras o como alimento.
Un cuarto.
Gr. assárion, diminutivo griego del sustantivo latino as, moneda romana de
cobre. El assárion valía 1/16 de un denario (ver p. 51). Equivaldría a 1/16
del salario diario de un obrero en los días de Cristo.
Cae a tierra.
En el pasaje paralelo de Lucas se dice que "ni uno de ellos está olvidado
delante de Dios" (cap. 12: 6).
Sin vuestro Padre.
Es decir, sin que Dios se dé cuenta de ello. Si el Padre celestial tiene en
cuenta las lastimaduras o la muerte de un pajarillo, cuánto más ha de
significar para él el dolor o la muerte de uno de sus hijos o hijas.
30.
Aun vuestros cabellos.
No se sabe de nadie que se haya interesado tanto en sí mismo como para contar
los cabellos de su cabeza. El Creador nos conoce mucho más íntimamente de lo
que nosotros mismos nos conocemos.
32.
Me confiese.
Literalmente "confiese en mí", debido al sentido de unidad con Cristo. Cuando
permanecemos en él y él en nosotros, nuestra confesión de fe en él llevará
mucho fruto (Juan 15: 1-8). Jesús rogó por esta íntima comunión antes de entrar
en el huerto de Getsemaní (Juan 17: 23). Los que testifican de Cristo entre
los hombres son aquellos en favor de quienes Jesús puede dar 369 testimonio
ante el Padre. Jesús es ahora nuestro Testigo, nuestro Embajador ante el Padre,
así como nosotros hemos de ser sus testigos y embajadores ante los hombres.
34.
No penséis.
Aquí Cristo intenta disipar la opinión errada que, evidentemente, tenían
algunos discípulos de que el mensaje que habían de predicar produciría armonía
como único resultado. No debían sorprenderse si, en el transcurso de su
trabajo de casa en casa (ver com. vers. 11-13), surgían diferencias como
resultado de su ministerio.
Para traer paz.
Cristo es el Príncipe de paz. Él es quien ha traído la paz del cielo a la
tierra y la ha impartido a los hombres (ver com. Juan 14: 27). Sin embargo,
cuando una persona hace la paz con Dios (Rom. 5: 1), con frecuencia el mundo la
considera enemiga (1 Juan 3: 12-13). Cristo vino a poner a los pecadores en
paz con Dios, pero al hacerlo inevitablemente causó la discordia entre ellos y
los que se negaron a recibir la oferta de paz (ver com. Mat. 10: 22). El
cristiano nunca debería buscar la paz que se logra mediante componendas con el
mal, ni debería conformarse con esa paz. Para el verdadero cristiano, no se
trata de un asunto de paz a cualquier costo.
35.
Nuera.
Gr. númf', "novia", "joven casada", "nuera". Todavía hoy es relativamente
común, en algunos países del Cercano Oriente, que el matrimonio joven viva en
casa de los padres del novio, y que la novia esté sujeta a la madre del esposo.
De este modo, ahora tanto como entonces, esta relación entre suegra y nuera se
prestaba para dificultades. En el caso de que una creyera en Cristo y la otra
se opusiera a esa creencia, los problemas podrían ser serios.
36.
Los enemigos.
Cuando una persona acepta a Cristo, muchas veces sus amigos más íntimos se
convierten en sus enemigos más acérrimos e implacables. Esto no sólo ocurre en
tierras paganas, sino también en países cristianos y entre cristianos nominales
que practican las formas de religión pero saben poco o nada acerca del poder
que la religión tiene para transformar la vida (ver 2 Tim. 3: 5).
37.
Ama a padre o madre.
Jesús sancionó lo que ordena el quinto mandamiento y reprochó cualquier intento
de escapar a las obligaciones legítimas de los hijos para con sus padres (ver
com. Mat. 5: 17-19; Mar. 7: 9-13). Sin embargo, el amor a los padres nunca
debe impedir la obediencia a Dios en todo, si hay un conflicto entre ambos. El
amor a Dios y su servicio deben ser la regla suprema de la vida, "el primero y
grande mandamiento" (ver com. Mat. 22: 36-37); pero la segunda tabla del
Decálogo, donde está el quinto mandamiento, es "semejante" a la primera en
naturaleza e importancia (ver com. cap. 22: 39).
No es digno de mí.
Es decir, no es digno de ser llamado cristiano. Ninguna obligación humana es
pretexto válido para dejar de tomar la cruz de la lealtad, la obediencia y el
servicio a Cristo (vers. 38).
38.
No toma su cruz.
Entre los romanos, la muerte por crucifixión estaba reservada para los esclavos
y para los culpables de los más horrendos crímenes. Por lo tanto, podría
decirse que los que eran sentenciados a morir así eran detestados, odiados y
execrados por la sociedad. El que era condenado a morir crucificado
generalmente llevaba su cruz hasta el lugar de la ejecución. El tomar la cruz
de Cristo y seguirle significa sufrir sin queja ni pesar la desaprobación de
amigos y parientes, y soportar con paciencia y humildad el reproche de los
hombres. Significa sobrellevar la "espada" de la persecución (vers. 34-37)
empuñada por aquellos de quienes se podría haber esperado paz. Cristo reiteró
este principio en diversas ocasiones (Mat. 16: 24; Mar. 8: 34; Luc. 9: 23; 14:
27). Aquel que es llamado a llevar su cruz a fin de seguir a Cristo, tiene el
supremo privilegio de compartir con él sus sufrimientos. Nadie puede tener
mayor honor (DTG 195-197).
Sigue en pos de mí.
Es decir, por el camino del discipulado y del sufrimiento.
39.
El que halla.
Es decir, el que se propone gozar de aquellas cosas que, desde el punto de
vista humano, son esenciales para la felicidad y el contentamiento a fin de
disfrutar de ellas. El hijo pródigo pensó que al abandonar su hogar hallaría
verdadera vida (Luc. 15: 12-13), pero cuando, por amarga experiencia y solemne
reflexión pudo ver la vida en su verdadera perspectiva, se levantó y volvió a
su padre (Luc. 15: 17-20). Los que piensan que han de "hallar" la vida
afanándose para obtener las cosas que este mundo ofrece, están trabajando "por
la comida que perece" (ver com. Juan 6: 27). El principio registrado aquí fue
repetido por Cristo en más de una ocasión (Mat. 16: 25; Mar. 8: 35; Luc. 9: 24;
17: 33; Juan 12: 25).
Vida.
Gr. psujé (ver com. vers. 28).
La perderá.
El que extiende la mano para asir las cosas sin valor de esta vida, por lo
general 370 encuentra que se desvanecen como burbujas en la mano de un niño.
El que pierde.
Es decir, el que está dispuesto a prescindir del placer y de las recompensas
que este mundo ofrece, y elige "antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que
gozar de los deleites temporales del pecado" (Heb. 11: 25). El tal sabe
distinguir los verdaderos valores. Así como Pablo, se siente dispuesto a
perder todo lo que esta vida ofrece a cambio de la ventaja suprema de conocer a
Jesucristo y de compartir con él sus sufrimientos (Fil. 3: 8, 10).
Por causa de mí.
Ver com. vers. 18.
La hallará.
Sólo cuando un grano de trigo es enterrado y muere, puede dar lugar a nueva
vida (ver com. Juan 12: 24-25). Sólo cuando el yo es enterrado en el surco de
la necesidad del mundo, el hombre puede descubrir el verdadero propósito de su
existencia.
40.
A vosotros recibe.
Los cristianos son embajadores del reino de los cielos. Todo lo que digan o
hagan es considerado por los habitantes de esta tierra como una expresión de
los ideales del reino de los cielos. La forma en que el mundo los trata -por
ser embajadores de Cristo- es considerada por el Salvador como si ese trato le
hubiera sido dado a él mismo.
41.
Recibe a un profeta.
Es decir, recibe al profeta en su hogar y lo trata como a profeta.
Por cuanto es profeta.
La viuda de Sarepta sin duda recibió a Elías como profeta, porque era profeta.
De otro modo es probable que le hubiera negado la hospitalidad que él le pedía
(1 Rey. 17: 9-16). Lo mismo ocurrió en el caso de la sunamita que recibió a
Eliseo en su casa (2 Rey. 4: 8-10).
Recompensa de profeta.
Es probable que se refiera esto a una recompensa digna de ser concedida por un
profeta o a un profeta. La viuda de Sarepta recibió amplia provisión de
alimento en medio de la sequía, y le fue restaurada la vida a su hijo (1 Rey.
17: 16, 23). Del mismo modo, la sunamita recibió una gran recompensa pues Dios
le concedió un hijo y cuando éste murió, lo recibió de nuevo con vida
(2 Rey. 4: 16-17, 34-37).
42.
Estos pequeñitos.
No necesariamente los de corta edad, sino quizá también personas de poca o
ninguna importancia.
Un vaso de agua fría.
Quizá se emplea este acto como ilustración del servicio mínimo que podría
brindársela a una persona. Era un servicio insignificante, pero muchas veces
un servicio importantísimo y muy necesario en las tierras bíblicas, donde casi
siempre escaseaba el agua.
Por cuanto es discípulo.
El griego dice literalmente "en nombre de un discípulo". En Mar. 9: 41 se
explica que dar "un vaso de agua en mi nombre [en el de Cristo]" es darlo
"porque sois de Cristo".
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-42 DTG 315-325
1 CH 531
2-4 Ed 81
5-6 CS 375
5-8 CH 531
6 DTG 317; 2T 75
7-8 CH 33, 497, 541; CM 356; DTG 316; MC, 99; PVGM 200; 8T 165; 3TS 267
8 CMC 301; DTG 465; Ed 76; FE 457; 1JT 390; 2JT 327, 530; MB 121; MJ 224; MM
334; PE 227; PP 568; PVGM 191, 367; 3T 546; 7T 125; TM 101; 5TS 164
11-14 3T 450
11-15 4T 234
13 DTG 318
14-15 DTG 318; 2T 488
15 3T 380; 4T 191
16 CH 541; DTG 319; Ev 169, 410; 3JT 398; HAp 18; MB 292; OE 339; 9T 215
16-19 FE 538
17 4T 234
17-18 2JT 164
17-19 DTG 320
18 FE 217
18-19 CS 166; 2JT 411
18-20 CS 120
19 COES 44; TM 392
20 CC 63
22 3JT 398; 4T 124
22-23 CH 527
23 CS 208, 246; DTG 322, 500; EC 464; 3JT 393, 398; MM 303; OE 426
24 DTG 322
25 1JT 219
25-40 2T 496
26 PP 780
27 DTG 322
28 CS 166; HAp 70, 460
28-29 DTG 322-323 371
29 MeM 301;2T 72; 4T 288; Te 37
29-30 CRA 189; FE 147; 1JT 176; 3TS 372
30 CV 206; NB 253; 4T 289
31 CH 424; 3JT 267;4T 327
31-34 DTG 323
32 DTG 654; 1JT 102; MeM 332; 4T 555
32-33 CS 537
33 CS 166; 1JT 102, 159, 340
34 CS 50, 136; HAp 69; 4T 261
37 CMC 57; 1JT 86; PVGM 176
37-38 DTG 324
38 MJ 204
40 DTG 324
40-42 2JT 573; PR 96
42 DTG 325; 2JT 73; 3JT 100; MeM 11; 6T 103
CAPÍTULO 11
2 Juan envía sus discípulos a Cristo. 7 Testimonio de Cristo en cuanto a Juan.
18 La opinión del pueblo en cuanto a Juan, y a Cristo. 20 Cristo reprueba la
ingratitud e impenitencia de Corazín, Betsaida y Capernaúm, 25 y alaba la
sabiduría de su Padre por revelar el Evangelio a los más pequeños. 28 Invita a
venir a él a todos los que sientan la carga de sus pecados.
1 CUANDO Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de
allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.
2 Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus
discípulos,
3 para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
4 Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y
veis.
5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen,
los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;
6 y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
7 Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué
salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
8 ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He
aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.
9 Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
10 Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante
de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti.
11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro
mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos,
mayor es que él.
12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre
violencia, y los violentos lo arrebatan.
13 Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.
14 Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.
15 El que tiene oídos para oír, oiga.
16 Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se
sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros,
17 diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no
lamentasteis.
18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.
19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre
comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la
sabiduría es justificada por sus hijos.
20 Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho
muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo:
21 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se
hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se
hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.
22 Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo
para Tiro y para Sidón, que para vosotras.
23 Y tú Capernaúm, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás
abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos
en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. 372
24 Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo
para la tierra de Sodoma, que para ti.
25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo
y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los
entendidos, y las revelaste a los niños.
26 Sí, Padre, porque así te agradó.
27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo,
sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo
lo quiera revelar.
28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré
descansar.
29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;
30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
1.
Cuando Jesús terminó de dar instrucciones.
Se refiere aquí a las instrucciones dadas en el cap. 10. Debería notarse que el
cap. 11: 1 pertenece a la narración de los cap. 9: 36 al 10: 42, y no al relato
del cap. 11 (ver com. cap. 9: 36).
Se fue de allí.
Después de haber enviado a los doce (cap. 10: 5), Jesús, acompañado por otros
discípulos, partió hacia otra región de Galilea donde los doce no irían (ver
DTG 326-327, 452-453; com. Mat. 9: 36; Luc. 10: 1). Probablemente Juan el
Bautista fue decapitado durante el transcurso del tercer viaje, porque por este
tiempo llegó a Jesús la noticia de su martirio (DTG 326-327). Fue en esa época
cuando los discípulos de Juan unieron sus esfuerzos con los de Cristo y sus
discípulos (DTG 328-329).
2.
Y al oír Juan.
[Pregunta de los discípulos de Juan el Bautista, Mat. 11:2-6 = Luc. 7:18-23.
Comentario principal: Lucas.]
7.
Mientras ellos se iban.
[Testimonio de Jesús acerca de Juan el Bautista, Mat. 11:7-30 = Luc. 7:24-35.
Comentario principal: Mateo.] La construcción de la frase griega indicaría que
Jesús comenzó a dar su testimonio acerca de Juan en seguida que partieron los
mensajeros. Al parecer, estas palabras de encomio no eran para los oídos de
Juan, ni para sus discípulos, porque lo que Cristo estaba por decir habría
disminuido la fuerza del mensaje personal que había encargado a los dos
discípulos de Juan que llevaran a su maestro (ver com. Luc. 7:23).
De Juan.
El elogio de Juan registrado en los vers. 7-19 ha sido considerado como el
discurso fúnebre de Juan, pues éste fue decapitado unos seis meses más tarde,
poco antes de la pascua del año 30 d.C. (ver com. Luc. 3: 19-20).
A ver.
Gr. theáomai, "contemplar", "mirar con atención". Muchas de las personas que
escuchaban a Jesús, quizás todas, habían oído predicar a Juan. Cristo les pide
aquí que analicen su propia reacción ante esa "antorcha que ardía y alumbraba"
(Juan 5: 35), para que pudieran apreciar mejor el mensaje de Juan en relación
con el mensaje que Jesús estaba predicando. Con referencia al ministerio de
Juan en el desierto, ver com. Mat. 3:1 y Luc. 3: 2.
Una caña.
Las cañas crecían en abundancia a orillas del Jordán, donde transcurrió buena
parte del breve ministerio de Juan, y la figura empleada aquí recordaría
vivamente la predicación del Bautista a los que estaban ahora escuchando a
Jesús. Podría parafrasearse la pregunta de Jesús de la siguiente forma:
"¿Salisteis tan lejos sólo para ver las cañas que se mecían con el viento?"
Ciertamente Juan no podía compararse con las cañas, porque el suyo no era un
carácter débil y vacilante.
8.
Vestiduras delicadas.
Sería muy improbable encontrar en el desierto a una persona así vestida. Las
multitudes no se sentían impelidas a buscar a Juan para ver las últimas modas
ni la más lujosa ropa; ni siquiera tenían la esperanza de que pudiera
proporcionar esa ropa a quienes se convirtieran en sus seguidores. La
esperanza de obtener beneficios materiales no influía en los hombres para que
respondieran al poder magnético del profeta del desierto.
9.
Un profeta.
Gr. profét's, palabra compuesta de la preposición pró, "antes" o "delante" y el
verbo f'mí, "hablar". Por ende, el profeta era en esencia un portavoz de Dios,
un intérprete de los propósitos divinos para el hombre. Con referencia a la
palabra hebrea que equivale a prof't's, ver com. Gén. 20: 7. El profeta
hablaba en nombre de Dios a los hombres y también predecía el futuro. El
concepto moderno de que un profeta es el que predice el futuro, tiende a hacer
olvidar 373 el hecho de que algunos de los mayores profetas de todos los
tiempos dijeron poco o nada acerca del futuro. Un profeta es sencillamente la
persona que lleva un mensaje de parte de Dios.
Más que profeta.
Juan era el precursor personal del Mesías (ver com. cap. 3: 3). A él le fue
encomendada una de las tareas más importantes de todos los tiempos: la de
presentar al Mesías al mundo. En Juan estaban combinadas todas las importantes
cualidades del verdadero profeta.
10.
Este es.
Cristo confirma el hecho de que Juan el Bautista era aquél de quien
profetizaron Malaquías (cap. 3: 1; 4: 5-6) y también Isaías (cap. 40: 3-5).
Está escrito.
Este pasaje parece ser una traducción libre de Mal. 3: 1.
11.
Los que nacen de mujer.
Al parecer, ésta es una frase idiomática hebrea que representa a toda la
humanidad.
No se ha levantado otro mayor.
Ver com. Luc. 1: 15. En carácter, en convicción y en fidelidad, ningún otro
profeta había sobrepasado a Juan el Bautista. Además, ningún profeta había
tenido mayor privilegio que el de ser el heraldo personal del Mesías en su
primera venida (DTG 74-75). Con toda probabilidad, cualquiera de los profetas
del AT habría sacrificado alegremente todos sus privilegios a cambio del
supremo privilegio de presentar a Cristo al mundo. Al igual que Abrahán, todos
habían esperado el día cuando Cristo habría de venir, y se alegraban aun de
verlo por fe (ver com. Juan 8: 56).
El más pequeño.
Es decir, en comparación con quienes estuvieran "en el reino". Por supuesto,
el "reino" al cual se hace referencia aquí es el reino de la gracia divina en
el corazón de los hombres, reino que fue proclamado tanto por Juan como por
Cristo y que Cristo mismo había traído al mundo en su persona.
Mayor es que él.
No mayor que Juan en valor moral, valentía, carácter, o logros, sino mayor
porque tenía el privilegio de relacionarse personalmente con Cristo. En cierto
sentido, Juan sólo estaba a la puerta del reino, mirando hacia adentro,
mientras que el más humilde seguidor de Jesús estaría en la presencia misma del
Rey.
12.
Los días de Juan.
Es decir, el tiempo cuando el Bautista proclamó la venida del Mesías y del
reino mesiánico, quizá desde la primavera (marzo-mayo) del año 27 d. C. hasta
la primavera del año 29 d. C. (ver com. cap. 3: 1; el diagrama de la p. 220).
Hasta ahora.
Es decir, desde que Juan había sido encarcelado en la primavera del año 29 d.
C. hasta el otoño del mismo año (ver com. Luc. 7: 18). Con referencia a la
relación cronológica entre el banquete de Mateo (ver com. Mat. 9: 18), la
pregunta acerca del ayuno (Mar. 2: 18-22) y la visita de los discípulos de Juan
a Jesús con la pregunta que había dado lugar a las palabras de Cristo acerca de
Juan, en Mat. 11: 7-30, ver DTG 240-243.
El reino de los cielos.
Este era el tema de la predicación de Juan así como lo fue más tarde de la
predicación de Jesús y de sus discípulos en el tercer viaje por Galilea (cap.
3: 2; 4: 23; 10: 7). Con referencia a la importancia de la expresión "el reino
de los cielos", ver com. cap. 3: 2.
Sufre violencia.
Gr. biázomai, "emplear o aplicar fuerza" en forma hostil, o "ser obligado" en
contra de la voluntad de uno. La primera interpretación -que el reino de los
cielos emplea la fuerza de manera hostil- no puede aplicarse aquí pues no
concuerda con las otras enseñanzas de Jesús en cuanto a ese reino. La segunda
traducción -ser obligado- permitiría interpretar que las multitudes necesitadas
luchaban con celo por obtener las bendiciones del reino. Sin embargo, el verbo
biázomai, como también el sustantivo biast's, "violento", que se emplea en la
última parte del versículo, indican que no se trata de una lucha honrada, sino
de actos hostiles, de fuerza. Sería mejor interpretar que el reino del cielo
sufrió violencia en el sentida de que muchos de los que se agolpaban en torno
de Juan y de Jesús lo hacían sin entender cabalmente la verdadera naturaleza de
ese reino (ver com. Mar. 1: 38). Otros, por ejemplo los escribas y los
fariseos, se acercaban a Jesús con abierta hostilidad. Como resultado de las
acciones de ambos grupos -unos que lo hacían con buenas intenciones, como
cuando intentaron coronar rey a Jesús (Juan 6: 15; DTG 340-341), otros que
tenían propósitos impíos- el verdadero reino no era comprendido y sus
propósitos eran estorbados (ver la nota de Mat. 11: 12 en la BJ).
Los violentos lo arrebatan.
Esta frase parecería hacer resaltar una hostilidad abierta e intencional. El
verbo harpázÇ, "arrebatar" aparece otra vez en Mat. 13:19 donde se refiere a la
semilla del Evangelio que es arrebatada del corazón. El resultado de las
acciones 374 de esa gente hostil era que le arrebataban el reino de los cielos
a la gente e impedían que entraran en él quienes deseaban hacerlo (ver Mat.
23:13).
13.
Los profetas y la ley.
El orden habitual es "la ley y los profetas" (Mat. 5: 17; 7: 12; 22: 40; Hech.
24: 14; etc.), frase empleada comúnmente por los judíos para referirse al AT
(ver com. Luc. 24: 44).
Profetizaron hasta Juan.
El significado de esta frase no es claro. Quizá el contexto sea la mejor guía
para interpretar este versículo. Cristo acaba de proclamar a Juan como el
mayor de todos los profetas (ver com. vers. 11). Era el mayor en el sentido de
que tuvo el privilegio de anunciar la venida de Aquel de quien todos los
profetas habían dado testimonio (Luc. 24: 27; Juan 5: 39, 46). En este
sentido, todos los profetas del AT habían esperado el tiempo de Juan y habían
hablado del Mesías que debía aparecer entonces (1 Ped. 1: 10-11). Por esto
podría decirse que la función profética de los tiempos del AT llegó a su apogeo
con Juan. Además, las palabras de Mat. 11: 14, en el sentido de que Juan era
el que "había de venir", bien podrían considerarse como explicación del vers.
13.
14.
Recibirlo.
Aquí se presenta la explicación acerca de la verdadera identidad de Juan en
relación con la profecía del AT.
Es aquel Elías.
Juan no era Elías traído del cielo (Juan 1: 21), pero vino, más bien, "con el
espíritu y el poder de Elías" (ver com. Luc. 1: 17), con una tarea similar a
la de Elías: la de llamar a los seres humanos al arrepentimiento (ver com.
Mat. 3: 2).
15.
El que tiene oídos.
Esta solemne exhortación fue empleada repetidas veces por Cristo para hacer
resaltar una verdad importante que acababa de pronunciar (Mat. 13: 9, 43; Luc.
14: 35; etc.; cf. Apoc. 2: 7, 11). En un sentido general, todos tienen oídos
y debieran escuchar, pero es probable que Cristo se refiera aquí a la atención
espiritual por medio de la cual aquellos cuyos corazones son sinceros puedan
percibir el verdadero significado de Cristo y puedan ser iluminados por él (cf.
Isa. 6: 9-10).
16.
¿A qué compararé?
Esta es una manera común de los judíos de presentar una parábola. En los vers.
7-15 Jesús guió el pensamiento de la gente a considerar la naturaleza y el
propósito de la misión de Juan. Aquí (vers. 16-24) habla de la recepción que
el pueblo de Israel había concedido a su misión en comparación con la que le
habían dado a Juan y a su obra.
Esta generación.
Lucas dice: "Los hombres de esta generación" (cap. 7: 31). Sin duda, Cristo se
refería al pueblo de Israel que vivía en su tiempo, y más específicamente a los
que escucharon a Juan y más tarde a Jesús mismo cuando anunciaron el reino
mesiánico, y fueron testigos de los milagros (Mat. 11: 21, 23) que acompañaron
a su proclamación. "Esta generación" había gozado de privilegios mucho mayores
que los de cualquier generación de los tiempos del AT. Pero a pesar de esas
oportunidades sin precedente, muy pocos tenían "oídos para oír" (ver com. vers.
15), para percibir el verdadero significado de la misión de Juan el Bautista y
de la de Jesús. Por su lado, los escribas y fariseos rechazaron abiertamente a
Cristo y lo tildaron de impostor (DTG 183-184), aunque vacilaron en adoptar la
misma actitud para con Juan el Bautista, al menos abiertamente (cap. 21:
23-27). La gente común tenía "a Juan como verdadero profeta" (Mar. 11: 32);
más tarde oyeron a Jesús de buena gana (Mar. 12: 37) y, finalmente, muchos de
ellos llegaron a la conclusión de que él también debía de ser profeta (Mat. 16:
13-14). Por lo tanto, las palabras de Cristo en este pasaje y en los
versículos sucesivos se aplican de un modo especial a los dirigentes judíos, y
de un modo más general a todo Israel.
Juan el Bautista sirvió de puente entre el AT y el NT (DTG 191-192). El AT
termina con la profecía de que él vendría (ver com. Mal. 3: 1; 4: 5-6), y el
NT comienza con el registro del cumplimiento de esa profecía (Mat. 3: 1-3; Mar.
1: 1-3). Los mensajes proféticos del AT se centralizan en la venida del Mesías
y en la preparación de un pueblo listo para recibirlo (Mat. 11: 13-14). En
Juan, lo antiguo llegó a su apogeo y dio lugar a lo nuevo. La misma generación
que escuchó a Juan también fue testigo de la venida del Mesías y del
establecimiento de su reino. Además, fue esta misma generación la que
finalmente vio cumplirse plenamente todo lo que los profetas del AT habían
predicho acerca de Jerusalén y de la nación judía (ver com. cap. 23: 36; 24:
15-20, 34).
Muchachos.
Literalmente, "niños pequeños". La escena que aquí se describe es
característica de las aldeas del Cercano Oriente donde la calle sirve tanto de
campo de juego como de lugar para caminar o de mercado. 375
Las plazas.
Gr. agorá, "ágora", "lugar de reunión del pueblo", "plaza". En estos lugares
la gente se reunía para conversar y para hacer sus negocios.
17.
Os tocamos flauta.
Al parecer, la figura aquí es la de dos grupos de niños que juegan. Un grupo
evidentemente deseaba imitar una alegre fiesta, como la de una boda.
No bailasteis.
Caprichosos, los otros niños se negaron a jugar y no respondieron a la
propuesta de los primeros.
Endechamos.
Gr. thr'néÇ, "endechar", "llorar", "hacer duelo". Continuando con la figura de
los niños que juegan (vers. 16), Mateo hace decir al primer grupo de niños:
"Muy bien, ya que no quieren jugar a la fiesta, juguemos al funeral". En
tiempos bíblicos, se acostumbraba en el Cercano Oriente llorar a los muertos en
forma efusiva y dramática. Muchas veces se contrataban plañideras para endechar
y llorar al muerto en la casa de duelo, y también en la procesión fúnebre (ver
Mat. 9: 23; com. Mar. 5: 38; cf. Jer. 9: 17).
No lamentasteis.
Literalmente, "no os golpeasteis el pecho" en señal de duelo. Al parecer,
tampoco esta segunda sugerencia fue aceptada por los niños, porque parecían
estar determinados a no aceptar ninguna sugerencia. No era que no quisieran
bailar o lamentar; sencillamente no querían hacer lo que los otros sugerían.
La aplicación es evidente: los niños que no querían aceptar ninguna sugerencia
eran los escribas y los fariseos, que criticaron tanto a Juan como a Jesús (ver
com. vers. 18-19).
18.
Ni comía.
Como nazareo (ver com. cap. 3: 4), Juan se abstenía de banqueteos y de bebidas
de que otros participaban sin escrúpulos. Quizá esperaba que sus discípulos
imitaran su ejemplo. Lucas dice: "Ni comía pan ni bebía vino" (cap. 7: 33).
La vida personal de Juan, frugal y un tanto austera, no atraía por lo general a
la gente. Al parecer, muchos lo consideraban meramente como un fanático y
hacían de esto un pretexto para no arrepentirse ni ser bautizados por él. Lo
que en realidad desagradó a mucha gente era que el Bautista reprendía sus
excesos licenciosos. Esta reprensión estaba implícita en su vida ejemplar y
probablemente explícita en su enseñanza. Para esta gente parecían tristes la
religión y la manera de vivir que Juan representaba. Se hastiaban de que
continuamente se les recordara que tenían necesidad de arrepentirse. Para
ellos, el llamamiento de Juan era una exhortación a lamentarse, y no tenían
deseos de responder (ver com. Mat. 11: 17).
Demonio tiene.
Decían que estaba endemoniado o quizá tan sólo demente (ver com. Mar. 1: 23).
Los dirigentes religiosos más tarde hicieron a Jesús esta misma acusación (ver
com. Mat. 9: 34). En ambos casos era tan sólo un pretexto para no aceptar un
mensaje que llamaba al arrepentimiento y a una nueva forma de vida.
19.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mar. 2: 10.
Come y bebe.
Ver Isa. 22: 13; Mat. 24: 38.
Comilón, y bebedor.
Sin duda, la acusación había sido exagerada y distorsionada como para insinuar
algo muy diferente de lo que los hechos permitirían decir. El que Jesús fuera
amigo de hombres conocidos como comilones y bebedores permitió a sus acusadores
decir que Cristo hacía lo mismo. El intento de los judíos de obligar a Jesús a
hacer el ayuno ritual fue un completo fracaso (Mar. 2: 15-17). Evidentemente,
estos criticones deseaban ayunar cuando les placía y participar de banquetes
cuando se les antojaba. No querían saber nada de la vida frugal de Juan ni de
la relación normal de Jesús con los que necesitaban la ayuda que él les podía
proporcionar.
Amigo.
Aquí estaba el punto central de la controversia. Jesús se hizo amigo de
personas a quienes ellos despreciaban y habían separado de su sociedad.
Publicanos.
Ver p. 68; com. Luc. 3: 12. Los que criticaban a Cristo ponían en tela de
juicio sus motivos personales. Si bien Cristo buscaba la compañía de
publicanos y de pecadores a fin de persuadirlos para que fueran semejantes a
él, sus acusadores decían que lo hacía para parecerse más a ellos.
Hijos.
La evidencia textual (cf. p. 147) favorece aquí "obras". Sin embargo, si se
deja la palabra "hijos" o "niños", el sentido es el mismo: la sabiduría debe
ser juzgada por sus resultados. Por esto, el criticar a Juan por una cosa y a
Jesús por la opuesta (vers. 18-19), mostraba una completa falta de sabiduría.
Tanto Juan como Jesús eran guiados por la sabiduría divina, y esto se hizo
evidente en el resultado de su trabajo. En respuesta a la invitación de Juan,
muchos se arrepintieron (Mat. 21: 31-32; Mar. 11: 32; Luc. 7: 29), y en
respuesta al ministerio de Jesús, multitudes le oyeron de buena gana (Mar. 12:
37).
20.
Sus milagros.
Ver p. 198. 376
No se habían arrepentido.
He aquí un extraño contraste con la forma en que el pueblo de Nínive respondió
a la predicación de Jonás (Jon. 3: 5). Cuántas veces ocurre que los que tienen
más luz responden menos, mientras que los que tienen poca luz parecen
atesorarla.
21.
¡Ay!
Gr. ouái, "ay". Esta interjección refleja tristeza, calamidad o angustia.
Corazín.
Esta ciudad aparece sólo aquí y en el pasaje paralelo de Luc. 10: 13. No
aparece en la lista que da Josefo de ciudades y aldeas de Galilea. Sin duda
estando cerca de Capernaúm y del mar de Galilea, la ciudad de Corazín se
identifica comúnmente con Khirbet Kerazeh, a unos 3 km al norte de Tell Hum
(ver com. Mat. 4: 13).
Betsaida.
De las palabras arameas beth tsayeda', "casa de la pesca". Este pueblo se
encontraba en la parte norte del mar de Galilea, quizá un poco al este del
lugar donde desemboca el río Jordán en el lago. El tetrarca Felipe (ver com.
Luc. 3: 1) reconstruyó la ciudad y le puso el nombre de Betsaida Julias, en
honor de Julia, hija del emperador Augusto (Josefo, Antigüedades xviii. 2.1).
El único milagro ocurrido aquí, según lo registran los Evangelios, fue la
devolución de la vista a un ciego (Mar. 8: 22-26).
En Tiro y en Sidón.
Ver t. II, pp. 69-71. Unos meses más tarde Jesús había de hacer una corta
visita al territorio de Tiro y de Sidón (cap. 15: 21-29).
Los milagros.
Aparte de los milagros registrados en Mar. 8: 22-26, no se habla de ningún
milagro realizado en Corazín o en Betsaida. Pero, sin duda, tan sólo unos
pocos milagros de Cristo han sido registrados en el relato evangélico (Juan 20:
30; 21: 25).
En cilicio y en ceniza.
El cilicio era llevado comúnmente por los que lloraban a un muerto, por los que
pedían algún favor, o como símbolo de arrepentimiento (ver com. Est. 4: 1).
22.
Día del juicio.
Ver com. cap. 3: 12.
Más tolerable.
Ver com. cap. 10: 15. Dios medirá la vida de los hombres según las
oportunidades que hayan aprovechado o descuidado. La responsabilidad será
juzgada en proporción directa con la manera en que los seres humanos han
empleado la luz que Dios les ha dado.
23.
Tú, Capernaúm.
Ver com. Mat. 4: 13; Mar. 2: 1. El Lenguaje que se emplea aquí para dirigirse
a Capernaúm es muy similar al que se emplea en Isa. 14: 13, 15 para dirigirse a
Lucifer.
Eres levantada hasta el cielo.
Esta frase puede también tomarse como pregunta: "¿Hasta el cielo te vas a
encumbrar?" (BJ). Al parecer, Capernaúm estaba orgullosa de su posición y de
su poder como principal ciudad judía de Galilea (ver com. cap. 4: 13).
Hades.
Gr. hád's, quizá de dos palabras griegas, a, "no" y la forma verbal idéin, del
verbo horáÇ, "ver", por lo tanto, literalmente, "no visto", refiriéndose al
mundo invisible. Para los griegos, hád's era tanto el lugar de los muertos
como el nombre del dios de ese lugar (también llamado Plutón por los romanos).
Desde Homero, hád's equivalía a "sepulcro" o "muerte". La LXX emplea
regularmente la palabra hád's para traducir el Heb. she'ol. El uso de la
palabra hád's en el NT es esencialmente igual al uso de she'ol en el AT: era el
lugar de morada transitoria de los muertos, tanto de los justos como de los
impíos. Con referencia a she'ol, ver com. 2 Sam. 12: 23; Prov. 15: 11. En
cuanto a la expresión "puertas de la muerte" (Sal. 9: 13) y su relación con
she'ol, ver com. Sal. 9: 13. Es interesante notar que Pablo, al citar Ose.
13: 14, donde she'ol se emplea como paralelo poético del Heb. máweth, usa el
Gr. thánatos, "muerte" y no hád's como se lee en la LXX (1 Cor. 15: 55). Es
importante distinguir entre el "infierno" (hád's) y el "infierno de fuego" (Gr.
géenna; gehenna, BJ) de Mat. 5: 22 (ver com. de este vers.). Hád's aparece en
muchas antiguas tumbas de Asia Menor con el sentido de "sepulcro" de fulano de
tal.
Comparar esta expresión con la frase de Isa. 14: 15, "derribado eres hasta el
Seol".
Sodoma.
Ver com. cap. 10: 15.
Los milagros.
Cf. vers. 20; ver p. 198.
Habría permanecido.
Cf. Jer. 17: 25, 27, donde se hace una referencia similar a Jerusalén.
24.
Más tolerable.
Ver com. cap. 10: 15.
25.
En aquel tiempo.
No se puede saber si los vers. 25-30 registran palabras de Jesús dichas
inmediatamente después de los vers. 7-24, es decir, después de la partida de
los dos discípulos enviados por Juan (vers. 7), o si la expresión "en aquel
tiempo" es tan sólo una frase ilativa que tan sólo une lo que sigue con lo que
precedía (vers. 7-24). El pasaje paralelo de Luc. 10: 21-22 está ubicado
específicamente después del regreso de los setenta (vers. 17, 21 ), lo cual
probablemente ocurrió hacia fines del año 30 d. C., o sea, aproximadamente, un
año después de lo que el contexto 377 de Mateo sugeriría. También es posible
que Cristo hubiera dicho lo mismo en ambas oportunidades.
Según Mateo, la visita de los discípulos de Juan (vers. 2-6), el testimonio de
Jesús acerca de Juan (vers. 7-15), los ayes pronunciados sobre los que habían
rechazado su mensaje (vers. 16-24) y su elogio de quienes lo habían aceptado
(vers. 25-30) aparecen en una sola secuencia de enseñanzas estrechamente
relacionadas con el momento del envío de los doce (cap. 9: 36 a 11: 1).
Según el DTG 310, el banquete en casa de Mateo ocurrió el mismo día cuando
Jesús resucitó a la hija de Jairo, al final del segundo viaje por Galilea (ver
com. Mat. 9: 18; Mar. 5: 21). Después de la fiesta de Mateo, los discípulos
se acercaron a Jesús para preguntarle en cuanto al ayuno (Mat. 9: 14-17; DTG
240-241). Y fue después del asunto del ayuno cuando dos de los discípulos de
Juan llegaron con la pregunta de si acaso Jesús era el Mesías (DTG 241-242).
Además, fue inmediatamente después de la partida de los dos discípulos cuando
Jesús dio su testimonio acerca de Juan (DTG 189). Por todo esto, parecería que
los sucesos narrados en el cap. 11: 2-19 deben ubicarse en una ocasión cuya
secuencia, tanto de tiempo como de pensamiento, es clara entre el fin de la
segunda gira por Galilea, quizá en el otoño (septiembre-noviembre) del año 29
d. C. (ver com. Luc. 8: 1) y la muerte de Juan el Bautista, antes de la pascua
del año 30 d. C. (ver com. Luc. 3: 19-20). Esta secuencia evidentemente no
puede aplicarse al momento del envío de los setenta, el cual probablemente
ocurrió más de medio año después de la muerte de Juan, ni puede ubicarse en la
primera parte de la segunda gira, como podría deducirse por Luc. 7:17-19, por
las razones que aquí se han expuesto.
Para los fines de este Comentario, se considera que el discurso de Mat. 11:
7-30 es una unidad y que se pronunció a fines del año 29 o a principios del año
30 d. C. Fue repetido, al menos en parte, durante el ministerio en Perea un año
más tarde (ver DTG 452; segunda Nota Adicional de Mat. 3).
Te alabo.
Aquí Cristo alaba y bendice a Dios por la sabiduría divina al hacer lo que dice
este versículo. Las circunstancias parecían sumamente desanimadoras (vers.
20-24), porque los dirigentes de Israel y de muchas de las grandes ciudades se
negaban a aceptar el mensaje del Evangelio. Pero Jesús hallaba un motivo para
regocijarse en el hecho de que mucha gente del pueblo "le oía de buena gana"
(Mar. 12: 37).
Padre.
Ver com. cap. 6: 9.
Escondiste.
Aquí se representa a Dios como si ocultara la verdad de algunas personas y se
la revelara a otras. Sin embargo, es claro que los "sabios" y los "entendidos"
-los dirigentes de Israel- habían tenido tantas oportunidades de entender a
Jesús como las que habían tenido sus compatriotas, y quizá aún más
oportunidades que nadie. En realidad, Jesús dedicó la primera parte de su
ministerio a la región de Judea, lo que dio a los dirigentes judíos la
oportunidad de evaluar la evidencia de que él era el Mesías de la profecía (ver
com. cap. 4: 12). Además, puesto que conocían las Escrituras, ellos, más que
la gente común de pocas letras, deberían haber comprendido el significado de la
profecía y deberían haber reconocido su cumplimiento en la persona y la misión
de Jesús (ver com. cap. 2: 4-6). Sin embargo, los dirigentes de Israel
prefirieron rechazar la luz que con tanta abundancia el cielo había derramado
sobre ellos (ver Ose. 4: 6; DTG 22). De parte de Dios no hubo acepción de
personas.
Estas cosas.
Posiblemente sea una referencia a los "milagros" de Cristo (vers. 21, 23), que
tenían el propósito de proporcionar una evidencia convincente de la validez de
su mensaje (ver Juan 5: 36; 10: 38; 14: 11; DTG 373-374). La importancia de
"estas cosas" había estado oculta de quienes prefirieron no verlas. Dios nunca
fuerza para que acepten la verdad quienes prefieren no aceptarla (ver com.
Mat. 7: 6).
Niños.
Gr. n'pios, "infante", "niño pequeño", y por extensión el que es infantil,
pueril, o carece de habilidades. Posiblemente sea del Gr. n'pel'Ç, "no tener
fuerza", "ser débil". La palabra se aplica tanto a niño de corta edad como a
la persona adulta a quien le falta conocimiento o habilidad. En la LXX n'pios
se usa muchas veces en lugar del Heb. pethi (ver com. Sal. 19: 7; 119: 130).
Los eruditos rabinos consideraban que los pescadores y agricultores ignorantes,
el 'am ha'árets o sea "pueblo de la tierra" eran "niños" en su conocimiento de
la ley. En realidad, Cristo dijo que si bien era posible considerar a la gente
común como niños, había que reconocer que ellos habían demostrado mayor
discernimiento para reconocer en Cristo el cumplimiento 378 de las profecías
mesiánicas. Los que no pretendían saber mucho mostraban mayor sabiduría que
los llamados sabios de la nación. Es posible que entre los "niños" a quienes
Jesús se refirió en este pasaje, los discípulos estuvieran en primer lugar.
27.
Me fueron entregadas.
Gr. paradídÇmi, "entregar en manos de otro". Cristo aquí hace referencia a su
divina comisión de ser el representante del Padre para la salvación de este
mundo, según puede verse claramente en el resto del versículo. Desde la caída
del hombre "toda comunicación entre el cielo y la raza caída se ha hecho por
medio de Cristo" (PP 382). "Todas las cosas" relacionadas con la salvación de
este mundo han sido encomendadas al Salvador. Cristo fue enviado por el Padre
y vino a esta tierra para cumplir su divina voluntad para con la humanidad
caída (Juan 4: 34). Después de completar en forma exitosa su misión, Cristo
fue investido de "toda potestad" (Mat. 28: 18) para "salvar perpetuamente a los
que por él se acercan a Dios" por la fe (Heb. 7: 25).
Mi Padre.
Ver com. cap. 6: 9.
Conoce.
"Conoce bien" (BJ). El verbo griego implica un conocimiento cabal. Es
imposible que la mente humana pueda comprender plenamente la sabiduría y el
amor infinitos de Dios manifestados cuando entregó a Jesús.
Nadie conoce.
Satanás había inducido a los hombres a creer que Dios es un amo duro y
exigente, aunque en realidad es un Dios de amor (1 Juan 4: 8), "paciente para
con nosotros, no queriendo que ninguno perezca" (2 Ped. 3: 9; cf. Eze. 18: 23,
32; 33: 11). Cristo vino para revelar al Padre. Conocer al Padre, es amarle y
servirle.
Sino el Hijo.
Esta afirmación implica que aun los ángeles no aprecian plenamente la bondad
del carácter divino, aunque en la obra del plan de salvación, ellos, juntamente
con todos los seres creados, pueden llegar a comprender mejor a Dios. Sólo
Jesús puede revelar al Padre, porque sólo Jesús lo conoce íntimamente.
El Hijo lo quiera revelar.
Ver com. vers. 25.
8.
Venid a mí.
Jesús quería decir con esto que sus oyentes no debían esperar encontrar el
camino de la vida, el camino a la verdadera sabiduría y el descanso yendo a
escuchar a los que se llamaban "sabios" y "entendidos" (vers. 25), pues no eran
mejores que los "ciegos guías de ciegos" (cap. 15: 14). Por el contrario,
debían acercarse a él. Cristo es el único que conoce al Padre. Por lo tanto,
sólo Cristo puede revelar al Padre (ver com. cap. 6: 9). Con estas bondadosas
palabras Cristo extendió a la multitud (DTG 295) una invitación para que se
convirtieran en sus discípulos. La invitación al discipulado incluye también
el tomar el yugo de Jesús (cap. 11: 29).
Trabajados.
Cristo no habla aquí del trabajo físico. Habla más bien del trabajo del alma y
de la mente, que verdaderamente es el que más pesa y preocupa. Esta invitación
tenía un significado especial para la multitud que escuchaba, porque la
religión de Israel se había degenerado hasta llegar a ser, en buena medida, un
incansable y trabajoso intento por hallar la salvación por las obras.
Cargados.
La humanidad entera lleva muchas cargas pesadas, pero la más pesada de todas es
el pecado. Sin embargo, además de las cargas comunes llevadas por todos los
seres humanos, los escribas y fariseos habían colocado muchas otras cargas
sobre los judíos que eran "pesadas y difíciles de llevar" (cap. 23: 4). La
gente estaba cargada con tantas exigencias rabínicas, que muchas veces ni
siquiera toda la vida bastaba para aprenderlas todas. En vez de dar descanso
al alma de quienes llevaban una pesada carga de pecado (DTG 295), esas
exigencias rabínicas sólo servían para extinguir en el pueblo cualquier chispa
de vida y de esperanza que pudiera quedar. La gente que procuraba ser
consecuente se quejaba por la carga, mientras que muchos -los publicanos y
pecadores abandonaban por completo toda esperanza. Habían quedado fuera del
seno de la religión que gozaba de respetabilidad, y ya no profesaban religión
ninguna. Estos tristes y desanimadores resultados eran precisamente los males
que Jesús había venido a aliviar.
Descansar.
Gr. anapaúÇ, "hacer descansar del trabajo", "reanimar", "revivir". El
sustantivo anápausis (vers. 29), que proviene del verbo anapaúo, se emplea
comúnmente en la LXX para referirse al descanso sabático. Tanto el verbo como
el sustantivo tienen la idea de una cesación transitoria del trabajo, y no de
inactividad permanente. Quienes se allegan a Cristo no dejan de trabajar, sino
que en vez de trabajar "por la comida que perece", y de extenuarse por el
esfuerzo, trabajan por "la comida que a vida eterna permanece" (ver com. Juan
6: 27). Los que piensan que pueden ganar la salvación por el hecho 379 de
soportar cargas "pesadas y difíciles de llevar" ignoran tristemente el hecho de
que el yugo de Cristo es fácil y su carga es ligera (Mat. 11: 30).
29.
Llevad mi yugo.
Significa someterse a la disciplina y a la práctica de la manera de vivir de
Cristo. Originalmente el yugo era un instrumento útil cuyo propósito era
posibilitar el esfuerzo mancomunado, pero desde tiempos antiguos el "yugo" se
transformó en símbolo de sumisión, especialmente ante un conquistador. Algunos
generales victoriosos colocaban un yugo sobre dos lanzas y obligaban al
ejército vencido a marchar por debajo de él en señal de sumisión. En una de
sus profecías simbólicas Jeremías usó yugos para representar la sumisión a
Babilonia (cf. Jer. 27: 1-11, 17; 28: 1-14).
El propósito del yugo no era hacer más pesado el trabajo del animal que lo
llevaba, sino más liviano; no más difícil, sino más fácil de llevar. De este
modo se entiende con claridad el sentido de la palabra "yugo". Al referirse a
su yugo, Cristo hablaba de su manera de vivir. El yugo de Cristo no es otra
cosa sino la voluntad divina resumida en la ley de Dios y magnificada en el
Sermón del Monte (ver Isa. 42: 21; DTG 296; com. Mat. 5: 17-22). La figura
que Cristo empleó aquí no era desconocida para sus oyentes, pues los rabinos
también se referían a la Torah (ver com. Deut. 31: 9) como a un "yugo", no
porque fuera una carga, sino más bien una disciplina, una manera de vivir a la
cual debían someterse los hombres (Mishnah Aboth 3. 5; Berakoth 2. 2).
Manso.
Gr. praús, "suave" o "manso". Se decía que los animales domésticos eran praús;
sumisos e inofensivos. El que es manso no desea sino el bien para otros (ver
com. cap. 5: 5).
Humilde.
El que es de veras humilde, reconoce que depende enteramente de Dios y coloca
los deseos y las necesidades de su hermano antes que los propios. Por ser
"manso y humilde", Cristo es un maestro comprensivo, y quienes aprenden de él
también serán mansos y humildes. Los así llamados cristianos que no han
aprendido a ser mansos y humildes, no han aprendido en la escuela de Cristo
(Fil. 2: 2-8).
Hallaréis descanso.
Ver. com. vers. 28. Los que hallan el descanso del cual hablaba Cristo,
andarán por las "sendas antiguas" y orientarán su vida por "el buen camino" de
lo que Dios escoja (Jer. 6: 16).
Almas.
Gr. psuj' (ver com. cap. 10: 28).
30.
Fácil.
Gr. jr'stós, "útil", "bueno", "agradable"; no "fácil" en el sentido de no ser
difícil. Es imposible encontrar un equivalente exacto de la palabra jr'stós.
Ligera mi carga.
El que ama verdaderamente a Cristo, se deleita en hacer su voluntad (ver com.
Sal. 40: 8). Los que toman el yugo de sumisión al Maestro, los que van a
aprender en su escuela, hallarán descanso para el alma como él lo ha prometido.
La pesada carga de la justicia legalista, de esforzarse por ganar la salvación
mediante méritos supuestamente ganados por las obras personales y no por los
méritos de Cristo, y la carga aún más pesada del pecado, todo eso desaparecerá.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-11 DTG 185-192
3 DTG 187; MC 22
4-6 MC 22
5 CS22; Ev 411; 3JT 210
7 MeM 75, 339; 3T 197, 225; 4T 556
7-8 DTG 189
9-11 DTG 190
11 CV 276; Ed 152; FE 310; MC 293; MeM 339; PE 154; 5T 224
12 NB 327
14 DTG 109
19 DTG 241; MB 300
20-24 FE 258
20-30 3JT 413
21 5T 529
21-23 3JT 414
23-24 3T 200; 5T 624
25 DMJ 27; Ev 245; 1JT 584; 2JT 130
25-26 COES 86
27 CC 9; 2JT 334; 3JT 263; MC 326
28 CC 24, 70; CE (1967) 61, 71; CS 22, 80, 625; DMJ 13; DTG 256; Ed 75; HAd
184; 3JT 109, 299; MC 78, 190, 410; MeM 159; MJ 96; MM 17, 51-52; OE 433; 2T
49, 118; 7T 244, 269, 297; TM 339, 525
28-29 CM 28; DTG 295; EC 401; FE 183-184; HAd 344; 1JT 404; 2JT 396; MM 47; PP
300, 743; 2T 567; 4T 101; 5T 17; TM 335, 494, 510
28-30 CC 46; CH 319, 370; CM 282; EC 457; FE 387, 480; 2JT 537; 3JT 278; 380 MB
58; MM 20,117; PVGM 182; 2T 81, 640; 3T 335; 4T 105, 558; 5T 410, 648, 725; 6T
247; 8T 124, 129; 9T 124; TM 257, 353, 502
29 CC 71; CH 590; CM 28, 162, 216; COES 124, 188; CW 80; DMJ 18-19; DTG 297; FE
152, 169, 191, 223, 267, 278, 441; HAd 103; 1JT 363, 566; 2JT 79, 187, 189,
396, 432; MC 47, 108, 349; OE 39, 500; 2T 188, 222, 316, 438, 562; 4T 376; 6T
443; 8T 195, 307; Te 106; TM 225, 464; 3TS 266, 268, 378; 5TS 264
29-30 CM 163; CS 544; DMJ 86; DTG 297; ECFP 108; Ev 47-48, 90; FE 340, 463; MJ
136; 4T 241; 5T 648
30 FE 283; JT 54; MC 382; NB 321; TM 350
CAPÍTULO 12
1 Cristo condena la ceguedad de los fariseos por la supuesta violación del
sábado, 3 por medio de las Escrituras, 9 de la razón 13 y de un milagro. 22
Sana a un endemoniado, mudo y ciego. 31 La blasfemia contra el Espíritu Santo
jamás será perdonada. 36 Se hará juicio contra toda palabra ociosa. 39 Reprende
a los incrédulos que sólo buscan milagros. 49 Explica quién es su hermano, su
hermana y su madre.
1 EN AQUEL tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo;* y sus
discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.
2 Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es
lícito hacer en el día de reposo.*
3 Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con
él estaban tuvieron hambre;
4 cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no
les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los
sacerdotes?
5 ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo* los sacerdotes en el
templo profanan el día de reposo,* y son sin culpa?
6 Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.
7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no
condenaríais a los inocentes;
8 porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.*
9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos.
10 Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús,
para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?*
11 El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta
cayere en un hoyo en día de reposo,* no le eche mano, y la levante?
12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito
hacer el bien en los días de reposo.*
13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue
restaurada sana como la otra.
14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
15 Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a
todos,
16 y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen;
17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
18 He aquí mi siervo, a quien he escogido;
Mi Amado, en quien se agrada mi
alma;
Pondré mi Espíritu sobre él,
Y a los gentiles anunciará juicio.
19 No contenderá, ni voceará,
Ni nadie oirá en las calles su voz.
20 La caña cascada no quebrará,
Y el pábilo que humea no apagará,
Hasta que saque a victoria el juicio.
21 Y en su nombre esperarán los gentiles.
22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal
manera que el ciego y mudo veía y hablaba.
23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David?
24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por
Beelzebú, príncipe de los demonios. 381
25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido
contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no
permanecerá.
26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo,
pues, permanecerá su reino?
27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros
hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha
llegado a vosotros el reino de Dios.
29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus
bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.
30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas
la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.
32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será
perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni
en este siglo ni en el venidero.
33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto
malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
34 ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque
de la abundancia del corazón habla la boca.
35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre
malo, del mal tesoro saca malas cosas.
36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella
darán cuenta en el día del juicio.
37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás
condenado.
38 Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo:
Maestro, deseamos ver de ti señal.
39 El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero
señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.
40 Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches,
así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres
noches.
41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la
condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí
más que Jonás en este lugar.
42 La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la
condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de
Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.
43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando
reposo, y no lo halla.
44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla
desocupada, barrida y adornada.
45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados,
moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el
primero. Así también acontecerá a esta mala generación.
46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban
afuera, y le querían hablar.
47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren
hablar.
48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes
son mis hermanos?
49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis
hermanos.
50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos,
ése es mi hermano, y hermana, y madre.
1.
En aquel tiempo.
[Los discípulos recogen espigas en el día de reposo, Mat. 12: 1-8 = Mar. 2:
23-28 = Luc. 6: 1-5. Comentario principal: Marcos. Ver mapa p. 208.] El uso
que le da Mateo a esta expresión no necesariamente implica una relación
cronológica específica entre lo que precede y lo que sigue. Es más bien una
declaración general. Esto lo muestra el uso de la misma frase en el cap. 14:
1. El sermón junto al mar, registrado en el cap. 13, fue pronunciado hacia
fines del año 29 d. C., en el otoño (ver com. cap. 13: 2), unos seis meses
antes de la muerte de Juan el Bautista, la cual se registra en el cap. 14: 2.
Por los sembrados.
Literalmente, sembrados de grano. 382
Espigas.
Podría haberse tratado de cualquier cereal, quizá de trigo o cebada. Es
interesante notar que todas las acusaciones contra los discípulos de Cristo que
se registran en el libro de Mateo tuvieron que ver de alguna manera con el
alimento (cap. 9: 14; 15: 2; etc.).
6.
Uno mayor.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) "algo mayor" (neutro), en vez de
"uno mayor" (masculino). Parecería que ese "algo" tenía que ver con el
verdadero espíritu de adoración (Juan 4: 23-24), pero quizá aún más con la
presencia de Jesús, creador del sábado y centro de toda verdadera adoración.
Si el templo mismo estaba exento de las restricciones sabáticas que prohibían
el trabajo, ¿como podría acusarse a Jesús, Señor del templo, dueño de esa
"casa" e indudablemente mayor que ella, de quebrantar el sábado? Para los
judíos el templo era más sagrado que cualquier otra cosa terrenal. Sin
embargo, Cristo afirmó en forma audaz que él era mayor que el templo. Dijo
Jesús que además de ser mayor que el templo, era "señor del día de reposo", la
más sagrada de las instituciones religiosas judías (Mat. 12: 8). Cristo señaló
que tanto el templo como el sábado habían sido ordenados para el servicio del
hombre, y no para enseñorearse de él. El hombre no fue creado para que pudiera
haber alguien que adorara en el templo y que observara el sábado; sino que el
templo y el sábado fueron creados para servir al hombre (Mar. 2: 27).
7.
Misericordia quiero, y no sacrificio.
Ver com. cap. 9: 13.
No condenaríais a los inocentes.
Se hace referencia aquí a los discípulos. Con demasiada frecuencia la
ignorancia en cuanto al verdadero sentido de las Escrituras -es decir, los
falsos conceptos acerca de la verdad- y el falso orgullo, unidos con los celos
hacia los que conocen y obedecen la verdad, llevan a la crítica y a la
persecución (ver com. cap. 5: 10-12).
9.
Pasando de allí.
[El hombre de la mano seca, Mat. 12: 9-14 = Mar. 3: 1-6 = Luc. 6: 6-11.
Comentario principal: Marcos y Lucas.]
Quizá esto ocurrió poco después del hecho registrado anteriormente (ver com.
vers.1), pero no necesariamente como acto seguido. Difícilmente podría haber
sido el mismo sábado (ver com. Luc. 6: 6).
15.
Sabiendo esto Jesús.
[El siervo escogido, Mat. 12:15-21 = Mar. 3: 7-12. Comentario principal:
Marcos.] Es decir, cuando Jesús percibió la conspiración que estaban tramando
los fariseos y los herodianos después de la curación del hombre de la mano seca
en la sinagoga en un día de sábado (Mat. 12: 14; ver com. Mar. 3: 6). A
medida que iba aumentando la popularidad de Jesús, también proporcionalmente
aumentaba la oposición contra él (ver com. Mat. 4: 24).
Se apartó.
Quizá no partió hasta después del sábado, pues un largo viaje en día sábado
innecesariamente habría despertado prejuicios entre los dirigentes judíos en
contra de él. Con referencia al viaje en un día sábado, ver p. 52.
17
Lo dicho por el profeta Isaías.
Parece tratarse de una traducción libre o paráfrasis de Isa. 42: 1-4, aunque
también podría ser una cita de alguna versión griega que desde entonces se ha
perdido. Los primeros tres versículos siguen bastante de cerca el hebreo de
Isa. 42:1-3, mientras que Mat. 12: 21 sigue casi exactamente a la LXX en la
última parte de Isa. 42: 4; pero omite las dos primeras frases del versículo
(ver com. Isa. 42: 1-4).
18.
Mi siervo.
Es decir Cristo, el Mesías (ver com. Isa. 42: 1).
Juicio.
No la justicia de portarse bien, sino la justicia del juicio.
20.
Caña cascada.
O "caña aplastada". Jesús no consideraba que la caña rota o el pábilo que
humeaba fueran inútiles; en ambos casos había posibilidad de mejoría.
No quebrará.
Mientras hubiera el menor atisbo de esperanza de restauración, Jesús trabajaría
diligentemente para "hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar
el corazón de los quebrantados" (Isa. 57: 15).
El pábilo que humea.
Gr. línon, sugiere algo hecho de lino, probablemente un pábilo o una "mecha"
(BJ) de una lámpara, que está a punto de apagarse. Pero el dueño de la lámpara
desea tener su luz y no escatima esfuerzos por lograr que siga ardiendo.
22.
Entonces.
[El endemoniado ciego y mudo; la blasfemia contra el Espíritu Santo, Mat.
12:22-45 = Mar. 3:20- 30 = Luc. 11:14-32. Comentario principal: Mateo. Ver
mapa p. 209; diagrama p. 221.] El resto de este capítulo (vers. 22-50) es uno
de los pasajes más difíciles de ubicar en la secuencia de acontecimientos del
ministerio de Cristo. Parece haber buena razón para pensar que los vers. 2250 constituyen el registro de un solo episodio y del conflicto que surgió de
él: (1) Al parecer hubo sólo un breve lapso entre la curación 383 del
endemoniado ciego y mudo y la acusación hecha por los fariseos (vers. 24). (2)
La demanda de una señal fue repetida por lo menos dos veces durante el
ministerio de Cristo, y el episodio que aquí se presenta parece haber sido la
primera ocasión cuando se pidió una señal (la segunda vez ocurrió en Magdala,
según Mat. 15: 39 a 16: 5, probablemente a mediados del año 30 d. C.). Debería
notarse que este pedido (cap. 12: 38) de que Jesús hiciera una señal fue hecho
enseguida después de que Jesús negara que expulsaba demonios por el poder de
Beelzebú. (3) La presentación del asunto del espíritu inmundo y de los siete
espíritus peores que él (vers. 43-45), sin duda siguió a la enseñanza de los
vers. 22-42 sin gran interrupción, según se desprende de DTG 290. (4) La visita
de la madre y de los hermanos de Cristo, que aparece en los vers. 46-50,
acaeció "mientras él aún hablaba" (vers. 46; cf. DTG 292).
Según el cap. 13: 1, Cristo pronunció las parábolas del sermón junto al mar,
consignado en el cap. 13, el mismo día cuando dio las instrucciones del cap.
12: 22-50. Con referencia a la evidencia de la estrecha relación cronológica
entre el cap. 12: 22-50 y el cap. 13: 1-58, ver com. cap. 13: 1. De este modo
lo que se presenta en el cap. 12: 22-50 habría transcurrido en la última parte
del año 29
d.C. (ver com. Mat. 13: 1; Mar. 3: 13).
Un endemoniado.
Por lo menos en dos casos Cristo sanó a un endemoniado ciego y mudo (DTG 238;
cap. 9: 32-35). Con referencia a la posesión demoníaca, ver Nota Adicional de
Mar. 1.
23.
Estaba atónita.
Ver com. Mar. 2: 12.
Hijo de David.
Ver com. cap. 1: 1. La forma de la pregunta en griego insinúa que se espera
recibir una respuesta negativa (ver com. Luc. 6: 39). Es como si la gente
hubiera dicho: "Este no puede ser el hijo de David, el Mesías, ¿verdad?".
Posiblemente, comprendieron que el Mesías de la profecía había de realizar los
milagros que Cristo realizaba, pero les resultaba difícil ver en Jesús, al
parecer un hombre común, al Mesías de la profecía (cf. DTG 168, 348). El
hecho de que mucha gente oyera a Cristo de buena gana (Mar. 12: 37), lo
reconociera como un gran maestro (Juan 3: 2) y aun como profeta (Mat. 21: 11),
no significa necesariamente que lo aceptaran como Mesías. Sus muchos milagros
encendían la llama de la esperanza en sus corazones de que quizá fuera el
Mesías (ver com. Luc. 24: 21; cf. DTG 372), pero sus preconceptos en cuanto a
cómo sería el Mesías (ver com. Mat. 4: 17; Luc. 4: 19; cf. DTG 22) apagaban
casi inmediatamente la débil llama.
24.
Los fariseos, al oírlo.
Evidentemente la tenue esperanza de la gente de que Jesús podría ser el Mesías
de la profecía (vers. 23) airó a los fariseos. Marcos dice que estos fariseos
eran "escribas que habían venido de Jerusalén" (Mar. 3: 22), posiblemente
enviados como espías por el sanedrín para observar a Cristo e informar en
cuanto a él (ver com. Mar. 2: 6). Estos astutos enemigos de Jesús no podían
negar que se hubiera realizado un genuino milagro, porque el hombre sanado
podía hablar y ver (Mat. 12: 22). Cuanto mayor era la evidencia de la
divinidad de Jesús, tanto mayores eran su ira y su odio. Por esto, algunos de
los enemigos de Jesús finalmente llegaron a cometer el pecado imperdonable (ver
com. vers. 31-32).
Este.
Gr. hóutos. Los fariseos mostraron su desprecio negándose a pronunciar el
nombre de Jesús y refiriéndose a su persona de esta forma poco cortés (ver com.
Luc.14: 30; 15: 2).
Beelzebú.
Ver com. cap. 10: 25. En la curación del endemoniado ciego y mudo se hizo
evidente que estaba actuando un poder sobrehumano. Los espías se negaron a
admitir que Jesús era divino y que poseía el poder de efectuar el milagro; por
lo tanto, debía ser aliado del diablo.
25.
Sabiendo Jesús los pensamientos.
Ver com. Mar. 2: 8.
Todo reino.
Una nación donde hay guerra civil, evidentemente queda debilitada frente a
otras naciones.
Casa.
Quizá se refiera a una división política como "casa" del que gobierna allí, o a
una familia real, como la "casa de David" (1 Rey. 12: 16, 19-20, etc.). El
mismo principio podría también aplicarse a una casa en el sentido de la morada
de una familia.
26.
Echa fuera a Satanás.
Satanás estaba empeñado en combate mortal con Cristo (Apoc. 12: 7-9; cf. Mat.
4: 1-11; Juan 12: 31; 16: 11; etc.). El diablo difícilmente podría ser tan
necio como para trabajar contra sí mismo confirmando las afirmaciones de
Cristo, su enemigo mortal, y cooperando con él en la expulsión de demonios que
él mismo había introducido en los hombres. Procediendo así, su reino
seguramente caería. Con esto Jesús mostró cuán absurdo era el argumento de los
fariseos, y su razonamiento fue tan claro y 384 sencillo que todos pudieron
comprenderlo.
27.
¿Por quién los echan vuestros hijos?
Después de haber mostrado cuán absurdo era el argumento de los fariseos, Cristo
les presentó un dilema. Evidentemente algunos fariseos pretendían poder echar
fuera demonios; de otro modo, Jesús no hubiera presentado esto como un hecho.
Josefo relata que en sus días se practicaba el exorcismo (Antigüedades 8. 2.
5), y los hijos de Esceva (Hech. 19:13-16) eran "exorcistas ambulantes". La
palabra "hijos" no se refiere a los descendientes de los hombres a quienes
Cristo estaba hablando, sino a sus seguidores. En tiempos del AT, los
estudiantes en las escuelas de los profetas eran llamados "hijos de los
profetas" (ver com. 2 Rey. 6: 1).
28.
Pero si.
Después de mostrar cuán absurdo era lo que pretendían los fariseos (vers.25-26)
y de haberlos puesto frente a un dilema al cual no podían responder (vers. 27),
Cristo los llevó a considerar la alternativa inevitable de que lo que ellos
habían atribuido a Satanás no era en realidad otra cosa sino el poder de Dios
(ver com. vers. 24). Lucas se refiere a este poder como el "dedo de Dios"
(Luc. 11: 20; cf. Exo. 8: 19). Durante su ministerio terrenal, los milagros
de Jesús fueron realizados por el poder de Dios mediante el ministerio de los
ángeles (DTG 117). Sus milagros daban testimonio de que él era el Mesías (ver
DTG 373), y si el Mesías estaba en la tierra (Mat. 12:23), su "reino" no podía
estar lejos.
29.
¿Cómo puede alguno entrar?
La parábola que Cristo presenta a continuación refuerza la verdad expuesta en
el vers. 28 de que "ha llegado a vosotros el reino de Dios" y de que el reino
de Satanás está siendo invadido. Cristo es el que entra en la casa o en el
reino de Satanás (ver com. vers. 25). Una persona no entra en su propia casa
para saquear sus propios bienes. Satanás no echa fuera a Satanás (vers. 26).
Por lo tanto, cualquiera que entra en la casa de Beelzebú (ver com. vers. 24),
para "saquear sus bienes", debe ser su enemigo.
Del hombre fuerte.
El uso del artículo definido en griego hace que se refiera a una persona
específica: Satanás.
Saquear sus bienes.
Satanás pretendía que este mundo era de él, que le había sido entregado (Luc.
4: 6). Desde ese punto de vista, este mundo era su casa, y los seres humanos
que estaban en él eran sus "bienes". Cristo vino a libertar a los cautivos de
Satanás, primero de la cárcel del pecado (ver com. Luc. 4: 18) y después de la
cárcel de la muerte (Apoc. 1: 18). Al echar fuera demonios, Cristo estaba
arrebatándole a Satanás sus víctimas: estaba saqueando sus "bienes".
Primero no le ata.
El que ata al "hombre fuerte", debe necesariamente ser más fuerte que él (Luc.
11: 22). Sólo Dios es más fuerte que Satanás. Por lo tanto, frente a la
evidencia de que Jesús está libertando a los cautivos de Satanás, debe
entenderse que el poder de Dios está actuando por medio de Jesús. Los milagros
de Cristo no dan testimonio de una alianza con Satanás, sino de que estaba en
guerra contra él (DTG 373).
30.
No es conmigo.
En el gran conflicto por el alma del hombre no hay territorio neutral pues la
neutralidad es imposible (DTG 291). Todos son o leales o traidores. El que no
está enteramente de parte de Cristo, está enteramente de parte del enemigo,
vale decir que el peso de su influencia se inclina en esa dirección. El estar
casi, pero no completamente con Cristo, es estar no casi sino plenamente contra
él. Lo que Cristo aquí afirma no debe entenderse que contradice a Mar. 9: 40:
"El que no es contra nosotros, por nosotros es". En cierto modo se
complementan. El que se niega a seguir a Jesús, daña la obra de Cristo. Por
otra parte, la declaración de Marcos indica que algunas personas que no
proceden como nosotros creemos que deberían proceder, sin embargo, pueden estar
haciendo la obra de Dios y fomentando la causa de Jesús (DTG 404).
31.
Todo pecado.
Salvo una excepción, todo pecado y blasfemia pueden perdonarse.
Blasfemia.
En la situación específica a la cual Cristo hace referencia, un grupo de
fariseos había atribuido al diablo (vers. 24) el poder del Espíritu Santo (ver
com. vers. 28), sabiendo plenamente que su acusación era falsa (DTG 289). Este
deliberado rechazo de la luz los estaba llevando paso a paso a blasfemar
"contra el Espíritu". Es importante notar que la afirmación hecha por los
fariseos surgió en el momento culminante de un largo proceso de rechazo de las
evidencias cada vez más claras de que Jesús era divino (DTG 184, 496), proceso
que había comenzado cuando Jesús nació (DTG 44), pero que se había
intensificado a medida que progresaba su ministerio. Cuanto más clara la
evidencia, más decididamente se le opusieron 385 (cf. Ose. 4: 6). Con el
correr del tiempo, cada encuentro con Jesús servía sólo para revelar la
hipocresía de ellos, y se fueron amargando más y más y hablaron en forma más
violenta. En esta ocasión afirmaron abiertamente que Jesús estaba endemoniado
y que trabajaba en colaboración con Satanás, como uno de sus cómplices (cf. 2JT
265). En adelante quedaron bajo el control del mismo poder que habían dicho
que dominaba a Cristo (DTG 290).
La blasfemia contra el Espíritu Santo, o sea el pecado imperdonable, consiste
en la resistencia progresiva a la verdad, y culmina en una decisión final e
irrevocable en contra de ella, hecha deliberadamente y sabiendo muy bien que al
proceder así se está escogiendo seguir una conducta propia que se opone a la
voluntad divina. La conciencia está cauterizada por la resistencia continua a
las impresiones del Espíritu Santo y quien está en esa situación difícilmente
comprende que ha hecho la decisión fatal. Puede también ocurrir que
simplemente no se llegue nunca a hacer la decisión de actuar en armonía con la
voluntad de Dios (DTG 291). La persona que se siente temerosa de que pudiera
haber cometido el pecado imperdonable, en ese mismo temor tiene la evidencia
concluyente de que no lo ha cometido.
La persona más desgraciada es aquella cuya conciencia la molesta por hacer el
mal cuando sabe que debería hacer el bien. Una vida cristiana desdichada
generalmente es el resultado de no vivir a la altura de la luz que se tiene.
La persona cuya conciencia la molesta puede resolver el problema y librarse de
la tensión de dos maneras: puede someterse al poder transformador del Espíritu
Santo y responder a los impulsos del Espíritu rectificando los yerros cometidos
con Dios y con el hombre, o puede cauterizar su conciencia y eliminar sus
dolorosos impulsos, silenciando así al Espíritu Santo (ver Efe. 4: 30). El que
hace esto último no puede arrepentirse porque su conciencia se ha tornado para
siempre insensible y no quiere arrepentirse. Deliberadamente ha colocado su
alma más allá del alcance de la gracia divina. Su persistente perversión del
libre albedrío da por resultado la pérdida de la capacidad de discernir entre
el bien y el mal. Por último el mal parece ser bueno, y el bien parece ser
malo (ver Miq. 3: 2; com. Isa. 5: 20). Tan engañoso es e pecado.
Bien se ha dicho que la conciencia es el ojo de Dios en el alma del hombre. Es
un amonestador divinamente implantado que impulsa a los hombres a vivir siempre
en armonía con la luz que les ha sido revelada. Corromper la conciencia, aun en
el grado más pequeño, es arriesgarse a la muerte eterna. La desobediencia
persistente y deliberada a Dios finalmente se transforma en hábito que no puede
quebrantarse (DTG 291). Compárese esto con el proceso comúnmente descrito como
endurecimiento del corazón (ver com. Exo. 4: 21).
No les será perdonada.
No porque Dios no esté dispuesto a perdonar, sino porque el que ha cometido
este pecado no tiene deseo de ser perdonado. Tal deseo es imprescindible para
alcanzar el perdón. La persona que ha cometido el pecado imperdonable ha
cortado la comunicación con el cielo a fin de no ser molestada más por las
advertencias y las admoniciones del Espíritu Santo.
32.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1 ; Mar. 2: 10.
Le será perdonado.
Comparar esto con la oración de Cristo en la cual pidió que Dios perdonara a
los soldados que lo habían clavado a la cruz (Luc. 23: 34). Muchos de los
sacerdotes y dirigentes de la nación, junto con miles de otras personas,
finalmente creyeron en él, y después de Pentecostés se pusieron de parte de los
discípulos (Juan 12: 42; Hech. 6: 7). Pudieron recibir el perdón porque antes
no habían discernido plenamente el carácter divino de Jesús (DTG 289). El
hecho de que no reconocieran a Jesús como el Mesías de la profecía, por causa
de su entendimiento incorrecto de las profecías del AT (DTG 22), no los hizo
insensibles a la verdad, y cuando vieron la verdad como es en Cristo Jesús, con
valor se pusieron de parte de ella.
No le será perdonado.
Ver com. vers. 31.
Este siglo.
Ver com. cap. 13:39.
El venidero.
El siglo venidero, o sea la vida futura. No habrá un segundo tiempo de gracia.
33.
O haced.
Los fariseos eran inconsecuentes. Habían atribuido la liberación del yugo de
la posesión demoníaca -ciertamente algo bueno- a los demonios mismos (vers.24).
Si los frutos son buenos, el árbol en el cual crecieron también debe serlo.
El árbol.
Según se desprende del contexto, Jesús habla aquí de sí mismo. La curación del
endemoniado ciego y mudo (vers. 22) era el 386 "fruto", y ninguno que hubiera
visto el milagro podía negar que ese "fruto" era bueno. Sin embargo, los
fariseos atribuyeron este buen fruto a un árbol malo, a "Beelzebú, príncipe de
los demonios" (vers 24). Pero Jesús declaró que sólo un buen carácter puede
producir "buenas cosas", así como un carácter malo produce "malas cosas" (vers.
35). El árbol bueno siempre se conocerá por su buen fruto y el árbol malo por
sus malos frutos (ver com. cap. 7: 16-20). De este modo los fariseos eran
sumamente ilógicos al atribuir un fruto reconocido como bueno a un árbol malo.
Con frecuencia en el AT se compara a una persona o a un pueblo con un árbol
(ver com. Juec. 9: 8-10; Sal. 1: 3; Isa. 56: 3; Dan. 4: 10).
Más tarde Jesús se comparó con una "vid", y comparó a sus discípulos con los
"pámpanos", y a los que eran ganados para el reino con el "fruto" (Juan 15:
5-8). En cuanto a otros casos en los cuales se emplea la figura del fruto para
representar diferentes cosas y para enseñar diferentes verdades, ver com. Mat.
13: 33.
34.
¡Generación de víboras!
Literalmente, "progenie de víboras" (ver com. cap. 3: 7).
¿Cómo podéis hablar?
Eran malos tanto el fruto (vers. 33) como la progenie (vers. 34) de los
fariseos. Lo que habían dicho -el fruto de ellos- era malo, y eso indicaba que
procedía de una fuente mala. Actuaban como "víboras", y por lo tanto debían
ser una progenie de víboras (ver com. Juan 8: 44).
Abundancia del corazón.
Las palabras que se pronuncian son en mayor o menor grado un reflejo de los
pensamientos que llenan la mente; no puede ser de otro modo. Las palabras
blasfemas de los fariseos (vers. 24) no fueron pronunciadas por accidente, sino
representaban lo que estaba en su corazón. Las palabras de una persona
muestran lo que piensa.
35.
El hombre bueno.
Esta es una aplicación literal del principio presentado en el vers. 33 con la
figura de un árbol.
Tesoro.
Gr. th'saurós, "cofre [para joyas]", "tesorería", "almacén" (ver com. cap. 2:
11). Aquí se habla de la mente como si fuera el almacén donde se han guardado
la experiencia y el conocimiento acumulados y las actitudes y emociones
cultivadas para emplearlas en hacer frente a los problemas de la vida.
Del corazón.
La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de estas palabras.
Saca.
Literalmente, "echa fuera".
36.
Ociosa.
Literalmente, "que no trabaja", "improductiva", "inútil", y por lo tanto, como
aquí, "mala" o "perniciosa". Al acusar a Cristo de echar a los demonios con la
ayuda del príncipe de los demonios (vers. 24), los fariseos habían afirmado
algo que sabían que no era cierto.
Darán cuenta.
El hombre es responsable de la manera en la cual emplea su libre albedrío.
Día del juicio.
Ver com. cap. 3: 12.
37.
Justificado.
Dentro del contexto del juicio final, el verbo griego dikaióÇ tiene el sentido
forense de "declarar justo" o de "ser vindicado". Esto podrá ocurrir sólo si
las palabras que se han dicho están de acuerdo con el conocimiento de la verdad
que se ha tenido. De otro modo, se verá que la persona es hipócrita, y como
tal, será condenada.
38.
Entonces.
Con referencia a la relación de los vers. 38-42 con la sección anterior del
cap. 12, ver com. vers. 22.
Algunos de los escribas.
Casi todo el capítulo tiene que ver con ejemplos de la oposición de los
fariseos a Cristo (vers. 2, 14, 24, 38). Sólo los vers. 46-50 tratan de otro
tema. Con referencia a los escribas, ver p. 57; com. Mar. 1: 22.
Fariseos.
Ver pp. 53-54.
Maestro.
Gr. didáskalos, "el que enseña". Aunque le dijeron "Maestro" a Jesús, los
escribas y fariseos no estaban aceptando que tuviera ninguna autoridad
especial. Sólo se trataba de que Jesús estaba enseñando, y didáskalos era el
título popular de los que enseñaban.
Deseamos ver de ti señal.
Es probable que el pedido de ver una señal que se registra en el cap. 16: 1-5
ocurriera a mediados del año 30 d. C., unos nueve meses después del hecho
registrado aquí. En vista del notable milagro que acababa de realizarse (cap.
12: 22-23; DTG 288), la exigencia de ver una señal (ver p. 198; com. Luc. 2:
12) era en verdad un insulto. Esto implicaba que lo que había ocurrido no era
un milagro y sutilmente insinuaba que hasta ese momento Cristo no había dado
ninguna evidencia de sus pretensiones sobrenaturales. ¿Qué clase de señal
esperaban ver? Quizá algún portento en el cielo (ver Joel 2: 30; cf. Apoc.
13: 13), o algún "milagro" como los que Moisés efectuó ante Faraón para
comprobar su misión (Exo. 7: 9-13; etc.). Quizá hubieran considerado que una
señal tal era una manifestación convincente de un poder sobrenatural. Durante
el juicio 387 de Cristo ante el sanedrín, los dirigentes judíos nuevamente
exigieron que Jesús realizara un milagro (DTG 651). Herodes demandó algo
similar y prometió libertar a Jesús si realizaba ese milagro (DTG 676).
La insinceridad de quienes exigían una señal parecería verse en el hecho de que
no se menciona que alguno de ellos hubiera respondido favorablemente a los
milagros que Jesús realizó. Al contrario, con cada evidencia de la divinidad de
Cristo, sólo se sintieron más decididos a silenciarlo, hasta que finalmente la
resurrección de Lázaro sirvió para que rodoblaran sus esfuerzos por eliminar a
Jesús.
39.
Generación.
Ver com. cap. 11: 16; 23: 36.
Mala y adúltera.
Eran adúlteros en el sentido de que habían roto el lazo que los unía a Dios
como pueblo escogido. En el AT la apostasía era descrita comúnmente como
adulterio (ver com. Sal. 73: 27).
Señal no le será dada.
Ese pueblo empedernido y apóstata no tenía derecho a exigir una señal, y si la
hubiera visto, no la habría aceptado. No había nada que ganar con echar "perlas
delante de los cerdos" (ver com. cap. 7: 6). En "Moisés" y "los profetas" (Luc.
16: 31) había suficiente luz como para guiar a los hombres al camino de la
salvación, y la verdadera razón por la cual los escribas y fariseos se negaban
a aceptar a Cristo era porque realmente no habían aceptado las escrituras del
AT que testificaba de él (Juan 5: 45-47).
Jonás.
Jesús mismo explicó cual era la señal de Jonás. En primer lugar, hizo notar la
experiencia de Jonás con el gran pez (vers. 40), y después citó su exitosa
predicación al pueblo de Nínive (vers. 41).
40.
Como estuvo Jonás.
La resurrección de Cristo fue el supremo milagro de su misión a la tierra, y
hacia ese gran acontecimiento futuro Jesús dirige la atención de quienes lo
criticaban.
Gran pez.
Gr. k•tos, que se emplea para designar a cualquier pez de gran tamaño o
monstruo marino (ver com. Jon. 1: 17; 2: 1). La constelación de la Ballena (o
Cetus) representa a un monstruo marino, y su nombre latino es meramente una
transliteración del Gr. k•tos.
Tres días.
Ver pp. 239-242.
Corazón de la tierra.
Sin duda, Cristo se refería aquí al tiempo que pasaría en la tumba de José,
desde las últimas horas de la tarde del viernes hasta las primeras horas de la
mañana del domingo.
Tres días y tres noches.
Ver pp. 239-242.
41.
Los hombres del Nínive.
La "señal del profeta Jonás" (vers. 39) no sólo consistía en su milagroso
escape del "vientre del gran pez", sino también comprendía su exitoso
ministerio para los habitantes de Nínive, capital de la antigua Asiria (DTG
373).
Se levantarán en el juicio.
Es decir, se adelantarán a dar testimonio en el día del juicio final. Se ha
sugerido que la expresión aramea empleada por Cristo en este pasaje
originalmente significaba "acusar".
Esta generación.
Ver com. cap. 11: 16; 23: 36; 24: 34
Se arrepintieron.
No podemos saber si Jonás relató a los ninivitas lo que había ocurrido con el
monstruo marino. Las Escrituras nada dicen al respecto. Lo importante es que
ellos se arrepintieron a pesar de que Jonás no realizó, hasta donde lo sepamos,
ningún milagro en presencia de ellos. Aceptaron su mensaje por la autoridad que
demostraba, porque llegó hasta sus corazones (Jonás 3: 5-10). Lo mismo debería
haber ocurrido con los escribas y fariseos, porque el mensaje que Cristo
presentaba ciertamente llevaba con él la evidencia convincente de la autoridad
de Jesús (ver com. Mar. 1: 22, 27). Pero además de las palabras que pronunció,
obró muchas maravillas, y ellas fueron un testimonio adicional de que sus
palabras eran verdaderas (Juan 5: 36). Pero apesar de toda esa evidencia, los
escribas y fariseos tercamente se negaron a creer la evidencia que les era
presentada.
Más que Jonás.
Es decir, Cristo mismo (ver com. vers. 6).
42.
La reina del Sur.
La reina de Sabá, quien visitó la corte del rey Salomón (ver com. 1 Rey. 10: 1,
3, 9).
La sabiduría de Salomón.
Ver com. 1 Rey. 3: 12. La sabiduría divina, que se dejó ver en lo que Salomón
decía, convenció a la reina de Sabá de que Dios estaba con el rey. Al igual que
Jonás (ver com. vers. 41), Salomón no realizó ningún milagro; sus palabras
bastaron. Si las palabras de Jonás y de Salomón no daban una evidencia de que
Dios hablaba por medio de ellos, Jesús insinuaba que sus propias palabras
también deberían ser suficientes.
Más que Salomón.
Ver com. vers. 6, 42.
43.
Espíritu inmundo.
[El espíritu inmundo que vuelve, Mat. 12: 43- 45. En cuanto a las parábolas,
ver pp. 193- 197.] El espíritu inmundo 388 era un demonio. Los comentarios
que Cristo hizo aquí (vers. 43-45) pueden considerarse como una continuación
del tema acerca del pecado imperdonable (vers. 31-37). La ilación del
pensamiento de Jesús se había interrumpido (vers. 38-42) por la demanda de una
señal, y aquí Cristo prosigue a partir de donde había dejado, después de haber
contestado a ese pedido. El consejo que aquí se da (vers. 43-45) es
especialmente aplicable a los que han escuchado de buena gana el mensaje
evangélico, pero que no se han entregado al Espíritu Santo (DTG 290). Esa
gente no había cometido aún el pecado imperdonable, y Jesús les advirtió que no
lo hicieran. Con referencia a la posesión demoníaca, ver Nota Adicional de
Mar. 1.
En el caso de las enfermedades, las recaídas suelen ser mucho más graves que la
enfermedad inicial. La fuerza física, ya muy disminuida por la enfermedad, con
frecuencia es impotente ante el renovado ataque de la enfermedad. Muchas veces
la recaída ocurre porque el paciente no se da cuenta de su debilidad física y
confía demasiado en sí mismo. Cuando una persona se está recuperando de la
enfermedad del pecado, debería confiar plenamente en los méritos y en el poder
de Cristo.
Lugares secos.
Regiones desiertas, donde el espíritu no encontraría seres humanos que le
sirvieran de casa (vers. 44). Por lo tanto, estaría intranquilo por no tener
casa.
44.
Volveré.
El espíritu inmundo insinúa con esto que su ausencia era sólo temporaria.
Cristo probablemente pensaba en el hombre de quien había echado un demonio tan
sólo poco tiempo antes (ver com. vers. 22). Es probable que ese hombre
estuviera entre los presentes, y bien podría haber sido ésta una advertencia
específica para él así como era general para los demás. Sin duda era una
advertencia para los fariseos (cf. vers. 31-37).
Desocupada, barrida y adornada.
La condición de la "casa", o sea de la persona, era ahora la que había sido
antes de que el demonio se estableciera allí. La religión cristiana no
consiste principalmente en abstenerse del mal, sino en aplicar la mente y la
vida a lo bueno con inteligencia y diligencia. El cristianismo no es una
religión negativa compuesta de diversas prohibiciones, es una fuerza positiva y
constructiva para el bien. No basta que los demonios, ya sean literales o
figurados, sean echados del corazón y de la mente; el Espíritu de Dios debe
entrar en la vida y controlar el pensamiento y la conducta (2 Cor. 6: 16; Efe.
2: 22). No basta odiar el mal; debemos amar y atesorar ardientemente lo que es
bueno (Amós 5: 15; 2 Tes. 2: 10; ver com. Mat. 6: 24).
El desdichado individuo representado por la "casa" no se puso de parte de Dios
en forma positiva. Tenía buenas intenciones. No pensaba que volvería el
espíritu inmundo, y por lo tanto no entregó su "casa" al control de Cristo. Si
se sometía a Cristo, posiblemente no podría emplear su "casa" como a él le
parecía bien, y por lo tanto, al menos por el momento, decidió vivir como le
placía. Si se hubiera entregado a Cristo, habría predominado un nuevo poder
(Rom. 6: 16), y el espíritu inmundo nunca podría haber logrado entrar. Nuestra
única seguridad está en la entrega completa a Cristo, para que él pueda entrar
y vivir su vida perfecta dentro de nosotros (Gál. 2: 20; Apoc. 3: 20). Esta
parábola es una solemne advertencia contra las mejoras logradas eliminando
diferentes males. No basta evitar el mal; debemos buscar activamente "las cosas
de arriba" (Col. 3: 1-2).
45.
Otros siete espíritus.
Siete, el número simbólico que representa plenitud, indica aquí que la posesión
demoníaca era completa.
El postrer estado.
Con demasiada frecuencia los que han sido sanados de la enfermedad del pecado,
por así decirlo, sufren una recaída, y por ella llegan a ser espiritualmente
más débiles que antes. Sin darse cuenta de cuán cuidadosos deben ser para
evitar la tentación y rodearse de influencias par el bien, se exponen
innecesariamente a las tentaciones del mundo, y los resultados muchas veces son
fatales (DTG 221). Así ocurrió con Saúl, quien, aunque estuvo por un tiempo
sujeto al poder y a la influencia del Espíritu Santo (1 Sam. 10: 9-13), no se
sometió plena y completamente a Dios, y en consecuencia quedó expuesto al
control de un espíritu malo (1 Sam. 16: 14; 18: 10; 19: 9), que finalmente lo
llevó a suicidarse. Lo mismo ocurrió con Judas, quien al principio era sensible
a la influencia suavizadora de Cristo, pero que no sometió su vida en forma
exclusiva a esa influencia (DTG 260, 664; com. Mat. 13: 7).
Esta mala generación.
Ver vers. 39; com. cap. 11: 16; 23: 36. Los dirigentes de Israel estaban
rechazando la luz que les había brillado.
46.
Mientras él aún hablaba.
[La madre y lo hermanos de Jesús, Mat. 12: 46-50 = Mar. 389 3: 31-35 = Luc. 8:
19-21. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 209; diagrama p. 221.] Con
referencia a la relación de esta sección (vers. 46-50) con la sección anterior
del capítulo, ver com. vers. 22. Ver otro episodio relacionado con esta
narración en Luc. 11: 27-28.
Su madre.
Aunque indudablemente estaba preocupada por Jesús, María tenía fe en él, una fe
que sus hermanos no compartían (Juan 7: 5). Eran ellos, y no María, quienes
deseaban impedir que Jesús hiciera algo más por la gente (DTG 288). Esperaban
que él habría de ceder ante la insistencia de María. Creían que difícilmente
les escucharía si ellos se lo pedían (cf. DTG 66).
Sus hermanos.
Parecería que los Evangelios sugieren que se trata de hijos de José tenidos en
un matrimonio anterior. El que Jesús confiara a su madre al cuidado de Juan
(Juan 19: 26-27) podría indicar que los hermanos (y las hermanas) de Jesús no
eran hijos de María. Por su proceder para con Jesús y por la forma en que lo
consideraban, parecería que eran mayores que él. Intentaron impedir su obra
(ver com. Mar. 3: 21), le hablaron con palabras hirientes (Juan 7: 3-4) y en
otras formas interfirieron su misión (cf. Mar. 3: 31), como sólo se habrían
atrevido a hacerlo hermanos mayores. Tanto Elena de White, como la tradición
cristiana, afirman que los hermanos eran hijos de José pero no de María (DTG
65-66, 69, 288).
Aunque estos "hermanos" no siempre creyeron en Jesús (Juan 7: 3-5), al menos
algunos más tarde lo aceptaron y se contaron entre sus seguidores (ver com.
Hech. 1: 14). En esta ocasión, los hermanos de Jesús estaban desalentados por
los informes que habían oído acerca de su obra, especialmente de que
escasamente tenía tiempo para comer y dormir. Creían que no era prudente en sus
actividades (DTG 288) y procuraban convencerlo de que se conformara con las
ideas que ellos tenían de cómo debía conducirse (DTG 292). Sin duda también
estaban preocupados por las relaciones cada vez más tensas entre Jesús y los
dirigentes judíos.
Estaban afuera.
No es claro si esto significa que quedaron fuera del círculo que rodeaba a
Jesús, o si quedaron fuera de la casa que se menciona poco más adelante (ver
com. cap. 13: 1).
47.
Le dijo uno.
Si bien en algunos MSS falta, la evidencia textual se inclina (cf. p. 147) por
la inclusión de este versículo. Sin embargo, todos los manuscritos tienen la
sección paralela en Mar. 3: 32 y Luc. 8: 20 y el contexto parecería indicar que
debe retenerse.
48.
¿Quién es mi madre?
Ver com. Juan 2: 4. Es evidente que Jesús sentía un cariño especial para su
madre (Juan 19: 26- 27). Su posición acerca del deber de los hijos para con los
padres resalta en su enseñanza (Mar. 7: 9-13). Teniendo esto en cuenta, lo que
quiso decir aquí fue que aun los que le eran más queridos no tenían el derecho
de interferir con su obra ni decirle cómo debía realizarla (cf. Mat. 16: 23;
ver com. Luc. 2: 49).
49.
Sus discípulos.
Los discípulos no sólo eran los doce, sino muchos otros (ver com. Mar. 3: 13;
Luc. 10: 1). Pero de un modo muy especial, los doce eran "miembros de la
familia de Jesús" (DTG 315), y Jesús era el jefe de la familia (1 Cor. 11: 3;
Efe. 5: 23).
50.
La voluntad de mi Padre.
Ver com. Mat. 7: 21; cf. Luc. 8: 21.
Mi hermano.
Jesús hace aquí una aplicación personal al usar estos sustantivos en singular.
Todos los que reconocen a Dios como Padre son miembros de la "familia en los
cielos y en la tierra" (Efe. 3: 15). Los vínculos que unen a los cristianos con
su Padre celestial y el uno con el otro son más fuertes y más duraderos que los
de la familia humana.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 DTG 251
1-3 DTG 251-256
5-7 DTG 251
6 FE 399
10-12 DTG 253
12 CH 368, DTG 254; MeM 238
18-21 TM 124
21 DTG 453
22 CS 569
22-29 TM 76
22-50 DTG 288-294
29 FE 299; 6T 407
30 CH 35; FE 194, 254, 292; HAd 82; 1JT 27, 39, 230, 238, 445, 596; 2JT 133;
PVGM 275; SC
136; 1T 336, 453, 485; 2T 47, 103, 176; 3T 243, 328, 529;
5T 130, 394; 8T 45; TM 89,
123
31 2JT 265
31-32 DTG 288, 292 390
31-37 TM 68, 76
32 PP 429
33 IT 228
34 CN 426; DMJ 108; DTG 290; 1JT 53, 159, 288; 2JT 37; MJ 75; 2T 248, 302, 460;
4T 48; 5T 287
34-35 TM 82
34-37 2T 95
35 OE 305
35-37 1T 499
36 FE 458; 1JT 586; PE 112; 3T 189
36-37 CS 535; DTG 290
37 MeM 345; MJ 365; 2T 315; 5T 287
40-41 DTG 373; PR 202, 204
43-45 DTG 290
45 DTG 291
46-50 DTG 292
48-50 CH 527
CAPÍTULO 13
3 La parábola del sembrador y la semilla; 18 su explicación. 24 Las parábolas
de la cizaña, 31 de la semilla de mostaza, 33 de la levadura, 44 del tesoro
escondido, 45 de la perla 47 y de la red que es echada en el mar. 53 Cristo es
menospreciado por sus mismos coterráneos.
1 AQUEL día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.
2 Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la
gente estaba en la playa.
3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió
a sembrar.
4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las
aves y la comieron.
5 Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque
no tenía profundidad de tierra;
6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta,
y cuál a treinta por uno.
9 El que tiene oídos para oír, oiga.
10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por
parábolas?
11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios
del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.
12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no
tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni
entienden.
14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:
De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis.
15Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
Y con los oídos oyen pesadamente,
Y han cerrado sus ojos;
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan,
Y se conviertan,
Y yo los sane.
16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque
oyen.
17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que
veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:
19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y
arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto
al camino.
20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al
momento la recibe con gozo;
21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la
aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.
22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el
afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace
infructuosa.
23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la
palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. 391
24 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a
un hombre que sembró buena semilla en su campo;
25 pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el
trigo, y se fue.
26 Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.
27 Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no
sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?
28 El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres,
pues, que vayamos y la arranquemos?
29 El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con
ella el trigo.
30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la
siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos
para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
31 Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al
grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo;
32 el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha
crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que
vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura
que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue
leudado.
34 Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les
hablaba;
35 para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:
Abriré en parábolas mi boca;
Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.
36 Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus
discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.
37 Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del
Hombre.
38 El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña
son los hijos del malo.
39 El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los
segadores son los ángeles.
40 De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en
el fin de este siglo.
41 Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos
los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,
42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de
dientes.
43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El
que tiene oídos para oír, oiga.
44 Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un
campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y
vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
45 También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas
perlas,
46 que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y
la compró.
47 Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el
mar, recoge de toda clase de peces;
48 y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en
cestas, y lo malo echan fuera.
49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de
entre los justos,
50 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de
dientes.
51 Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron:
Sí, Señor.
52 El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es
semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas
viejas.
53 Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.
54 Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera
que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos
milagros?
55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus
hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?
56 ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas
estas cosas?
57 Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra,
sino en su propia tierra y en su casa. 392
58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.
1.
Aquel día.
[El sermón junto al mar, Mat. 13: 1-53 = Mar. 4: 1-34 = Luc. 8: 4-18.
Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 209; diagrama p. 221; con referencia a
las parábolas, ver pp. 193-197.] Este Comentario entiende que "Aquel día" es el
mismo día cuando ocurrieron los incidentes registrados en el cap. 12: 22-50
(ver com. cap. 12: 22) y que los acontecimientos registrados en el cap. 8: 1827 sucedieron al final de ese mismo día (ver Mar. 4: 35; com. Mat. 8: 18).
Aunque no hay pruebas de que este día fuese más agitado que los otros días de
Jesús, el registro bastante completo que hay de él le ha ganado la designación
de "el día del ajetreo". Fue uno de esos días cuando Jesús apenas tuvo tiempo
para comer o descansar (DTG 300).
Salió Jesús de la casa.
Esto implica que los hechos registrados en el cap. 12: 22-50, que había
ocurrido más temprano el mismo día, habían sucedido en alguna casa, quizá la de
Pedro en Capernaúm (ver com. Mar. 1: 29), cerca del límite norte de la llanura
de Genesaret o posiblemente en alguna casa de Magdala cerca del extremo sur de
esa llanura (DTG 372).
Se sentó.
Los rabinos acostumbraban sentarse cuando enseñaban (ver p. 59; com. Luc. 4:
20).
Junto al mar.
Quizá esto ocurrió en algún punto de la orilla del mar de Galilea entre
Capernaúm y Magdala, donde la llanura de Genesaret llega hasta el lago (PVGM
16).
2
Mucha gente.
Con referencia a las multitudes que se agolpaban en torno de Jesús durante el
período del segundo viaje por Galilea, hacia fines del año 29 d. C., ver com.
cap. 8: 1, 18; 12: 15. En esta ocasión la gente ocupó toda la playa y lo
obligó a sentarse en una barca en el lago.
La barca.
Aparentemente, cuando Jesús salió de la casa (vers. 1) fue a la orilla del mar
con la intención de subir a la barca y cruzar el lago en seguida (PVGM 16).
Pero lo detuvieron los urgentes pedidos de los enfermos y la necesidad del
pueblo de escuchar palabras de vida (PVGM 16; cf. cap. 9: 36).
Playa.
Gr. aigialós, "playa" o "ribera".
3.
Habló muchas cosas.
Antes de este momento, ocasionalmente Cristo había emplea do algunas breves
ilustraciones que podrían haberse denominado parábolas (cap. 7: 24-27; etc.);
aquí por primera vez (DTG 300; PVGM 10) hizo de las parábolas el principal
medio para transmitir la verdad. Quizá el Sermón del Monte no fue pronunciado
sino unas pocas semanas antes (ver com. cap. 5: 1). También es probable que lo
que se relata en este capítulo ocurrió hacia fines del año 29 d. C., y en la
llanura de Genesaret, la región más productiva de toda Galilea (ver com. Luc.
5: 1), los agricultores estaban sembrando el trigo de invierno (PVGM 16; ver t.
II, p. 112).
Encuanto al resumen de este día tan lleno de actividades, ver com. Mat. 12:
22; 13: 1.
En esta ocasión, Jesús pronunció al menos diez parábolas. A las ocho que se
registran en Mateo, Marcos añade las de la lámpara (cap. 4: 21-23) y de la
semilla que crece en secreto (vers. 26-29). Las diferentes parábolas que Mateo
presenta aquí tienen que ver con diferentes aspectos del reino de los cielos.
Ninguna de ellas muestra un panorama total, sino que en su conjunto presentan
diversos aspectos de ese reino.
El sembrador.
[Parábola del sembrador, Mat. 13: 3-9, 18-23 = Mar. 4: 3-20 = Luc. 8: 5-15.
Comentario principal: Mateo. Con referencia a las parábolas, ver pp. 193-197.]
Mientras Cristo hablaba (PVGM 16) se podía ver a los agricultores que echaban
la semilla en el fértil suelo de la pequeña llanura de Genesaret, que se
extiende desde las azules aguas del mar de Galilea hasta los cerros. Si bien
esta parábola se conoce como la del sembrador, sería más apropiado llamarla la
parábola de los diferentes suelos, o del sembrador de la semilla y de los
diferentes suelos. Su característica principal no es ni el sembrador ni la
semilla, los cuales aparecen también en la parábola de la cizaña (vers. 24-30),
sino más bien los cuatro tipos diferentes de suelo en el cual cayó la semilla.
Esta parábola hace resaltar la recepción que le dio cada uno de los cuatro
tipos de suelo a la semilla y el efecto que esto produjo en el crecimiento de
la semilla (PVGM 24). La habilidad del sembrador y la calidad de la semilla son
las mismas en relación con cada uno de los cuatro tipos de suelo. Ver com.
vers. 8.
La verdad específica representada por la semilla de esta parábola es la
naturaleza de la misión de Cristo en la tierra como el Mesías. En mayor o menor
grado la verdadera naturaleza del reino de Cristo era un misterio 393 (vers.
11), porque el orgullo había oscurecido la comprensión de las Escrituras del
AT. Por lo general, los judíos esperaban que el Mesías vendría como un
poderoso conquistador para ocupar el trono de David y subyugar a todas las
naciones ante ellos (ver DTG 22; com. Luc. 4: 19). Pero en la parábola del
sembrador, Jesús expuso la verdadera naturaleza de su misión; el hecho de que
había venido no para poner a los paganos bajo la dominación judía, sino para
subyugar los corazones de las "ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mat. 15:
24). En el Sermón del Monte ya había expuesto esta verdad con más solemnidad
(ver com. cap. 5: 2).
Salió.
En el antiguo Cercano Oriente, los agricultores solían vivir juntos en aldeas.
Cada día, al amanecer, salían a atender sus campos para volver al atardecer.
Así también Cristo, el Sembrador de la verdad, salió del Padre celestial para
venir a este mundo, el "campo" (vers. 38), a fin de que pudiera "dar testimonio
a la verdad" (Juan 18: 37; cf. cap. 10: 10).
4.
Junto al camino.
No junto al camino que llevaba de la aldea a los campos, sino algún caminito
menor entre los sembrados. Puesto que la superficie del camino era dura, la
semilla no penetraba y no podía germinar. Los oyentes representados por el
suelo junto al camino son los oyentes superficiales en quienes las verdades del
Evangelio no tienen efecto. Según lo expresa un proverbio chino, "lo que les
entra por el oído oriental les sale inmediatamente por el oído occidental". No
perciben su propia necesidad de recibir el Evangelio. No prestan atención; no
comprenden (vers. 19). Al parecer, la verdad no tiene para ellos sentido.
Las aves.
Esas eran las aves que comúnmente aparecen en los campos cuando se ara o se
siembra. Según Mateo, las aves representan al "malo" (vers. 19); según Marcos,
representan a Satanás (cap. 4: 15); y según Lucas, representan al diablo (cap.
8: 12).
5.
Pedregales.
Al parecer, esto no se refiere aun terreno cubierto de piedra suelta, sino más
bien a rocas muy próximas a la superficie, cubiertas apenas por un poco de
tierra. Salvo unos pocos lugares favorecidos, este tipo de pedregales limitaba
en buena medida el valor y la utilidad de las tierras para la agricultura en la
zona montañosa de Palestina.
La semilla del Evangelio que cae en los corazones de los oyentes representados
por los pedregales encuentra suficiente tierra para germinar, pero ésta tiene
poca profundidad, y en el mejor de los casos el efecto del Evangelio es
superficial. El Evangelio conmueve las emociones de estas personas, y
reaccionan ante él con rapidez, pero la impresión que deja se pasa junto con
las inconstantes emociones que la causaron. La piedra del egoísmo (PVGM 97)
impide que el Evangelio efectúe una reforma en la vida. cualquier esfuerzo para
servir a Cristo es estorbado hasta tal punto por el propósito primordial de
proceder con egoísmo en la vida (PVGM 50), que el Evangelio casi no tiene
influencia. Los oidores representados por el terreno pedregoso tienden a seguir
sus propias inclinaciones. Las convicciones que puedan tener se basan más en
gustos que en principios. Sin duda, la verdad les ha resultado atrayente;
admiten que es buena, pero son egoístas. Aceptan lo que en el momento les
parece bueno, pero no toman en cuenta el precio del discipulado. No aplican los
principios del Evangelio a sus propias vidas ni permiten que el Evangelio
reforme su manera de pensar y de actuar. No están dispuestos a aceptar el hecho
de que sus hábitos deben cambiar.
No había mucha tierra.
La piedra que se encontraba muy próxima a la superficie del suelo absorbía el
calor y apresuraba así la evaporación.
Brotó pronto.
El calor adicional que despedía la piedra causaba una rápida germinación; sin
embargo, al faltarle profundidad, la tierra no podía retener la humedad y
dársela a las raíces que la necesitaban.
6.
Se quemó.
La germinación fue rápida, pero también lo fue el marchitamiento. La única
esperanza de los oidores representados por la tierra pedregosa es la de nacer
de nuevo (PVGM 29). La influencia superficial del Evangelio sobre ellos no los
lleva a confesar el pecado y a abandonarlo (ver com. vers. 5). Su reacción ante
el Evangelio no da por resaltado ni la conversión ni el perdón.
7.
Espinos.
Gr. ákantha, "espina" o "zarza". Esta palabra también se usa para designar
cualquier planta espinosa, por ejemplo, el cardo. Lucas dice que los espinos de
la vida cristiana son "los afanes y las riquezas y los placeres de la vida"
(Luc. 8: 14; cf. Mat. 13: 22).
En este tipo de suelo, las tiernas plantas no se marcharon con tanta rapidez
como lo había hecho en el terreno pedregoso. Del mismo modo, la vida cristiana
de los oidores 394 representados por el terreno espinoso progresa más que la de
los que son representados por la tierra pedregosa. Parecen tener un buen
comienzo y experimentar el perdón y la conversión. Pero pronto se cansan "de
hacer bien" (Gál. 6: 9) y no van "adelante a la perfección" (Heb. 6: 1).
Absortos en los placeres de este mundo y dedicados a ellos, dejan de eliminar
de su vida las tendencias y los rasgos de carácter que responden a la
tentación. Son como el que había sido liberado de la posesión demoníaca para
luego ser poseído por siete espíritus malos (ver com. Mat. 12: 43-45). Muchas
de las cosas que atraen a los oyentes representados por el terreno lleno de
espinos y que absorben su atención pueden no ser dañinas en sí mismas. Pero
tales personas llegan a estar tan atraídas por este mundo, que no tienen tiempo
para prepararse para el mundo venidero.
Los espinos crecieron.
Los espinos impedían que el trigo madurara debidamente
(Luc. 8: 14).
Del mismo modo el afán por los intereses seculares impide que los frutos del
Espíritu (Gál. 5: 22-23) lleguen a la madurez. La religión queda relegada a la
posición subordinada de ser sólo un interés entre muchos. Porque no se la
cultiva, se marchita y finalmente muere. A los oidores representados por la
tierra llena de espinos les falta una transformación moral (PVGM 30). Para
ellos la conversión es el todo de la religión; no se dan cuenta de que la vida
cristiana significa mayormente el proceso del crecimiento cristiano, mediante
el cual las tendencias y características malas son reemplazadas por la vida
perfecta de Jesucristo (Ver com. Gál. 2: 20).
8.
Buena tierra.
Esto no significa que el corazón del hombre sea naturalmente bueno antes de que
las semillas de la verdad divina lo hayan hecho bueno, porque "Dios es el que
en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:
13). En la naturaleza del hombre "no mora el bien" (Rom. 7: 18). El terreno es
bueno sencillamente porque cede ante la reja del arado de la verdad, porque
responde a la influencia enternecedora del Espíritu Santo.
Dio fruto.
Ver com. cap. 7: 16-20. Esto se refiere al fruto del carácter (ver com. Gál. 5:
22-23). El fruto del Espíritu manifestado en la vida es evidencia de una
saludable experiencia cristiana. En los corazones de los oyentes representados
por el terreno junto al camino, la verdad no halló respuesta. En los oidores
representados por la tierra pedregosa, la verdad no produjo sino un impulso
pasajero. En el caso de los oidores representados por el suelo lleno de
espinas, ocasionó una respuesta que comenzó bien pero que se marchitó en
presencia de los cuidados mundanales. Pero en el corazón de los oidores
representados por la buena tierra, la respuesta a la verdad es permanente y
efectiva. El resultado es una vida transformada según el modelo de la vida
perfecta de Jesucristo. El cristiano de éxito no depende de las circunstancias
que lo rodean, sino que persevera hasta el fin (Mat. 24: 13).
A ciento.
Ver com. Gén. 26: 12. Este sería un rendimiento realmente fuera de lo común.
En años recientes, en los EE. UU., la siembra promedio de trigo fue de 83,53 k
por hectárea y la cosecha promedio fue de 2.088 k por hectárea, lo que daría un
rendimiento de 25 veces lo sembrado. En la misma época, en Israel, la cosecha
promedio fue de 1.210 k por hectárea, lo que significa que si se sembró allí
como en los EE. UU., el rendimiento no fue sitio de 14,5 veces lo sembrado. Un
rendimiento de cien veces tanto sería milagroso. Marcos invierte el orden y
comienza por el rendimiento menor; Lucas omite la mención de los rendimientos
menores.
9.
Oídos para oír.
Ver com. cap. 11: 15; 13: 13-18.
10.
Acercándose los discípulos.
Al parecer, y en armonía con su forma habitual de presentar los dichos de
Jesús, Mateo aparentemente une aquí la parábola misma con la explicación dada
en privado a los discípulos, la cual sin duda fue presentada en algún momento
posterior, a fin de conservar el orden de los temas. Marcos dice
específicamente que la explicación fue dada cuando Jesús estuvo solo con los
doce y con algunos otros discípulos (cap. 4: 10).
Por parábolas.
Ver com. vers. 3.
11.
Os es dado.
El barbecho de los discípulos había sido abierto por el arado del Espíritu
Santo (ver com. Ose. 10: 12), y los discípulos recibieron la semilla con gozo.
Sólo los que hagan la voluntad divina pueden esperar conocer la doctrina (Juan
7: 17). La percepción de la verdad no depende tanto de la agudeza intelectual
como de la sinceridad del deseo.
Misterios.
Es decir, las cosas que están ocultas a los que no tienen sincero interés por
conocer la verdad. No son misterios en el 395 sentido que no puedan entenderse
o que deliberadamente les son abiertos a algunos y ocultados a otros. El
Evangelio es "locura" para algunos (1 Cor. 1: 23) por que "el hombre natural",
sin haber recibido la influencia del Espíritu Santo, no tiene la capacidad
necesaria para recibir "las cosas que son del Espíritu de Dios" (1 Cor. 2: 14).
La razón por la cual no puede conocerlas es simplemente que "se han de
discernir espiritualmente" y que él mismo no tiene el discernimiento necesario
para comprender su significado. La percepción espiritual sólo se obtiene por
medio de la obra del Espíritu Santo (Juan 16: 13; cf. Mat. 16: 17).
No les es dado.
Ver com. vers. 12. Según Marcos, el misterio del reino no es para "los que
están fuera" (cap. 4: 11), es decir, los que están fuera del círculo de los
seguidores de Cristo. No tiene sentido revelar la verdad a los que preferirían
no tenerla (ver com. Mar. 7: 6). Sólo quienes tienen "hambre y sed de justicia"
pueden esperar satisfacerse (ver com. cap. 5:6).
12
Cualquiera que tiene.
Es decir, cualquiera que sinceramente desea la verdad (ver com. Mat. 13: 11;
cf. Mar. 4: 24). La tierra debe estar preparada, por lo menos en parte, para
recibir con provecho la semilla. Los que han puesto en práctica la verdad que
les ha sido revelada, recibirán más verdad. Los que tienen el espíritu
receptivo, lograrán muchísimo más beneficio de cualquier presentación de la
verdad que las personas inteligentísimas que no quieren recibir las cosas
espirituales. Los maravillosos dones del cielo son para los que los desean
ardientemente (DTG 767).
Lo que tiene.
Mejor, "lo que piensa tener" (Luc 8: 18). El que no se esfuerza por aumentar la
poca capacidad que pueda tener para percibir la verdad, perderá aun esa pequeña
facultad.
13
Por eso les hablo.
Ver com. vers. 3. El propósito de Cristo no era el de ocultar la verdad a
aquellos cuya percepción espiritual era pobre (PVGM 76), sino más bien penetrar
en su mente y en su corazón embotados con la esperanza de crear la facultad de
recibir más verdad (Luc. 8: 16). Cristo vino a este mundo "para dar testimonio
a la verdad", no para ocultarla (Juan 18: 37). La razón por la cual algunos no
han producido frutos no se debe al sembrador ni a la semilla, sino al terreno
(ver com. Mar. 13: 3).
Viendo no ven.
Ver com. Vers. 15. Aunque estas personas parecen ver, y piensan que ven, en
realidad no ven nada. Porque dicen "vemos" y en verdad son ciegos, su "pecado
permanece" (Juan 9: 41). Son voluntariamente ciegos (ver com. Ose. 4: 6). Su
percepción, al igual que la de los oidores representados por el terreno junto
al camino, es superficial (ver com. Mat. 13: 4-5). La vista natural no está
acompañada por el correspondiente discernimiento espiritual.
Ni entienden.
Los fariseos comprendían el significado de las parábolas de Cristo, pero
fingían no entender (PVGM 17). Rechazaban las palabras más claras de Cristo
porque no querían recibirlas, y por lo tanto su culpa era mayor que la de los
otros. Deliberadamente habían cegado los ojos del alma y se habían encerrado en
tinieblas (ver com. cap. 12: 31).
14
Se cumple.
Literalmente el verbo significa llenar, como se llena una copa.
La profecía de Isaías.
Esta cita de Isa. 6: 9-10, tal como aparece en el texto griego (Mat. 13:
14-15), es idéntica al texto de la LXX. Ver com. Isa. 6: 9-10.
15
El corazón de este pueblo.
Es decir, su mente, su entendimiento.
Se ha engrosado.
Con referencia al endurecimiento del corazón ver. com. Exo. 4: 21.
Los oídos oyen pesadamente.
Esta es una traducción literal del griego. Es como si hubieran estado dormidos
y fuera imposible despertarlos.
Para que no.
Al igual que en Isa. 6: 10, estas palabras son pronunciadas en forma irónica.
No era la voluntad de Dios que alguna persona se encontrara en esta condición o
que cualquiera dejara de comprender y se convirtiera. La condición de los
dirigentes judíos era el resultado natural de su propia conducta y de su modo
de vivir. tal como se indica en esta parábola, era también la obra de Satanás
(ver com. Mat. 13: 4). La gente de quien hablaba Isaías era la misma que Jesús
representó por el terreno junto al camino. En verdad, es Satanás el que ha
cegado "el entendimiento de los incrédulos" (2 Cor. 4: 4). No es la luz del
cielo la que ciega a los hombres, sino la oscuridad (1 Juan 2: 11). Por lo
general, la vista que ha estado por largo tiempo en tinieblas no puede
funcionar debidamente en la luz; los ojos que están acostumbrados a la
oscuridad tienden a evitar la luz.
16.
Bienaventurados.
Es decir, "dichosos" (BJ) o "felices" (ver com. cap. 5: 3). por el
396contrario, quienes tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen, no son felices.
La verdadera felicidad sólo se alcanza cuando los ojos del alma ven la luz de
la verdad. Los que no tienen discernimiento espiritual no pueden nunca ser
verdaderamente felices.
17.
De cierto os digo.
Ver com. cap. 5: 18.
Desearon ver.
Habían deseado ver el Mesías y su reino. Esta fue la esperanza acariciada por
todos los santos de la antigüedad (1 Ped. 1: 10-11), los cuales habían muerto
en la fe "sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y
creyéndolo" (Heb. 11: 13).
18.
Oíd, pues.
El comentario principal de los vers. 18-23 aparece en relación con los vers.
3-9. La explicación de la parábola del sembrador, de la semilla y de los
diferentes terrenos, dada aquí por Cristo (vers. 18-23), probablemente en algún
momento posterior (ver com. vers. 10), debería tomarse como modelo de los
principios que rigen la interpretación de todas las parábolas (ver p. 194).
21.
Luego.
Gr. euthús, "en seguida", "al momento" (vers. 20).
Tropieza.
Gr. skandalízÇ (ver com. cap. 5: 29).
23.
Entiende.
Marcos dice "reciben" (cap. 4: 20), y Lucas usa la palabra "retienen" (cap. 8:
15).
24.
Otra parábola.
[Parábola del trigo y la cizaña, Mat. 13: 24-30. Con referencia al uso de
parábolas, ver pp. 193-197.] La parábola del trigo y de la cizaña, que sólo
aparece en Mateo, destaca que no todos los que profesan aceptar los principios
del reino de los cielos son en verdad lo que a primera vista aparecen ser.
Quienes son discípulos de Cristo no deben sorprenderse de encontrar en el
"reino del cielo", es decir en el reino de la gracia divina en esta tierra (ver
com. cap. 3: 2; 4: 17), a algunos cuyas vidas no han sido transformadas por el
Evangelio. Cristo quería hacer saber que él no había plantado tales personas y
que sus vidas no eran el producto de la semilla del Evangelio. Su presencia en
la iglesia se debe a que "un enemigo" los ha sembrado con el doble propósito de
poner en peligro el "trigo" (ver com. cap. 13: 29) y de deshonrar y arruinar al
dueño del campo. Por otra parte, la parábola también promete que en el juicio
final cada uno recibirá su debida recompensa y Dios destruirá por completo el
mal.
Reino de los cielos.
Ver com. cap. 3: 2; 4: 17; 5: 3.
Sembró buena semilla.
Así como en la parábola anterior, Jesús mismo es el sembrador de la verdad
divina. La semilla que vicio a sembrar es "buena semilla". No debe culpársele
porque más tarde se descubrió que estaban creciendo cizañas en el campo. La
parábola anterior trataba mayormente de la recepción de la semilla de la
verdad, pero ésta se refiere a su desarrollo y el fin de cada uno.
En su campo.
Este campo es el mundo (vers. 38). Es verdad que en el mundo hoy hay tanto
trigo como cizaña, es decir, gente buena y gente mala. Pero eso es de
esperarse. Aquí Cristo se refiere de especial manera a su iglesia, el campo de
Dios (PVGM 49). Debiera notarse que esta parábola se refiere mayormente al
reino de Dios en la tierra, al reino de la gracia que existe ahora.
25.
Mientras dormían los hombres.
El enemigo no puede ser visto por los ojos mortales. Sólo se ve el resultado de
su trabajo así como sólo puede verse el resultado de la obra del Espíritu Santo
(ver com. Juan 3: 8).
Su enemigo.
Es decir, "el diablo" (vers. 39), o sea Satanás, nuestro adversario (ver com.
Zac. 3: 1). Todo lo bueno que hay en el mundo viene de Dios; todo lo malo es,
al final de cuentas, producto de la mala semilla sembrada por el diablo en el
corazón de los hombres.
Sembró.
Litetalmente "sembró encima" (BJ). Es decir, sembró la cizaña sobre el trigo
que había sido sembrado. Es probable que en Palestina, en tiempos de Jesús,
esta siembra de malezas hubiera sido una forma de vengarse de alguien.
Cizaña.
Gr. zizánion, "cizaña" o "joyo", gramínea que suele crecer en los sembrados de
trigo y de centeno. La cizaña (Lolium temulentum) alcanza unos 60 cm de alto y
sólo cuando maduran sus granos de color oscuro puede distinguirse fácilmente de
los cereales. Sus semillas son venenosas y al ser ingeridas pueden causar
vértigos y convulsiones. En algunos casos el envenenamiento por cizaña ha
producido la muerte. En la parábola, las cizañas representan a "los hijos del
malo" (vers. 38), porque tienen el carácter parecido al de su padre. Esta
representación gráfica se presta en forma muy adecuada para ilustrar la verdad
espiritual que Cristo deseaba enseñar.
26.
Dio fruto.
Ver com. vers. 25. Cf. cap. 7: 20: "por sus frutos los conoceréis".
27.
Los siervos.
Cristo no explicó quiénes eran los siervos de la parábola, y eso podría 397
indicar que su identidad no afecta en nada la verdad que enseña la parábola. La
presencia de ellos es tan sólo incidental para la narración (ver p. 194).
Padre de familia.
Gr. oikodespót's, es decir, el "señor de la casa" (ver com.
Luc. 2:
29) o "dueño de casa". Se dice que el Hijo del Hombre había sembrado la buena
semilla (Mat. 13: 37). Esta identificación vincula íntimamente la parábola de
la cizaña con la del sembrador, la semilla y los diferentes terrenos (ver com.
vers. 3).
¿De dónde?
Ver com. vers. 25.
28.
Un enemigo.
Ver com. vers. 25.
29.
No sea que al arrancar.
El carácter de las dos clases de personas representadas por el trigo y la
cizaña no estaba aún maduro, y habría sido desastroso intentar hacer lo que
proponían los siervos. Evidentemente no era posible todavía arrancar la cizaña
sin perjudicar al trigo e impedir que madurar una parte de las plantas. Del
mismo modo, Cristo permitió que Judas tuviera los mismos privilegios y las
mismas oportunidades como los que gozaron los otros discípulos. Si no lo
hubiera hecho así, los otros, que no conocían el verdadero carácter del
traidor, podrían haber puesto en duda la sabiduría del Maestro (ver DTG 260;
com. vers. 24). Hasta el mismo fin de su ministerio, Cristo nunca reprendió
abiertamente a Judas, porque los discípulos, quienes sentían por él respeto y
admiración, se habrían sentido inclinados a simpatizar con él (DTG 515).
Además, Judas habría considerado que tal reprensión hubiera justificado que él
se vengara.
30
Crecer juntamente.
Ver com. vers. 24. Ambas clases de personas estarán, juntas en la iglesia
hasta el mismo fin. El trabajo de juntar las cizañas Y de quemarlas ha de ser
realizado por los ángeles en ocasión de la cosecha al fin del mundo (vers.
39-42), y no por los "siervos" antes de ese tiempo (vers. 28-30). A través de
los siglos, y aún hoy, muchos celosos y procesos cristianos han creído que era
su deber juntar y quemar, o perseguir de algún modo, a todos los que ellos
consideraban como herejes. Cristo no ha encomendado a sus representantes en la
tierra esta tarea. Esto no quiere decir que la iglesia no debe tomar ninguna
medida con aquellas personas cuya vida y enseñanzas muestran ya el fruto del
mal. Pero la naturaleza de tales medidas se describe claramente en las
Escrituras (ver com. Mat. 18: 15-20; cf. Rom.16: 17; Tito 3: 10-11), y nadie
tiene el derecho de excederse de los límites prescritos ni de intentar realizar
ahora lo que Dios ha dicho que él mismo hará al final de este mundo.
Corresponde hacer notar que, si bien esta parábola hace alusión al daño que se
le haría al trigo al arrancar las cizañas antes de la cosecha, no dice nada del
daño que la presencia de la cizaña significaría para el trigo. Al parecer,
esta parábola se refiere más que nada a la erradicación final del mal y no se
ocupa de la influencia de los malos sobre los buenos.
La siega.
"La siega es el fin del siglo" (vers. 39). Según PVGM 50, la cosecha comienza
cuando acaba el tiempo de gracia (ver com. cap. 3: 12).
Los segadores.
Es decir, los ángeles (vers. 39). Es significativo que los siervos (vers. 27)
no son los segadores.
Primero la cizaña.
Podría esperarse que se diera la orden de juntar el trigo antes de juntar la
cizaña. Se ha sugerido que la orden de quemar primero la cizaña indicaría que
si bien había mucha cizaña, había mucho más trigo. También podría
interpretarse que se hace alusión aquí al hecho de que al fin del siglo los
impíos recibirán su merecido antes de que la tierra sea renovada y se
constituya en el hogar de los santos (2 Ped. 3: 7-13; Apoc. 20: 9-10, 14-15;
21: 1).
Atadla en manojos.
Como ya se ha señalado, la siega del mundo comienza con el fin del tiempo de
gracia (PVGM 50). Cuando llegue ese momento, la ira de Dios será derramada
sobre los impenitentes del mundo (Apoc. 15: 1) y las siete últimas plagas que
caerán entonces completarán el proceso de atar la cizaña en manojos pata que
pueda ser quemada.
Para quemarla.
Cada semilla produce una cosecha según su especie. No queda más remedio que
quemar la cizaña para que las semillas del mal no vuelvan a brotar y otra vez
sumerjan al mundo en aflicción y conflicto. Es importante notar que en esta
parábola, la cizaña sigue siendo cizaña y acaba en el fuego. No habrá para los
malos un segundo tiempo de gracia.
31.
Otra parábola.
[La semilla de mostaza, Mat. 13: 31-32 = Mar. 4: 30-32. Comentario principal:
Mateo. Con referencia a parábolas, ver pp. 193-197.] La parábola de la semilla
de mostaza que presenta Lucas es casi idéntica a las que se registran en Mat.
13: 31-32 y Mar.
4: 30-32, aunque es más breve y aparece 398dentro del
marco del ministerio en Perea, aproximadamente un año más tarde, ocasión en la
cual Cristo repitió buena parte de lo que ya había enseñado (DTG 452).
Reino de los cielos.
Ver com. Mat. 3: 2; 4: 17; 5: 3; Luc. 4: 19.
Grano de mostaza.
Es probable que la semilla en cuestión sea la Sinapis nigra, "mostaza negra".
Según Plinio el Viejo (siglo I d. C.), la mostaza crecía fácilmente, casi sin
cultivar (Historia natural 19. 170). También menciona que las semillas se
empleaban como condimento y las hojas como alimento (Id. 19. 171). Hipócrates
describe el uso medicinal de la mostaza, y también otros autores de la
antigüedad, como por ejemplo, el mismo Plinio (Id. 20: 236-240) y Dioscórides
(De materia medica, ii. 154). Si bien la "mostaza" no aparece en el AT, en la
literatura rabínica se habla de ella repetidas veces. Representaba para la
mente judía algo diminuto (Mishnah Niddah 5. 2).
Su campo.
Aunque Satanás, el enemigo, pretendía que este mundo era suyo, seguía siendo el
"campo" de Dios. Esta designación se aplica especialmente a la iglesia, a la
cual quizá se hace referencia aquí (PVGM 49).
32.
La más pequeña de todas las semillas.
El grano de mostaza no sólo era símbolo de pequeñez (ver com. vers. 31), sino
que era mucho menor que los granos de trigo, centeno o cebada que se sembraban
habitualmente en Palestina. Pero la planta, cuando había crecido, era mayor
que otras plantas. Los dirigentes judíos despreciaban a la multitud abigarrada
que escuchaba con intenso deseo a Jesús; especialmente tenían en menos a los
pocos e iletrados campesinos y pescadores quienes, como discípulos de Jesús,
estaban sentados con él. Llegaron a la conclusión de que Jesús no podía ser el
Mesías que el "reino" que proclamaba, compuesto de ese insignificante grupo de
seguidores, nunca llegaría a nada. Jesús no podría haber escogido ninguna
representación mejor de la forma en que veían los impíos su reino, que la
ilustración de la insignificante semilla de mostaza.
Se hace árbol.
La Sinapsis nigra, o mostaza negra, que crece hoy en Palestina, suele tener
algo más de un metro de alto, pero en algunos casos las plantas llegan a tener
cerca de cuatro metros de alto y los pájaros suelen posarse en sus ramas para
comer las semillas. Aquí la figura de un "árbol" representa el triunfo del
mensaje evangélico en todo el mundo. Cristo afirmó que el reino y sus súbditos
podían parecer algo insignificante en ese momento, pero que eso cambiaría. El
crecimiento del grano de mostaza también representa el crecimiento del reino de
la gracia dentro del corazón de cada seguidor de Jesús (PVGM 55).
33.
El reino de los cielos.
[La levadura, Mat. 13: 33 = Luc. 13: 20-21. Comentario: Mateo. Con referencia
a parábolas, ver pp. 193-197.] Ver com. cap. 3: 2; 4: 17. En esta parábola
el reino de los cielos es representado por la levadura. Así como una parábola
de la semilla de mostaza representaba el amplio crecimiento del reino, es decir
el aumento del número de sus súbditos, la parábola de la levadura representa el
crecimiento en profundidad y calidad de cada súbdito del reino. Desde el punto
de vista humano, eran poco promisorios los iletrados campesinos y pescadores
que en esa ocasión eran casi los únicos seguidores del humilde Galileo. Pero
quien los consideraba así no contaba con el poder transformador y elevador del
Evangelio.
Levadura.
Así como la levadura se difunde en toda la masa donde se la coloca, así también
las enseñanzas de Cristo penetrarían en la vida de aquellos que las recibieran
y fueran transformados por ellas.
Según el pensamiento rabínico, la levadura, en relación con la pascua,
representaba el Tirar. Antes de esa fiesta, la gente debía quitar de su casa
todo rastro de levadura porque simbolizaba el pecado (ver com. Lev. 23: 6).
Cristo se refirió a la levadura en ese sentido cuando habló de "la levadura de
los fariseos y de los saduceos" (Mat. 16: 6, 12; cf. 1 Cor. 5: 6-8). Pero en
la parábola presentada en esta ocasión, la levadura no puede representar al
pecado, porque finalmente toda la masa quedó leudada sin duda Cristo no pudo
haber dicho que su reino había de quedar totalmente saturado de maldad. Eso
arruinaría el "pan". Además, no es lógico suponer que un mismo símbolo debe
siempre representar un mismo elemento. Por ejemplo, tanto Satanás (1 Ped. 5:
8) como Cristo (Apoc. 5: 5) aparecen representados por un león. Ver com. Mat.
12: 33.
Una mujer.
En esta parábola, la mujer es tan sólo la persona que hace el pan. Su
presencia es necesaria para completar el relato, pero no se le debe atribuir
ningún simbolismo especial (ver p. 194).
Medidas.
Gr. sáton, una medida de capacidad 399igual a poco más de 13 lt (ver p. 52).
Las tres medidas equivaldrían a unos 32,5 lt., cantidad que permitiría hacer un
buen número de panes. Pero aquí la cantidad de harina no tiene importancia
para el mensaje de la parábola.
34.
Todo esto.
Es decir, las verdades del reino, especialmente las que aquí presentó en
parábolas ver com. vers. 10-16, 36).
35.
Para que se cumpliese.
Ver com. cap.1: 22.
Abriré.
Esta cita es de Sal. 78: 2.
Cosas escondidas.
Pablo habla del "misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,
pero que ha sido manifestado" por medio de la predicación de Jesucristo (Rom.
16: 25-26). En otro pasaje dice que este misterio es "Cristo en vosotros, la
esperanza de gloria" Col. 1: 26-27). Había estado oculto no por que Dios no
quisiera manifestarlo o no estuviera preparado para revelarlo, sino porque los
hombres no estaban preparados para recibirlo.
Fundación.
Gr. katabol', la acción de "echar hacia abajo" o "poner [establecer]".
36.
Entonces.
Así como había hecho con la parábola del sembrador, de la semilla y de los
diferentes terrenos, Mateo registra la interpretación que Jesús dio de la
parábola de la cizaña, dejando en claro que la explicación fue dada en algún
momento posterior y no en presencia de la multitud (ver com. vers. 10). Jesús
no interrumpió su sermón junto al mar para volver a casa y explicar la parábola
a sus discípulos.
Despedida la gente.
También podría traducirse "dejando a la multitud".
La casa.
Quizá la casa de Pedro en Capernaúm (ver com. Mar. 1: 29).
37.
Respondiendo él.
El comentario acerca de la explicación de la parábola de la cizaña aparece en
relación con los vers. 24-30.
El Hijo del Hombre.
Ver com. Mar. 2: 10.
38.
Malo.
Siguiendo la cronología adoptada por este comentario, fue aproximadamente un
año más tarde cuando Jesús acusó abiertamente a los dirigentes judíos de ser
hijos de su "padre el diablo" (Juan 8: 41, 44).
39.
Siglo.
Gr. aiÇn, "siglo", "edad". Las diversas traducciones de este vocablo sugieren
que su sentido es múltiple. La palabra aparece en el NT griego 101 veces (si se
cuentan como una vez los casos donde aparece la frase "siglos de los siglos"),
de las cuales la RVR traduce 60 veces como "siglo" (Mat. 12: 32; 13: 22 Efe. 2:
7; Col. 1: 26; etc.). La palabra aiÇn tiene uso idiomático que se refiere a un
largo período de tiempo, y la RVR la traduce 18 veces como "siempre" (Luc. 1:
55; Juan 6: 51; etc.) y 9 veces como "jamás" o "nunca" (Mat. 21: 19; Mar. 3:
29; Juan 4: 14; etc.). Cinco veces la traduce como alguna forma del adjetivo
"eterno" o el adverbio "eternamente" (Juan 11: 26; Efe. 3: 11; Jud. 13; etc.).
Cinco veces aiÇn se traduce más con un sentido espacial que temporal ("mundo",
Mat. 28: 20; "universo", Heb. 1: 2), pero la idea básica es la de un período de
tiempo.
En aiÇn la idea de mundo es desde el punto de vista del tiempo, mientras que en
kósmos es el mundo desde el punto de vista del espacio (Mat. 4: 8; 5: 14;
etc.). El NT suele hablar del "fin del siglo"(aiÇn) y no del "fin del mundo"
(kósmos) cuando se refiere a los acontecimientos finales de la historia del
mundo (ver com. Mat. 4: 8).
Los segadores son los ángeles.
Ver Mat. 24: 31; 1 Tes. 4: 16-17.
42.
Horno de fuego.
Cf. vers. 50. Esta expresión se refiere a los fuegos del día final, llamados
también juegos de la Géenna o del infierno de fuego (ver com. cap. 5: 22).
El lloro y el crujir.
Descripción gráfica del remordimiento de los impíos cuando se den cuenta de que
sus malos caminos les han provocado la aniquilación eterna.
43.
Resplandecerán.
Gr. eklámpÇ, palabra que da la idea de una luz que irrumpe con repentino
brillo, como si el sol saliera desde atrás de una oscura nube. Se hace notar
claramente el contraste entre las tinieblas que rodean a los impíos y el gozo
que experimentan los salvados.
Oídos para oír.
Ver com. cap. 11: 15.
44.
Reino de los cielos.
[El tesoro escondido, Mat. 13:44. Con referencia a parábolas, ver pp.
193-197.] Ver com. cap. 3: 2; 4: 17; 5: 3.
Tesoro escondido.
Esta parábola, registrada sólo por Mateo, ilustra el valor de la salvación
prometida por el Evangelio juntamente con el esfuerzo que debe realizar el que
desea conseguirla. Debido a los frecuentes desasosiegos políticos y la
incertidumbre económica de los tiempos antiguos, era común que los hombres
enterraran sus objetos de valor, donde permanecían, algunas veces aún después
de muerto su dueño. Los que adquirirían la tierra no sabían en cuanto al
tesoro enterrado, y si no eran herederos, al encontrarlo no tenían derecho a
él. En este 400caso, es evidente que el dueño de la propiedad nada sabía del
tesoro escondido, de otro modo, lo hubiera sacado antes de vender el terreno.
Según la ley de Moisés, el que encontraba lo que otro había perdido debía
devolverlo (ver com. Lev. 6: 3- 4). Pero en este caso, parecería que el dueño
original había muerto tiempo antes, y no se le podía devolver el tesoro. Por
esto el que lo encontró tenía derecho de guardarse el tesoro como cualquier
otra persona, y legalmente era dueño del tesoro el propietario del campo (ver
com. Mat. 6: 19- 20).
Lo esconde de nuevo.
El que había encontrado el tesoro lo puso de nuevo donde había estado oculto a
fin de protegerlo y para asegurarse de que el procedimiento para conseguirlo
fuera legal. Debiera notarse que Cristo no necesariamente encomia la acción
del que halló el tesoro, pero tampoco lo condena. Si surgiera cualquier
pregunta con respecto a la corrección del proceder de este hombre, debiera
recordarse que el carácter del que encontró el tesoro nada tiene que ver con la
lección que Cristo deseaba presentar en la parábola, es decir, el valor del
tesoro celestial y el esfuerzo que debía realizarse para conseguirlo (ver p.
194).
Campo.
Se puede interpretar que el "campo" representa "las Sagradas Escrituras" (PVGM
76).
45.
El reino de los cielos.
[La perla de gran precio, Mat. 13: 45-46. Con referencia a parábolas, ver pp.
193-197.] Ver com. cap. 3: 2; 4: 17; 5: 3.
Un mercader.
Gr. émporos. Se refiere a un mayorista, a uno que va de aquí para allá a fin de
comprar mercaderías, en contraste con el káp'los, "revendedor" o "pequeño
comerciante". La parábola del tesoro escondido ilustra el caso de los que
encuentran la verdad sin haber pensado en buscarla, mientras que la parábola de
la perla de gran precio representa a los que ansiosamente han deseado hallar la
verdad (PVGM 87). Puede suponerse que el mercader era conocedor de perlas y
que se proponía comerciar sólo con las más finas. Así como ese mercader, hay
muchas personas que se dan cuenta de que les falta algo y buscan anhelantes la
satisfacción de sus inquietudes espirituales,
Busca buenas perlas.
El mercader representa en primer lugar a los hombres que buscan un Salvador,
pero también representa a Cristo que busca a los hombres (PVGM 90). Nada hay
de mayor valor que Cristo y nada debiera buscarse con mayor diligencia. Por
otra parte, a la vista del cielo nada hay de mayor valor que el afecto y la
piedad de los seres creados de todo el universo. Aun cuando el hombre había
caído en el pecado era de tanto valor a la vista del cielo, que Dios dio a su
Hijo para buscarlo y restaurarlo al favor divino, y junto con este regalo le
proporcionó los ilimitados recursos de la Omnipotencia.
46.
Preciosa.
Era de gran precio por su inmenso valor. En armonía con la interpretación
primaria de esta parábola, la "perla de gran precio" no es otro sino,
Jesucristo, "señalado entre diez mil" (Cant. 5:10). El tamaño, la forma, y el
brillo de la perla le dan valor. La perfección de carácter y la plenitud del
amor divino de Jesús constituyen su preciosura. El mercader de perlas debe
haber experimentado una satisfacción enorme al Poseer esa perla inigualable.
El que halla en Cristo la respuesta a todos los anhelos de su corazón, que
encuentra más perfectamente en él el camino de la vida, que encuentra en él la
meta de la existencia, ha encontrado el máximo tesoro que la vida puede
otorgarle.
Vendió todo.
Aunque la salvación no puede comprarse, cuesta todo lo que una persona posee.
Así como lo hizo Pablo, quien verdaderamente halla a Cristo, estimará "todas
las cosas como pérdida" para ganar a Cristo (Fil. 3: 8) Al conocer a Cristo se
llena un vacío en la vida que ninguna otra cosa puede llenar. Conocerle es
vida eterna (Juan 17: 3).
La compró.
El mercader estuvo dispuesto a dar todo lo que tenía para adquirir la perla
preciosa. La paz con Dios cuesta todo lo que el hombre tiene, pero vale
infinitamente más. Algunos deben pagar el precio del yo del orgullo y la
ambición, o el precio de lo malos hábitos. El hombre compra la salvación por
el precio de cosas que en sí carece de valor, o aun son nocivas. Por lo tanto
nada pierde en esta transacción.
47.
Reino de los cielos.
[La red, Mat. 13:47-50. Con referencia al uso de parábolas, ver pp. 193-197.]
Ver com. cap. 3: 2; 4: 17; 5: 3.
Una red.
Gr. sag'n', una red, o "red barredera", que se arrastra, en contraste con
amfíbl'stron, una red que se arroja (cap. 4: 18). La "red barredera" (sag'n')
era una red larga en la cual se ponían pesas; se la llevaba mar adentro y se
arrastraba en forma de semicírculo hacia la costa. Esta "red barredera"
representa el esfuerzo de los pescadores de 401 hombres por ganar a otros para
Cristo (ver com. Luc. 5: 10).
El mar.
Este tipo de red sólo puede emplearse en un lugar de aguas profundas. El mar
es algo incidental para la interpretación de la parábola (ver p. 194).
Toda clase.
La red del Evangelio recoge a todo tipo de gente: hombres y mujeres que actúan
por distintos motivos, y que tienen actitudes y personalidades diferentes.
Jesús no hacía "acepción de personas" (Hech. 10:34), sino que recibía a todos
los que venían a él. Se relacionaba con publicanos y pecadores para poder
ganarlos más fácilmente para su reino (ver com. Mar. 2:16-17). Estaba
dispuesto a que lo conocieran como "amigo de publicanos y de pecadores" (ver
com. Mat. 11: 19), si de esa manera podía lograr que la gente llegara a
apreciar su divina amistad.
48.
La sacan a la orilla.
Ver com. vers. 47.
Recogen lo bueno.
El proceso de separar lo bueno de lo malo se realiza después de que la red ha
recogido todo lo que en ella se podía pescar. Puesto que en la iglesia habría
malos y buenos, algunos podrían pensar que sus pecados no importaban, pero con
esta parábola, Cristo quiso enseñar que el carácter de la persona es lo que
determina su destino (PVGM 93-94). Para medir el carácter, Dios toma en cuenta
si la persona ha vivido en armonía con toda la luz que ha recibido, si ha
cooperado, según se lo han permitido su conocimiento y su capacidad, con los
instrumentos divinos para perfeccionar un carácter a semejanza del perfecto
ejemplo de Jesús (ver com. Ecl. 12: 13-14; Miq. 6: 8; Mat. 7: 21-27).
Lo malo.
Gr. saprós, palabra que aplicada al pescado quiere decir "podrido" o "pútrido",
y por lo tanto inadecuado para el consumo. La parábola de la red hace resaltar
la separación final entre lo bueno y lo malo, separación que se basa en el
carácter de cada uno.
49
Fin del siglo.
Ver com. vers. 39.
Los ángeles.
C f. vers. 4 1.
Apartarán a los malos.
Ver com. vers. 48; cf. cap. 25: 32-33.
50.
Horno de fuego.
Ver com. vers. 42.
El lloro y el crujir.
Ver com. vers. 42.
51.
Todas estas cosas.
Es decir, las verdades representadas por las parábolas presentadas en esta
ocasión (cf. vers. 34).
Sí, Señor.
La evidencia textual (cf. p. 147) establece la omisión de la palabra "Señor"
(así está en la BJ).
52.
Todo escriba.
[Cosas nuevas y viejas, Mat. 13: 52. Con referencia a parábolas, ver pp.
193-197.] Los escribas no eran amanuenses, sino maestros autorizados de la ley
(ver p. 57). Aquí Cristo no se refiere a los escribas o maestros profesionales
de su tiempo, sino a los que se habían "hecho discípulo[s] del Reino de los
Cielos" (BJ) y eran "doctos" y podían enseñar o ser "apóstoles" (ver com. Mar.
3:14). En este pasaje "todo escriba" se refiere a toda persona que participa
en la actividad de abrir los tesoros de la Palabra de Dios a otros. Cristo no
se refiere a la capacidad de los doce de entender "todas estas cosas" (Mat. 13:
51), sino a su capacidad para transmitírselas a otros.
Docto.
Literalmente, "que ha sido hecho discípulo". Este es el que ha recibido una
instrucción cabal en lo que un discípulo debía saber y comprender. Los escribas
profesionales del tiempo de Cristo sabían la letra de la ley de Moisés, pero
nada sabían de su espíritu. Cristo expuso esta distinción en el Sermón del
Monte, especialmente en el cap. 5: 17-48 (ver com. cap. 5: 17, 20-21). El
cristianismo ha sido construido sobre "el fundamento de los apóstoles y
profetas" (Efe. 2: 20), lo que incluye todo lo revelado a los profetas de
antaño y todo lo que Cristo reveló personalmente a sus discípulos (Heb. 1: 12).
Reino de los cielos.
Ver com. cap. 3: 2; 4: 17; 5: 2.
Padre de familia.
Gr. oikodespót's, es decir, "señor de la casa" o "dueño de casa" (ver com.
Luc. 2:29). Aquí se hace alusión al hecho de que los discípulos poseen los
"tesoros" del Evangelio. Se les ha confiado estas cosas y Dios espera que
saquen lo que se necesita en el momento oportuno. En cierto sentido, cada
maestro cristiano es el "padre de familia" de la parábola (PVGM 131).
De su tesoro.
Es decir, del lugar donde guarda el tesoro (ver com. cap. 2: 11).
Cosas nuevas y cosas viejas.
Al hablar de cosas viejas, Cristo se refería a la voluntad de Dios que había
sido revelada en tiempos pasados "a los padres por los profetas" (Heb. 1: 1;
ver com. Deut. 31: 9; Prov. 3: l). Lo nuevo se refiere a las enseñanzas de
Jesús (ver Heb. 1: 2; com. Mar. 2: 22; 7: 1- 13).
Es importante señalar que ni en esta ocasión ni en ningún otro momento Jesús
despreció el valor del AT ni siquiera sugirió que en el futuro tendría menos
vigencia (ver com. Mat. 5: 17-18; Luc.
24: 27, 44; Juan 5: 39). El
402AT no fue invalidado por el NT, sino amplificado y recibió nueva vida. Los
dos Testamentos fueron inspirados por Cristo y ambos están repletos de verdad
para el que la busca con sinceridad. El AT revela al Cristo que había de
venir; el NT revela al Cristo ya venido. El AT y el NT no se excluyen
mutuamente ni se oponen el uno al otro, como el archienemigo de ambos ha hecho
creer a algunos cristianos; los dos se complementan (PVGM 98-99).
53.
Terminó Jesús.
Aquí concluye el relato del sermón junto al mar (ver com. vers. 1)
Se fue.
Ver com. cap. 8: 18.
54.
Su tierra.
[Segundo rechazo en Nazaret, Mat. 13:54-58 = Mar. 6:1-6. comentario principal:
Marcos.]
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-9 PVGM 16-25
3-5 3T 111
3-8 3JT90; PVGM 17
7 HAd 181; PR 302; 1T 194; 3T 112
12 CM 305; 4T 458
13-15 PVGM 11
14 5T 84
14-15 FE 259
15 5T 63, 694
15-16 PVGM 39
17 2JT 374
18-23 CN 54; PVGM 25-41
19 PVGM 25
20-21 PVGM 27,339)
21 2T 277, 444
22 CH 465; HAd 181; PR 302; PVGM 30; 1T 477; 2T 126, 166, 192, 657; 3T 113; 4T
41, 51
23 PVGM 38; 1T 106
24-26 PVGM 49
24-30 1JT 310; PVGM 49-53; TM 42
25 CM 28, 39, 93, 105, 146; HAd 288, 365; FE 90, 184; 2JT 196, 431; 8T 228
27-28 TM 270
28 CN 45; Ed 97
28-29 TM 58
29 PVGM 59
29-30 MC 394; TM 237
30 CS 367, 689; Ev 23-24, 449-450; FE 295; 2JT 13, 256; 3JT 115; PE 88, 118; PP
583; RC 53; 5T 384; 8T 72; 4TS 332; 5TS 44
31 TM 152
31-32 PVGM 54
33 DTG 300; Ev 274-275, 346; HAd 27; MJ 126; PVGM 68; 8T 148
34-35 PVGM 8
37 PVGM 18
37-38 FE 177, 209, 401: PVGM 49
37-43 PVGM 49-53
38 COES 86; HAd 324; 1JT 387; 3JT 88; OE 27; 8T 56, 135
41 PE 109
41-43 PVGM 53
43 CM 263; 3JT 432, 434
44 2JT 309; PVGM 75; 4TS 70
44-46 CMC, 257
45-46 3JT 210 210; PVGM 87-92; SC 156; 7T 226
46 MM 332; 4T 625
47 CM 193; 7T 267; TM 58
47-48 8T 72
47-49 DTG 300
47-50 PVGM 93
51-52 CT 142, 428; PVGM 95
52 Ev 129; FE 97; MC 84; MeM 371; OE 253; PP 644; PVGM 98-99; 1T 194; 5T 251;
7T 73; TM 146
54 DTG 208
55 DTG 203; 3T 566
58 CM 285 403
CAPÍTULO 14
1 La opinión de Herodes en cuanto a Cristo. 3 Por qué fue decapitado Juan el
Bautista. 13 Jesús se retira a un lugar desierto, 15 en donde alimenta a cinco
mil personas con sólo cinco panes y dos peces. 22 Camina sobre el mar frente a
sus discípulos. 34 Desembarca en Genesaret y sana a todos los que tocan su
manto.
1 EN AQUEL tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús,
2 y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos,
y por eso actúan en él estos poderes.
3 Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la
cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;
4 porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.
5 Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por
profeta.
6 Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó
en medio, y agradó a Herodes,
7 por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese.
8 Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza
de Juan el Bautista.
9 Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que
estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen,
10 y ordenó decapitar a Juan en la cárcel.
11 Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó
a su madre.
12 Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y
fueron y dieron las nuevas a Jesús.
13 Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y
apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.
14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a
los que de ellos estaban enfermos.
15 Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es
desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las
aldeas y compren de comer.
16 Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.
17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
18 El les dijo: Traédmelos acá.
19 Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco
panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio
los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.
20 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos,
doce cestas llenas.
21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y
los niños.
22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él
a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.
23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la
noche, estaba allí solo.
24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el
viento era contrario.
25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el
mar.
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un
fantasma! Y dieron voces de miedo.
27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!
28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a
ti sobre las aguas.
29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas
para ir a Jesús.
30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio
voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!
31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de
poca fe! ¿Por qué dudaste?
32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.
33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo:
Verdaderamente eres Hijo de Dios. 404
34 Y terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret.
35 Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda
aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos;
36 y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos
los que lo tocaron, quedaron sanos.
1.
Herodes el tetrarca.
[Muerte de Juan el Bautista, Mat. 14: 1- 2, 6-12 = Mar. 6: 14-29 = Luc. 9: 7-9.
Comentario principal: Marcos. Ver diagramas pp. 40, 218, 224.]
2.
Criados.
La palabra griega que aquí se traduce "criados" es la que habitualmente se
emplea para referirse a niños o criados. Aquí sin embargo, se refiere a los
cortesanos de Herodes.
3.
Había prendido a Juan.
[Encarcelamiento de Juan, Mat. 14: 3-5 = Luc. 3: 19-20. Comentario principal:
Lucas.]
13.
Oyéndolo Jesús.
[Alimentación de los cinco mil, Mat. 14: 13-21 = Mar. 6: 30-44 = Luc. 9: 10-17
= Juan 6:1-14. Comentario principal: Marcos y Juan.] Lo que Jesús había oído,
según Mateo, era la noticia de la muerte de Juan, relato que aparece en los
vers. 1-12. Al parecer, Jesús recibió la noticia de la muerte de Juan al final
del tercer viaje por Galilea, cuando volvió a la ciudad de Capernaúm. Mateo
sugiere que ésta podría haber sido una de las razones por las cuales Jesús se
retiró al otro lado del lago (ver com. Mar. 6: 30).
14.
Saliendo Jesús.
Posiblemente sería mejor traducir "al desembarcar" (BJ). Jesús había cruzado el
lago en una barca, y allí bajó a tierra.
15.
Cuando anochecía.
O "al atardecer" (BJ). Ver com. Mar. 6: 35.
20.
Lo que sobró.
Ver com. Mar. 6: 43.
2 l.
Las mujeres y los niños.
Mateo indica que las mujeres y los niños no fueron contados, no que no
comieron.
22.
En seguida.
[Jesús anda sobre el mar, Mat. 14: 22-36 = Mar. 6: 45- 56 = Juan 6: 15-24.
Comentario principal: Mateo y Juan. Ver mapa p. 210; diagrama p. 221; con
referencia a milagros, ver pp. 198-203.] Gr. euthéÇs, "inmediatamente" (BJ).
Esto parece haber ocurrido el mismo día de la alimentación milagrosa de los
cinco mil, según se deduce del relato de los diferentes evangelistas.
Siguiendo la cronología adoptada por este Comentario, es probable que los
acontecimientos aquí registrados ocurrieran hacia fines de marzo o principios
de abril del año 30 d. C.
Hizo...
Gr. anagkázÇ, "obligar" (ver com. Luc. 14: 23). Aquí por primera vez se
registra que Jesús debió hablar a sus discípulos con autoridad y vigor (DTG
341). La combinación del adverbio euthéÇs, "inmediatamente" y el verbo
anagkázÇ, "obligar", indican premura y urgencia de parte de Jesús y vacilación
o renuencia de parte de los discípulos.
En Juan 6: 15 se presenta la razón de esta actitud de los discípulos (DTG;
340-341; ver com. Mar. 6: 42). Convencida de que Jesús era el Mesías
prometido, el Libertador de Israel, la multitud estaba decidida a coronarle rey
allí mismo. Al percatarse del sentimiento de la multitud, los discípulos
tomaron la iniciativa y estuvieron a punto de proclamar a Jesús como rey de
Israel. Judas fue el primero de los doce en percibir la importancia del
sentimiento popular, y fue él quien inició el proyecto de coronar a Cristo (DTG
665). Esta acción precipitada habría hecho concluir en forma prematura el
ministerio terrenal de Cristo. Jesús debió actuar con decisión y en forma
inmediata a fin de apaciguar el sentimiento popular y dominar a sus propios
discípulos.
Ir delante de él.
Quienes debían ir delante de él a la otra ribera del lago eran los discípulos y
algunas otras personas que los acompañaban (DTG 345).
La otra ribera.
Tal como se deduce del contexto -que Jesús se había retirado a un "lugar
desierto y apartado" (vers. 13) y que al regresar de ese lugar los discípulos
se dirigían "hacia Capernaúm" (Juan 6: 17) o Betsaida (Mar. 6: 45) y que
finalmente desembarcaron en Genesaret (Mat. 14: 34)- Jesús, sus discípulos y la
gran multitud estaban en algún punto de la ribera noreste del mar de Galilea, a
poca distancia al este de Betsaida (ver com. cap. 11: 21). Desde allí, "la
otra ribera" sería el lugar de donde habían venido esa mañana. Juan dice que
desde el lugar donde Jesús había alimentado a los cinco mil, los discípulos
iban a Capernaúm; Marcos dice que iban a Betsaida, lo cual posiblemente quiera
decir que iban en dirección hacia Betsaida, junto a la cual debían pasar para
llegar a Capernaúm. Lo que finalmente aconteció fue que el viento (Mat. 14:
24) los alejó 405 de su destino en vez de acercarlos a él (DTG 342- 344).
23.
Subió al monte.
Es decir, a los cerros que rodean el mar de Galilea, especialmente en la zona
noreste.
A orar.
Ver com. Mar. 1: 35; 3: 13. Entre esos cerros Jesús pasó varias horas en
oración (DTG 342), pero sin perder de vista a los discípulos en el lago (ver
DTG 344). En esta ocasión su oración tenía dos propósitos: primero, pedir por
sí mismo, que pudiera hacer conocer a los hombres el verdadero propósito de su
misión, y segundo, pedir por sus discípulos en su hora de chasco y prueba (ver
com. Mat. 14: 24).
Llegó la noche.
En el vers. 15 se dice que anochecía. Aquí la RVR traduce "cuando llegó la
noche", pero las dos expresiones son idénticas en griego. Quizá esto refleje
la costumbre judía de computar dos "tardes" (ver com. Exo. 12: 6), la primera
desde aproximadamente las 15 horas de la tarde hasta la puesta del sol, y la
segunda, desde la puesta del sol hasta entrada la noche (ver com. Mar. 6: 35).
Ya estaba casi oscuro cuando los discípulos partieron en la barca (DTG 342).
Estaba allí solo.
No estaba solo únicamente en el sentido físico. Jesús sentía la soledad de que
ni siquiera sus discípulos lo entendieran. Allí, en los apartados cerros, bajo
la bóveda estrellada de los cielos, se comunicó con su Padre (ver com. Mar. 1:
35).
24.
En medio del mar.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 147) el texto: "distante de la tierra
varios estadios". Según Juan 6: 19, los discípulos habían remado entre 25 y 30
estadios, es decir de unos 4 a 5 km cuando Jesús los alcanzó. En
circunstancias normales, podrían haber hecho esta distancia en alrededor de una
hora, pero en esta ocasión habían empleado cerca de ocho horas (ver com. Mat.
14: 25). Esto indicaría que debieron luchar con fuertes vientos contrarios
mientras cruzaban el lago. Desde el punto de partida (ver com. vers. 22) hasta
Capernaúm había tan sólo unos 5 ó 6 km, pero el viento los llevó más al sur de
lo que habían deseado, y finalmente llegaron a tierra en la ribera noroeste del
lago, un poco al sur de Capernaúm, en la llanura de Genesaret (ver Mat, 14:34;
com. Luc. 5: 1), después de haber recorrido tal vez el doble de la distancia
que deberían haber cubierto.
Azotada.
Literalmente, "atormentada", "zarandeada" (BJ). Según la RVR, Marcos dice que
remaron "con gran fatiga", pero el griego emplea una forma del mismo verbo
(Mar. 6: 48) aquí usado, por lo que podría traducirse, "remaron zarandeados".
Al parecer, por causa del fuerte viento contrario desistieron de usar las velas
y se pusieron a remar.
El viento era contrario.
Si los discípulos hubieran emprendido la travesía del lago cuando Jesús les
dijo que lo hicieran podrían haber evitado la tormenta. Pero su terquedad los
llevó a demorar la partida hasta que estuvo casi oscuro (DTG 342-343). Después
de quizá unas ocho horas (ver com. vers. 25), estaban luchando por salvar su
vida. Según Elena de White, Judas había sido el principal promotor del plan de
coronar a Jesús por la fuerza y sin duda se había resentido más que los otros
cuando Jesús los mandó que se embarcaran hacia la otra ribera antes de que él
fuera (vers. 22; DTG 665). Sin embargo, también los otros discípulos, cuando
obedeciendo a Jesús se dispusieron a cruzar el lago, sentían humillación,
chasco, resentimiento e impaciencia. Podría decirse que mientras vacilaron en
la playa, surgió su incredulidad. El viento era contrario y también sus
corazones estaban contrariados; pero en la providencia divina, el tormentoso
mar paradójicamente pudo aquietar la tormenta que rugía en su alma. Del mismo
modo, a veces nos encontramos a la deriva en el oscuro y tormentoso mar de las
dificultades; en esas ocasiones sólo Jesús puede acallar la tormenta.
25.
La cuarta vigilia.
Desde tiempos antiguos, los judíos habían acostumbrado dividir la noche en tres
vigilias (ver com. Lam. 2: 19), pero bajo el gobierno romano habían adoptado
el sistema de cuatro vigilias. La cuarta vigilia romana iba de las 3 hasta las
6 de la madrugada.
Jesús vino a ellos.
Según el relato de Marcos, Jesús "quería adelantárseles", o por lo menos quería
dar la impresión de que no pensaba detenerse (Mar. 6: 48; DTG 344). En forma
similar, en Emaús, Jesús "hizo como que iba más lejos" (Luc. 24:28). Durante
esa noche, el Señor no había perdido de vista a sus discípulos, pero la
tormenta por la cual atravesaba el alma de ellos se calmó y Jesús "vino a
ellos" sólo cuando se dieron por perdidos y oraron pidiendo ayuda.
26.
Los discípulos, viéndole.
Según Marcos 6: 50, todos lo vieron. No era una alucinación de uno o dos de
ellos. 406
Se turbaron.
También podría traducirse, "quedaron atemorizados". Al parecer, la
superstición popular no se había borrado del todo de la mente de los
discípulos.
¡Un fantasma!
Gr. fántasma, "aparición", "espectro", "fantasma". El fantasma era la
aparición de algo que no podía explicarse como fenómeno natural.
De miedo.
En un primer momento los discípulos gritaron de miedo, pero casi inmediatamente
se dieron cuenta de que el supuesto fantasma era Jesús. Según Elena de White,
los discípulos gritaron la primera vez de miedo, pero luego de haber conocido a
Jesús, gritaron pidiendo auxilio. En ese momento, Jesús pudo pronunciar
palabras de ánimo (DTG 344; Mar. 6: 48- 49).
28.
Respondió Pedro.
Sólo Mateo registra el difícil y casi fatal episodio de Pedro en esta ocasión.
Al parecer, las habilidades naturales de Pedro como líder, como también su
impulsividad y su arrojo, lo habían puesto en una posición de cierto liderazgo
entre los doce. Estas características, ahora como el otras ocasiones, le
llevaron a confiar demasiado en sí mismo y a actuar en forma impulsiva y poco
juiciosa (ver Mat. 16: 21-23; 17: 4; 26: 33- 35, 69- 75; Juan 18: 10-11; 20: 26; Gál. 2: 11-14; el carácter de Pedro se describe en com. Mar. 3: 16).
Si eres tú.
La forma griega de esta frase puede traducirse también: "puesto que eres tú".
Pedro no tenía duda de quién era el que les había parecido un fantasma. De
otro modo nunca se habría atrevido a salir de la barca para intentar caminar
sobre las olas encrespadas por el viento.
Manda que yo vaya a ti.
Pedro estaba dispuesto a hacer lo que Jesús le indicara, pero no quería actuar
mientras no tuviera la seguridad de que Jesús aprobaba su proceder.
29.
Dijo: Ven.
Es probable que Cristo nunca se hubiera propuesto que Pedro caminara sobre las
aguas. Pero si la imperfecta fe de Pedro lo impulsaba a hacerlo, Cristo estaba
listo a aceptar eso como un acto de fe (ver com. cap. 12: 20).
Andaba sobre las aguas.
Pedro salió de la barca por fe. La fe lo sostuvo sobre las aguas del mar de
Galilea. Pero esa fe sólo fue activa mientras él mantuvo los ojos fijos en
Jesús.
30.
Al ver el fuerte viento.
Al parecer, en el primer momento Pedro no tuvo miedo de los elementos de la
naturaleza, pero mientras caminaba sobre la superficie de las aguas reconoció
la realidad de su situación y su fe se desvaneció. Elena de White dice que
Pedro miró a sus compañeros y se preguntó cómo estarían reaccionando ante su
nueva habilidad. Volviéndose para mirar a sus compañeros, perdió de vista a
Jesús, y cuando volvió a buscarlo con la mirada no lo halló. No vio más que un
turbulento mar y un fuerte viento (DTG 344). En ese breve instante, cuando
quitó los ojos de Cristo y miró a sus compañeros, el orgullo debilitó su fe,
por así decirlo, y frente a las grandes dificultades, flaqueó Y no pudo
sostenerse más.
Tuvo miedo.
Nunca necesitamos temer mientras mantengamos los ojos en Cristo y confiemos en
su gracia y poder. Pero cuando nos miramos a nosotros mismos, a los que nos
rodean, y a las dificultades que nos circundan, tenemos sobrada razón de tener
miedo.
Comenzando a hundirse.
Pescador durante toda su vida, Pedro, sin duda, sabía nadar (Juan 21: 7). Pero
en ocasión de una tormenta como ésta, cuando hasta la barca peligraba, sería
inútil intentar nadar.
Sálvame.
Esta palabra expresa en forma sucinta la urgencia del pedido de Pedro.
31.
Al momento.
Dios no demora en responder al sincero pedido de liberación de las olas de la
tentación que de tanto en tanto intentan anegar el alma.
¡Hombre de poca fe!
Con amor, Jesús primero salvó a Pedro y luego lo reprendió por su falta de
confianza. No censuró a Pedro por haber intentado andar sobre las olas, sino
por abandonar la fe. Al parecer, Pedro comprendió y apreció la lección que
Jesús deseaba que aprendiera de este caso, pero si la hubiera aprendido
plenamente, no habría fracasado, alrededor de un año más tarde, ante la gran
prueba que debió enfrentar (cap. 26: 69-75; cf. DTG 345).
Dudaste.
Gr. distázÇ, "vacilar", "dudar". Una persona vacila cuando está en duda acerca
de cuál de dos caminos debe tomar. "Ninguno puede servir a dos señores" (ver
com. cap. 6: 24), ni tampoco puede sentirse cómodo en sus intentos de hacerlo.
32.
Cuando ellos subieron.
Según se dice en DTG 344, Pedro volvió a sus compañeros en la barca tomado de
la mano de Jesús, callado y sumiso.
Se calmó el viento.
"Amainó el viento" (BJ). Cf. cap. 8: 26. La tormenta había logrado su
propósito (ver com. cap. 14: 24); los pensamientos de impaciencia y de
resentimiento407 contra Jesús habían sido eliminados del corazón de los
discípulos.
33.
Vinieron y le adoraron.
Ver com. cap. 2: 11; 8: 2. Esta es la primera vez, pero en ningún caso la
última, cuando los discípulos adoraron a Cristo (Mat. 20: 20; 28: 9; Luc. 24:
52). Los magos lo habían adorado (Mat. 2: 11) y también lo adoraron varias
personas en favor de las cuales Jesús había realizado milagros de sanamiento
(cap. 8: 2; 15: 25; etc.). Pero fue en esta ocasión cuando los discípulos
confesaron por primera vez que Jesús era el Hijo de Dios y lo adoraron en la
forma en que los hombres adoran a Dios. Lo que es más, Jesús aceptó su
adoración. Es posible que esta confesión de fe tuviera un mayor significado
por causa de las dudas y los temores de los discípulos en la noche anterior
(ver com. cap. 14: 24).
Hijo de Dios.
Ver com. Luc.1: 35.
34.
Genesaret.
Al parecer, el nombre se emplea aquí para designar la región de Genesaret o la
llanura de Genesaret y no algún pueblo conocido con ese nombre. Con referencia
a la llanura de Genesaret, ver com. Luc. 5: 1. En tiempos pasados, la ciudad
de Cineret había estado ubicada en la costa de esta llanura y algunos han
afirmado que el nombre Genesaret provino originalmente de Cineret. Hasta donde
se sepa, la ciudad de Cineret, cuyas ruinas llevan hoy el nombre de Tell el
Oreimeh, había dejado de existir ya en tiempos de Cristo.
35.
Cuando le conocieron.
Es decir, cuando se dieron cuenta de que Jesús era quien estaba de nuevo entre
ellos. La BJ dice "apenas le reconocieron".
Enfermos.
Ver com. Mar. 1: 34.
36.
Tocar solamente el borde.
Ver com. Mar. 5: 27-28. Con referencia a la cronología de Mat. 14: 35-36, ver
com. cap. 15: 1.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 DTG 195
1-11 DTG185-197; PE 154
2 DTG 676; PE 173
3-4 DTG 185
6 CM 259; Te 45
6-7 DTG 192
7-8 Te 46
10 HAp 116
10-11 DTG 194
13-21 DTG 332-339
14 CH 34
15 MeM 230
15-20 7T 114
15-21 DTG 749; Ed 103; Ev 381; 1JT 273; 2JT 501; MM 344; PVGM 141; SC 192; 6T
465
16 DTG 333; 2JT 571; MC 29,31
19 Ed 278
19-20 DTG 333; MC 29, 152; 7T 61
20 CRA 320; MeM 230
22-33 DTG 340-346
23 DTG 342
25-31 DTG 344
27 Ev 17; FE 465; 4T 288; 3TS 382
29-30 2T 273
30 DTG 628
31 MeM 12; 4T 558
CAPÍTULO 15
3 Cristo reprende a los fariseos y los escribas por quebrantar la ley de Dios
debido sus propias tradiciones. 11 Enseña que lo que entra por la boca no
contamina a la persona. 21 Cura a la hija de la mujer cananea 30 y a muchos
otros enfermos. 32 Con siete panes y unos pececillos alimenta a cuatro mil
personas, sin contar las mujeres y los niños.
1 ENTONCES se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén,
diciendo:
2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no
se lavan las manos cuando comen pan.
3 Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el
mandamiento de Dios por vuestra tradición?
4 Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga
al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 408
5 Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi
ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte,
6 ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el
mandamiento de Dios por vuestra tradición.
7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:
8 Este pueblo de labios me honra;
Mas su corazón está lejos de mí.
9 Pues en vano me honran;
Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.
10 Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended:
11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca,
esto contamina al hombre.
12 Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se
ofendieron cuando oyeron esta palabra?
13 Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial,
será desarraigada.
14 Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos
caerán en el hoyo.
15 Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola.
16 Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?
17 ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en
la letrina?
18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.
19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias.
20 Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos
sin lavar no contamina al hombre.
21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.
22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba,
diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es
gravemente atormentada por un demonio.
23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le
rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.
24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa
de Israel.
25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!
26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a
los perrillos.
27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen
de la mesa de sus amos.
28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo
como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.
29 Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se
sentó allí.
30 Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos,
y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó;
31 de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los
mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios
de Israel.
32 Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente,
porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos
en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.
33 Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes
en el desierto, para saciar a una multitud tan grande?
34 Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos
pececillos.
35 Y mandó a la multitud que se recostase en tierra.
36 Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus
discípulos, y los discípulos a la multitud.
37 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos,
siete canastas llenas.
38 Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y
los niños.
39 Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de
Magdala.
1.
Entonces se acercaron.
[Discusión sobre las tradiciones farisaicas. Lo que contamina al hombre, Mat.
15:1-20= Mar. 7: 1-23. comentario 409 principal: Marcos.] Con referencia al uso
que Mateo da a la palabra "entonces", ver com. cap. 4: 1.
6.
Ya no ha de honrar.
La primera frase del vers. 6 completa la idea del vers. 5. La nueva idea
comienza a partir de "Así habéis".
El mandamiento.
La evidencia textual favorece aquí (cf. p. 147) "la palabra" (así está en la
BJ).
13.
Toda planta.
Esta frase se refiere a todas las tradiciones, todos los "mandamientos de
hombres" (ver com. Mar. 7: 3, 13, 15.
21.
Saliendo Jesús de allí.
[La fe de la mujer cananea, Mat. 15:21-28 = Mar. 7:24-30. Comentario
principal: Mateo. Ver mapa p. 211; diagramas pp. 219, 221; con referencia a
milagros, ver pp. 198-203.] El episodio que se relata aquí pudo haber ocurrido,
según la cronología que adopta este Comentario, hacia fines de la primavera del
año 30 d. C., quizá en el mes de mayo. Con la alimentación de los cinco mil y
el sermón acerca del pan de vida en la sinagoga de Capernaúm (ver com. Juan 6:
1, 25), el ministerio en Galilea llegó a su culminación. Así como había
ocurrido en Judea quizá un año antes, el sentimiento popular se volvió contra
Jesús (DTG 358), y la mayoría de los que se habían considerado como seguidores
del Maestro, lo rechazaron (ver com. Juan 6: 60-66). La alimentación de los
cinco mil había acaecido poco antes de la pascua (Juan 6: 4), fiesta a la cual
Jesús no asistió (ver com. Juan 7: 1).
Lo que había ocurrido durante el tercer viaje por Galilea había alarmado
grandemente a los dirigentes judíos (ver DTG 360; com. Mar. 6: 14). Después
de la pascua, una delegación venida de Jerusalén había encarado a Jesús con la
acusación de que estaba debilitando los requisitos religiosos (Mar. 7: 1-23).
Pero el Señor los silenció revelando la hipocresía de sus corazones y ellos se
alejaron enojados y disgustados (DTG 363). Por su actitud y sus amenazas
habían dejado en claro que la vida de Jesús corría peligro (DTG 363, 367). Por
esto, en armonía con el consejo que había dado anteriormente a los discípulos,
se alejó de Galilea por un tiempo (ver com. Mat. 10: 14, 23), así como se
había ido de Judea el año anterior, cuando había sido rechazado por los
dirigentes judíos (ver com. cap. 4: 12).
La retirada de Jesús de Galilea hacia el norte inició un nuevo período en su
ministerio, y terminó el que había llevado a cabo en Galilea, al cual, según la
cronología adoptada en este Comentario, había dedicado alrededor de un año,
desde aproximadamente la pascua del año 29 d. C. hasta la del año 30 d. C. Por
este tiempo ya no quedaba más que un año hasta su muerte.
Si bien lo que movió a Jesús a retirarse a la región de Fenicia parece haber
sido, en primera instancia, la contienda con los fariseos venidos de Jerusalén,
Cristo tenía otros propósitos al hacer el viaje. No sólo tenía razones por las
cuales quería irse de Galilea, sino que también tenía otras para querer ir a
Fenicia. Puesto que había sido rechazado por los judíos tanto en Judea como en
Galilea, Jesús procuró hallar la oportunidad de instruir a sus discípulos en la
manera de trabajar por los que no eran judíos. Los paganos necesitaban recibir
el Evangelio, y Jesús comenzó a presentar una serie de lecciones para que los
discípulos percibieran las necesidades de los paganos y comprendieran que
también ellos eran candidatos en potencia para el reino de los cielos. El
viaje a Fenicia le proporcionó una excelente oportunidad para presentar esta
instrucción (DTG 366). Sólo se registra un milagro realizado durante su visita
a Fenicia. Este viaje claramente no fue un viaje misionero como lo habían sido
sus tres viajes por Galilea, porque Jesús se ocultó y no quiso que se supiera
de su presencia allí (Mar. 7: 24).
Región de Tiro y de Sidón.
Jesús y sus discípulos se retiraron hacia el norte, a la región de Fenicia,
aquí llamada Tiro y Sidón (ver mapa p. 211). Desde Capernaúm, en línea recta,
hay unos 33 km hasta Tiro, y de Tiro a Sidón hay unos 37 km. Estas ciudades
habían sido importantes centros comerciales desde la antigüedad (ver t. I, pp.
135-136; com. Gén. 10: 15; también t. II, pp. 69-71). En tiempos de Jesús, la
región de Tiro y de Sidón formaba parte de la provincia romana de Siria.
22.
Una mujer cananea.
Los fenicios eran de la antigua raza cananea. Se llamaban a sí mismos cananeos
(ver com. Gén. 10: 6,18), pero los griegos los llamaron fenicios, al parecer,
por el nombre de una anilina púrpura (fóinix) que solían comprar de los
fenicios cuando comenzó el comercio en la región del Egeo (ver t. II, p. 70).
Los cananeos eran de ascendencia camita, pero poco después de que se
establecieron en Palestina, adoptaron el lenguaje semítico y absorbieron de tal
modo la cultura semítica, que por mucho tiempo se creyó que eran de origen
semítico. 410 Los judíos eran semitas y había mucho parecido en los idiomas y
las características culturales de hebreos y cananeos.
En este pasaje aparece la cuarta mención de que Jesús ministro a los que no
eran judíos. La primera vez ocurrió en Sicar, en Samaria (Juan 4: 5-42); la
segunda, en Capernaúm (Luc. 7: 1-10); y la tercera, en las cercanías de Gadara
(Mar. 5:1-20). Los samaritanos estaban emparentados con los judíos, y aunque
el ministerio de Jesús entre ellos no se habría considerado con simpatía, es
posible que no despertara la animosidad que hubiera creado el trabajo en favor
de los que eran completamente paganos. El centurión había simpatizado con los
judíos y creía que ellos practicaban la verdadera religión. El milagro que
Cristo hizo en su favor estaba en armonía con el pedido de los mismos
dirigentes judíos. La curación de los endemoniados de Gadara no podía haberse
interpretado como un contacto intencional de Jesús con los paganos. Más bien,
los judíos podrían haber considerado que se trataba de una emergencia a la cual
Cristo debió enfrentarse y que, en cierto sentido, había expulsado a los
demonios en defensa propia. Además, Jesús se negó a que los hombres liberados
de los demonios se unieran con él como discípulos. Y en este pasaje, en el
caso de la mujer cananea, Jesús no estaba trabajando abiertamente para la gente
de esa región (Mar. 7: 24). Ella vino a él y le presentó su pedido.
Básicamente, el ministerio de Jesús se realizó en favor de los judíos de
Palestina, "las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mat. 15: 24), pero el
Señor no se abstuvo por completo de relacionarse con los que no eran judíos.
Hasta cierto punto tuvo cuidado de no entrar en conflicto con los judíos al
relacionarse con samaritanos y gentiles, pero no podía aceptar las barreras que
los judíos habían levantado entre ellos y el resto del mundo (ver t. IV, pp.
30-34). En El Deseado de todas las gentes se sugiere que en su trato con la
mujer samaritana y con la mujer sirofenicia, Jesús quiso enseñar a sus
discípulos que ellos también debían aceptar a todos como hijos de Dios, sin
hacer distingos por razón de raza o posición social (pp. 163-165, 369-370).
Hoy día quienes trabajan por Cristo han de considerar a todos los hombres como
sus iguales ante Dios, quien "no hace acepción de personas" (Hech. 10: 34).
Aquella región.
La de Tiro y Sidón (ver com. vers. 21). Algunos sugieren que la mujer salió de
su territorio para encontrar a Jesús. Otros entienden que el milagro se
realizó en territorio de Tiro y Sidón.
Hijo de David.
Ver com. cap. 1:1 Sorprende el que una mujer pagana se dirigiera a Jesús
empleando este título que implica el reconocimiento de que es el Mesías.
Muchos judíos vivían en Fenicia, y sin duda la noticia de las maravillas
realizadas por Jesús había circulado entre ellos ya por mucho tiempo (Mar. 3:
8; Luc. 6: 17). Posiblemente por medio de estos judíos residentes en Fenicia
la mujer había oído acerca de Jesús (DTG 366).
Ten misericordia.
Gr. eleéÇ(ver com. cap. 5: 7).
Gravemente atormentada por un demonio.
Literalmente, "está malamente endemoniada" (BJ). Ver la Nota Adicional de Mar.
1.
23.
No le respondió palabra.
El propósito de Cristo era el de enseñar a sus discípulos una lección acerca de
la forma en que debían trabajar por los que no eran judíos. Lo hizo mostrando
el contraste entre el proceder común de los judíos y su propio proceder (ver
com. vers. 21). Es probable que un típico rabino judío habría hecho
exactamente lo que los discípulos proponían: habría despachado a la mujer sin
siquiera responder a su pedido. De lo que Jesús dijo acerca de los gentiles
(Luc. 4: 26-27) y de lo que él mismo había hecho por ellos en ocasiones
anteriores, se desprende claramente que él los miraba con simpatía y los
consideraba como aptos para llegar a ser súbditos del reino de los cielos.
Jesús no compartía de ningún modo el estrecho exclusivismo con que los judíos
se distanciaban de los gentiles (ver com. Mat. 15: 22, 26).
Acercándose sus discípulos.
Los discípulos se sentían molestos por la publicidad que les daban los
desesperados ruegos de esta mujer gentil, a quien no consideraban como más
digna que un perro (ver com. cap. 10: 5). No sólo era una desconocida, sino
que era mujer, y aún más, era extranjera. Hasta este momento no había cabida
para una desconocida mujer extranjera en la idea que se hacían los discípulos
de lo que significaba la comisión evangélica.
24.
No soy enviado.
Ver com. vers. 21. Es decir, Jesús había sido enviado en primera instancia a
los judíos, aunque cuando se presentaba la oportunidad no negaba a los getiles
las bendiciones que concedía a su propio pueblo (ver t. IV, pp. 28-32). Sólo
muchos 411 años después de que Cristo ascendió a los cielos, los cristianos de
origen judío comprendieron plenamente el hecho de que Dios consideraba a todos,
en cualquier parte del mundo, como posibles ciudadanos del reino de los cielos
(ver Hech. 9: 9-18, 32-35; 10: 1-48; 15: 1-29; Rom. 1: 16; 9: 24; etc.).
Ovejas perdidas.
Ver com. cap. 10: 6.
25.
Se postró.
Cuando la mujer se postró a los pies de Jesús (Mar. 7: 25), adoptó la posición
acostumbrada del que presenta un pedido ante un superior (ver com. Mat. 4: 9;
8: 2; cf. com. Est. 3: 2). Esta posición podía adoptarse también ante un
objeto de adoración. El hecho de que la mujer empleara el título mesiánico
"Hijo de David" (ver com. Mat. 1: 1, 15: 22), parecería indicar que tenía al
menos una vaga idea de la identidad de Jesús. No hay modo de saber si empleó
este título sólo porque sus vecinos judíos lo habían usado al hablar de las
maravillas realizadas por Jesús, o si con ello expresaba cierta medida de fe en
que Jesús era el Mesías.
26.
No está bien.
Aquí Cristo expresa la actitud característica de los judíos que consideraban
que los gentiles eran indignos de recibir las bendiciones del cielo.
Pan.
Aquí se hace alusión al pan de la salvación (cf., Juan 6: 32), el cual había
sido confiado por Dios a los judíos, sus hijos, para que ellos lo distribuyeran
entre los gentiles, pero que estaban conservando egoístamente para sí mismos
(PVGM 233-235).
Perrillos.
Gr. kunárion, "perrito", aquí empleado para referirse a los gentiles (ver com.
cap. 7: 6). El uso del diminutivo parecería atenuar en parte el sentido
despectivo del vocablo. Los judíos creían que las bendiciones de la salvación
se malgastarían si se las concedía a los gentiles, quienes, según la opinión de
los judíos, carecían de la capacidad de apreciar esas bendiciones o de
beneficiarse de ellas. La mujer bien podría haberse desanimado por la actitud
de desprecio que Cristo pareció asumir para con ella, pero Jesús estaba
confiado de que la fe de ella no faltaría. La mujer, por su parte, parecía
estar segura de que Cristo podía conceder lo que su corazón deseaba si tan sólo
él lo quería (ver com. Mar. 1: 40). El orgullo y el prejuicio no significaban
nada para ella y no se dejó afectar por ellos. Su fe y su perseverancia son
verdaderamente dignas de encomio.
27.
Sí, Señor.
Detrás de la indiferencia que Jesús parecía manifestar para con su anhelante
ruego (ver com. vers. 23, 26), la mujer parece haber detectado la tierna
compasión que fluía a raudales del amante corazón de Cristo. Sin duda, el mero
hecho de que tratara el asunto con ella -en vez de despacharla bruscamente como
lo habrían hecho los rabinos- le dijo ánimo para creer que Jesús accedería a su
luego. La voz del Maestro no mostraba ningún rastro de impaciencia y su rostro
sólo revelaba la serena dignidad y la infinita ternura que siempre dejaba
traslucir.
Migajas.
Gr. psijíon, forma diminutivo que se traduce como "migaja" o "pizca". Aun los
perrillos (ver com. vers. 26) tienen derecho a las miguitas que sus amos les
dan. Esta notable mujer estuvo lista a ubicarse en cualquier nivel social que
Cristo le pudiera asignar, sin ni siquiera discutirlo, si tan sólo él le
concedía lo que pedía. Comparar esto con la persistencia del leproso frente a
grandes obstáculos (ver com. Mar. 1: 40-45).
28.
Grande es tu fe.
La mujer hizo frente a la prueba, y su fe permaneció firme. Estaba segura de
que Cristo podía sanar a su hija. Comparar con lo que dijo Cristo del
centurión (ver com. Luc. 7: 9).
Aquella hora.
Así como había ocurrido en el caso del hijo del noble (Juan 4: 43-54) y con el
siervo del centurión (Luc. 7: 1-10), la hija de la mujer cananea fue sanada a
la distancia, no en la presencia inmediata de Jesús. Como había ocurrido en
esos otros casos, la curación fue inmediata y completa.
29.
Pasó Jesús de allí.
[Jesús sana a muchos, Mat. 15:29-31 = Mar. 7:31-37. Comentario principal:
Marcos.]
32.
Llamando a sus discípulos.
[Alimentación de los cuatro mil, Mat. 15:32-39 = Mar. 8:1-10. Comentario
principal: Mateo. Ver mapa p. 211; diagrama p. 221; con referencia a milagros,
ver pp. 198-203.] En relación con los acontecimientos que precedieron
inmediatamente a este episodio, ver com. vers. 21. Respecto al lugar donde se
realizó el milagro, ver com. Mar. 5: 1. Con referencia a otro milagro en la
misma región y a la relación entre los dos episodios, ver com. Mar. 5: 18-20.
La Nota Adicional del cap. 15 presenta una comparación entre los dos milagros.
Según la cronología adoptada por este Comentario, la alimentación de los cuatro
mil habría ocurrido en el verano del año 30, quizá a fines de junio o a
principios de julio. La alimentación de los cinco mil habría sucedido antes,
por el tiempo de la pascua (ver com. Mat. 15: 21; Juan 6: 4). 412
Tengo compasión.
El Salvador siempre se siente conmovido por las angustias y los sufrimientos
humanos (Heb. 4: 15).
La gente.
Según el Deseado de todas las gentes, la mayoría de los que escuchaban a Jesús
eran gentiles (p. 371). Aunque antes habían sentido prejuicios contra Jesús,
ahora no sólo parecían simpatizar con él, sino que tenían gran interés en
oírlo.
Tres días.
Según el cómputo inclusivo, comúnmente empleado en el Cercano Oriente en
tiempos bíblicos, esto correspondería a un día completo más partes del día
anterior y del día posterior (ver pp. 239- 242). La gente sin duda había
llevado comida para un día, o quizá para dos, por lo cual Jesús no se preocupó
hasta el tercer día.
No sea que desmayen.
La gente tenía hambre y Jesús estaba preocupado por su bienestar físico, así
como lo había estado por su bienestar espiritual.
33.
Sus discípulos le dijeron.
Cf. Mar. 6: 35-37.
34.
¿Cuántos panes?
Con referencia a la misma pregunta en ocasión de la alimentación de los cinco
mil y con referencia a los panes, ver com. Mar. 6: 38.
Unos pocos pececillos.
Eran pocos y, a la vista de los discípulos, eran tan pequeños que resultaban
insignificantes.
35.
En tierra.
Es interesante notar que en ocasión de la alimentación de los cinco mil, se
sentaron en "la hierba" (Mat. 14: 19), pero en esta oportunidad se sentaron en
la tierra o en el suelo. Esta es una de las varias diferencias que se enumeran
en la Nota Adicional del cap. 15.
36.
Dio gracias.
Ver com. Mar. 6: 41.
37.
Comieron todos.
Ver com. Mar. 6: 42.
Los pedazos.
Ver com. Mar. 6: 43.
Canastas.
Gr. spurís, una canasta grande hecha de mimbre o de juncos (ver com. Mar. 6:
43).
38.
Cuatro mil hombres.
Según Elena de White, había presentes en la alimientación de los cinco mil unas
diez personas, contando a los niños y las mujeres (DTG 749). Si la proporción
se hubiera mantenido, habría habido en esta ocasión unas ocho mil personas,
contando a hombres, mujeres y niños. Otros autores sugieren que la proporción
de niños y mujeres sería bastante menor.
39.
Magdala.
La evidencia textual se inclina por (cf. p.147) "Magadán". Marcos usa el
nombre Dalmanuta (cap. 8: 10). Posiblemente se daban diferentes nombres para
un mismo lugar. Suele identificarse a Magdala con Khirbet Meydel, cerca del
extremo sur de la llanura de Genesaret, en la ribera oeste del lago, entre
Capernaúm y Tiberias.
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 15
Quienes ponen en duda la historicidad de los Evangelios han sostenido que la
alimentación de los cuatro mil no es más que otra versión del relato de la
alimentación de los cinco mil. Aducen que hay muchos detalles similares, entre
los cuales sobresale la actitud de los discípulos cuando Cristo les propuso que
alimentaban a tanta gente en un lugar tan aislado. Sin embargo, por muchas
razones puede afirmarse que Jesús alimentó a las multitudes en forma milagrosa
en dos ocasiones diferentes, y que no se trata de dos versiones de un mismo
relato.
Pueden señalarse varios parecidos entre la alimentación de los cinco mil y la
de los cuatro mil: (1) la región donde ocurrió el milagro, en algún punto de la
orilla este o noreste del mar de Galilea; (2) una gran multitud reunida en un
lugar descampado para escuchar a Jesús; (3) la falta de alimento y la
preocupación de Jesús por esa situación; (4) las indicaciones de Jesús para que
los discípulos tomaran la iniciativa de encontrar alimento para la multitud:
(5) la incredulidad reflejada en la respuesta de los discípulos y la pregunta
de Jesús en cuanto al alimento disponible; (6) la multitud sentada en el suelo;
(7) la bendición, el partimiento, y la distribución de los panes y los peces;
(8) la gran cantidad de alimento que sobró; (9) la despedida de la multitud; y
(10) el retorno a la orilla occidental del lago.
También pueden señalarse puntos de diferencia entre una ocasión y otra: (1) el
contexto indica que una vez llegaron por mar, la otra por tierra; (2) la
primera ocurrió cerca de Betsaida Julias, la segunda quizá más al sur, cerca de
Gergesa; (3) la primera vez se alimentó a los judíos que iban camino a
Jerusalén para la pascua (DTG 332), la segunda vez a gentiles que vivían en la
zona (DTG 371); (4) en la primera ocasión Jesús enseñó sólo un día, en la
segunda enseñó tres días; 413 (5)en la primera ocasión Jesús se había retirado
para estar solo con sus discípulos, en la segunda estaba en la región sanando a
los enfermos; (6) la primera vez fue en seguida del tercer viaje por Galilea,
la segunda fue después de un viaje por Fenicia; (7) la primera vez la multitud
parece haberse reunido sin preparativos previos y no tenía alimentos; la
segunda vez la multitud parece haber tenido algunas provisiones, quizá para un
día o dos, lo que indicaría que se había planificado esta reunión; (8) en un
caso fueron cinco mil los hombres, en el otro fueron sólo cuatro mil; (9) en la
primera ocasión los discípulos presentaron el problema y propusieron despedir a
la multitud, en la segunda ocasión Jesús presentó el problema, lo que implicaba
que los discípulos debían atenderlo; (10) en la primera ocasión había pasto
verde, en la segunda, se sentaron en "tierra"; (11) en la primera ocasión se
describe la forma ordenada en que se hizo sentar a la gente, en la segunda vez
nada se dice al respecto; (12) la primera vez se usaron canastas del tipo
kófinos, la segunda vez se usaron canastas del tipo spurís; (13) en la primera
ocasión se recogieron doce canastas (kófinoi) de sobras, en la segunda se
juntaron siete (spurídes); (14) en la primera ocasión Jesús mandó a los
discípulos que cruzaran el lago sin él, la segunda vez los acompañó; (15)
después de la primera vez se dirigieron a Capernaúm y llegaron a Genesaret, la
segunda vez fueron a Magdala; (16) la primera ocasión fue seguida de una
tormenta en el mar, no hay tormenta después de la segunda vez.
Cuando se consideran estas comparaciones, puede verse que las similitudes son
más bien de una naturaleza general, mientras que las diferencias son mayormente
asuntos de detalle. Podría argumentarse que un autor, al escribir años después
de ocurrido un hecho, tendería a recordar los aspectos generales del suceso, y
olvidaría los detalles menos importantes. Por esto, sería inevitable que los
relatos de dos autores, en este caso Marcos y Mateo, que describen un mismo
episodio, tuvieran numerosas diferencias en detalles, y que por eso algunos
pudieran pensar que los dos relatos tuvieron un origen común. Sin embargo, es
importante notar que Mateo, testigo ocular de los milagros de Jesús y que
podría considerarse como fidedigno respecto a ellos, registra dos relatos
acerca de ocasiones cuando Jesús alimentó en forma milagrosa a las multitudes.
Sería difícil concebir que Mateo tuviera alguna razón para escribir dos
versiones del mismo acontecimiento como si hubieran sido dos sucesos
diferentes. Cabe señalar que Marcos también relata dos casos de alimentación
milagrosa de grandes multitudes.
Quizá la prueba más fehaciente de que fueron en verdad dos las ocasiones cuando
Jesús alimentó milagrosamente a las multitudes sea el registro escrito tanto
por Mateo como por Marcos, según el cual Jesús mismo dio testimonio de que
había realizado un milagro similar en dos ocasiones (Mat. 16: 9-10; Mar. 8:
19-21). Es importante notar que de los cuatro evangelistas sólo Mateo y Marcos
registran ambos milagros, y que consignan este testimonio de Jesús en cuanto a
los dos milagros.
Una razón por la cual los críticos no quieren aceptar que Jesús hubiera
alimentado milagrosamente a las multitudes en dos ocasiones diferentes, es que
en la segunda vez los discípulos estaban tan poco preparados para esta
manifestación del poder de Cristo como lo habían estado en la primera ocasión
(Mat. 15: 33; cf. Mar. 6: 35-37). Según la cronología que se ha expuesto, no
habrían transcurrido más de unos cuatro meses desde un milagro hasta el otro.
Parece difícil creer que los discípulos hubieran sido tan lentos en comprender
como lo fueron en esta ocasión. Sin embargo, sólo hace falta considerar el
caso de los antiguos israelitas durante su peregrinación por el desierto,
cuando una multitud mucho más grande fue alimentada repetidas veces en forma
milagrosa, y a pesar de ello, murmuraban y carecían de fe, para ver que tal
olvido tiene paralelos. En verdad, los discípulos no sólo se olvidaron
rápidamente del primer milagro, sino que, como se desprende de las palabras de
Jesús (Mat. 16: 9-10; Mar. 8: 19-21) parecen haberse olvidado con igual rapidez
de los dos milagros.
Además, debe señalarse que cuando Jesús alimentó a la primera multitud, la gran
mayoría de los presentes eran judíos, quizá aptos para recibir el "pan del
cielo", mientras que en la segunda ocasión los que comieron eran casi
exclusivamente gentiles (DTG 371-372). En relación con este hecho, debe
señalarse que hacía relativamente poco que Jesús había afirmado que "no está
bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos" (Mat. 15: 26). Sin
duda, esta afirmación no se 414 aplicaba ni en forma literal ni en forma
figurada, pero por escasa capacidad de comprensión (cf. cap. 16: 6-11), los
discípulos parecen haberla tomado en forma literal. Menos de 24 horas más
tarde Jesús debió reprenderlos de nuevo por no haber comprendido sus palabras
(vers. 9-12). Para los discípulos, lo maravilloso e inesperado no era que
Jesús pudiese proveer de pan a la multitud, sino que estuviera dispuesto a
hacerlo en favor de los gentiles.
Otros argumentos, aunque quizá de menos importancia que los anteriores, apoyan
también el hecho de que Jesús alimentó milagrosamente a las multitudes en dos
ocasiones.
1. El hecho de que la multitud permaneciera con Jesús por tres días en la
segunda ocasión y, al parecer, tuvo comida hasta el tercer día, hace pensar que
la gente había venido preparada con provisiones para uno o dos días. Es decir,
sabían dónde habrían de encontrar a Jesús, y parece que esperaban pasar algún
tiempo con él. El hecho adicional de que algunos hubieran llegado desde muy
lejos (Mar. 8: 3) pareciera indicar que ésta fue una reunión previamente
planeada, cosa que no ocurrió en el primer caso. Pero el relato evangélico
proporciona una explicación satisfactoria de cómo la gente se reunió de este
modo, aunque esta información no aparece en relación con el mismo relato. Los
dos endemoniados sanados habían relatado su historia en toda Decápolis (Mar. 5:
20; Luc. 8: 39). Habían realizado esa obra con fervor y efectividad, y en toda
la región se había suscitado gran interés en ver a Jesús (Luc. 8: 40; DTG 371).
Cuando Jesús regresó, muchos meses más tarde, los dos que antes habían estado
endemoniados, acompañados sin duda de muchos otros, divulgaron la noticia y
quizá con el consentimiento de Jesús invitaron a la gente a que viniera de
lejos y de cerca para escucharlo.
2. En la primera ocasión las canastas en las cuales juntaron las sobras eran
kófinoi (plural de kófinos), canastos pequeños para llevar en la mano, y en la
segunda ocasión fueron spurídes (plural de spurís), canastas grandes (ver com.
Mar. 6: 43). Podría explicarse esta diferencia sugiriendo que en la primera
ocasión los discípulos llevaban kófinoi, canastitos como los que acostumbraban
llevar los judíos en viajes cortos, y que en esa ocasión hicieron un viaje
corto de 15 km en menos de 24 horas. En la segunda ocasión, acababan de hacer
un viaje de unos 80 a 120 km, durante varias semanas, por zonas donde
predominaban los gentiles. Al hacer tal viaje, no sería extraño que los
discípulos llevaran spurídes (ver com. Mar. 6: 43), canastas más grandes. Si
en los relatos se hubieran usado las canastas grandes para el viaje corto y las
canastas pequeñas para el viaje largo, parecería haber una discrepancia. El
hecho de que Jesús al referirse a las dos ocasiones hiciera la distinción entre
los dos tipos de canastas testifica nuevamente de que fueron dos milagros
diferentes (Mat. 16: 9-10; Mar. 8: 19-20). Corresponde recordar que la
diferencia entre los dos tipos de canastas no sólo era en cuanto al tamaño,
sino también en cuanto a la clase. Al relatar los hechos Mateo y Marcos
mantienen claramente la distinción en los nombres.
3. En ocasión de la alimentación de los cinco mil se menciona la hierba verde
(Mat. 14: 19; Mar. 6: 39; Juan 6: 10), mientras que en el caso de la
alimentación de los cuatro mil, no hay mención alguna de hierba. El primer
milagro ocurrió pocos días antes de la pascua, es decir, en la primavera, quizá
a fines de marzo o a principios de abril del año 30 d. C. (ver com. Mar. 6:
30). En Palestina las últimas lluvias de importancia caen en marzo, y por lo
general la hierba se seca en la temporada cuando no llueve, que comienza pocas
semanas más tarde (ver. t. II, p. 113). Tanto Mateo como Lucas registran hechos
que deben haber ocupado por lo menos varias semanas entre los dos milagros (ver
com. Mar. 7: 1; Mat. 15: 21). De este modo, no sería extraño que la hierba
estuviera seca cuando ocurrió la alimentación de los cuatro mil. Estos
detalles en los dos relatos parecerían confirmar que fueron dos milagros y con
cierto tiempo de por medio. Si se hubiera mencionado la hierba verde en
ocasión del segundo milagro y no en la ocasión del primero, parecería haber una
discrepancia.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-39 DTG 360-372
2-4 DTG 361
6 PVGM 219
7-9 DTG 362
8 IT 188 415
8-9 PR 35; 6T 249
9 DTG 364; Ev 159, 428-429; FE 438, 448; PP 162; PVGM 219; 5T 81; 8T 120; TM
231
11 DTG 363
12-13 DTG 363
14 2JT 432; PE 68; 3T 467,554; TM 400
18 TM 415
19 DTG 143
22 DTG 365; 3JT 178
23-24 DTG 366
24 DTG 368
25-28 DTG 367
29-32 DTG 371
31 PR 50
33-39 DTG 372
CAPÍTULO 16
1 Los fariseos piden una señal (milagro). 6 Jesús previene a sus discípulos en
cuanto a la levadura de los fariseos y los sebuceos. 13 La opinión del pueblo
sobre Cristo, 16 y la confesión de Pedro. 21 Jesús anuncia su muerte; 23
reprende a Pedro por aconsejarlo que la evite, 24 y amonesta a sus seguidores a
que tomen la cruz y le sigan.
1 VINIERON los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les
mostrase señal del cielo.
2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el
cielo tiene arreboles.
3 Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo
nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las
señales de los tiempos no podéis!
4 La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino
la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.
5 Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.
6 Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los
saduceos.
7 Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan.
8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres
de poca fe, que no tenéis pan?
9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres,
y cuántas cestas recogisteis?
10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?
11 ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os
guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura
del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos,
diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o
alguno de los profetas.
15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente.
17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás,
porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi
iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en
la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será
desatado en los cielos.
20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el
Cristo.
21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era
necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales
sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor,
ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 416
23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me
eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los
hombres.
24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda
su vida por causa de mí, la hallará.
26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su
alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y
entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
28 De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la
muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.
1.
Fariseos.
[La demanda de una señal, Mat. 16: 1-12 = Mar. 8: 11-21. Comentario
principal: Mateo. Ver mapa p. 211; diagrama p. 221.] Por lo menos hubo dos
ocasiones cuando Jesús se refirió a la exigencia de una señal. La primera vez
fue en relación con el sermón junto al mar, el cual, según la cronología
adoptada por este Comentario, posiblemente ocurrió hacia fines del año 29 d. C.
(ver com. cap. 12: 22, 38-39). Esta segunda ocasión podría haber ocurrido unos
nueve meses más tarde, quizá a mediados del año 30 d. C. Con referencia a los
sucesos que precedieron a esta segunda ocasión cuando se presentó la demanda de
una señal, ver com. cap. 15: 21,32.
Y los saduceos.
Aquí, por primera vez, se encuentra el registro de que los saduceos se unieran
con los fariseos para intentar hacer callar a Jesús. Pocas semanas antes,
Jesús se había ido de Galilea para alejarse de quienes siempre andaban
criticándolo (ver com. cap. 15: 21). Ahora, cuando apenas había regresado a
Galilea, renovaron sus ataques contra Cristo.
Para tentarle.
Gr. peirázÇ, "tentar", "poner a prueba" (ver com. cap. 4: 1). Ya que una vez
habían puesto a Jesús frente a esta misma pregunta, sin duda podían imaginarse
cuál sería su respuesta (ver com. cap. 12: 38). Cristo se negaría a dar una
señal; y ellos, sin duda, se proponían presentar esta negativa como una
evidencia de que las pretensiones mesiánicas de Cristo eran falsas. Estaban
poniéndolo a prueba, así como lo había hecho Satanás en el desierto (ver com.
cap. 4: 7), no con el sincero deseo de que algo pudiera convencerlos, sino más
bien con la esperanza de que Jesús no lo haría y les diera así la oportunidad
de acusarlo y negar sus afirmaciones. Evidentemente, Jesús tenía el poder de
obrar milagros, pero siempre se negó a realizarlos ante tales circunstancias
(ver com. cap. 4: 3-11), pues sus milagros respondían siempre a auténticas
necesidades (DTG 334).
Señal.
Ver p. 198.
Del cielo.
Ver com. cap. 12: 38-39. Hasta este momento, Jesús había realizado toda clase
de milagros, entre ellos, demostraciones de poder sobre la enfermedad, los
demonios, la muerte y las fuerzas de la naturaleza. Cada milagro había sido la
respuesta divina a una necesidad genuina (DTG 334). El hecho de que todos los
milagros de Jesús redundaran en una bendición para la humanidad, en verdad era
la mejor evidencia del poder divino mediante el cual Jesús realizaba todos sus
milagros. Pero los fariseos y saduceos querían una "señal del cielo" y negaban
que los muchos milagros realizados por Jesús fueran una evidencia satisfactoria
del origen divino de su misión. Al parecer, buscaban una señal que fuera
enteramente ajena al ámbito humano, como un trueno fuera de tiempo (ver com. 1
Sam. 12: 17), o fuego que descendiera del cielo (ver com. 2 Rey. 1: 10), o que
el sol se detuviera (ver com. Jos. 10: 12). Estaban listos a afirmar que si
Jesús no hacía alguna de estas cosas, no era ni siquiera tan grande como los
profetas Samuel y Elías de la antigüedad. Aunque probablemente habían oído que
un ángel había anunciado el nacimiento de Jesús a los pastores de Belén (Luc.
2: 8-14), que los magos habían sido guiados a Jerusalén por una estrella (Mat.
2: 1-6), y que una paloma había descendido sobre Jesús y se había oído una voz
desde el cielo en ocasión de su bautismo (cap. 3: 16-17) -todos ellos milagros
que bien podían llamarse señales del cielo-, se negaban a reconocer estas
evidencias directas de que Jesús era el Hijo de Dios (ver com. cap. 13: 13-16).
No tenían conocimiento porque preferían rechazar la luz (ver com. Ose. 4: 6).
2.
Cuando anochece.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 147) la omisión de este trozo desde estas
palabras hasta el final del vers. 3. 417 En Luc. 12: 54-56 se presenta una idea
similar con palabras diferentes. Parecería que esta fue una ilustración
empleada por Jesús en repetidas ocasiones. Aquí, en Mateo, cuadra
perfectamente con el contexto.
Buen tiempo.
Jesús se refiere aquí al clima. El viento que traía nubes del Mediterráneo
hacia el oeste de Palestina, comúnmente originaba lluvia, mientras que el
viento del desierto de Arabia hacia el sudeste significaba tiempo caluroso y
seco.
3.
Tiene arreboles.
Literalmente, "está rojo" o "tiene color de fuego".
Cielo nublado.
Gr. stugnázÇ, "tener apariencia triste" (Mar. 10: 22) o "estar oscuro", quizá
con apariencia de amenaza de tormenta.
¡Hipócritas!
La evidencia textual establece la omisión de esta palabra. Sin embargo, no
cabe duda de que los fariseos y saduceos eran hipócritas (cf. cap. 23: 13-29;
etc.; DTG 376).
Sabéis distinguir.
Gr. diakrínÇ, "discernir", "distinguir".
Las señales de los tiempos.
Ver vers. 2; p. 198. La actitud de los fariseos y de los saduceos era en sí
misma una señal de los tiempos, una evidencia de la "tempestad" que existía
entre los judíos respecto a su opinión acerca del Mesías.
4.
Mala y adúltera.
Era mala porque no tenía percepción moral y espiritual. Era adúltera porque
era desleal a Dios (ver com. cap. 12: 39).
No le será dada.
Los que acusaban a Jesús necesitaban una regeneración espiritual interior, no
alguna evidencia externa (DTG 372). Las mismas palabras que Jesús hablaba eran
una señal impresionante, si tan sólo ellos se disponían a prestarles atención.
Profeta Jonás.
Cristo consideró que el poder de la predicación de Jonás para convertir era una
"señal" para los ninivitas, así como su propia predicación era una señal para
la gente de sus tiempos (DTG 372). En segundo lugar, hizo notar el factor
tiempo -tres días y tres noches- en el caso de Jonás (ver. pp. 239-242).
Se fue.
Ver com. cap. 10: 14, 23; 15: 21. Jesús se negó a continuar discutiendo con
esos hipócritas. Era inútil hacerlo, pues ellos no se convencerían, ni tampoco
aprenderían alguna cosa los que escuchaban la discusión. Si se seguía la
polémica, la gente se confundiría y los fariseos y saduceos se afirmarían en su
posición de deliberada incredulidad e impostura.
5.
Al otro lado.
Se dirigían a Betsaida Julias (ver com. Mat. 11: 21 ; Mar. 6: 31 ; 8: 22), a
unos 12 km de Magdala. El relato, tal como se registra en Mar. 8: 13-22,
parecería indicar que la conversación entre Jesús y los discípulos ocurrió en
la barca cuando iban cruzando el lago. Mateo dice claramente que fue después
que llegaron "al otro lado" (cf. DTG 374).
Se habían olvidado.
Al salir precipitadamente de Magdala, debido a la controversia con los fariseos
y los saduceos, se habían olvidado del pan. Betsaida Julias se encontraba en
territorio habitado por gentiles, y era normal que un judío se aprovisionara
antes de llegar a tal lugar a fin de no tener que comprar alimentos de quienes
no fueran judíos.
6.
La levadura de los fariseos.
Ver com. cap. 13: 33. Aquí la levadura se refiere específicamente a la
doctrina de los fariseos y de los saduceos (cap. 16: 12), es decir, a sus
principios y sus enseñanzas. Así como la levadura leuda toda la masa, así
también los principios que una persona adopta saturan su vida. La comparación
es apropiada, no importa si los principios son buenos o malos. El espíritu, la
enseñanza y el carácter de los dirigentes religiosos, revelados en su
hipocresía, su orgullo, su ostentación y su formalismo, inevitablemente
afectarían la vida de quienes los estimaran y cumplieran con sus instrucciones.
En este caso específico Jesús se refería al espíritu de los fariseos y
saduceos (cf. Mar. 8: 15), que los había llevado a pedir una señal. Más tarde
comparó la hipocresía de ellos con la levadura (Luc. 12: 1).
7.
Pensaban dentro de sí.
Esta frase también puede traducirse "hablaban entre sí".
No trajimos pan.
Ver com. vers. 6. Según Mar. 8: 14, habían llevado consigo un pan, pero eso no
era suficiente para todos. Según Elena de White, comprendieron mal la
advertencia de Jesús y creyeron que no debían comprar pan de uno que fuera
fariseo o saduceo (DTG 375). ¡Cuán lentos eran los discípulos en razonar de
causa a efecto y en captar las verdades espirituales que Cristo procuraba
impartirles!
8.
Entendiéndolo Jesús.
Jesús no necesitaba oír lo que decían sus discípulos para saber lo que estaban
pensando (ver com. Mar. 2: 8).
Hombres de poca fe.
Ver com. Mat. 8: 26; cf. Mat. 6: 30; Heb. 11: 6. Es necesario tener fe para
poder percibir las verdades espirituales. En parte, la dificultad de los
discípulos se debía a que no comprendían el verdadero carácter de los fariseos
y de los saduceos (DTG 363, 375). 418 Todavía aceptaban la simulada piedad de
estos dirigentes religiosos como auténtica religiosidad, sin comprender que
era sólo una máscara y que los fariseos y saduceos eran hipócritas.
9.
¿No entendéis aún?
Jesús estaba chasqueado frente a la lentitud de ellos en comprender la verdad
espiritual (ver com. Mar. 6: 37). Sólo unas pocas horas antes, había
proporcionado alimento a cuatro mil hombres, y unas pocas semanas antes, a
cinco mil. ¿Por qué habían de pensar que Jesús estaba preocupado por la falta
del pan material?
Cinco mil.
Ver com. Mar. 6: 30-44.
10.
Cuatro mil.
Ver com. cap. 15: 32-39.
13.
Viniendo Jesús.
[Retiro de Cesarea de Filipo; la confesión de Pedro, Mat. 16: 13-28 = Mar. 8:
27 a 9: 1 = Luc. 9: 18-27. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 211;
diagrama p. 221.] Según la cronología adoptada por este Comentario, es probable
que el viaje a Cesarea de Filipo ocurriera a mediados del año 30 d. C., en el
verano durante el medio año cuando Jesús se retiró del ministerio público y se
dedicó principalmente a instruir a sus discípulos. Esta fase del ministerio de
Cristo duró desde cuando fue rechazado en Capernaúm, aproximadamente por el
tiempo de la pascua (ver com. Juan 6: 66) en la primavera, hasta la fiesta de
los tabernáculos en el otoño (ver com. Juan 7: 2). Para evitar conflictos con
los dirigentes judíos y los espías que lo seguían (ver com. Mar. 7: 1), Jesús
ya había pasado varias semanas más allá de los límites de Galilea, en Fenicia y
Decápolis (ver com. Mat. 15: 21-22; Mar. 7: 31). Pero tan pronto volvió a
Galilea, los espías enviados por el sanedrín se presentaron otra vez para
desafiarlo (ver com. Mat. 16: 1), y se retiró de Galilea hacia Betsaida
Julias, en territorio de Felipe (ver p. 67; com. Mar. 8: 22; mapa frente a la
p. 353). Los espías no le siguieron.
Cesarea de Filipo.
Saliendo de Betsaida Julias, Jesús y sus discípulos viajaron aproximadamente 40
km hacia el norte a la región de Cesarea de Filipo, principal ciudad de Iturea,
la cual era administrada por Felipe, hermano de Herodes Antipas, tetrarca de
Galilea (ver p. 66; mapa frente a la p. 353). Esta ciudad, cuyo nombre
original fue Paneas, se llama ahora Baniyas. El nombre Paneas se relaciona con
el dios griego Pan, dios de los rebaños, las pasturas, los bosques, la fauna
silvestre, y dios patrono de pastores y cazadores. Desde una gruta,
antiguamente dedicada al culto de Pan, en un cerro cerca de Baniyas (Cesarea de
Filipo), surge una corriente cristalina, una de las fuentes del río Jordán.
Felipe reconstruyó y hermoseó la ciudad de Paneas y le puso el nombre de
Cesarea de Filipo, en honor de Tiberio César y de sí mismo (Josefo,
Antigüedades xviii. 2.1 ; Guerra ii. 9. 1).
Preguntó.
El griego emplea el pretérito imperfecto, "preguntaba", lo que insinúa una
discusión o conversación prolongada. Cristo se había retirado a esta región
habitada por gentiles, en parte para escapar de los espías que no le daban
tregua mientras permanecía en Galilea, y también en parte para tener la
oportunidad de instruir a sus discípulos y prepararlos para la hora de crisis
con la cual pronto terminaría el breve ministerio de Jesús (DTG 379). La
conversación que se registra a continuación evidentemente ocurrió mientras
Jesús y sus discípulos iban de viaje (Mar. 8: 27), al final de uno de los
períodos dedicados a la oración por el Maestro (cf. Luc. 9: 18). Estos
detalles del relato sugieren la posibilidad de que Jesús y sus discípulos
hubieran pasado la noche al aire libre, en algún punto de los cerros vecinos al
monte Hermón, y que Jesús había pasado la noche en oración o se había levantado
temprano y se había retirado a orar en algún lugar tranquilo y apartado.
Estaba a punto de comenzar a instruir a sus discípulos en cuanto a las últimas
escenas de su ministerio terrenal. Por eso buscó la dirección divina para
poder explicarles esas cosas tan poco agradables, y oró para que ellos pudieran
estar preparados para recibir lo que él tenía para impartirles (DTG 379).
¿Quién dicen los hombres?
Jesús comenzó a hablar de su pasión inminente dirigiendo los pensamientos de
los discípulos a sí mismo como el Mesías. Al parecer, nunca antes había
tratado este tema en forma directa. Era esencial que lo reconocieran como el
Mesías antes de que pudieran comprender en sentido alguno el significado de su
sacrificio en el Calvario. Si sólo fuera reconocido como un maestro "venido de
Dios" (Juan 3: 2) o como uno de los antiguos profetas resucitado de entre los
muertos (ver com. Mat. 16: 14), su muerte no podría haber tenido más
importancia que la de cualquier otro gran hombre bueno. Serviría de ejemplo,
pero no sería vicaria. No tendría virtud expiatoria. El que 419 quiere hallar
la salvación en la cruz del Calvario, debe primeramente reconocer que Aquel que
pendió en la cruz no fue otro sino el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el
Mesías, el Cristo. Solamente si se reconoce a Jesús de Nazaret como Mesías, se
tiene la base para comprender y apreciar la cruz en su verdadera perspectiva.
Por supuesto, Jesús sabía perfectamente lo que la gente pensaba de él. Conocía
también el concepto erróneo que tenían de la naturaleza del reino que había
venido a establecer (ver com. Luc. 4: 19). Jesús formuló esta pregunta a los
discípulos a fin de prepararlos para la siguiente pregunta: "Y vosotros, quién
decís que soy yo?" (Mat. 16: 15). La fe de los discípulos resaltaba más en
contraste con la incredulidad o la poca fe del resto de sus compatriotas. Sin
duda, ellos estaban en mejor condición de creer pues habían estado en íntima
relación con el Maestro por algún tiempo.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mar. 2: 10.
14.
Unos... otros.
Los discípulos presentaron cuatro opiniones que habían oído acerca de Jesús.
En todas esas opiniones si bien se reconocía a Jesús como un gran hombre, en
ninguna se lo reconocía como a Dios. Así había ocurrido en el caso de Nicodemo
(ver com. Juan 3: 2). Con referencia a una afirmación anterior respecto a la
reacción pública ante la persona de Jesús, ver com. Mar. 6: 14-16.
Juan el Bautista.
Esta era una verdadera alabanza para Juan y la impresión hecha por su breve
ministerio en el pensamiento del pueblo, y aun en la endurecida conciencia de
Herodes Antipas (ver com. Mat.
3: 1; Mar. 6: 14-16). Las diversas opiniones que tenían los hombres acerca de
Jesús eran una triste admisión de que, a pesar de todas las evidencias
proporcionadas por el cielo, los suyos no le habían reconocido como lo que en
verdad era, el Mesías de la profecía del AT (Juan 1: 11; Luc. 24: 25-27).
Elías.
Ver com. Juan 1: 19-25.
Alguno de los profetas.
Ver com. Deut.18: 15.
15.
¿Quién decís?
La construcción griega es, como la española, enfática: "Vosotros, ¿quién decís
que soy?" Ver en Juan 6: 66-69 una conversación similar entre Jesús y sus
discípulos. Algunos de los discípulos habían sido compañeros constantes de
Jesús durante más de un año; otros lo habían sido como por dos años. Mucho más
que los otros hombres, ya habían tenido la oportunidad de observar las muchas
evidencias de la divinidad de Jesús (ver com. Juan 1: 1-3). En este momento,
Jesús les dio la oportunidad de testificar de su fe. Aunque todavía no
comprendían perfectamente a Jesús, Andrés, Felipe y Natanael parecen haber
creído desde un principio que Jesús era el Mesías (Juan 1: 40-49; DTG 114).
Después del incidente de la tormenta en el lago, todos los discípulos lo habían
adorado (ver com. Mat. 14: 33), y luego de la crisis en Galilea habían
profesado fe en él como Hijo de Dios (Juan 6: 68-69).
16.
Respondiendo Simón Pedro.
Según Elena de White, Pedro expresó no sólo su convicción, sino también la de
sus compañeros (DTG 380, 383). En parte por su impulsividad, en parte por sus
dotes de liderazgo, Pedro fue el primero en contestar ahora, como en otras
ocasiones (ver Juan 6: 68-69; com. Mat. 14: 28; com. Mar. 3: 16).
Tú eres el Cristo.
En cuanto al significado del título "Cristo", ver com. cap. 1:1. Aunque muchos
ya habían rechazado la idea de que Jesús pudiera ser el Mesías de la profecía
(ver com. cap. 16: 13-14), los discípulos le seguían siendo leales, aunque
entendían en forma imperfecta lo que esta creencia implicaba. Por supuesto,
más tarde la comprendieron (cf. Luc. 24: 25-34). Si no comprendían por fe
esta verdad fundamental y se aferraban a ella, también ellos fracasarían del
todo en comprender que el Mesías debía sufrir. Así y todo, cuando llegó la
hora extrema, "todos los discípulos, dejándole, huyeron" (Mat. 26: 56). Aún
así, Jesús basaba las esperanzas futuras de la iglesia en este grupito de
testigos, y si ellos no creían que él era el Cristo, ¿qué esperanza habría de
que otros creyeran alguna vez en esta verdad sublime? (ver com. Juan 1: 11-12).
La idea de que Jesús era meramente un hombre bueno, un gran hombre, quizá el
mejor que alguna vez vivió, pero nada más que eso, es tan absurda como
increíble. El mismo dijo que era el Hijo de Dios y esperaba que sus seguidores
aceptaran también esta posición. O fue lo que afirmó ser, o fue autor u objeto
del mayor engaño, del mayor fraude de toda la historia. Uno que pretendiera
ser Hijo de Dios y animara a otros a considerarle como Salvador del mundo,
cuando no lo era, difícilmente podía ser digno de admiración, mucho menos de
adoración. Jesús de Nazaret fue el Cristo, el Hijo del Dios 420 vivo, o fue el
más colosal impostor de todos los tiempos.
Hijo del Dios viviente.
Ver com. Luc. 1: 35. Aunque Jesús aceptó que se le aplicara este título,
parece haberlo usado pocas veces para referirse a sí mismo. Jesús comúnmente se
denominaba Hijo del Hombre (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10), título que había
empleado al dirigirse a sus discípulos en esta ocasión (Mat. 16: 13). Cuando
Jesús preguntó quién decían ellos que era el Hijo del Hombre, los discípulos
respondieron: "El Hijo del Dios viviente" (ver com. Juan 1:1-3, 14; Nota
Adicional de Juan 1).
17.
Bienaventurado.
Ver com. cap. 5: 3. Jesús, con toda solemnidad, aceptó la confesión de fe de
Pedro. En la medida en que Pedro era el portavoz de todos (ver com. vers. 16),
la bendición que se pronunció sobre él les pertenecía a ellos también, siempre
que la fe de ellos alcanzara a la medida de la fe de Pedro.
Simón, hijo de Jonás.
Ver Juan 21: 15. Según la usanza judía, éste era el nombre completo de Pedro.
Se describe a Pedro en com. Mar. 3: 16.
Carne ni sangre.
Es decir, seres humanos. Con esta frase idiomática los judíos designaban a la
humanidad en su totalidad o a algún sector de la humanidad (cf. Gál. 1:
16-17).
Mi Padre.
Ver Juan 6: 45; 1 Cor. 2: 10. Con referencia a la forma en que Jesús empleó el
nombre "Padre" para referirse a Dios, ver com. Mat. 6: 9.
18.
Yo también te digo.
El Padre ya había revelado una verdad (vers. 17); Jesús le añade aquí otra.
Tú eres Pedro.
Llamando Pedro a Simón, hijo de Jonás (vers. 17), Jesús empleó el nombre que le
había puesto cuando por primera vez lo conoció (ver Juan 1: 40-42; com. Mat.
4: 18).
Sobre esta roca.
Estas palabras se han interpretado de diversas maneras: (1) que Pedro era "esta
roca", (2) que la fe de Pedro en Jesús como el Cristo era "esta roca", (3) que
Cristo mismo era "esta roca". Se han presentado persuasivos argumentos en
favor de cada una de las tres explicaciones. La mejor forma de determinar qué
fue lo que Cristo quiso decir con estas palabras difíciles de entender, es
preguntar a las Escrituras mismas qué era lo que esta figura de dicción
significaba para los oidores judíos, especialmente para aquellos que se la
oyeron a Jesús en esta ocasión (DMJ 7). El testimonio de los escritos de los
mismos discípulos es evidentemente superior a las ideas de los hombres que
después de ese tiempo han escrito u opinado acerca del supuesto sentido de las
palabras de Jesús. Felizmente, algunos de los que fueron testigos oculares en
esta ocasión (2 Ped. 1: 16; 1 Juan 1: 1-3) han dejado un registro claro e
inequívoco.
Por su parte, Pedro, a quien fueron dirigidas estas palabras, rechaza
enfáticamente, mediante sus enseñanzas, que la roca de la cual habló Cristo se
refería al apóstol mismo (Hech. 4: 8-12; 1 Ped. 2: 4-8). Mateo registra el
hecho de que Jesús empleó otra vez la misma figura, en circunstancias que
indican claramente que él mismo era la roca (ver com. Mat. 21: 42; cf. Luc.
20: 17-18). Desde tiempos antiguos, el pueblo hebreo había empleado la figura
de la roca para referirse específicamente a Dios (ver com. Deut. 32: 4; Sal.
18: 2; etc.). El profeta Isaías se refirió a Cristo como "gran peñasco en
tierra calurosa" (Isa. 32: 2), y como "piedra probada, angular, preciosa" (ver
com. cap. 28: 16). Pablo afirma que Cristo era la Roca que había acompañado a
su pueblo por el desierto en la antigüedad (1 Cor. 10: 4; cf. Deut. 32: 4; 2
Sam. 22: 32; Sal. 18: 31). En un sentido secundario, las verdades que Jesús
habló son también una roca en la cual los hombres pueden construir con toda
seguridad (ver com. Mat. 7: 24-25). Por otra parte, Cristo mismo es el
"Verbo" hecho "carne" (Juan 1: 1, 14; cf. Mar. 8: 38; Juan 3: 34; 6: 63, 68;
17: 8).
Jesucristo es "la roca de nuestra salvación" (DTG 381 ; cf. Sal. 95: 1; Deut.
32: 4, 15, 18). El es el único fundamento de la iglesia, porque "nadie puede
poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Cor. 3:
11), ni "en ningún otro hay salvación" (Hech. 4: 12). En estrecha relación con
Jesucristo "la principal piedra del ángulo" en el fundamento de la iglesia, se
encuentran los apóstoles y los profetas (Efe. 2: 20). Todos los cristianos han
de ser edificados como "piedras vivas" (Gr. líthos) para formar una casa
espiritual (1 Ped. 2: 5), un edificio cuya piedra angular es Cristo (Efe. 2:
20-21). El es la única "Roca" sobre la cual se afirma todo el edificio, porque
sin él no habría ninguna iglesia. Cuando creemos en él como Hijo de Dios,
nosotros también podemos llegar a ser hijos de Dios (Juan 1: 12; 1 Juan 3:
1-2). La comprensión de que Jesucristo es realmente el Hijo de Dios, tal como
Pedro lo afirmó en 421 esta ocasión (Mat. 16: 16), es la llave de la puerta de
la salvación (DTG 380-381). Es incidental y no fundamental el que Pedro fuera
el primero en reconocer este hecho y declarar públicamente su fe, la cual era
compartida también por sus compañeros (ver com. vers. 16).
San Agustín (c. 400 d. C.), el mayor de los teólogos católicos de los primeros
siglos de la era cristiana, de a que sus lectores decidan si Cristo dice que él
mismo es la roca o si dice que Pedro es la roca (Retracciones 1. 21. 1). Juan
Crisóstomo, patriarca de Constantinopla, célebre por su elocuencia (m. 407 d.
C.), dijo que Jesús había prometido poner el fundamento de la iglesia sobre la
confesión de Pedro, y no sobre Pedro, pero también dice que Cristo mismo es
verdaderamente nuestro fundamento (Comentario sobre Gálatas, cap. 1: 1-3;
Homilías sobre 1 Timoteo xviii. 6. 21). Eusebio, historiador de la iglesia
primitiva (m. 340 d. C.), afirma que Clemente de Alejandría escribió que Pedro,
Santiago y Juan no lucharon por la supremacía en la iglesia en Jerusalén, sino
que escogieron a Santiago el justo como dirigente (Historia eclesiástica ii.
1). Otros padres de la iglesia enseñaron lo mismo; tal fue el caso de Hilario
de Poitiers.
Cuando se buscó apoyo bíblico para las pretensiones del obispo de Roma a su
primacía en la iglesia (ver t. IV, p. 863), las palabras pronunciadas por
Cristo en esta ocasión fueron sacadas de su contexto original e interpretadas
en el sentido de que Pedro era "esta roca". León 1 fue el primer pontífice
romano en pretender que había recibido su autoridad de Cristo por medio de
Pedro. Esto sucedió por el año 445 d. C. Acerca de esta pretensión, Kenneth
Scott Latourette, conocido historiador de la iglesia, dice: "Insistió que por
decreto de Cristo, Pedro era la roca, el fundamento, el guardián de la puerta
del reino de los cielos, puesto para atar y para desatar, cuyos juicios
retenían su validez en el cielo, y que por medio del papa como su sucesor,
Pedro seguía realizando la tarea que le había sido encomendada" (A History of
Christianity, 1953, p.186). Resulta extraño que si esto es realmente lo que
Cristo quiso decir, ninguno de los otros discípulos hubiera descubierto ese
hecho, ni tampoco ningún otro cristiano durante cuatro siglos después de que
Cristo pronunciara esas palabras. Además, resulta extraordinario que ningún
obispo de Roma descubriera este significado en las palabras de Cristo hasta que
un obispo del siglo V pensó que era necesario hallar apoyo bíblico para la
primacía papal. La interpretación de las palabras de Cristo, que concede
supremacía a los así llamados sucesores de Pedro, los obispos de Roma, no
armoniza en absoluto con lo que Cristo enseñó a sus seguidores (ver cap. 23: 8,
10).
La mejor evidencia de que Cristo no designó a Pedro como la "roca" sobre la
cual habría de construir su iglesia, es quizá el hecho de que ninguno de los
que oyeron a Cristo en esta ocasión -ni siquiera Pedro- así lo entendió,
mientras Jesús estuvo con ellos, ni después. Si Cristo hubiera establecido a
Pedro como principal entre los discípulos, éstos no habrían disputado repetidas
veces el primer puesto (Luc. 22: 24; ver Mat. 18: 1; Mar. 9: 33-35; etc.; DTG
755-756; com. Mat. 16: 19).
El nombre Pedro proviene del Gr. pétros, "piedra" o "canto rodado". "Roca" es
la raducción de la palabra griega pétra, que suele emplearse para designar una
peña, o un macizo de piedra. Una pétra es una roca grande, fija, inamovible;
en cambio potros es una piedra pequeña o un canto rodado. No puede saberse
hasta qué punto Cristo tuvo en cuenta esta distinción, ni cómo pudo haberla
explicado mientras hablaba, porque Cristo ciertamente habló en arameo, la
lengua vernácula en Palestina en ese tiempo, y no empleó las palabras griegas.
La palabra griega pétros, sin duda, equivale a la palabra aramea kefa' (Cefas;
ver com. cap. 4: 18). Por otra parte, es muy posible que pétra también
equivalga a kefa', aunque existe la posibilidad de que Cristo hubiera empleado
algún otro sinónimo u otra expresión en arameo que haría notar la distinción
entre pétra y pétros que se advierte en el relato evangélico en griego. Sin
embargo, parece probable que Cristo debe haber tenido el propósito de hacer una
diferencia; de lo contrario, Mateo, escribiendo en griego y guiado por el
Espíritu Santo, no la hubiera hecho.
Evidentemente pétros, una piedra pequeña, no podría servir de fundamento para
ningún edificio. Jesús aquí afirma que únicamente una pétra, o "roca", sería
suficiente. Lo que Cristo dijo aquí queda más claro con sus palabras
registradas en Mat. 7:24: "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las
hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca [Gr.
pétra]". 422 Cualquier edificio construido sobre Pedro, pétros, un débil y
falible ser humano, tal como lo presenta claramente el relato evangélico, tiene
un fundamento muy poco mejor que las arenas movedizas (ver com. cap. 7: 26-27).
Iglesia.
Gr. ekkl'sía. Ver com. cap. 18: 17.
Puertas.
En las antiguas ciudades la puerta era el lugar de reunión de los ancianos de
la localidad y el lugar clave en la defensa de la ciudad contra un ejército
atacante (ver com. Gén. 19: 1; Jos. 8: 29). Por esto, el tomar la puerta de la
ciudad hacía posible la toma de toda la ciudad.
El triunfo de Cristo sobre la muerte y sobre el sepulcro es la verdad central
del cristianismo. Satanás no pudo mantener atado a Cristo con las cuerdas de
la muerte (Hech. 2: 24), ni tampoco será posible que retenga a cualquiera de
los que creen en Cristo (Juan 3: 16; Rom. 6: 23). En forma figurada, Satanás
retiene las "puertas del Hades", pero Cristo, con su muerte, entró en la
fortaleza de Satanás y ató al adversario (ver com. Mat. 12: 29). En este
sublime hecho descansa la esperanza del cristiano de que será rescatado de los
ardides de Satanás en esta vida, de su poder sobre la tumba, y de su presencia
en la vida venidera. "El postrer enemigo que será destruido es la muerte" (1
Cor. 15: 26). La muerte y el sepulcro finalmente serán echados en el lago de
fuego (Apoc. 20: 14).
La interpretación de que las palabras de Cristo significaban que las "puertas
del Hades" no habrían de prevalecer contra Pedro, contradice la insinuación de
Mat. 16:21 (cuya introducción son los vers. 13-20), de que sería Cristo y no
Pedro el que habría de desafiar las puertas del Hades al someterse al
sufrimiento y a la muerte. Además, si Pedro hubiera entendido que era él y no
Jesús quien iba a enfrentar la muerte, no sería lógica su reacción (vers. 22).
Hades.
Ver com. cap. 11: 23.
No prevalecerán.
Según Elena de White, las puertas del infierno prevalecieron contra Pedro
cuando negó tres veces a su Señor (DTG 381). Literalmente, prevalecieron
cuando la muerte lo retuvo (Juan 21: 18-19).
El significado pleno de lo que Cristo quiso decir cuando afirmó que las
"puertas del Hades" no prevalecerían, puede entenderse por el hecho de que
inmediatamente comenzó a hablar de cómo iba a padecer "y ser muerto y resucitar
al tercer día" (ver com. Mat. 12: 40; cf. DTG 386). Cristo triunfó
gloriosamente sobre todo el poder de Satanás, y por ese triunfo aseguró la
victoria de su iglesia en la tierra.
19.
Las llaves.
Elena de White afirma que las llaves del reino son las palabras de Cristo (DTG
381). Es importante señalar que Cristo mismo dice que la "llave" que da acceso
al reino es la "llave de la ciencia" o del conocimiento (Luc. 11: 52). Las
palabras de Jesús son espíritu y son vida para todos los que las reciben (Juan
6: 63); ellas son las que dan vida eterna (Juan 6: 68). La palabra de Dios es
la llave de la experiencia del nuevo nacimiento (1 Ped. 1: 23).
Así como las palabras pronunciadas por Jesús convencieron a los discípulos de
la divinidad de su Maestro, así también ellos, como embajadores de Jesús,
debían repetir sus palabras a otros hombres, a fin de reconciliarlos con Dios
(2 Cor. 5: 18-20). El poder salvífico del Evangelio es lo único que puede
permitir la entrada de los seres humanos en el reino de los cielos. Cristo
sencillamente confió a Pedro y a todos los otros discípulos (ver com. Mat. 18:
18; Juan 20: 23) la autoridad y el poder de llevar a los hombres al reino.
Cuando Pedro percibió la verdad de que Jesús era el Cristo, fueron colocadas en
sus manos las llaves del reino y le fue abierta la puerta del reino. Lo mismo
puede decirse de todos los seguidores de Cristo hasta el mismo fin del siglo.
La afirmación de que Cristo concedió a Pedro mayor autoridad que a los otros
discípulos, o que le otorgó una autoridad diferente de la que ellos tenían,
carece de base bíblica (ver com. Mat. 16: 18 ). En verdad, entre los
apóstoles, fue Jacobo, y no Pedro, el que desempeñó funciones administrativas
en la iglesia primitiva de Jerusalén (Hech. 15: 13, 19; cf. caps. 1: 13; 12:
17; 21: 18; 1 Cor. 15: 7; Gál. 2: 9, 12). Por lo menos en una ocasión Pablo
resistió públicamente a Pedro, por lo que el primero consideraba como un
proceder erróneo del segundo (Gál. 2: 11-14), lo que indudablemente no habría
hecho si hubiera estado enterado de que Pedro poseía los derechos y los
privilegios que algunos ahora le atribuyen basándose en Mat. 16: 18-19.
Reino de los cielos.
Así como ocurre frecuentemente en el registro del ministerio de la vida de
Cristo, el reino de los cielos se refiere en este pasaje al reino de la gracia
divina en el corazón de aquellos que son sus ciudadanos, aquí y ahora (ver com.
cap. 4: 17; 5: 3). Nadie puede esperar entrar en el futuro reino de la gloria
(ver com. cap. 25: 31, 34) 423 si no ha pasado primeramente por el reino
presente de la gracia divina.
Lo que atares.
Este pasaje dice literalmente: "Y lo que atares sobre la tierra habrá sido
atado en los cielos, y lo que desataras en la tierra habrá sido desatado en los
cielos". Evidentemente debe entenderse que la iglesia en la tierra sólo
requerirá lo que el cielo requiere y prohibirá sólo lo que el cielo prohíbe.
Esta parecería ser la clara enseñanza bíblica (ver com. Mat. 7: 21-27; Mar. 7:
6-13). Cuando los apóstoles salieron a proclamar el Evangelio, de acuerdo con
la misión que les había sido dada (Mat. 28: 19-20), debían enseñar a los
conversos que guardaran "todas las cosas" que Jesús había mandado: ni más ni
menos.
Si se amplía el significado de los verbos "atar" y "desatar" hasta abarcar la
autoridad de dictar lo que los miembros de la iglesia pueden creer y lo que
pueden hacer en asuntos de fe y de práctica, se le da un sentido más abarcante
del que Cristo quiso darles y que el que los discípulos pudieron entender en
esa ocasión. Dios no sanciona esa pretensión. Los representantes de Cristo en
la tierra tienen el derecho y la responsabilidad de atar todo lo que ya ha sido
atado en el cielo, y de desatar todo lo que ya ha sido desatado en el cielo, es
decir, de exigir o de prohibir aquello que la Inspiración revela con claridad.
Ir más allá de esto, es poner la autoridad humana en lugar de la autoridad de
Cristo (ver com. Mar. 7: 7-9), tendencia que Dios no puede tolerar en aquellos
que han sido designados como supervisores de los ciudadanos del reino de los
cielos en la tierra.
20.
A nadie dijesen.
Hasta casi el fin de su ministerio, en ocasión de la entrada triunfal en
Jerusalén, Jesús evitó que se tratara en público el hecho de que él era el
Mesías. Nunca proclamó públicamente que él era el Mesías. Al parecer, para
evitar la publicidad de su mesianismo (ver com. Mar. 1: 24-25), Cristo, en
repetidas ocasiones, mandó a los espíritus de demonios que no se dirigieran a
él llamándolo "Santo de Dios" (Mar. 1: 24-25, 34; 3: 11-12; Luc. 4: 34-35, 41).
Al recorrer Galilea, los doce no debían entrar en controversias acerca de si
Jesús era o no el Mesías (DTG; 316), porque las erróneas ideas populares acerca
del Mesías (DTG 22, 382-383; ver com. Luc. 4: 19) tenderían a impedir la
proclamación y la recepción del Evangelio. La gente habría entendido tal
proclamación en un sentido político, así como lo hicieron en ocasión de la
entrada triunfal en Jerusalén (ver com. Mat. 21: 1, 5; Juan 6: 15).
21.
Desde entonces.
La conversación de los vers. 13-20 era una introducción apropiada al tema que
Jesús presentó aquí por primera vez: la descripción de sus inminentes
sufrimientos, su muerte y su resurrección (ver com. vers. 13). No puede
saberse si las instrucciones y la conversación de los vers. 21-28 ocurrieron en
seguida después de lo relatado en la sección anterior, o algún tiempo después.
Es posible que hubiera transcurrido otro corto lapso entre los vers. 23 y 24
(Mar. 8: 34; DTG 384). Sea como fuere, parecería que toda la conversación que
se registra en los vers. 14-28 ocurrió en la región de Cesarea de Filipo (ver
com. vers. 13; cf. DTG 379, 387). En este momento, es probable que ya
estuvieran a fines del verano (agosto-septiembre) del año 30 d. C. (ver com.
vers. 13).
Hasta este momento, Jesús no parece haberles dicho a sus discípulos que él era
el Mesías (ver com. vers. 13, 16), ni mucho menos les había dicho que, como
Mesías, debía morir por los pecados del mundo. Es verdad que había hecho
alusión a su muerte en una afirmación un tanto enigmática en ocasión de la
primera purificación del templo, más de dos años antes (ver com. Juan 2: 19),
y a Nicodemo le había expuesto con claridad, aunque en forma privada, el hecho
de que moriría y la forma cómo moriría (Juan 3: 14). Pero desde ese momento,
Jesús, en repetidas ocasiones, trató el asunto con sus discípulos, sin duda en
un esfuerzo por apartar de la mente de ellos los falsos conceptos populares que
los judíos albergaban con referencia al Mesías y a su reino (ver com. Luc. 4:
19). La dificultad que tuvieron los discípulos en esta ocasión para aceptar la
idea de que el Mesías debía sufrir y morir (Mat. 16: 22) hace resaltar el
problema que tuvo Cristo en liberarlos de esos falsos conceptos. Vez tras vez
(cap. 17: 22-23; 20: 17-19) trató el asunto con ellos. Pero el chasco que
experimentaron cuando finalmente llegó el momento del sufrimiento de Cristo
demostró que la eficacia de la instrucción que Cristo les había impartido al
respecto había sido sólo parcial.
Le era necesario.
Era necesario que Cristo lo hiciera a fin de cumplir el plan de su vida
terrenal (cf. Mar. 8: 31; 9: 12; etc.). El único modo por el cual Jesús podía
cumplir con su misión era por medio de la cruz. 424
Jerusalén.
Desde este momento, Jesús "afirmó su rostro para ir a Jerusalén" (ver com.
Luc. 9: 51), y finalmente fue hacia allí, quizá unos tres o cuatro meses más
tarde.
Padecer mucho.
Como ya había sido profetizado (Sal. 22: 1, 7-8, 15-18; Isa. 53: 3-10; etc.).
Los sufrimientos de Jesús tienen significado para nosotros porque él es el Hijo
de Dios, el Mesías de las profecías del AT y el Redentor de la humanidad. Por
ser el Mesías, debía sufrir.
Los ancianos.
Debido a que el griego emplea aquí un solo artículo para los tres sustantivos,
parece indicar que Jesús se estaba refiriendo a los ancianos, los principales
sacerdotes y los escribas como a un solo grupo, no como a tres grupos
separados. Quizá este grupo fuera el sanedrín, cuyos miembros pertenecían a
estos tres grupos. Con referencia a los "principales sacerdotes", ver com.
cap. 2: 4. En cuanto a los "escribas", ver com. Mar. 1: 22. El sanedrín era
el supremo cuerpo legislativo y judicial de Israel, y tenía 71 miembros (ver p.
68).
Ser muerto.
Vez tras vez Jesús expuso claramente que moriría y que resucitaría. Sin
embargo, los discípulos no comprendieron lo que Cristo quería decirles (Mar. 9:
10, 32) y prefirieron creer ciegamente lo que querían creer y pasar por alto lo
que resultaba desagradable a sus opiniones preconcebidas (DTG 22).
Al tercer día.
Ver pp. 239-242.
22.
Comenzó a reconvenirle.
Pedro "comenzó", pero Jesús lo detuvo antes de que pudiera concluir. Más
tarde, se demostró la temeridad de Pedro cuando tomó la espada para intentar
defender a Jesús Juan 18: 10; cf. Mat. 26: 33-35).
Señor, ten compasión de ti.
Pedro empleó una expresión idiomática judía que significaba "Dios tenga de ti
misericordia". Pedro no podía entender cómo podría sufrir el Mesías; las ideas
de un Mesías y de un "varón de dolores", "siervo" de Dios (cf. Isa. 52: 13 a
53: 3) eran irreconciliables para él. En su protesta Pedro reveló su propio
egoísmo. Quería seguir a Jesús, pero no quería aceptar la idea de estar ligado
a un programa que había de acabar en sufrimiento y muerte (ver DTG 383-384;
com. Mat. 16: 24-25).
En ninguna manera.
En griego, así como en la traducción de la RVR, se emplea una forma enfática.
"¡De ningún modo te sucederá esto!" (BJ).
23.
El, volviéndose.
Al parecer, Cristo se volvió de Pedro a los otros discípulos (Mar. 8: 33), pero
dirigió estas palabras a Pedro.
¡Quítate de delante de mí!
La idea que Pedro había expresado era la del tentador, y la respuesta de Cristo
iba dirigida al enemigo invisible que la había sugerido. Estas eran las mismas
palabras que Cristo había usado para rechazar al tentador en el desierto (Luc.
4: 8) y representan la más severa reprensión pronunciada alguna vez por Jesús.
La orden significa literalmente: "Ponte detrás de mí", pero en una traducción
más libre podría ducirse "¡quítate de mi vista!" (BJ) o simplemente "vete".
Pedro había permitido que el diablo lo usara como portavoz del príncipe del
mal. Sin embargo, las palabras de Cristo no se dirigían tanto a Pedro como al
que había sugerido sus palabras.
Tropiezo.
Gr. skándalon, específicamente el gatillo de la trampa donde se pone la
carnada; en forma metafórico, "tropiezo", "motivo de tropiezo", "impedimento".
Aquí Jesús se refiere a Pedro como un estorbo en su camino a la cruz (ver com.
vers. 21).
No pones la mira.
Gr. fronéÇ, "tener entendimiento", "pensar". "No tienes entendimiento de las
cosas de Dios" o "Tus pensamientos no son los de Dios" (BJ). Pocos versículos
antes se registra el hecho de que había expresado una verdad divina acerca de
Jesús, la cual le había sido revelada por el Padre (vers. 17). Ahora expresaba
lo que le ha sugerido el enemigo de todo lo bueno. ¡Cuán pronto Pedro había
cambiado de bando en la gran controversia!
24.
Si alguno.
Jesús se dirige aquí a todos los discípulos (Luc. 9: 23). Marcos (cap. 8: 34)
añade que había también algunas otras personas presentes, quizá algunos judíos
de la región que habían oído de sus maravillas en Galilea y que habían llegado
a creer en él. Con referencia a las ideas expresadas en los vers. 24-25, ver
com. cap. 10: 38-39.
Niéguese a sí mismo.
Es decir, "renuncie a sí mismo", someta su voluntad a Cristo, para vivir en
adelante para Cristo y no para sí mismo.
Tome su cruz.
Es decir, que asuma las responsabilidades que acompañan al discipulado, aunque
al hacerlo sea llamado a pagar el precio supremo. La cruz no era un
instrumento judío, sino romano, que servía para ejecutar a los criminales (ver
com. cap. 10: 38). Sin embargo, en los días de Cristo la cruz era bien
conocida en Palestina. 425
Un criminal condenado a morir crucificado, tomaba literalmente su cruz, o al
menos el travesaño de su cruz, que llevaba hasta el lugar de la ejecución. Es
probable que Cristo se estuviera refiriendo a esta costumbre. En el contexto
en el cual Cristo menciona llevar la cruz, no se refiere tanto a las pequeñas
dificultades y a los obstáculos que deberían enfrentar los discípulos, sino más
bien a la necesidad de estar dispuestos a hacer frente a la misma muerte (cf.
cap. 16: 21-22). Pedro acababa de tratar de persuadir a Jesús para que
abandonara el plan divino que demandaba que el Salvador tomara su cruz. Jesús
le responde aquí que eso era imposible porque ésa no era la voluntad del Padre,
y que si Pedro había de seguir siendo discípulo, debía estar dispuesto a pagar
el precio, lo que finalmente hizo (ver com. Juan 21: 18-19). En otros
pasajes, Cristo presentó la idea adicional de que los discípulos debían tomar
su cruz "cada día" (Luc. 9: 23), al consagrarse a la vida de servicio a la cual
habían sido llamados. Si los hombres odiaban a Jesús, bien podía esperarse que
odiaran tabmién a sus representantes, los discípulos (ver Juan 15: 18; 16: 33;
com. Mat. 10: 22).
Sígame.
El que quiera ser su discípulo, en primer lugar debe renunciar a sí mismo,
renunciar a sus propios planes, a sus propios deseos. Después, debe estar
dispuesto a llevar cualquier cruz que el deber le pida llevar. Finalmente,
debe seguir en las pisadas de Jesús (1 Ped. 2: 21). Seguir a Jesús equivale a
seguir en nuestra propia vida el modelo de la vida del Salvador, sirviendo a
Dios y a nuestros prójimos como él lo hizo (1 Juan 2: 6).
25.
Salvar su vida.
Ver com. cap. 10: 39. En este contexto, salvar la vida equivale a buscar
primeramente las cosas de esta vida, olvidando "el reino de Dios y su justicia"
(cap. 6: 33).
Pierde su vida.
Uno pierde la vida por causa de Cristo cuando se niega a sí mismo y toma la
cruz de Cristo (ver com. Mat. 5: 11; 16: 24; cf. 1 Ped. 4: 12-13).
La hallará.
He aquí otro aspecto de esta gran paradoja evangélica. Para el cristiano no
puede haber corona sin cruz, aunque Satanás en el desierto ofreció a Cristo la
corona de este mundo por otro camino que no era el de la cruz (ver com. cap. 4:
8-9; 16: 22).
26.
Mundo.
Gr. kósmos, palabra que aquí designa lo que el mundo ofrece en riqueza
material, beneficios, etc. La ambición de las fuerzas del mal, visibles e
invisibles, siempre ha sido y siempre es la de ganar "todo el mundo".
Alma.
Gr. psuj' (ver com. cap. 10: 28).
¿Qué recompensa dará?
Cristo emplea aquí una vigorosa ilustración a fin de hacer resaltar una verdad
eterna. No hay ninguna respuesta adecuada para esta pregunta.
27.
Hijo del Hombre.
Este es el título que Jesús solía darse a sí mismo (ver com. Mar. 2: 10; Nota
Adicional de, Juan 1).
Vendrá en la gloria.
Se asegura a quienes pierden la vida por amor de Cristo que la encontrarán
cuando el Señor vuelva en gloria al fin de los tiempos (1 Cor. 15: 51-55; 1
Tes. 4: 16-17). En ese momento todo hombre puede esperar que recibirá su
recompensa (2 Tim. 4: 8; Apoc. 22: 12). Cristo acababa de hablar de los
cristianos que perdían la vida (Mat. 16: 25) por causa del Señor. Si la
recompensa por el sacrificio había de ser recibida en el momento de la muerte,
como lo indica la teología popular, parecería extraño que Jesús aquí declarara
específicamente que esta recompensa no será dada hasta que él mismo vuelva en
gloria (ver com. cap. 25: 31).
Con sus ángeles.
Cf. Mat. 24: 31; 1 Cor. 15: 52; 1 Tes. 4: 16.
Conforme a sus obras.
Es decir, según lo que ha hecho en esta vida. Cristo enseñó la misma verdad
enfáticamente en las parábolas de las ovejas y de los cabritos (cap. 25:
31-46), del rico y Lázaro (Luc. 16: 19-31), de la cizaña (Mat. 13: 24-30), de
la red cap. 13: 47-50), y de la fiesta de bodas (cap. 22: 1-14). No hay nada
en las enseñanzas de Cristo que pueda interpretarse como un indicio de que
habrá para los seres humanos una segunda oportunidad cuando podrán escapar a la
retribución de sus malas acciones cometidas en esta vida. Las Escrituras
presentan siempre a esta vida como el "día de salvación" (Isa. 49: 8; 2 Cor. 6:
2), el tiempo cuando debemos ocuparnos con temor y temblor de nuestra salvación
(Fil. 2: 12), la cual es por fe en Cristo y por la obra misericordiosa del
poder del Espíritu Santo.
28.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
Hasta que hayan visto.
Es importante que los tres Evangelios sinópticos registren el relato de la
transfiguración inmediatamente después de esta predicción. Los antiguos
manuscritos griegos no tienen división de capítulo ni de versículo. Por eso,
el cap. 17: 1 sigue inmediatamente al 16: 28, sin interrupción. Los tres
evangelistas registran que la transfiguración 426 ocurrió como una semana
después de esta afirmación, implicando así que era el cumplimiento de la
predicción. La relación entre las dos narraciones parecería excluir la
posibilidad de que Jesús se estuviera refiriendo aquí a otro acontecimiento
fuera de la transfiguración, la cual fue una demostración en miniatura del
reino de gloria. Sin duda, Pedro lo entendió así (2 Ped. 1: 16-18).
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2:10; Nota Adicional de Juan 1.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-28 DTG 372-387
1 DTG 372
3 8T 28
3-4 DTG 373
5 DTG 375
6 DTG 375
13-16 DTG 379
16 DTG 383
16-18 DTG 380
18 DTG 381; HAp 10, 158, 161; PR 438; RC 53; 1T 471
19 DTG 382, 409; IJT 391, 396
20 DTG 383
21 HAp 21; PE 150, 161; SR 43, 205
21-22 DTG 384
22 Ed 84; HAp 418
23 IT 152; 5T 409
23-24 DTG 384-385
24 CH 223, 319; CM 22; CMC 48, 239, 266, 303, 316; CRA 196, 546; DMJ 17; FE
463, 511; HAd 344, 346; HAp 417, 447; IJT 366, 500; 2JT 169; 3JT 99; MB 120; MJ
312; MM 132, 251; NB 124; 1T 286; 2T 491, 651; 3T 41, 81l; 4T 626; 5T 40, 78;
6T 251; 7T 240; 8T 45; 4TS 159
24-27 CW 22
25 2T 304
25-28 DTG 386
26 CC 128; PVGM 78; 2T 496
27 CS 533; 1JT 244; PP 352; 2T 41, 300;
3T 525
28 PE 164
CAPÍTULO 17
1 La transfiguración de Cristo. 14 Cura al lunático. 22 Predice su muerte, 24 y
paga el impuesto.
1 SEIS días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los
llevó aparte a un monte alto;
2 y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y
sus vestidos se hicieron blancos como la luz.
3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
4 Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí;
si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra
para Elías.
5 Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde
la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él
oíd.
6 Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran
temor.
7 Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.
8 Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.
9 Cuando descedieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la
visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.
10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los
escribas que es necesario que Elías venga primero?
11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará
todas las cosas.
12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él
todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.
13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el
Bautista.
14 Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de
él, diciendo: 427
15 Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo;
porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
16 Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.
17 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo
he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.
18 Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano
desde aquella hora.
19 Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros
no pudimos echarlo fuera?
20 Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si
tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí
allá, y se pasará; y nada os será imposible.
21 Pero este género no sale sino con oración y ayuno.
22 Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado
en manos de hombres,
23 y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en
gran manera.
24 Cuando llegaron a Capernaúm, vinieron a Pedro los que cobraban las dos
dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?
25 El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué
te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o
los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?
26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están
exentos.
27 Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer
pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y
dáselo por mí y por ti.
1
Seis días después.
[La transfiguración, Mat. 1-13 = Mar. 9: 2-13 = Luc. 9: 28-36. Comentario
principal: Mateo. Ver mapa p. 211; diagrama p. 221.] Con referencia a los
acontecimientos y las circunstancias que precedieron a la transfiguración, ver
com. Mat. 16: 13 vers. siguientes. De acuerdo con la cronología adoptada por
este Comentario, es probable que la transfiguración ocurriera hacia fines del
verano (agosto-septiembre) del año 30 d. C. Por la época de la pascua de ese
año, la opinión pública en Galilea se había volcado en contra de Jesús (ver
com. cap. 15: 21). Además, el sanedrín había intensificado sus intentos de
terminar con el ministerio de Cristo (ver com. Mat. 16: 1; cf. Mar. 7: 1-5).
Por primera vez, en Cesarea de Filipo, Cristo había hablado claramente a sus
discípulos acerca de sus padecimientos y de su muerte (ver com. Mat. 16: 21).
Pero ellos, como la gran mayoría de los judíos, pensaban que el Mesías sería un
rey vencedor. Por eso les resultaba difícil comprender que el Mesías debería
sufrir y morir. Como en ocasiones previas, tenían la mente llena de sombríos
pensamientos porque comprendían mal el propósito y la naturaleza del ministerio
de Jesús.
El período de seis días que se menciona aquí se refiere al tiempo transcurrido
desde la confesión de la fe de Pedro en Jesús como Hijo de Dios (cap. 16: 16).
Lucas (cap. 9: 28) dice que transcurrieron "como ocho días", es decir, una
semana, si se emplea el cómputo inclusivo (ver pp. 239-242). Lucas suele
hablar de un período aproximado y no afirma exactamente el tiempo transcurrido
(ver com. cap. 3: 23).
A Pedro, a Jacobo y a Juan.
Estos tres habían mostrado que entendían mejor que sus compañeros las verdades
que Cristo procuraba impartir. Al menos en una ocasión previa habían sido
elegidos para ser testigos del poder divino en acción (Mar. 5: 37). Por causa
de su percepción espiritual más profunda, también habrían de ser testigos de la
hora de agonía del Maestro en el Getsemaní (Mar. 14: 33). Con el propósito
especial de prepararlos para esa hora de temor y de desaliento, Jesús los llevó
con él al monte (DTG 389).
Un monte alto.
Se desconoce el lugar donde ocurrió la transfiguración. Por siglos la
tradición sostuvo que la transfiguración ocurrió en el monte Tabor (de unos 600
m), situado a unos 20 km al suroeste del mar de Galilea y a unos 10 km al este
de Nazaret. Pero al descubrirse que en tiempos de Jesús había en la cima del
monte una fortaleza y una aldehuela, pareció difícil que ése fuera el lugar
"aparte" del cual hablan Mateo y Marcos (cf. DTG 388). 428
Una vez descartado el monte Tabor como ubicación de la transfiguración, se ha
pensado en la posibilidad de que el monte en cuestión fuera el Hermón (de unos
3.000 m), en cuyas laderas inferiores estaba la ciudad de Cesarea de Filipo y
en cuyas proximidades se sabe que estuvieron Cristo y sus discípulos justamente
antes de la transfiguración (ver com. Mat. 16: 13). Pero también se hace
difícil esta identificación. En las cercanías de Cesarea de Filipo y del monte
Hermón, Jesús estaba "fuera del alcance de Herodes y Caifás" y "lejos de los
fariseos" (DTG 387). Era una región poblada por gentiles, más allá de los
límites de Galilea. Por eso Jesús se había retirado allí por un tiempo (ver
com. cap. 16: 13). Pero al pie del monte de la transfiguración un grupo de
escribas y rabinos se reunió junto con la multitud, que probablemente era
judía, y procuraron humillar a Jesús y a sus discípulos. Esto parecería
indicar que la transfiguración ocurrió en Galilea, y no en el distrito de
Cesarea de Filipo, poblado por gentiles.
Según DTG 387, Jesús y sus discípulos se trasladaron desde Cesarea de Filipo
hacia el sur, y antes de la transfiguración se encontraban cerca del mar de
Galilea, por lo menos a 50 km del monte Hermón. Esto parecería indicar que
durante los seis días que transcurrieron entre la gran confesión de Pedro y la
transfiguración, Jesús había vuelto a Galilea. Por esto, también el monte
Hermón quedaría descartado como posible escenario de la transfiguración.
Aparte.
Lucas añade que Jesús fue allí para orar (cap. 9: 28). Esta fue una de esas
ocasiones especiales cuando Jesús buscó anhelosamente la comunión con su Padre
celestial (ver com. Mar. 1: 35) a fin de que pudiera saber cómo realizar su
misión (ver com. Mar. 3: 13). En este caso, el problema era el de saber cómo
ayudar a los discípulos para que comprendieran la verdadera naturaleza de la
misión de su Maestro y cómo prepararlos para su muerte (ver com. Mat. 16: 13).
Pasó toda la noche allí en el monte (DTG 393).
Según evidencias, Jesús y sus compañeros habían continuado subiendo hasta que
se hizo demasiado oscuro para proseguir. Pareciera que Jesús oró durante largo
tiempo, pidiendo fuerza para enfrentar la gran prueba que se avecinaba.
También oró por sus discípulos, para que su fe en él como Hijo de Dios
aumentara, y que pudieran comprender la necesidad de su muerte como parte del
plan de salvación y estuvieran preparados para la hora de prueba (DTG 389).
Por eso pidió en oración que ellos pudieran contemplar su gloria divina, la
cual hasta este momento, salvo fugazmente, les había estado oculta (ver com.
Luc. 2: 48).
2.
Se transfiguró.
Gr. metamorfóo, "cambiar de una forma a otra", "transformarse". Esta fue una
de las ocasiones cuando la divinidad refulgió a través de la humanidad de
Jesús, para encontrarse con la gloria celestial (ver DTG 389; com. Luc. 2:
48). La misteriosa transformación sucedió mientras Jesús oraba y los
discípulos dormían.
La descripción de este episodio que presentan los tres escritores de los
sinópticos parecería indicar que no se trató de una experiencia subjetiva
experimentada por los discípulos, o quizá sólo por Pedro. Fue más que un sueño
o una alucinación debida al cansancio del viaje del día y a la preocupación por
la predicción hecha por Jesús acerca de su muerte. Fue una experiencia real.
Muchos años más tarde, Pedro afirmó que él y sus compañeros de discipulado
habían sido testigos oculares de la "majestad", la "honra" y la "gloria" de
Jesús, y aseveró haber oído la voz que proclamó que Jesús era Hijo de Dios (2
Ped. 1: 16-18). Pedro presenta este notable episodio como una de las grandes
confirmaciones de la fe cristiana. Ver com. Juan 1: 14.
Su rostro.
La descripción que de Jesús se presenta aquí se asemeja mucho a la que fue dada
por Daniel (Dan. 10: 5-6) y por Juan (Apoc. 1: 13-15). La apariencia del
rostro de Jesús se modificó (Luc. 9: 29) bajo la influencia de esa radiante luz
blanca. Era una gloria luminosa que parecía venir desde adentro. Esa era la
gloria que Jesús había tenido en el cielo antes de que asumiera la forma de la
humanidad (Juan 17: 5), y es la gloria con la cual volverá otra vez a esta
tierra (Mat. 25: 31; DTG 390). Se vio en el rostro de Moisés una gloria
similar cuando descendió del monte de la ley (Exo. 34: 29; 2 Cor. 3: 7).
Cuando Jesús vuelva y conceda a sus fieles el don de la inmortalidad, sin duda
ellos también reflejarán esta gloria (Dan. 12: 3). Con referencia a otros
momentos de la vida de Cristo cuando se vieron destellos de su divinidad, ver
com. Luc. 2: 48.
Blancos como la luz.
Según Marcos, sus vestidos se vieron tan blancos que "ningún lavador en la
tierra los puede hacer tan blancos" (cap. 9: 3). Las "vestiduras blancas" de
429 los santos (Apoc. 3: 4- 5, 18; etc.) reflejarán la gloria de las
vestimentas de justicia de Cristo en la tierra renovada.
3.
Moisés y Elías.
Evidentemente los discípulos reconocieron a los visitantes celestiales por lo
que decían o porque Dios se lo reveló. Moisés había sido el gran libertador,
legislador y fundador de la nación hebrea. Elías fue el que salvó a esa nación
en un momento de gran apostasía y crisis. Aquí había personas vivas que podían
dar testimonio acerca de la divinidad de Jesús, así como Moisés y todos los
profetas, en sus escritos, habían dado testimonio de él (ver com. Luc. 24:
44).
Es importante notar que las Escrituras registran que Elías fue trasladado al
cielo sin ver la muerte (ver com. 2 Rey 2: 11-12) y que Moisés fue resucitado y
luego llevado al cielo (ver com. Jud. 9). El hecho de que Moisés y Elías
aparecieran con Cristo en esta ocasión no debe ser considerado como una prueba
de que todos los muertos justos están en el cielo. Estos dos, el uno
resucitado de entre los muertos, y el otro trasladado sin ver la muerte,
aparecieron con Jesús, como una representación del glorioso reino en el cual
los redimidos de todas las edades estarán con él en gloria (Mat. 25: 31; Col.
3: 4; 1 Tes. 4: 16-17).
Hablando con él.
Lucas añade que estaban hablando con él acerca de "su partida, que iba Jesús a
cumplir en Jerusalén" (Luc. 9: 31; cf. Mat. 16: 21).
4.
Entonces Pedro dijo.
Como de costumbre, Pedro fue el primero en hablar (ver com. Mat. 16: 16).
Lucas dice que Pedro habló sin saber lo que decía (Luc. 9: 33). Marcos dice
que Pedro, al igual que los otros, estaba espantado (Mar. 9: 6).
Señor.
Gr. kúrios. Según Mar. 9: 5, Pedro se dirigió a Jesús empleando el título
hebreo "rabino" (Gr. rabbí), y según Luc. 9: 33 empleó el título griego
epistátes, "maestro", "amo", "Señor". Con referencia a la importancia de
estas variaciones en los relatos evangélicos, ver la segunda Nota Adicional de
Mateo 3.
Hagamos.
Aquí la evidencia textual establece (cf. p. 147) el texto "yo haré", pero en
Marcos y Lucas dice claramente "hagamos".
Tres enramadas.
O "tres tiendas" (BJ). Casi no llovía en la última parte del verano (ver t.
II, p. 113; com. cap. 17: 1), y la única protección necesaria sería para
resguardarse del abundante rocío de la noche y del sol del día. No hay modo de
saber si Pedro pensó en las enramadas como protección contra los elementos
naturales o si pensó en relación con la fiesta de los tabernáculos, la cual se
avecinaba. La expectativa de que Elías vendría como heraldo del reino
mesiánico (ver com. vers. 10) posiblemente hizo recordar a Pedro de la
celebración de esa fiesta en relación con el reinado del Mesías (cf. Zac. 14:
16-19). Quizá llegó a la conclusión de que la aparición de Moisés y de Elías
en este momento, a tan poco tiempo de la fiesta de los tabernáculos, implicaba
que habían venido a participar en esa celebración.
5.
Una nube de luz.
Quizá como recordativo de la columna de nube del desierto (ver com. Exo. 13:
21-22; Núm. 9: 15-16), la cual estaba iluminada con la gloria de Dios (ver com.
Exo. 40: 34). Comparar con el caso de Moisés en el monte con Dios (ver com.
Exo. 24: 15-18) cuando entró en la nube que ocultaba la gloria de Dios. Esta
escena puede haber acudido a la imaginación de los discípulos, como también el
caso de Elías en el monte Carmelo (ver com. 1 Rey. 18: 38; Juan 1: 14).
Los cubrió.
Gr. episkiázo, "cubrir con una sombra" (cf. Luc. 1: 35; Sal. 91:1). Mateo y
Marcos no dicen claramente si la nube cubrió a Cristo y a sus dos visitantes
celestiales o a los discípulos o a los dos grupos. Lucas parecería indicar que
más bien cubrió a los discípulos (Luc. 9: 34).
Una voz.
En ocasión del bautismo de Jesús se oyó una voz (cap. 3: 17), y más tarde, al
final de su ministerio (Juan 12: 28), se volvió a oír. En estas tres ocasiones
el Padre dio testimonio de que Jesús era su divino Hijo.
Mi Hijo amado.
Con referencia a Cristo como Hijo de Dios, ver com. Luc. 1: 35; Juan 13; Nota
Adicional de Juan 1.
Tengo complacencia.
El Padre podía complacerse porque en su vida terrenal Jesús había cumplido a la
perfección con su misión asignada (Juan 17: 4) y había presentado a los hombres
un ejemplo perfecto de obediencia a la voluntad del Padre (Juan 15: 10). Si
confiamos en nuestro Salvador, tendremos también el privilegio de hacer "las
cosas que son agradables delante de él" (1 Juan 3: 22).
A él oíd. Es probable que esta indicación se refiera especialmente a la
instrucción que Cristo estaba dándoles acerca de sus inminentes padecimientos y
de su muerte (ver com. cap. 16: 21).
6.
Se postraron sobre sus rostros.
Cf. Eze. 1: 28; Dan. 10: 9. A hombres tales como Ezequiel 430 y Daniel se les
concedió ver visiones. Pedro, Jacobo y Juan vieron con sus propios ojos.
9.
A nadie.
Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan porque sólo ellos, entre los
doce, estaban preparados para recibir lo que él tenía para impartirles (ver
com. vers. 1). Si ellos hubiesen informado lo que habían visto y oído, eso tan
sólo hubiera provocado una inútil admiración y curiosidad, y en ese tiempo
podría no haber tenido ningún buen efecto. El hecho de que debían callarse
respecto a lo sucedido hasta después de la resurrección, implica que entonces
los otros discípulos estarían listos para entender, y que su fe sería
fortalecida por el relato de los tres testigos presenciales de ese
acontecimiento. Además, habiendo contemplado con sus propios ojos a dos
hombres sobre los cuales la muerte no tuvo poder, esos tres discípulos deberían
haber estado preparados para creer las palabras de Cristo acerca de su propias
resurrección (cf. Luc. 9: 31) y para impartir fe y valor a sus compañeros en
el discipulado. También el hecho de que Jesús sólo llevara consigo a esos
mismos tres discípulos al huerto de Getsemaní para que lo acompañaran en
oración, debiera haber servido para que esta lección acudiera otra vez
vívidamente al recuerdo de ellos.
Visión.
Gr. hórama, "lo que se ve", "espectáculo". Con referencia a las palabras
hebreas jazon y mar'ah, que se traducen como "visión", ver com. 1 Sam. 3: 1.
10.
Dicen los escribas.
Como expositores oficiales de las Escrituras, se esperaría que serían ellos
quienes decidieran en cuanto a problemas teológicos como el que aquí se
presenta. Con referencia a los escribas, ver p. 57.
Evidentemente, la relación entre la transfiguración y la discusión acerca de la
venida de Elías era que éste había sido uno de los dos que había aparecido con
Cristo. Sin embargo, Malaquías había predicho la venida de Elías como
precursor del Mesías (ver com. Mal. 4: 5), y los discípulos pensaban que Elías
había venido ahora para anunciar al Mesías, para proteger a Jesús, y para
confirmar su autoridad como Rey y Mesías (ver DTG 391; com. Juan 1: 21). Sin
embargo, los discípulos se preguntaban por qué, si Jesús era el Mesías de la
profecía, como ellos lo esperaban y lo creían (ver com. Mat. 16: 16), Elías no
había aparecido antes de esta ocasión. Todavía tenían una comprensión errónea
de la misión de Juan el Bautista, a pesar de que Jesús ya les había dicho
claramente que en la vida y la obra de Juan el Bautista se había cumplido la
profecía de la venida de Elías (ver com. cap. 11: 14).
11.
Restaurará todas las cosas.
En el dramático episodio del monte Carmelo, Elías había logrado hacer volver el
corazón de todos los israelitas al Dios de sus padres (ver com. 2 Rey. 18:
37-40), y al hacerlo había detenido los terribles avances de la apostasía. Del
mismo modo, Juan el Bautista proclamó el bautismo del arrepentimiento del
pecado y el retorno al verdadero espíritu de la adoración (ver com. Mal. 3: 1,
7; 4: 6; Luc. 1: 17). Evidentemente, Juan no era Elías en persona (ver com.
Juan 1: 2l), pero precedió al Mesías "con el espíritu y el poder de Elías"
(Luc. 1: 17).
12.
No le conocieron.
Es decir, no reconocieron que era el Elías que había de venir (ver com. Juan
1: 10-11).
Todo lo que quisieron.
En vez de aceptar a Juan y creer en su mensaje, los dirigentes judíos lo habían
despreciado a él y su exhortación al arrepentimiento (ver Luc. 7: 30-33; com.
Mat. 21: 25, 32). Herodes lo había encarcelado (ver com. Luc. 3: 20), y
aproximadamente un año más tarde lo había ejecutado (ver com. Mar. 6: 14-29).
Tan solo transcurrirían unos pocos meses después de la transfiguración hasta
que los dirigentes de Israel harían también con Jesús todo lo que quisieran.
14.
Cuando llegaron.
[Jesús sana a un muchacho lunático, Mat. 17: 14-21 = Mar. 9: 14-29 = Luc.
9:37-43ª. Comentario principal: Marcos.]
15.
Lunático.
Ver com. cap. 4: 24.
17.
Perversa.
Literalmente, "torcida" o corrupta".
20.
Poca fe.
Los discípulos tenían demasiada fe en sí mismos y muy poca fe en Dios (ver com.
cap. 8: 26). Algunos manuscritos griegos dicen "incredulidad" en vez de "poca
fe".
Grano de mostaza.
Ver com. cap. 13: 31-32. Otras ilustraciones similares aparecen en Mat. 21: 21;
Mar. 11: 23; Luc. 17: 6. La semilla de mostaza puede ser pequeña en un
comienzo, pero, escondido dentro de sí, lleva el germen de la vida, y en
circunstancias favorables crecerá.
Diréis a este monte.
Aquí Cristo habla en forma figurada de los grandes obstáculos con los cuales
deben enfrentarse sus discípulos 431 cuando cumplen con la misión evangélica.
Es indudable que Jesús no tenía el propósito de que sus discípulos anduvieran
de aquí para allá moviendo montes literales. Sin embargo, prometió que ninguna
dificultad, no importa cuan grande pudiera parecer, sería capaz de impedir el
cumplimiento de su divino propósito de salvar a los pecadores (Isa. 55: 8-11).
Nada os será imposible.
"Para Dios todo es posible" (Mat. 19: 26).
21.
Pero este género.
La evidencia textual favorece (cf. p. 147) la omisión de este versículo (ver
com. Mar. 9: 29
22.
Estando ellos.
[Jesús anuncia otra vez su muerte, Mat. 17: 22-23 = Mar. 9: 30-32 = Luc. 9: 43b
- 45. Comentario principal: Marcos.] La evidencia textual se inclina (cf. p.
147) por el texto "juntándose ellos en Galilea".
Entregado.
Ver com. Luc. 6: 16.
23.
Al tercer día.
Ver pp. 239-242.
Se entristecieron en gran manera.
Aunque los discípulos ahora comprendieron que el Maestro les estaba hablando de
su propia muerte, esperaban y creían que pasaría algo que hiciera que ese
padecimiento fuera innecesario.
24.
Cuando llegaron a Capernaúm.
[Pago del impuesto del templo, Mat. 17: 24-27. Ver mapa p. 211; diagrama p.
221; con referencia a milagros, ver pp. 198-203.] Evidentemente, Jesús y sus
discípulos acababan de volver (DTG 399) de una breve gira por Galilea (ver Mat.
17: 22; com. Mar. 9: 30-32). Es posible que en esta ocasión, como en otras
anteriores, Jesús se hubiera alojado en casa de Pedro (ver com. Mar. 1: 29; 2:
1), donde tal vez posó durante el resto de su estada en Galilea.
Los que cobraban las dos dracmas.
Literalmente, "los que recibían la dracma doble [Gr. dídrajmon]". No eran los
publicanos o cobradores de impuestos (ver com. Luc. 3: 12), quienes recaudaban
los derechos aduaneros y los impuestos en nombre de las autoridades civiles,
sino personas designadas en cada distrito para recoger el impuesto del templo
que era de medio siclo por cada judío varón, libre, mayor de 20 años. El pago
de este impuesto para el sostén del templo no era obligatorio como lo era el
pago del diezmo, pero se consideraba que entregarlo era un deber religioso.
Con referencia al origen de este impuesto y las disposiciones que lo regulaban,
ver com. Exo. 30: 12-16. Según la Mishnah se debía avisar públicamente del
pago de este impuesto el primer día del mes de Adar, fecha que correspondía con
febrero o marzo de nuestro calendario (ver t. II, p. 112). El día 15 del mes
de Adar, "se colocaban mesas [de cambistas de dinero] en las provincias", y
diez días más tarde se hacía lo mismo en el templo (Shekalim 1. 1. 3). Por lo
tanto, si se sigue la cronología adoptada por este Comentario, la fecha del
pago del impuesto del templo para ese año ya había pasado varios meses antes.
El antiguo siclo hebreo (ver t. I, pp. 173, 177-178) ya no se usaba, pero la
costumbre rabínica exigía que el impuesto del templo fuera pagado con la unidad
del medio siclo. Los que cobraban tributo cambiaban la moneda legal del país
por la moneda del templo y con cada transacción sacaban provecho. La palabra
griega dídrajmon, traducida en la RVR como "dos dracmas", se refería a la doble
dracma, casi equivalente al medio siclo, y que valía aproximadamente el doble
de lo que valía un denario romano, considerado como jornal de un día (ver com.
cap. 20: 2).
Vinieron a Pedro.
Quizá porque Jesús estaba alojado en casa de Pedro.
¿Vuestro Maestro no paga?
No se sabe si se conservaba un registro de quienes habían pagado el impuesto,
o si los que vinieron a Pedro ya sabían que Jesús no había pagado el impuesto.
Además, ésta no era la época del año cuando se acostumbraba a cobrar este
impuesto. Parecería que si se hubiera sabido que Jesús no había pagado el
impuesto, los escribas -quienes en el tiempo de pagar el impuesto del templo
habían molestado a Jesús en público en repetidas ocasiones (ver com. Mat. 16:
1; Mar. 7: 1-23)- lo habrían acusado de no haber pagado el impuesto mucho
antes. Es evidente que la idea de desafiar a Jesús con referencia a este
asunto se les había ocurrido hacía poco. Era parte de un plan bien tramado.
Al emplear el adjetivo plural "vuestro", los recolectores de impuestos estaban
implicando a todos los discípulos. no sólo a Pedro.
25.
El dijo: Sí.
Algunos consideran que la pronta respuesta de Pedro sugiere que Jesús
acostumbraba pagar el impuesto y que Pedro sabía de esa costumbre. En verdad,
Pedro podría no haber sabido si Jesús había pagado o no. Según DTG 363, Pedro
comprendió que ese pedido desacostumbrado e inoportuno (ver com. vers. 24)
insinuaba que Jesús no era leal al templo, lo que sin duda indicaría el 432 no
pagarlo. Es evidente de que Pedro deseaba evitar en este momento todo motivo
para empeorar las relaciones entre Jesús y los dirigentes Judíos. Pero, como
en ocasiones posteriores (cap. 22:15-22), los escribas y los fariseos
procuraban enfrentar a Jesús con un dilema del cual no pudiera escapar. Los
levitas, los sacerdotes y los profetas estaban exentos de este impuesto (DTG
400). El negarse a pagar el impuesto implicaría deslealtad al templo, pero el
pagarlo indicaría que Jesús no se consideraba profeta exento de pagar el medio
siclo anual.
En casa.
Quizá en la misma casa de Pedro (ver com. vers. 24).
Jesús le habló primero.
Jesús le habló a Pedro acerca del episodio ocurrido antes de que Pedro pudiera
mencionarlo.
Tributos.
Gr. télos, "derecho de aduana", o "impuesto", generalmente el que se cobraba
sobre las posesiones o los bienes (ver com. Luc. 3: 12).
Extraños.
Es decir, los que no pertenecían a la familia real, o sea los súbditos del rey.
26.
Los hijos están exentos.
Jesús podría haber insistido en la exención pues era maestro o rabino. Sin
embargo, Jesús puso a un lado su derecho (ver com. vers. 27).
27.
Sin embargo.
El recaudador de los impuestos del templo no tenía ningún derecho legal de
exigir que Jesús pagara el medio siclo. Jesús lo pagó para terminar con el
asunto, no por obligación. A fin de evitar la controversia, no insistió en sus
derechos. Para estar en paz con quienes eran sus enemigos, hizo lo que no
podía con justicia exigírsela. Seguramente, no quería que se pusiera en duda
su lealtad al templo, no importa cuán injusta pudiera ser la acusación. El
proceder de Cristo es una lección para todo cristiano. Deberíamos procurar
vivir en paz con todos los hombres, y hacer más de lo que se nos exige, si eso
es necesario, a fin de evitar un conflicto innecesario con los que se oponen a
la verdad (Rom. 12: 18; Heb. 12: 14; 1 Ped. 2: 12-15, 19-20). Sin embargo, en
ninguna circunstancia el cristiano deberá entrar en componendas ni desviarse de
los principios a fin de agradar a otros (DTG 322).
Ofenderles.
Gr. skandalízo, literalmente, "hacer caer en una trampa", empleado generalmente
con el sentido de "ser motivo de tropiezo" (ver com. cap. 5: 29). Con
referencia al deber que tiene el cristiano de considerar bien lo que ha de
hacer a fin de no ser motivo de tropiezo para otros, ver 1 Cor. 8: 8-13.
Al mar.
El mar de Galilea, en cuya ribera se encontraba la ciudad de Capernaúm (ver
com. cap. 4: 13).
Anzuelo.
Sólo aquí en el NT se habla de pescar con anzuelo.
Un estatero.
Gr. stat''r, moneda de plata de valor de cuatro dracmas, y aproximadamente de
un siclo (ver t. I, pp. 177-178; t. V, p. 51). A pesar de los esfuerzos de
parte de algunos por explicar cómo podría haber sucedido esto sin ningún factor
sobrenatural, no puede haber duda de que fue un milagro que Pedro pudiera
pescar en ese preciso momento el pez que tenía en su boca justamente la
cantidad de dinero que se necesitaba.
Por mí y por ti.
La cantidad era exactamente la que se necesitaba para pagar el impuesto de
medio siclo de dos personas. El relato termina aquí sin confirmar que Pedro
sacó el pez y pagó el dinero del impuesto a los que habían venido a cobrarlo.
Este milagro, sin duda, impresionó a Pedro, pescador de oficio, quien sabía
cuán difícil era que un pez tuviera dinero en la boca, sobre todo la cantidad
exacta que en un momento dado pudiera requerirse, y sabía además cuán pequeña
era la probabilidad de sacar ese pez en el preciso momento en que se le decía
que debía hacerlo (ver com. Luc. 5: 89). Cristo no realizó este milagro para
beneficiarse a sí mismo (ver com. Mat. 4: 3), aunque la mitad del dinero era
para pagar su impuesto. El milagro tenía el propósito de enseñarle a Pedro una
lección y de acallar a los recaudadores de impuestos, quienes habían procurado
colocar a Cristo en la categoría del común del pueblo, y de esa manera
impugnaban su derecho de enseñar a la gente.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-27 DTG 388-401
1 DTG 388
1-2 ECFP 69; HAp 430
1-5 PE 162; PR 170
2-3 DTG 389; PP 512
3 SR 174
5 FE 405
5-8 DTG 392
8 HAp 53
8 HAp 53
9 DTG 393 433
14-16 DTG 394
19 DTG 397
20 DTG 397; PR 437
20-21 DTG 397
22-24 DTG 399
25-26 DTG 400
27 DTG 401
CAPÍTULO 18
1 Cristo amonesta a sus discípulos a ser mansos y humildes, 7 a no ofender a
nadie y a no menospreciar a los pequeños. 15 Enseña como debemos tratar a
nuestros hermanos cuando nos ofenden, 21 y en que medida es necesario a menudo
perdonarlos. 23 Lo ejemplifica con la parábola del rey que ajustó cuentas con
sus siervos, 32 y castigó a uno que no tuvo compasión de su consiervo.
1 EN AQUEL tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor
en el reino de los cielos?
2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
3 y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no
entraréis en el reino de los cielos.
4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el
reino de los cielos.
5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
6 Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí,
mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que
se le hundiese en lo profundo del mar.
7 ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos,
pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!
8 Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti;
mejor te es estar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies
ser echado en el fuego eterno.
9 Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar
con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de
fuego.
10 Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus
ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.
11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de
ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se
había descarriado?
13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por
aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.
14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se
pierda uno de estos pequeños.
15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él
solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o
tres testigos conste toda palabra.
17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia,
tenle por gentil y publicano.
18 Decierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo;
y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.
19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra
acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en
los cielos.
20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos.
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi
hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer
cuentas con sus siervos.
24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil
talentos. 434
25 A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos,
y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la
deuda.
28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien
denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.
29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
30 Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.
31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y
refirieron a su señor todo lo que había pasado.
32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda
te perdoné, porque me rogaste.
33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve
misericordia de ti?
34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo
lo que le debía.
35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo
corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
1.
En aquel tiempo.
[Humildad reconciliación y perdón, Mat. 18: 1-35 = Mar. 9: 33-50 = Luc. 9:
46-50. Comentario principal: Mateo y Marcos. Ver mapa p. 211.] Según DTG
401-402, las instrucciones que Mateo registra aquí fueron impartidas el mismo
día del episodio del impuesto del templo. Con referencia a las circunstancias
de este acontecimiento y lo que acababa de ocurrir, ver com. cap. 17: 24-27.
La disputa de los discípulos que ocasionó la instrucción presentada aquí había
ocurrido en el reciente viaje por Galilea (Mar. 9: 30; DTG 399), y al parecer,
culminó cuando el grupo llegó a Capernaúm. Sin duda, cuando Jesús habló de ir
de nuevo a Jerusalén (Mat. 16: 21) -de donde, según la cronología seguida por
este Comentario, habrían estado ausentes durante casi año y medio (ver com.
Juan 7: 2)-, había hecho revivir en el corazón de los discípulos la esperanza
errónea (ver com. Mat. 16: 13, 21; Luc. 4: 19) de que Jesús estaba a punto de
inaugurar su reino (ver com. Mat. 14: 22).
Evidentemente todo el discurso del cap. 18 fue presentado en una misma ocasión.
Así como ocurrió con el Sermón del Monte (ver com. cap. 5: 2), cada uno de los
evangelistas incluye porciones no mencionadas por los otros. Salvo algunas
pequeñas variaciones (ver Mar. 9: 38-41, 49-50), el relato de Marcos es muy
similar al de Mateo. En aquellas partes del discurso que han sido registradas
por Mateo y Marcos, el relato de Marcos tiende a ser más completo y más
detallado que el de Mateo. Pero Mateo incluye toda una sección (cap. 18:
10-35) que falta en Marcos y en Lucas. Lucas sólo relata brevemente el
discurso, aunque en otros pasajes menciona enseñanzas similares presentados por
Jesús en otras ocasiones. Por lo tanto, el registro de Mateo es el más
completo. Bien podría dársele a este sermón el título: "Cómo hacer frente a
diferencias de opinión y disputas que surgen en la iglesia". El grave problema
que dio origen a este sermón fue el serio conflicto de personalidades entre los
doce, problema que debía resolverse si se había de conservar la unidad del
grupo. Con referencia a la importancia de la unidad de los creyentes, ver Juan
17: 11, 21-23 y com. cap. 17: 21, 23.
Los discípulos vinieron.
Al retornar a Capernaúm los discípulos habían procurado ocultar a Jesús el
espíritu de rivalidad que los embargaba (DTG 399). Jesús sabía lo que estaban
pensando, pero no les dijo nada en el momento. Ahora, poco después de su
regreso, surgió la oportunidad de tratar el problema con ellos. A primera
vista, Mateo y Marcos no parecen concordar en cuanto a cómo surgió el tema en
esta ocasión. Mateo afirma que los discípulos iniciaron el asunto, al paso que
Marcos informa que Jesús comenzó la conversación (Mar. 9: 33). Sin embargo,
pueden armonizarse los dos relatos de la siguiente manera: Mientras Pedro
estaba pescando para conseguir el dinero del tributo (ver DTG 401; com. Mat.
17: 27), Jesús habló del asunto con los once, quizá en la casa de Pedro (ver
com. cap. 17: 24), pero ellos no querían tratar el tema. Después que Pedro
volvió, uno de los doce se atrevió a hacerle a Jesús la misma pregunta que
habían estado discutiendo 435 entre sí en secreto (DTG 401-402).
¿Quién?
Literalmente, "¿quién es, pues?" (BJ). Puede suponerse que la palabra "pues"
(Gr. ára) sirve para relacionar esta pregunta con la que Cristo había formulado
anteriormente mientras Pedro estaba ausente. Unos seis meses más tarde Jacobo
y Juan, por medio de su madre, pidieron que Jesús les concediera lugares de
preeminencia en su reino (cap. 20: 20-21). Después de la entrada triunfal en
Jerusalén y después de que Jesús hubo afirmado que era el Señor del templo,
surgió nuevamente la cuestión de los primeros lugares en el reino; y en la
misma noche cuando Jesús fue entregado (ver com. Luc. 22: 24) se discutió de
nuevo sobre el tema. Los discípulos se Consideraban como los más encumbrados
dignatarios del reino. El tener un elevado puesto en el reino fruto de su
imaginación ocupaba el primer lugar en sus pensamientos, hasta el punto de
excluir lo que Jesús les había dicho acerca de sus sufrimientos y de su muerte.
Sus ideas preconcebidas eran una infranqueable barrera mental para la verdad
que Cristo quería impartirles.
El reino de los cielos.
Con referencia a la verdadera naturaleza del reino de Cristo, ver com. cap. 4:
17; 5: 2. Acerca de las ideas equivocadas que tenían los judíos en cuanto a
esto, ver com. Luc. 4: 19.
2.
Llamando Jesús a un niño.
El Salvador tomó al niño en sus brazos (Mar. 9: 36; DTG 404).
3.
Os volvéis.
"Si no cambiáis" (BJ). Gr. stréfÇ," volver", "darse vuelta"; y en relación con
la conducta, "cambiar de opinión", "cambiar de posición". En el uso bíblico,
stréfÇ equivale al Heb. shub, empleado comúnmente en el AT para hablar de
"volverse" al Señor (ver Eze. 33: 11; com. Jer. 3: 12; Eze. 14: 6; 18: 30).
Los discípulos estaban discutiendo quién sería el mayor en el reino de los
cielos porque no comprendían la verdadera naturaleza del reino de la gracia
divina (Mat. 18: 1; DTG 402). Pero había una razón más importante por la cual
discutían: no estaban verdaderamente convertidos (DTG 402). Si no se volvían
para seguir a Cristo, si no se negaban a sí mismos como lo había hecho él (Fil.
2: 6-8), sus deseos se identificarían cada vez más con los del maligno (Juan 8:
44). Por eso Jesús procuró hacerles entender el principio de la verdadera
grandeza (ver com. Mar. 9: 35). Si los discípulos no aprendían este
principio, ni siquiera entrarían en el reino, y mucho menos tendrían elevados
puestos en él.
Os hacéis como niños.
El espíritu de rivalidad acariciado por los discípulos era pueril, pero Cristo
quería que se volvieran como niños en otro sentido. Con referencia a la
actitud personal de Jesús para con los niños, ver com. Mar. 10: 13-16.
No entraréis.
En el griego aparece aquí una doble negación que destaca la completa
imposibilidad de entrar. Dos situaciones que surgieron algún tiempo más tarde
(Mat. 20: 20-28; Luc. 22: 24-30) hicieron ver cuán imperfectamente los
discípulos habían aprendido la lección que Cristo procuraba enseñarles.
4.
Se humille.
Ver com. cap. 11: 29. con referencia a otras ocasiones cuando Cristo impartió
instrucciones acerca del valor de la humildad como rasgo de carácter, ver Mat.
23: 8-12; Luc. 14: 11; 18: 14.
Ese es el mayor.
Ver com. Mar. 9: 35.
5.
Un niño.
Jesús prosigue mostrando la comparación entre ciertas admirables
características frecuentes en la niñez y las de aquellos que son verdaderamente
grandes en el reino de los cielos, donde la única grandeza es la del carácter.
Si bien Jesús estaba hablando aquí también de niños literales, se refería en
primera instancia a los que eran aún "niños" en el reino de los cielos, es
decir, que eran cristianos inmaduros (cf. 1 Cor-. 3: 1-2; Efe. 4: 15; Heb. 5:
13; 2 Ped. 3: 18; DTG 408).
En mi nombre.
Ver com. cap. 10: 40-42. En nombre de alguien equivale a decir como
representante suyo o por amor a él.
Me recibe.
La narración de Mateo omite una sección del discurso de Jesús. Fue pronunciada
en respuesta a una pregunta hecha por Juan acerca de la actitud que debía
asumirse para con otros que no estuvieran directamente relacionados con los
seguidores inmediatos de Cristo (ver com. Mar. 9: 38-41).
6.
Haga tropezar.
Gr. skandalízo, "hacer caer en una trampa", "hacer tropezar" (ver com. cap. 5:
29). Aquí, Jesús se refiere en primera instancia a cualquier cosa que
desuniera a los hermanos. Pablo amonesta a los cristianos maduros a que no
hagan nada que hiciera tropezar al cristiano débil en la fe (1 Cor. 8: 9-13).
Estos pequeños. Los "pequeños" son los que creen en Jesús (Mat. 18: 6; ver
com. vers. 5). Jesús posiblemente estaba pensando en algunos de sus discípulos
que eran aún niños 436 en la fe y que podrían ser heridos por las actitudes de
otros.
Una piedra de molino de asno.
Gr. múlos onikós, una piedra de molino grande, tan pesada que se necesitaba un
asno para hacerla girar. Con referencia al molino pequeño de mano, ver com.
cap. 24: 41.
7.
Tropiezos.
Es decir, lo que "hace tropezar" (ver com. del verbo skandalízÇ en relación con
cap. 5: 29).
Es necesario.
Es decir, es inevitable que haya motivo de tropiezos. Los tropiezos no son
necesarios en los propósitos y los planes de Dios, pero es imposible evitarlos
por causa de la naturaleza humana (DTG 405; cf. Luc. 17: 1).
¡Ay de aquel hombre!
Ay de aquel que por precepto o por ejemplo induzca a otros a equivocarse o los
desanime para que no sigan en las pisadas de Jesús.
8.
Tu pie te es ocasión de caer.
Con referencia a la naturaleza figurada de esta declaración, ver com. cap. 5:
29-30. Después de hablar de motivos de tropiezo ocasionados por otros (cap.
18: 5-7), Jesús habla de malos hábitos y tendencias en la vida de uno mismo.
"Un pecado acariciado es suficiente para realizar la degradación del carácter,
y extraviar a otros" (DTG 406; ver com. Juan 14: 30).
Fuego eterno.
Ver com. cap. 4: 22; 25: 41. Cf. Mar. 9: 43.
9.
Entrar.. en la vida.
Se entiende que se habla aquí de la vida eterna.
Infierno de fuego.
Ver com. cap. 5: 22. Aquí la narración de Mateo omite una sección del discurso
de Jesús que se basa en una ilustración que tiene que ver con fuego y con sal
(ver com. Mar. 9: 49; Mat. 5: 13).
10.
Pequeños.
Ver com. vers. 5.
Sus ángeles.
Cf. Sal. 103: 20-21; Heb. 1: 14.
Ven siempre el rostro.
En el uso idiomático hebreo, ver el rostro de alguien significa tener acceso a
esa persona (Gén. 43: 3, 5; 44: 23). El hecho de que los ángeles siempre
tengan acceso a la presencia del Padre asegura a los cristianos más débiles que
Dios se preocupa con ternura hasta por el bienestar del más humilde de sus
hijos terrenales (ver com. Isa. 57: 15).
11.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10. La evidencia textual favorece (cf. p.147) la
omisión de este versículo.
Salvar.
Ver com. Mat. 1: 2 1; Juan 3: 16.
Lo que se había perdido.
Ver com. Luc. 19: 10.
12.
Va.
Ver com. Luc. 15: 4-7. Dios ha tomado la iniciativa para efectuar la salvación
del hombre. La salvación no consiste en que el hombre busca a Dios, sino en
que Dios busca al hombre. El razonamiento del hombre no ve en la religión más
que intentos humanos por encontrar la paz del alma y resolver el misterio de la
existencia, por hallar solución para las dificultades e incertidumbres de la
vida. Es verdad que en lo profundo del corazón humano hay un anhelo de estas
cosas, pero el hombre por sí mismo nunca puede encontrar a Dios. La maravilla
de la religión cristiana es que reconoce a un Dios que cuida al hombre hasta el
punto de que ha dejado todo lo demás a fin de buscar y "salvar lo que se había
perdido" (Luc. 19: 10).
Se había descarriado.
Gr. planáÇ, "extraviarse", "vagar", "llevar al error". Planeta viene del Gr.
plan't's, que significa "errante" (Jud. 13). Se les dio este nombre a los
planetas del sistema solar porque parecen "vagar" entre las estrellas
denominadas "fijas".
13.
Si acontece.
Existe la posibilidad de que los esfuerzos que Dios realiza en favor del hombre
sean rechazados por éste.
14.
No es la voluntad.
Dios no quiere "que ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento" (2 Ped. 3: 9). Es la voluntad de Dios que "todos los hombres
sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1 Tim. 2: 4).
Estos pequeños.
Ver com. vers. 5-6.
15.
Por tanto.
Aquí Jesús inicia una nueva sección de su enseñanza, pero que está
estrechamente relacionada con las ideas que la preceden, especialmente con las
de los vers. 12-14. En la parábola de la oveja perdida, Jesús destaca la gran
preocupación que siente el Padre por "uno de estos pequeños" (vers. 14) que se
ha extraviado (ver com. vers. 12). Ahora presenta la actitud que debería
asumir un cristiano para con su hermano que lo ha injuriado (vers. 15-20).
Peca.
Gr. hamartánÇ, literalmente, "errar al blanco" y por lo tanto "hacer mal",
"pecar". El hermano que peca es evidentemente el mismo representado por la
oveja que se ha descarriado (ver com. vers. 12).
Ve y repréndele.
Ver com. Lev. 19: 17-18; cf. Gál. 6: 1. Esto es más que una sabia
amonestación; es una orden. "Somos tan responsables de los males que podríamos
haber detenido como si los hubiéramos cometido nosotros mismos" (DTG 409). 437
Tú y él solos.
Hacer circular informes acerca de lo que el hermano pueda haber hecho, hará
difícil, o aun imposible, ganarle el corazón. Quizá en este punto, más que en
cualquier otro aspecto de las relaciones personales, tenemos el privilegio de
aplicar la Regla de Oro (ver com. cap. 7: 12). Cuanto menos publicidad se le
dé a una acción equivocada, tanto mejor.
Has ganado a tu hermano.
Alguien ha dicho que la mejor forma de deshacerse de los enemigos es
transformarlos en amigos. El talento de la influencia es un sagrado tesoro
confiado por Dios, del cual inevitablemente seremos llamados a dar cuenta en el
día del juicio. "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados
hijos de Dios" (ver com. cap. 5: 9).
16.
Si no te oyere.
Es decir, si no está dispuesto a admitir que hizo mal, a modificar su conducta
y a reparar, hasta donde sea posible, los errores del pasado.
Uno o dos.
Se supone que se trata de personas que no están implicadas personalmente en el
asunto, y que están en mejores condiciones para expresar ideas libres de
prejuicio y para aconsejar al hermano que ha errado. Si éste no oye sus
admoniciones, pueden dar testimonio de que se han realizado esfuerzos para
ayudarlo y también ser testigos de los hechos del caso.
Dos o tres testigos.
Ver com. Deut. 17: 6; 19: 15. Según la ley hebrea, nadie podía ser castigado
por el testimonio de un solo testigo. También corresponde recordar que en cada
desacuerdo hay dos lados y que ambas partes merecen ser oídas con imparcialidad
antes de que pueda tomarse una decisión.
17.
Iglesia.
Gr. ekkl'sía. Originalmente se empleaba ekkl'sía para designar a una asamblea
de ciudadanos reunidos para considerar asuntos cívicos. En la LXX se emplean
las palabras griegas sunagÇg', "sinagoga", y ekkl'sía para designar a la
"congregación" de Israel. Como sunagÇg' se fue usando más específicamente para
designar una reunión religiosa de judíos, fue natural que los cristianos
prefirieran ekklesía para referirse a sus reuniones. En el uso cristiano,
ekkl'sía podía aplicarse al lugar de adoración o al conjunto de adoradores,
estuvieran reunidos o no. Aquí la iglesia es el conjunto de creyentes en un
determinado lugar, que actúan de forma colectiva, y no la iglesia universal que
aparece en el cap. 16: 18.
Tenle por gentil y publicano.
Es decir gentil y recaudador de impuestos. Cuando el hermano se niega a
aceptar el consejo de la iglesia, se separa de la comunión de ella (DTG 408).
Esto no quiere decir que deba ser despreciado, rehuido o descuidado. A partir
de este momento, debieran realizarse esfuerzos por él como si se tratara de
alguien que no pertenece a la iglesia. Al trabajar en favor de una persona que
se ha separado así de la iglesia, los hermanos deberían tener cuidado de no
asociarse con ella de tal modo que parezca que ellos comparten su punto de
vista o participan de su mala conducta.
18.
Todo lo que atéis.
Ver com. cap. 16: 19. Aquí la autoridad de atar y de desatar es encomendada a
la iglesia (ver com. cap. 18: 17), pero aun en este caso la ratificación
celestial de la decisión terrenal sólo se efectuará si la decisión está en
armonía con los principios celestiales. Todos los que tratan con los hermanos
que yerran, deberían recordar siempre que están ocupándose del destino eterno
de las almas, y que los resultados de su labor bien podrían ser eternos (DTG
410).
19.
Otra vez os digo.
Los vers. 19-20 presentan el principio general del cual el vers. 18 es una
aplicación específica.
Si dos de vosotros.
Ver com. vers. 16.
Se pusieren de acuerdo.
En su oración intercesora en la noche cuando fue entregado, Jesús hizo hincapié
repetidas veces en la importancia de la acción unida de parte de los miembros
de la iglesia (Juan 17: 11, 21-23). En este caso, aquello en lo cual deben
ponerse de acuerdo los dos es específicamente la forma de actuar en relación
con el hermano descarriado (Mat. 18: 16-18).
Cosa.
Gr. prágma, "hecho", "asunto". Aquí se insinúa que es un asunto del cual es
necesario ocuparse.
20.
En mi nombre.
Ver com. Mat. 10: 18, 42; cf. 1 Cor. 5: 4. Una idea similar aparece en la
Mishnah donde se dice que "si dos se sentaren, juntos y las palabras de la Ley
[son habladas] entre ellos, la Presencia Divina descansa entre ellos" (Aboth 3.
2). Si bien la afirmación de Mat. 18: 20 es correcta en un sentido general,
dentro del contexto del capítulo (vers. 16-19) se refiere en primera instancia
a la iglesia en su misión oficial de reprender a un miembro que ha cometido una
falta.
21.
Se le acercó Pedro.
Quizá por razón de su temperamento (ver com. Mar. 3:16), Pedro solía ser el
primero en responder a las preguntas 438 que se formulaban a los doce, en hacer
preguntas o en sugerir lo que debía hacerse (ver com. cap. 14: 28; 16: 16, 22;
17: 4; etc.).
¿Cuántas veces?
En forma directa o indirecta, Jesús dedicó buena parte de lo registrado en el
cap. 18 a las enseñanzas acerca de la actitud que debe asumir un cristiano para
con el hermano ofensor, sobre todo si la ofensa es personal. Pedro acepta
tácitamente la idea de ser paciente con su hermano, pero quisiera saber hasta
cuándo debe tratarlo con bondad antes de sentirse libre de adoptar una actitud
más dura y procurar un desagravio.
¿Hasta siete?
Algunos han sugerido que los rabinos, fundándose en una falsa interpretación
de Amós 1: 3, decían que sólo podía perdonarse tres veces al hermano.
Plenamente consciente de que Jesús siempre interpretaba la ley en forma más
amplia que los escribas (ver com. Mat. 5: 17-18), Pedro intenta aquí adivinar
el punto límite de la paciencia que Cristo podría recomendar, y empleó el
número siete, que generalmente representaba la perfección (PVGM 190). Pero el
perdonar a una persona siete veces y nada más, sería otorgar un perdón
limitado.
El perdón, ya sea de parte de Dios o del hombre, es mucho más que un acto
judicial. Es el restablecimiento de la paz donde ha habido conflicto (Rom. 5:
1). Pero el perdón es aún más que eso: incluye también los esfuerzos por
restablecer al hermano que ha errado.
22.
Setenta veces siete.
La sintaxis de esta frase es ambigua en el griego por lo cual algunos han
entendido que Jesús dijo que debían perdonar setenta y siete veces (cf. un
problema similar en el hebreo de Gén. 4: 24). Evidentemente, el número en sí
no es importante pues es sólo simbólico. Cualquiera de las cifras armoniza con
la verdad que aquí se enseña, es decir, que el perdón no es asunto de
matemáticas ni de reglas o leyes, sino de actitud. El que alberga la idea de
que en algún momento futuro no perdonará a alguien, está lejos de conocer el
verdadero perdón aunque pueda parecer que está perdonando. Si el espíritu del
perdón mueve el corazón, una persona estará tan dispuesta a perdonar al alma
arrepentida por octava vez como lo estuvo la primera vez, o la vez número 491
como lo estuvo la octava vez. El verdadero perdón no es limitado por números.
Además, no es el acto el que vale, sino el espíritu que lo motiva. "Nada puede
justificar un espíritu no perdonador" (PVGM 196).
23.
Por lo cual.
[Los dos deudores, Mat. 18: 23-35. Con referencia a parábolas, ver pp.
193-197.] En el resto del cap. 18 hay una parábola que ilustra el verdadero
espíritu del perdón.
Un rey.
Puesto que esta parábola representa el trato del Señor con nosotros y la forma
como deberíamos tratar a nuestros prójimos, el rey representa a Cristo.
Hacer cuentas.
"Ajustar cuentas" (BJ).
Siervos.
Los siervos eran, en realidad, funcionarios del reino (PVGM 190).
24.
Le fue presentado uno.
Sólo un funcionario de elevada jerarquía podría estar endeudado como lo estaba
este siervo.
Diez mil talentos.
Esta suma equivaldría a unos 340.000 kg de plata, lo que habría permitido
emplear a 10.000 jornaleros durante unos 20 años.
25.
No pudo pagar.
En la antigüedad, y hasta tiempos relativamente recientes, aun en los países
occidentales, podía enviarse a la cárcel a los deudores. En el Cercano Oriente
el deudor podía ser vendido por su acreedor como esclavo junto con su familia.
En este caso, el señor ordenó que fuera vendido con su familia y todas sus
posesiones. Según las disposiciones de la ley mosaica, un hebreo podía
venderse a sí mismo o ser vendido por un acreedor, pero era vendido sólo por un
tiempo limitado (ver com. Exo. 21: 2; Lev. 25: 15; Deut. 15: 12). Además, las
disposiciones legales protegían a esa persona del trato duro que solía dársele
a un esclavo (ver com. Lev. 25: 39; Deut. 15: 15). Debería recordarse que la
parábola tiene por meta enseñar una verdad central, y que muchos de sus
detalles son de poca importancia y se añaden sólo a fin de redondear la
historia (PVGM 224). La parte de la parábola que habla de que el siervo había
de ser vendido como esclavo no debe interpretarse en el sentido de que Dios
vende a alguien como esclavo. Con referencia al uso de parábolas por parte de
Jesús y a la interpretación de parábolas, ver pp. 193-197.
26.
Postrado.
Ver com. cap. 2: 11.
27.
Le perdonó la deuda.
En forma figurada, la deuda representa el registro de pecados computados contra
nosotros. Así como el deudor de la parábola, somos completamente incapaces de
cancelar esa deuda. Pero cuando nos arrepentimos de verdad, Dios nos libra de
la deuda. Comparar esta parábola con la de los dos deudores (ver com. Luc. 7:
41-42). 439
28.
Halló a uno.
No se dice si lo encontró por casualidad, o si salió a buscarlo; pero esto no
importa para la lección de la parábola.
Cien denarios.
En sí la deuda era de cierta importancia, pues el denario representa el jornal
de todo un día para el trabajador común (ver com. cap. 20: 2). Sin embargo, en
comparación con la primera deuda (ver com. vers. 24), ésta era insignificante.
29.
Postrándose.
Cf. vers. 26. Ver com. cap. 2: 11.
30.
No quiso.
Este acreedor despiadado era implacable en su demanda de que se le pagara lo
que se le debía. Es difícil concebir tal falta de compasión. Su egoísmo, que
le impedía ver la magnitud de su propia deuda y apreciar la grandeza de la
misericordia que se le brindaba, lo llevó a ser inhumano con su conservo.
En la cárcel.
Ver com. vers. 25.
31.
Se entristecieron.
Posiblemente los consiervos acostumbraban protegerse mutuamente ocultando al
rey los pequeños hurtos hechos a expensas de su señor, el rey, pero en esta
ocasión no pudieron reprimirse de delatar a su consiervo al observar un
proceder tan desconsiderado.
34.
Su señor, enojado.
Notar el contraste con la compasión que el rey había manifestado cuando la
deuda era con él mismo. El rey podía tolerar con paciencia esa pérdida, porque
para él era algo de poca importancia. Pero la injusticia hecha a uno de sus
súbditos provocó en él una justa indignación.
Verdugos.
La palabra griega empleada aquí es la que se usa habitualmente para designar a
los carceleros o a los verdugos. Su sentido literal es "el que atormenta".
Hasta que pagase.
Ver com. vers. 25.
35.
Así también.
El que se niega a perdonar a otros, desecha la esperanza de ser perdonado él
mismo. Esta es la gran lección de la parábola: el abismal contraste entre la
crueldad y la falta de misericordia del hombre para con sus prójimos y la
longanimidad y la misericordia de Dios para con nosotros. Antes de que
acusemos a otros o exijamos de ellos lo que nos corresponde, haríamos bien en
considerar primero el modo en que Dios nos ha tratado en circunstancias
similares y cómo querríamos que otros nos trataran si la situación se
invirtiera (ver com. cap. 6: 12, 14-15). En vista de la infinita misericordia
de Dios para con nosotros, deberíamos también manifestar misericordia para con
otros.
De todo corazón.
La falla que había en la pregunta de Pedro (ver com. vers. 21-22) era que el
perdón al cual hacía referencia no provenía del corazón, sino que era más bien
un perdón legal, rutinario, basado en el concepto de lograr la justificación
mediante obras. ¡Cuán difícil le resultaba a Pedro captar el nuevo concepto de
una obediencia cordial, impelida por el amor a Dios y a sus prójimos! Así
concluye la respuesta de Jesús a la pregunta de Pedro (vers. 21), respuesta que
también abarca indirectamente la pregunta acerca de quién sería el mayor en el
reino de los cielos (vers. 1). El mayor es, sencillamente, aquel que de todo
corazón reflexiona en la misericordia de su Padre celestial y la refleja en el
trato con sus prójimos. Esta es la verdadera medida del carácter en nuestro
trato con nuestros prójimos.
Tal como lo declaró Jesús en forma enfática en el Sermón del Monte, lo que
determina la naturaleza de cualquier acción es lo que la motiva. Por eso, aun
las acciones que parecen ser buenas, si son realizadas con el propósito de
comprarse la estima de los hombres, no tienen valor a la vista del cielo (cap.
6: 1-7). Las palabras de perdón, si bien son importantes, no son decisivas a
la vista de Dios. Más bien, es importante la actitud del corazón que imparte a
las palabras esa plenitud de significado que de otro modo no tendrían. La
pretensión de perdonar, ya sea motivada por las circunstancias o por propósitos
ulteriores, puede engañar a aquel a quien es concedido el perdón, pero no
engaña al que escudriña el corazón (1 Sam. 16: 7). El perdón sincero es un
aspecto importante de la perfección cristiana (ver com. Mat. 5: 48).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 402
1-4 HAd 252
1-6 Ev 250-251
1-20 DTG 399-410
2-4 Ed 86; MC 379
3 DTG 404; Ed 110; HAd 275; 1JT 474; MeM 111, 342; 3T 448, 451, 529; 4T 42,
90-9 l; 5T 50, 222, 654; 8T 140; TM 329
3-4 FE 388; MM 191; PVGM M96; 3T 307
4 4T 220; 5T 118, 130 440
6 CM 204; FE 280; 1JT 170: 3JT 173; 7T 119
6-7 ST 130; TM 357
7 DTG 406; OE 342; 3T 452; 5T 483
10 COES 117, 176, 178; CS 567; DTG 408; HAd 392; 2JT 575; 3JT 32; MC 72, 305;
MeM 378; 1JT 119
10-14 MB 262; TM 357
11 DTG 406; 2T 467
12 COES 197; FE 283; HAp 298; 2JT 375; NB 206; OE 16; 2T 341; TM 234, 329
12-13 2JT 246; 3JT 77
12-15 DTG 408 15 CM 119; Ev 462; 3JT 200; MeM 53; OE 515; 2T 52-53
15-17 2JT 24, 260; 3JT 229; PVGM 196; 2T 15, 54; 5T 646; TM 273
15-18 HAp 246; 2JT 82
16 PP 552
16-17 DTG 408; 3JT 202; OE 517
18 1JT 391, 396; 3JT 203; OE 518; 1T 471; 5T 107
18-19 DTG 409 19 Ev 304; 1JT 391, 577; 3JT 85; TM 328
19-20 MeM 17
20 Ev 86; HAp 151; 2JT 51; 3JT 26; Mj 138; 7T 190; TM 517
21-24 PVGM 190 21-35 PVGM 190-197
25-34 PVGM 190
32-35 PVGM 192
33 PVGM 196
CAPÍTULO 19
2 Cristo sana a los enfermos. 3 Responde a los fariseos en cuanto al divorcio,
10 y expone las causas por la cuales algunos deciden no casarse. 13 Recibe a
los niño, 16 Aconseja a un joven que deseaba saber cómo obtener la vida eterna
20 y cómo ser perfecto. 23 Dice a sus discípulos cuán difícil es para los ricos
entrar en el reino de Dios, 27 y promete una gran recompensa a quienes dejen
todo por seguirlo.
1 ACONTECIO que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue
a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.
2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.
3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al
hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
4 El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al
principio, varón y hembra los hizo,
5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los
dos serán una sola carne?
6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó,
no lo separe el hombre.
7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a
vuestras mujeres; mas al principio no fue así.
9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de
fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada,
adultera.
10 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer,
no conviene casarse.
11 Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a
quienes es dado.
12 Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que
son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron
eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto,
que lo reciba.
13 Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre
ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.
14 Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque
de los tales es el reino de los cielos.
15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.
16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la
vida eterna?
17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios.
Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás.
No dirás falso testimonio. 441
19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me
falta?
21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a
los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.
22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente
entrará un rico en el reino de los cielos.
24 Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,
que entrar un rico en el reino de Dios.
25 Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién,
pues, podrá ser salvo?
26 Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para
Dios todo es posible.
27 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado
todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?
28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo
del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido
también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de
Israel.
29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o
madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y
heredará la vida eterna.
30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.
1.
Terminó estas palabras.
[Ultima partida de Galilea; comienzo del ministerio en Samaria y Perea, Mat.
19: 1-2 = Mar. 10: 1 = Luc. 9: 51-56. Comentario principal: Mateo. Ver mapa
p. 212; diagramas pp. 219, 221.] Mateo emplea con frecuencia esta fórmula para
indicar el final de uno de los discursos de Jesús (cap. 7: 28; 11: 1; 13: 53;
26: 1).
Se alejó de Galilea.
Aquí concluye, según Mateo, la narración de los acontecimientos ocurridos desde
que Jesús "volvió a Galilea" (cap. 4: 12). Según el relato de Mateo, parecería
que Jesús había permanecido desde ese momento hasta ahora (cap. 19: 1) en
Galilea y las regiones del norte de Palestina. En realidad, ninguno de los
Evangelios sinópticos habla de un viaje realizado por Jesús a Jerusalén en
ocasión de la fiesta de los tabernáculos, probablemente en el otoño
(septiembre-noviembre) del año 30 d. C. De este viaje nos informa Juan 7: 10.
La cronología adoptada por este Comentario aparece en los diagramas de las pp.
217-223. En apretada síntesis, podría decirse que, después de los
acontecimientos de Mat. 17 y 18, Jesús fue en secreto a la fiesta de los
tabernáculos (Juan 7: 2-13). Allí, el último día de la fiesta, intentaron
prenderlo (Juan 7: 32, 37, 44-53; DTG 423). Al día siguiente, mientras
enseñaba en el templo "por la mañana", le fue traída la mujer tomada en
adulterio (Juan 8: 2-11; DTG 425). Por esa fecha, Jesús pronunció el discurso
acerca de la luz del mundo (Juan 8: 12-20; cf. DTG 428). Luego de haber
presentado otras enseñanzas, Jesús fue objeto de un intento de apedreamiento
(vers. 59).
Entre la fiesta de los tabernáculos en el otoño (Juan 7: 10) y la de la
dedicación en el invierno (Juan 10: 22; cf. DTG 435), Jesús sanó a un ciego en
día de sábado (Juan 9), se presentó a sí mismo como el Buen Pastor (Juan 10:
1-18; DTG 442) y, evidentemente, volvió a Galilea por causa de la animosidad de
los sacerdotes y rabinos (DTG 449). Hacia fines del otoño se alejó de Galilea
(Mat. 19: 1), encaminándose hacia Jerusalén.
En esta ocasión no realizó el viaje en forma cautelosa como lo había hecho
antes al ir a la fiesta de los tabernáculos (Juan 7: 10; DTG 413-414), sino en
forma manifiesta. Entonces visitó Samaria (Luc. 9: 52) y Perea (Mar. 10: 1;
cf. DTG 413-414).
Por ende, el ministerio en Perea se realizó antes y después de la fiesta de la
dedicación (Juan 10: 40; DTG 449,452; diagrama p. 221). Dependiendo de la
longitud del año judío 30/31 d. C., es decir, si tuvo 12 ó 13 meses (ver pp.
246-247), transcurrieron entre la fiesta de la dedicación y la pascua del año
31 entre 16 y 20 semanas. Esta fue la duración aproximada del ministerio en
Perea (cf. DTG 452). Los acontecimientos de este período aparecen en Luc. 9:
51 a 18: 34.
El problema cronológico principal del período del ministerio en Perea (ver p.
180) está en ubicar los acontecimientos de la fiesta de la dedicación (Juan 10:
22-42) y los que se 442 relacionan con la resurrección de Lázaro (Juan 11:
1-57), dentro del relato de Lucas de este período del ministerio de Jesús (Luc.
9: 51 a 18: 34). En com. Luc. 11: 1 se dan las razones por las cuales se
sitúa la fiesta de la dedicación entre los capítulos 10 y 11 de Lucas. En com.
Luc. 17: 1, 11 se dan las razones para ubicar la resurrección de Lázaro y los
episodios relacionados con ella entre los vers. 10 y 11 de Lucas 17 (ver p.
189; cf. com. Juan 10: 40).
Al otro lado del Jordán.
Esta expresión es empleada con frecuencia para referirse a las regiones al
este del Jordán, aunque algunas veces designa a lugares al oeste del Jordán
(ver com. cap. 4: 15). En este caso, se refiere al distrito de Perea, del otro
lado del Jordán, frente a Judea. En ese tiempo Perea y Galilea estaban bajo la
jurisdicción de Herodes Antipas (ver com. Luc. 3: 1).
2.
Grandes multitudes.
Así como había ocurrido en el apogeo de su ministerio en Galilea (Luc. 12: 1;
14: 25, etc.), Jesús estaba rodeado de mucha gente. Antes de esta ocasión,
Jesús no había actuado en Perea. En esa región vivían muchos Judíos y había
una población bastante densa. Era apropiado que el Señor aliviara las
necesidades de la gente de allí, como lo había hecho en Judea y en Galilea.
3.
Los fariseos.
[Jesús enseña sobre el divorcio, Mat. 19: 3-12 = Mar. 10: 2-12. Comentario
principal: Mateo. Ver com. Mat. 5: 27-32.] Los pasajes registrados en Luc. 9:
51 a 18: 14, algunas veces llamados "la gran adición" de Lucas (ver com. Luc.
9: 51), deben insertarse entre los vers. 2 y 3 de Mat. 19. Lucas es el único
evangelista que refiere los hechos y las enseñanzas de los cap. 9-18, en los
cuales se describe mayormente el ministerio en Perea. Cuando transcurrió el
episodio registrado aquí, faltaban, al parecer, sólo unas semanas hasta la
pascua del año 31 d. C. Con referencia a las creencias y las prácticas de los
fariseos, ver pp. 53-54.
Tentándole.
"Para ponerle a prueba" (BJ; ver com. cap. 4: 1), es decir, con el propósito de
entramparlo. Durante unos dos años, espías comisionados por el sanedrín de
Jerusalén habían seguido a Jesús con el doble propósito de encontrar alguna
acusación contra él y para desacreditarlo ante el pueblo (DTG 184). En dos
ocasiones anteriores, a partir de la fiesta de los tabernáculos (ver com. cap.
19: 1), se había intentado apedrear a Jesús en Jerusalén (Juan 8: 59; 10:
31-33). Era de conocimiento general que peligraría su vida si volvía a Judea
(Juan 11: 8), porque los dirigentes judíos estaban procurando prenderle (Juan
11: 57). Vez tras vez, desde la curación del inválido junto al estanque de
Betesda (Juan 5: 1-9), los escribas y los fariseos habían procurado enredar a
Jesús con preguntas cuyo fin era conseguir que hiciera declaraciones que más
tarde pudieran servir como base de acusaciones contra él (ver Mar. 7: 2, 5; 8:
11; Juan 8: 6; etc.; com. Mat. 16: 1).
Repudiar a su mujer.
Es decir, divorciarse de ella. Ver com. cap. 5: 31.
Por cualquier causa.
Ver com. cap. 5: 31-32.
4.
¿No habéis leído?
Ver com. Mar. 2: 25. Otra vez, como lo hacía siempre, Jesús dirigió a sus
oyentes a las Escrituras, a la "ley", para encontrar allí una declaración
doctrinal autorizada (ver com. Mar. 7: 7-13).
El que los hizo.
Se refiere aquí a la creación de la primera pareja (ver com. Gén. 1: 27). El
griego empleado aquí es idéntico al de la LXX en Gén. 1: 27.
Al principio.
Es decir, en la creación (Mar. 10: 6). Jesús lleva a sus inquiridores más allá
de la ley de Moisés, en la cual pensaban en ese momento, para llamarle la
atención a los principios fundamentales del matrimonio, tal como fue instituido
en la creación.
5.
Por esto.
Esta cita de Gén. 2: 24, es casi idéntica al texto de la LXX. En Génesis, las
palabras aquí citadas parecen ser palabras de Adán citando Eva le fue dada por
mujer, pero Jesús dice específicamente que Dios las pronunció.
Dejará padre y madre.
Durante la niñez y la juventud, los hijos deben rendir cuentas ante sus padres
(Prov. 23: 22; cf. Mar. 7: 10-13). Tienen responsabilidades filiales para con
ellos durante toda la vida (Exo. 20:12); pero por muy importante que sea esta
obligación, cuando se casan queda subordinada a la ley matrimonial. En el caso
de que las dos obligaciones estén en pugna, quizá como resultado de la
debilidad humana y de los errores propios del hombre, la primera
responsabilidad es la conyugal.
Una sola carne.
El "ser uno" no solo implica la unión sexual, sino también la unidad en lo
mental y lo espiritual. Aquellas parejas que comparten mayor número de
intereses, aun antes del matrimonio, serán las que tendrán más probabilidades
de disfrutar de un mayor compañerismo y de lograr un matrimonio más dichoso.
Por el contrario, cuando hay 443 grandes diferencias de procedencia, educación,
actividades, principios y gustos mutuos, es mucho más difícil alcanzar la
unidad mental y espiritual y lograr éxito en la relación matrimonial.
6.
Así que.
Aquí Jesús presenta la conclusión que debe sacarse del principio fundamental de
la relación matrimonial, y para eso cita Gén. 2: 24.
No son ya más dos.
A la vista de Dios, marido y mujer constituyen una entidad, y por lo tanto no
deberían dividirse así como un cuerpo humano no puede dividirse.
Lo que.
Es decir, la nueva unión formada en el matrimonio (vers. 5).
Dios juntó.
La relación matrimonial fue instituida por Dios y santificada por él. El
Creador omnisapiente dio los medios para que existiera la relación matrimonial.
El también la hizo posible y deseable. Por ende, todos los que participan de
esta relación están unidos por toda la vida, según el plan original de Dios.
No lo separe el hombre.
Exceptuando el caso indicado por Jesús (ver com. vers. 9), el divorcio no es
aceptable ante Dios. Cristo considera que a la vista de Dios, cualquier
alianza con otra persona, contraída por cualquiera de los esposos separados, es
adulterio.
7.
¿Por qué, pues, mandó Moisés?
Ver Deut. 24: 1-4.
Divorcio.
Ver com. Deut. 24: 4; Mat. 5: 31.
Repudiarla.
Ver com. cap. 5: 31.
8.
Moisés os permitió.
Ver com. Deut. 14: 26. Según lo que Cristo afirmó, la ley del AT que permitía
el divorcio fue una concesión dispuesta para hacer frente a circunstancias que
distaban mucho de las ideales (ver com. Deut. 24: 4). Sin embargo, la
enseñanza de Cristo muestra claramente que las disposiciones de la ley de
Moisés para el divorcio no constituyen el ideal divino para sus hijos (ver com.
Mat. 19: 9).
Al principio.
La ley de Gén. 1: 27; 2: 24 es anterior a la ley de Deut. 24: 1-4 y es superior
a ella, porque en la parte del Génesis que describe el Edén, se presenta el
ideal divino para los hijos terrenales del Señor. Dios nunca invalidó la ley
del matrimonio que enunció en el principio. No era el plan divino que el
divorcio fuera alguna vez necesario. Por lo tanto, aquellos cristianos que
tengan el deseo y el propósito de seguir el plan celestial, no buscarán el
divorcio como solución para sus dificultades matrimoniales (ver com. Mat. 19:
9).
9.
Os digo.
Ver com. cap. 5: 22. La única modificación hecha en la ley original del
matrimonio para adaptarla a un mundo caído, es que la violación del pacto
matrimonial por infidelidad conyugal puede servir de razón legítima para
disolver el matrimonio. De otro modo, no puede disolverse legítimamente.
Cualquiera.
La norma que Cristo enuncia a continuación es de aplicación universal. Ninguno
que diga ser cristiano debería considerarse como una excepción a ella.
Fornicación.
Gr. pornéia (ver com. cap. 5:32). En el NT la palabra pornéia sirve para
designar todas las relaciones ilícitas, tanto antes del matrimonio como después
de él. Quizá la expresión "falta de castidad" traduciría mejor el significado
de la palabra griega. Bajo la ley mosaica, la infidelidad en el matrimonio
exigía pena de muerte (ver com. Lev. 20: 10), y no el divorcio. Además, bajo
la ley de Moisés la pena de muerte era obligatoria. Según la ley cristiana
aquí expuesta, el divorcio no es obligatorio, sino permitido. A partir de lo
que Jesús enseña aquí, puede inferirse que la parte inocente queda en libertad
de elegir si ha de continuar la relación matrimonial. Sin embargo, la
reconciliación es siempre lo ideal, sobre todo si la pareja tiene hijos.
Tanto aquí como en el pasaje paralelo de Mat. 5:32, pareciera indicarse, aunque
no se lo dice explícitamente, que la parte inocente queda en libertad de
volverse a casar. En todo caso, así lo han entendido a través de los años la
gran mayoría de los comentadores.
Se casa con la repudiada.
Cualquier enlace que contraiga la mujer repudiada viola su voto matrimonial, lo
cual es adulterio. En consecuencia, el que se casa con ella también adultera.
10.
Sus discípulos.
Pareciera que fue después de que Jesús y sus discípulos se separaron de los
fariseos y llegaron a una casa, cuando los discípulos se expresaron con
referencia a este asunto (cf. Mar. 10: 10).
Si así es.
Es decir, si el matrimonio ata a una persona de una manera tan estricta como
Jesús acababa de decirlo. Parecería que los discípulos no habían entendido
claramente las afirmaciones que Jesús había presentado antes acerca del
matrimonio (Mat. 5:31-32; Luc. 16:18) y por eso habían quedado profundamente
perplejos por la interpretación que Jesús acababa de dar.
No conviene casarse.
Sugerían con esto que, en vista de la naturaleza humana y las 444 múltiples
circunstancias que podrían llevar a la incompatibilidad matrimonial, quizá
sería mejor no casarse nunca. Sin duda, la norma que Jesús había presentado
pareció a primera vista demasiado elevada aun para los discípulos, lo que
también ocurre hoy. Lo que los discípulos olvidaron, y que también olvidan los
cristianos hoy, es que Cristo ofrece otra solución para el desacuerdo
matrimonial. Según la fórmula de Cristo, cuando los caracteres y las
personalidades no congenian, la solución está en cambiar el carácter, el
corazón y la vida (ver com. Rom. 12:2), y no cambiar de cónyuge. Los
principios en los cuales debe basarse esta transformación se presentan
claramente en el Sermón del Monte (ver com. Mat. 5:38-48; 6:14-15). Si se
aplican estos principios a situaciones matrimoniales difíciles, se efectuarán
los mismos milagros que ocurren cuando se los aplican a otras relaciones
sociales. No hay problema matrimonial que no pueda resolverse para
satisfacción de ambos cónyuges si los dos están dispuestos a seguir los
principios presentados por Cristo en el Sermón del Monte. Y si uno de los
cónyuges está dispuesto a hacerlo, aunque el otro no lo esté, muchas veces es
posible alcanzar un grado notable de paz matrimonial, y a menudo el resultado
final es que se gana al que no estaba dispuesto a seguir las enseñanzas de
Cristo. Esta recompensa vale más que la paciencia y la abnegación que exige.
11.
No todos son capaces.
El comentario hecho por los discípulos (vers. 10) revela su confusión y llevó a
Cristo a presentar algunos detalles más (vers. 11-12).
Esto.
Literalmente, "esta palabra". Aunque gramaticalmente podría referirse a lo que
Jesús había dicho en los vers. 8-9, más bien parece referirse a lo que los
discípulos habían dicho en el vers. 10, "no conviene casarse", cuando
entendieron lo que Jesús enseñaba acerca de la fornicación y el divorcio (vers.
8-9).
Sino aquellos.
Cada persona debe tener la libertad de determinar si esto se aplica a su caso o
no. Dios mismo había proclamado que no era bueno que el hombre estuviera solo
(Gén. 2: 18); pero Jesús indica aquí que, bajo el dominio del pecado, podrían
existir algunos casos o circunstancias que hicieran aconsejable que una persona
no se casara (cf. 1 Cor. 7).
12.
Hay eunucos.
Jesús describe aquí a dos grupos de individuos para quienes la vida de solteros
podría ser una alternativa preferible al matrimonio. El primer grupo se
compone de los que no pueden tener relaciones matrimoniales y que no son
responsables por su situación. Entre estos están los "eunucos que nacieron
así", y que, sin duda, sufren algún defecto congénito.
Son hechos eunucos.
También entre los que no son responsables por su imposibilidad de tener
relaciones matrimoniales están los que han sido hechos eunucos por otros. En
tiempos antiguos, en el Cercano Oriente, se acostumbraba a castrar a los
funcionarios del rey que cuidaban de las mujeres de la corte. Por otra parte,
parece que algunos eunucos llegaron a casarse (ver com. Gén. 37: 36). Los
eunucos eran objeto de lástima entre los judíos (ver Isa. 56: 3-5). Los
sacerdotes que hubieran sufrido una mutilación de este tipo no podían ejercer
el sacerdocio (Lev. 21: 20). En los últimos años del reino de Judá, aparecen
eunucos en la corte (Jer. 29:2, Heb. y BJ), pero no se sabe si eran judíos o
extranjeros (ver com. Est. 1: 10; 2: 3). Al menos uno de ellos, Ebed-melec,
era etíope (Jer. 38: 7).
Así mismos se hicieron eunucos.
El segundo grupo de individuos, para quienes la vida de solteros podría ser
mejor que el casamiento, es descrito por Jesús como los que "a sí mismos se
hicieron eunucos por causa del reino de los cielos". Jesús sin duda habla aquí
en forma figurada, refiriéndose a los que prefieren no casarse a fin de poder
servir con mayor eficiencia a su Señor, Si bien es cierto que sólo por medio de
la intimidad de la relación matrimonial se pueden experimentar ciertas
dimensiones del amor de Dios para con su pueblo -ese amor que Dios tantas veces
ha representado como la relación entre marido y mujer (Isa. 54: 5; 62: 5; Ose.
2: 19; 2 Cor. 11: 2; Apoc. 19: 7)-, algunas personas en ciertas circunstancias
posiblemente tengan mayor libertad para servir a Dios en la misión a la cual
han sido llamados, si no tienen las obligaciones específicas que acompañan a la
relación matrimonial (cf. 1 Cor. 7: 32-35).
Debiera señalarse que Jesús recomienda el celibato sólo para los que sean
capaces de recibirlo. En ningún caso recomienda el celibato para los
cristianos en general, ni tampoco para los dirigentes cristianos. Este pasaje
tampoco indica que el celibato en sí mismo pueda llevar a una santidad mayor
que la que de otros modos podría alcanzarse. Entre los judíos de los días de
Jesús, el celibato no 445 era bien mirado y lo practicaban sólo algunos grupos
fanáticos de ascetas, tales como los esenios (ver pp. 55-56). Los Evangelios
indican que Pedro era casado y, considerando las costumbres judías de la época,
es muy probable que también los otros discípulos estuvieran casados (ver com.
Mar. 1: 30).
El que sea capaz de recibir esto.
Ver com. vers. 11.
13.
Entonces.
[Jesús bendice a los niños, Mat. 19: 13-15 = Mar. 10: 13-16 = Luc. 18: 15-17.
Comentario principal: Marcos.] Aquí parece ser más importante la secuencia de
las ideas que la secuencia cronológica.
Le fueron presentados.
Los judíos acostumbraban a llevar a sus hijos pequeños a algún rabino para que
los bendijera (DTG 472).
Les reprendieron.
Los discípulos no comprendieron en absoluto a Jesús. Consideraron que este
pedido significaba una pérdida de tiempo para su Maestro y pensaron que era una
interrupción innecesaria en lo que para ellos era la tarea más importante, la
de predicar el Evangelio a los adultos. Pensaron que estaban protegiendo a
Jesús de quienes lo molestaban. Según Marcos, Jesús se indignó por la actitud
de los discípulos (cap. 10: 14).
14.
Dejad a los niños.
Es evidente que Jesús amaba a los niños y que ellos lo amaban a él. Apreciaba
su amor sincero y su afecto sin artificios. Se interesaba en ellos y los
quería. En más de una ocasión hizo referencia a las características y a los
intereses de los niños a fin de ilustrar alguna verdad espiritual (cap. 11:
16-17; 18:2-4; etc.).
No se lo impidáis.
Literalmente, "no sigáis impidiéndolos". Cualquiera que haga que a los niños
les resulte difícil encontrar al Maestro, sin duda será objeto del desagrado
divino y de la severa reprensión de Cristo. Hay lugar para los niños en el
reino de la gracia divina. En el hogar, en la escuela, en la iglesia, las
necesidades y los intereses de los niños siempre deben tenerse en cuenta como
de la mayor importancia. Todos los que tienen alguna relación con los niños, o
que puedan tener voz en las decisiones que los afectan, deben cuidarse de no
hacer nada que pueda dificultar que lleguen hasta Jesús.
De los tales.
Ver com. cap. 18: 3.
15.
Puesto sobre ellos las manos.
Cf. com. Mar. 10: 16. El toque de Jesús que tantas veces había impartido salud
a los enfermos, fue en esta ocasión una fuente de bendición para los niños.
Jesús no bautizó a los niños sino que sencillamente los encomendó al amor y al
cuidado del Padre.
16.
Entonces.
[El joven rico, Mat. 19: 16-30 = Mar. 10: 17-31 = Luc. 18: 18-30. Comentario
principal: Mateo.] Esto parece haber acaecido en seguida después que Jesús
bendijera a los niños (vers. 13-15). El joven rico habría seguido de cerca la
bendición de los niños, y al ver esa enternecedora demostración de amor, se
sintió impulsado a formular su pregunta (DTG 477).
Vino uno.
Según Mateo, se trataba de un joven (cap. 19: 20); Lucas dice que era un hombre
principal muy rico (cap. 18: 18, 23). Según el concepto que tenía de sí mismo,
era concienzudo y había vivido una vida ejemplar (ver com. Mat. 19: 19). Como
"hombre principal" ocupaba una posición de responsabilidad y según Elena de
White era "miembro del honorable concilio de los judíos" (DTG 477, 479). No se
sabe si se refiere al sanedrín de la ciudad donde vivía o al gran sanedrín de
Jerusalén (ver p. 68).
El joven rico parece haberse acercado a Jesús cuando éste se retiraba de la
ciudad (Mar. 10: 17). El que el joven viniera corriendo bien podría reflejar
la impaciencia de la juventud y el que se arrodillara indicaría sinceridad
(Mar. 10: 17). Su actitud era notablemente diferente de la de los fariseos
quienes hacía poco se habían acercado a Jesús para tentarlo (Mat. 19: 3).
Este episodio y la enseñanza derivada de él que Jesús después dio a sus
discípulos (vers. 23-30) destaca en primer lugar la importancia de la
abnegación como requisito para entrar en el reino de los cielos (ver com. Luc.
9: 61-62; 14: 26-28, 33); y en segundo lugar el peligro del amo al dinero (ver
com. Mat. 6: 19-21; Luc. 12: 13-21; 16: 1-15).
Maestro bueno.
Aquí la evidencia textual favorece la omisión de la palabra "bueno". En Mar.
10: 17 y Luc. 18: 18 los manuscritos dicen "maestro bueno".
¿Qué bien?
Esta pregunta refleja el típico concepto farisaico de la justificación por las
obras como pasaporte para la vida eterna (ver com. vers. 17). El joven rico
había cumplido concienzudamente con todos los requisitos de la ley (PVGM 322),
por lo menos según todas las apariencias. Sin duda también había hecho todo lo
que mandaban los rabinos, pero estaba consciente de que algo le faltaba.
Admiraba grandemente a Jesús, y había pensado seriamente en la posibilidad de
446 hacerse discípulo de él (DTG 477). En Luc. 10: 25 aparece una pregunta
similar formulada por un intérprete de la ley.
17.
¿Por qué me llamas bueno?
Al parecer, la forma en la cual el joven se dirigió a Jesús era inusitada (cf.
Juan 3: 2). En la literatura rabínica no hay registro de que se llamara
"bueno" a un "rabino". Por el contrario, en la Mishnah, Dios es "el bueno y el
hacedor del bien" (Berakoth 9. 2). Puesto que el joven tenía una buena
posición y al parecer gozaba de la confianza de su pueblo (ver com. Mat. 19:
16), podría decirse que no llamó "Maestro bueno" a Jesús por ignorancia o
descuido. Era obvio que tenía alguna razón para hacerlo, y Jesús buscó que el
joven dijera públicamente esa razón. Cuando Jesús dijo que sólo Dios era
bueno, estaba procurando ayudar al joven a comprender claramente el significado
de su saludo. Jesús reconoció la sinceridad y el discernimiento del joven, y
quiso fortalecer su fe haciéndole presentar una declaración aun más clara de su
parecer.
Ninguno hay bueno sino uno.
La bondad suprema es característica exclusiva de Dios (Exo. 34: 7; Sal. 27: 13;
31: 19; 52: 1; Rom. 2: 4; etc.). Jesús no negó su divinidad, como podría
parecer en primera instancia, sino más bien la aclaró e hizo resaltar el pleno
significado de la afirmación del joven.
Entrar en la vida.
Esto equivale a entrar en "el reino de los cielos" (cf. cap. 5: 20). En vista
de que Jesús incluye tanto la vida presente como la venidera en sus comentarios
sobre las recompensas del discipulado (Mat. 19: 29; Mar. 10: 30; Luc. 18: 30),
podría ser apropiado suponer que aquí se habla tanto del reino de la gracia
como del reino de la gloria.
Los mandamientos.
Gr. entol', "precepto", "orden", "comisión", "mandato" (ver com. Sal. 19:8).
Los mandamientos son los requerimientos específicos e individuales que la ley
(Gr. nómos; cf. com. Sal. 19: 7; Prov. 3: 1) ordena a los hombres. Es la
voluntad de Dios que el hombre refleje el carácter divino, y ese carácter puede
resumirse en la palabra "amor" (1 Juan 4: 7-12). Al reflejar el carácter, o
sea el amor de Dios, le amaremos sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como
a nosotros mismos (ver com. Mat. 22: 37, 39). Si preguntamos cómo hemos de
expresar nuestro amor a Dios y a nuestros prójimos, encontraremos la respuesta
dada por Dios en los Diez Mandamientos (Exo. 20: 3-17), los cuales fueron
explicados y ensalzados por Cristo (ver com. Isa. 42: 21) en el Sermón del
Monte (Mat. 5: 17-48). Todas las leyes civiles de Moisés en el AT y las
instrucciones de Cristo y de los apóstoles en el NT, explican los
requerimientos divinos expuestos en los Diez Mandamientos y los aplican a los
problemas prácticos del diario vivir. El joven rico profesaba amar a Dios,
pero, según Jesús, la verdadera prueba de ese amor debe encontrarse en la forma
como trataba a sus prójimos (1 Juan 4: 20). "Si me amáis -dijo Jesús- guardad
mis mandamientos" (Juan 14: 15).
18.
¿Cuáles?
En respuesta a esta pregunta, Jesús cita específicamente varios de los Diez
Mandamientos que se refieren a la relación de una persona con sus prójimos.
Sin duda, a la vista de los hombres el joven rico era honrado; pero a la vista
de Dios, que lee el corazón, en realidad no se preocupaba por los intereses de
sus prójimos (ver com. vers. 19-20).
19.
Amarás a tu prójimo.
Este precepto resume todos los mandamientos a los cuales Jesús hace alusión
(ver com. cap. 22: 39-40). Aunque el joven no lo comprendía aún, estos
preceptos de conducta llegaban hasta el mismo corazón de su problema. No amaba
a otros tanto como se amaba a sí mismo. Sin embargo, creía que había guardado
"todo esto". Había guardado la ley según su letra, pero no con el debido
espíritu, y sin embargo consideraba que estaba viviendo en armonía con sus
principios. Jesús intentó abrir los ojos del joven para que comprendiera que
los principios de la ley deben aplicarse concienzudamente a todas la relaciones
prácticas de la vida.
20.
Desde mi juventud.
Esta frase aparece en los manuscritos griegos de Marcos y de Lucas, pero la
evidencia textual establece su omisión en este pasaje. El joven rico creía
sinceramente que había guardado todos los mandamientos y no se daba cuenta de
ninguna imperfección (DTG 478).
¿Qué más me falta?
Al parecer, el joven confiaba en que le faltaba apenas un paso para llegar a la
perfección. Sin embargo, a pesar de que con toda diligencia había obedecido la
letra de la ley, todavía le parecía que le faltaba algo y que su obediencia no
era suficiente. Pero no sabía lo que le faltaba. Su vida había sido pura,
honrada y veraz. Pero su actitud para con sus prójimos había sido
esencialmente negativa: no les había robado los bienes, no había levantado
falso testimonio contra ellos, ni les había quitado la mujer 447 o la vida. En
verdad, la letra de la ley es negativa en su forma, pero su espíritu demanda
una acción positiva. No basta dejar de odiar o herir a nuestros prójimos; el
Evangelio nos pide que los amemos y les ayudemos como nos amamos a nosotros
mismos. A este joven le faltaba el amor de Dios en el corazón (DTG 478), sin
el cual su observancia de "todo esto" carecía de valor real a la vista del
cielo.
21.
Perfecto.
Ver com. cap. 5: 48. Jesús da por sentado que lo que el joven decía o insinuaba
en la pregunta: "¿Qué más me falta?", lo hacía con sinceridad de corazón. El
joven había tenido como ideal llegar a la perfección. Pero, como lo señala
Pablo, no se puede alcanzar la perfección por medio de las obras (Gál. 2: 21;
Heb. 7: 11). Por lo tanto, si el joven rico había de alcanzar la perfección,
no debía esperar hacerlo mediante la realización de obras para ganar méritos.
Debía experimentar un completo cambio de corazón y de vida. Su mente debía ser
transformada; su manera de alcanzar la perfección debía ser otra.
Anda, vende.
Dentro de su carácter, que en otros sentidos era digno de encomio (Mar. 10:
21), quedaba un defecto serio: el egoísmo. A menos que se eliminara la
devastadora influencia del egoísmo, el joven rico no podía progresar más hacia
la perfección. Puesto que la enfermedad varía de persona a persona, también
varía el remedio. Cuando Pedro, Andrés, Jacobo y Juan fueron llamados por
primera vez (Juan 1: 35-51) para seguir al Maestro, Jesús no les pidió que
vendieran sus barcas y sus redes pues esas cosas no impedían que ellos le
siguieran; pero cuando fueron llamados definitivamente, dejaron todo para
seguir al Maestro (ver com. Luc. 5: 11).
Todo aquello que una persona ama más que lo que ama a Jesús, lo hace indigno de
Cristo (ver com. Mat. 10: 37-38). Aun las más importantes responsabilidades
terrenales son menos importantes que seguir a Cristo por el camino del
discipulado (ver com. Luc. 9: 61-62). Pablo lo perdió todo "para ganar a
Cristo" (Fil. 3: 7-10). A fin de posesionarse del tesoro celestial o comprar
la perla de gran precio (ver com. Mat. 13: 44-46), uno debe estar dispuesto a
deshacerse de todo lo que tiene. Pero el joven rico no estaba listo para hacer
esto. Aquí estaba su cruz, pero se negaba a tomarla.
Lo que tienes.
Literalmente, "tus posesiones".
Tesoro en el cielo.
Ver com. cap. 6: 19-21. Jesús puso al joven ante la elección entre el tesoro
terrenal y el celestial. Pero el joven quería tener ambos, y al descubrir que
eso no era posible, "se fue triste" (cap. 19: 22). El penoso descubrimiento de
que no podía servir a Dios y a las riquezas (ver com. cap. 6: 24) le resultó
imposible de sobrellevar.
Ven y sígueme.
Ver com. Luc. 5: 11.
22.
Triste.
"Apenado" (BJ). Grande fue su chasco cuando comprendió el sacrificio que
implicaba alcanzar la vida eterna. La impaciente alegría con la cual se había
acercado corriendo a Jesús (ver com. vers. 16), se transformó en tristeza y
pena. El precio de la "vida eterna" (vers. 16), en busca de la cual había
venido el joven, era mayor que el que estaba dispuesto a pagar.
Muchas posesiones.
Sus posesiones eran lo más importante de toda su vida. Constituían un ídolo y
a ellas les rendía la adoración y la devoción de su corazón. Jesús le propuso
que vendiera todo lo que tenía a fin de librarlo de las garras del dios de las
riquezas. Esta era su única esperanza de alcanzar el cielo (DTG 479). Tenía
muchas posesiones, pero sin la sabiduría celestial para administrarlas
debidamente, encontraría que le eran una maldición y no una bendición.
Finalmente perdería aun lo que tenía (ver com. cap. 25: 28-30).
23.
A sus discípulos.
El joven rico se fue, y Jesús con sus discípulos siguieron su camino.
Un rico.
Ver com. cap. 13: 7. Es difícil que un rico entre en el reino de los cielos,
no porque sea rico, sino por causa de su actitud hacia las riquezas (ver com.
Luc. 12: 15, 21). Abrahán era "riquísimo" (Gén. 13: 2) y a la vez "amigo de
Dios" (Sant. 2: 23). Para el joven rico, la puerta señalada por Jesús,
mediante la cual podía entrar en la vida (Mat. 19: 17) era demasiado estrecha,
y el camino por el cual debería caminar en adelante era demasiado angosto (ver
com. cap. 7: 13-14). En este episodio los discípulos tuvieron la oportunidad
de ver un ejemplo de cuán difícil es entrar en el reino de los cielos para el
que tiene su corazón puesto en las riquezas. Satanás logra atar al mundo con
los lazos de la riqueza a personas que son rectas en todos los otros sentidos.
Reino de los cielos.
Ver com. Mat. 3: 2; 4: 17; 5: 3; cf. Luc. 4: 19.
24.
Camello.
Jesús aquí presenta lo que para el ser humano es imposible (vers. 26). La
verdad que aquí se afirma es precisamente 448 lo opuesto de lo que muchos
creían, incluso los discípulos (ver com. vers. 25). Los fariseos creían y
enseñaban que las riquezas constituían una evidencia del favor divino (ver com.
Luc. 16: 14). En cierta medida, Judas, quien parece haber sido amante del
dinero (ver Juan 12: 6; 13: 29), tenía un problema similar al del joven rico
(ver com. Mar. 3: 19).
Ojo de una aguja.
La explicación de que el "ojo de una aguja" era una puerta pequeña, abierta en
la puerta grande del muro de una ciudad, por la cual podían pasar las personas
cuando la puerta grande estaba cerrada al tránsito, se originó siglos después
de los días de Jesús. No hay ninguna base histórica para tal explicación, por
más que parezca lógica. Jesús aquí estaba hablando de cosas imposibles (vers.
26) y no tiene sentido recurrir a una explicación que podría hacer posible lo
que Jesús específicamente dijo que era imposible.
Que entrar un rico.
Ver com. Luc. 12: 15, 21. A diferencia de la mayoría de los que poseen
riquezas, Mateo abandonó sus bienes a fin de seguir al Maestro (ver com. Mar.
2: 13-14), y Zaqueo, otro rico recaudador de impuestos, transfirió a Jesús su
afecto por las riquezas (ver com. Luc. 19: 2, 8).
25.
Se asombraron en gran manera.
Debido al falso concepto de los discípulos acerca de la naturaleza del reino de
los cielos (ver com. Luc. 4: 19) y de las riquezas como una señal del favor
divino (ver com. Luc. 16: 14), quedaron asombrados ante esta afirmación tan
categórica.
¿Quién, pues?
Los discípulos razonaron que si el prestigio, la influencia y las riquezas no
eran una evidencia del favor divino, aquellos que no los poseían tenían aun
menos posibilidad de ser salvos.
26.
Mirándolos Jesús.
"Mirándolos fijamente" (BJ). Es probable que Jesús observara la expresión de
asombro en el rostro de los discípulos.
Esto es imposible.
Era imposible para los hombres, pero no para Dios. Es imposible que un rico
entre en el cielo mediante el esfuerzo humano, porque no tiene cómo librarse de
las garras del amor a las riquezas. Por otra parte, la salvación es imposible
para cualquiera que intente buscarla por sus propios esfuerzos. Sólo un
milagro de la gracia divina podrá salvar al rico de su supremo amor a las
riquezas o a cualquier otra persona del pecado específico que lo tiene atrapado
(cf. Heb. 12: 1).
Todo es posible.
Es decir, para el que esté dispuesto a permitir que Dios rija su vida (Fil. 4:
13). Sólo el poder de Dios que obra en la vida del hombre puede efectuar
aquella transformación de carácter que se demanda para entrar en el reino de
los cielos.
27.
Respondiendo Pedro.
Otra vez, como en tantas ocasiones, Pedro es el primero en responder (ver com.
Mar. 3: 16; Mat. 16: 16; 17: 4; etc.).
Lo hemos dejado todo.
Pedro sólo dijo lo que era cierto (ver com. Luc. 5: 11). Básicamente, los
discípulos habían cumplido con el requisito que Jesús acababa de presentarle al
joven rico (ver com. Mat. 19: 21). Habían hecho lo que él no estaba dispuesto
a hacer. ¿Estarían, pues, bien encaminados hacia la perfección de la cual
hablaba Jesús? ¿Tendrían el derecho de "entrar en la vida" (vers. 17)?
¿Qué, pues, tendremos?
Pedro estaba pensando en las recompensas del discipulado. La abnegación
practicada con un ojo puesto en la recompensa esperada nunca merecerá la
aprobación que el cielo concede por el servicio fiel (cap. 25: 21, 23).
28.
De cierto.
Ver com. cap. 5: 18.
Regeneración.
O "renovación". Aquí Jesús se refiere a la regeneración o renovación de la
tierra, es decir, al mundo cuando sea creado de nuevo (Isa. 65: 17; 2 Ped. 3:
13; Apoc. 21: 1).
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10.
Trono de su gloria.
Es decir, "su glorioso trono" (ver com. cap. 16: 27; 25: 31).
Doce tronos.
Los discípulos reinarían con Jesús, como también lo harían todos los santos (2
Tim. 2: 12; Apoc. 3: 21; 20: 6).
29.
Haya dejado casas.
Los discípulos habían dejado casas y familias a fin de seguir a Jesús (ver com.
Luc. 5: 11), aunque no puede decirse que habían dejado desamparados a los
suyos. Sin embargo, habían hecho del servicio de Cristo su principal
propósito. Poco antes, Jesús había expuesto este requerimiento del discipulado
con palabras aun más significativas (ver com. Luc. 14: 26).
Por mi nombre.
Ver com. cap. 5: 11.
Cien veces más.
Cf. Job 42: 10; Luc. 18: 30. Evidentemente, Jesús habla aquí en lenguaje
figurado. Quizá un año y medio antes de esta fecha, Jesús había dicho que los
que hacían la voluntad de su Padre celestial eran su madre, su hermana y su
hermano (Mat. 12: 46-50). Cuando el cristiano recibe "cien veces más en 449
esta vida", experimenta el gozo de la camaradería cristiana y la satisfacción
mayor y más intensa que proviene de servir a Dios. Pablo habla de no tener
nada, pero de poseerlo todo (2 Cor. 6: 10).
Vida eterna.
Ver com. Juan 3: 16. Cuando una persona lo deja todo para seguir a Cristo,
recibe en recompensa un "más excelente y eterno peso de gloria" (2 Cor. 4: 17).
Jesús había hecho lo mismo a fin de hacer posible el plan de salvación (Fil. 2:
6-8).
30.
Primeros serán postreros.
Ver com. Luc. 13: 30. Muchos que, al igual que el joven rico, tenían toda la
apariencia de ser los primeros en entrar al reino, serían en realidad los
últimos. El pasaje de Mat. 19: 30 es el vínculo entre el episodio del joven
rico y la subsiguiente discusión registrada en los vers. 23-29, y la parábola
de los obreros de la viña, registrada en el cap. 20. Notar que al final de la
parábola (vers. 16) se repite la misma frase. En cierto modo sirve de
introducción y resumen a dicha parábola, que fue narrada especialmente para
ilustrar esta gran paradoja de la fe cristiana.
Pocas semanas más tarde, durante el transcurso de su último día de enseñanza en
el templo, Jesús declaró a los principales sacerdotes y a los ancianos que los
publicanos y las rameras entrarían en el reino de los cielos antes que ellos
(cap. 21: 31-32). En verdad, de todas partes de la tierra vendría una hueste
de humildes y fieles que se sentarían "en el reino de Dios" (Luc. 13: 29),
mientras que los dirigentes religiosos de Israel serían "excluidos" (vers. 28).
En la parábola de Lázaro y el rico se presenta otro comentario a esta
inversión de situaciones en la vida futura (ver com. Luc. 16: 19-31). En este
mundo el éxito y la popularidad se miden por normas completamente diferentes de
las que usa Dios para medir el valor de un hombre.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
3 DMJ 56
5 HAd 91
8 DMJ 56; HAd 309
13 DTG 472; MeM 237
13-14 HAd 248
13-15 DTG 472-476
14 CM 138; COES 59; DTG 472, 476; FE 69; 3JT 374; MeM 235
16 CMC 222; 1JT 128; MJ 389; PR 165; 4T 49
16-17 PVGM 322
16-22 CMC 156, 158; DTG 477-481; PE 49; 1T 207
16-26 1T 170
16-30 PVGM 322-326
17 CV 299; 2JT 482; 2T 43
17-22 PVGM 322
18-19 DTG 477
19 2JT 249; 2T 43
19-20 DTG 477
20 CMC 222
20-21 4T 49
20-22 1JT 129; 1T 483; 4T 220
21 PVGM 326
21-22 CMC 223; DTG 479; PR 165; 4T 50
23-24 CMC 156; 2T 680
24 MC 165; 1T 151, 537; 6T 82
27 PVGM 326
27-28 PVGM 326
28 CMC 354
29 CMC 164, 247; HH 16; 2JT 138; 1T 88
29-30 1T 173
30 CMC 353
CAPÍTULO 20
1 Por medio de la parábola de los obreros de la viña, Cristo enseña que Dios no
es deudor de nadie. 17 Predice su muerte. 20 Su respuesta a la madre de los
hijos de Zebedeo enseña a sus discípulos que deben ser humildes. 30 Devuelve la
vista a dos ciegos.
1 PORQUE el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que
salió por la mañana a contratar obreros para su viña.
2 Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su
viña.
3 Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la
plaza desocupados; 450
4 y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y
ellos fueron.
5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.
6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados;
y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?
7 Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros
a la viña, y recibiréis lo que sea justo.
8 Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los
obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
9 Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno
un denario.
10 Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero
también ellos recibieron cada uno un denario.
11 Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia,
12 diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho
iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.
13 El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no
conviniste conmigo en un denario?
14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.
15 ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia,
porque yo soy bueno?
16 Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos
son llamados, mas pocos escogidos.
17 Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino,
y les dijo:
18 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los
principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte;
19 y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le
crucifiquen; mas al tercer día resucitará.
20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos,
postrándose ante él y pidiéndole algo.
21 El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten
estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.
22 Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del
vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy
bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.
23 El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo
soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi
izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi
Padre.
24 Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.
25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las
naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas
potestad.
26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre
vosotros será vuestro servidor,
27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;
28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para
dar su vida en rescate por muchos.
29 Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud.
30 Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús
pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de
nosotros!
31 Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más,
diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
32 Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
33 Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
34 Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la
vista; y le siguieron.
1.
Porque.
[Los obreros de la viña, Mat. 20: 1-16. Con referencia a parábolas, ver pp.
193-197.] La interrupción entre el cap. 19: 30 y el 20: 1 tiende a borrar la
estrecha relación que existe entre los dos capítulos, tanto en el tiempo como
en el tema. Fue la conversación de Jesús con el joven rico (cap. 19: 16-22) y
la resultante discusión con los discípulos lo que llevó a la presentación de la
parábola de los 451 obreros de la viña. En realidad, la parábola ilustra
específicamente la verdad afirmada en el cap. 19: 30, verdad que se repite al
final de la parábola para darle mayor realce (cap. 20:16). La repetición, antes
y después de la parábola, hace resaltar la lección que la misma debía enseñar
(PVGM 322).
Esta parábola estaba dirigida a los discípulos a manera de respuesta a la
pregunta "¿Qué, pues, tendremos?" (cap. 19:27). Puesto que lo habían dejado
todo para seguir a Jesús, esperaban recibir una recompensa en compensación por
el sacrificio realizado. Jesús les había asegurado que tendrían una recompensa
(vers. 28-29), pero también les advirtió que no debían pensar que simplemente
por haber sido los primeros en seguir a Jesús, podrían esperar recibir mayores
recompensas y honores que otros súbditos del reino. En la parábola de los
obreros de la viña, Jesús expone el trato de Dios para con los que le dedican
su servicio y explica la base sobre la cual serán recompensados (PVGM 326-327).
La parábola enseña que no recibirían ni más ni menos que los otros, porque los
ciudadanos del reino son todos iguales en el sentido de que todos son pecadores
redimidos.
Reino de los cielos.
Ver com. Mat. 3: 2; 4:17; 5: 3; Luc. 4: 19.
Es semejante.
Esta era una fórmula común empleada para comenzar una parábola. Los principios
que rigen la interpretación de las parábolas aparecen en la p. 194.
Padre de familia.
Gr. oikodespót's, "propietario" (BJ); literalmente, "señor de la casa" (ver
com. Luc. 2:29).
Por la mañana.
"A primera hora de la mañana" (BJ). Gr. háma prÇí (ver com. Mar. 1: 35), al
amanecer.
A contratar obreros.
En algunos países del Cercano Oriente los jornaleros todavía suelen reunirse en
la plaza del mercado, donde aguardan quien les ofrezca trabajo.
Su viña.
El profeta Isaías se había referido a Israel como la viña del Señor (Isa. 5:
1-7).
2.
Habiendo convenido con los obreros.
En el Cercano Oriente, es esencial el regateo en un trato de índole comercial,
y se espera que se lo practique en cualquier transacción que ataña a bienes o
servicios (ver com. Juan 9: 4).
Un denario.
Gr. d'nárion, el denarius romano, moneda de plata que pesaba unos 3,89 g. Sin
duda, el denario de esa época (ver p. 51) tenía mayor valor adquisitivo que el
tendría la misma suma hoy. Un denario era lo que se acostumbraba pagar al
jornalero por un día de trabajo, el cual se computaba de sol a sol.
3.
Hora tercera.
Es decir, en torno de las nueve de la mañana (ver p. 51).
Plaza.
Ver com. Mat. 11: 16; Mar. 7: 4.
Desocupados.
Cf. vers. 6-7.
4.
Lo que sea justo.
Es decir, lo que fuera justo en relación con el trabajo que de ellos se
esperaba. Según la parábola, el propietario no convino con ninguno de los que
fueron a trabajar después de la primera hora el salario que habían de recibir.
Los obreros no preguntaron nada y se fueron a hacer lo que se les mandaba,
confiados en la promesa y en la justicia del propietario (ver PVGM 327-330).
5.
Las horas sexta y novena.
Es decir, a mediodía y a las 15 horas (3:00 p.m.).
6.
Hora undécima.
Es decir, en torno de las 5 de la tarde. Los que fueron a trabajar a esta hora
no trabajaron sino poco tiempo hasta que anocheció (ver vers. 12; com. vers.
2), y en la parte más agradable del día.
¿Por qué estáis?
El contexto de la parábola indica que estos hombres no habían estado en la
plaza más temprano cuando los grupos anteriores fueron contratados, y que, por
lo tanto, no habían rechazado las invitaciones anteriores del propietario (PVGM
329).
7.
Nadie.
Quizá no se los había contratado para la última parte del día, ni menos para el
día entero
Lo que sea justo.
Ver com. vers. 4.
8
Cuando llegó la noche.
Probablemente a la hora de la puesta del sol (ver com. vers. 12).
Señor de la viña.
Es decir, el "padre de familia" (ver com. vers. 1).
Llama a los obreros.
Pareciera que los obreros debían seguir trabajando hasta que los llamara el
mayordomo, a quien el propietario había encomendado la supervisión del trabajo.
Págales el jornal.
Según el AT (Lev. 19: 13), se requería que el empleador ajustara las cuentas
con los jornaleros al final de cada día. Esta sabia provisión tenía el
propósito de ayudar a prevenir que algunos inescrupulosos patrones postergaran
o evitaran el pago de los jornales.
Comenzando desde los postreros.
Difícilmente sería ésta la costumbre, pero este procedimiento es necesario para
hacer resaltar la lección de la parábola. Si los obreros hubieran recibido el
jornal en el orden en que habían sido contratados, quizá no habrían quedado 452
desconformes los primeros que fueron empleados para todo el día. La lección de
esta parábola excluye la explicación sugerida por algunos, en el sentido de que
los que habían "soportado la carga y el calor del día" no habían trabajado en
forma tan diligente como deberían haberlo hecho, y que por eso el "Señor de la
viña" quería enseñarles una lección.
9.
Un denario.
Ver com. vers. 2.
10.
Los primeros.
Estos representan a los que esperan y pretenden recibir un trato preferencial
por lo que ellos consideran como mayores sacrificios y más diligente servicio.
También representa a los judíos, que habían sido los primeros en aceptar el
llamamiento del Señor para trabajar en su viña (ver PVGM 330; t. IV, pp.
27-32).
11.
Murmuraban.
0 "se quejaban". Hasta cierto punto es posible que Jesús se estuviera
refiriendo a los discípulos, quienes se consideraban primeros (ver com. cap.
18: 1) y los estaba tildando de murmuradores (ver cap. 19: 27, 30). Por lo
menos, no habían aceptado trabajar en la "viña" del Señor con el espíritu de
confianza de los obreros llamados posteriormente en el día (ver com. cap. 20:
4).
El padre de familia.
Ver com. vers. 1.
12.
Iguales a nosotros.
Después de haber visto la generosidad del propietario para con los otros
obreros, los que habían sido contratados primero naturalmente creyeron que
merecían más. Posiblemente razonaron que si los que habían trabajado sólo una
hora habían recibido un denario, ellos debían recibir doce denarios. Esperaban
más, pero no comprendían sobre qué base se hacía el pago por el trabajo del día
(ver com. vers. 15).
Calor.
Gr. káusÇn, el calor fuerte del sol o del viento. La palabra káusÇn es
empleada en la LXX para referirse al fuerte viento caluroso y agotador que
soplaba desde el desierto oriental (ver com. Jer. 18:17).
13.
Amigo.
El propietario responde en forma amable. Los primeros obreros lo acusaban de
tratarlos en forma injusta, pero él les explica que eso se debe enteramente a
su generosidad y nada tiene que ver con lo que merecían en justicia (vers.
14-15).
Conviniste conmigo.
Los primeros obreros habían convenido con el propietario en cuanto a lo que se
les pagaría; no tenían de qué quejarse. El propietario les había pagado lo que
habían acordado.
14.
Quiero dar.
Es decir, "ésta es mi voluntad".
15.
¿No me es lícito?
El propietario no se refiere a ninguna ley, sino pregunta: "¿Es que no puedo
hacer con lo mío lo que quiero?" (BJ).
Lo que quiero.
Según PVGM 327-329, los que habían sido contratados a última hora comprendían
que no merecían el salario de todo un día y quedaron agradecidos al señor de la
viña por su gran generosidad.
¿Tienes tú envidia?
Los que se quejaban no habían realizado más trabajo del que habían convenido, y
por lo tanto no tenían derecho de esperar ninguna compensación especial (ver
com. Luc. 17: 10). El griego dice "¿es maligno tu ojo?" Esta expresión
idiomática se trata en com. Mat. 6:22-24.
Porque yo soy bueno.
Los obreros habían acusado al propietario de favorecer a algunos y, por
implicación, de perjudicarlos a ellos. El dueño les explica que no se trata de
una cuestión de justicia o de injusticia, sino de generosidad. Había tratado
en forma justa a todos sus jornaleros, y sin duda podía hacer algo más si así
le placía. Jesús pone en claro aquí que el favor divino no se puede ganar, como
lo enseñaban los rabinos. Los obreros cristianos no han cerrado un trato con
Dios. Si Dios tratara a los hombres meramente sobre la base de una justicia
estricta, ninguno podría estar en condiciones de recibir las recompensas
incomparablemente generosas del cielo y la eternidad. A la vista del cielo no
tienen valor el conocimiento, la jerarquía, el talento, el tiempo de servicio,
la cantidad de trabajo, ni los resultados visibles de la obra realizada, sino
se toman en cuenta el espíritu voluntario con el cual se emprenden las tareas
asignadas (PVGM 328) y la fidelidad con la cual se las realiza (PVGM 332).
16.
Los primeros serán postreros.
Ver com. cap. 19:30; 20: 1.
Muchos son llamados.
Ver com. cap. 22:14. La evidencia textual establece (cf. p. 147) la omisión de
estas palabras y del resto del versículo.
17.
Subiendo Jesús a Jerusalén.
[Nuevamente Jesús anuncia su muerte, Mat. 20: 17-19 = Mar. 10:32-34 = Luc.
18:31-34. Comentario principal: Mateo.] Los evangelistas mencionan repetidas
veces que después de su partida de Galilea Jesús se dirigió a Jerusalén (ver
com. Mat. 19: 1-2; Luc. 9: 51). Durante esos últimos meses de su vida
terrenal, Jesús había ido a Jerusalén y a Judea varias veces, pero había
dedicado la mayor parte de 453 su ministerio a los habitantes de Samaria y de
Perea. Es probable que lo relatado en estos versículos transcurriera a fines
de marzo o principios de abril del año 31 d. C. Jesús finalmente llegó a
Betania el viernes antes de la pascua (Juan 12: 1; DTG 511).
Sin duda, los sucesos narrados en Mat. 20: 17-28 ocurrieron por el camino,
antes de llegar a Jericó. Desde el valle del Jordán, que en este punto está a
algo más de 300 m por debajo del nivel del mar Mediterráneo, era necesario
subir a Jerusalén, que queda como 770 m sobre el nivel del mar (ver com. Mar.
10: 46; Luc. 10: 30). Aunque prima el sentido topográfico, la frase "subir a
Jerusalén" insinúa también la idea de Jerusalén como centro de la vida
religiosa judía. Puesto que faltaba poco para el comienzo de la fiesta de
pascua, sin duda todos los caminos que subían a Jerusalén estaban atestados de
peregrinos que se dirigían a la ciudad para participar allí en los servicios de
esa importante ocasión.
Tomó a sus doce.
Según Mar. 10: 32, Jesús iba caminando adelante, solo, y los discípulos le
seguían con asombro y temor (DTG 501). La narración de Marcos es mucho más
detallada que la de Mateo.
Aparte en el camino.
Es decir, aparte de los otros viajeros que hacían el peregrinaje a Jerusalén, y
probablemente también aparte de otros discípulos fuera de los doce, quienes sin
duda acompañaban a Jesús a Jerusalén. La instrucción impartida en esta ocasión
era sólo para el círculo íntimo de los discípulos. Pero los doce, aun después
de repetidas instrucciones (ver com. Luc. 18: 31), no habían comprendido que el
Mesías debía morir por los pecados del mundo.
18.
Subimos a Jerusalén.
Ver com. vers. 17.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10.
Será entregado.
Según el registro de Mateo, éste fue el tercer intento de Jesús para informar a
los doce acerca de sus sufrimientos y su muerte (Mat. 16: 21; 17: 22-23; cf.
Mar. 8: 31; 9: 31; 10: 32-34). Lucas registra las mismas tres ocasiones (cap.
9: 22, 44; 18: 31-33), pero también menciona otras tres veces no registradas ni
por Mateo ni por Marcos (cap. 12: 50; 13: 33; 17: 25). Estas últimas son
referencias incidentales a los sufrimientos y a la muerte de Cristo, y no
ocasiones dedicadas principalmente a este tema. Todas son del tiempo del
ministerio en Perea, que sólo consigna Lucas (ver com. cap. 18: 31).
Principales sacerdotes.
Ver com. cap. 2: 4.
Escribas.
Ver pp. 57-58.
Le condenarán a muerte.
Los judíos habían estado tramando la muerte de Jesús desde hacía dos años
antes, cuando sanó al inválido junto al estanque de Betesda, y habían enviado
espías para que le siguieran dondequiera iba (Juan 5: 18; DTG 184). El éxito
de la misión de Jesús en Galilea los había llevado a intensificar esos
esfuerzos (ver com. Luc. 5:17). Desde entonces se habían vuelto más audaces en
sus ataques públicos contra Cristo (ver com. Mat. 15: 21; 16: 1; Mar. 7: 1-2).
Más recientemente, durante el transcurso del ministerio en Perea, habían hecho
repetidos intentos de prenderlo y de matarlo (ver com. Mat. 19: 3). Ahora sus
planes se iban definiendo con rapidez, sobre todo después de la resurrección de
Lázaro, unas pocas semanas antes de esta fecha.
19.
Le entregarán.
Por primera vez Jesús menciona específicamente el hecho de que los gentiles
-las autoridades romanas-, tomarían parte en su muerte.
Le crucifiquen.
Tres años antes, Jesús le había dicho a Nicodemo que debía ser levantado, lo
que implicaba la crucifixión (ver com. Juan 3: 14). Ahora, por primera vez,
predice claramente la forma en que habría de morir.
Al tercer día.
Ver pp. 239-242.
20.
Entonces se le acercó.
[Petición de Santiago y de Juan, Mat. 20: 20-28 = Mar. 10: 35-45. Comentario
principal: Mateo.] Este intempestivo episodio se relaciona estrechamente con el
contenido de los versículos anteriores (vers. 17-19). Resulta difícil concebir
que Jacobo y Juan se hubieran acercado a Jesús para hacerle el egoísta pedido
de ser primeros en el reino, en seguida después de que Jesús hubiera expuesto
en forma tan clara las circunstancias de su inminente muerte. Aquí se ve el
marcado contraste que hay entre el egoísmo que mueve al corazón humano y el
abnegado amor de Dios. Quizá después de meditar en lo que Jesús había dicho,
que los doce se sentarían en doce tronos "cuando el Hijo del Hombre se siente
en el trono de su gloria" (cap. 19: 28), Jacobo y Juan se sintieron impulsados
a pedir que Jesús les concediera los tronos cercanos al suyo.
Hijos de Zebedeo.
Jacobo y Juan (Luc. 5: 10). Es probable que su madre fuera Salomé (Mat. 27:
56; cf. Mar. 15: 40; 16: 1), y que ella fuera hermana de María, la madre de
Jesús 454 (ver com. Juan 19: 25). Era una de las mujeres que acompañaban a
Jesús y a sus discípulos en sus viajes y que los habían atendido (Luc. 8: 1-3;
cf. DTG 502). Marcos dice específicamente que Jacobo y Juan presentaron en
persona su pedido a Jesús (Mar. 10: 35), al paso que Mateo no da sus nombres y
afirma que fue la madre quien presentó el pedido. Esa madre había fomentado en
sus hijos la ambición, y los acompañó cuando se presentaron a Jesús para hacer
su pedido (DTG 502). Al parecer, fue ella quien introdujo el tema (Mat. 20:
20) y luego Santiago y Juan expusieron su pedido (Mat. 10: 35; ver com. Mat.
20: 22).
21.
¿Qué quieres?
Jesús se dirige aquí a la madre, quizá por respeto, aunque los discípulos
también estaban con ella.
En tu reino.
Marcos dice "en tu gloria" (cap. 10: 37), lo que se asemeja a la expresión
"trono de su gloria". (Mat. 19: 28). Con referencia a la naturaleza del reino
de Cristo, ver com. Mat. 3: 2; 4: 17; 5: 3; Luc. 4: 19.
A tu derecha.
Jacobo y Juan pidieron las dos posiciones de mayor honra y privilegio.
22.
Pedís.
Literalmente, "pedís para vosotros". El empleo del plural deja en claro que
Jacobo y Juan también habían hablado (ver com. vers. 20).
Vaso.
Expresión figurada que representa los sufrimientos que Jesús había de padecer
en el Getsemaní, en su juicio y en la cruz (Mat. 26: 39; Mar. 14: 36; Luc. 22:
42; Juan 18: 11). Un vaso, o cáliz, es una figura bíblica que se emplea
comúnmente para representar sufrimiento o castigo (Isa. 51: 17; Jer. 49: 12;
Lam. 4: 21; ver com. Sal. 11: 6; 16: 5).
Ser bautizados.
Gr. baptízÇ. Ver com. cap. 3:6. Es evidente que aquí se emplea la palabra en
forma figurada. Así como el "vaso" representa los sufrimientos de Jesús, el
"bautismo" representa su muerte (ver Rom. 6: 3-4; com. Luc. 12: 50).
Podemos.
Jacobo fue el primer mártir de entre los doce (Hech. 12: 2), pero su hermano
Juan vivió más que todos los otros discípulos (HAp 432, 454).
23.
No es mío darlo.
En vez de reprender abiertamente la audacia de los dos hermanos, Jesús les
habló en una forma menos directa. Al parecer, Jacobo, Juan y su madre vinieron
solos a Jesús.
Para quienes está preparado.
En el reino de los cielos, no se conceden puestos debido a influencia ni a
favoritismo; tampoco se los puede ganar. El lugar en el cielo se otorga
exclusivamente por los méritos de Cristo y por la aceptación de los mismos, lo
que hace que el hombre se prodigue en servicio para otros (ver com. cap. 20:
15). Aquellos que han vencido, serán invitados a sentarse con Cristo en su
trono (Apoc. 3: 21).
Mi Padre.
Como hombre entre los hombres, Cristo no ejerció sus prerrogativas reales (ver
Nota Adicional de Juan 1).
24.
Se enojaron.
Los diez sintieron que Jacobo y Juan estaban procurando aventajarlos, quizá por
la posible relación entre los dos hermanos y Jesús (ver com. vers. 20).
25.
Gobernantes.
Esta no fue la primera vez que Jesús instruyó a sus discípulos en cuanto a la
humildad y el servicio (ver com. Mat. 18: 1, 3; Mar. 9: 35).
Se enseñorean.
"Los gobiernan como señores absolutos" (BJ, ed. 1966). La autoridad terrenal
funciona usando el poder. No puede ser de otro modo.
26.
No será así.
En este mundo, los que tienen autoridad tienden a "enseñorearse" de sus
súbditos o subalternos. Pero entre los ciudadanos del reino celestial, el
poder, la jerarquía, el talento y la educación han de ser consagrados
exclusivamente al servicio de otros, y nunca deberán emplearse como un medio
para dominar a otros.
El que quiera hacerse grande.
Ver com. Mar. 9: 35. El que es mayor servirá a otros en una forma
completamente abnegada. Al parecer, Jesús aprobó el deseo de ser grande
siempre que eso significara servir y no dominar.
Servidor.
Gr. diákonos, "servidor", "diácono" (ver com. Mar. 9: 35).
27.
Siervo.
Gr. dóulos, "esclavo".
28.
Hijo del Hombre.
Ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10. La vida de Cristo fue en primer lugar una vida
de servicio. Durante el transcurso de su ministerio nunca tomó para sí ninguno
de los privilegios que los rabinos solían atribuirse. No tenía nada que
pudiera llamar suyo, y nunca ejerció el poder divino en su propio beneficio.
Vida.
Gr. psuj' (ver com. cap. 10: 28).
Rescate.
Gr. lútron "rescate", "expiación", "recompensa". En los papiros se emplea la
palabra lútron para referirse al precio pagado para libertar a un esclavo.
También se emplea al hablar del dinero pagado para rescatar una prenda.
LutróÇ, verbo de la misma raíz, se traduce "redimir" (Luc. 24: 21; Tito 2: 14)
y "rescatar" (1 Ped. 1: 18). Aquí Cristo 455 presenta por primera vez una
clara afirmación acerca de la naturaleza vicaria de su muerte. Este aspecto
del supremo sacrificio de Jesús fue presentado claramente por el profeta Isaías
más de siete siglos antes de que ese sacrificio fuera realizado (ver com. Isa.
53: 4-6). Es verdad que en la muerte de Jesús hubo una fase ejemplar, pero el
significado de esa muerte iba mucho más lejos. Era ante todo una muerte
vicaria, de otro modo Jesús no podría tener el poder de salvar a los hombres de
sus pecados (ver com. Mat. 1: 21). Con referencia al espíritu que movió a
Jesús a realizar este gran sacrificio en favor de los pecadores, ver Fil. 2:
6-8.
29.
Al salir ellos.
[Dos ciegos reciben la vista, Mat. 20:29-34 = Mar. 10:46-52 = Luc. 18:35-43.
Comentario principal: Marcos. Ver mapa p. 213; diagrama p. 221.]
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 PVGM 327
1-16 PVGM 327-334; 5TS 186
3-4 FE 365
6 MB 152; SC 104
6-7 HAp 9l; MM 333; PVGM 329; SC 102; 5T 203
7 PVGM 327; 5T 203
8-10 PVGM 327
9 PVGM 329
12 OE 441
12-16 PVGM 329
13 CMC 353
18-19 DTG 723
20-21 3TS 268
20-22 ECFP 74
20-23 DTG 502; HAp 432
20-28 DTG 501-505
21 DTG 600
22 CS 689; DTG 640
22-23 FV 99; 1JT 48, 64; MB 225; 2T 178; 3T 48; 3TS 132
23 DTG 502
25-26 DTG 504; MC 379
25-28 HAp 433
26 DTG 604
26-28 HAp 289; 3TS 268
27 CS 62; PE 102
28 CC 77; CS 73; CW 87; DTG 504, 598; Ed 297; Ev 46 l; MC 308; MeM 173; MJ 209;
OE 198; PVGM 105, 296, 321; 2T 426, 460; 3T 54, 229; 4T 416; 3TS 132
CAPÍTULO 21
1 Cristo entra en Jerusalén montado sobre un asno. 12 Expulsa a los
comerciantes del templo. 17 Maldice la higuera estéril. 23 Hace callar a los
ancianos y sacerdotes, 28 y los compara con los dos hijos de la parábola 33 y
con los labradores malvados que mataron a quienes les fueron enviados.
1 CUANDO se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los
Olivos, Jesús envió dos discípulos,
2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis
una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.
3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los
enviará.
4 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando
dijo:
5 Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre
una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.
6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;
7 y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se
sentó encima.
8 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros
cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.
9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna
al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las
alturas!
10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién
es éste? 456
11 Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.
12 Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y
compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los
que vendían palomas;
13 y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas
vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
14 Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.
15 Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que
hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de
David! se indignaron,
16 y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca
leísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la
alabanza?
17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí.
18 Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.
19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella,
sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se
secó la higuera.
20 Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en
seguida la higuera?
21 Respondiendo Jesús, des dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no
dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis:
Quítate y échate en el mar, será hecho.
22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.
23 Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo
se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces
estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?
24 Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la
contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.
25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos
entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por
qué, pues, no le creísteis?
26 Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan
por profeta.
27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco
yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero,
le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo:
Sí, señor, voy. Y no fue.
31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero.
Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante
de vosotros al reino de Dios.
32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero
los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os
arrepentisteis después para creerle.
33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una
viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre y la
arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los
labradores, para que recibiesen sus frutos.
35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron,
y a otro apedrearon.
36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de
la misma manera.
37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.
38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el
heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.
39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.
40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?
41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a
otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.
42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:
La piedra que desecharon los
edificadores,
Ha venido a ser cabeza del ángulo. 457 El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será
dado a gente que produzca los frutos de él.
44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella
cayere, le desmenuzará.
45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos,
entendieron que hablaba de ellos.
46 Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por
profeta.
1.
Cuando se acercaron a Jerusalén.
[La entrada triunfal en Jerusalén. Mat. 21: 1-11 = Mar. 11: 1 -11 = Luc. 19:
29-44 = Juan 12: 12-19. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 214; diagrama
p. 223.] Esto ocurrió en día domingo (DTG 523) antes de la pascua, que cayó en
viernes en el año 31 d. C. (ver primera Nota Adicional del cap. 26). Jesús
había llegado a Betania, a unos 3 km de Jerusalén el viernes anterior, y había
descansado allí el sábado. Durante esta visita Simón ofreció una comida en
honor de Jesús y de Lázaro (DTG 511-512; ver com. cap. 26: 6). El relato de
Juan exige esta secuencia de acontecimientos (Juan 12: 1-19).
Los cuatro evangelistas registran la entrada triunfal. Sin tomar en cuenta la
comida de Simón, éste es el primer episodio específico mencionado por los
cuatro desde la alimentación de los cinco mil. El relato de la entrada
triunfal aparece en su forma más sencilla en Juan, y con mayores detalles en
Lucas. Los detalles presentados por los cuatro evangelistas varían de un
escritor a otro, lo que indica que se trata de relatos independientes. Sin
embargo, los registros no se contradicen sino se complementan.
Evidentemente, los preparativos para la entrada triunfal comenzaron en las
últimas horas de la mañana, porque, según DTG 525, Jesús llegó a la cima del
monte de los Olivos a la hora del sacrificio vespertino, aproximadamente a las
15 horas. Al templo, Jesús llegó mucho más tarde.
Betfagé.
No se sabe la ubicación exacta de esta aldea. Sin duda, estaba situada en
algún punto de la ladera oriental del monte de los Olivos, no lejos de Betania
(Mar. 11: 1; Luc. 19: 29). Betfagé es un nombre arameo y significa "casa de
los higos no maduros".
Monte de los Olivos.
Una formación montañosa baja, al este de Jerusalén, separada de la ciudad por
el valle del Cedrón. Está a unos 800 m sobre el nivel del mar, o sea unos 80 m
más que la altura promedio de Jerusalén y unos 90 m más que la zona del templo.
El huerto de Getsemaní se encontraba en la ladera occidental del monte frente
a la ciudad de Jerusalén (ver com. Mat. 26: 30, 36). Aquí se menciona por
primera vez el monte de los Olivos en relación con la vida de Cristo, aunque es
probable que Jesús estuvo en este lugar en sus anteriores visitas a Jerusalén.
Ver la ilustración frente a la p. 481.
Jesús envió.
Si bien en el pasado Jesús había tomado todas las precauciones posibles para
que no hubiera ninguna demostración popular que lo reconociera como Mesías (ver
com. Mat. 14: 22; Mar. 1: 25; Juan 6: 15), en esta ocasión no sólo lo permitió,
sino que tomó la iniciativa para que ocurriera tal cosa. Posiblemente los
discípulos y las multitudes esperaban que en esta pascua Jesús instauraría su
reino (según podría sugerirlo el pedido de los hijos de Zebedeo, Mat. 20:
20-21). Los discípulos podrían haberse sorprendido, y con razón, porque en
esta ocasión parecía que Jesús había cambiado completamente su actitud ante la
publicidad. Este cambio bien puede haber llenado a los discípulos de
entusiasmo y de esperanza. No comprendieron el verdadero significado del
acontecimiento hasta después de la resurrección (Juan 12: 16).
Dos discípulos.
Ninguno de los evangelistas identifica por nombre a estos dos.
2.
La aldea que está enfrente de vosotros.
Jesús y sus discípulos habían descansado el sábado en Betania. Lo que aquí se
relata posiblemente ocurrió hacia fines de la mañana del día domingo (ver com.
vers. 1). Es posible que la aldea de este versículo fuera Betfagé, que parece
haber estado cerca de Betania.
Luego.
El griego dice "enseguida" (BJ). Las instrucciones dadas por Jesús fueron
explícitas, y Marcos las registra con mayores detalles que los otros tres
evangelistas.
Una asna atada.
Marcos dice que el animal estaba "atado afuera a la puerta, en el recodo del
camino" (ver com. Mar. 11:4).
Un pollino.
Marcos y Lucas añaden otro detalle acerca del pollino: nadie había montado en
él (Mar. 11: 2; Luc. 19:30). 458
Traédmelos.
No debía separarse el pollino de su madre. No es clara, ni se da la razón por
la cual debía hacerse esto, puesto que Jesús sólo montó en el pollino (Mar. 11:
7; ver com. Mat. 21: 5). Es posible que de este modo se hizo más vívida la
profecía de Zac. 9: 9 para los que vieron su cumplimiento.
3.
Si alguien.
Lucas dice que fueron "sus dueños" los que objetaron que los discípulos se
llevaran los animales (cap. 19:33).
Señor.
Gr. kúrios (ver com. Luc. 2:29). Esta es la primera vez que Jesús emplea esta
palabra para referirse a sí mismo. Hasta este punto había solido designarse
como "Hijo del Hombre" (ver com. Mat. 1: 1; Mar. 2: 10).
Lo necesita.
Al asumir abiertamente la jerarquía de Mesías, Jesús tenía pleno derecho de
demandar de sus súbditos cualquier propiedad o servicio que estimara
necesarios. Pero no lo hizo así. Sencillamente, envió a sus discípulos con la
confianza de que el dueño de los asnos, al saber para qué habrían de usarse sus
animales, los ofreciera de buena gana para que "el Señor" los usara. Como lo
hizo durante toda su vida, desde el pesebre hasta la cruz, Jesús no exigió nada
de sus súbditos sino que dependió de la buena voluntad de sus amigos y aun de
los que no le conocían para que ellos suplieran lo que le hacía falta (DTG
523-524).
4.
Para que se cumpliese.
Ver com. cap. 1: 22.
Profeta.
Esta cita es de Zac. 9: 9, aunque la primera cláusula se parece más a Isa. 62:
11 (cf. com. Mar. 1: 2). Comparar con la cita según aparece en Juan 12: 14-15.
5.
Decid.
Notar que las instrucciones de Jesús a los dos discípulos concluyen en el vers.
3. En los vers. 4-5 Mateo se refiere a la entrada triunfal como cumplimiento de
profecías específicas del AT.
Hija de Sión.
Esta expresión hebrea designa a los habitantes de la ciudad de Jerusalén (ver
com. Sal. 9: 14; Isa. 1: 8).
Tu Rey viene.
Al entrar en Jerusalén montado en un asno, Jesús estaba cumpliendo la profecía
mesiánica de Zac. 9. Había llegado su hora y por primera vez se presentó a
Israel como su legítimo rey, Aquel que había de ocupar el trono de David (ver
com. 2 Sam. 7: 12-13; Mat. 1: 1; Hech. 2: 30). Más tarde Jesús aceptó ser
llamado "Rey de los judíos" (Luc. 23: 3; Juan 18: 33-34, 37), pero se apresuró
añadir que su reino no era de este mundo (Juan 18: 36). Sin embargo, los
dirigentes judíos se negaron a aceptar a Jesús como su rey (Juan 19: 14-15).
En ocasión de la entrada triunfal Jesús no estaba asumiendo el papel de Rey del
reino de gloria (Mat. 25: 31), sino de Rey del reino espiritual de la gracia
divina (ver com. cap. 3: 2; 4: 17; 5: 3). Jesús sabía que este acontecimiento
llevaría inevitablemente a la cruz, y sin embargo participó resueltamente en la
entrada triunfal. Era necesario que los ojos de todos se fijaran en él en los
últimos días de su vida, a fin de que pudieran comprender, si así lo deseaban,
la importancia de su misión en la tierra.
Mientras Jesús subía por el camino que llevaba a la cima del monte de los
Olivos y bajaba hacia la ciudad de Jerusalén, sin duda se agolpaban en su
pensamiento los sagrados recuerdos y las visiones de gloria futura. Cuando la
gloria visible de Dios se retiró del templo poco antes de que ese edificio
fuera destruido por Nabucodonosor, ese símbolo se detuvo por un momento en la
cima del mismo monte (ver DTG 769; com. Eze. 11: 23). La entrada triunfal fue
"una débil representación" del regreso de Jesús a la tierra en las nubes de los
cielos (DTG 533). Desde el mismo monte de los Olivos Jesús había de ascender
al cielo cerca de dos meses más tarde (DTG 769-770). Cuando Cristo vuelva a la
tierra al fin del milenio acompañado por los santos y por la santa ciudad,
descenderá sobre el monte de los Olivos (ver CS 720-721; com. Zac. 14: 4).
Entonces la santa ciudad se posará donde una vez estuvo la antigua ciudad de
Jerusalén, y Cristo con los santos y los ángeles entrarán en la ciudad (ver CS
721; cf. Apoc. 21: 2, 10).
Sobre una asna, sobre un pollino.
En hebreo, Zac. 9: 9 dice, tal como la RVR, "sobre un asno, sobre un pollino
hijo de asna". Notar aquí una alusión a la profecía mesiánica de Gén. 49: 11.
También puede observarse un paralelismo, típica característica de la poesía
semítica. Si bien en Mateo aparecen dos animales, asna y pollino, en el vers.
2, en vista de la tradicional exégesis de los pasajes del AT y el uso del
paralelismo, puede entenderse que Jesús montó un solo animal. No se sabe por
qué Mateo -o algún copista- da la idea de que Jesús montó en dos animales, pues
este problema no aparece en los otros relatos de la entrada triunfal.
6.
Los discípulos fueron.
Indudablemente el corazón de estos discípulos debe haberse conmovido mientras
iban a hacer lo que Jesús 459 les había mandado. Estos discípulos compartían
su interpretación de lo que estaba a punto de ocurrir, con todos los amigos de
Jesús que se encontraban entre la multitud (ver com. vers. 9; DTG 524). Con
emoción que no podían ocultar, se apresuraron a hacer lo que Jesús había
pedido, pensando, sin duda, que pronto habría de concretarse el anhelo de su
corazón largamente acariciado (DTG 523-525). Mateo no cuenta lo ocurrido a los
dos discípulos cuando hallaron el asna y el pollino, y debieron lograr el
permiso de su dueño para llevárselos a Jesús (Mar. 11: 4-6; Luc. 19: 32-34).
7.
Sobre ellos.
Ver com. vers. 5.
Sus mantos.
Gr. himátion, "manto" o ropa exterior (ver com. cap. 5: 40).
8.
La multitud, que era muy numerosa.
Esta frase también podría traducirse como "la mayor parte de la multitud" (ver
com. vers. 9).
Tendía.
Con referencia a esta costumbre como expresión de homenaje a la realeza, ver
com. 2 Rey. 9: 13.
Sus mantos.
El griego dice "sus propios mantos". En este caso, no se trata de los de los
discípulos (vers. 7).
Ramas.
Además de las ramas de olivo, árbol cuyo nombre se inmortalizó en el nombre del
monte de los Olivos, como símbolo de victoria se empleaban palmas en ocasión de
una entrada triunfal (comparar con los casos de Simón y de Judas Macabeo (1
Mac. 13: 51; 2 Mac. 10: 7). Triunfalmente Jesús marchó hacia la cruz donde, en
aparente derrota y llevando una corona de espinas como Rey de los judíos (Juan
19: 19), murió como poderoso vencedor.
9.
La gente.
Esta era la gran multitud que se reunió mientras Jesús marchaba hacia la cumbre
del monte de los Olivos. Es posible que entre ellos se encontraran muchos que
habían ido a Betania para ver a Jesús y a Lázaro, a quien Jesús había
resucitado tan sólo pocas semanas antes (Juan 12: 17-18). Aun los sacerdotes y
gobernantes se unieron a la gran muchedumbre, y muchos que habían sido cautivos
de Satanás y a quienes Jesús había librado de demonios, de ceguera, de mudez,
de enfermedad, de invalidez física, de lepra y de muerte (DTG 526).
Aclamaba, diciendo.
Comparar esta ocasión con la alegre aclamación con la cual fue recibida el arca
en Jerusalén (ver com. Sal. 24: 7-10).
Hosanna.
Gr. hÇsanna, transliteración de la expresión hebrea hoshi'ah na' que significa
"salva, ahora" o "salva, te lo ruego" (ver com. Sal. 118: 25). Puesto que el
Salmo 118 era interpretado como un salmo mesiánico, es probable que esta frase
tuviera alguna connotación mesiánica reconocida por el pueblo. Por otra parte,
en la liturgia judía del primer siglo, la frase hoshi'ah na' formaba parte del
ritual, dentro del contexto jubiloso de la fiesta de los tabernáculos.
Hijo David.
Ver com. cap. 1: 1.
Bendito el que viene.
Esta cita se basa en Sal. 118: 26. El pasaje paralelo de Marcos dice "¡Bendito
el reino de nuestro padre David que vine!" (Mar. 11: 10).
¡Hosanna en las alturas!
Cf. Luc. 2: 14. Sólo Lucas relata el clímax de la entrada triunfal, cuando los
sacerdotes y gobernantes de Jerusalén se encontraron con Jesús. Sólo Lucas
registra la exclamación de pena de Jesús por la condenación de la ciudad de
Jerusalén (ver com. cap. 19: 39-44).
10.
Se conmovió.
Literalmente, "se estremeció" o "fue sacudida". Con este vocablo se describe
vívidamente la agitación de toda la ciudad. El relato de Marcos de lo que hizo
Jesús en la última parte de la tarde y en la noche de ese día tan importante,
es más completo que el de los otros evangelistas (ver com. cap. 11: 11).
11.
La gente.
Ver com. vers. 9.
Jesús el profeta.
Ver Mat. 21: 46; com. Juan 7: 40; cf. vers. 52. La muchedumbre no estaba del
todo convencida de que Jesús fuera el Mesías, aunque percibía que el poder de
Dios lo acompañaba.
12.
Entró Jesús en el templo.
[Segunda purificación del templo, Mat. 21: 12-17 = Mar. 11: 15-19 = Luc. 19:
45-48. Comentario principal: Mateo. Ver mapa p 214; diagramas 5, 9, pp. 219,
223.] Sólo Juan registra la primera purificación del templo (cap. 2: 13-25),
pero no registra una purificación en la última parte del ministerio de Jesús.
Según la cronología adoptada por este Comentario, la primera purificación
ocurrió en la primavera (marzo-mayo) del año 28 d. C., al comienzo de la
primera parte del ministerio de Jesús en Judea (ver com. Juan 2: 13-17).
Puesto que Jesús entró en los atrios del templo en las últimas horas del
domingo, después de su entrada triunfal en Jerusalén (ver com. Mat. 21: 1), y
puesto que el relato evangélico no deja bien en claro la transición entre 460
esta visita al templo y la visita del día siguiente, algunos han pensado que la
purificación del templo ocurrió en domingo, inmediatamente después de la
entrada triunfal en la ciudad. El hecho de que Mateo no siga un estricto orden
cronológico al relatar la maldición y el marchitamiento de la higuera (ver com.
vers. 18), también ha tendido a oscurecer el orden de los acontecimientos. La
narración presentada en Marcos sigue un orden más estrictamente cronológico.
Por eso puede entenderse que la segunda purificación del templo ocurrió en
lunes (cf. DTG 534-535).
Echó fuera.
Con sus actos, la multitud que seguía a Jesús lo había proclamado rey, y Jesús,
aunque nunca fomentó las erróneas ideas que los judíos tenían acerca de su
reino, ahora había asumido el papel de Rey-Mesías. La triste situación
reinante en los atrios del templo le proporcionó la oportunidad de actuar como
soberano, y al regir en forma absoluta e indiscutida la casa de su Padre, dio
una clara evidencia a todos los presentes de la autoridad que legítimamente le
pertenecía. Mediante las acciones que luego siguieron (vers. 14), Jesús
presentó una demostración de la verdadera naturaleza de su misión.
Los que vendían y compraban.
El atrio exterior, el de los gentiles, era el escenario de ese impío comercio.
En el mercado del templo se vendían las diversas clases de cuadrúpedos y de
aves que se necesitaban para los sacrificios, junto con el cereal, la sal, el
incienso y el aceite (ver t. I, pp. 710-718). Se consideraba que era necesario
proporcionar esta comodidad a los peregrinos que venían de grandes distancias y
a quienes les resultaba inconveniente llevar sus propios sacrificios. El
ruido, el movimiento y las transacciones comerciales que allí había, deben de
haber ofendido la conciencia religiosa de los que adoraban a Dios "en espíritu
y en verdad" (Juan 4: 24). Este comercio era autorizado por los encargados del
templo, quienes sacaban de él un gran provecho monetario. Pero los que
llevaban a cabo ese comercio revelaban que tenían un concepto sumamente erróneo
del carácter de Dios y de lo que él requería de quienes le amaban y le servían
(ver com. Miq. 6: 8; Mat. 9: 13; Eze. 44: 23).
Mesas.
Gr. trápeza (ver com. Luc. 19: 23).
Cambistas.
En este caso, eran los que cambiaban monedas de diferentes lugares por la
moneda del templo, sin duda lucrando con el trueque (ver com. cap. 17:24).
Palomas.
La paloma era la ofrenda del pobre (ver Lev. 12: 8; com. Lev. 1: 14; Luc. 2:
24).
13.
Escrito está.
La cita es de Isa. 56: 7 y tomada en su contexto se refiere específicamente al
hecho de que los gentiles habrían de convertirse al verdadero Dios (ver com.
Isa. 56: 6-8). Con referencia al lugar que Dios deseaba que ocupara el templo
de Jerusalén en la gran reunión de las naciones para adorar al verdadero Dios,
ver t. IV, pp. 32-34.
Cueva de ladrones.
Jesús emplea el lenguaje de las Escrituras (Jer. 7: 11) al comentar la escena
que tenía delante de sus ojos. Al convertir los sagrados símbolos del Cordero
de Dios en una fuente de ganancia personal, los gobernantes estaban
transformando lo sagrado en profano y robaban el honor y la gloria que le
correspondía a Dios. También estaban robando pues impedían que la totalidad de
los adoradores lograran el conocimiento debido del carácter y de los
requerimientos de Dios. Especialmente, estaban robando a los adoradores
gentiles, quitándoles la oportunidad de conocer a Dios tal como él es. En su
espíritu codicioso, los dignatarios del templo no eran mejores que ladrones.
14.
Ciegos y cojos.
En la procesión triunfal del día anterior, los trofeos que el poder sanador de
Jesús había rescatado de la opresión de Satanás habían marchado a su lado
proclamando las alabanzas del Salvador (ver com. vers. 9). Cuando Jesús se
dedicó a sanar a los que se agolpaban en torno de él dentro del atrio del
templo, dio una demostración práctica de la verdad de que el templo había sido
ordenado por Dios para servir a las necesidades del hombre, y no a su avaricia.
Al parecer, por un breve tiempo, Jesús tuvo completo dominio del templo (Mar.
11: 16), y durante ese período demostró, en parte, cuál era el uso que debía
dársele a ese predio sagrado. Había venido a la tierra para que los hombres
tuvieran vida, y para que la tuvieran "en abundancia" (Juan 10: 10); no para
que pudieran sacrificar en abundancia ni para que pudieran lograr ganancias
abundantes.
15.
Los principales sacerdotes y los escribas.
Ver pp. 57-58. Estos eran los que habían autorizado el comercio ilegal del
templo, y eran también los que se beneficiaban financieramente de las compras y
ventas que allí se realizaban.
Hosanna.
Ver com. vers. 9.
Hijo de David.
Ver com. cap. 1: 1.
16.
¿Oyes?
Los principales sacerdotes y los 461 escribas habían perdido completamente el
dominio de la situación. Las multitudes que se habían reunido en la zona del
templo para ver a Jesús lo estaban aclamando como Rey Mesías, y esto suscitó en
los dirigentes judíos las mismas emociones entremezcladas de temor e ira que
habían sentido en la tarde del día anterior (ver com. Luc. 19: 39). En este
momento hicieron un desesperado pedido a Jesús, como lo habían hecho el día
anterior, para que acallara la aclamación de alabanza.
¿Nunca leísteis?
Esta cita concuerda exactamente con la LXX en Sal. 8: 2, pero difiere
ligeramente del hebreo del mismo texto. Esta pregunta, que implica una severa
reprimenda, sugiere que los dirigentes deberían haber reconocido que los
acontecimientos que estaban transcurriendo concordaban con las enseñanzas de
las Escrituras (ver com. Mat. 19: 4).
17.
Betania.
Evidentemente, Jesús se había alojado allí desde el viernes anterior (ver com.
Mat. 21: 1-2; Mar. 11: 11).
18.
Por la mañana.
[Maldición de la higuera estéril, Mat. 21:18-22 = Mar. 11:12-14, 20-26.
Comentario principal: Marcos.] Siguiendo un orden temático, Mateo une las dos
partes del relato de la higuera estéril. Con referencia a la secuencia
cronológica de estos acontecimientos, ver com. Mar. 11: 12.
23.
Cuando vino.
[La autoridad de Jesús, Mat. 21: 23-27 = Mar. 11: 27-33 = Luc. 20: 1-8.
Comentario principal: Mateo. Ver mapa p. 214; diagrama 9, p. 223.] Esta
ocasión, el martes antes de la pascua del año 31 d. C., fue la última vez
cuando Jesús enseñó en el templo. Ya estaba enseñando a la gente cuando los
dirigentes judíos se le acercaron (Luc. 20: 1).
Principales sacerdotes.
Ver com. cap. 2: 4. Muchos de ellos eran saduceos y la mayoría de los escribas
eran fariseos. Tanto Marcos (cap. 11: 27) como Lucas (cap. 20: 1) incluyen a
los escribas en su relato de este suceso.
Los ancianos.
Según DTG 544, el sanedrín ya se había reunido esa mañana y había acordado
exigirle a Jesús que mostrara de dónde procedía su autoridad. Hacía como tres
años y medio que las autoridades judías habían enviado a preguntar algo
parecido a Juan el Bautista (Juan 1: 19). Si alguno de los que participaron de
la primera misión fue enviado nuevamente, ya había oído cuando Juan declaraba
que Jesús era el Mesías (Juan 1: 26-27, 29).
¿Con qué autoridad?
En ocasión de la primera limpieza del templo, los dirigentes judíos habían
exigido que Jesús realizara una señal como prueba de su autoridad para enseñar
(Juan 2: 18). Desde ese momento, los dirigentes de Israel habían recibido
repetidas evidencias del poder y de la autoridad de Jesús (ver com. Mat. 16:
1). Los judíos reconocían que un profeta podía enseñar sin aprobación
rabínica, pero esperaban que diera evidencias de su misión divina. En este
momento, con esta pregunta, los dirigentes judíos buscaban alguna evidencia
para incriminar a Jesús.
Estas cosas.
Es decir, la entrada triunfal, la purificación del templo, la enseñanza en el
atrio del templo.
24.
Yo también os haré una pregunta.
El procedimiento de responder una pregunta con otra era aprobado en los debates
rabínicos. Se entendía que la segunda pregunta tenía el propósito de señalar
el camino para la respuesta de la primera pregunta. En esta ocasión, Jesús
adoptó este método. En realidad, Jesús no estaba evadiendo responder a la
pregunta, porque la respuesta de ellos en principio proporcionaría una
respuesta a su propia pregunta. La sabiduría y la habilidad que Jesús empleó
para responder al desafío llamó la atención de quienes escuchaban y muchos
comenzaron a notar claramente la diferencia entre Jesús y los dirigentes judíos
(DTG 545).
25.
El bautismo de Juan.
Ver com. Mat. 3: 6; Mar. 1: 4; Luc. 7: 29. El bautismo había sido el rasgo
distintivo del ministerio de Juan y se convirtió en el nombre que la gente daba
a ese ministerio.
¿De dónde era?
Ni Juan ni Jesús habían recibido autorización de los dirigentes de Jerusalén
para ejercer su ministerio. La autoridad que tenían no era de los hombres,
sino procedía directamente de Dios. Por lo tanto, la pregunta de los
dirigentes y la pregunta con la cual respondió Jesús, giraban en torno de la
capacidad para evaluar las credenciales divinas.
Discutían.
Los dirigentes judíos no sabían qué hacer, y rápidamente discutieron entre sí
cómo responderían.
¿Por qué, pues, no le creísteis?
Los dirigentes judíos bien sabían que si respondían honradamente, Jesús les
haría esta pregunta. Pero había mucho más en juego. Si reconocían las
credenciales divinas de Juan, necesariamente tendrían que aceptar su mensaje, y
el pináculo de su mensaje fue la identificación 462 de Jesús de Nazaret como el
Mesías (Juan 1: 26-27, 29). Por eso, reconocer la autoridad de Juan,
equivaldría a reconocer la de Jesús.
26.
Tememos al pueblo.
Es evidente que el temor a la violencia física dominaba la mente de los
dirigentes (cf Luc. 20: 6). Si la opinión popular se volcaba en contra de
ellos, se perdería la influencia que ejercían sobre el pueblo. Para ellos,
eran más importantes la posición y la influencia que l verdad. El sentimiento
popular apoyaba decididamente a Juan el Bautista, y ahora se volcaba también en
favor de Jesús (Mar.